El fantasma que persigue a Abraham Olano

Abraham Olano es uno de los ciclistas más injustamente tratado

Esta tarde Teledeporte se acuerda de Abraham Olano

Lejos queda ya el mundial que dieron al inicio del confinamiento, que alimentó el estéril debate si Olano fue campeón por gentileza de Indurain, para que el astro guipuzcoano vuelva a las pantallas.

Es el Mundial CRI de Valkenburg año 98, aquel famoso año.

Una tarde de perros en octubre -la Vuelta prevé salir de allí en noviembre- y oro para Abraham Olano, tres años después de la plata en Colombia, y plata para Melcior Mauri, uno de los héroes de Mende.

Esa tarde Abraham Olano fue el primer ciclista, y creo que hasta la fecha el único, que ha sido campeón de ruta y contrarreloj.

Tras un serial dedicado a Miguel Indurain y un empacho de Perico, creo que era ya hora se acordaran del de Tolosa.

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No hace mucho corrió por las redes un polvorín de felicitaciones para Abraham Olano.

50 años cumplió el guipuzcoano. Curiosamente cada felicitación, cada retweet que sonaba en el espacio, tenía una respuesta, una retahíla que quienes vivimos la época del tolosarra nos recuerda a la de entonces.

Miembro de la generación del setenta, Olano fue posiblemente el mejor de esa hornada. Coincidió con Eugeni Berzin, ejemplo de devaneo de grandeza acompañado por la total desaparición, el vacío. Hoy vemos al ruso vendiendo coches con una figura que no insinúa su percal de ganador del Giro. También Francesco Casagrande, grande pero lejos de sus limites, y Michele Bartoli, enorme en lo suyo, en las Árdenas. Coincidió con Marco Pantani, sobran palabras, pero su palmarés es menos extenso que el de Olano. También Erik Zabel, Eric Dekker, Peter Van Petegem y otros rodaron con más o menos fortuna y no buenos finales en todos los casos.

Hace cuatro meses nos felicitó las Navidades desde Gabón, aquí al lado…

Abraham Olano acumula un bagaje que le sitúa entre los cinco mejores ciclistas de la historia del ciclismo español y sin necesidad de haber ganado el Tour, la carrera que marcó su techo. Ganó el primer mundial para España, sí con la ayuda de Miguel indurain, pero arrimado a la grandeza de un pedaleo que fue grande hasta el final, incluso con la rueda pinchada. También ganó el mundial contrarreloj tras la hacerlo en la Vuelta y a ello le añadió muchas e interesantes piezas que para muchos sólo una de ellas justificaría una carrera entera.

Con estas credenciales, a Olano, sin embargo le persigue un fantasma, un estigma, una especie de reproche generalizado porque no llegó a donde no sé quién pensó que debería haber llegado. Cuando Miguel Indurain colgó la bicicleta todos les miraron. En el Tour de 1997 Olano demostró que nunca ganaría a carrera francesa y que su regularidad, siempre coronaba noveno los puertos, no le valdría en el empeño.

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Decepción, amargura, frustración,… cuando se siembra de falsos argumentos el camino, pasa lo que pasa y Olano fue una estrella ahogada en las nunca cumplidas proyecciones, proyecciones que por cierto él nunca lanzó. En la Vuelta del 98 se vio claro, el público en general y su equipo en concreto se decantó por el Chaba Jiménez. Emoción frente a razón. Momento ante gesta. En los peores instantes de aquella relación imposible, pocos dudaron en ponerse al lado del abulense.

Pero a Olano le quedó un segundo capítulo de ingratitud por parte del ciclismo, ese que le vino desde Unipublic, que prescindió de él cuando se sacó el famoso listado de ciclistas manchados en el Tour de 1998. Sabiendo lo que se sabía, resultó curiosa la sorpresa mostrada, pero en fin, esto es el ciclismo, esto es la vida y a Olano, felicidades por tus 45 primaveras, siempre le tocó bailar con la más fea.

Imagen tomada de diariodeltriatlon.es

El día que Indurain se cobró a Pantani en Hautacam

Hautacam 1994 fue Indurain vs Pantani que marcó el Tour

En 1994 el ciclismo mundial asistía a varios actos simultáneos. Mientras Miguel Indurain, navarro él, parecía francés porque era algo así como el Rey Sol, en el Giro de Italia que vio la revolución de la chavalería, encabezada por el indescifrable Berzin, explotó un tal Marco Pantani.

Entonces ilusionaban, hoy vemos las cosas muy diferentes.

Fue en dos jornadas dolomíticas, primero en Merano y luego en Aprica, en una de las mejores etapas jamás vista, donde un joven con poco pelo, aunque lejos de ser el pelado total que seria con el tiempo, desbordaba por las cimas, realizaba descensos enormes e incluso se atrevía a ataques lejísimos como aquel del Agnelo, ya en los Alpes.

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Indurain, imbatido desde que iniciara su serial de grandes vueltas en el Tour del 91, mordió el polvo entre alocados jóvenes que le dieron lo que Chiapucci, Breukink, Alcalá, Jaskula, Rominger y Bugno no fueron capaces de darle. Sin embargo el Tour era la prueba del algodón, aquello que justificaba el año, aunque éste, en el caso del navarro, siempre ofrecía algo más que la victoria en Francia.

#DiaD 13 de julio de 1994

Tradicionalmente la primera etapa del montaña del Tour causa estragos. El cambio de desarrollo, las velocidades, el cuerpo, la postura sobre la bici, el olor de las nubes, mil teorías, cientos de excusas, pero lo cierto es que rara vez no se presencia una criba brutal.

Pasaba en tiempos de Indurain, ocurrió en los años de Lance Armstrong, que no existieron, y lo hace Froome.

En 1994 no fue diferente.

La carrera ya venía tocada por la crono de Bergerac, famosa porque fue aquella en la que Indurain doblaría a Lance Armstrong. En ella el de Villaba se puso de amarillo, tras una nueva exhibición que entroncaba con Lac de Madine y Luxemburgo.

Pero llegó Hautacam, e Indurain calló bocas.

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En una etapa monopuerto, Miguel Indurain cambió el paso. Acostumbrados a verle en perfil bajo, reventando la carrera en segunda persona, compartiendo protagonismo con otros -Chiapucci en Val Louron y Rominger en Serre Chevalier-, aunque con la idea del amarillo siempre en el filial del camino, el navarro quiso romper en primera persona la carrera.

Tony Rominger fue la gran víctima, la primera, porque además venía crecido de un inicio de campaña excepcional, luego cayeron todos, uno a uno, fruto de un ciclista que subía varios peldaños por encima del resto, incluso por delante de Marco Pantani, el semicalvo ciclista que intentó cardar la lana y salió esquilado entre la niebla.

Un par de meses después de Arpica, Indurain se cobró la cabeza del primer ciclista que había desnudado sus vergüenzas.

No siempre se podía ganar, pero Indurain lo hacía con tal naturalidad que lo demostró hasta sencillo.

Imagen tomada del FB – Grupo de Miguel Indurain 

Marco Pantani: cuando murió el hombre, nació el mito

Tour del 98 - Marco Pantani JoanSeguidor

Las tardes que firmó Marco Pantani no se olvidan nunca

Recuerdo la primera vez que supe de Marco Pantani…

Su grácil figura ya danzaba al ritmo de vértigo sobre la máquina. 

Pobre mata de pelo por los laterales ya anunciaba una incipiente alopecia.

Rara vez con gorra, subía como los ángeles.

Suyos comenzaban a ser los más épicos ataques.

Fue en el Giro de 1994.

Un fin de semana dolomítico lo trajo a nuestro imaginario.

Primero con una cabalgada extraordinaria camino de Merano, una jornada que marcó un hito en la persona de aquel ruso de tremendo descenso, Dimitry Konyshev marcó los cien por hora cuesta abajo y desde la motos se palpo el miedo con las manos.

Al día siguiente Pantani saltaría la banca en el Mortirolo. Arrancó en el pie de puerto, reventó a Berzin y De Las Cuevas, primero, y a Miguel Indurain, posteriormente, en el Valico di Santa Cristina. En Aprica Italia, el mundo, el ciclismo habían presenciado al nacimiento de un ídolo de masas.

 

Mañana 14 se cumplen 16 años de la marcha de Marco Pantani.
Una pérdida envuelta en dramatismo y sinsabor. Su historia fue asimétrica, un antes y después de aquella mañana en Madonna di Campiglio.
Junio de 1999, jornada, una más, por los Dolomitas.
Pantani, uno en la espalda, se manejaba con solvencia enorme.
Aquel era su Giro, el segundo de  su carrera. Un contingente policial rodeó el hotel del Mercatone Uno, su equipo.
La orden consistía en llevarse al líder del Giro, al ídolo de un país, por dar valores alarmantemente altos en hematocrito.
Pantani era expulsado de una carrera que ya era suya.
De ese golpe no acabaría de levantar cabeza.
Incluso victorias tan discutibles como la que le obsequió Lance Armstrong en el Ventoux le supieron a humillación.
Porque antes de aquel mal trago, Pantani no ganaba, Pantani enamoraba, seducía, arrastraba.
Desde ese Giro 94, al del 99, comprobó todos los estados de la vida.
Un tremendo accidente en la Milán- Turín del 95 le proporcionó una lesión mayúscula y un 1996 en blanco.
Sin embargo le embriagaron aquellos momentos que le dieron estatus de mito.
El suyo fue un  busto cincelado por días memorables.
Quizá ninguno como aquel desarrollado bajo la cortina de agua que regó el Galibier en el Tour de 1998.
Se extendió aquello de que cuando atacaba Pantani otros miraban para la cuneta.
Jan Ullrich cayó en desgracia en el Tour a partir de esa jornada.
La forma de arrancar, de superar rivales, de avasallar, todo, hicieron de Pantani el escalador más apreciado de la época moderna.
Aquel Tour empezó mal, en Dublin con la expulsión del Festina, y acabó peor, con todos los equipos españoles de vuelta a la península como protesta.
Pantani fue el halo de vida sobre esa carrera pero en menos de un año estaba out.

La nube de recuerdos del Pirata dibuja el ciclista total, que amasaba la pasión de las cunetas, alzaba corazones, causaba pavor en los rivales… su trágica pérdida, culminando un progresivo declive, no hizo más que añadir atractivo a su figura.

 

El mismo que nadie olvida.

Hace poco a la pregunta qué corredor nos ofreció más espectáculo –ver resultado a la izquierda- Pantani salió elegido por delante de nombres como Contador, Gilbert, Bartoli, Museeuw y cia.

Su presencia sigue latente.Nunca vimos nada igual.

 

Lugares para el recuerdo de Marco Pantani

Marco Pantani guarda todo tipo de recuerdos en todo tipo de parajes

Otra cosa no, pero Marco Pantani guarda un buen puñado de recuerdos por las rutas más indómitas.

Monumentos, estelas, placas, estatuas, hitos, santuarios… las carreteras de media Europa están llenas de recuerdos ciclistas, lugares al exterior, en plena naturaleza, rodeados de madera y de viento, pequeños museos al aire libre que nos muestran la historia de nuestra “pequeña reina” y de todos los que tuvieron relación con ella.

Existe toda una geografía por recorrer a través del ciclismo.

Rincones donde el tiempo se para y en los que podemos leer la leyenda de este sufrido deporte, que nos recuerdan numerosas batallas vividas en forma de fama y de gloria, pero también de fracaso y expiración, de lágrimas y de sangre.

 

La tradición manda y siempre se opta por rememorar lo que sucedió en el mismo lugar y, si prestamos atención, seguro que escucharemos los susurros que se desprenden de estos sitios envueltos en la épica, el mito y la epopeya del ciclismo, y que nos hablarán de victorias y derrotas, de gigantes de la ruta y esforzados de la carretera que dejaron sus huellas, imborrables, para lo bueno y lo malo, para ser recordados con el paso del tiempo.

Hay cientos de ellos repartidos en las alturas de muchos puertos, cimas y cumbres de Francia, Italia o España, pero hemos querido escoger algunos de ellos donde recordar a Marco Pantani.

Son tres lugares de cultura ciclista, que no te debes perder, sobre todo si visitas estos pueblos y montañas que te proponemos, en los que hacer un alto en el camino es casi una obligación, para bajarte de tu bici y, con mucho respeto, rendirle pleitesía con devoción y admiración.

Memorial a Pantani en el Mortirolo

En la vertiente de Mazzo in Valtellina se inauguró una escultura singular en recuerdo a Marco Pantani, objeto de peregrinaje por parte de los “cicloamatori”, un memorial de hierro en el que nunca faltan ramos de flores.

 

La idea nace de una iniciativa creada por Felice Gimoni y otros ex ciclistas italianos como Bugno o Chiappucci, que piensan en construir un monumento dedicado al Pirata.

La escultura tendría que caracterizarse por elementos claramente reconocibles y relacionados con la figura de Marco, destacando el espíritu aventurero y heroico del Pirata en su terreno favorito: el ascenso extremo.

Recordarlo en el Mortirolo era lo más justo: se trataba de “su” montaña.

Gracias a la aportación de Bianchi, el artista elegido dispondría de 10.000 euros para su construcción.

Se habría de ubicar en uno de los tramos más significativos de la ascensión al Mortirolo y tenía que ser bien visible e identificable.

El proyecto enviado por los artistas Michele Biz, Alessandro Broggio y Alberto Pasqual sería el escogido: una hoja de acero inclinada, fijada «cantilever» a una de las paredes en una de las curvas más exigentes del Mortirolo.

Y en un pedestal la figura de Pantani, de forma tridimensional y con su postura más clásica y competitiva: de pie sobre los pedales, las manos en la parte baja del manillar y con su mirada buscando a los rivales que había dejado atrás.

Según los autores “quisimos recordarlo de una manera sencilla y franca, buscando la pureza del gesto que lo hacía diferente del resto”.

Monumento a Pantani en la Fauniera

 

 

Otro lugar para recordar a Marco Pantani: un monumento ubicado a 2481 m de altitud en el Colle Fauniera, en la zona de Cuneo.

La estatua dedicada al Pirata se trata de un busto de mármol negro de Ormea y es obra del rumano Olaru Benone, que lo elevó hasta lo más alto de una de las subidas más famosas entre los tifosi.

En la Fauniera, el Pirata reconquistó la maglia rosa en el Giro del 99, gracias a su vuelo hacia la historia, y su estela nos recuerda una de sus empresas más bellas cuando el 29 de mayo de aquel año arrebatara el maillot de líder a Jalabert en una etapa épica que acabó ganando Paolo Savoldelli.

Por este motivo, Ferruccio Dardanello, director del club ciclista de Cuneo, impulsó esta iniciativa porque “querían recordarlo de esta manera”.

El monumento se presentó oficialmente el 15 de abril de 2004 en el teatro social de Alba (Cuneo), durante la conferencia de prensa que presentó la primera etapa de aquel Giro: la Genoa-Alba, de 149 km.


 

De este modo, su escultura fue instalada pocos meses después de la muerte del Pirata, en el verano de 2004.

Cada año, el monumento es destino de peregrinaje para miles de aficionados al ciclismo que viajan hasta las rampas más duras de la Fauniera para rendir sentido homenaje a uno de los ciclistas más queridos de la historia del deporte italiano.

Sin embargo, algún vándalo quiso ofender al mito arrancándole parte de su oreja izquierda.

Un idiota que cicatrizó a “un chico triste pero mucho más fuerte que los otros”.

Monumento a Marco Pantani en el Galibier

 

 

En el Galibier, por la vertiente del Telegraphe, resuenan los recuerdos del ataque con el que Marco Pantani descolgó a Ullrich en aquel Tour de 1998.

El 19 de junio de 2011 se inaugura este monumento al Pirata en el col du Galibier para recordarlo como leyenda del ciclismo y en un escenario donde firmó una de las gestas que le hicieron entrar directamente en la historia del ciclismo mundial.

Así cuida Tuvalum la confianza de sus clientes 

A 2301 m de altitud, los franceses rinden homenaje al campeón de Cesenático, en el lugar en el que, durante tres semanas seguidas, hubo una conmovedora peregrinación de hombres, mujeres y niños, que ascendieron la montaña más alta del Tour de Francia para seguir la colocación de ese bloque de piedra de Luserna San Giovanni que recuerda a Pantani para siempre, cincelado en el momento justo en el que el Pirata se dirigía hacia la línea de meta.

Una imagen que va directa al corazón.

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Los ancianos de Valloire limpiaron toda la zona de malezas, los voluntarios removieron el terreno y lo dejaron listo para construir en él, ignorando el viento y la nieve, la lluvia y la fatiga.

Fue un momento increíble y emocionante de la gente en honor de Marco, que se fue hacía ya siete años, pero que nunca estuvo tan vivo y tan presente en el corazón de quienes lo amaban y lo admiraban.

Marco exaltó a Italia en el mundo cuando conquistó las montañas y no había nadie para seguirle y fueron los franceses los que lo honraron con aquel gesto.

Bien vale la pena escalar el Galibier para visitar este monumento a Pantani, donde dicen que incluso Contador se detuvo un día, entrenando con sus compañeros, para inclinarse ante un monumento que habla por sí mismo.

Subasta ciclista: ¿Habéis pensado comprar el pijama de Fausto Coppi?

subastas ciclistas Fausto Coppi JoanSeguidor

No es usual saber de una subasta ciclista y aquí tenemos a tres ganadores italianos del Tour de Francia

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Una subasta ciclista, toma ya.

Leemos una pieza sobre subastas ciclistas, de una de ellas, que va a tener lugar en breve, en pocos días, en Turín y ahí habrá un puñado de objetos por los que más de uno suspiraríamos.

Es el valor icónico de lo original, de lo antiguo, sí, pero de aquello que nos deja tocar incluso oler el ciclismo de la belle époque, de los cincuenta, sesenta… que seguro que de glamouroso, en las bambalinas, tendría poco, pero que a nuestros ojos parece imperecedero.

Y así en Turín se van a realizar varias subastas de objetos que enlazan, ahí es nada, tres ganadores italianos del Tour de Francia.

 

En Bolaffi, casa especializada, una subasta ciclista se va a poner objetos de primer orden, como un juego de pijamas de Fausto Coppi con sus iniciales bordadas, qué clase por Dios, por 3500 euros.

Así es la próxima Ciclobrava 

En la órbita del irrepetible mito lombardo, también se subastará el maillot amarillo que llevó en el Tour de 1952, el segundo que ganó por una cifra que superará los 20.000 euros

Ya podéis preparar buena pasta.

 

La pieza de Coppi el año su de su doblete es la estrella de esta subasta ciclista porque el maillot amarillo que Felice Gimondi vistió en un criterium para celebrar su victoria en el Tour de Francia de 1965 costará al menos 2000 euros, precio irrisorio frente a lo de Coppi, aunque la pieza de Fausto, con esa mítica HD en el pecho, sobre dos bolsillos con botones.

El maillot tricolor de Felice Gimondi de 1968 i uno especial de Bianchi que utilizó en un criterium años después entran también en el lote.

De Marco Pantani se subastará un maillot especial que utilizó en la Milán-San Remo de 1999, cuando todo eran flores y halagos, meses antes del gran desastre de Madonna di Campiglio.

Recuerdo un ataque suyo en aquella edición, en La Cipresa, si no me equivoco

Todo esto, el jueves próximo, en Turín, con incunables de la época, situando el ciclismo en un nivel que rara vez le vemos cuando es un deporte que ofrece memorabilia para aburrir.

Imagen: Wikipedia

Cinco fotos del Giro de Italia

Giro Italia Nibali JoanSeguidor

Cinco momentos superlativos que dibujan la pasión del Giro de Italia

Historias del Giro escritas por Pantani, Contador, Nibali, Olano y otros muchos

Permitidnos ponernos nostálgicos en el momento que el Giro entra en la montaña importante, la decisiva

Y echar la vista a atrás para recordar cinco jornadas que pudimos ver el directo y son esencia pura de lo que es esta carrera y lo que significa para el deporte más bonito del mundo.

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Aprica, 1994

Aquel día es el icono del Giro, el icono de la generación.

Confluyeron muchas cosas, todos los elementos alineados: ciclistas top, legendarios hoy en día, el Mortirolo y una carrera que caminó por el alambre cada momento.

La historia es bien sabida cuando Marco Pantani desató la tormenta en el Mortirolo.

En ese preciso momento hubo un antes y un después para aquel corredor que guardaba algo de pelo en su alopecia imparable, que un día antes ya había ganado y que presumía de buenas maneras.

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Marco Pantani abrió la caja de las esencias y por detrás todos pusieron pies en polvorosa, desde Miguel Indurain y su magistral quehacer de no salir nunca a los ataques violentos, la mala cabeza de Eugeny Berzin de querer trepar como Marco.

El sumum, el mejor día de ciclismo en mucho tiempo, y una emoción que, veinticinco años después sigue intacta.

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Rissoul hace tres años 

Ese Giro, lo hemos dicho muchas veces, nos recuerda en cierta manera al actual.

Un líder sólido, sin fisuras, fiable, que parece asomado al balcón de su pueblo para celebrar el título hasta que, todo se desmorona.

En 2016, el Giro fue excepcional, cada día una historia que contar y un desenlace increíble.

A jornada de Rissoul se insertaba en los Alpes franceses vía Agnello, uno de esos colosos que guarda nieve a estas alturas de mayo.

 

Desde la mitad de la subida, Esteban Chaves empezó a trabajar en el desgaste de Steven Kruijswijk.

No contendo con verlo Vincenzo Nibali contribuyó decisivamente.

El líder, tan fuerte, tan alto, tan todo, empezó a flaquear en el descenso, ese en el que acabó estampado contra una pared de nieve.

Nibali nunca bajó los brazos y consiguió ganar el Giro.

Una de esas historias que quedan para los nietos porque nadie pudo prever un final así.

 

Val Gardena en el 98.

El Giro es la carrera de las grandes caídas, de nombres importantes que se quedan ahí, detrás, porque sencillamente la carrera no espera.

En el 98, Alex Zulle es una roca, un capo intratable que intimida y comanda la general.

Pero el inquieto Marco Pantani no estaba por la labor de achantar.

Minó y minó al jefe del Festina, hasta que en Val Gardena armó una escapada legendaria con Guisseppe Guerini.

Ambos reventaron la carrera, literalmente, y dejaron fuera a Zulle y a Tonkov en el límite.

A los pocos días Marco Pantani acabaría con el ruso en Montecampione, aquel día perdimos la cuenta de las veces que Pantani atacó a Tonkov.

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En el Pordoi, año 1996.

Abraham Olano perdió el Giro entre el Gavia y el muro del Mortirolo.

Así nos lo contó nuestro compañero Jordi Escrihuela.

Pero un día antes la carrera fue un pañuelo, una suerte de montaña rusa de emociones que culminó en el Pordoi pero que alcanzó la perfección en la Marmolada.

En ese puerto el vigente campeón del mundo, fraguó el día que correría en rosa con una remontada entonces muy típica en él, porque Olano otra cosa, no, pero en montaña se dejaba la vida como gato panza arriba.

Al punto que a veces hasta le salían las cosas.

En la Marmolada vio partir a Tonkov, le tuvo ahí, en esa recta fatal, y le remontó en el tramo final.

El ruso que vinculó sus grandes días al Giro, puso al límite a Olano, pero éste resistió y se vistió el rosa.

Un rosa efímero, sí, pero que cubrió su arcoíris al menos por una jornada.

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Por el Monte Pora, año 2008.

¿Cuántas veces dijo Alberto Contador que fue obligado a su primer Giro?

Aquella carrera fue una prueba más de que el madrileño, a pesar de todo lo que aquí hemos escrito, fue un ciclista de un talento infinito.

Cuenta atrás para la Ciclobrava

Sus rivales, menudos rivales, encarnados en Riccardo Riccó y Danilo Di Luca convirtieron la carrera en una trampa continua que puso a Contador cerca del KO en más de una ocasión.

El peor momento fue aquella jornada gélida y mojada del Monte Pora, aquella etapa que ganara el entonces pistard de éxito Vasil Kyrienka, enrolado en el primer equipo de Oleg Tinkov.

Por detrás, con el auxilio crucial de Andreas Kloden, Alberto Contador encajó todos y cada uno de los golpes de Ricco y Di Luca, en una jornada que quedó en la memoria por transmitir una épica que sólo el Giro, con ese país, esas montañas, esa apabullante primavera que se hace tímido verano, puede ofrecer.

Marco Pantani, 15 años

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Pocos ciclistas marcaron con la fuerza de Marco Pantani

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Dóping, depresión y un frágil carácter acabaron con el Pirata”.

Así titulaban la mayoría de periódicos deportivos (o no) la triste noticia del fallecimiento de Marco Pantani un 14 de febrero de 2004.

Han pasado 15 años.

Y el recuerdo de su memoria, de su épica y del mito en que se convirtió, sigue muy vivo.

Con Marco Pantani nos identificamos todos los aficionados al ciclismo porque encumbró este deporte a la categoría de leyenda y contaba con toda nuestra devoción.

Así era.

Hasta aquella fatídica fecha.

Conservamos, todavía aún, muy frescas en nuestro imaginario colectivo numerosas proezas imborrables de aquel joven escalador italiano, valiente y descarado.

“El elefantino”, empezaron a llamar a Marco Pantani

No hace falta explicar por qué ¿verdad?

Sobre todo cuando atacaba aquel incipiente calvo cuesta arriba, con aquella imagen que nos dejó, viéndolo por detrás, bailando encima de su bicicleta, mucho antes de que se colocara un pañuelo en la cabeza, una anilla en una oreja y se dejara crecer perilla.

«El Pirata», lo llamaron entonces.

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Podemos recordar, por ejemplo, el Giro del 94, donde se dio a conocer, destapando el tarro de todas sus esencias de escalador fuera de categoría.

Fue el Giro que perdió Induráin a manos de otro insolente joven ruso llamado Berzin.

Pantani atacó en el Mortirolo -en una memorable etapa- marchándose en solitario.

Induráin le siguió como pudo.

Berzin se había quedado.

Al llegar al final del descenso, ya en carretera llana, Marco esperó a Miguel y ambos, a relevos, pusieron pedales en polvorosa a la búsqueda del tercer puerto de la jornada: el Valico de Santa Cristina.

En aquella última ascensión, Pantani descolgó finalmente a Induráin, que había pillado una pájara de cuidado, un melocotón tremendo, dirigiéndose solo hacia meta, ganando a lo campeón y haciéndose un hueco entre los grandes del ciclismo.

En el Giro que ganó, el de 1998, intentó distanciar a Pavel Tonkov, atacándolo una y otra vez durante la ascensión del Montecampione, un puerto que se hizo eterno, un coloso de 19 kilómetros de longitud.

Pero el ruso no le perdía la estela. Estaba soldado a su rueda.

A falta de 3 kilómetros, un demarraje fulminante, con su fiel estilo, agarrado a la parte baja del manillar, le dio a Pantani más de un minuto de ventaja sobre Tonkov, que tuvo que ceder finalmente a aquel ritmo diabólico, que fue suficiente para que se alzara con la victoria.

Puede que su día más glorioso fuera la estocada definitiva que clavó a Ullrich en el Galibier, seguida de un descenso a tumba abierta entre la niebla y la lluvia, unida a la victoria en Deux Alpes que hizo que se vistiera de amarillo en el Tour de aquel mismo año: doblete.

Marco Pantani ha sido el último ciclista en ganar el Giro de Italia y el Tour de Francia

Su antecesor: Miguel Induráin, en 1992-93.

El Pirata era un ciclista espectacular, brillante.

Y el aficionado se lo agradecía, en una época huérfana de “caníbales” y “tejones”.

Uno de los grandes escaladores de la Historia, a la altura de Gaul, Bartali, Bahamontes y Jiménez, entre otros.

Hacía mucho tiempo que se esperaba un ciclista como él, sobre todo los tifosi, que encontraron en él a su ídolo, un combativo corredor autoritario y liviano.

El auténtico “señor de las montañas”

Un héroe.

Fuimos muchos los que lloramos su pérdida aquel infame día.

Perico Delgado dijo entonces que “después de su descalificación en el Giro no levantó cabeza. Pensaba que se había tratado de un robo y perdió el autocontrol”.

Marco Pantani era de origen sencillo y modesto, quizás sin muchos estudios, pero los médicos que lo trataron tuvieron mucha más responsabilidad que él en su dopaje.

Jugaron con él.

El dinero mandaba, claro.

El recorrido de la Ciclobrava es de genuino cicloturismo 

Incluso el ex esquiador alpino italiano, Alberto Tomba, expresó su malestar y pena: “se ha encontrado solo cuando más necesitaba la ayuda de la gente”.

Cipollini, el gran esprinter, que puede que cayera mal algunos, seguro que cambiaron de opinión cuando supieron que fue uno de los pocos que ayudaron hasta el final a Marco.

Corredores como Virenque manifestaron su rabia: “estoy indignado. Estaba deprimido y los medios de comunicación lo seguían atacando”.

Unos medios inhumanos.

Hasta Gimondi tuvo palabras para él: “Pantani ha pagado un alto precio por estar en el ojo del huracán después de ser el mejor”.

Al final, todo se resume con la frase que sentenció Anquetil después de la muerte de Tom Simpson en el Mont Ventoux, durante el Tour del 67:

Todos somos responsables de esta muerte. Exigimos demasiado al ciclista”.

 

El escalofrío rosa llamado Giro de Italia

Giro de Italia

Una vez al año, una y no más, hay un escalofrío, una especie de tintineo que mueve la bota itálica.

Nada tienen que ver las charangas sicilianas ni los volcanes especialmente activos por estas tierras, es una sacudida sostenida en tres semanas, una especie de transmisión sísmica que atraviesa la península de arriba abajo y al revés y suele romper en el norte, habitualmente en Milán, el año pasado en Brescia, esta vez en Trieste.

En 2014 el latigazo viene de muy lejos, desde el norte de Irlanda del Norte.

el Giro empezó en Belfast

Hasta Belfast -a los pies del mito del Titanic, hace falta ser cenizo- nada menos se han llevado todo el tinglado rosa para vestir de gala, y en viernes, este Giro que anuncia la época de las grandes vueltas. Si quieren que les diga la verdad, estamos ante la grande más bella porque en efecto Italia fue un país que el creador cinceló para ser surcado por ciclistas, por empedradas calles sin aceras, por hermosísimos rocódromos en el cogollo dolomítico, que en esta tardo primavera se puebla de verde y hermosura, por ciudades bellas a rabiar, por parajes únicos.

Italia es ciclismo, el Giro es Italia, bello, desorbitado, rosa, vivo.

La edición que tenemos sobre el tapete es la primera con Paolo Bellino, como el mito Coppi “un uomo solo al comando”.

Bellino lleva la salida lejos de la madre patria, posiblemente lo más lejos que haya ido nunca una gran carrera, superando incluso esa que el Tour realizó desde Dublín en el infame 1998, pues Francia, por cuestiones tectónicas del pleistoceno cayó más cerca de las islas británicas.

Bellino no contento con el radio abarcado sondea y escucha, próxima parada, quién sabe si Dubái, ahí donde pusieron el huevo no hace tantos meses.

El Giro será una fiesta, pese a quien pese, falte quien falte.

Ser favorito para esta edición se ha convertido en una suerte de estigma para algunos. Richie Porte, eternamente enfermo este año, y Chris Horner, brutalmente atropellado en los lagos septentrionales, no están en la salida irlandesa. Finalmente llegó Purito, que con su semana de pasión entre Amstel y Lieja incluso vio peligrar su concurso. El moreno catalán es la baza hispana, pero así como otras veces me transmitía poder, esta vez no.

También hablan castellano otros grandes pues Nairo Quintana y Rigoberto Uran tienen importantes opciones.

Si este Giro viaja a Colombia

no se extrañen, sería un paso natural en un país que ciclísticamente es una potencia. Completa el vértice de la pirámide el admirable Cadel Evans, que corre en una cuenta atrás, ahora acompañado de su apreciado Samuel Sánchez.

La clase media del Giro incluye a los italianos, algunos también con pocas opciones de hacer algo grande si aquí no lo logran: Ivan Basso, Michele Scarponi –quien fue fichado para ayudar a Nibali en el Tour- y  Domenico Pozzovico.

Luego está Daniel Martin, bueno, abnegado pero difícilmente regular en una cita tan exigente, y también su compañero Nicolas Roche, que bien podría estar en la parte noble de este pronóstico. Muchos años después de Stephen Roche, el Giro sale desde Irlanda y tiene un par de bazas desde las islas.

Mikel Landa y el Giro

Interés tenemos por ver a Mikel Landa, no esperamos mucho de Pierre Rolland, tan dado a su Tour, y cuidado con Robert Kiserlovski. Salvo los cuatro o cinco grandes nombres, el Giro se compone de muchos equipos liderados por segundos espadas que pueden salir de Italia como gallos. Una participación muy mejorable.

¿Y del recorrido qué? Pues como siempre está concebido como una bola de nieve que se hace grande según pierde altura. La carrera atravesará rauda de sur a norte y en este estrecho pasillo continental se frecuentarán cimas con sabor a ciclismo de mayúsculas: Oropa, donde Ugrumov cercó a Indurain, Montecampione, donde Pantani acometió mil veces,  y Zoncolan, una subida por entre pistas de esquí.

Se retoma la anulada etapa de Val Martello –con Stelvio y Gavia, veremos qué pasa con la nieve- y se incluyen dos cronos, la de Baroli, 42 kilómetros de culebreo y toboganes, y la del Grappa, en una subida que otea el horizonte donde crece tan afamada y fortísima bebida. Todo acuñado por numerosas llegadas para velocistas. La alta montaña cayó en saco roto.

Por cierto se cumplen diez años del Giro de Damiano Cunego, el ciclista veronés que nunca más dio el tono de entonces dando pábulo a un reguero de preguntas que este ciclismo loco de un tiempo a esta parte nos impide descifrar.

Pantani Figura del Giro

También es el primer Giro diez años después de la pérdida de Marco Pantani, el símbolo de cómo la inmundicia pudo consumir un mito y una persona al mismo tiempo. Paradójicamente le quieren homenajear en la carrera que fue su punto de inflexión… hacia abajo. En ciertas cosas Italia se parece mucho a España.

 

INFO

Llega la Marcha Desafío Puertos del Guadarrama

El 8 de Junio a las 8:00h en el Polideportivo Martín Colmenarejo (Avenida de los Remedios) en Colmenar Viejo (Madrid) dará comienzo la cuarta edición de la Marcha Desafío Puertos del Guadarrama. Como bien dice el lema de esta edición de 2014 «Los Puertos de Madrid y tú frente a frente«, será una prueba dura con 161,9 km de distancia y eso ya son palabras mayores. Sin duda un gran reto para todos los participantes que se animen a formar parte de esta marcha que seguro que gusta a todos, como ha ocurrido en ediciones pasadas. Contará con el sello organizativo de la Federación Madrileña de Ciclismo que pondrá todos los medios disponibles para que sea todo un éxito tanto de participación como de organización y seguridad.