Las consecuencias ciclistas de una Madrid olímpica

El maratón de publirreportajes sobre Madrid 2020, que copa el apartado de deportes de los Telediarios de La 1, nos recuerda que el momento sobre la decisión sobre la sede olímpica de ese año está cerca. Nos cuentan esos movimientos “off the record” que califican de decisorios, el trajín de los pasillos, las recomendaciones y esas cositas que vemos normales en España pero que fuera de nuestras fronteras, como humanos que son, también se estilan. Ahí está nuestra familia real batiéndose el cobre. El Príncipe en primera persona, en medio de mogollón. Treinta años después de ser abanderado en Barcelona y continua en plena forma. En el fondo le molan estos saraos más que a un tonto un lápiz.

No es noticia que un servidor, a través del cuaderno y a través de otros medios, nunca ha sido amante del experimento olímpico en España. Con una economía en estado de emergencia, este gasto suntuario con el objetivo de atraer tan magno evento me parece grotesco. Sin embargo la fecha de decisión se acerca, y mirándolo bien, los rivales de Madrid no parecen de la enjundia de Londres y Río de Janeiro, las anteriores ciudades que se llevaron los juegos. Es más, y aunque esto sea cosecha propia, que Madrid se haya presentado tres veces creo que hasta puede influir, no sé en qué dirección, pero quizá en la que persiguen la banda de estómagos agradecidos que se mueve por Buenos Aires. Una cosa, que el inglés de Ana Botella no sea vinculante.

Hace pocos días leí en twitter un comentario de Luis Roman hablando de la conveniencia de Madrid 2020 aunque sólo fuera para acudir al rescate de nuestro deporte. Ese día, admito, miré con otros ojos este esbozo. Y es que si la llegada de Fernando Alonso al ciclismo, por inverosímil que nos pareciera, la dimos por buena ante la desangelada situación del ciclismo en España, ahora creemos que Madrid 2020 podría ser el segundo paso para que esto no se convierta en un desierto.

Sigo pensando que Madrid 2020 es un brindis al sol cuando las cosas no están para bromear. Veo muy mal que se inserte la información de las fugas radioactivas de Fukushima en el bloque deportivo para contar las dificultades de la candidatura de Tokio. Cabe recordar cómo sentó en España la pregunta sobre terrorismo de Alberto Mónaco un año y poco después del 11 M y con ETA aún activa. ¿Ven como al final jugamos igual de fuerte?

Pero en el fondo uno ve el estado del deporte en España y piensa, si se elige Madrid, algo se trataría de enderezar. Miremos por ejemplo este último fin de semana, las delegaciones españolas han logrado importantes éxitos tanto en el Mundial de BTT como en el de trial y ciclismo adaptado. Medallas y títulos de campeones del mundo en selecciones reducidas a la mínima expresión porque no hay dinero para llevar a nadie más. Lo vemos, a poco que se apueste, los deportistas responden y eso que algunas de las disciplinas ni siquiera son olímpicas.

Pensemos ahora en el ciclismo en pista –pues el de carretera vive ajeno a un Madrid olímpico-, un vivero de medallas en Juegos Olímpicos hasta el anunciado desastre londinense. Este fin de semana en Tafalla se celebran los Campeonatos de España de la especialidad. Imaginen la chavalada trabajando con las vistas en Madrid 2020, más cuando para entonces el programa olímpico puede incluir alguna carrera de fondo a las que tan afines somos. Madrid se dotaría de un velódromo que espero no genere las mierdas del de Palma de Mallorca, una pista de BMX, marcaría el circuito olímpico de BTT, de carretera,… la boca se nos hace agua al abrigo de eso que siempre hemos dicho: nuestro carnet ideológico no entiende de colores pero sí de una palabra: CICLISMO.

Imagen tomada de www.enciklica.com

Un motivo de peso para #NoaMadrid2020

Circula estos días por las ondas un anuncio de Bankia. Su slogan es algo así como “Empecemos por los principios”. Menuda gracia. Quien pagó tres euros y pico por su preciosa acción ahora ve que va camino de costar un céntimo de mierda. Entre tenedores arruinados y escándalos piden que volvamos al principio de todo, al motivo, al origen.

En España existe una enajenación oficial llamada Madrid 2020. No nos malinterpreten. Que la capital de nuestro querido país entrara en la historia olímpica sería motivo de “orgullo y satisfacción”, pero veamos los indicios que concurren para pensar en esto como un andamiaje que no se tiene por lugar alguno. En un país con unas cifras de desigualdad social apabullantes y pobreza lacerante y crónica, proponer un gasto suntuario por el mero hecho de los “retornos” que ellos suponen es una irresponsabilidad, algo invendible.

Sin embargo como reza la cuña de Bankia empecemos por el principio, dejemos al lado la desgracia social y miremos la salud del deporte español. Miremos la del ciclismo como paradigma, pues aportó ocho medallas al bagaje olímpico español en las tres últimas olimpiadas. Ahora veamos el tremendo agujero inversor que aguarda a la modalidad en los años venideros.

José Antonio Escuredo, seleccionador nacional de pista y estos días en el disparadero, comentó en estas líneas el otro día lo siguiente: “La Federación Española hasta ahora cuenta con un presupuesto de unos dos millones y medio de euros para todas las modalidades del ciclismo y que Gran Bretaña destina sólo a la especialidad de ciclismo en pista unos 12 millones”. Esta desproporción bíblica ilustra las carencias económicas en un sistema que aún no ha tocado fondo.

¿De dónde se sacaría el dinero para que nuestro deporte brille en Madrid 2020? Recordemos la tremenda inversión que supuso el plan ADO y sus socios para sacar adelante Barcelona 92, donde por cierto galeno hoy cuestionado estuvo en nómina. Claro que si a la elección de Madrid no se le quiere acompañar de un expediente deportivo digno, bien vamos.

Por que Madrd y su candidatura llegan en el peor de los momentos, casi sin avisar y fruto de la obsesión de no sabemos quién. Como casi siempre en este país, cuando surge algo sin explicación racional y base sólida, podemos temernos lo peor. Que esos “retornos” que muchos ponen encima de la mesa, se los lleven Estambul o Tokio, pues aquí a las múltiples carencias surge una monumental: una situación económica que no permite dotar del mínimo a nuestros deportistas. Y eso, es sí que es el principio.