Marino Lejarreta siempre viajó en la clase noble del Giro

Marino Lejarreta y el Giro

Fue uno de los grandes Marino Lejarreta

El marationano Marino, el bien llamado “junco de Berriz, ha sido una de las grandes personalidades del ciclismo español en el Giro de Italia. El ciclista vizcaíno firmó siete participaciones en la grande rosa y todas las concluyó entre los diez primeros. A esa benigna estadística, cabe añadirle que en cuatro de esas ediciones, Lejarreta concluyó las tres grandes el mismo año.

Corría el año 83, el joven Marino debutaba en el Giro recién llegado de una Vuelta memorable en la que tuvo que declinar ante Hinault. Al fin, el de Berriz se veía en el Giro: “Llevaba cinco años de profesional pero hasta la fecha nunca había estado en el Giro, sí en alguna clásica italiana. Era una prueba que me apetecía mucho conocer”. Con los colores del Alfa Lum, cierto sinsabor recorrió el cuerpo de Marino en su debut. Fue la edición que ganó Saronni y el recorrido dejó mucho que desear. “Fue una carrera muy suave –recuerda-. Se desvirtuó algo la idea que tenía de la carrera con esos grandes puertos de los que tanto había oído hablar”. En el balance, amén del sexto puesto, destaca la segunda plaza en Val Gardena donde perdió ante Mario Beccia, “me ganó al sprint tras haberlo intentado a 2 kilómetros” rememora. Un año después ganaría en ese mismo escenario, “mi día más feliz en Italia” admite. Allí vivió también uno de sus días más duros: “Bajábamos con frío y nieve y lo pasé muy mal. No controlas la bici, te duelen las manos y nunca ves el final”.

Marino lejarreta al Giro 2018

Para Marino “el ciclismo que se ve en el Giro es el típico italiano, muy de clásicas. Se ejerce un gran control por parte de los equipos de velocistas y uno se da cuenta que luchar contra eso es absurdo. La batalla suele platearse al final, sobretodo cuando la televisión entra en directo”. Ese ciclismo a la italiana también se prolonga en las cuentas. Marino, muy querido siempre en Italia, no escatima elogios: “El público italiano es ciclista de toda la vida. No suele ser muy joven, pero sí muy entendido. Posiblemente sea el mejor que haya”. De sus siete Giros se declara admirado por “las Tres Cimas de Lavaredo. Estábamos a un kilómetro de meta y veía tanta gente montaña arriba que pensaba que habían subido más allá de meta”, para su desgracia el gentío se acaba en meta. El Mortirolo es la subida más dura, pero fue en la Marmolada donde vivió un auténtico calvario en 1991. Ese día descubrió a uno de los corredores que más le ha impresionado: Franco Chioccioli. Lo mismo reconoce de Gianni Bugno, “ganó su Giro con una pierna” recuerda, y de Bernard Hinault.

 

Marino en el Giro

1983: 6º

1984 y 1987: 4º

1985 y 1991: 5º

1989: 10º

1990: 7º

Dos etapas ganadas

INFO
Para este Giro100 Qué grande ser ciclista ya tiene su taza de Pantani

La Vuelta que Mauri ganó a contrapié

Hace veinticinco años la Vuelta impuso una costumbre efímera, la crono por tríos. Cada equipo se partía en tres unidades y las situaba a su capricho en la parrilla horaria de salida, una salida que se hacía desde Mérida, desde la escena del teatro romano, donde los ciclistas desfilaron el día de antes que el pañuelo cayera.

 

De la ciudad romana que acogió parte de los jubilados de las grandes campañas del imperio, salió de líder Melchor Mauri, ciclista catalán, de la bella Vic, la cuna de Osona, en el valle de piaras y nieblas casi perennes. Mauri, acompañado de Herminio Díaz Zabala y Anselmo Fuerte, cogía un maillot amarillo, que compartió con sus compañeros de trío los días siguientes y que parecía tan evanescente como la niebla de su querida tierra.

Los días pasaron, paulatinamente se quemaban etapas y la situación seguía siendo la misma. La antesala del primer ciclo clave fue más proclive al líder, Mauri ganaba la crono de Mallorca y las diferencias empiezan a ser significativas. Mauri literalmente volaba contra el crono. Esos días era inalcanzable para todos y para uno en especial, Miguel Indurain, quien perdía esos días las ultimas cronos clave de su carrera pues el navarro se hallaba en los días previos a su gran dominio en el Tour.

La consabida debilidad de Mauri en las montañas era la moneda de cambio para que muchos pronosticaran su ocaso en la punta de carrera, pero hete aquí que la Vuelta en primavera tenía esas cosas, que un día amanecía y resultaba que el cielo había roto sobre tu cabeza y había dejado caer toda la nieve del mundo, esa nieve que dejó impracticable la Bonaigua y el posterior ascenso a Pla de Beret. La etapa para muchos clave no se podía hacer. “Etapa corrida, etapa perdida”.

Al día siguiente, entre restos de la nieve que anuló la etapa reina, la carrera subió a Cerler de donde el líder sale vivo, muy vivo, a pesar del acoso de Indurain e incluso Marino Lejarreta, compañero del maillot amarillo, que en verdad era la baza de su equipo, como con los días se empezaba a astibar. Pero Mauri estaba de dulce, y cada vez que la carrera entraba en la lucha individual, tomaba las riendas, incluso en terrenos sobre el papel hostiles, como la cronoescalada de Valdezcaray, donde el catalán seguía incrementando la cuenta y dejando a sus rivales con la responsabilidad de hacer todos los deberes entre los Lagos de Covadonga y El Naranco.

En las cumbres astures, se comprobaron dos cosas, que el líder encajaba con éxito todos los golpes y que en la ONCE el cuadro si no de guerra civil, era próximo a ella, pues Lejarreta actuaba como jefe en una situación que invitaba a la prudencia por respeto a quien llevaba la casaca amarilla.

El acoso alcanzó su cénit en las tierras donde Pelayo empezó la reconquista, pero de ahí no pasó, no había más terreno, no más que otra crono, por Valladolid, donde Mauri acabó la faena que había iniciado tres semanas antes en Mérida, una Vuelta, toda una Vuelta a España que en Catalunya sigue siendo la última desde entonces y la segunda de la historia, tras que se llevó el discreto Josep Pesarrodona años antes.

Imagen tomada de Parlamento Ciclista

INFO

Conoce las virtudes del Sport de Suunto

La Klasikoa de Miguel Indurain

“Es un superclase” exclamaba Eddy Merckx mientras presenciaba por la televisión el desenlace de la Clásica de San Sebastián. Agosto de 1990, la temperatura es elevada en Donosti y alrededores. La gente puebla el Bulevar, tarde de sábado, muchas personas saboreando el descanso estival. Cita con las estrellas, las estrellas ciclistas, y una que reluce, Miguel Indurain.

Semanas antes es mozalbete alto y moreno de cerca de Pamplona, había dejado sello en el Tour. Sin levantarse, solo con un sutil cambio de ritmo dejó atrás al Greg Lemond que venía a sellar su tercer Tour. Luz Ardiden era el teatro, en medio de los circos pirenaicos. Un paso de testigo sutil, imperceptible a la gran masa enfervorecida que veía ese chavalote volar por fin solo, sin servidumbres para con nadie, con Perico cayéndose del podio y de la jefatura del equipo. A los pocos días ese mismo gigantón caía en las Lagunas de Neila frente a Marino Lejarreta, el incombustible ciclista de Berriz, que le ganaba por la mano una Vuelta a Burgos que tuvo alto voltaje.

La revancha tenía día, hora y lugar. A media tarde de un once de agosto en las primeras rampas de Jaizkibel. Ahí, donde la arboleda aún es densa, Marino quiso abrir la segunda entrega del duelo con Miguel. Fue abrir la caja de Pandora. Apareció el Indurain de Luz Ardiden, el que dio cuenta del tremendo Lemond. Al primer ataque de vizcaíno, Indurain responde con ritmo sostenido, in crescendo, una pesadilla que hacía de rampas llevaderas el muro más infranqueable.

Indurain lo estaba haciendo. Incesante yunque, Marino se descuelga al son de un ritmo horrible que no incluye cambios ni excesos. Es solo eso ritmo. Pero qué ritmo. El navarro volador corona con unos cuarenta segundos y abre el magisterio de cómo rodar el solitario. Si alguien quiso buscar un precedente primero a la crono de Luxemburgo debería prestarle atención a ese primer rodar, como el primer mosto de esos caldos rojos que con el tiempo son tesoros.

Por detrás el desespero, la caza del hombre. Fede Echabe tira y tira en primer persona, pero al relevo pasan Sean Kelly, Tony Rominger y Claudio Chiapucci. Lo hacían en vano. Indurain disparaba la distancia a más de dos minutos en meta. En el Bulevar, incredulidad ante tamaña exhibición. El navarro entra sonriente con el puño derecho en alto describiendo círculos como si estuviera en un rodeo. Acababa de inscribir su nombre en la Copa del Mundo, ese ranking para clasicómanos que rara vez frecuentaban los fondistas tipo Indurain.

Acababa de avisar de lo que venía, sólo era el principio.

Imagen tomada de www.zonacycling.com

INFO

Tú viaja, Nacex te lleva la bici donde quieras

En el Pordoi está el perfume de los Dolomitas

Hubo por estos pagos una etapa mítica hace más de veinte años. Corrían en aquel peloton nombres que suenan a gloria en tiempos en los que los héroes corren escondidos. Fue una jornada de esas que deja la memoria marcada a una generacion, porque la generosidad en la carretera se cobra el recuerdo, el cariño de quien ama este deporte, lo que significa e implica. Y la historia la escribieron con mayúsculas dos gigantes como Claudio Chiapucci y Miguel Indurain, bajo la pertinaz lluvia de los Dolomitas, en el enjambre de puertos del lugar, de subidas inhumanas, aquellos días ocultas y escondidas en la niebla que agarraba con obsesión la piedra del paisaje.

Pero ese día Miguel Induriain, generoso habitualmente, hizo un gesto que dejó huella, quiso pasar primero por el Pordoi, esa edición la “cima Coppi” de la carrera. Quizá supiera el navarro de la vinculación de esa subida con el gran Fausto, quizá supiera de las estelas que adornan la subida en recuerdo del irrepetible ciclista que marcó los tiempos tan hondamente que todos en su país o en cualquier rincón del universo ciclístico le recuerdan como el grandísimo que fue.
En la cima del Pordoi, Jordi Escrihuela nos dijo que hay una bicicleta de Gilberto Simoni, que también hay un monumento a Fausto Coppi, el corredor que un día voló sobre las 33 curvas del puerto, que puso el Pordoi en el mapa.

Pordoi by Bkool
Pordoi by Bkool

Fíjense en Fausto Coppi ¿escala? No, no escala. Corre, sencillamente, como si la mesa fuese llana como una mesa de billar. Desde lejos se diría que ha salido a dar un alegre paseo. Desde lejos, porque desde cerca se ve como se le enflaquece el rostro y se le contrae el labio superior, lo que le confiere una singular expresión de ratón apresado en una trampa

Dino Buzzati, el cronista del “Corriere della Sera”, estaba ahí, en el Giro de 1949, viendo a Coppi volar, distanciar al resto, perpetuar el Pordoi. El narrador de la escena deportiva en la Italia que recuperaba el resuello tras la Segunda Guerra Mundial, plasmó ese Giro que marcó la línea entre Bartali y Coppi.

Dicen que hay cimas más duras, más altas, si se nos permite, hasta más fuertes, en los alrededores, pero el Pordoi es la esencia de los Dolomitas. Cercado por el Sella, la Marmolada, aquí se tienen las mejores vistas, incluso de los puertos suizos cuando el verano cae sobre las cumbres que rebosan nieves perennes. El sitio vivió otras batallas, como en el Grappa, osarios recuerdan soldados que se dejaron el aliento en las guerras mundiales.

Sin embargo el lugar está prendado de Coppi y su figura, quizá por eso Franco Chioccioli, el corredor que más se le asemejó sentenció un Giro, el de hace 25 años, ante el desespero de Marino Lejarrera. No es el más, duro, como dijimos pero su sucesión de curvas, rítmicas, casi sinfónicas le confieren carácter musical, primero entre pinos, luego con la singular flor de edelweis como testigo. Arriba está cima, esta vez la «cima Coppi».

Asaltad el Pordoi desde la salita de estar, Bkool lo tiene en su sistema…

Ciclismo en barrica de roble

No sé porqué, no me digáis, pero da la casualidad que muchas pruebas ciclistas clásicas se celebran en zonas vitivinícolas. Ocurrió por primera vez en la Toscana italiana, luego en la Borgoña francesa y aquí tenemos nuestro querido Penedès. Las zonas vinícolas cuentan con una red de caminos y carreteras entre viñedos que son ideales para rodar en bicicleta.

Hubo un día que grupo de cicloturistas de la Unió Ciclista Vilanova, empezó restaurando algunas bicicletas clásicas que teníamos semi abandonadas. Luego participamos en l’Eroica, en plena Toscana y de allí volvimos emocionados.

Y pasó lo que tenía que pasar, y nos preguntamos porqué no en el Penedès, nuestra comarca, llena de caminos asfaltados tranquilos entre viñas y bodegas.

Dicho y hecho, en 2011 empezó todo. Pura nostalgia y romanticismo nos movieron. En el colectivo ciclista igual que en otros, nos gusta vivir y admirar el pasado, todos tenemos en mente imágenes, vídeos o pruebas a pie de carretera desde pequeños. Todos admiramos  un constructor de cuadros, esos maillots de lana, esas gorras,..  todo artesanal, todo tan emotivo.

La épica del ciclismo de antaño, sus largas escapadas, los ataques a pie de puerto, todo aquello lo recordamos y lo reclamamos cuando vemos carreras de la actualidad. Pero es que incluso los jóvenes intentan recuperar materiales y valoran las bicicletas de antes, las consideran como auténticas piezas de museo.

Como is dije arrancamos nuestra “La Pedals de Clip” en 2011. Fuimos ocho ciclistas desde Vilanova i la Geltrú. Meses antes ya estábamos poniendo a punto nuestras viejas monturas. Al dejar el carbono, los automáticos y los materiales modernos nos preguntamos  cómo habíamos podido montar esos hierros. Al finalizar ochenta kilómetros, sólo ochenta kilómetros, nos dolía todo, las manos, los pies, espalda, pero quedamos enganchados al ciclismo clásico.

Al año siguiente hicimos una convocatoria vía redes sociales y el blog con el nombre de “La Pedals de Clip” con 45 ciclistas en la salida desde Sant Cugat Sesgarrigues. Allí empezamos a ver el boom y el interés del personal por ese tipo de ciclismo. En 2013 dimos el salto pusimos la salida y llegada en Sant Martí Sarroca, un lugar ideal con una llegada preciosa en un castillo e inglesa románica. Vinieron algunos profesionales como Recio, Prieto, Edo, Iturat, Pedro Torres, etc… y empezamos a hacer homenajes. El primero fue a Miguel Poblet, que por desgracia falleció quince días antes. En esta edición ya viene 145 ciclistas.

Hace dos años nos hicimos mayores: 240 participantes, nos vienen algunos ingleses con un gran homenaje al polifacético Jaume Mir, el hombre anuncio, asistente y gran persona con más de cincuenta años en las llegadas de las grandes pruebas. El año pasado conseguimos traer a Pedro Delgado, en el treinta aniversario de su victoria en la Vuelta a España del 85 con el equipo MG-Orbea, siendo Gin MG una empresa de nuestra ciudad y el principal esponsor de nuestros maillots. En esta edición participan 425 ciclistas.

No es sencillo montar todo esto. Son muchos trámites, cada vez más complicados, cabe tenerlo todo al día, desde la ambulancia, permisos de tráfico y seguro de los ciclistas a personal de protección civil en los cruces más importantes y marcar con flechas las dos rutas, al margen de las inscripciones, las bolsas de los participantes, los avituallamientos, los regalos, los sorteos y un largo etcétera.
Pero nuestro fin de semana no se resume en la marcha, intentamos crear “caliu”, ambiente vamos, para el sábado tenemos conferenciantes, charlas, exposición…

Complace ver que cada año tenemos más participantes jóvenes. Parece que ha calado fuerte la épica del ciclismo de antaño. Vemos que restauran bicicletas, buscan maillots y zapatillas de la época. Supongo que la moda fixie ha ayudado un poco. También las imágenes de pruebas ciclistas de antes fomentan este tipo de ciclismo, ver a Coppi, Bartali, Merck, Ocaña en acción emociona, eran unos auténticos héroes.

Luego está el impacto en la zona. La implicación del pueblo de Sant Martí Sarroca ha sido ejemplar, nos han acogido muy bien y creen en la prueba. Poco a poco nos han ido colaborando algunas bodegas, la DO Penedès. Los avituallamientos llevan producto de la zona y el regalo incluye botella de vino de la zona. Las casas rurales y hoteles se van llenando esos días y los familiares visitan bodegas en el tiempo libre.

Este año os esperamos ya desde el sábado 21 de mayo, en las dependencias del Castillo de Sant Martí Sarroca con una exposición de pintura sobre ciclismo clásico del reconocido pintor Miguel Soro (Xàtiva), una exposición de maillots y material clásico de la mano de José Pérez (Jaca), una de las colecciones más importantes de España, y una charla coloquio sobre ciclismo clásico con Marino Lejarreta (exciclista), Orestes Ribó (zapatillas Ribó), Jaume Mir (polifacético personaje), Sisquillo (mecánico de equipos profesionales y de Orbea), Rubén Peris (President de la Volta ciclista a Catalunya) y Bernat López (editor de Cultura Ciclista).

Ah, y el domingo la marcha en la que Marino sacará su Olmo de la época del Alfa Lum, con una feria y mercado de material, maillots, bicicletas y revistas en la explanada del castillo.

Queremos que “La Pedals de clip” no sea tan solo una prueba ciclista más, que sea un evento de fin de semana dedicado a ese tipo de ciclismo, rutas, charlas, exposiciones, museo, homenajes, videos, fotos, en definitiva recuerdos y romanticismo.

Por Carles Soler- UC Vilanova

Imagen tomada de www.lapedalsdeclip.cat – Angel F. Santos

Y Txomin volvió a dirigir a Marino

Marino lejarreta al Giro 2018

Señaló al cielo. Rodeó la nube con su índice. “Esas nubes pueden traer lluvia” indicó. “Vienen del oeste, todas las borrascas llegan por ahí” concluyó Txomin. El frío invade Arrate, la cima eibarresa, verde, gélida y húmeda. En pleno enero, el lugar está desierto, tranquilo, solo, sin nadie que interfiera, ni voces que se confundan con las reflexiones de Txomin Perurena, acompañado de Marino Lejarreta y José Cruz Mujika, el hermano mayor de Jokin, rememorando sus años en el equipo Orbea.

Marino, joven, ganó la Vuelta a España en la puñalada que Angel Arroyo siempre llevó consigo, por ese positivo sacado a la palestra cuando la carrera había ya concluido. Marino vestía los colores del Teka de su padre Txomin y decidió probar lejos de casa, en Italia, en el equipo alfa Lum. En aquel paso Txomin le aconsejó, sabiendo que la experiencia internacional iba a ser buena para esa perla surgida de Berriz, en los contrafuertes de Urkiola, donde el ciclismo palpita con la gente y la tierra.

Marino quemó varios años en el Alfa Lum, uno de ellos, el primero, fue el de su triunfo en la primera ascension a los Lagos de Covadonga, en un pulso franco y sin intermediarios con Bernard Hinault. En el otoño de 1983 se supo que Orbea iba a ser parte del peloton profesional. La fruta en las piernas de Peio, Jokin y compañía había madurado lo suficiente. Para la empresa llamaron al mago de Oiartzun, a Txomin, otra vez en el redil, seducido por Peli Egaña, a la causa azul.

Y Txomin trabajó en la plantilla lanzando a los cuatro vientos un anhelo que tardó en plasmarte: “Marino y su hermano ismael estarán en Orbea”. Pasaron dos años para que aquello fuera una verdad. En 1986 Marino estuvo en casa, en su casa, con el mentor de su vida, con Txomin, y la marca de la bici de su padre, Orbea, en una campaña complicada que se solucionó el día que ganó una contrarreloj en cuesta en El Naranco con los mejores de la Vuelta a su rueda. Al siguiente año, con los colores del Caja Rural, Marino completaba por primera vez las tres grandes en un año.

Este domingo en Ordizia, treinta años después, todo aquello que quedó en la nebulosa de la memoria volverá a ser una realidad. Marino es homenajeado en Ordizia, el lugar que da vida a la clásica y por el recorrido de ésta rodarán muchos de los que un día compartieron vida profesional con un ciclista que fue un grande sin duda, una persona que muchos años después conserva el encanto de una modestia que no se dobló por la ambición alimentada por el trabajo concienzudo y constante. Txomin lleva el equipo de Marino, el ciclista que se merece este homenaje y mucho más.

Entre los Lagos y el Angliru está la esencia moderna de la Vuelta

Hace treinta años la Vuelta a España vivió su mejor edición. Aún en abril, con las nieves en deshielo, el frio e inestabilidad reinantes en la época, y una excelente nómina en su partida, aquella España que Laurent Fignon describe en su libro como la “puerta del Tercer Mundo” puso el escenario a una excelente carrera.

Sin duda aquella mítica edición tuvo dos momentos álgidos, el más recordado, el de Avila, con aquella escapada teñida de rabia y genio armada por Bernard Hinault. Pero el otro fue el hallazgo de un lugar que sin duda marcó inflexión en la historia de la carrera, pues a juicio de muchos fue el símbolo que la dotó de una modernidad que además llegaba televisada.

Nos referimos a los Lagos de Covadonga. Marino Lejarreta en azul, con una sensacional ascensión bautizó el lugar dándole el áurea de lugar casi sagrado para la Vuelta a España. Desde entonces muchas veces se ha llegado hasta aquí, Laurent Jalabert, Pedro Delgado y Lucho Herrera repitieron victoria, y en su umbral atravesó victorioso un buen número de escaladores.

Dieciséis años después de entrar en el libro de la Vuelta, el clamor popular por hoyar nuevas cimas que desplazaran la viejas y más consolidadas subidas de la carrera, puso en el mapa un lugar en el corazón astur que respondía, recuerdo, en los días de su descubrimiento al nombre de La Gamonal. Era un Mortirolo a la asturiana. Si Hinault comparó lo Lagos con Alpe d´ Huez,  el nuevo sitio tenía su reflejo en los Dolomitas.

En 1999 ese sitio, que en la nomenclatura de la carrera pasó a llamarse Angliru, y así para los siglos de los siglos, vio un buen espectáculo de ciclistas retorcidos haciendo de su cuerpo una espiral de dolor e intensidad. El lugar además se hizo famoso por la densa niebla que lo atosigaba y lo complicado de seguir la carrera con fidelidad. Cuando el Chava Jiménez superó a Pavel Tonkov en el último suspiro nadie supo qué pasó con certeza en los últimos dos kilómetros porque aquello era una ciénaga de humedad.

Y desde entonces ahí tenemos el Angliru, a veces solo, como es el caso, y otras acompañado por los Lagos de Covadonga. Alberto Contador, Roberto Heras, Gilberto Simoni y Juanjo Cobo son los nombres que luce un aún pequeño palmarés que negro sobre blanco es aún más importante si atendemos al simbolismo de un lugar que ha sido pionero en cambios muy profundos en la configuración de la carrera pues con el Angliru hemos aprendido que las pendientes de un puerto son titulares más allá incluso de la gesta de los ciclistas, hemos visto que el clamor popular puede ser recogido y canalizado por la organización y hemos comprobado como los finales “tipo Angliru” se han prodigado de tal manera que los mentores de las carreras, Giro y Vuelta principalmente, se han lanzado a una cuasi desesperada búsqueda de rampas que superen el veinte por ciento como las únicas garantes de dar un espectáculo digno. Dentro de treinta años comprobaremos si esto fue una moda, o se convirtió en norma. Ahora mismo creemos que está más cerca de lo primero.

Foto tomada de comunidad.lne.es

 

Serie mitos: Sí, Marino Lejarreta fue otro grande

Decían que era un junco, que jamás se doblegaba. Con Marino Lejarreta crecimos y creímos en este deporte. Su entrañable carisma e inmensa humildad nos lleva a recordar este vídeo cuando ganó su primera y única etapa en el Tour de Francia. Fue en 1990, en un desolado paraje llamado Macizo Central, en Millau. Lejarreta culminó ese día un gran logro, no sabemos si el mejor de su carrera pero sí uno de los que más ahínco mostró para alcanzarlo. En la narración las metálicas y añejas voces de Pedro González y Emilio Tamargo.

Pocos días después de perder a Iñaki, queríamos un pequeño poso para esta familia de Berriz que esperemos vuelva a saborear días de alegría ahora que la estirpe incorpora un miembro más.