El Afilador saca su cuarta remesa de historias ciclistas

El Afilador libro ciclista JoanSeguidor

Leyendas ciclistas de diferentes enfoques y mejores autores llenan la cuarta entrega de El Afilador

Este jueves se publicó oficialmente El Afilador Vol. 4, un libro recopilatorio de narraciones ciclistas que reúne textos de calidad redactados cada año por periodistas, escritores/as y deportistas que si tienen algo en común, es su pasión por el ciclismo y las letras.

SINOPSIS

Llega el vol. 4 de la colección de libros de bolsillo El Afilador, tras los tres primeros números publicados desde el año 2016, con nuevas historias ciclistas.

Esta vez con seis autores que nos ofrecen otras tantas historias:

Juanfran de la Cruz se marcha en este número a Canarias, para contarnos su relación de amor y odio con la Vuelta a España. Un repaso a las etapas que se han disputado allí.

Fran Reyes escribe sobre el desarrollo del ciclismo en China, analizando diferentes intentos de popularizar este deporte en el gigante asiático, con más o menos éxito.

El periodista donostiarra Raul Perez Martinez debuta con un texto sobre el gran campeón portugués Joaquim Agostinho y la Vuelta ciclista a España de 1974.

Marcos Pereda, por su parte, nos lleva a Argelia, un país con más historia ciclista de la que parece. Su pasado colonial francés se reflejó en la Vuelta a Argelia y en la participación de sus ciclistas en el Tour de Francia.

40 años después de su formación, David García repasa los comienzos del equipo Reynolds en este texto que rescatamos actualizado de su libro Nuestro ciclismo por un equipo.

Por último, Pedro Horrillo escribe sobre una localidad que conoce muy bien: Biarritz. Conocida por sus playas, el surf y su turismo aristocrático, mantiene una estrecha relación con el ciclismo.

232 páginas.
Formato libro de bolsillo
PVP 12,00 euros

El libro que recorre la bicicleta pieza a pieza

Partes bicicleta Joanseguidor

La bicicleta es el hilo de un historia por y para ella

Cada nación, por supuesto, le dio un nombre en su lengua y atravesó un proceso de selección similar. En Holanda probaron con rijwiel, trapwiel y wielspeerd antes de decantarse por fiets. Los franceses tomaron algo de griego y una pizca de latín y los acoplaron para firmar vélocipède -pie rápido-. Era una palabra demasiado pachorruda para algo tan dinámico, e modo que la acortaron a vélo y se la prefirió a bicyclette, bécane y bicloune.

Gravel Ride SQR – 300×250

 

Vélo es una buena palabra: si cierro los ojos y dejo que la uve vibre en mis labios, puedo evocar la perezosa sensación de pedalear una noche de verano.

También me gustan, de nuevo por razones puramente auditivas, rad (en alemán), rothar (en galeico) y podilato (en griego). Pero la auténtica palabra, la palabra funcional y viva, la que decenas de lenguas han tomado prestada con ligeras modificaciones y una mayoría sustancian de la población mundial comprende es «bicicleta»: dos ruedas»

Bicicleta Capitan Swing

Robert Penn se presenta como un periodista y escritor con textos en las grandes cabeceras británicas, pero sobre todo se presenta como ciclista, como aquel personaje, un tanto friki, para qué nos vamos a engañar que coge su bicicleta y es feliz saliendo, recorriendo y conociendo con ella.

Y así ha escrito este libro «La bici lo es todo» que Capitán Swing pone en nuestras manos.

SQR – Cerdanya Cycle

 

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Una obra sencilla de leer que es un viaje en bicicleta por la bicicleta

Sobre ella se hilvana el hilo argumental que recorre cada ángulo de la máquina a través de sus elementos, pero también de sus autores y los gurús que dieron forma y utilidad a cada elemento que compone una bicicleta.

 

 

Recorre el cordilleras en bicicleta, pero también va al Véneto, a California y a todos aquellos sitios en los que hubo alguien que innovó y dio con la bicicleta que conocemos hoy.

Y en ese viaje por «las partes de la bicicleta» construye un relato trufado de información directa e inducida, un retrato perfecto que pina los pasajes más gloriosos de la máquina que le lleva cada día a su trabajo por Gales de Sur.

SQR – GORE

 

Cambrils Square Agosto

 

Una narración amena, rápida y densa en conocimiento, mucho conocimiento, trenzado en una historia personal.

Eso no es sencillo, pero Robert Penn lo consigue.

Es un viaje en bici, por la bici y para la bici, la bici de sus sueños.

Imagen: 123RF

Ciclismo y literatura: El ciclismo es el deporte más literario del mundo

Ciclismo y literatura, el otro día me invitaron a hacer una pequeña charla, y les expliqué por qué creo que el ciclismo es el deporte más literario del mundo.

Cabe ver la oferta que crece, de forma desordenada. Hace unos años Bernat me hablaba de Cultura Ciclista, con quien he tenido en inmenso honor de publicar un par de libros. También estaba Eneko, con sus Libros de Ruta. Propuestas exclusivas de ciclismo.

Pero también había editoriales grandes, importantes. Contra Ediciones sacaba la historia de David Millar, y reventó ventas. Morbo, tentación. La subida, caída y posterior de un mito, un ángel que un día quemó sus alas y cayó a plomo. Ese libro, creo, que fue el punto de inflexión. Se vio material en el relato ciclista.

Id a cualquier país, entrad en una librería londinense, a la izquierda de un Waterstones, ves los “best seller” y distingues a Froome, a Cavendish, a Wiggins,… son piezas de culto, elementos casi de lujo. Mirad la edición de Rouleur. Cantos de papel, literarios, del deporte más literario.

Porque el ciclismo es de novela, literatura, desde el minuto cero. La creación de las grandes carreras, siempre vinculadas al papel couché. Diarios que alumbran grandes vueltas, que diseñan el Giro, el Tour y la Volta, porque quieren historias para duplicar y triplicar ventas. Historias de héroes, escocidos y masacrados por la ruta que prendían en el corazón del aficionado. ¿Es o no literario?

Y vienen los nombres. Esa joyita amarilla, pequeña y densa en sentimiento que Alberto Londres escribe sobre el Tour de 1924. Los hermanos Pélissier deshaogándose en aquel bar, cincelando en madera perenne la leyenda “esforzados de la ruta”. O la dantesca muerte de Ottavio Bottecchia, que por coger un fruto de un árbol le asestaron dos tiros mortales.

Ciclismo y literatura. Los años treinta, permitidme referirme a la leyenda de mi primer campeón y cuando cruzaba joyas en la frontera para ayudar a exiliados de la guerra civil, cuando realmente había exiliados. Como las historias de los judíos salvados por Gino Bartali, el piadoso ciclista que puso una mitad de la Italia de la postguerra frente al espejo del virtuosismo y hedonismo de Fausto, Fausto Coppi, que pondría Italia en el límite con sus relaciones amorosas.

Años de suizos antagónicos, Kubler, rudo, caballo desbocado frente a Koblet, el ciclista cuya belleza obligaba a llevar un peine en el bolsillo del maillot, por eso del qué dirán. Y Jacques, maitre, Anquetil, ciclista pionero del buen gusto, el estilismo, la gran figura, el perfecto acople en la máquina, un corredor que fue un antes y un después, que subía limpio e intacto al podio, a buscar el premio y el beso de las guapas.

Ríos de tinta, kilos de literatura de papel arrojó el guapo normando, una tez final y afilada que competía con Poupou, Raymond, el ciclista del pueblo y la Francia profunda, el arraigo de las estrellas a la tierra…

Y seguimos y conocemos la historia de Bahamontes, el flaco niño que sobrevivió al asedio de Toledo, entre las ruinas del alcázar para ganar el Tour, y la historia de Roger Riviere, que se dejó la fama, la salud y la buena estrella en un descenso cuasi mortal, intentando seguir a Nencini, y la historia de carácter de Pérez Francés, quien decía “ahí os dejo” y sentenciaba la carrera.

Historias mil, literatura a chorros. Ciclismo y literatura. La delgada línea de rivalidad entre Merckx y Ocaña, o las malandanzas del Tarangu por Italia, Francia y España. Los años ochenta, y el eterno atractivo de Laurent Fignon frente a la rabia incontenible, Bernard Hinault, y las cenizas de Greg Lemond, el ciclista del millón de dólares que casi pierde la vida en un accidente de caza… y aún quedaban tres décadas hasta el presente.

Así que, ¿no os parece el más literario del mundo?

Imágenes tomadas de Ciclismo historia, Cinema en Limousin

El rincón de los libros ciclistas (I)

Ocurre de un tiempo a esta parte que todos publican libros de ciclismo, bicicletas y demás enseres relacionados. La masa lectora de este mundillo, que haberla la hay, se ha encontrado de repente en una vorágine de títulos, propuestas, biografías, perfiles, historias, anécdotas de bambalinas, revisiones, reediciones,… un magnífico compendio que tiene ciertos culpables. Aquí nuestro excelente colaborador Jordi Escrihuela, nos adentra en un momento en que la situación no era tan halagüeña…

Un día llegó un email a mi correo. Era de alguien desconocido para mí. Yo siempre hablaba, en clave, que lo que más echaba de menos eran mis libros de ciclismo, mi gran pasión. Encontraba a faltar el placer de coger un libro en mis manos, leerlo cómodamente y hojear sus páginas. Hacía años que no sentía esa grata experiencia. Aquel mensaje me hizo sonreír: me abría una puerta a la esperanza. Aquel anónimo personaje me dio unas coordenadas. Sabía de lo que me estaba hablando. Me dijo que en aquel punto encontraría lo que hacía años estaba buscando. Me rogó que ni le contestara ni le diera las gracias. Él estaba vigilante. Únicamente me puso una condición: solamente podía llevarme un libro, «yo sabría elegir».

Introduje las coordenadas en un GPS que me llevaron a más de 300 km de la ciudad, a un lugar desolador, apocalíptico: un desierto de piedras y rocas. Recorrí aquella zona buscando sin saber bien el qué. Desanimado, vi una pequeña loma enfrente de mí. Decidí probar. Ascendí apenas 100 m de desnivel cuando algo me llamó la atención: desde allí arriba se divisaba una piedra muy singular, una tremenda losa que parecía tener grabada una inscripción. Bajé rápido y me dirigí a aquel punto con decisión. En ella se podía intuir algo esculpido en la losa. La limpié con cuidado y los dedos de mi mano leyeron la letra “B”. Lo había encontrado. Desplacé la piedra y allí estaba: una enorme trampilla oxidada por el tiempo que me costó mucho esfuerzo el poder abrirla. Unas escaleras me invitaban a bajar. Ayudado por mi linterna, bajé unos 50 m hasta que por fin los vi: miles y miles de libros amontonados en estanterías o tirados por el suelo, algunos casi destrozados, envejecidos por el paso del tiempo o devorados por las ratas.

Sin embargo, aquel caos parecía que seguía un orden lógico: los libros en su día habían estado clasificados y ordenados por temas. No tardé en encontrarlos, medio rotos. Entre todos aquellos libros de ciclismo, tenían que estar los míos. Me los habría llevado todos, pero recordé aquel anónimo mensaje: solo podría llevarme uno. Así que de momento me tuve que conformar con hojear mis viejos libros.

El primero que pude dar alcance fue “Locos por el Tour”, de Carlos Arribas, Sergi López Egea y Gabriel Pernau, un libro que disfruté leyendo las aventuras y desventuras de los ciclistas españoles en el Tour desde sus inicios, con jugosas anécdotas. Se encontraba en bastante buen estado, pero olía intensamente a papel viejo y húmedo.

Luego vi los libros de Lance Armstrong, aquel ciclista tan odiado y querido a la vez durante la segunda década del siglo XXI. Eché un vistazo al increíble “Mi vuelta a la vida” y leí lo siguiente:

Quiero morir a los cien años de edad con una bandera americana a la espalda y la estrella de Texas en el casco, tras descender gritando por los Alpes sobre una bici a 120 km/h«.

Así comenzaba este libro que explicaba la lucha del corredor americano contra el cáncer, que produjo mi admiración y respeto por este texano indómito, que acrecentó mi interés por él. Y de nuevo allí entre mis manos, su segundo libro “Vivir cada segundo”, escrito como el anterior junto a Sally Jenkins. Si en el primero Lance nos narraba desde que le fuera diagnosticado un cáncer testicular que se extendió a sus pulmones y cerebro, hasta su sorprendente recuperación que le llevo a ganar su primer Tour en 1999, en éste Lance ya ha vencido en su quinta participación consecutiva. En él nos explica su vida como deportista, de sus alegrías y del nacimiento de sus dos hijas gemelas, de su traslado a Girona y del desafío que le supuso superar aquella experiencia traumática y a aprender a disfrutar plenamente de cada momento. Después de lo que sucedió muchos le crucificaron, pero su historia de superación quedó en la memoria.

Los dejé con delicadeza en el suelo junto a mí. Un poco más lejos, tirado en el suelo, medio roto y con las páginas sueltas encontré mi libro sobre aquella gran marcha que en su día fue la Quebrantahuesos, una obra imprescindible para todos los amantes de aquella prueba del Alto Pirineo Aragonés. Su título: «La Dulce Tortura», acertaba de pleno con el espíritu de aquella llamémosle “carrera”. Su autor, Miguel Gay Pobes, nos llevó a participar virtualmente en la prueba de una forma muy realista. Del mismo autor, el libro «Escartín, La vida cuesta arriba», brillante obra que no logré encontrar  entre aquel desorden de montones de libros.

Continuará… 

Foto tomada de www.thecityforbike.com

INFO

100 Tours en un libro

El autor Feargal McKay y Aurum han sacado un hermoso libro sobre las 100 primeras ediciones que no podemos menos que recomendar. Una compilación de datos e historias, excelentemente narradas, con rebotica e muchos casos interesantes de saber desde una óptica anglosajona, lo que por estos lares no nos deja indiferentes.

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Aquí tenéis más información.

Una historia de rumores y sueños con el ciclismo como excusa

Las habitaciones del mundo de Brinsidi son anguladas y poliédricas. Nada pareció lo que realmente fue, ni fue lo que pareció. Brindisi es un periodista que busca y olisquea en el rastro de Mistral, el mejor ciclista español de la historia hasta 1983. Ganador de muchas e importantes carreras, entre ellas el mismísimo Giro de Italia, Mistral es una leyenda de luz tenue. Su disoluta carrera al lado de una mujer que invitaba a la perdición le apartó de la primera línea aunque no lo suficiente para un día volver y clavar una de las mejores etapas de la historia del Tour de Francia. Ese día, cuando nadie contó con su grandeza despareció siendo líder de la carrera. Nunca más se supo. Allí empezó todo.

Muchos años después el periodista mirón emprendió un desventurado trasiego por el camino de miguitas marcado por el famoso ciclista. Brindisi es una suerte de muñeco golpeado emocional y físicamente por unos acontecimientos que le superan en esta recerca. La ruta en eses que emprende tiene varios escenarios, uno es Ibiza, tórrida y gelatinosa isla de placer y desenfreno, idear para contribuir aún más al carácter gaseoso de la obra de Vicente Álvarez de la Viuda.

El otro es el tramo que separa el límite de Le Bourg d´ Oisans con la curva que emprende la subida hacia Alpe d´ Huez. Hay otros espacios, pero estos dos son significativos de por donde se mueve la obra, una de esas piezas poco divulgadas pero que excava en la raíz del ciclismo, su carácter casi mágico y lo entronca con la música como evidenciando que la entraña de este deporte es rítmica, coordinada y bailona.

El relato principal, repleto de indescifrables adjetivos y sorprendentes descripciones, se complementa con piezas  sueltas e inconexas a priori, de historia y música que ayudan a entender la esencia de  una obra atrayente como las lascivas imágenes que se describen en varios pasajes.

Esta pieza, con “El Tour de Francia y las Magnolias del Doctor Jekyll” por título, fue premio de novela corta “Villa de Colmenar”. La Biciteca nos invita a conocerla y destriparla a partir de un encuentro que tendrá lugar en Salamanca el próximo miércoles 22 de enero a las 20.30 horas en la Librería Hydria. Obviamente también está en su inventario.