Un junio sin Quebrantahuesos no es junio

El vacío de este 2020 nos ha quitado la Quebrantahuesos del mes de junio

Mediados de junio, seguro, a estas alturas, estarías pensando en tu inminente participación en la Quebrantahuesos.

Pero este extraño mes de junio sin Quebranta no es un mes de junio cualquiera.

Sin Quebrantahuesos y otras marchas cicloturistas.

Sin sol ni calor.

A los ciclistas nos han robado la primavera.

Sin salidas de club.

Y, sin embargo, ya estamos en junio.

Un mes atípico para un «año que no existió».

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¿Cómo habría sido en condiciones normales tu mes de junio?

El sábado tendrías la primera salida “importante” del mes para preparar la Quebranta.

Tocaría “etapa reina” con los colegas de tu club, la salida más larga de la temporada, con cerca de 200 km, y sin duda la más exigente, con la ascensión al puerto más duro de la zona, un fuera categoría con todas las de la ley.

Una «excursión» que habría marcado la hora de tu puesta a punto y dejado preparado, fino, para afrontar con garantías la reina de las ciclodeportivas.

Para eso, seguro, habrías alcanzado más de cinco mil kilómetros de entreno desde enero, para disfrutar de ese momento.

Sabes que junio es el mes de las grandes marchas marcadas en rojo en el calendario, es… “tu” mes.

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Pero este año no va a poder ser.

¿Cómo habría sido ese día?

Te habrías bajado tres puntos la cremallera del maillot, y es que, a pesar de salir tan temprano, se notaría ya bastante calor en el ambiente.

El paso por el termómetro de la farmacia de tu calle te lo habría dejado bien claro: 20 ºC.

Desde luego hubiera sido un día caluroso, de los que te gustan, sin pasarse, claro, y se habrían rebasado los 30 grados con facilidad.

El sonido de las golondrinas, que tanto te gusta también, cantando alegres y revoloteando entre los callejones, hubieran evidenciado con claridad que el verano ya habría llegado y que te encontrarías en tu mejor estado de forma, en la cresta de la ola.

Habría empezado a hacer tanto calor que, bajando una de las callejuelas saliendo de tu barrio, hubieras agradecido ese primer fresquito de la mañana, que refresca y despeja la cara, pensando que realmente el día sería de órdago.

Subirías por la calle que da acceso, una rampa bastante larga y mantenida, al punto de encuentro con los compañeros, la plaza que es fiel testigo de todas las salidas de tu club.

Lo habrías hecho con facilidad, con tres piñones menos de los que usas normalmente, pensando: “¡caramba! ¡Me encuentro fuerte!”,  alucinando lo “fácil” que irías.

Te habrías mirado las piernas, encontrándolas poderosas, morenas y robustas, dos mazas que te hubieran hecho sentir como nunca.

Habrías llegado arriba comprobando el tremendo ambiente en la salida, con mucho colorido.

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Tus amigos te estarían ahí esperando, esos que te habrían llevado con el gancho todo ese invierno-primavera.

En tu fuero interno sólo tendrías en mente una cosa: “¡que se preparen!”.

En fin, como dijo un buen amigo mío: » en septiembre aún estaremos fuertes»

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La trilogía del cicloturista: El Sufrimiento (parte II)

Cicloturista: si no hay sufrimiento, no existe placer

La vegetación de este precioso parque te hace más llevadero este inicio de puerto.

Ves que la gente se van mirando entre sí, calibrando sus posibilidades, examinando al «rival» y piensas «joder, menos mal que todos somos amigos…».

Y es que la «victoria» en este impresionante col sabes que da mucho prestigio, mucha reputación, entre los miembros de tu peña y en general entre todos los cicloturistas de tu país.

Pero tú ni lo sueñas, estás contento con haber llegado entre los «primeros».

Y así ves que en cabeza ya se empiezan a pegar «palos» y el ritmo de subida ya es asfixiante para ti: te descuelgas, subes unos cuantos piñones y a «disfrutar» lo que puedas.

Los de delante se empiezan a alejar cada vez más y más, y piensas que qué comerán estos tíos para estar tan fuertes.

La verdad es que tú ya no das más de sí, el entreno que llevas es el que es y por mucho que hagas, ni vas a rendir más, ni vas a tirar más, las horas son las que son y no puedes robar más tiempo ni a tu familia, ni a tu trabajo: no puedes «sacrificarte» más.

En este momento te encuentras solo, en tierra de nadie, ni te van a coger los de detrás ni tú vas a coger a nadie.

Lo ideal sería pararte y esperar un tren más asequible, pero ese puntito de orgullo que todos tenemos te hace tirar para adelante solos, la montaña y tú, durante los próximos 20 kilómetros, bajo un sol de justicia y empezando a estar tocado por la dureza de la salida.

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Y así vas haciendo, pedaleando, sufriendo pero disfrutando a la vez, sorteando rampas imposibles y levantando la vista de vez en cuando para disfrutar del paisaje, del entorno, de la alta montaña, que es realmente lo que a ti te gusta.

Después de 2 horas de penosa escalada llegas arriba, después de haber pasado el último tramo, realmente duro, donde tú ciclocomputador nunca ha sobrepasado los dos dígitos.

Los últimos 200 metros llanos y casi con tendencia a bajar, metes plato (¡qué chulo!) y ya ves a tus colegas, esperando.

Alguno te soltará: «veinte minutos, te hemos metido veinte minutos.» Y piensas que qué bestias.

Después de esperar un rato a que vengan las «unidades perdidas» del A, bajáis al pueblo a almorzar con el grupo B, que ya deben ir por los cafés.

A la salida del almuerzo alguno del A tiene la «brillante» idea de proponer una vuelta alternativa, por supuesto más dura y más larga, aunque mucho más bella.

Alguno te pregunta qué vas a hacer y claro, no te vas a negar y te vas a dejar en evidencia, así que te lías la manta a la cabeza y te vas con ellos con aquella sensación que deben tener las terneras cuando las envían al matadero.

En principio de bajada y llaneando bien, aunque sigues sin dar un relevo y te encuentras algo mejor, sin duda gracias al cafetito que te has tomado, y seguís tirando, tirando…

De repente, alguien gira a la derecha y te encuentras con un paredón en mitad de la carretera: ¿qué es eso? -te preguntas.

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Nunca habías venido por aquí, coto privado del A, y te pilla por sorpresa esta «nueva pista rural asfaltada», que hace que tengas que poner todo lo que hay para vencerla, bajo un calor ya infernal.

Los de delante hace rato que ya se han ido y te vuelves a quedar solo, muy solo, y piensas que qué habrás hecho para merecer esto.

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Lo estás pasando realmente mal y suerte que tus «compañeros» te están esperando arriba y podrás volver con ellos.

Bueno, eso crees tú.


Cuando llegas hay alguna mirada de complicidad y otras de compasión, hasta que la carretera nos vuelva a poner a cada uno en su sitio.

Iniciamos el camino ya definitivo de vuelta a casa y esta gente en vez de bajar el pistón aún aceleran más y más…

Pasados unos kilómetros no puedes más, tienes incluso algún amago de calambre, y levantas el pie y te descuelgas, y el tren se aleja rápido, muy rápido.

Ni se han dado cuenta que te has quedado: «es igual» -piensas- «voy a descansar», aunque sabes que los 40 kilómetros que quedan de vuelta se te van a hacer una eternidad.

Así es, después de dos horas a ritmo cansino, de haber secado todas las fuentes que te has encontrado por el camino, llegas a tu casa pasadas las 4 de la tarde, destrozado y con principio de pájara.

Te vas directo a la cama, hasta que recuperas un poco, te duchas y comes algo.

Todos tus proyectos de salir esa tarde tendrán que esperar porque tienes un gran cansancio acumulado, no te sientes las piernas y decides pasártela en la horizontal, en un estado lamentable, bajo la atenta mirada de tu sacrificada y cabreada familia.

Hasta la próxima…

Foto: www.rosdemora.com

Cuando la Lagos de Covadonga era una marcha 100% cicloturista

Hace más de 20 años, la Huesera era la madre de todas las rampas y paradigma de dureza extrema

El haber leído las críticas vertidas sobre la célebre marcha de los Lagos de Covadonga, me ha hecho recordar que yo hace un tiempo los descubrí de manera muy diferente a cómo se vive la prueba hoy en día.

Mayo de 1996.

Han pasado 23 años.

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La verdad es que le teníamos muchas ganas a esta marcha y sus míticos Lagos de Covadonga

Llevábamos unos años con la idea de subirlos y aquella temporada finalmente lo logramos.

Aquel grupo inseparable de amigos que éramos Ramiro Olivera, Albert Formatger, Jordi Lombarte y yo mismo, fuimos los cuatro que, de los 10 ó 12 que en diciembre estaban muy animados, decidimos afrontar esta pequeña gran aventura.

Conocíamos la dureza de las rampas de los Lagos.

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Por eso, ya durante el mes de enero, empezamos a entrenar con el objetivo de llegar a finales de mayo en buena forma para intentar escalarlos dignamente.

Coll Formic, Turó de l’Home, Bracons, entre otros muchos puertos ascendidos, quedaron atrás, siempre pensando en los Lagos de Covadonga.

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El tiempo pasó deprisa y había llegado el momento de la verdad.

Salimos los cuatro colegas el viernes desde Barcelona con un largo viaje por delante.

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A las nueve de la noche de aquel día, llegamos a Cangas de Onís, después de pasarnos todo el día dentro del coche.

Una vez recogidos los dorsales y los regalos ofrecidos por los organizadores de la marcha, el Club Ciclista Nava 2000, nos dirigimos dirección a los Lagos.

Eso sí, en coche, sólo para comprobar con nuestros propios ojos lo que nos esperaba al día siguiente.

No hace falta decir que, motorizados, la subida parecía bastante asequible, pero cuando alcanzamos a ver la terrible Huesera fue como si, de repente, una gran pared se hubiera levantado delante de nosotros.

Y no quedaba ahí la cosa.

La dureza continuaba accediendo al Mirador de la Reina y hasta llegar a los Lagos.

 

En aquel momento, quedamos maravillados por la belleza de aquel paisaje.

Nos alojamos en el Hostal Adelina y, después de cenar, muy mal, por cierto, dimos una vuelta por el pueblo, a estirar piernas.

Se vivía un grandísimo ambiente ciclista.

Visitamos el “Puente Romano” y las sidrerías de la Plaza Mayor, donde conocimos más de un lugareño que nos enseñaba a escanciar la sidra.

¡Todo un arte!

Por fin llegó el sábado.

La salida se dio a las 10 de la mañana y participamos 3500 cicloturistas venidos de todas partes de España.

Una vez revisadas las bicicletas y, después de haber tomado un malísimo desayuno ofrecido por Adelina, con bastantes nervios, nos pusimos en marcha y comenzamos a dar pedales por aquella bella tierra asturiana.

 

Tuvimos suerte y disfrutamos de un día de sol espléndido.

De entrada, ascendimos el alto de Las Coronas y continuamos hacia Ribadesella, Playas de San Antolín –donde paramos todos a avituallar- siguiendo por el desfiladero del río Cabras, Nueva y, de aperitivo antes de los Lagos, el puerto de la Robellada, que lo habían puntuado como de 3ª categoría.

Después de un rápido descenso, llegamos al santuario de Covadonga y, por tanto, al inicio de la escalada final y decisiva.

SQR – GORE

 

De extraordinario se tendría que calificar el ambiente a pie de carretera, con mucha gente animando a los ciclistas.

La subida a los Lagos es muy dura y desde un buen inicio con rampas de hasta el 12%, una parte más dura al 15% seguida de un descanso entre el 8 y el 9%.

Así hasta que alcanzamos la terrorífica Huesera: dura, muy dura, durísima, aunque no obstante, pudimos afrontarla muy bien.

Por la carretera se veía ascender todo un hormiguero humano, con escenas de todo tipo, algunas de ellas desagradables, como ver gente retorciéndose de dolor.

Llegamos, de esta manera, por fin a la cima, cansados pero muy contentos, una hora antes del cierre del control que estaba limitado a las 15,30 horas de la tarde.

Por la tarde, la organización ofreció una gran fiesta: una “merienda espicha” como allí la llaman, a base de queso de Cabrales, sidra y bocadillos.

Luego llegó la entrega de diplomas.

Todo salió a la perfección.

Ahora, escribiendo estas líneas, me vienen ganas de volver el año que viene, sobre todo con mis antiguos amigos y compañeros del Club.

Así que, Adelina… ¡ves calentando el café!

¿Qué tiene la Quebrantahuesos que sigue causando furor?

El friki de la Quebrantahuesos tiene un nombre: «Frikibrantahuesos»

Hoy en día que tan de moda están los frikis, esas personas raras, raras, de las cuales muchas veces nos reímos, de ellos o con ellos, ¿acaso distamos mucho de estos personajes para nuestras familias y amigos?

Entendiendo claro, que nuestro entorno, salvo benditas excepciones, no es capaz de dar ni siquiera una pedalada para ir a buscar el pan o el periódico.

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Somos gente extraña para ellos, somos “frikis”… y quizás tengan razón, porque qué es lo que hace que nos unamos un sábado de solsticio de verano, con todo lo de mágico y esotérico que conlleva, para completar un recorrido de más de 200 km por el Pirineo, subiendo y bajando montañas, sorprendidos por el fuerte viento del Norte subiendo el Somport y por un frío del carajo descendiéndolo.

Y menos mal que el fresquito se agradeció subiendo el Marie Blanque, ya que otros años habíamos padecido un calor sofocante, convirtiendo la Dama Blanca en un horno a presión.

¡Están locos estos ciclistas, salir con este tiempo!”, “Yo, este recorrido no lo hago ni en moto”,… ¿y qué les explicas a la gente que no entiende nada de este deporte?

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Nada, seguiremos siendo unos frikis, que en el inicio del verano nos seguiremos juntando miles y miles para completar el ritual de purificación, en el que no faltará el sudor, seguro, la sangre, por desgracia en algunos casos, y las lágrimas en otros, ya sean de alegría o tristeza.

Así somos, unos “raros”, que disfrutamos padeciendo, capaces de levantarnos antes que las calles, después de haber dormido muy poco, prácticamente nada, algunos incluso pegándose una paliza previa de coche, para meternos entre pecho y espalda una kilometrada en bicicleta que pueda llegar a ser, para muchos, un esfuerzo sobrehumano.

Mira que llegamos a ser raros… por no hablar de esos desayunos, a primera hora de la mañana, a base de pasta, cereales, barritas energéticas, bebidas isotónicas,…cuando la mayoría de los mortales, en este país, se van a trabajar con una magdalena, bañada como mucho en un café…

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Y es que sí, somos diferentes, y si no… ¿porqué nos miran en la playa como a un bicho raro?

¿Será por esas marcas en nuestras piernas, nuestras musculosas y morenas piernas?

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¿O por esas otras en nuestros brazos, ese “café con leche” que con tanto orgullo lucimos, señal de muchas horas de entreno, de pedaleo intenso, bajo el sol, el sol de las más duras marchas del país?

Claro que todo se aclara cuando te pones tú camiseta preferida del verano, esa que pone Quebrantahuesos, Iratí Xtrem o Marmotte contestando en silencio a toda esa gente que te ha estado mirando con extrañeza: “¿es que no veis que soy ciclista?”.

Y te irás, luciendo gemelos y piernas depiladas, bajo la atenta y admirada contemplación de los playeros…

Pero como decía al principio, qué es lo que hace que año tras año nos juntemos en esta tradicional fecha con nuestras bicicletas para realizar semejante barbaridad, ¿será la belleza del Pirineo?

¿Será contemplar la majestuosidad del vuelo del quebrantahuesos sobre nuestras cabezas?

¿La hospitalidad de los habitantes de esta región?

¿La paciencia, amabilidad y eficacia de los voluntarios?

¿Demostrarnos a nosotros mismos que podemos?

 

¿Que fuimos capaces en un solo día de completar un recorrido tipo Tour?

¿Poder presumir con nuestros familiares y amigos que somos algo más que una buena pareja, un buen padre, un buen hijo o un buen compañero de trabajo?

Seguro que sí, que todo esto y más es lo que nos mueve a formar parte de esta aventura que es la Quebrantahuesos, en una jornada que dará para mucho, muchas historias, muchas anécdotas, de todo tipo, desde el petardazo de inicio, remontando los llanos de Jaca hasta el Somport, bajo la seriedad y la concentración, en la mayoría de casos, de los pelotones que se van organizando, a buen ritmo, la gente callada, en silencio, nadie bromea, sólo el sonido de los tubulares, o las cubiertas, rodando por el asfalto, nadie dice nada: ¿qué ocurre?

 

Qué raros qué somos… parece que ni siquiera entre nosotros seamos capaces de conocernos, y así hasta el Marie Blanque, la agonía hecha montaña, en una rampa interminable de 4 kms, donde cada uno subirá como pueda, el tiempo se parará, en esta especie de túnel, de agujero negro hecho puerto donde cada historia personal de cada ciclista será una anécdota en si misma, un vía crucis que nos llevará al monte del calvario: el Portalet, donde para muchos serán más de dos horas de sufrimiento, de rosario, rematados por la lanza de la Hoz, aunque después llegará la resurrección, la recuperación, como si de un milagro se tratara, donde seremos capaces de rodar de nuevo a un ritmo alto camino de la gloria, de la ascensión a los cielos de Sabiñánigo.

Y bien sabe nuestro entorno lo que nos habrá costado nuestra santificación: horas de esfuerzo, de sacrificio, de lo que para muchos tildarían de vida monacal: no beber, no fumar, no salir, pelearnos con nuestros compañeros de trabajo por el uso extremo del aire acondicionado…

¿Aún creéis que no somos frikis?

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Y si no, pensad en otra rareza, ¿porqué precisamente ahora, cuando las bicicletas son para el verano, muchos la cuelgan, dan por finalizada la temporada, después de haber completado con éxito una gran marcha?

¿Por qué ahora, cuando podemos disfrutarla, nos olvidamos de ella?

Pensad y reflexionad, y creedlo, que hay vida después de la Quebrantahuesos.

Amén.

Foto: SPORTARAGON.com

Lo que pasó en Covadonga no es digno de una cicloturista

“La otrora  preciosa marcha cicloturista Lagos de Covadonga se ha convertido en más de la misma mierda a precio de oro”

Este no es un titular cualquiera.

Ni siquiera es nuestro titular.

Pero sí es la frase del tuit que más está dando que hablar en estos momentos en nuestro pequeño pero gran mundo… ¿cicloturista?

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Esta afirmación rezuma por los poros de la piel de un cicloturista decepción, tristeza, enfado y nostalgia.

El Tweet ha provocado un pequeño terremoto en esta red social que, como ya sabemos, es el banco perfecto para desatar nuestras iras.

Un lugar donde vomitar lo que no nos gusta y quedarnos tan a gusto.

Es así ¿no?

Esta vez le ha tocado la china a la que hasta ahora parecía la intocable y prestigiosa marcha de los Lagos de Covadonga.

Este ciclista nos explica de manera amarga su experiencia del pasado sábado junto a su compañera, cicloturista como él.

Se quejaba, no sin razón, que después de pedalear tan sólo 10 kilómetros, un coche de la organización se les acercara y les dijeran que “estaban fuera”.

¿Fuera de qué? ¿De carrera?

Inverosímil.

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De acuerdo que para la chica era su primera vez en Lagos… pero querían ir los dos juntos, por supuesto.

Se apuntaron al recorrido corto y se colocaron detrás del todo, para ir tranquilos y disfrutar de un día de auténtico cicloturismo.

Al menos así se la prometían de felices, con muchas ganas e ilusión.

A pesar de este primer revés, los chicos se lo tomaron bien y entendieron que era una postura muy respetable porque un pelotón muy alargado es imposible de que esté bien cubierto para todos.

De esta forma, nuestros amigos protagonistas de hoy, quedaban fuera de la “cápsula de seguridad” y a expensas del tráfico abierto.

Esto, recordémoslo, con tan sólo 10 kilómetros de recorrido.

Pero nada había cambiado para ellos, y siguieron adelante, faltaría más.

Sin embargo, al llegar al avituallamiento programado, nueva bofetada al cicloturismo tranquilo: allí no quedaba nadie para dar de comer a los ciclistas que venían por detrás… ¡nadie!

Y no creáis que iban lentos, no, para nada.

Al avituallamiento, situado en el kilómetro 48, llegaron en menos de dos horas, lo que les suponía una media de casi 25, que está muy bien, todo sea dicho de paso.

Para su sorpresa, habían levantado el avituallamiento y “no fueron capaces de esperar a la gente que sí querían hacer cicloturismo»,  tal y como ellos mismos explicaban con un punto de amargura.

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¡Joder! Que estos chicos, como todo Dios, habían pagado sus 50 euros de inscripción religiosamente, y se quedaron sin nada: sin seguridad, sin control, sin comida… ¡nada!

No debe hacer ninguna gracia quedarse así, en pelotas, ante una marcha de 100 kilómetros y más de 1000 metros de desnivel.

Y eso que a estos cicloturistas no les importaba de modo alguno ni salir en las clasificaciones ni quedarse sin diploma.

Además, estuvieron 20 minutos para pasar por el arco de salida debido al gran número de participantes, algo que agravó el llegar tarde y se quedaran sin su avituallamiento.

Esto no lo tuvo en cuenta la organización.

Con estos comentarios, no  se pedía nada del otro mundo, sólo un poquito de cordura y sentido común, y unas buenas dosis de cicloturismo de verdad.

Esto no fue así. Para nada.

Hasta aquí todo correcto en lo expuesto.

Estos chicos expresaron  su malestar y se preguntaban lo de siempre:

¿Hacia dónde van las marchas cicloturistas?

Ha sido a raíz de esta pregunta cuando el mundo cicloturista de Twitter ha explotado en mil pedazos al leerse la respuesta que ha dado por buena Sergio Palomar, del que creemos no necesita presentación alguna.

 

A Sergio no se le ha ocurrido otra cosa que justificar lo injustificable como ha sido la gran velocidad de la prueba y que llegar, por ejemplo, a 40 de media, a pie de puerto,  “no es nada descabellado para cualquiera que monte simplemente los fines de semana, con terreno favorable y arropado por un pelotón de cuatro mil ciclistas”.

Después de semejante argumento, ha acabado de rematar el tuit sentenciando que además “iban de charleta”.

A partir de aquí, el acabose, y al buenazo de Sergio -que entendemos que no ha querido ofender ni molestar a nadie con sus declaraciones, faltaría más- le han empezado a llover palos por todos lados.

Lo más bonito que le han llamado ha sido “Casper”.

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No hace falta explicar por qué, ¿verdad?

Decir que 40 de media no es nada descabellado, y además yendo de charleta, ha molestado y mucho.

¿A quién?

Pues a todos los globeros que practican por afición la bicicleta y quisieron disfrutar -en este caso- de una bonita matinal ciclista por las bellas carreteras asturianas.

No iban para correr una etapa de La Vuelta.

No se trataba de eso.

 

Porque para hacer 40 de media hay que ir muy rápido y con mucha tensión.

40 de media sí es descabellado, porque un buen grupo de “súper pros” se pusieron a tirar delante del grupo como locos, dejando a los «ciclistas del montón», claro, más colgados que Numayos.

El clamor popular, el de siempre: las marchas cicloturistas son para disfrutarlas cada uno a su ritmo y para eso se pagan por unos sevicios.

Eso está claro.

Muchos han denunciado el hecho que desde que ha dejado de llamarse «clásica cicloturista internacional Lagos de Covadonga» para ser «Lagos de Covadonga ride», parece que hay que entrenar como un profesional y con potenciómetro.

Ahora ya es demasiado pro para los globeros del montón.

La gente se ha quejado de que se diga que una media de 40 es normal en una marcha.

Hay muchos que salen un poco más que los fines de semana y esa cifra no la alcanzan ni locos.

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Parece claro que somos muchos los ciclistas de fin de semana que sobramos ya en las marchas.

Que alguien justifique las organizaciones de marchas de este tipo es de lo más normal, porque no van a morder la mano que les da de comer.

Al fin y al cabo, esto es un negocio y no es cuestión de criticar lo que es parte de su trabajo, pero de ahí a decir que todo se hizo bien…

La resignación de muchos ha sido la de siempre.

Se habla de que hay que asimilar cuanto antes que son carreras encubiertas, que son competiciones puras y duras, y que empiezan a estar vetadas para muchos, incluidos los que ya somos algo mayores y ya no andamos tanto como antes.

Es la reivindicación de la que se lleva ya años hablando en el mundo del cicloturismo.

Lo de siempre.

Que se tendrían que acabar con los tiempos y los podios.

En las marchas el avituallamiento es sagrado y tan importante es el primero en cruzar en meta como el último.

Porque al último, no le hables ni de Strava ni de KOMs, ni de oros ni medallas, ni de watios ni potencia.

Es así.

Son muchos los que opinan que las marchas se están poniendo de esta forma inabordables y que es mejor participar en quedadas, stages, o hacer cicloturismo por su cuenta y con los amigos.

Al final, los que corran estas pruebas que no son ni competiciones ni marchas cicloturistas, serán gente extraña, unos ciclistas singulares para los cuales tendremos que inventarnos una definición.

O quizás, como otros dicen, volver a las marchas cuando la organización de estas pruebas regresen a manos del propio pueblo o grupo cicloturista que las organizaba.

Como antaño.

Que así sea.

Foto: R.Menéndez

Nuestra querida «Tres Nacions» cumple 40 primaveras

Tres países en una sola marcha

Una marcha cicloturista a la que quiero muchísimo y en la que habré participado numerosas veces.

Ya ni me acuerdo la de veces que he abordado el gran Envalira.

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Era una época en la que la Tres Naciones me servía como piedra de toque para afrontar con garantías, el fin de semana siguiente, la Quebranta.

Si entraba en buenos tiempos, ya sabía que estaba preparado.

Tiene mucho mérito lo que estos amantes del ciclismo de la Vila de Puigcerdà han conseguido durante estos 40 años de Ruta Pirinenca de les Tres Nacions, convirtiéndose así en una de las pruebas más antiguas del país.

Fueron auténticos pioneros en organizar este tipo de excursiones cicloturistas, pues así se consideraban por aquel entonces sus primeras ediciones.

El recorrido lo tenían muy claro, tantas veces disfrutado y sufrido: partir de Puigcerdà (a 1200 m de altitud) capital de la comarca de la Cerdanya, cruzando su amplio valle, para descender durante 50 suaves kilómetros hacia la Seu d’Urgell (700 m).

SQR – Cerdanya Cycle

 

A partir de aquí, atravesar la frontera andorrana para llegar a Francia a través del gigante Envalira (2407 m), el puerto asfaltado más alto de los Pirineos.

Volveremos a la Vila por el paso fronterizo del Pas de la Casa, ascendiendo el Puymorens (1915 m) en el km 112.

Una vez coronado, descender 28 km hasta Bourg Madame, para afrontar los dos últimos de ascenso a Puigcerdà: 140 exigentes y atractivos kilómetros, por la belleza del paisaje y con la singularidad de pasar por tres países en un solo día, dando a la marcha una personalidad única.

Poco tenían que ver los primeros años de Tres Nacions a lo que es hoy en día, ya que eran auténticas excursiones de mochila, cámara de fotos…y compras, pues los ciclistas, a su paso por Andorra, paraban y aprovechaban incluso para cambiarse la bici.

Increíble pero cierto.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Los puertos

En la Seu d’Urgell se inicia un ligero ascenso hasta Andorra, donde empezaremos a subir de verdad y podremos «descansar» de las fieras, que se alejarán rápidamente, dirección al Port d’Envalira.

Son 28 km largos de exigente subida , aunque con algunos descansos, pero en los que habrá que salvar tres desniveles importantes:

*la cuesta de Meritxell, donde está la gasolinera y cruce a este Santuario, la más dura con un 12% de inclinación.

*la rampa de la estación de esquí de Soldeu al 10%

*afrontar los últimos 6 km de ascensión por encima de los 2000 metros de altitud, con algunos tramos duros en forma de paellas.

 

En esta parte de la ascensión ya tendremos a nuestra vista la cima, que parecerá no llegar nunca.

En el descenso, imprescindible el chubasquero, incluso en verano.

Después enlazaremos con el cortito repechón de 4 km del Puymorens, que no tienen dificultad alguna.

Descenso y hacia Puigcerdà.

 

Si pillamos un grupo majo volaremos hasta la frontera, con atención al repecho final de entrada a la Vila.

La marcha es muy recomendable, preciosa, y si aún no la conocéis tendréis la oportunidad de pasar una gran jornada ciclista.

Disfrutaréis con los paisajes de la Cerdanya y los Pirineos, donde viviréis la sensación de estar inmersos en la alta -altísima- montaña pirenaica y atravesar en un mismo día tres países (la única que nos lo permite hacer) tiene su gracia.

SQR – GORE

 

Imprescindible la visita a Puigcerdà, una Vila en el que sigue perenne su encanto desde finales del s. XIX.

Descubierta por los primeros veraneantes que los cautivó, no solo por su privilegiada situación, sino por su casco antiguo, su hermoso lago y sus largos paseos.

Así que ya sabéis, este 15 de junio y a partir de las 7 de la mañana, nuestros amigos nos esperan en la Pl Santa María, lugar de salida con su precioso campanario por testigo, con el primer avituallamiento a base de coca y chocolate, tanto para nosotros los cicloturistas como para los acompañantes.

Foto: 3nacions.com

 

Ésta es mi Quebrantahuesos ideal

Soy de la generación que descubrió la Quebrantahuesos queriendo ser Induráin

Estoy hablando, claro está, de los años 90, cuando unos jóvenes treintañeros  como nosotros participamos en una de sus primeras ediciones…. con más miedo que siete viejas.

No era para menos.

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Habíamos oído hablar de ella como la marcha más dura de España, con puertos con terribles rampas en las que un coche tenía que meter primera para poder superar sus tremendos desniveles.

¿Y su nombre? Muchos decían que era debido a cómo se te quedaba el cuerpo una vez completado su recorrido de más de 200 kilómetros.

Para reír ¿verdad?

Aunque nosotros ya sabíamos que se trataba de una reivindicación para proteger esta bella e inconfundible ave en extinción, que tontos no éramos, claro.

Sí es cierto que fue una década dorada para el cicloturismo, incluso algo ingenua, también

Pero era cicloturismo y la Quebrantahuesos no escapaba

SQR – Cerdanya Cycle

 

Todo era nuevo para nosotros: nuevos puertos de montaña, nuevos recorridos, nuevas aventuras y sensaciones.

Afrontábamos estos retos con los hierros que llevábamos durante aquellos años y con los desarrollos que se movían entonces para subir: un 39×26 como mucho, porque entonces el triple plato era casi inusual -solo los franceses lo usaban- y el compact ni siquiera existía.

De esta guisa nos presentábamos, con toda la inocencia del mundo, para afrontar estas duras pruebas.

Como os comentaba al principio, eran unos años en los que todos intentábamos imitar a nuestros ídolos: entrenar como ellos (o al menos intentarlo), comer lo que ellos comían, vestir como ellos y sobre todo, correr como ellos.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Sí, lo que os digo, una época en la que todos nos creíamos que éramos Induráin.

Los que tienen mi edad, años arriba o abajo, saben muy bien de lo que hablo.

En nuestro caso, aquellos amigos siempre salíamos juntos, pero luego la carretera no perdonaba y ponía a cada uno en su sitio: nos dábamos unos palos tremendos y las batallas en aquellas “excursiones” eran antológicas.

Jugábamos a ser ciclistas.

Así éramos, jóvenes e inconscientes.

Sin embargo, algo cambió nuestra mentalidad en aquella primera participación en la Quebrantahuesos: decidimos que todos íbamos a ir juntos y que nos esperaríamos, que subiríamos como amigos.

Existía mucho respeto por la dureza y el kilometraje de aquel “Tour de los cicloturistas”.

Así fuimos haciendo hasta el Portalet, cuando nos dimos cuenta que faltaba uno de los nuestros.

No venía.

Así es La Cerdanya que espera al ciclista 

Pedaleábamos preocupados y decidimos esperar.

Al cabo de un buen rato lo vimos aparecer, fresco como una lechuga.

Resulta que había tenido que parar por culpa de un «pequeño» problema intestinal que sólo él podía solucionar: vamos, que dejó un buen recuerdo a su paso por el “portalito”.

Aquel día ni miramos ni nos importó el tiempo que nos llevó el completar la marcha.

 

Sólo queríamos disfrutar, compartir y acabar la experiencia todos juntos, como amigos que éramos.

Lo conseguimos.

Animados por nuestro éxito en nuestra primera participación en la QH, en la segunda edición ya fuimos a saco.

Quisimos ir a por todas y a por el oro, pensándonos que aquello estaba chupado.

Así salimos, tras el pistoletazo inicial, como decía uno de nuestros colegas: “carajillo y a correr”.

Pedaleamos como posesos hasta el pie del Marie Blanque, hasta que nos dimos cuenta que algo no empezaba a funcionar bien.

Cuando llegamos a la base del Marie Blanque vimos que algo no iba bien

Desgaste, poca cabeza, dureza y calor extremo.

La comida no entraba y el estómago lo teníamos lleno de agua.

El golpe de calor que recibimos fue demoledor. 

Algunos pedaleaban blancos, deshidratados, tirados en medio de una curva del Portalet.

 

Yo no iba mucho mejor, ya iba a abandonar también, cuando vi aparecer a una de nuestras compañeras que iba despacio pero muy segura.

De esta forma, me dispuse, con mucho sacrificio, a seguir su firme y decidida rueda, para acabar la marcha en unas maratonianas doce horas.

Entre una y otra manera de afrontar la QH por parte nuestra había existido una diferencia abismal de un año a otro.

Dije que no volvería nunca más, que colgaba la bici: luego cayeron 9 más.

Por lo tanto, si me lo permitís, con once Quebrantahuesos en mis piernas sé de lo que estoy hablando.

Dejadme presumir de ello.

Por eso me he planteado este pequeño reto entre nosotros que incluso podría llegar a ser un juego: ¿cuál sería vuestra quebrantahuesos ideal?

¿Dejarlo todo como hasta ahora?

¿Con sus clasificaciones, sus premios, sus chips, sus medallas y diplomas?

¿Con las quejas de siempre?

SQR – GORE

 

Que si es una carrera encubierta, que si eso no es cicloturismo, que allí sólo van a disputar muchos pros frustrados… entre otras demás lindezas que siempre se han dicho de ella.

En definitiva, reconocer que la Quebrantahuesos tiene su idiosincrasia, su propia personalidad y eso nunca debe cambiar, le pese a quien le pese.

Que tal y como está,  funciona muy bien. Que la dejen en paz.

Pero habrá otros que piensen que la QH está poco a poco muriendo de éxito, que necesita un giro radical, un cambio de rumbo y, sobre todo, que recupere su espíritu 100×100 cicloturista, tal y como fue concebida por sus padres hace ya 29 años.

Porque de eso se trataba, de dar un paseo de altura por los Pirineos un día de junio, para contemplar oníricos paisajes, puertos de ensueño y disfrutar del entorno, de los amigos, del compañerismo, de una jornada espectacular de cicloturismo.

De acuerdo que el reto estuvo entonces en ponernos un reloj, para saber lo que podíamos tardar en afrontar semejante ruta alta pirenaica.

Quizás ahí estuvo el error.

Sabíamos que entonces era colocarnos un dorsal y transformarnos por completo: de tranquilos cicloturistas a combativos ciclistas que cuando se ponían el culote no conocían ni a su padre.

En estos momentos, la pregunta parece clara: ¿apostaríais por una Quebranta sin tiempos ni cronometrajes?

O bien, como parece que será la nueva tendencia, ¿que cada uno suba sus tiempos a Strava, sin afectación a ningún tipo de clasificación establecida por la prueba?

Ante tanta polémica sobre si la QH es una carrera o no, siempre he pensado lo mismo: quizás se tendrían que organizar dos Quebrantahuesos.

Sí, sí… ¡dos Quebranta!

Cambrils Square Agosto

 

Una que fuera una competición propiamente dicha, con sus premios y clasificación general por tiempos o por edades.

Esto es, una carrera ciclista en toda regla.

Otra puramente cicloturista, sin cronometraje, completamente libre, para el que la quiera disfrutar en compañía o en solitario, olvidándose de las prisas, el estrés y el reloj.

Incluso, por qué no, una QH/2 dividida en dos tramos para vivirla en dos días, con una primera jornada por ejemplo hasta Laruns y al día siguiente completarla con la ascensión al Portalet y Hoz de Jaca, para luego de nuevo volver a Sabiñánigo.

O una HQ: una Quebrantahuesos al revés.

O una QH 2002: con el famoso recorrido de aquel año, una innovación por culpa de un terremoto en el Portalet.

Incluso una súper QH, con la incorporación también del Aubisque.

Serían interesantes estas propuestas ¿verdad?

Otras maneras, otras formas de ver y disfrutar de la Quebrantahuesos

¿Estáis de acuerdo?

La trilogía del cicloturista: El Sufrimiento (parte I)

Todos los cicloturistas disfrutamos sufriendo

Primero fue «el iniciado», después «el ritual» y ahora, completando la trilogía, «el sacrificio», que para eso nuestro deporte preferido está considerado como el más duro y sus practicantes somos «esforzados de la ruta», ¿no os parece?

Gravel Ride SQR – 300×250

 

Dejamos a nuestro protagonista, si lo recordáis, de vuelta a la cama, recuperando el sueño perdido, después de haber estado sentado en el portal de su casa, y en vano, a que parase de llover.

Sé que a muchos de vosotros este final os entristeció un poco o incluso pudisteis pensar que muchos también de vosotros habríais salido igualmente, pero bueno, la trama es la trama.

Hoy vamos a darle la oportunidad a nuestro personaje -que no es otro que tú mismo- de resarcirse de aquella ocasión y le vamos a brindar una jornada memorable y épica, de ilusión y sacrificio, y de esfuerzo gratificante.

Sales de tu casa en bicicleta.

El día es radiante y el sol empieza ya a picar algo: se espera una jornada calurosa, no en vano estamos en junio, mes cicloturista por excelencia, mes de grandes marchas marcadas en rojo en el calendario.

SQR – Cerdanya Cycle

 

Es el mes en el cual estás en tu pico de forma, en la cresta de la ola.

Los 20 grados, a las 7 de la mañana, que marca el termómetro de una farmacia ya te indica bien a las claras que hoy el día va a ser duro, así que tendrás que estar atento a la hidratación: beber, beber…

Pasas a buscar a tu cuñado que, aunque sabes que tú tiras mucho más que él y pronto lo dejarás de rueda, no tienes más remedio que por gentileza ir a buscarlo, no sea que se enfade.

Casi te caes del susto cuando lo ves aparecer abriendo la puerta de su casa, con la bicicleta rampante y un plátano en la boca y piensas «vaya pinta…».

SQR – GORE

 

Hacéis los primeros kilómetros juntos hasta que llegáis al punto habitual de salida de la peña.

No has sabido qué decirle, pues sabes que es un poco bicho raro y no acepta de muy buen grado que tú estés más fuerte, pero qué le vas a hacer.

Él siempre se escuda diciendo que sale a disfrutar, no a hacer carreras, lo cuál te parece perfecto, si no fuera porque realmente es eso, una excusa, porque sabes que si alguna vez ha podido dejarte lo habrá intentado con todas sus fuerzas. Familia…

 

Buscas tu subgrupo dentro del grupo, que normalmente es el que está más fuerte,  el que tira más, el que va más lejos y más deprisa, el que sube los puertos más duros de tu zona: eres un integrante del «A».

En seguida te pones a rueda de tus compañeros: unos fieras vamos…

Aún y así, no  podrás evitar la «cháchara» con ellos o con otros integrantes del grupo B, y es que es un placer poder hablar con los amigos de vuestros entrenos, vuestros sueños, del día que os espera.

Sabes que no te puedes entretener mucho, porque cualquier descuido te hará perder el tren del A y tendrás que remontar y tirar y tirar, tú solo, callejeando, hasta pillarlos, antes de que salgan de la ciudad, porque si no… adiós, ya no los volverás a ver.

Empezar con un sofocón y tirando de plato pues que no te apetece mucho, la verdad.

Así que hoy vas por faena y te sitúas bien en el pequeño pelotón de élite de tu club: «para eso llevo cuatro mil km de entreno desde enero, para poder disfrutar (?) de esto», piensas, y te vas para adelante, que te vean, que hoy estás dispuesto a dar guerra y te atreves incluso, una vez que habéis pasado ya a carretera abierta, a colocarte en cabeza y darles un fuerte relevo.

Hoy te encuentras como nunca y te permites el lujo de llevar al «A» a rueda durante  un par de kilómetros a más de 40 por hora.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Después de semejante exhibición que muchos te dirán que se tratan de «fuegos artificiales», pones intermitente y te vas a cola de pelotón y piensas «a lo peor, los he cabreado…».

Ves como el ritmo que habías impuesto no es nada comparado con el que ahora mismo están poniendo los figuras: estáis rodando y rozando casi los 45 km por hora.

Aguantas porque a rebufo del grupo «te llevan» y aún vas bien, pero las pulsaciones se empiezan a desbocar: 170-172-175-177-180 (!)

Buf!… aguantas, aguantas,… sabes que si aguantas este primer tirón selectivo luego será más «fácil»: es la selección natural, sólo quedarán los más fuertes.

 

Muchos se habrán quedado en el intento de seguir a la élite, y el grupo va a seguir perdiendo unidades, como un collar de perlas roto, hasta pie de puerto.

Todos los portabicicletas de Cruz en un click

Sigues con el gancho, has estado a punto de descolgarte varias veces: «ni sueñen en que les vaya a dar un relevo» -te dices a ti mismo, y sigues aguantando, aguantando…

Después de prácticamente dos horas de sacar la lengua, de tener a punto de salir el corazón de tú pecho, con una media de más de 30 km/h, estratosférica para ti, llegáis al pueblo donde se inicia la gran dificultad de la jornada: el puerto más duro de tu comunidad, un fuera categoría desconocido para la alta competición, pero muy apreciado y querido por los cicloturistas: 25 km, 1500 metros de desnivel, 8 por ciento de media con puntas del 14.

 

Una bestia muy bella.

A todo esto, el calor aprieta con fuerza: 30 grados y paráis a rellenar bidones en la fuente del pueblo, que falta va a hacer.

Los primeros kilómetros, suaves, los hacéis a buen ritmo, aunque sabes que en cuanto aprieten un poco te quedarás.

La verdad es que ya te das por satisfecho el haber llegado hasta aquí con ellos, porque los de delante ya los conoces: grandes escaladores, de finas piernas y caras afiladas marcadas por el sol.

Continuará…

Foto: www.rosdemora.com