Un buen día para reivindicar la bicicleta

No deben estar calmados los ánimos hoy por Madrid. Entiendo que habrán opiniones para todo, una ciudad dividida respecto a la decisión de restringir el acceso de los coches al centro de la misma. He visto hace un rato un vídeo de El Mundo, un auténtico sabelotodo pregunta dónde está la contaminación, que no la ve, que no la palpa. Mucho peor la respira, como ese veneno que no hace daño, que no tiene olor, pero que mata lentamente, como asfixia. Sus ojos también la perciben, con irritaciones que poco a poco irán a más. Su estado de humor también cuelga de ella.

Sinceramente no me da pena alguna que dejen la mitad de los coches en casa en días marcados. El tema estaba pasando de castaño oscuro. Lo que ha pasado en grandes urbes mundiales, ya pasa en Madrid y a este paso ocurrirá en Barcelona. Vivimos bajo una seta enorme de porquería que nos quita la salud poco a poco, como un rodillo inexorable.

Todo es matizable, es obvio. Aquí han pagado justos por pecadores, pero a algunos, y no pocos, se les ha ido la mano con el coche. Lo han usado hasta para ir a mear. Es como quienes montan su vida a base de subvenciones y ayudas públicas, que cuando éstas se acaban, ponen el grito en el cielo. Pues ya está bien, la contaminación quizá no se vea, no tiene forma de tiparraco que te vaya a pegar una puñalada en una esquina. Sin embargo si tomas distancia, si miras Madrid desde la T4, por ejemplo, verás el remanso de porquería flotando y entonces piensas en lo que respiramos y respiran nuestros hijos. Es insalubre.

Ahora viene la cara B de la película. Cómo moverse por la ciudad. El transporte público, ir caminando, taxis,… y como no la bicicleta. Es lo que vemos tan claro que nos quema la sola duda sobre su idoneidad. Dicen las encuestas que pocos utilizan la bicicleta por su componente ecológico, que lo hacen por precio, por rapidez, por comodidad, por estética, por sinergia grupal, por moda, por lo que fuere. Ahora la ecología será un motivo para cogerla, más que nada porque la autoridad competente te empuja a ella como alternativa.

Sin coches, o no tantos como hasta ahora, y con la bicicleta se mejorará la calidad del aire, y las arcas del sistema sanitario lo notarán. Porque habrán menos enfermedades de respiración pero también gente más activa, más sana y de mejor humor. El estrés matutino de los colapsos de tráfico quedará mitigado y eso un día y otro y otro tiene que contribuir.

Como dijeron aquí no hace mucho, el sentido del humor mejorará y eso repercutirá en los trabajos, en las relaciones entre la gente. Menos agresividad, más amigable todo. Más razonable, menos ofensivo. Es que a donde íbamos no había por dónde cogerlo. Además comprando una bicicleta y todo lo que le rodea, se activa otra industria, modesta si que quiere, pero industria cercana en algunos casos, que empieza a enerar trabajo y a contribuir a esa cultura ciclista que tanto apreciamos, como no podía ser de otra manera.

Además la bicicleta no ocupa sitio cuando está aparcada, no tanto como el coche, no hace ruido, no genera humo ni polución. Que hay impresentables que las conducen, como en todos los sitios, pero a nosotros, a quienes nos interesa su proliferación nos corresponde señarlarlos y avergonzarlos porque ellos son tan nocivos como cinco coches a pleno rendimiento, pues gracias a ellos habrá siempre quienes reprueben tantas bicis por la ciudad.

Y si a este movimiento se suman los ayuntamientos, entes locales y demás asociaciones ya tenemos el caldo de cultivo perfecto para salir en bici orgullosos y venderla como se debe y como merece, porque si nosotros lo vemos claro, seguro que al final quienes más problemas ponen igual hasta se convencen de que 2017 vendrá en bicicleta.

Imagen tomada de http://incontroltour.com