Ser un tramposo es un jugoso negocio

Hoopika es un pequeño y simbólico enclave de Hawái. Su importancia reside en la cantidad de amantes del windsurf que acude cada año a sus playas. En invierno, dice la Wikipedia, sus olas son grandes y acogen importantes concursos entre los aficionados. Su nombre significa “hospitalidad” en el idioma local. Estos días por estos idílicos paisajes deambula Juan Antonio Flecha en su anunciado periplo hawaiano una vez concretó su retirada del ciclismo.

Mientras en el resto del mundo poblado, el libro de Michael Rasmussen ya se recoge en librerías. Entiendo que el libro como pieza de morbo que es tendrá acogida entre los lectores. Tendrá muy buena acogida. Entre los pasajes que más se han replicado en prensa surge el dopaje sistemático en Rabobank el año 2007, ese que estuvo a punto de ver al danés ganar la mejor carrera. Las dos veces que Dinamarca ha optado al Tour se ha liado bien gorda. Y eso que dicen que es un país serio.

En ese Rabobank corrían Juan Antonio Flecha, ahora buscando la ola de su vida, y Oscar Freire. Obviamente cuando Rasmussen habló del equipo naranja todos escrutaron sus alineaciones y la presencia de los dos ciclistas españoles llamó la atención. En un mundo en el que casi ningún profesional de la bicicleta está exento de sospechas, Oscar Freire era de los pocos que siempre sorteó el mal fario.

Sin embargo Rasumussen se desdijo casi a las pocas horas. A Freire no le vio hacer nada, de Flecha no sabe nada. La reacción del primero fue interesante, amenazó con llevar al danés a los tribunales. Qué poco vemos algo así, que un ciclista desautorice las sospechas de otro con la contundencia de Freire. Aún recuerdo esa querella que Luisle Sánchez le iba a meter a Telecinco por citarle en una operación antidopaje y nunca más se supo.

Oscar Freire y Michael Rasmussen tienen ya sendos libros en circulación. Freire lo estrenó hace unos meses de la mano de un buen amigo de este sitio, Juanma Muraday, quien hizo una ingente labor de búsqueda de material relacionado con el tres veces campeón del mundo. Más que una biografía es un bodegón de un realismo tal que no deja cabo suelto en la fecunda carrera del ciclista cántabro.

De forma aleatoria supe que ese libro cuenta con una tirada inicial de unos 2000 ejemplares, una tirada obviamente modesta como en definitiva modesto es todo lo que rodea al ciclismo. No quiero saber la tirada de Rasmussen, que será de unos cuantos miles más. Ayuda todo a que se dé esta paradoja, pero sobretodo el morbo y la triste necesidad de saber qué se coció en la trastienda de su carrera. Ponderen la trayectoria y valores de Freire y Rasmussen y díganme quién merece vender más.

Porque con Ramussen vuelve a cobrar forma aquello que un día sacamos aquí sobre Nicole Cooke, la excelente ciclista británica que dejó la vida profesional hastiada de tanta porquería y gentuza que se ganaba mejor la vida dopándose y contándolo luego, que compitiendo siempre limpia. Mientras Cooke hacía estas declaraciones tomaba forma el escándalo de Lance Armstrong –de quien se rueda una película de ingente facturación- y salía el libro de Tyler Hamilton, también traducido al castellano. Poco antes había la biblia de David Millar arrepintiéndose sólo un poquito.

Hablamos en todos los casos, y seguro que nos dejamos alguno más, de “best sellers”, de piezas cuyo valor documental es dudoso, pues los interesados son los primeros en no querer contarlo todo. Esa es la realidad chicos, esa es la lección que extrae cualquier jovenzuelo que se adentre en este deporte –también en otros-. Sale más a cuenta ser un tramposo que legal. El mundo premia a los primeros, omite a los otros. 

Foto tomada de www.hln.be

La historias para no dormir de Tyler Hamilton

Hace unos días en la presentación de la nueva “mini editorial” Cultura Ciclista, pude ojear un libro que hablaba de los días en que la trastienda del vilipendiado US Postal sacaba humo. “Inside the US Postal bus” se titulaba. Días de actividad y frenesí escondidos en una densa cortina de mentiras cuyo fragor huyó al estampido de un golpe de viento con la misma causalidad que se derrumba un castillo de naipes.

El libro en cuestión se complementó con un artículo que Cycle Sport dedica a la obra de Tyler Hamilton, otro de los ciclistas que se arrepintió de ser malo y decidió contarlo todo. La descripción de los hechos que realiza de sus años en el seno del equipo que capitaneó Lance Armstrong sitúa en el disparadero a muchos. Demasiadas personas, y demasiado importantes como para que las cosas se diga que están como estaban por mucho que sospecháramos que esto era cierto. Eso, o que la prescripción que la revista anglosajona hace del libro debe ser material de denuncia por parte los damnificados en la obra.

Obviamente el staff médico venido de España, en Luis García del Moral, el brazo ejecutor de los planes de MIchele Ferrari, y Pedro Celaya, su propinador del primer “huevo rojo” de testosterona, suponen clave de bóveda en la  arquitectura de la historia. Pero algunos más quedan muy mal parados. El Tour y la UCI por ejemplo, en esa época de Leblanc y Verbrughen, quienes por ejemplo miraron para el otro lado cuando se ve que la máquina pitó cuando sobre Armstrong en el Tour 99. “No se podía permitir otro escándalo tras el affaire Festina” vinieron a decir

De cotidianidad se definirían otras historias que nos cuentan como la latita que George Hincapie guardaba con sus aperos para el suministro de EPO en el fondo de su nevera. El EPO, ese acrónimo del cual un servidor empezó a oír cuando el PDM salió en estampida en el Tour de 1991, que los americanos llamaban Poe, para disimularlo con el nombre de Edgar Allan Poe. Y ese motorista llamado Philippe que rulaba con termos por toda Francia en un Tour paralelo para ser recompensado en París con un Rolex. Generoso presente.

Aquí como ven todos han hablando menos el actor situado en la zona cero de esta comedieta. Lance Armstrong sigue en silencio. Sabemos de su carisma, raza y carácter. Si emprende la revancha no sabemos hasta qué punto su derrota podrá resultarle dulce. A algunos no les debe llegar la corbata al cuello. Hamilton al menos ha purgado y pasado página. Eso ya lo lleva.