La «ejemplar» sanción a Luke Rowe y Tony Martin

luke Rowe y Tony Martin JoanSeguidor

La expulsión de Luke Rowe y Tony Martin busca crear un precedente

La llegada a la ciudad que Rubicón de los Alpes, Gap, un día antes del éxito de Nairo por Izoard y Galibier dejó un titular firmado por Luke Rowe y Tony Martin.

Una página triste que acabó con ambos fuera del Tour de Francia con la sensación de que el castigo infringido excedía la falta realizada.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

La imagen de Tony Martin cegando el paso de Luke Rowe al frente del pelotón como si estuvieran disputando, casi, una final olímpica de velocidad, nos sorprendió a todos mientras saboreábamos el momento dulce de Matteo Trentin y su vuelta a la senda de la victoria.

Se ve que entre Luke Rowe y Tony Martin hubieron algunos roces antes de desencadenar en esa situación.

Así subimos el Tourmalet con los diseños más arriesgados de Endura 

Lo que no pudimos imaginarnos en ese momento es que horas después acabarían lo dos fuera.

Bien hecho, mal hecho, los comisarios del Tour, que nada tienen que ver con los intereses patrios ni de Alaphilippe, aunque alguno lo airee con más desconocimiento que otra cosa, creo que más que la dureza de la acción, que a la vista está, tampoco fue nada del otro jueves, fallan sobre las imágenes de «macarrismo» que muchas veces vemos en el pelotón.

Es decir, que Luke Rowe y Tony Martin han bailado con la más fea, han sido cabeza de turco.

 

El ciclismo moderno, me decía uno de esos que creció conectado al ciclismo de toda la vida, es una locura de bloques, números y vatios.

Una olla de grandes equipos, dotadísimos de medios, auténticos multimillonarios -que hablamos de ciclismo, joder- cuya inversión se ve tan comprometida que no pueden dejar nada al azar.

Y así vemos que cada final de etapa, principalmente esas que son llanas, es una lucha sin cuartel por la posición, una lucha que no entiende de compañeros ni amigos, puntas de lanza, cada una de su color (amarillo, azul, rojo, verde…) progresando por su vera, buscando la protección del líder, del sprinter, del lanzador del sprinter…

Y ocurre que este ciclismo por muy moderno que sea no consigue que las carreteras sean más anchas por arte de magia.

Hay el mismo espacio que hace veinticinco años pero con más gente interesada en estar delante.

 

Y claro llegan los gestos, los malos modos, los cabezazos, los codazos,… 

Esto cuando la meta atisba en el horizonte, antes si un equipo de los gordos quiere cerrar el camino a terceros se hace y se logra a veces con los modos de Tony Martin a Luke Rowe.

Porque en esa imagen el galés es la víctima, pero no son pocas las veces que lo que sucede es al revés.

Que Luke Rowe hace valer la jerarquía de su Ineos para impartir su criterio al frente del pelotón.

De Tony Martin también hemos oído hablar, y no sólo de su categoría excelsa de rodador, ganando mundiales de contrarreloj en la época de Cancellara y Wiggo, también por su rigidez en medio del pelotón.

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El otro día el excelente ciclista que es Kasper Asgreen también realizó uno de esos gestos que demuestran lo que decimos, que en ocasiones las imágenes del pelotón no son las más edificantes.

No llegaremos a ver puños como aquella pelea de dos ciclistas agotados que fue la de Ramontxu y Leonardo Sierra, pero a veces conviene pensar que un mal gesto habla mal por uno mismo y también por la imagen de ka marca que paga el sueldo.

Desproporcionada, sí, ejemplar, también.

Luke Rowe y Tony Martin han sido cabeza de turco. 

Imagen: Team Ineos

Para Egan Bernal no existe el mañana

Egan Bernal JoanSeguidor

Si Egan Bernal sigue gastando tanto no llega a Niza

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Luke Rowe es un galés alto, corpulento, potente, un rodador de etiqueta Sky.

Un tipo duro, curtido en los vientos de Gales, que sabe por donde sopla el Dios Eolo con hincar su índice sobre la mirada,

Luke Rowe ha crecido con Geraint Thomas, Ian Stannard, Gianni Moscon, Bradley Wiggins, Peter Kenaugh, Chrisian Knees, Michal Kwiatkowski, Jonathan Castroviejo,…

Lo veis, todos prominentes rodadores, de mayor o menor tamaño, pero auténticas máquinas de rodar, de enfilar y romper grupos, ciclistas cortados por el mismo molde, ciclistas que no hacen prisioneros.

Pues quién le diría a Rowe, que sus mejores días haciendo abanicos en una carrera cualquiera, dígase la París-Niza, en un lugar al azar, al norte y centro del hexágono, los pasaría con largo y tostado colombiano, de sesenta míseros kilos, que no levanta por encima de la media del pelotón pero que rueda como un demonio.

¿Quién le diría a Luke Rowe que Egan Bernal sería su compañero de baile en las tres jornadas más trepidantes que hemos visto en mucho tiempo?

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Pero lo es, ya lo creo que lo es.

Egan Bernal no corre para el futuro, no es un corredor en formación, es ya presente, presente rabioso, una especie de ciclista llevado por las prisas y las ganas de triunfar, con un hambre que no respeta edades, ni ciclos, ni etapas.

Las tres primeras jornadas de la París-Niza de 2019 pasarán a la historia como aquellos días que Egan Bernal burló la historia, negó haber conocido a los escarabajos y se vistió del camaleón que tritura todo a su paso.

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Porque como leemos a Pablo Martín, aquellos escarabajos que contaban los días para salir vivos del llano y jugar sus bazas en la montaña quedaron en el recuerdo, semi borroso de la historia.

Hoy Egan Bernal no corre para sobrevivir al llano, lo hace para ganar en el llano.

Y lo hace con tal virulencia que llegamos a pensar si no estará gastando mucho, en exceso, total para unos segundos que no tamizan por eso el efecto intimidatorio que empieza a aplicar este corredor entre los rivales.

Egan Bernal ha corrido delante en todo momento, no se la ha pillado en un renuncio, ha entrado en la batalla que proponían sus compañeros y luego ha salido a por aquellos que han osado entrarle por el borde.

SQR – GORE

Su forma de correr enamora, no puede ser de otra manera, entendemos que ese «asilvestramiento» irá a menos, cuando los retos vayan a más, o su futuro será el de un pitillo que se consume en pocas caladas.

Correr cada día como si no hubiera un mañana puede ser la nueva ganancia marginal del Team Sky.

No sé si el paso que necesitan para que un pez gordo les firme la renovación de toda la estructura, o buena parte de ella, sin embargo la fatiga es complicado que no aparezca.

Cambrils Square Agosto

Tras varios inicios trepidantes de París-Niza, creo que el de este año ha superado los anteriores con creces.

Ver a Egan Bernal lanzar un sprint que gana Dylan Groenewegen entre seis ciclistas es el espejo de lo bizarro, pero maravilloso, que ha sido este bucle inicial de tres etapas de la carrera hacia el sol.

Creo que pocas veces una amplia mayoría no agradecerá tanto entrar en la montaña porque hay un colombiano que sale como alma que lleva un diablo cada vez que se arma un abanico.

«Cuando me dijeron, prueba una bicicleta eléctrica, fruncí el ceño, pero…»

Volviendo sobre Rowe, y siguiendo con Egan Bernal, ahora viene la segunda parte, la decisiva, aquella que marca con una línea invisible la diferencia entre líder y gregario.

Con las montañas hacia Niza ahí al fondo, Luke Rowe podrá otorgarse un respiro en los momentos clave, los mismos en los que Egan Bernal se jugará la suerte de la carrera que parece querer por encima de cualquier otra cosa en la vida.

Imagen tomada de FB de Team Sky

El continuo daño a la imagen del ciclismo y del ciclista

Imagen del ciclismo JoanSeguidor

Algunos pros siguen sin entender que a ellos también les va en una buena imagen del ciclismo

La presión sobre un ciclista profesional es mucha, posiblemente los simples mortales no somos capaces de imaginarla. Pero la imagen del ciclismo también debería pesar.

Son decisiones que conllevan segundos, a veces ni eso, pero son decisiones que hoy en día, generan imágenes que corren como la pólvora y se perpetúan en la red y en la mente de la gente y la imagen del ciclismo y de ciclista quedan tocadas.

Esto fue el camino para Roubaix hace tres años…

El campeón de Francia vigente, Arnaud Démare, se come literalmente un paso a nivel segundos antes que la barrera bajara para que pasar un TGV, que como rezan sus siglas en francés, iba a «toda velocidad».

Una secuencia que entonces abrió telediarios y protagonizó zappings de medio mundo.

De aquella Roubaix muchos medios no dieron cuenta del triunfo de John Degenkolb, en cambio sí que abrieron con el salto a la vía de varios ciclistas.

El miércoles Arnaud Démare era expulsado junto a otros treinta y pico ciclistas, algunos renombrados y con opciones de ganar, como el neerlandés Dylan Groenewegen, del Gran Premio Escalda porque se saltaron un paso a nivel.

Démare argumentaba que…

… no le dio tiempo a reaccionar cuando el semáforo se puso rojo. E incluso que ya tuvo que comparecer citado al cuartelillo de Valenciennes en aquella Roubaix, que por cierto era del 15 y no del 14.

Aquella vez como esta, Arnaud Démare no debía seguir en carrera, ni él, ni los que le siguieron en la temeridad.

Entiendo que la tensión, la presión, la responsabilidad y todo ello pesan, pero también pesa la integridad física de uno mismo e incluso la imagen del ciclismo.

La imagen del ciclismo entredicho

En domingo pasado, en Flandes, a más de cincuenta de meta Luke Rowe fue cazado por el helicóptero esquivando gente por la acera. En un momento de tensión previo a un muro, en un bandazo, salió hacia la derecha y acabó entre el público.

En lugar de bajarse siguió sorteando personas para no perder tempo y volver al grupo.

Le expulsaron.

Y ahí también hubo contrapeso para la imagen del ciclismo, porque corrió como la pólvora por las televisiones y redes.

Y ahora tenemos Roubaix…

El año pasado Philippe Gilbert subía hacia el Kappelmuur por las aceras, sorprendiendo incluso a vecinos que ponían un pie en la calle…

Sabemos, lo repetimos, que hay presión, responsabilidad y esas cosas, pero como decía la abuela, bien está lo que bien parece.

La imagen del ciclismo en entredicho, por los propios pros, como otras cosas que se hacen y ya hemos comentado.

Las cosas no están sencillas y cualquier rendija se aprovecha en un momento que, por lo demás, ya veis cómo está con el atropello de nueve ciclistas en Mallorca.

Cualquier paso en falso en términos de percepción le quita hierro a cualquier incidente por desgraciado y negligente que sea.

Creo que en esta batalla, los primeros interesados son los propios pros y ellos, no acaban de creer en este propósito más allá del resultado que deben conseguir para sí mismos y el equipo.

Imagen tomada del FB de Scheldeprijs

 

Los tapados del Team Sky

En 2010 el Team Sky aterrizaba en el ciclismo profesional con idea de encontrar el punto de éxito e innovación que lograron en la pista británica pero en la carretera. Tardaron dos Tours en lograrlo, y desde entonces llevan tres de cuatro posibles, con dos ciclistas, ambos británicos, otro de los objetivos. No han hecho pleno porque el Froome de 2014 estaba aliado con la mala suerte y cuando quisieron sacar la baza de Richie Porte, éste no estuvo a la altura de relevar su líder.

Para este Tour el Team Sky, como no podía ser de otra manera trae un equipo de campanillas. Recuerdo aún el año pasado la tarde de la Pierre de Saint Martin cuando la gente se pellizcaba y se preguntaba si era posible meter tantos ciclistas delante. Froome, Porte y Geraint entre los mejores, apuntalando el liderato y las plazas de honor, como si los rivales se hubiera disuelto como azucarillos.

A mí, sinceramente, no me extrañó nada aquel paisaje. Si algo tienen los de negro es el mejor ciclista del mundo y una guardia pretoriana que sólo Movistar podría igualar. Es más, si de medir las fuerzas de uno y otro bloque se tratara, en el grupo británico hay varios segundos espadas que podrían ser líderes en cualquier otra estructura, y no líderes cualquiers, podrían optar a pisar el podio si las circunstancias y la forma les acompañaran.

Son los tapados del Sky y en primer lugar el galés Geraint Thomas, quien ha sacrificado la temporada de clásicas para estar al 100% en la cita francesa y luego, posiblemente en Río, a donde no irá como pistard como en las ultimas dos citas olímpicas y sí con galones en el Team GB. Thomas llega con una campaña desigual, muy bien en Algarve y sobre todo en París-Niza, donde sobrevivió al temporal de Contador, y algo más flojo en las citas previas al Tour, en especial Suiza. Thomas viene con la idea clara y fija de estar delante al final de estas tres semanas de competición, su forma está medida para ello, y vista su capacidad y los puertos que aguardan, no me extrañaría verle en el top ten.

Lo mismo podríamos decir de otro ciclista que maneja el gran fondo con maestría, Wouter Poels, un holandés que sacó al equipo del vacío en los monumentos que es versátil: hace buenas cronos y sube cerca de los mejores. No es tan espectacular como Porte, ahora en el BMC, pero hasta no hace mucho era la mejor carta holandesa para las grandes vueltas hasta que quiso volcar su talento a favor de otro. Como Geraint podría ser la baza tapada del Sky si al jefe le vienen mal dadas.

Pero hay más, y no es un cualquiera, desprovisto de las dudas sobre su pasaporte Sergio Henao debe resolver la incógnita de lo que es o no es capaz en una carrera que ha tardado mucho en llegarle. Su papel parece un escalón por debajo de los dos anteriores, pero al igual que Landa le sobraría talento para tomar las riendas del equipo. Como dijimos, en el caso del vasco, tras su retirada del Giro y su desconocimiento del Tour, no creemos que Landa esté en disposición de liderar el asalto al cuarto Tour de los británicos.

El equipo se completa por auténticos galgos, percherones de primavera reconvertidos en pantallas andantes para estas primeras jornadas, maestros en el manejo de los pelotones muy poblados: Ian Stannard, Luke Rowe y Vasil Kiryienka. Completa el nueve Mikel Nieve, la sobriedad al servicio del grupo, una sobriedad que es garantía, en el Giro lo demostró.

Imagen tomada del FB del Team Sky

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