La trilogía del cicloturista: El Ritual

Cicloturista- JoanSeguidor

El buen cicloturista tiene sus rutinas

Es viernes tarde.

Has confirmado con tus colegas de la peña la excursión de mañana: hora de salida, lugar donde se almuerza y kilometraje.

Te preocupas por el estado de forma de tus amigos, “rivales” de mañana: “¿habéis entrenado mucho esta semana?”

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El teléfono no para y sabes que cuando hablas con tus colegas, la conversación se puede prolongar horas, porque cómo “cascan” estos amigos ciclistas tuyos: saben de todo.

Vuelves a repasar el perfil: “um, al almuerzo se llega en final en alto”.

Y ves que al inicio del puerto hay una rampa dura al 10 %: “aquí atacaré”, te dices a ti mismo.

Hay que reconocer que nos encantan los piques, sobre todo cuando la carretera mira hacia el cielo, y es que a la mayoría de nosotros se nos cae la baba en cuanto vemos una cuesta, ni que sea la del parking.

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Miras tu bicicleta,  una máquina preciosa y, aunque limpia, decides darle un nuevo repaso: no te gustan esas salpicaduras de barro de tu última salida y pasas un paño con esmero por todo el cuadro, llantas y piñones: sobre todo éstos  te gusta llevarlos relucientes.

Inflas las ruedas y ultimas los detalles de tu equipación de mañana: limpias tus zapatillas,  gafas, preparas tu casco, tu ropa, sacando tu maillot y culotte doblados del interior del cajón, y tus calcetines favoritos.

Lo dejas todo encima de la silla de la habitación, porque por la mañana temprano no es hora de andar abriendo y cerrando cajones.

Ya lo tienes todo preparado, … ¿y tú?

Te miras tus musculosas piernas, de las cuales te sientes tan orgulloso: “hoy toca afeitarlas”, pues parecen un par de cactus.

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Te metes en la ducha y con tu espuma de afeitar empiezas la ceremonia del rasurado.

Primero una pierna, luego la otra, suavemente, que la cuchilla es un peligro y aún así no podrás evitar algún corte que otro, haciendo que corra un poco de sangre por la bañera.

Acabas con una buena ducha.

Te secas y masajeas tus piernas, como avisándolas para lo que se les avecina.

Con todo, ya son las diez de la noche y te dispones a cenar ese buen plato de macarrones que te han preparado para que estés fuerte y rellenes tus depósitos de hidratos de carbono.

 

Antes de irte a la cama, acompañas un rato a la familia viendo la tele, pero no te quieres enganchar viéndola porque se haría tarde y hay que madrugar, así que decides leer los últimos reportajes de tu revista preferida de cicloturismo: ZIKLO.

Y así, disfrutando de la lectura, piensas que es hora de apagar la luz y descansar.

Te cuesta un poco coger el sueño pensando en la kilometrada que te vas a meter entre pecho y espalda… y te quedas profundamente dormido.

Suena el despertador y le pegas un rápido manotazo. Son las 6  y piensas “¡vaya sueño, toda la semana madrugando y hoy aún me levanto más temprano!.

Pero sabes que es diferente: hoy vas a disfrutar.

Y te levantas animado, coges la ropa y cierras la puerta del cuarto con cuidado.

 

Te aseas y te vas a desayunar.

Preparas el café  y esos croisanes tan buenos que han comprado y piensas que “total, hoy va a haber mucho desgaste”.

Levantas la persiana y ves el cielo muy tapado: “ya despejará, aún es pronto”, piensas.

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Mientras desayunas, te pones al día con las noticias, con la tele en voz baja.

Después vuelves al aseo porque “funcionas como un reloj”, y sabes que es tomar el café de la mañana… y en fin, ya sabes.

Así sales más ligero, sin peso “extra”.

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Vuelves a mirar por la ventana y te entra desasosiego: llueve.

Pero piensas que son cuatro gotas y que ya parará.

No te vas a fastidiar la salida por algo de lluvia ¿no?

¿Por qué Suunto?

Mientras esperas que pare de llover, te vas vistiendo: culotte, pulsómetro (“¡que frío está!”), camiseta, maillot, con ese olor a limpio inconfundible, calcetines…

Te das un buen masaje en las piernas de abajo a arriba dirección al corazón.

Echas en tus bolsillos de atrás manguitos, perneras, chubasquero y cartera, móvil, llaves de casa y piensas “con tanto peso ya veremos cómo subo”.

También unas barritas energéticas, por si las moscas.

 

Llenas bidones y te vas a por tu bici.

Te colocas zapatillas, gafas, casco, guantes (“¡última prenda colocada!”) y bajas a la calle, y se te cae el mundo a los pies: está lloviendo a cántaros.

Te sientas esperando a que cese de llover, y te tiras tus buenos 20 minutos, con cara de circunstancias, pensando que tampoco saldrá nadie con este tiempo, y finalmente desistes y vuelves para arriba.

Te desnudas con tristeza y te metes en la cama y piensas: “bueno, al menos dormiré. A ver si el domingo puedo salir un ratito”.

 

Y seguidamente, horror: “¿y los croisanes?”.

Pues querido amigo, están de fiesta mayor junto a los macarrones en tus michelines.

Moraleja: hay que seguir más las previsiones meteorológicas.

Nota: cualquier parecido con la realidad NO es pura coincidencia.

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La trilogía del cicloturista: El Iniciado

Cicloturista JoanSeguidor

Todo cicloturista ha tenido un inicio

Se puede decir que soy de aquellos cicloturistas que nacimos a partir de ver los hachazos de Perico en la montaña, en el Tour y por la tele, y maduramos con el ciclón Induráin, en unos tiempos en que salir en bicicleta era visto aún como una cosa extraña.

Salía con mi hierro, con todos los accesorios posibles: portaequipajes, luces,… y cuenta-kilómetros, eso sí, que yo quería saber cuánto recorría para después alucinar con mis primeros 10 kilómetros, luego 20, 30,… ¡hasta llegar a los 40!

Madre mía, había hecho cuarenta kilómetros en bicicleta, increíble.

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Iba sin casco, sin guantes, pero con culote y maillot, por supuesto, aunque con las piernas peludas (¿depilarme? ¡Ni loco!), con mis calapiés, mis bambas (sí, con bambas…) y siempre solo.

A ver, que levante la mano el que no ha salido nunca así…

Ya desde un principio me tiraba la montaña, donde encontraba la verdadera sensación de este deporte: primero escalar Montjuïc, luego Tibidabo, no sin antes haberme bajado, más de una vez, de la bicicleta agotado.

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Cuando estos “retos” los superé, el siguiente fue uno que me tenía verdaderamente obsesionado: subir a Montserrat.

Iluso de mí, salí una tarde de primavera sobre las cuatro, desde mi casa, entonces en Esplugues, junto a Barcelona, y llegué, vaya si llegué, subí hasta el Monasterio arrastrándome pero lo logré.

El problema fue a la vuelta, cuando se me hizo de noche, con el peligro que me supuso.

 

Un buen día (sí, como en los cuentos), vi un cartel que anunciaba una marcha cicloturista que organizaba el club ciclista del barrio donde yo trabajo, en Gràcia.

Lo primero que me llamó la atención fue el pedazo trofeo que obsequiaban a todo aquél que acabara la marcha: una figura de un ciclista en un pedestal, muy maja.

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Después observé la fecha y el recorrido: 9 de mayo a las 7 de la mañana y… ¡120 km con muchas subidas!.

Además establecían un tiempo mínimo de… ¡20 km/h!

18 de mayo, Guadarrama te espera

Yo pensaba que sería incapaz, que no podía ser, muchos kilómetros, mucha exigencia… ¡y una velocidad de vértigo!

Pero tenía que probar.

Unos días antes salía a entrenar con vistas a participar y me animé, pues ya empezaba a recorrer distancias entre 75 y 80 km dignamente.

Recuerdo entonces que lo primero que hice fue sacarle todo el peso posible a mi pobre flaca: si quería que fuera un poco competitiva tenía que quitarle tanto lastre, así que fuera portaequipajes, luces, guardabarros, etc.

 

El primer cicloturista lleva pelos en las piernas

¿Y yo?

Tenía que mejorar mi imagen, porque me había fijado en otros ilustres cicloturistas por la carretera y me admiré con sus impecables equipaciones, sus piernas depiladas, brillantes y con los músculos bien definidos.

Me fijé que no llevaban calapiés, tenían las zapatillas como enganchadas a los pedales y todos llevaban casco.

Finalmente me compré un casco también y todo el mundo me decía: ¡qué feo estás con ese gorro!

Me pude hacer, del mismo modo, con unos pedales automáticos.

¡Qué sensación más extraña! Parecía que de un momento a otro la caída iba a ser inminente y yo no podría desengancharme de la bicicleta.

No sin pocos esfuerzos, pude acostumbrarme más rápido de lo que pensaba a mis nuevos pedales.

Ya sólo quedaba un último asunto para completar el ritual: depilarme.

Pude acabar el “trabajo” sin sufrir graves contratiempos: algún corte por aquí, algún tajo por allá, ya se sabe.

Y qué sensación más extraña, la primera vez que te pones un pantalón o duermes bajo las sábanas.

Por fin llegó el día de la marcha cicloturista

Lo primero que me viene a la memoria es la sensación reconfortante, y fresca, de sentir mis piernas al aire libre, por primera vez sin pelos.

Era entre ligereza y comodidad, me sentía flotar en el ambiente y me daba más sensación de fortaleza.

Una vez en la línea de salida y formalizar la inscripción, sólo observaba, miraba, descubriendo detalles entre los ciclistas, la organización…

Vi ambulancias, policía, coches de asistencia, parecía que estaba en el Tour, y en el ambiente, un cierto olor a carrera, producido, seguramente, por los ungüentos y linimentos de las piernas de aquellos galácticos.

 

Arrancamos y sólo se oían los click-clack de las zapatillas colocándose en sus puestos.

Me fui situando modestamente en el seno de un pelotón de más de 300 ciclistas, y poco a poco, me animé al ver que podía seguir bastante bien el ritmo impuesto.

Ingenuo de mí, ignoraba que nos llevaban neutralizados hasta la salida de la ciudad de Barcelona, por la Avenida Diagonal, que presentaba un aspecto inmejorable: la gente animando como si se tratara del paso de la caravana del Tour.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Una vez fuera de la gran ciudad, el ritmo se avivó y me desengañé, ya que en las subidas me iba quedando junto con otros compañeros, pero estaba contento porque detrás de mí aún había mucha gente, y no era precisamente de los últimos.

Así marchamos hasta llegar al primer avituallamiento: parada obligada, firma de control, y a desayunar: donuts, coca-colas,… no estaba mal, y todo el pelotón parado, reagrupado, igual, igual, que se hace ahora, vamos…

Seguimos y otra vez la carretera puso a todo el mundo en su sitio y, con bastante esfuerzo, llegué con un grupo muy majo a la plaza mayor de Vilafranca del Penedès, donde se almorzaba y se daba la vuelta.

 

Allí empecé a charlar con otros cicloturistas de sensaciones, entrenos, alimentación, de temas que yo nunca había dado importancia y que a partir de ahora tendría muy en cuenta..

De regreso, no sé por qué, me encontré mucho mejor, supongo que por el almuerzo, porque íbamos más juntos que a la ida o porque el terreno era más propicio, el caso es que se me pasaron los kilómetros volando, y enseguida llegamos a la entrada a Barcelona, donde nos esperaba la Guardia Urbana para cruzar la ciudad.

 

Muy contento por haber finalizado mi primera marcha, ¡dentro del horario establecido!, por haber conocido a mucha gente, por el trofeo y recuerdos que nos dieron, marché a casa muy satisfecho y con sólo un pensamiento en la cabeza.

Al día siguiente, lunes, un muchacho de Esplugues entraba en la sede del Club Ciclista Gràcia, y salía de ella con una sonrisa de oreja a oreja con su carné de socio, su licencia cicloturista y con aquel maillot tan raro.

Ese cicloturista advenedizo tenía retos inéditos…

Se le abría ante sí un nuevo horizonte: excursiones y marchas épicas, grandes compañeros y amigos, un nuevo y diferente estilo de vida.

Miles y miles de kilómetros más tarde, recuerdo aquel día aún con emoción y muy orgulloso de pertenecer a este nuestro pequeño y gran mundo cicloturista.

Imagen: La Cicloturista

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Marchas cicloturistas: ¿Se acabaron carreras encubiertas?

Llevar los tiempos de las marchas desde Strava puede acabar con tanto pique en las marchas cicloturistas

Vaya por delante que no soy ningún ingenuo en este conflictivo y manido tema de que muchas grandes marchas cicloturistas son carreras encubiertas.

No voy a exponer aquí de nuevo todo lo que se ha debatido sobre este controvertido asunto.

Se ha hablado mucho y se seguirá haciendo.

También se han escrito ríos de tinta (digital) en foros y redes sociales sobre lo que son, o lo que deberían de ser, este tipo de pruebas donde tendría que prevalecer el ciclismo y el turismo por encima de la competición.

Y digo que no soy ingenuo porque, dicho esto, sé de sobras que el pique, la lucha, la  carrera o padecer por rebajar los tiempos, siempre existirá, al menos para los de delante pero igual no para todos o incluso puede, por qué no, que sean mayoría los que dejen de sufrir por llevar un chip en su tobillo o un dorsal a sus espaldas.

¿Y esto por qué?

Porque con la novedad que nos presenta Gran Fondo Events para esta temporada, esto se ha acabado, por fin, y el sistema tradicional de cronometraje de las marchas desaparece.

Al menos en sus marchas, las que ellos organizan.

A saber: Polar Gran Fondo la Mussara (donde se estrenará esta innovación), Škoda Gran Fondo Priorat y Gran Fondo Andorra MTB.

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¿Cómo dices?

Pues eso, que empezando por la marcha de La Mussara, la organización no entregará ningún dispositivo tradicional tipo “chip”, de esta manera, la prueba, es la primera en distanciarse abiertamente de las llamadas “carreras encubiertas” y apuesta decididamente por…

una  marcha cicloturista donde el objetivo es disfrutar de una buena jornada de ciclismo entre compañeros y amigos, con tal de fomentar los beneficios de la bicicleta, así como el respeto en la carretera, entre compañeros y con el medio ambiente

De esta forma,  GF Events da un paso más en el concepto de prueba deportiva con esta iniciativa, pionera en el calendario de marchas cicloturistas.

Por tanto, como vengo comentando, cuando participéis en esta Gran Fondo La Mussara no os entregarán ni chips para registrar tiempos, ni habrá clasificaciones generales ni por categorías, ni premios, ni medallas ni diplomas.

Sin embargo, los organizadores de estas tres pruebas, no se van a olvidar del espíritu competitivo de algunos, muchos o pocos, llámense cicloturistas combativos, ciclodeportistas o pros frustrados, que siempre intentan ir más lejos, más alto y más rápido.

Pero lo van a hacer de una manera diferente y muy original.

El que quiera saber su tiempo, estadísticas… en definitiva, su performance en estas grandes marchas, tendrá que darse de alta y abrirse una cuenta en la plataforma Strava.

Sí, ya sabéis, esa aplicación que ha cambiado la “vida ciclista” de muchos usuarios de la bici en este país.

De esta manera, sólo los participantes que se registren en Strava, formando además toda una comunidad de ciclistas, podrán acceder a sus cronometrajes y la organización no podrá gestionar los tiempos de aquellos ciclistas que no lo hagan y no estén registrados.

Esta comunidad virtual ya tiene nombre.

Se trata de Gran Fondo Live donde, además de ser el método de cronometraje para las tres pruebas que organizan esta temporada, será un punto de encuentro para participar en retos durante todo el año y ganar premios.

Será toda una auténtica revolución que llega al cicloturismo de la mano de Gran Fondo y Strava, con un nuevo concepto en la organización de marchas cicloturistas.

Suunto 9, nombre sencillo, eficaz y conciso 

Gran Fondo Live recogerá todos los kilómetros pedaleados en todas las salidas, marchas y entrenos de todos sus miembros, que se verán estimulados a seguir haciéndolo a través de desafíos mensuales en los que se pondrá un reto, o varios, como objetivo.

Todos los participantes que consigan esos logros, en forma de desafíos, optarán a un premio que será sorteado entre todos ellos.

Con este novedoso sistema, Gran Fondo quiere premiar más la experiencia, la regularidad, la disciplina y la motivación por encima de las carreras, los tiempos de paso y las clasificaciones.

Gran Fondo LIve JoanSeguidor

Este hecho, para muchos cicloturistas -como yo mismo- y una gran mayoría que pasan, por los motivos que sean, de competir ni contra nadie ni contra ellos mismos, nos será de un gran alivio, porque el que quiera prescindir de toda esta parafernalia que rodea a muchas marchas sólo con no apuntarse a Strava lo tendrá muy fácil para huir de cualquier reto en forma de clasificaciones o de medallas de oro, plata y bronce.

Igual con el tiempo nos llevamos una sorpresa y somos muchos más los que no estamos registrados en Strava que los que sí lo están y, de esta manera, casi definitivamente, sería el final de las marchas que son “carreras encubiertas”.

Porque sois muchos los que ya estáis en Strava, pero también somos muchos los que aún no lo estamos, ya sea porque no nos gusta, porque ya tenemos una edad, porque no podemos entrenar tanto o porque ya no tenemos que demostrar nada a nadie.

Ni siquiera a nosotros mismos.

La pregunta es ¿vosotros os apuntaréis a este nuevo cronometraje para saber vuestro tiempo o prescindiréis completamente de él?

Al fin y al cabo, prácticamente todo el mundo lleva en su manillar el control de su tiempo, ¿no es cierto?

Lo que yo entiendo por cicloturismo

El otro día me pidieron desde Idealo una pequeña ruta en bicicleta que me marcara. Hablé del tramo navarro del Camino de Santiago, un itinerario en bajada hasta Pamplona, con el puerto del Perdón luego y antes de entrar hacia Puente La Reina y Estella. Para mí, es el trozo más bonito hacia la ciudad “bien compuesta”, es decir Compostela.

Aunque a muchos os asombre, tuve una época de ciclista mochilero que recuerdo con mucho cariño. Una época, lejana, eso es cierto, en la que tuve un hierro por flaca, que temblaba hasta casi partirse en cada bache, en cada pedrusco, en cada surco… viéndolo ahora lo que me asombra es no me partiera la crisma en un descenso cualquiera, porque aquello era inestable de cojones.

En la ruta que describo en Idealo, hablo y me recreo en el concepto de hacer turismo con bicicleta, algo que muchos tienen claro, pero que otros no tanto. Creo que la palabra cicloturismo se ha prostituido o no al menos significa lo que un día quiso significar.

Anoche recuperé este post y se montó un interesante debate en Facebook: “¿Es necesario hacer rodillo antes de tomar la salida en una marcha cicloturista?”

Yo creo que la misma pregunta provoca sonrojo y aún y así hay opiniones para todo, aunque la mayoría opinaba sobre lo increíble de la imagen, a mí también me lo parece. También se habla de que cada uno es muy libre de hacer lo que le venga en gana, cosa que también está cargada de razón, aunque hasta cierto nivel, porque cada semana es raro no leer a alguie expresar su hastío por encontrarse siempre lo mismo: gente “encunentandote”, ritmos endiablados, descensos peligrosos con tráfico abierto,…

Este debate por eso es muy largo y lleva tiempo haciéndose. Para que os hagáis una idea, cuando el cicloturismo no era lo que esa ahora, ni siquiera movía lo de estos días, hablo hace 25 años, se generó un debate apasionado y a flor de piel que acabó con la creación de una categoría en la Federació Catalana de Ciclisme, con el presidente Arbós, que fue la ciclodeportiva, una forma de sacar a quienes quería competir en las grandes marchas para meterlos juntos en carreras concebidas como tales, con la idea de sacar la carbonilla.

Esa idea fue tan buena que incluso dio el salto al nivel España y contentó a muchos. Sin embargo con el paso de los años, la aglomeración de corredores y el aumento de la demanda, las cosas parecen haberse enrarecido nuevamente y en las marchas ya vuelven a haber quejas y malos rollos, lo mismo que en las carreras en las que tienes un mal momento, te descuelgas, y para casa ya. Pero si hay eventos que se llaman carreras, que otorgan premios y están en el apartado de ocio en los calendarios. La confusión es tal, que yo creo que muchos no saben ni dónde pisan…

Con todo me pregunto ¿Alguien no ve que igual el futuro pasa por carreras master de 220 kilómetros y 5000 metros de desnivel positivo? Ahora bien, no me preguntéis el precio de organizar eso, porque igual a más de uno se le quita el ansia de sacar los colores en más de una marcha…

Imagen tomada de Expertos en el Camino

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Los viciosos de la trampa

Leo las dos noticias que David Álvarez firma esta semana en El Español, le añado la entrevista de Danilo Di Luca en El Mundo y lo aderezo con lo que ya sabíamos y sinceramente es para flipar. En una de las preguntas que le hacen a Di Luca sobre la adicción a las drogas por parte de los deportistas que se dopan, el rubio excilcista, “l´ enfant terrible” le llaman en la pieza, dice que no tiene por qué haber relación y explica que los casos de Pantani y el Chava iban por otros derroteros. Ahí había adicción.

Sea como fuere yo tampoco creo que deportistas que hayan entrado en el “lado oscuro” sean potenciales adictos, aunque como queda probado en las pesquisas que se publican en El Español, aquí tenemos a auténticos vendedores de mierda en todo tipo de pruebas y tingladillos. Pero si se les ha detectado meter porquería para ganar marchas cicloturistas y de BTT. Luego cuando vayáis a una marcha os preguntaréis porqué se sale a mil por hora y esas cosas.

Alexis Rodríguez fue ciclista de Kelme la década pasada, cuando la fiesta estaba en pleno auge. Vivió en primera persona la famosa redada de San Remo, un pasaje digno de thriller, con gente tirando sustancias por el retrete y más carabinieri corriendo que en una operación antiterrorista. Aquello no debió impactarle.

El amigo Alexis, con logros más allá del ciclismo, logros que le regaló, campeón de España de media maratón en base a saber qué, tenía montada una auténtica pirámide de contactos, intermediarios y prescriptores en el nervio del deporte popular, ese que muchos practicamos, algunos pregonan en las redes y unos pocos ensucian con una carencia total de escrúpulos.

Todos nos acordamos de esa San Silvestre salmantina que curiosamente se corre un 28 de diciembre. Ese locutor que suelta alegremente por el micro, “al final habrá controles antipong”, y provoca la desbandada de algunos favoritos acojonados porque igual aquello pitaba, y no para bien. Habían 1200 euros esperando al primero, el chute se justificaba. En otras los premios son modestos, el chute se justifica igualmente. Será por el qué dirán.

Viendo estas noticias, la profusión de corruptela en el deporte llamado popular, la aceptación por buena parte de quienes lo practican como parte normal del juego, uno entiende el estado de las cosas y que en el fondo consolemos a los tramposos. Yo lo siento pero no me alineo con ese sentir, me dan auténtico asco las personas que por un plato de garbanzos, entiéndase la metáfora, son capaces de poner el hígado al límite de sus posibilidades.

La ambición en la vida no es eso, la ambición es para con uno mismo, y cuando tú eres capaz de demostrarte que puedes hacerlo, no te preocupes que la gente te lo reconocerá. Hacerlo al revés no compensa, es pan para hoy y hambre para mañana, una forma, otra más, de engañarse. Empezar la casa por el tejado.

Señores, éste es el estado de las cosas y como siempre digo, no tenemos idea hasta dónde está esto tan putrefacto. Valorad vuestro resultado como un tesoro, sea el que sea, si tenéis las manos limpias y la conciencia tranquila, valoradlo como merece, porque es la medida de vuestra pasión y de eso no hay que presumir, la vida ya te colocará en tu sitio. Lo que haga el de al lado, es cosa suya.

Imagen tomada de www.sltsport.com