Mario Cipollini y un equipo de ADN italiano

Elia Viviani - campeón italiano JoanSeguidor

Para Mario Cipollini es viable que Italia vuelva a tener un equipo en el WT

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Muchas veces, y últimamente lo hemos retomado, nos hemos preguntado por qué diantres el ciclismo italiano, otrora luminoso y casi hegemónico ciclismo en el pelotón, no tiene equipos de World Tour.

Las respuestas obviamente señalan a temas de economía, pero también a la pretendida y conseguida globalización.

Hay plazas contadas para muchos equipos y sitio para todos no existe.

Así las cosas hemos leído a Mario Cipollini hablar sobre el tema.

Aupado en ese gobierno que defiende tanto lo italiano, con Matteo Salvini al frente, Mario Cipollini ve en este fragor de patriotismo exagerado que vive la bota, un momento bueno para que se devuelva la bandera italiana al World Tour.

Y puso un ejemplo muy gráfico.

Si el Giro de Italia es capaz de congregar diez millones de personas, con dos euros que pusiera cada una, el tema estaría resuelto.

Sencillo o no, que el país del Carrera, Mapei, Polti, Gatorade, Fasso Bortolo y otras muchas estructuras esté huérfano en el máximo nivel, llama mucho la atención.

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En definitiva, por eso, no hay equipos italianos en el World Tour, pero sus estrellas, técnicos y auxiliares están bien distribuidos por medio mundo y en especial por los equipos de capital árabe.

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Fabio Aru y Vincenzo Nibali encabezan sendas estructuras de la zona, eso es tan cierto como que Astana también habla italiano e incluso que casi todas las grandes marcas de la bota, en especial las lombardas y del Véneto están bien instaladas en el máximo nivel.

Es más, la pista italiana crece y saca talentos como Ganna, que es el primer líder del Tour de la Provenza.

Aunque con sus baches, sigue saliendo adelante.

Y eso, aunque no sea de forma directa, también lleva esa bandera italiana que Mario Cipollini quiere clavar en el máximo nivel del ciclismo.

Más de medio siglo de Mario Cipollini

Mario Cipollini JoanSeguidor

¿Qué ciclista alcanzó la popularidad de Mario Cipollini?

Hace un cuarto de siglo el ciclismo tenía grandes figuras, como ahora vamos. Estaba Miguel Indurain, Tony Rominger, Laurent Jalabert… grandes figuras, referencias por donde pisaban, candidatos a las mejores victorias, pero sin embargo, ninguno caminó por la cresta, como Mario Cipollini.

Cuando el ciclismo busca corredores que trasciendan su oficio, se muestren como auténticos creadores de opinión, que catapulten tendencias, los podemos contar con la mano.

Si vamos atrás, veremos que en esa esfera se situaría Coppi, Bartali y Anquetil, en tiempos muy pretéritos.

Luego le seguirían Merckx e Hinault, quizá incluso Fignon, Y llegaríamos a la actualidad con Peter Sagan.

En su generación, quizá nadie ejemplificó esa suma de carisma, palmarés y autoridad como Mario Cipollini, incluso por encima de corredores con mejor palmarés que él, aunque de esos tampoco hubo demasiados.

Mario Cipollini fue el ciclista redondo

Cualquiera que recuerde su aureola, su atractivo en las llegadas, su innegable magnetismo femenino, incluso los modelos que a veces tuvo a bien lucir, como los maillots de anatomía humana o aquel «cebrado», supo que no era un corredor más.

Si hasta lo «fálico» de su apellido era material de chascarrillo para muchas personas que ni siquiera seguían el ciclismo.

Sus «hazañas» dentro y fuera de la carrera, la agitación por los hoteles por los que pasaba, el homenaje que le realizó a una pareja muy apasionada en la cama en uno de los hoteles donde durmió –así lo cuenta Sergi López en uno de sus cuentos– incluso lo bien que lo hizo en un concurso de striptease, como cuenta Perico en otro de sus libros, hacen de Mario Cipollini un personaje irrepetible para el ciclismo y el deporte, mucho más allá de las revelaciones y acusaciones que le persiguen.

Hoy Mario Cipollini cumple medio siglo más un año y su palmarés se resume rápido en ese tweet. El italiano también es otro de los grandes nombres de la historia de la Volta que rueda estos días. Alejandro Valverde opta a cazarle en número de etapas ganadas.

Con Cipollini surgió esa palabra hoy tan extendida de los «trenos» en el sprint, el trabajo laborioso y concienzudo de aproximación a la volatta que el ciclismo moderno lleva al extremo con esas tomas verticales donde se ven los equipos en fila india llevando sus velocistas.

Mario Cipollini Instagram JoanSeguidor

Incluso podríamos decir que sigue siendo noticia por donde pasa, en los actos de su marca y en las fotos que protagoniza como Dios le trajo al mundo.

En un deporte agonístico, lleno de personajes que son alambres humanos, machacados por los elementos y la fatiga, el lustre y brillo que Mario Cipollini sabe darle al ciclismo ha sido, es y será realmente único.

Imagen tomada de Pinterest

INFO

En abril tienes una cita, la Cambrils Park, un fin de semana lleno de ciclismo y retos. 

Pagar por ganar

En los últimos veinte años han habido dos mundiales que se han resuelto al sprint, cuando todos los pronósticos previos apuntaban a este desenlace. Es muy posible que el domingo en las tierras ganadas al mar de Doha se repita esa escena: un peloton masivo jugándose las preseas de la carrera más bonita del año sin que nada ni nadie puedan evitar el sprint final.

Uno de esos mundiales, el otro es el de Copenhague que ganó Cavendish, es el de hace catorce años en Zolder, una carrera más llana que la palma de una mano que acabó coronando a Mario Cipollini, la guinda a una carrera realmente magnífica en registros y triunfos. El ciclista de Lucca precisamente ha hablado en la previa de los mundiales de fondo y ha sorprendido por lo irreverente de sus declaraciones, pues puso sobre la mesa otro tema, que no es el mundial en sí y sí la otra carrera de un día más notable del año, la prueba de fondo de los Juegos.

Nibali tendría que haberle ofrecido dinero a Henao para no arriesgar tanto en el descenso

Así, plim, sin problema, sin pelos en la sin hueso, como si al ciclismo le hicieran falta estas cosas, como si este deporte no fuera sobrado de sospechas e historias raras, historias por cierto comunes a todos los deportes, pero que todos atribuyen al ciclismo con especial celo e insistencia.

Cipollini habla de costes, de primas, de lo que queda limpio al corredor y dice que “lo que debería haberle ofrecido a Henao era ridículo con la ganancia”. Con dos narices, es tal el conocimiento que exhibe el toscano que pone en solfa toda su trayectoria deportiva, marcada por el éxito abrumador, a veces con mejores formas, otras no tanto, y casi siempre con equipos que bloqueaban, literalmente, la carrera. «Il treno» rojo de Saeco marcó el camino de otros.

Cipollini es en la actualidad dueño de una marca de bicicletas que llevan su nombre, suponemos que el trapicheo formará parte de su cultura empresarial, lo mismo que distinguir entre clientes y otros, como hace con Henao, a quien “ganar el oro tampoco le hubiera supuesto mucho”. No sé qué pensará Henao, ni siquiera Uran, que fue batido por la mano por Vinokourov, otro sospechoso de hacer correr el dinero en grandes carreras, en los Juegos Olímpicos.

Es algo que siempre se ha hecho. No compras la victoria, sí la colaboración” añade. Con dos narices. Bien, perfecto. Si el COI tenía el ciclismo bajo la lupa sólo le falta saber y corroborar que eso que dicen las leyendas, los “Felipe González” del ciclismo, es cierto y encima en sus competiciones. Si alguien de esta mal llamada “familia ciclista” quiere echarse mierda sobre el tejado, que llame a Mario, que éste mostrará la contundencia que tenía para entrarle a las azafatas.

Imagen tomada de http://espanol.eurosport.com/

INFO

Ya está aquí el nuevo rodillo inteligente de B​kool​, el Bkool Go. La marca, líder en la gama de rodillos inteligentes, lanza un nuevo modelo que destaca por su calidad y su bajo precio. El Bkool Go es un rodillo que no sólo responde a las necesidades de la mayoría de aficionados al ciclismo, sino que además, se adapta a todo tipo de bolsillos. Capaz de simular pendientes de hasta un 8% gracias a sus 800W de potencia, este nuevo rodillo consigue trasladar a cada hogar las sensaciones de rodar en la carretera por sólo 345,99 €. También incluye tres meses de suscripción premium al simulador de ciclismo de Bkool.

Silencioso, plegable y ligero, con menos de 10 kg de peso, el nuevo Bkool Go es 100% compatible con todas las funcionalidades del simulador de ciclismo de Bkool. No importa el sistema o la bicicleta que utilices, el Bkool Go puede conectarse con dispositivos externos ANT+ y Bluetooth Smart y es compatible con todo tipo de bicicletas, incluidas las de montaña. Además, al igual que los anteriores modelos de la compañía, es fácil de montar y guardar, pensado para que el usuario sólo tenga que preocuparse por el tipo de entrenamiento que desee realizar cada día.

Podrás sentir en tus piernas la dureza al ascender Alpe D’huez o la inercia del descenso, participar en increíbles competiciones de velódromo apreciando el rebufo cada vez que te pones a rueda de un rival o realizar entrenamientos profesionales basados en zonas de potencia de forma automática, todo ello sin necesidad de salir de casa y a un precio muy económico.

San Remo salva su esencia

Imperia es una de las ciudades que la Milán- San Remo atraviesa inmisericorde en su recorrido por las quebradas costas de la Liguria. Una ciudad que dura lo que dura un silbido, atravesada a toda hostia, sin tiempo a admirar su excelente avenida porticada, clásica como todo en Italia, que atraviesa una  plaza también porticada de medio punto. Ya saben Italia me confunde, como al cubano ese las noches.

El camino hacia esta Milán- San Remo ha tenido curvas y desprendimientos. Pompeiana es el nombre de la discordia. Una subida que sin llegar a la dureza de la Lieja sí se asemeja bastante a lo que tenemos en la decana. Pompeiana se sitúa cerca de Imperia, en su región. RCS anunció su inclusión, pero las inestables condiciones del terreno invitaron a no subirla. A ver, creer les tenemos que creer, pero esta gente de RCS  mete tantos cambios en sus perfiles que sinceramente, no sabemos qué pensar.

Pero más allá de los motivos objetivos que desaconsejan su tránsito tenemos las consecuencias deportivas. Chris Froome y Alejandro Valverde han sido dos de los que se borraron de correr la grande de primavera a la vista de su ausencia.

Sinceramente, celebro que no se ascienda tal dificultad. Y lo hago porque la esencia, la gracia de San Remo es ser capaz de romper el sprint a mil por hora. Es complicado, resulta obvio, casi nunca se logra, también, pero hay que probarlo.

En Cycle Sport publican un gráfico sobre la cantidad de ciclistas que disputaron el triunfo en los últimos 25 años y ocurre algo sorprendente. Hasta 1997, San Remo corrió entre un o dos ciclistas. Fueron los tiempos de Sean Kelly, Laurent Fignon, Gianni Bugno, Maurizio Fondriest, Laurent Jalabert y Giorgio Furlan. No olvidemos a Gabriele Colombo. Luego la carrera tuvo un dominio de los velocistas, Erik Zabel, Mario Cipollini, Oscar Freire y Alessandro Petacchi, principalmente, hasta llegar a la inconcebible victoria de Mark Cavendish y la posterior de Matt Goss en lo único reseñable de su carrera deportiva. Sólo Paolo Bettini, Filippo Pozzato y Fabian Cancellara, éste por partida doble pues hace dos años le sirvió en bandeja el triunfo a Simon Gerrans, quebraron la disciplina del grupo. No contamos la edición del año pasado porque las circunstancias, acabó siendo una “mini carrera” en medio del diluvio, influyeron decisivamente.

Con todo venimos a decir que el reto, aunque mayúsculo, es posible, y la presencia o no de la Pompeiana no debe ser argumento en una u otra dirección. Es eso lo que valoramos de los monumentos, su esencia y tradición, por encima de las costumbres y usos. Supongo que la cumbre de la discordia entrará en 2015, pero entonces ya no será una San Remo como las de siempre.

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Eurosport presentó este viernes en BCN su programación para el ciclismo. Entre otras novedades se visten de gala para recibir los comentarios de uno de los más grandes de siempre, Greg Lemond, y de un clasicómano recién retirado, Juan Antonio Flecha, quien encontrará entre ola y ola, un rato para acompañar una pareja que he tenido ocasión de conocer en persona, la formada por Antonio Alix y Eduardo Chozas, dos tipos con los que te podrías pasar horas conversando sin repetir tema.

Una vez conocimos la programación de Eurosport, que se hace llamar con razón “la casa del ciclismo”, y llenados generosamente nuestros estómagos, el autor de este mal anillado cuaderno participó del en el programa Planeta Eurosport. En este enlace podéis acceder a los cuatro audios. Como bien le dije a Fernando Ruiz, fue un placer.

Imagen tomada sicycle.wordpress.com

La dura vida de un velocista en la Vuelta

Yo crecí, recuerdo, con Alfonso Gutiérrez, Manuel Jorge Domínguez, Antonio Esparza, Jaume Vilamajó –si no me equivoco el último español que ganó en la meta de Madrid-,… vi grandes de la velocidad ganar en la Vuelta una, dos o tres etapas en la misma de edición, cuando no de una tacada: Eddy Planckaert, Guido Van Calster, Stefano Allocchio, Jean-Pierre  Heynderickx, Uwe Raaab, Silvio Martinello… Vimos el gran duelo de los albores de los noventa en terreno Vuelta, el de Jean Paul Van Poppel, el limpio, el veloz, el elegante, frente a Djamolidine Abdoujaparov, el tosco, el sucio. Incluso dos equipos patrios tuvieron a proa dos velocistas de postín: el holandés Mathieu Hermans en el Caja Rural y Malcom Elliot en el Teka.

Esos nombres son también Vuelta, fueron su historia, construyeron etapas, culminaron emociones. Con ellos se abrió el periodo de los Nicola Minali, Jan Svorada, Robbie Mc Ewen, Adriano Baffi, Mario Cipollini, Erik Zabel,… y así hasta los hombres rápidos más recientes.

Este veloz paseo por algunos de los velocistas que pisaron con fortuna la Vuelta a España responde a la total ausencia de estos en la edición que toca a su fin. En esta carrera sólo el bello paraje de Sanabria ha tenido volatta como tal y la ganó un buen ciclista, como Michael Matthews, tras el único trabajo ordenado y exitoso de un equipo en pos de un sprint, el Orica. El resto de llegadas que se presumían en embalaje masivo ha  sido arruinado por la mera inexistencia de una apuesta por el triunfo parcial y el control que supusiera un sprint al final.

Es obvio que siempre hemos considerado las jornadas con final al sprint como meros hilos conductores entre etapas de perfil montañoso. Se trataba de un tedioso transitar hacia la meta de turno mientras la gente de la general guardaba armas de cara a Cerler, Lagos o Naranco, como cimas de referencia en la época. Eran etapas consideradas “minutos de la basura” pero redondeaban las tres semanas de competición, las completaban y daban un sentido circular y equitativo.

Ahora nada de eso ocurre. La presencia de velocistas en la carretera de la Vuelta ha sido nula, se aportado todo a finales complicados, no todos igual de justificados, y se marginado esa especie de ciclista que siempre ha dado espectáculo y servido buenos duelos. Una pena por que una carrera moderna tiene que apostar por escenarios nuevos –la Vuelta lo hace- y finales que escruten el espectáculo pero también por un grado de equilibrio que al menos dé la sensación de que los casi doscientos tíos que toman la salida han tenido cada uno su momento para brillar.

Foto tomada de Forocoches