¿Por qué nos gusta el Giro?

Giro de Italia - George Bennett JoanSeguidor

¿Pasión? Nos gusta el Giro porque es la carrera más bonita en el país más bello

Porque su recorrido atravesando hermosos pueblos medievales, renacentistas… nos traslada a la épica, al mito, a la historia.

Porque el mejor ciclismo del planeta es el italiano.

Se trata de la prueba más importante del año para las firmas, marcas y corredores italianos.

Es una carrera espectacular desde el principio.

El Giro de Italia siempre se corre de forma nerviosa, buscando los equipos solucionar la papeleta lo antes posible.

Aunque esa forma de correr entrañe riesgos para los corredores, que han de llegar lo más enteros hasta el final.

Porque nos gustan sus volatas, donde los esprinters tumban sus bicis a más de 70 km/h.

La ronda italiana se vive bajo el signo del descontrol. Y eso nos entusiasma.

Lleva a los corredores al límite.

Porque el ritmo en Italia es siempre muy fuerte. La carrera siempre es movida.

Y es ciclismo de ataque, con escapadas constantes.

Porque su victoria se disputa en las montañas del juicio final.

Como los Dolomitas.

Puertos de leyenda, cumbres sin piedad, que no saben de compasión y hunden a los más débiles para coronar a los más fuertes.

Rampas envueltas de odio y sentimientos. Maravilla de paisajes, de éxtasis mirando a todos lados, pero también de sufrimiento atacando a las viles anacondas grises que surcan estas colladas.

Puertos de montaña que componen una sinfonía de belleza y angustia.

 

Etapas de altísima montaña, los tappone, como se denominan en Italia, que acaban por reventar totalmente la carrera en una borrachera de espectáculo deportivo y agonía.

Jornadas matagigantes. De miedo.

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Paredes. Cortafuegos asfaltados. Cicatrices que dejan huella en sus laderas.

Puertos que revientan los cuerpos.

Muros. Cuestas. Subidas que hacen daño.

Carreteras con vertiginosos barrancos en sus flancos, sin protecciones, escenarios grandiosos para vivir épicas batallas en bicicleta.

Descarnados y polvorientos ascensos como el Gavia.

Salvajes pendientes como las del Mortirolo.

Obras de ingeniería como el Stelvio, porque nos gustan los tornanti.

Pasos de montaña bajo la nieve, ofreciendo un espectáculo digno de figurar en una antología.

Escenarios inmortales como el Passo Pordoi, una cima legendaria.

El paisaje irreal de las Tres Cimas de Lavaredo y su rampa infernal al 16% donde atacó Merckx en el Giro del 68.

Recorridos confeccionados para la mayor gloria de los escaladores.

Los hachazos en el pelotón lo rompen en mil pedazos.

Y es cuando escasean las fuerzas y comienza el sálvese quien pueda.

Porque las grandes dificultades están situadas en el tramo final de la carrera. Gran emoción.

En cualquiera de estas etapas se puede ganar el Giro pero también perderlo.

Porque los héroes, sufren, se desvanecen y al final sólo puede quedar uno.

El Giro de Italia es Girardengo, Binda, Bartali, Coppi, Gimondi, Moser… pero también Bugno, Chioccioli, Gotti, Garzelli, Simoni, Chiappucci y Pantani.

Y Nibali.

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Y los nuestros: Poblet, Fuente, Angelino Soler, Julio Jiménez, Perurena, Chozas, Cubino, Lejarreta y también Induráin, Ángel Edo, Rubiera, Ventoso, Nieve, Purito y Contador.

Entre otros, muchos.

Una carrera pródiga en mantener la tensión hasta sus momentos finales.

Porque al final de la carrera los organismos suelen estar muy castigados. Muchos explotan.

Y pueden ser jornadas para la debacle, que pueden llevar a 20 ó 30 corredores para casa.

Nos gusta el Giro porque la corsa rosa siempre se nos muestra abierta y sorprendente.

La ronda italiana cada año se muestra insidiosa, inexplicable y peligrosa.

Porque es veneno puro en forma de ciclismo, deporte de infarto, vaticinio difícil.

Y nos gusta el trofeo de los campeones, como dijo Nibali: “la sua belleza equivale al peso, è davvero spettacolare”.

Porque nos va el rosa, la maglia rosa, el color que da personalidad a la carrera, la luz que todo lo ilumina.

¿Por qué nos gusta el Giro?

Porque amamos el ciclismo.

Porque somos unos tifosi más.

Y nos emociona.

Foto: FB Giro d´ Italia

Nibali y Evans siempre creyeron

Muchos borrones y notas opuestas en el cuaderno de esta larga y cronometrada jornada que da inicio a la segunda parte del Giro de Italia. El día que las cámaras se olvidaron del titular de la maglia rosa, Beñat Intxausti, la primera grande de la temporada, cronológicamente hablando, presenta un panorama terriblemente atractivo a dos semanas de culminar en Brescia.

Hubo unos días que todos pensamos que las cosas serían sencillas para Team Sky. No fue hace mucho. Recuerdo ese fin de semana que solapaba Tirreno y París-Niza. Pedimos paciencia, el año es largo, las circunstancias diversas y muchos los rivales que esperan en el camino. Entre otros por ejemplo dos que probaron el jarabe de ricino de los ingleses.

Vincenzo Nibali, todo corazón, un ciclista de los de antes. Salió a quemar las naves y a pesar de casi naufragar en la segunda parte de la crono, se va de la misma vestido de rosa, cuando en sus pronósticos previos estaba el amortiguar en lo posible la desventaja que teóricamente le sacaría Brad Wiggins. Nibali tiene por delante lo que le gusta, que es en esencia similar a lo que hemos presenciado hasta la fecha –un recorrido con putadas por doquier- aunque con el añadido de una dureza infernal.

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Luego está Cadel Evans, ese ciclista que es una sombra, que nadie espera, con el que nadie cuenta, pero que surge siempre delante. Agonístico, de perfil bajo, firmó la crono que esperábamos para situarse como la alternativa al hombre que Italia pone en liza para recuperar su Giro. No esperen grandes acciones, ni movimientos suicidas, sin embargo su perenne estampa seguirá la rueda de los mejores y hasta es posible que en el último golpe de riñón los supere.

Tanto Nibali como Evans probaron las terapias de choque de Sky. Muchos en su lugar probablemente habrían bajado los brazos, ellos sin embargo siguieron a lo suyo y ahí están, reforzadísimos frente a los hombres de negro que una vez más, dos años después, han podido pecar de ser excesivamente celosos del guión inicialmente escrito. La crono de Henao, de no haberse empañado con las servidumbres de la loca jornada del viernes, le habría valido estar al nivel de Evans y Nibali, sin que la teoría diga que es inferior a ninguno de los dos con el recorrido en la mano.

A Bradley Wiggins se le ha revelado hasta la tecnología. El cambio de bicicleta posiblemente le haya costado un triunfo parcial que situado en perspectiva le habría devuelto a la lucha por la general que vino a conquistar. Al Sky le cabe el doble reto de recuperar moralmente a este peculiar ciclista y ponerlo en disposición de luchar por una victoria que se le ha puesto muy complicada. Valoremos el hecho que los ingleses siguen con tres en el top ten. No obstante que Wiggo tenga en cuenta que si es capaz de voltear la situación, como por ejemplo Miguel Indurain no fue capaz en 1994, tendrá una buena historia que contarles a sus nietos.