El Tour en Ocières: No comparéis lo de Roglic con Ocaña

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En Ocières, Roglic impuso el modelo que quiere para este Tour

En la llegada a Ocières Merlette los ecos de Luis Ocaña eran más que previsibles, tanto como el patrón y Jumbo desean para este Tour. 

La mejor hazaña del conquense, una obra capital que sobrevive al tiempo, casi cincuenta años después, sigue muy presente y lo hace para desgracia del ciclismo presente, por que las comparaciones son odiosas, y este caso inoportunas.

La primera etapa en alto del Tour de 2020 nada tuvo que ver con la leyenda que escribió Ocaña para los tiempos, nada que ver en inicio, nudo y desenlace.

Aquello era un ciclismo de egos, corrido a pelo, con equipos desiguales y miles de circunstancias que empujaban a aquellos hombres a correr así, una muy propia de aquel ciclismo, propia y común, el hambre, el hambre que pasaron de jóvenes, y el hambre de ganar, cuando el ciclismo era una salida para gente que había crecido en una pobreza que no podemos imaginar.

Hoy el ciclismo es un excel, logaritmos, estadísticos y matemáticos asentados sobre la fortaleza de atletas perfectamente optimizados para hacer lo que hacen: sesiones de spinning cuesta arriba, todos juntos, sin poder destacar, ni emerger ante el rodillo de los números, esos que salen en esa pantallita que tan miran y que dicen que a esos vatios ni Dios sale de ahí.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Por eso os sugiero, las comparaciones son odiosas, malas consejeras, hablamos de dos mundos, diferentes y lejanos en el tiempo y circunstancias, todo lo demás es encabronarse.

Cómo no aburrirse con este ciclismo de tiralíneas en el que las estrellas comparten sus datos, marcan sus registros y suben en avión los puertos

Y en esa tesitura se impone una lógica, la ley del más fuerte, desmontando gestos y decisiones de hace tan solo dos días, como cuando los Jumbo Visma decidieron renunciar a perseguir a Alaphilippe porque Dumoulin se había caído por un afilador con Kwiatkowski.

Jumbo Visma es el coco del Tour, la suerte de la carrera pasa por sus piernas y lo bien que sepan gestionar su poder, ahora mismo un peldaño por encima del resto, pero como siempre decimos, ojo que esto es largo, muy largo, así empezó el Giro del año pasado, lo mismo el Dauphiné último y las vueltas que da esto son indescifrables.

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Pero ahora mismo es lo que hay, y se necesita imaginación, algo que rompa ese treno amarillo y negro que lanza a Roglic en la cima de Ocières, hoy, en cualquier sitio del Tour, otro día, sin temor a que nadie le supere, ni Julian Alaphilippe, a quien llevaban atufado desde mitad de subida.

Entre Van Aert y Roglic, el francés va a soñar con ellos.

Se impone romper esa cadena de poder, que resulta inquebrantable y demoledora ante la endeblez evidente del Grenadiers, hace un año no iban mucho mejor y recordad como acabaron, la nulidad del Movistar y la paciencia del resto.

La gente mosqueada, pero cómo iban a atacar si subían a mil por hora.

Esto no es como empieza, y sí cómo acaba, aquí hace 29 años Luis Ocaña le metió nueve minutos a Merckx y luego llovió fuego sobre el conquense hasta despeñarse en una curva por no querer ceder un metro cuando tenía una holgada ventaja…

Por cierto, emerge Tadeg Pogacar, en este ciclismo de prodigios imberbes un lujo en todos los sentidos, lo veo muy arriba en este Tour.

Imagen: FB Tour de France

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Decir Ocieres Merlette es decir Luis Ocaña

Portada de Marca el día que Ocaña se puso líder en el Tour
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La gran historia de Luis Ocaña se escribe antes y después de Ocières Merlette

En la subida a Ocières Merlette de este Tour, el nombre que flotará en el ambiente será el de Luis Ocaña, el corredor que puso en la historia en este lugar.

Ahí va ese párrafo del libro «Secundario de lujo» en el que Luis Ocaña toma el mando de la narración de Jaime Mir en una secuencia tremenda: Ocières Merlette, Marsella y Col de Mente…

Sobre Luis Ocaña, Mir hace cálculos de lo que pudo ser su palmarés. Pudo ganar dos Vueltas, la de Agustín Tamames en 1975, más la que había ganado cinco años antes, y dos Tours, el que ganó y el que perdió aquellos días en que enloqueció por no perder nunca de vista a Eddy Merckx, aunque gozara de renta suficiente en la general. Sí, fue en 1971, días en los que se vivió tan peligrosamente que todo acabó en desastre. El Tour era de Ocaña, líder, sólido, siete minutos… todo a su favor. De Muer lo tenía atado como a un caballo adormecido, porque Luis no cabía en sí, henchido por el tremendo palo que había propinado a su rival del alma en la jornada de Orcières-Merlette.

Aquella fue una jornada largamente soñada. En las entrañas del Bic, recuerda Mir, De Muer y Gem especulaban sobre el estado real de Merckx, líder e intocable hasta el momento. Estaba ahí, delante, comandando, pero como acartonado, lento de reflejos. Varios síntomas delataban que no iba al 100%.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Un año antes Goddet entraba un día en la redacción de L’Équipe para afirmar en un editorial que lo de Merckx “era una catástrofe, pues acababa de ganar el Tour tras vencer siete etapas más un prólogo y lanzar a Joop Zoetemelk más allá de los 12 minutos”. El dominio de Merckx molestaba y asustaba, a los organizadores, a los periodistas e incluso a los aficionados. Pero el año 71 las cosas no iban como de costumbre. Los cinco pinchazos que le apartaron de la París-Roubaix fueron premonitorios. No tomó la salida en el Giro, por primera vez en cinco años, y en su lugar corrió el Dauphiné, que logró ganar con grandes apuros ante Ocaña.

Con los años se supo que el belga corría esos días con cambios en los pedales para intentar paliar el hecho de que una pierna fuera un poco más corta que la otra. Esos cambios se percibieron desde el primer día del Tour. Sufría en las subidas por cortas que fueran, echaba de menos el barniz de lucidez que el Giro daba a sus piernas. Era el Merckx de siempre, porque iba de amarillo, pero con pies de barro, como si las musas le hubieran abandonado.

Con esas impresiones, a Ocaña le fueron midiendo en el seno del grupo. El conquense no cabía en sí. Mir le calmaba por las noches en el hotel: “tu día llegará”. La pareja de directores sabía que el belga estaba más cerca que nunca, pero había que ser muy precavido porque las cartas había que mostrarlas cuando correspondiera. Ocaña corría por sus opciones, para rentabilizar la brutal inversión de Bic y por las ilusiones de los muchos que, como Goddet, estaban hartos del dominio total de Merckx.

Y llegaron dos etapas: primero en el Puy de Dôme, como Bahamontes una década antes, y finalmente en Orcières, donde aquello reventó. Luis remató un día en que el Bic tiró a morir de salida, corroborando que Merckx no iba bien. Los corrillos de Luis con sus directores en la noche francesa tuvieron su porqué. Mir se explicó al fin tanto secretismo, tanto mimo en los planes.

A continuación, el desastre, que también se escribió en dos entregas. En la primera jornada tras la exhibición alpina, Luis se descolgó un momento del pelotón. Era la salida, no pasaba nada aparentemente relevante. Los micros le solicitaron una entrevista en directo por la radio. Como la prensa no podía entrar en el pelotón, lo hicieron por detrás del mismo. Alguien del equipo de Merckx vio que el líder andaba ocioso. Surgió el caos. Merckx y todos sus muchachos entraron al relevo y rompieron la carrera. La jornada acababa en Marsella, y por el camino llegaron a tener cinco minutos de ventaja. Al final, tras mucho pelear, el Bic y sus oportunísimos aliados, los maletines corrieron, redujeron a poco menos de dos minutos la ventaja del belga.

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La consecuencia, al margen del brutal castigo, fue el tremendo adelanto de la carrera en meta. No había literalmente nadie en la tribuna marsellesa; bueno, sí, Mir, que vio aquel tropel entrar en meta como si no hubiera un mañana con la grada vacía. La guerra sin cuartel de Merckx había descuadrado el horario en tres cuartos de hora. “No había nadie, nen. Ni el alcalde vio el final de etapa, las gradas desiertas”, refrenda Mir.
A los dos días, en la etapa Revel-Luchon, el universo ciclista se paró:

Desgraciadamente ahora ya es todo agua pasada y Ocaña no ganará el Tour 1971 como estaba más que previsto y merecía con todos los honores. La emisora del Tour a través de la voz entrecortada por la emoción de Félix Lévitan nos lo dijo con la brevedad de un disparo, pero nos dejó a todos paralizados por la emoción. No se podía decir más con menos palabras. Hoy estamos a poco más de 300 kilómetros de Barcelona y el corazón nos invita a regresar, porque si nuestro barco se hunde, resulta casi lógico que nos hundamos con él.

Eso, un disparo, Joan Plans no escribía aquella crónica del 14 de julio de 1971 para El Mundo Deportivo, no, Plans, el amigo del primer Tour de Jaime, sollozaba sobre las hojas del diario amargamente, recordando el momento en que Lévitan decía: “Chute d’Ocaña!” (¡caída de Ocaña!) por la radio de carrera.

Luis Ocaña en el suelo del Col de Mente

Aquella es una historia ampliamente glosada. En las horas previas, en el fortín del hotel, Mir percibió a los dos directores alrededor de Ocaña. Trataban de calmarlo, por querer tenerlo todo excesivamente controlado, especialmente De Muer, que pedía prudencia, porque Gem, más arrojado, entendía aquello como un tema de hombres y de honor. Un angelito a la derecha y un diablillo a la izquierda. Luis se dejó llevar por el segundo. Merckx, que lo conocía bien, lo tentó. “Sabía del carácter de Luis, vaya si lo sabía”, repite Mir. En el col de Mente, bajo el diluvio más universal, atacó tres veces. No eran ataques a la resistencia del líder, ni siquiera buscaban probar su fortaleza, fuera de toda duda. Eran aguijonazos a sus nervios, auténticos arpones al orgullo del líder.

Luis entró al trapo: “Merckx iba delante de mí. Vaciló, derrapó y yo también. Cuando caí sentí un impacto muy fuerte. Me sentía mal, muy mal. Pero tuve fuerzas para tratar de reincorporarme. De pronto sentí un tremendo golpe y un dolor muy fuerte en el pecho. Y ya no me acuerdo de más. Eso sí, algunas caras en torno mío, gritos y gente que corría”.

Merckx cayó y Ocaña, también. El primero estaba a siete minutos y necesitaba arriesgar, el otro tenía el Tour ganado con aguantar la compostura, pero también arriesgó. Merckx se levantó y prosiguió. Ocaña también, pero cuando se disponía a montar en su máquina llegó Zoetemelk y lo arrolló, al poco le golpeó Agostinho, y finalmente Guimard. Cuatro golpes. Luis ya no se levantaría.

Desde el segundo coche del Bic, Mir estiraba el cuello en medio de cortinas de agua y nervios, gente corriendo y griterío inhumano. Distinguió a Luis, allí, en los brazos del doctor. También a De Muer con las manos en la cabeza, a Christian Darras, jefe de publicidad en Bic, golpeando el coche. Aquello era dantesco. La imagen era estremecedora: Luis era un Cristo yacente de Semana Santa, moreno, fibrado, finísimo y lacerado de dolor. Adiós al Tour que tenía ganado. Adiós desde el helicóptero que se lo llevó del lugar. De Muer y Darras estaban espantados por los quejidos del maillot amarillo. Luis no paraba de jadear. Pensaron en lo peor.

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“Creyeron, literalmente, que se había partido la médula y llamaron rápidamente al helicóptero”, concluye Mir, con la imagen in mente de Roger Rivière, otro mito, inmóvil en una curva del Macizo Central once años antes. “Pero aquello no fue más que un escandaloso golpe en los riñones”, sostiene, que por suerte no pasó a mayores.

Anquetil, que no pertenecía al equipo, pero estaba siempre por ahí, lo tachó de “accidente estúpido y desagradable” por haber corrido Ocaña “unos riesgos innecesarios”. Aquella noche la cena fue un funeral. A Mir, de natural dicharachero, le habían arrancando el alma. Nadie levantó la vista del plato. “Nunca hablamos de ese día en el Tour. No es que fuera un tema tabú para él pero su carácter era cerrado. Había que sacarle las palabras” recuerda Mir.

¿Quién es el mejor ciclista español de la historia?

ciclista español Miguel Indurain

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Para un servidor el mejor ciclista español de la historia nació en Navarra

Estos últimos días de temporada han sido un hervidero de preguntas, cuestiones irresolutas, buscando al mejor ciclista español de la historia.

Alejandro Valverde, protagonista en la Vuelta, campeón del mundo, disparó las apuestas.

Sin duda el murciano está ahí, en más de cien años de corredores, sueños, historias y leyendas.

Valverde volvió a abrir el debate sobre el mejor ciclista español de la historia

Nosotros tenemos un top 5, algo idealizado, cogiendo los mejores en esto y aquello.

Un listado que es persona, que no busca sentar cátedra, ni se asienta en estadísticas fiables.

Son las sensaciones que tenemos respecto al mejor ciclista español de la historia

Empezamos.

DT-Swiss Junio-Agosto

Oscar Freire fue un pionero, el ciclista que torció la suerte de un ciclismo español enquilosado en las grandes vueltas e historias agonísticas.

Es Miquel Poblet en color.

Sus tres mundiales son el argumento, las tres San Remo, la consecuencia de la leyenda.

Tiene un palmarés abultado que pudo ser mejor si no hubiese convivido con mil lesiones y dolencias.

Un ciclista único en este paraíso.

Mundial de ciclismo- Verona Oscar Freire JoanSeguidor

Alberto Contador hubo un tiempo que fue imbatible en las grandes vueltas.

Explotó pronto, creció rápido y ganó mucho joven.

Tiene un antes y un después, pero incluso cuando muchos le situábamos en la prórroga dio qué hablar.

Su estadística de siete grandes le ponen no sólo entre los mejores a este lado de los Pirineos, también en el mundo.

Luis Ocaña fue el primer campeón moderno del ciclismo español.

Fue algo así como Oscar Freire en lo suyo.

Si el ciclismo español tuvo un campeón de los de siempre, tipo Merckx, Gimondi o Anquetil ése fue Luis Ocaña.

Un ciclista cuyo palmarés no hace justicia a su tamaño en la historia y azote en las carreteras, pero que, quienes tuvieron la suerte de verle en directo, afirmaron no haber conocido nada igual.

Ciclismo- Alejandro Valverde JoanSeguidor

Alejandro Valverde es el ciclista más singular del ciclismo español y posiblemente del mundo.

Su palmarés se equipara a leyendas eternas como De Vlaeminck, Kelly y Jalabert.

Es clase noble del ciclismo español.

Cumple años al revés, su pacto con el diablo es tácito y amenaza llegar hasta los cuarenta, cosa que ya la hace único.

Si algo le faltaba, el mundial, ya lo tiene, ahora es un tema de saborear la excelencia.

Miguel Indurain no ofrece discusión.

No vimos y creo que no volveremos a ver algo igual a él.

Compitió con una elegancia que llevó el ciclismo a la perfección en todos los terrenos.

Sobre la carretera siendo el mejor croner que jamás hayamos visto.

Un contrarelojista que machacaba también en montaña cuando era menester.

No conocía un mal recorrido para él.

Su palmarés habla por todo lo demás, le vemos uno, dos o tres pasos por delante del resto.

Gobik ya trabaja en la nueva temporada

La embriaguez de ver a Valverde de arcoiris ha reabierto el debate, pero sinceramente, Miguel Indurain es, a nuestro juicio, el mejor ciclista español de la historia.

Y eso es mucho decir, porque este listado ha incorporado cinco nombres, pero imaginaros cuántos más podrían entrar en la quiniela.

Col de Menté: «Chute d´ Ocaña»

Luis Ocaña en el suelo del Col de Mente

Luis Ocaña había firmado una jornada histórica en Occieres, nueve minutos a Eddy Merckx…

Portada de Marca el día que Ocaña se puso líder en el Tour

A los dos días, en la etapa Revel-Luchon, el universo ciclista se paró:

Desgraciadamente ahora ya es todo agua pasada y Ocaña no ganará el Tour 1971 como estaba más que previsto y merecía con todos los honores. La emisora del Tour a través de la voz entrecortada por la emoción de Félix Lévitan nos lo dijo con la brevedad de un disparo, pero nos dejó a todos paralizados por la emoción. No se podía decir más con menos palabras. Hoy estamos a poco más de 300 kilómetros de Barcelona y el corazón nos invita a regresar, porque si nuestro barco se hunde, resulta casi lógico que nos hundamos con él.

Eso, un disparo, Joan Plans no escribía aquella crónica del 14 de julio de 1971 para El Mundo Deportivo, no, Plans, el amigo del primer Tour de Jaime, sollozaba sobre las hojas del diario amargamente, recordando el momento en que Lévitan decía: “Chute d’Ocaña!” (¡caída de Ocaña!) por la radio de carrera.

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Imagen tomada de Free365

¿Qué pasa con los Campeonatos de España?

Hubo un tiempo que ser campeon de España era preciado y perseguido. Es más, creo que ha sido casi siempre. Los primeros nombres se dejaban la piel en rutas inmundas. Nuestro primer campeón Mariano Carñardo corría cronos de 150 kilómetros que tendrían que restar años de vida, como nos recordaron el otro día desde El Tío del Mazo. Luego vinieron Loroño, Bahamontes, Poblet,… corredores que capitaneaban sus conjuntos en el también campeonato por regiones, el top. Luis Ocaña vistió el rojigualda con la marca Bic en el pecho. Carlitos Hernández recuerdo que lo ganó en más de una ocasión, hasta Miguel Indurain y Abraham Olano.

Qué tiempos cuando el Tour era la pasarela de maillots de campeón. Me viene a la mente Paco Mancebo hace trece años, con un diseño molón, aunque para entonces ya estuviéramos a puertas del dominio de “chez Unzue”, es decir la línea que iba de Caisse d´ Epargne a Movistar, como recuerda Fernando Llamas en Marca. Sólo Rubén Plaza se cuela en un palmarés que tiene a Valverde, Izagirre, Purito, Herrada, Gutiérrez y Rojas, quien necesita de todo alineado para engordar su palmarés.

Plaza corria en el Liberty luso, todo lo demás es azul, bueno y negro Caisse, no ha habido otra opción, ni colores y entre ellos sólo Purito y el mentado Plaza, que para más inri fichó por Caisse al año siguiente, han vestido maillots decentes, que hablaban de su condición de campeón nacional como pasa en cualquier otro país.

Porque el color de la bandera en el maillot, tengo entendido que es un tema de la federación. Es curioso que el Movistar, instalado en España, relegue la enseña de su país de origen como no ha hecho con el de UK de Alex Dowsett en su buzo de crono, o incluso en el de Jonathan Castroviejo en el maillot continental.

Pero colores a parte, porque este es un tema amortizado y descontado por Unzue, para quien ganar el campeonato es una putada por tener que conciliar en el maillot, lo que es curioso es que la RFEC se haya arrogado ahora la potestad de “obligar” a las estrellas a correr el Campeonato de España. lo va a hacer a partir del año que viene a advertimiento que no habrá mundial. Ojo porque como dice Llamas es una cita dura la que espera a los ciclistas en Innsbruck y muchos querrán ir.

No sé yo por eso si la idea de ir al Mundial seduce a Alberto Contador, ni al próximo, que no le va, ni al siguiente, que podría irle mejor, y no lo creo que porque hace tiempo que el madrileño camina por derroteros muy diferentes a los de la española. Si no fue a Ponferrada hace tres años cuando acababa de ganar la Vuelta y mantenía un tono digno. “No me convenía” dijo, pero tampoco le iba a otros pero hicieron servicio por el equipo, dígase Fabio Aru, que curró para los suyos. Como que el tiempo de defender a España ya caducó para el madrileño.

Es curioso, el Campeonato de España es una carrera que desvela en sub 23, porque si no asegura el paso, te lo acerca mucho, en caso de ganarlo, y en categorías inferiores es un sueño, pero llegados a cierto estatus, es hasta una putada. A mí por eso me da pena el lugar que invierte, cada año cuesta encontrarlo, porque paga una pasta y se ve desprovisto de estrellas, como primer aliciente, porque de la tele, mejor no hablemos.

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Los muy grandes ganan el Tour tras hacerlo en el Dauphiné

Aunque sea una ciencia no exacta, la teoría dice que la Dauphiné suele ser una buena pista de cara al Tour de Francia, de hecho se comenta que el Dauphiné es un “mini Tour”. Los años de historia compartida entre las dos carreras, que son más de 60, dictan que son más bien pocos los que han firmado un doblete, por otro lado muy prestigioso. Tanto, que el elenco con las dos carreras en la misma temporada responde a un selecto grupo de campeones, un palmarés de ensueño: Lance Armstrong –si se nos permite incluir-, Miguel Indurain, Bernard Hinault, Bernard Thévénet, Luis Ocaña, Eddy Merckx, Jacques Anquetil y Loison Bobet. La práctica incluye a los dos últimos ganadores británicos: Chris Froome y Brad Wiggins.

Antes por eso fueron esos ocho ciclistas de perfil alto, con dos o más Tours en su bagaje, a excepción de Ocaña, con excelentes prestaciones en la montaña, pero hábiles croners, cuando no inmejorables. Ocho ciclistas y diez coincidencias. Lance Armstrong hizo de la Dauphiné su auténtico banco de pruebas, y no precisamente con gaseosa. A un mes escaso del Tour el tejano comprendió que lo que pasara en la vuelta por etapas posiblemente más cotizada tras las tres grandes resultaría esclarecedor de su suerte en el Tour. Así lo hizo en dos ocasiones, de forma consecutiva además, en 2002 y 2003. En algunas ocasiones forzando hasta lo recomendado, como en 2003 cuando Iban Mayo le propuso un duelo que el americano no rehuyó, al punto que en el Tour se le vio exento de esa chispa tan suya. Entre Suiza y Dauphiné, el americano siempre prefirió la vía francesa, quizá por gozar de un privilegio único: compartir parajes y puertos con el Tour. Sin ir más lejos en la presente edición ambas pruebas compartirán el Ventoux, puerto erigido en clave de la “Grande Boucle”.

Otro que ha repetido triunfo en dos ocasiones fue Bernard Hinault. Lo hizo un par de veces, en los años 1979 y 1981. El francés acumuló en el primer año cuatro etapas y la general de la Dauphiné para luego sumarle el triunfo absoluto y siete parciales en el Tour. Dos años después, Hinault repitió jugada casi idéntica. En 1995 Miguel Indurain conseguía apropiarse de tan singular logro. El año de su quinto Tour, el navarro sacrificó el Giro de Italia, donde un año antes había sido derrotado por Berzin y Pantani, por atar un camino más cómodo hacia el Tour, en el que también se llevó por delante la otrora prestigiosa Midi Libre. Saltando de década, debemos remontarnos hacia Bernard Thévenet, ganador en 1975 de ambas pruebas. Antes lo habían logrado Luis Ocaña en 1973, Eddy Merckx en 1971, Jacques Anquetil en 1963 y Loison Bobet en 1955.

Dos ediciones resultan especialmente significativas de que lo que ocurra en la Dauphiné no debe extrapolarse al Tour. Ambas tienen además a dos protagonistas españoles. En 1996 Miguel Indurain firmaba en la prueba alpina una victoria extraordinaria, de las mejores que se le recuerdan. Ganó con autoridad la crono individual y se mostró insultante en montaña, ganando incluso una etapa, algo poco usual en él. Un estado de forma rotundo, acompañado de su aureola de quíntuple ganador del Tour, le alzaba con exclusivo favorito para la grande gala.

Aquella edición partió de los Países Bajos, una semana de lluvia y frío inéditos en Francia y en julio pasaron factura al mejor ciclista español de la historia que ya en los Alpes cedía para declinar toda opción en los Pirineos. Un caso más reciente fue el que aconteció con Iban Mayo. En 2004 el ciclista nato en Igorre marcó una carrera antológica, con una cronoescalada al Mont Ventoux que entra entre los mayores revolcones que se le recuerdan a Lance Armstrong en plenitud. Luego en la primera semana del Tour se dejaba toda suerte en un adoquinado polvoriento del norte de Francia.

Entre las curiosidades que encontramos hurgando entre estos más de 60 años de historia común entre dos carreras íntimamente vinculadas por su proximidad de fechas y escenarios comunes, destacan dos corredores, ambos con un sino muy similar: frecuentar podios para recoger premios secundarios, rara vez como ganadores. En las últimas ediciones tomamos nota de la segunda plaza firmada por Cadel Evans tanto en la Dauphiné como en Tour. Años antes, tenemos a Raymond Poulidor, el corredor con más podios en ambas carreras coincidiendo el año.

El llamado “eterno segundón” logró ganar la Dauphiné en dos ocasiones, en 1966 y 1969. En esos años acabó tercero el Tour. En 1962 fue tercero en ambas carreras y 1965 y en 1974 segundo en las dos. Un par de ciclistas cuyas similitudes salvados los tiempos y sus diferencias parecen más que evidentes. Dos ciclistas a los que se une Chris Froome en tiempos recientes, dos ciclistas que en definitiva acentúan esa sintonía existente entre dos grandes pruebas.

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Ullrich y Rose Bikes, veinte años después de ganar el Tour

Permitidmos ponernos nostálgicos

Nos cuenta Oscar Cudeiro, autor del libro sobre “El Tarangu”, que la Vuelta a Asturias de 1975 tuvo excelente participación con José Manuel Fuente, el mentado “Tarangu”, Luis Ocaña, González Linares y Miguel María Lasa como ciclistas más destacados. Había expectación por apreciar la recuperación del «Tarangu» de cara al Tour de Francia, sobre todo después de su mala actuación en la Vuelta a España.

Había dado muestras de mejoría en la subida ciclista a Enol, donde había ganado el sector en línea de la subida, pero debía ratificarse ante rivales de mayor entidad. La tercera etapa con final en Brañillin, la sexta con final en el Naranco y la séptima con sus dos sectores, el primero con el Fito y el segundo en modalidad contrarreloj debían ser los jueces de la carrera.

En Brañillín se vio una fantástica etapa, con ataques en la subida al Pajares que rompieron el pelotón. El “Tarangu” de sus mejores días reventó la carrera en sucesivos ataques. En el penúltimo kilómetro descolgó a Ocaña y en el último, a 200 metros de la cima de Pajares, se deshizo de su único acompañante, Lasa, quien le daría caza en la bajada que une el final de Pajares con el inicio del Brañillín y acabaría por llevarse la etapa con un segundo sobre el ídolo astur y 1:05 sobre Gandarias , tercero. Ocaña llegó quinto a 1:21 de Lasa. La general quedaba de igual manera.

Lasa dejaba casi sentenciada la vuelta en la etapa del Naranco. Ese día el que falló en la última ascensión fue el “Tarangu” que se dejó 1:28 en la meta, quedando muy lejos de los otros favoritos. Ocaña fue segundo a siete segundos de Lasa y en el mismo tiempo que Jesús Manzaneque. En la general Lasa era primero con Fuente segundo a 1:29 y Ocaña 3º a 1:30 Ocaña pasó al ataque camino de la meta de Cangas de Onís. Primero Balagué puso un ritmo muy duro en el Fito y sorpresa, se queda Fuente.

El «Tarangu» sufrió uno de sus típicos hundimientos y se dejó en meta más de siete minutos, perdía todas sus opciones de victoria y de podio. Ocaña atacó a Lasa, pero este respondió muy bien a todas las embestidas. En Cangas de Onis ganó Lasa con Ocaña en el mismo tiempo y Manzaneque, sensacional, a 21 segundos. El segundo sector de esta etapa fue una crono entre Covadonga y Arriondas en la que se impuso González Linares. Lasa, sexto, aventajó a Ocaña en 25 segundos. Ocaña perdió su segundo puesto en la general debido a su retraso sobre Linares de 1:44, seguramente acusó el esfuerzo de los ataques de la mañana.

En la general final primero Lasa, segundo Linares a 1:06 y tercero Ocaña a 1:55 Una gran vuelta.

Este breve relato de Oscar es de aquella Vuelta de hace 42 años por Asturias, una carrera que en el presente ha dado a conocer su perfil para el puente del primero de mayo y que espera tener una buena participación. Nos llamó mucho el cartel que Oscar colgó en el grupo de “Asturias en el ciclismo” porque daba la medida de lo que el ciclismo podía mover y generar, incluso en el calendario de pequeñas vueltas.

La sola caricatura de dos rivales enconados como Fuente y Ocaña, el Ocaña del Super Ser, que no era el del Bic, ya anunciaba el espectáculo que al final se vio, demostrando eso que muchas veces nos invade en este mal anillado cuaderno, la nostalgia y eso de los tiempos pasados. El cartel es una pasada. Qué diferente cuando una carrera como Asturias era una guerra sin cuartel de los grandes nombres y ahora parece que se haga por el empeño de unos cuantos que sencillamente dejan años de salud en su empresa.

¿Qué cabría hacer para que el ciclismo vuelva a ser lo que llegó a ser?

#BonJourTour etapa 7

Esta vez la montaña llega pronto, nada menos que el primer viernes de la carrera. Lo hace con un aperitivo en el que el Aspin, plato de reparto otras veces, ahora se sitúa como decisivo. Son sólo 162 kilómetros picando para arriba con la cima clave a unos siete kilómetros de meta.

Con todo por decidir y sin más pistas que la jornada del Macizo Central, es obvio que si la etapa se corre a mil por hora, como el miércoles, la otras veces cuestionada dureza del Aspin se multiplicará. Con otras dos grandes etapas en los Pirineos por disputar, es complicado que se entre a jugar con fuego, pero la primera jornada de montaña de verdad siempre es importante. Nuestra impresión es que este Tour apunta a duelo Froome-Quintana sin obviar otras cartas, con los anfitriones por ejemplo.

El lugar

Aunque no goce del caché de otros gigantes del sitio, el Aspin ya formó parte de la primer gran jornada de montaña, allá por 2010. En su cima se puede apreciar una importante cantera que proveyó los almohadillados de Versalles y la Ópera de París. El Lac de Payllole forma parte del dominio esquiable de Grand Tourmalet, como si la sombra del gigante pirenaico estuviera por doquier.

8 de julio de 1971

El Tour, el primer Tour de Luis Ocaña, estaba marcado, era el de 1971. Todos sabemos como acabó aquello, pero las páginas que firmó el conquense hasta llegar a ser la gran amenaza de Eddy Merckx, quien esos días iba con el gancho durante toda la carrera. En la Côte de Laffrey, el belga empezaba a dar síntomas de fragilidad. “Pensé poner el pie a tierra, pero ese es un lujo que no me puedo permitir” dijo el astro.

Al otro lado del cuadrilátero aparecía resplandeciente Luis Ocaña, sabiamente guiado por Geminiani, que ese día tocó el cielo llevando al borde del KO al rival que más que un rival era su obsesión. Para Merckx, que a pesar de todo ganó esa edición, aquella era una señal de su cuerpo, machacado de muchos y sostenidos esfuerzos durante cuatro años. El palmarés, Vuelta, Giro y Tour más clásicas, crecía exponencialmente, pero el desgaste iba en la factura. Merckx comprobó cuán dolorosa es la ambición si medida cuando el cuerpo te pasa el recado.

Imagen tomada de Lacs de Pyrenees

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