Lacets de Montvernier: La culebra del ciclista

Lacets de Montvernier no es el puerto + duro, pero sí uno de los + icónicos

«L’une des stars du prochain parcours» Christian Prudhomme dijo sobre Lacets de Montvernier hace cinco años.

No tuvimos ninguna duda. La visión desde la carretera de esta escalonada ascensión nos impresionó desde el primer momento. Espectacular.

Pensamos que tenía que entrar con todos los honores en esta sección. Nos frotamos los ojos, nos miramos y una media sonrisa se nos escapó del alma.

Al ver la sinuosa cinta asfaltada que, de lado a lado de la montaña, se retorcía subiendo agarrada a la ladera salvando el tremendo desnivel, atravesando pasos naturales entre las rocas del abismo, lo tuvimos muy claro: ¡queríamos subirlo!

Una escalada de 17 curvas de felicidad, la que nos proporciona estos Lacets de Montvernier, haciendo de esta subida una experiencia única, muy vistosa, que hará las delicias de cualquier cicloturista.

Algunas fuentes hablan de 18 cordones, porque parece ser que uno de ellos está «cuestionado» como tal.

No seremos nosotros quienes le otorguemos la categoría de lacet o no, pero sí contaremos que las horquillas, sobrepuestas una encima de la otra, literalmente, que se aferran a la montaña en unos 3 kilómetros, dan como resultado una curva cerrada cada 150 metros.

Eso es mucho lazo continuado.

De acuerdo que Alpe d’Huez cuenta con 21, pero lo hace en una distancia cuatro veces mayor que en Montvernier.

Los ciclistas que las acometen a bloque comentan que tienen que frenar en sus curvas para luego coger velocidad para intentar ascender lo más rápido posible este corto y explosivo desafío.

No será nuestro caso.

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La contemplación «sólo para nuestros ojos» de las continuas herraduras nos seguían produciendo muestras de asombro y cada uno de nosotros exclamaba un adjetivo para intentar describirlas: «singular», «imposible», «diferente».

Sólo es un pequeño puerto (¿sólo?). Una menuda joya escondida que se está haciendo célebre porque su foto ya se está empezando a publicar en revistas de turismo y que ha recibido el espaldarazo definitivo con su inclusión en la 18ª etapa del Tour de Francia de hace dos años, aunque ya fue «vista» por los seguidores en el Critérium du Dauphiné también esa misma temporada.

Los lacets remontan los 286 m de desnivel desde Pontamafrey (departamento de la Savoia, región Roine-Alps) a 492 m de altura, salvando el valle bañado por el río Arc para llegar a la Chapelle Nôtre-Dame-de-la-Balmes antes de dirigirnos hasta la pequeña población de Montvernier a 778 m, situada en una gran meseta al abrigo de los grandes Alpes.

Así es. Toda esta zona es un lujo para el cicloturista, el hogar de cinco de las diez ascensiones más famosas de Francia: Galibier, Iseran, Madeleine, Glandon y Croix de Fer.

Y ahora el Col du Chaussy.

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Un gran paso de montaña de difícil grado a 1533 m de altitud que se inicia aquí, en esta divertida, estrecha y empinada carretera que es sólo una cuarta parte de su ascensión y siempre pedaleando a un constante y mantenido 8% que nos llevará por una fabulosa ruta que nos pondrá en el camino hacia el Col de la Madeleine.

Mirando de nuevo estos especiales Lacets de Montvernie nos sigue pareciendo improbable que hayan podido construir un camino por ahí.

Pero sí, la encontramos trepando bruscamente por el acantilado esta asombrosa obra de ingeniería de caminos de montaña, que con total seguridad habrá seguido los pasos de una mula ascendiendo por esta ladera, como no podía ser de otra manera.

Finalizada las obras en el año 1934, después de seis años de construcción, sus ingenieros poco o nada podían imaginar que iban a hacer tan dichosos a tantos seguidores del ciclismo que cuanto más cuesta arriba se hace más felices son.

Sólo nosotros, las vacas, las ovejas y el cielo azul. Y unas barandillas «donde agarrarnos» que nos protegerán del precipicio. Suerte que por aquí hay muy poco tráfico y además los vehículos de gran tamaño tienen prohibida la circulación.

Mucho mérito tiene el fotografiar los lacets. A no ser que montemos en helicóptero o dispongamos de un dron puede ser difícil plasmarlas en papel. Creemos que nosotros lo hemos conseguido y hemos intentado llevaros estas imágenes a vuestras retinas y por eso pensamos que el hecho de que sean «poco visibles» haya sido una de las razones por las que la subida se ha debido mantener en relativo anonimato hasta ahora.

Los Lacets de Montvernier son divertidos, entretenidos, enganchan, pero son sólo el glaseado de un gigantesco pastel de grandes ascensiones que es la vallée de la Maurienne.

Por Jordi Escrihuela

 

Tour de Francia #18, la contracrónica

El de que la caravana ciclista multicolor afrontara la segunda partida de los Alpes, la 18ª etapa con término en la población de Saint-Jean-de- Maurienne, constituía todo un aliciente dada la singular contextura en su trazado ante el contraste ofrecido por el Puerto del Glandón, de 1.924 metros de altitud y con una marcada ascensión tocante a los 22 kilómetros, un eslabón que de por sí imponía respeto, y, por otra parte, el tener que salvar después la inédita cuesta denominada Lacets de Montvernier, con sus innumerables y cerradas curvas, que se situaba a tan sólo una decena de kilómetros de la meta. Estas dos moles alpinas, hay que recalcarlo, nos brindaron un formidable espectáculo ciclista, prescindiendo de los inicios de etapa, con tres montañas de tercera categoría y dos de segunda, que de muy poco sirvieron.

Hay que elogiar al galo Bardet

Bajo este escenario rutilante no podemos por menos que rendir homenaje a este joven corredor que cuenta con tan sólo 24 años llamado Romain Bardet, nacido en la localidad de Brioude, que se ubica en el departamento del Alto Loira, en la zona central del país, salpicada con constantes subidas y bajadas en su área interna. No nos extraña el de que este atleta del pedal que citamos fuera oriundo de aquellas tierras en donde se forjó deportivamente hablando. Es la deducción lógica que obtenemos. Se desprende tras la lectura de su historial. Por encima de todo resulta ser un buen escalador que ha moldeado sus piernas con tanto subir y tanto bajar, repetimos.

Romain Bardet fue el protagonista del día. Tuvo la férrea voluntad de entrar en fuga solitaria entre las dos montañas a las que hemos hecho alusión. Desafió abiertamente a sus perseguidores, unos pocos, que deseaban a toda costa hacerse con el triunfo de etapa. Nunca está de más el exponer que mide un metro 85 de estatura, mientras que su peso no sobrepasa los 67 kilos. He aquí un escalador nato.

Queremos insistir, además, tal cómo nos sorprendió la manera de cómo descendía los collados de rigor. Lo palpamos muy de cerca. Vimos su magnífico y depurado estilo, apurando y arriesgando al máximo sus habilidades sobre la endeble bicicleta. Daba gusto el poderle contemplar y admirar cara a un triunfo que tenía al alcance de la mano. En fin, una lección para los que aman el bien correr dándole a los pedales. No todos, los ciclistas, pueden vanagloriarse de estas técnicas innatas que se llevan muy adentro. Su estilo y seguridad quedaron patentes a flor de piel. Fue una exhibición digna para ser contada.

¿Se impondrá Froome con esta frialdad de la que hace gala?

Nos quedan todavía dos etapas de evidente dureza. No creemos, en vistas a lo contemplado, que el británico Chris Froome, sólido líder de esta máxima prueba del calendario mundial, pueda dejarse sorprender por su adversario más directo, el colombiano Quintana, que lo viene intentando sin éxito casi todos los días. De la misma manera que lo suelen hacer también Alberto Contador, nuestro carta más cotizada, y el italiano Vincenzo Nibali, herido por no haber estado a la altura de lo que él bien deseaba. La conclusión ha sido que no ha podido reeditar su victoria absoluta conseguida el pasado año en el Tour, algo que las gentes no deben olvidar.

El corredor británico Christopher Froome, este ciclista nacido Nairobi, capital de Kenya, hijo de padres ingleses afincados en aquellas tierras para alcanzar un mejor sustento económico, aparte de sus cualidades físicas y de su categoría intrínseca a la hora de balancear tácticas, que aplica acertadamente, tiene casi todos los números para ganar el título absoluto sin discusión. Cabe consignar, además, la eficaz ayuda que va recibiendo por parte de sus fieles compañeros de la escuadra Team Sky, una fortaleza a todas luces inexpugnable.

Los puestos de honor de la general se mantienen igual

Cabía destacar la fuga inicial compuesta por veintinueve hombres, todos ellos sin peligro en aras a la clasificación general. Su ventaja llegó a ser lindando a los 5 minutos. El pelotón se desentendió con cierta evidencia, aunque sin perder el control del todo. El verdadero interés de la etapa radicaba en saber que sucedería atrás, en donde se encontraban los ciclistas con más posibilidades en la conquista de los lugares de honor. Tanto fue así que los ocho primeros puestos de la aludida tabla se mantuvieron bajo las mismas diferencias de tiempo y naturalmente sin cambios específicos esperados en la vigilia.

Así se escribió la historia de la etapa en cuestión.

Por Gerardo Fuster

El regalito del Tour

La llegada a Saint-Jean-de-Maurienne trae sorpresa este año y se llama Les Lacets de Montvernier, una montaña que cerca el valle que da acceso a colosos como Glandon o Croix de Fer, y que esta vez, por primera en la historia de la carrera, se subirá.

Hablamos de una de esas ascensiones que no por inédita deja de ser irónica, el garabato de un niño cuando le pides que dibuje una carretera de montaña.

2La subida en sí es un segunda y deja al pelotón a diez de meta. Sin embargo tiene la peculiaridad de salvar 200 metros en tres kilómetros por un sistema de curva y contracurva que dibuja una silueta muy especial en la ladera. Ir a google imágenes es perderse en minutos de cotilleo por sus constantes herraduras.

Arriba está la población de Pontamafrey y abajo Montvernier. Por medio un vertiginoso trazado de la transhumancia del lugar que estará cerrado al público. Todo lo que se vea, será televisión que como siempre -y a pesar de lo que diga Carlos de Andrés- en Francia es  excepcionalmente generosa con los monumentos  y paisaje del país, algo que por desgracia no se prodiga en la Vuelta y en el estado con más lugares patrimonio de la humanidad del mundo.