¿Qué ciclista puede ser considerado una leyenda?

Chava Jiménez JoanSeguidor

El concepto de leyenda ciclista es muy ambiguo y peligroso

 

Sobre acotar el término de leyenda ciclista…

El deportista profesional suele estar rodeado de un aura mágica que pocos profesionales en otros ámbitos de la vida, posiblemente ninguno, pueden siquiera soñar con tener.

Y, entre los deportes, pocos son capaces de alcanzar el nivel de misticismo, épica y gloria a los que llega el ciclismo.

Un ciclista, sea mejor o peor, está obligado a superar sus propios límites una y otra vez si quiere hacer frente a los desafíos que sus rivales le imponen.

Incluso sin estos presentes, un ciclista ha de vérselas con las inclemencias meteorológicas y tentaciones de todo tipo en el día a día de su vida cotidiana ya que, sin entregarse en cuerpo y alma en todos y cada uno de los entrenamientos de la temporada, no se llega muy lejos en este deporte.

Habiendo hecho los deberes, siendo genéticamente agraciado para esfuerzos extremos y poseyendo una capacidad de sufrimiento fuera del alcance de la mayoría de los mortales, un ciclista es capaz de tocar la cima del mundo al mismo tiempo que alza los brazos siendo y sintiéndose protagonista de una gesta absoluta.

Sin embargo, la historia de este deporte nos ha demostrado una y otra vez que, lo que hemos visto como gestas gloriosas, victorias incontestables o reinados dictatoriales a menudo acaban sacando a la luz acontecimientos de los que sus protagonistas no pueden sentirse orgullosos.

 

¿Dónde queda entonces esa leyenda ciclista?

¿Qué valor tienen?

Hay muchos aficionados al ciclismo que defienden que hubo tiempos en los que no había elección.

Otros expresan su malestar al mismo tiempo que afirman que sus rivales actuaban del mismo modo.

En definitiva, se asume que la ética, los valores y el respeto para con la profesión que se defiende pasan a un segundo plano, mientras que el egoísmo, la carta blanca y el engaño se convierten en los verdaderos protagonistas de esta historia.

 

Es evidente que, ante la trampa, ante el dopaje, siempre habrá diferentes modos de pensar.

Los hay quienes rechazan fervientemente el dopaje y a aquellos que participan de él.

Los hay también quienes, aunque no vean correcto que se recurra al dopaje, lo asumen y se conforman con ver cómo se sanciona temporalmente al tramposo.

Finalmente, hay quien está a favor de que se recurra a métodos ilegales alegando que se trata de un deporte profesional y que, por lo tanto, cualquier método que mejore la condición física ha de ser utilizado.

Con toda esta mezcla de sensibilidades y opiniones, muchos ciclistas son encumbrados, mitificados y elevados al estatus de “leyenda”.

Y esto no es algo que lo promuevan los propios ciclistas. Es una decisión de la afición.

SQR – GORE

 

Grandes victorias y vidas truculentas conforman el cocktail preferido por muchos seguidores.

Por otra parte, cabría recordar que un deporte, para ser reconocido como tal, ha de cumplir con una serie de requisitos entre los que se encuentra, como no podría ser de otra manera, el derecho a la igualdad de oportunidades.

Así, todo deportista que quiera formar parte de sus eventos tendrá que cumplir con aquello que se le exige.

De este modo, si el deporte lleva consigo la ineludible obligación de respetar el juego limpio y, por tanto, un deportista no puede ser considerado como tal si no lo respeta, ¿cómo es posible que podamos considerar leyendas del deporte a personas que violaron alguna de sus normas ineludibles e incondicionales?

¿Cómo puede ser que encumbremos y mitifiquemos a personas que, por no respetar el juego limpio, bien podrían ser excluidas de ser consideradas, no solo ciclistas, sino que incluso deportistas?

En opinión de quien escribe, no existe ningún argumento válido que permita defender al tramposo.

Todos somos libres de elegir entre respetar o no las normas del juego y nada justifica o suaviza la culpa de quien decide no hacerlo.

Y, en un hipotético escenario en el que todos los competidores que vemos por televisión están recurriendo a las trampas, pongámonos por un momento en la piel de quienes, años atrás, optaron por seguir la senda del “fair play” y, por haberlo hecho, puede que estén sentados, igual que vosotros, en un sofá de sus casas viendo cómo otros se llevan una gloria que no se merecen.

Por @TzaloVS