Cuando Cañardo dominó la #Itzulia

En una jornada para enmarcar la Itzulia cayó del lado de Cañardo

Viajamos a la España de 1930, cuando Mariano Cañardo, “El primer campeón”, incluyó una Itzulia en su abundante palmarés.

Aquello no fue sencillo, aquella Itzulia Cañardo se la apropió tras una épica jornada que tuvimos ocasión de explorar cuando escribimos su increíble historia.

A saber, dominaba una leyenda como Antonin Magne, y con todo el pescado vendido y un rosario de desgracias en el camino, Cañardo lo puso todo para que aquella Itzulia fuera suya casi bajo la campana. Aquí os dejo el relato de aquel día.

 

 

Porque quedaba un día, el último, el del todo o nada. El cuarto trayecto de aquella Vuelta al País Vasco moría en la margen derecha de la ría bilbaína, al final de todo, en Gexto, y más concretamente en su barrio de Las Arenas. Una jornada quebrada, incesantemente dura, de curva y contracurva al galope por toda la costa vasca, transitando por Zarautz, Deba, Eibar, Gernika y Plentzia. Pero el día, eminentemente costero, tuvo un punto y aparte en un alto, una subida mítica que reclamaba respeto. Antes de llegar al Alto de Sollube, el Styl de Mariano empezó a marear al equipo de Magne con movimientos en Autzagane, a las puertas de Amorebieta. Magne salió todas las veces que se requirió pero cada vez con más dificultad. Marino no cejaba en su empeño, seguía tensando, espoleado por una muchedumbre enronquecida por unos gritos que se le grabaron en el alma. Finalmente Magne cedió. Había sido demasiado. Mariano coronó primero Sollube con un minuto escaso sobre un líder que encontró apoyos por el camino. Magne limitaba los daños y parecía que iba a hacer imposible la hazaña de Mariano. Sin embargo éste redobló esfuerzos.

La caza de Magne parecía estar dando frutos, y el francés llegó a tener a doscientos metros al español. Una fina línea les separaba, una invisible cuerda trenzaba sus destinos. La suerte parecía echada, la hazaña de Mariano parecía más que improbable. Pero entonces, de forma increíble la distancia no solo no disminuyó, sino que se estancó y empezó a crecer de nuevo. La cuerda invisible se rompió. Mariano no rodaba, volaba entre vítores, espoleado por un público que le abría un estrecho corredor hacia la gloria. Tanto grito, tanta carne, tanto hueso, Mariano corría como en un pabellón, un largo pasillo con el cielo por bóveda. Resonaban los jaleos en su oído, casi se podía sentir el eco del momento. Mariano cruzó la meta sita en el velódromo de Ibaiondo con unos cuatro minutos sobre Magne. Cuatro minutos, a los que cabía sumarles tres de bonificación que se llevaba el primero como premio al arrojo y a la apuesta por la victoria. Mariano había ganado la Vuelta al País Vasco con menos de un minuto de ventaja, y lo había hecho en el que siempre recordaría como su mejor día encima de la bicicleta.

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1930 estaba siendo un año indescriptible para Mariano. Con 24 años había alcanzado la cumbre de su evolución física. Su método consistía en cuidarse fuera de competición y en planteamientos tácticos cada vez más acertados dentro de ella. Antes de su victoria más especial, esta de Las Arenas que le reportó la general del País Vasco, había ganado su tercera Volta a Catalunya, en lo que significó su doctorado en la ronda más antigua del calendario español. Hasta la fecha, en casi veinte años nadie había ganado tres veces la carrera; Mariano lo hizo entonces, si bien su proyección iba a ir mucho más allá.

País Vasco, la contracrónica

Antes de celebrarse la etapa decisiva, la sexta y última, corrida bajo la exigente modalidad de contrarreloj, con salida y llegada en la localidad guipuzcoana de Éibar, podíamos abrigar nuestras dudas en torno al resultado final ante la incógnita que representaba una diferencia de tiempo de tan sólo seis segundos entre el colombiano Sergio Luis Henao, líder en la vigilia, y el español Alberto Contador, que le venía pisándole los talones.

Han sido los dos justos protagonistas del periplo vivido en tierras vascas. Contador se impuso con un poder resolutivo extraordinario y al compás de las manecillas del reloj, última etapa, quedando el litigio debidamente aclarado en una conclusión muy emotiva bajo el entusiasmo de las gentes norteñas allí presentes. La victoria correspondió al mejor aunque mediara en el balance final una diferencia mínima entre uno y otro de una docena de segundos.

 

Cómo dar emotividad a la prueba

Cabe puntualizar que la Vuelta al País Vasco, que ha reunido un lote de figuras de cierto prestigio, celebrando su 56ª edición, ha discurrido a través de un escenario complicado. Se puede afirmar que todas las etapas sin excepción se cubrían bajo un itinerario algo intrincado con la inserción de numerosos puertos de montaña que constituían un buen aliciente para los aficionados y una pesadilla casi constante para los ciclistas obligados a subir y bajar con abrumada persistencia a lo largo de cada etapa en disputa.

Otro ingrediente que no ha podido faltar ha sido, por lo general, el tiempo reinante más bien lluvioso, especialmente en el último sector cronometrado que tuvo la prueba. Las carreteras sinuosas y estrechas en parte se transformaban como por arte de magia en verdaderos espejos resbaladizos que suponían un riesgo más para los esforzados hombres del pedal. Una muestra de ello fue precisamente, repetimos, la etapa decisiva de contrarreloj que los organizadores con oportunismo y habilidad colocaron en la última jornada para dar más agitación a la carrera. El esfuerzo individual cara al viento marcó la pauta que todos nosotros bien deseábamos.

 

A la cuarta va la vencida

El madrileño Alberto Contador, que en los albores de la presente temporada, venía persiguiendo con férrea voluntad un triunfo absoluto, léase Vuelta al Algarve (3º), París-Niza (2º) y Volta a Catalunya (2º), dio el golpe de gracia en el último asalto, la sexta etapa, a través de un itinerario nada fácil y con una dureza que se reflejó en los seis primeros kilómetros, una ascensión que se las traía, que favoreció en gran manera al ciclista madrileño ante el acoso que le ofrecieron los colombianos Sergio Luis Henao y Nairo Quintana, que no dieron, tal como se palpó, el brazo a torcer. No es ningún desdoro valorar la actuación de Henao, clasificado a fin de cuentas a 12 segundos del ganador de la competición, mientras que Quintana lo hiciera a 37 segundos.

A continuación como colofón final son dignos para ser nombrados el francés Thibaut Pinot (4º clasificado), el veterano catalán Joaquim Rodríguez (5º)el vencedor de la edición del pasado año-, su compatriota el ovetense Samuel Sánchez (6º), otro veterano de fuste, con 38 años a cuestas, y el portugués Rui Alberto Costa (7º).

 

Retrocediendo a su historial

Quisiéramos cerrar este comentario dando algunos datos acerca de esta prueba que los vascos bien valoran y que nos demuestran, una vez más, su denodada y admirable afición por la bicicleta. El primer vencedor, allí por el lejano año 1924, fue el francés Francis Pélissier, un ciclista que sorprendió porque sus cualidades se amoldaban más bien a las carreras de configuración más bien llana, cosa que choca cuando se habla de un triunfo conseguido en las tierras del País Vasco. Esta competición por tradición suele tener reserva en el calendario rutero en el mes de abril.

Con preferencia los españoles vienen imponiéndose en esta carrera. Con el triunfo de Contador, son un total de veinticinco los ciclistas que han tenido el honor de inscribir su nombre en el historial de esta prueba. Las palmas más destacadas en número de victorias absolutas se las llevan José Antonio González Linares (1972, 1975, 1977 y 1978), distinción compartida desde hoy por el hombre de Pinto, Alberto Contador (2008, 2009, 20014 y 2016). Tras nuestros dos representantes, figuran el suizo Tony Rominger (1992, 1993 y 1994) y el irlandés Sean Kelly (1984, 1986 y 1987), con tres triunfos cada uno.

 

Recordando al novelista Hemingway

Es llamativo que esta competición por etapas, la Vuelta al País Vasco, fuera ensalzada por el escritor estadounidense Ernesto Hemingway (1898-1961), en una obra titulada “The sun also rises” (El sol también sale), escrita en 1926, como consecuencia de sendos viajes que realizó pisando regiones pertenecientes a Francia y a España, países que resaltó por su tipismo un tanto singular, según apuntaba en sus escritos. Describió con afinado acierto, entre otros varios temas, las denominadas Fiestas de San Fermín, celebradas en la época veraniega y a principios del mes de julio, en la llamativa ciudad de Pamplona.

Su estilo descriptivo era diáfano y a la vez conciso, impregnado de un fuerte realismo literario. Sus escritos, bien es verdad, nos impactaron y fue novedad el de que hiciera alusión a los ciclistas, a los que llamamos comúnmente “Los forzados de la ruta”, un hecho que nos dio satisfacción y que ahora entresaco entre nuestros recuerdos.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada del FB de Team Movistar

#RadioVuelta –Semana 8

#Trend  Niki Tersptra fue la moto en el keirin de Roubaix

Rara vez decepciona y esta vez tampoco. La París-Roubaix fue una magistral partida de ajedrez donde cada uno movió con sapiencia hasta que Niki Terpstra materializó con maestría. El fenomenal rodador holandés sucede a Servais Knaven en el palmarés de la más grande clásica, plasmando una acertada pizarra por parte de su equipo, esta vez con el ingenio afilado.

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#Click La sangre de Tony Martin

Aunque Terpstra fue el gran héroe del Omega, no cabe duda que para el equipo belga ha sido una semana extraordinaria pues al colofón de Roubaix cabe sumarle el gran botín de equipo en el País Vasco y en concreto de Tony Martin, campeón del mundo contrarreloj que ejerce siempre que puede y en Euskadi no se esconde. Eso sí, sus estampas cruzando la meta nos duelen, verle siempre la entrepierna tan ensangrentada es síntoma del nivel de entrega y generosidad de este ciclista sin igual.

 

#Profile Alberto Contador en el papel que le gusta

No cabe duda que el camino de Alberto Contador camino del Tour de Francia está siendo limpio y eficaz. Ganador de dos carreras como Tirreno y País Vasco, más segundo en Algarve y Volta, el madrileño calca con precisión el camino trazado por Evans, Wiggins y Froome en el camino que les llevó a ganar el Tour. Cabrá ver en julio si esta buena marcha se corrobora, por de pronto, y con todos los clasicómanos a rueda, el líder del Tinkoff lidera con solvencia el World Tour.

 

#Clipping

Tarjeta roja a los temerarios. La profusión de caídas en las clásicas flamencas ha avivado el debate de poner coto a las actitudes temerarias en el pelotón. Recuerdo cuando Oscar Freire anunció que renunciaba a disputar sprints por la peligrosidad que estos estaban alcanzando. Ahora el pelotón se puebla de ciclistas que no tienen problema en ponerse en peligro para lograr sus objetivos. ¿Un ejemplo? Mark Cavendish, quien además se permite dar lecciones de limpieza. Esperemos se ponga cerco estas actividades.

Gran pérdida para el ciclismo murciano. El apellido Guzmán no es cualquier cosa en el ciclismo de Murcia. Jesús Guzmán sacó adelante la carrera de la tierra, la Vuelta a Murcia, en tiempos muy complicados y su hija, Chamen, tomó el testigo logrando, aunque sólo fuera para una jornada, que la carrera mantuviera un hilo de vida. Ahora Carmen nos deja, esperemos que la prueba siga adelante para honrar su memoria en los años sucesivos.

Las pupas de Chris Horner. Si Richie Porte ha causado baja definitiva para el Giro de Italia, Horner se une a la lista de bajas en la primera grande del año. Un accidente mientras entrenaba en los idílicos parajes de Lecco, ahí entre los lagos, le propina nuevas lesiones a un ciclista lamentablemente casado con el dolor. A veces tenemos la sensación de que la única vez que la fortuna se alió con Horner, tuvimos su Vuelta a España. Al percance del americano se une el golpe que llegó desde Andorra con el accidente de Travis Meyer.

 

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Imagen tomada de @BiciGoga