WEAREDLAX Gran Fondo, la marcha con la rúbrica de David de La Cruz

David de La Cruz Marcha Cicloturista JoanSeguidor

La marcha cicloturista de David de La Cruz marca una fecha y lugar en rojo: el 5 de mayo en Palamós

Carreteras que salen de Palamós, que buscan recodos, cantos de la ruta, por Gualta, Sant Feliu de Guíxols, Palafrugell, Castell-Platja d´ Aro, Fornells de la Selva…
Girona, su paisaje, a provincia, un lugar privilegiado por el ciclismo que David de La Cruz conoce bien y propone a los ciclistas.
Epicentro desde Palamós por esa situación geográfica privilegiada «cerca del mar -nos cuenta David de La Cruz-, con recursos logísticos de primer nivel y un gran interés de la villa por acoger el evento. Desde Palamós y su llegada al paseo marítimo hasta las conexiones a nivel de recorridos. Todo resultaba atractivo y todo ha cuadrado«.
«Todos los tramos cerca de Palamós han sido mi zona de «trabajo» y prácticamente mi día a día» prosigue David.
Son tres versiones, desde los 119 kilómetros de la corta, a los 219 del gran fondo. Por medio un formato equidistante de 167 kilómetros.
Un lujo de propuesta por carreteras sondeadas por los mejores del mundo, sondeadas y apreciadas.
«Queremos demostrar a quien no lo conozca, el mucho encanto que tiene la Costa Brava, lugar elegido por aficionados y equipos que lo eligen para preparar su pretemporada. Se trata de seguir enseñando que éste es el lugar ideal no sólo para unas grandes vacaciones, sino un paraíso para la practica del ciclismo, con un terreno multidisciplinar y carreteras profundas y tranquilas con todo tipo de terrenos y para todos los niveles donde el disfrute esta garantizado«.
David de La Cruz JoanSeguidor

David de La Cruz ante el 2019

Y este año ¿cómo se presenta para David de La Cruz?
«Quiero ante todo mejorar los posibles errores y seguir intentando mejorar al día a día.Como objetivos en mente alguna victoria en una general de una vuelta o prueba por etapas.
Paris Niza y País Vasco vuelven a estar en el punto de mira, luchar por un top en Vuelta a España y sobretodo ganarme un espacio entre los 8 elegidos del Team Sky que acudan al Tour«.

Casi nada…

Recordad la cita es el domingo 5 de mayo, a las ocho de la mañana. Por medio habrá una Copa Catalana de infantiles, porque David no olvida sus raíces.

Las inscripciones están abiertas…. 

 

Esto no es una marcha cicloturista

Cicloturista- JoanSeguidor

Una marcha cicloturista que da 100 euros al primero en coronar un puerto… 

Ayer por la tarde nos hicieron llegar este pantallazo sobre una marcha que se dice cicloturista

Cicloturismo- Marcha Cicloturista Ciutat de Xàtiva JoanSeguidor

La novedad de la Marcha Ciutat de Xàtiva es un premio contante y sonante de 100 euros para quien corone el puerto Cumbres de Valencia.

Hablamos de una marcha «»cicloturista» de 133 kilómetros, más de 2600 metros de desnivel. 

El Cumbres de Valencia es el cuarto y último puerto de la jornada, son casi seis kilómetros al 6,7%.

Se sube sobre el kilómetro ochenta. 

Eso es más de la mitad de recorrido.

Mov_Gore

Es decir hay una bolsa de cien euros para quien llegue primero a ese punto del recorrido. 

No se me hace complicado saber cómo van a ir los primeros sabiendo que hay tal dinero esperando en la cima.

La Vuelta ya ha comenzado entre los ciclistas de Bkool 

Y se me hace complicado imaginar qué tipo de seguridad se le dará a los participantes.

Nuestro amigo en Facebook, Nacho Silver, ciclista con cientos de marchas a las espaldas, apuntó que éste no es su concepto de marcha

No fue el único que no lo vio bien e incluso José Sauri apuntó… 

Cicloturista - JoanSeguidor

No lo dicen personas que no entiendan. 

Sabemos, como dice Nacho, que a veces un punto de competitivo en las marchas puede hasta ser interesante

Incluso hay denominaciones para los eventos que no son cicloturistas al 100%: ciclodeportivo y demás. 

Pero pasar el sapo de 100 euros para el primero en un puerto de una marcha cicloturista no es de recibo

En el camino han quedado algunas porque la DGT no las ha visto, otras, como dice José Sauri, no han salido adelante por su componente competitivo encubierto. 

Y seguimos cayendo en el error

Esos 100 euros, como bien se ha dicho, mejor para enganchar a los chavales a la bicicleta, que si no se convierten en pros, que al menos tengan la opción de conocer un deporte maravilloso. 

Porque es que además en Xátiva se distinguen por el trabajo de cantera. 

De ahí, incluso, que extrañe más esta propuesta. 

Mi primera marcha cicloturista

¿Quién no recuerda su primera marcha cicloturista?

Fue mi primera vez, mi experiencia inicial. Andaba nervioso aquellos días previos. Normal, el momento llegaba, el día que por vez primera lo iba a hacer. Me lo pedía el cuerpo, porque uno ya tenía una edad. Ella, tan seductora, me esperaba: mi primera marcha.

Pero no amigos, ni acabé borracho ni con resaca. Ni me fui de bares ni trasnoché, como tampoco acabé dentro de un coche pelando la pava en una cuneta de Collserola, con Barcelona a nuestros pies. No, qué va, para nada. Mi primera marcha no fue de este tipo, si bien, los 140 kilómetros que me metí entre pecho y espalda aquel día casi produjeron los mismos efectos en mí como si hubiera salido toda la noche de fiesta: cansado, con malestar general, dolor de piernas y un cierto mareo producido sin duda por el esfuerzo realizado, pues quedé algo tocado por el principio de pájara que padecí aquella jornada, un fenómeno del rendimiento físico que ni conocía ni por supuesto había oído nunca hablar de él.

Era un 9 de mayo, pero de 23 años atrás. También llovía, como esta mañana mientras escribía estas líneas, aunque las precipitaciones nos respetaron en la salida pero no a la vuelta, que nos cayó un buen chaparrón que nos caló hasta los huesos.

Ciclista… perdón, cicloturista tardío, empecé a levantar el culo del sillín intentando imitar los hachazos que pegaba Perico en la montaña del Tour, al que seguía por la tele en memorables tardes de julio. Después, ya con Induráin, mi afición se convirtió en pasión y salir con mi primera bici de carreras era algo ya habitual aquellos fines de semana de principios de los 90, hace más de 25 años.

Pero aún no había salido nunca de marcha. Aquello me parecía otro mundo, pobre de mí. ¿Adónde iba a ir yo con aquellos ciclistas con aquellas pintas de profesionales? Además yo pensaba, ingenuo de mí, que estos eran a los que llamaban «aficionados», para darme cuenta, poco tiempo más tarde, que no, que éstos eran (casi) tan buenos como los pros.

Con el aspecto que tenía por aquel entonces (piernas peludas y con bambas, sí, con bambas, para mis calapiés sin correas-) y con mi «hierro», equipado con todos los accesorios posibles (portaequipajes, luces), nunca se me pasó por la cabeza presentarme a una manifestación deportiva de ese calibre.

Además salía siempre solo. Tampoco conocía a nadie que compartiera mi incipiente locura por el ciclismo y ni siquiera estaba al tanto de las diferentes asociaciones que miman nuestro deporte favorito. Ni por asomo. Una época en la que aún no existía ni internet ni los correos electrónicos, claro está, pero sí los carteles de toda la vida que se pegaban en las farolas, como el que vi un buen día que anunciaba una marcha cicloturista que organizaba el club ciclista del barrio en el que yo trabajo, el genuino distrito barcelonés de Gràcia.

Me llamó la atención el bonito trofeo con el que obsequiaban a todo aquel que acabara la prueba: una figura de un ciclista en un pedestal, muy maja. En aquellos años y hasta hace bien poco, era lo normal y los premios más atractivos eran recibir copas, trofeos, piezas con motivos ciclistas que durante mucho tiempo fuimos coleccionando y guardando, llegando a acumular tantos que, como un día dijo nuestro buen amigo Javi, cuando mis descendientes los vieran en el futuro se pensarían que entre Induráin y yo ganamos todos los grandes premios de la primera mitad de la década de los 90.

Observé la fecha y el recorrido: 9 de mayo, 7 de la mañana, para recorrer 140 kilómetros a un ritmo mínimo de… ¡20 km/h! Pensaba que sería incapaz, que no podía ser, muchos kilómetros, mucha exigencia y para mí… ¡una velocidad de vértigo! No sabía si aguantaría.

Pero tenía que probar, por fin.

Unos días antes salía a entrenar con vistas a participar y me animé, pues ya empezaba a recorrer distancias entre 75 y 80 kilómetros digamos que dignamente.

Recuerdo que lo primero que hice fue sacarle todo el peso posible a mi pobre bici: si quería que fuera un poco competitiva tenía que quitarle tanto lastre, así que fuera portaequipajes, luces, etc.

¿Y yo? Tenía que mejorar mi imagen. Admiraba a aquellos ilustres cicloturistas que me iba cruzando en carretera, con sus impecables equipaciones, sus depiladas piernas, brillantes y con los músculos bien definidos. Quería ser como uno de ellos y me las afeité sin sufrir «graves» contratiempos: algún corte por aquí, algún tajo por allá, ya se sabe.

Qué sensación más extraña tuve cuando me puse el pantalón o cuando dormí aquella noche, bajo las sábanas, y después salir al día siguiente con culote corto, notando una reconfortante y fresca impresión en mis piernas al aire libre, entre ligereza, comodidad y fortaleza, algo que nunca más ha vuelto a emocionarme, como aquella primera vez.

Llegué a la línea de salida de aquella recordada jornada. Formalicé la inscripción a mano, claro, rellenando un impreso y me quedé un rato sólo observando, mirando, descubriendo detalles entre los ciclistas y la organización. Vi ambulancias, policía, coches de asistencia, parecía que estaba en el Tour, y en el ambiente, un cierto olor a carrera, producido, seguramente, por los ungüentos y linimentos de las piernas de aquellos fieras.

Arrancamos y en aquel momento sólo se oyeron los click-clack de las zapatillas colocándose en las calas. Yo me situé con modestia en el seno de un pelotón de más de 300 ciclistas. Poco a poco, me fui animando al ver que podía seguir bastante bien el ritmo del grupo. Ingenuo de mí, ignoraba que nos llevaban neutralizados hasta la salida de la ciudad de Barcelona, por la gran arteria urbana de la Avenida Diagonal, que presentaba un aspecto inmejorable: la gente animando como si se tratara del paso de la caravana del Tour. Hasta el cabello se me erizó de la emoción.

Una vez fuera de la gran metrópoli, el ritmo se avivó y me desengañé un tanto, ya que en las subidas me quedaba junto con otros compañeros, pero estaba contento al comprobar que por detrás aún venía mucha gente descolgada, y no era precisamente de los últimos.

Así fuimos hasta llegar al primer avituallamiento: parada obligada, firma de control y a desayunar con todo el pelotón reagrupado, igual, igual, que se hace ahora, vamos, porque entonces ni existían dorsales, ni chips, ni control de tiempos, ni maldita falta que hacían. Se trataba de hacer cicloturismo, de descubrir nuevas tierras o montañas, nuevos pueblos o ciudades, que sobre todo al ciclista urbano, como era mi caso, le hacía conocer más y mejor su entorno más cercano.

Reanudamos la marcha y otra vez la carretera puso a todo el mundo en su sitio. Con bastante esfuerzo llegué con un grupo muy majo a la plaza mayor de Vilafranca del Penedès, donde se almorzaba y se daba la vuelta.

Allí empecé a charlar con otros cicloturistas, de sensaciones, de entrenos, de alimentación, de temas que yo nunca había dado importancia y que a partir de aquel momento tendría muy en cuenta, y tanto.

Hablaba con aquellos chicos del Gràcia, con aquellos maillots tan antiguos que parecían sacados de un libro de historia del ciclismo, y me parecieron estupendos. Luego me despedí de ellos, de los que luego serían mis colegas y amigos.

De regreso me encontré algo mejor, supongo que por el almuerzo, porque íbamos más juntos que a la ida y porque el terreno era más propicio, charlando más con los participantes. El caso es que se me pasaron los kilómetros volando, pájara y aguacero aparte, y enseguida llegamos a la entrada a Barcelona, donde de nuevo nos esperaba la Guàrdia Urbana para cruzar la ciudad.

Muy contento por haber finalizado mi primera marcha, ¡dentro del horario establecido!, por haber conocido a mucha gente, por el trofeo y recuerdos que nos dieron, marché a casa muy satisfecho y con sólo un pensamiento en la cabeza.

Al día siguiente, lunes, un muchacho entraba en la sede del Club Ciclista Gràcia y salía de ella con una sonrisa de oreja a oreja con su carnet de socio, su licencia cicloturista y con aquel maillot tan raro. Se le abría ante sí un nuevo horizonte: excursiones y marchas épicas, grandes compañeros y amigos, un nuevo y diferente estilo de vida.

Muchos miles de kilómetros más tarde, recuerdo aquel día aún con emoción y muy orgulloso de pertenecer a este nuestro pequeño y gran mundo cicloturista.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de LetSport

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Una mala noticia para el ciclismo

La potenciación de la Federación de Cicloturismo de España en mi opinión no es una buena noticia para el ciclismo en general, la división debilita y perjudica a todos (cicloturistas, ciclistas de competición, de marchas ciclodeportivas y no competitivas, clubs, federaciones, etc.) pero también debería hacer reflexionar a más de un dirigente federativo por cuanto en ocasiones, con mucha razón, el colectivo cicloturista se ha sentido menospreciado pese a representar entre el 70 y 80 % de los ingresos federativos por licencias

Con ser un aspecto importante, no creo que la problemática respecto del cicloturismo se deba circunscribir únicamente y exclusivamente a las marchas. El cicloturismo es algo más, no es sólo la práctica del ciclismo no competitivo sino una filosofía de salud, ocio, relaciones, etc., en definitiva de vida misma, que va más allá de las marchas como las conocemos y que nuestras (fijaros que digo nuestras a conciencia) federaciones no han sabido captar viéndolo (al cicloturismo) como un pozo de donde financiarse sin aportarles prácticamente nada y hasta en ocasiones depreciándolo y que sólo cuando el “maná” del dinero público se ha retraído es cuando, ante el riesgo de perder parte del pastel de ingresos, se han empezado a interesar pero con una mentalidad antigua, ambigua y ciclodeportiva, sin aportar grandes beneficios para el auténtico cicloturista con una pasmosa carencia de visión de futuro.

Respecto de las marchas a nadie se le escapa que son en su inmensa mayoría, salvo honrosas excepciones, unas competiciones encubiertas sin los requisitos estructurales que una competición precisa y que a la mayoría de sus protagonistas como son los ciclistas, clubs organizadores, empresas, federaciones y otras instituciones les ha interesado favorecer y hasta amparar, por mucho que resulte un auténtico “fraude de ley”.

A algunos ciclistas porqué les permite competir sin un nivel mínimo de exigencia previa, a los clubs por qué les permite organizar grandes pruebas sin el corsé obligacional de la competición (y hasta competir con otro tipo de organizaciones más dinámicas como triatlón, duatlón, etc.), a ciertas empresas porque en la apariencia de ser una actividad deportiva, se les ha permitido montar un lucrativo negocio e incluso en ocasiones, con la dejadez federativa, montarlo al margen de las mismas (federaciones) que no les ha interesado denunciar su existencia alegal (competición), por cuanto ellas están permitiendo lo mismo con sus clubs y otras instituciones (sobre todo públicas). Todo ello no deja de ser una forma de realizar ciertas actividades en territorios huérfanos de eventos.

Creo que en las mal llamadas “marchas” se agudiza la necesidad de regular para evitar agravios comparativos y arbitrarios pero sobre todo para diferenciar las que son marchas competitivas y de las que no lo son y aquí las federaciones no sólo tienen la competencia sino la responsabilidad, sobre todo si huyen del nominalismo (las cosas son lo que son al margen de como queramos denominarlas) para regular el realismo de la competición en la actualidad muchas veces encubierta bajo denominación de “marchas”.

Por José Maria Caroz

Imagen tomada de http://www.hotellostoreros.com

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