Esto es un redactor jefe

Sinceramente desconocía que Roberto Palomar es redactor jefe del diario Marca. No pregunten el nombre de su director. Son cuestiones que languidecen como los relojes dalinianios, podemos prescindir de tales cuestiones. Sin embargo ayer por la tarde noche comenzó a circular la charla de este periodista con varios lectores que aún creen que la biblia existe y está se llama Marca.

Supongo que exponerte a las pajas mentales del personal que opina con la solvencia de un técnico con carnet acaba enajenándote. Sin embargo hay cuestiones que la gente que se arroga papeles mayores por estar en el púlpito que un señor de un consejo de administración, un día te atribuye y al siguiente te quita, debería tener en cuenta. Deberían pensar que alguien siempre les lee y hasta les acaban creyendo. No son conscientes de las respuestas que dan y el daño que producen.

Valoraremos lo que dice en el extracto que hace referencia al ciclismo en esta charla, entendemos que el personaje, que si no me equivoco hubo un día que se sometió a retos físicos de envergadura, se retrata con inusitada solvencia y nos despoja de toda obligación de valorar su respuesta. Hete aquí el corte, con pregunta y respuesta incluidas:

 

Pregunta del lector – ¡Hola Roberto! Una sobre ciclismo. Siempre he pensado que la única manera de limpiar este deporte es que un ciclista que aspire al podio de una grande y su equipo lleguen a un acuerdo con un periodista y que éste le siga a todas partes (que duerma en su habitación, esté los controles con el médico de su equipo… y hasta que revise el baño antes de que entre el ciclista). Yo que siempre te he admirado por tu espíritu aventurero, ¿crees que hacer esto es posible y si serviría para algo? Gracias!

 

Repuesta de Roberto Palomar – Acabaría dopándose el periodista…

 

 

Normalizar lo anormal

Recuerdo Olga Viza con la voz entrecortada por la emoción, acompañada en la narración por Matías Prats. Era la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Éramos 21 años más jóvenes. Qué jornada. Entonces un servidor quería que pasara rápido aquel tostón y empezara la competición olímpica. Con el paso de los años aprecias la importancia de aquellos momentos, de lo grande que fue lo ofreció España al mundo en esa sofocante tarde julio. Aquello fue “Marca España” con mayúsculas.

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Presa de aquel ensimismamiento, Olga Viza aborda a Lluis Bassat en la usual doble página central que el Diario Marca le propone cada domingo. Para quienes no le conozcan a Bassats, se le reconocen buenos hitos en el mundo de la publicidad en este país. Al parecer, uno no lo sabía, Bassats fue uno de los responsables de aquella ceremonia que dio pistoletazo a los juegos barceloneses.

La pieza es buena, muy buena, de otra manera no podríamos calibrar un trabajo de Olga Viza. Leyéndola ciertamente es incoherente para el tono hincha que ha tomado este medio otrora de referencia. Sin embargo ello no nos esconde ciertas realidades que se toman por habituales cuando no dejan de ser flagrantes vulneraciones de la ley y ética que deben prevalecer en el deporte.

Bassats afirma que Leo Messi debió haber salido infiltrado contra el Bayern de Múnich el pasado miércoles. ¿Dónde queda la salud del deportista? Al parecer importa un comino. A un dolor en la pierna se responde con un milagroso pinchazo y a correr. Es curioso vender deporte como salud y hablar en estos términos y encima asumirlos como normales y rutinarios. Luego nos quejamos de que nuestros pequeños crecen como impresentables fanáticos.

Ahora bien ¿no es pinchar a un deportista lesionado vulnerar la competición? Acabáramos. Si no me equivoco la esencia del dopaje es manipular artificialmente el resultado de una competición. Si Messi juega el miércoles y decanta a favor del FC Barcelona ¿qué habríamos pensado?.

El colofón viene en otro párrafo cuando el entrevistado alude a su fallida intentona para presidir el Barça. Se ve que alguien le dijo que mejor no entrara a presidir el club pues no sabría ni comprar un partido. Incluso esta afirmación se destaca en el despiece. Olga, quizá enturbiada por aquellos efluvios de gloria olímpica, no inquirió más, pasó página. Se trataba de un masaje. Ese tema no tocaba.

Como ven no hablamos de ciclismo, pero qué coño, es periodismo deportivo, un ejemplo de lo que se estila. Es lo que hay.

Una descacharrante entrevista a Juanjo Cobo

En este blog, desde su creación, hemos hablado mucho sobre cuestiones mediáticas, el baremo de los medios, y lo que éstos han vertido sobre el ciclismo. Rara vez se ha incidido en el meollo de un artículo y menos en el autor del mismo. Esta vez es especial. Se trata de un caso flagrante de periodismo “masajero”. Una forma de demostrar que existe una indisimulada  doble vara de medir. No hablo demás de pastos farmacológicos, el tema nos lleva colapsados. Evidenciamos que ciertos ciclistas gozan de una venia no escrita, ni siquiera plasmada en lugar alguno, pero bien sea por ellos, o bien a quiénes se deben, surgen artículos que no hay por donde cogerlos.

Por ejemplo, esta entrevista a Juan José Cobo. La firma Nacho Labarga. Su twitter reza textualmente “periodista riojano que junta letras en Marca.com”. Luego explica su cometido en Quality Sport, revista atemporal polideportiva, un buen ejemplo como el de Panenka, de que o la prensa escrita ofrece mínima calidad o se va al carajo.

La entrevista con el cántabro es un dislate, lo siento, así lo veo. Una forma de masaje digital, a la vista de muchos lectores, los que se supone se meten Marca en vena diariamente más allá de las cuatro quintas partes que el rotativo dedica al balón de oro. El titular es malévolo: “Ha sido un año en blanco pero no perdido”. Esa es la principal conclusión sobre la temporada que acabamos de cerrar.

Cobo lo explica como un doble o nada. Se centró en objetivos tan notables, que como no rascó nada, el balance no es malo si no poco acertado en su planteamiento. Tesis políticas en fangos deportivos. Es como cuando Rubalcaba tacha de no muy buenos los resultados en Galicia y País Vasco pues esconden “muchos matices”. Ajeno a la crítica de su entrevistador, los entrecomillados de Cobo ocupan con amplitud un cosmos de parcialidad como nunca hubiéramos deseado leer. Que un periodista emita juicios de valor quizá no sea lo más pulcro, pero tampoco se puede esconder que junto a Andy Schleck, éste han sido la peor decepción del año.

La entrevista a Cobo se data del pasado jueves 25 de octubre. Ello es en pleno tsunami de Armstrong. No pocas voces proclamaron, aquí también lo aseguramos, lo sorpresivo del triunfo del ciclista de Movistar en la Vuelta 2011. En un ciclismo donde las conjeturas son cadena de transmisión, el de Cobo no fue un éxito que contribuyera a calmar los ánimos. Lo peor es que doce meses después muchos sonríen: “Ya lo decía yo”.

En definitiva, flaco favor al ciclismo. Como casi todo lo que viene de ciertos lugares. Para este viaje, no necesitábamos tales alforjas.

Foto tomada de www.esciclismo.com