Van der Poel vs Van Aert, siempre con el segundo

La comparación Van der Poel-Van Aert describe qué tipo de persona eres

Si sabemos que no somos originales, que incluso más de uno diría ¿por qué cojones debo escoger? pero lo goloso del eterno duelo de Van der Poel y Van Aert, nos lleva, cada poco, a preguntarnos lo mismo.

¿Y tú de quién eres? ¿de papá o de mamá?

Van aert Van der Poel

Obviamente nadie está obligado a escoger, pero la simple elección de uno dice de ti, de tu persona, de cómo enfocas y entiendes la vida.

En su día dijimos, para quienes les guste el arte, que Van der Poel es al ciclismo lo que Leonardo al renacimiento, un genio dotado de brillo y talento, con nociones de base afinadas al albur del momento.

En su opuesto, tenemos a Van Aert, un genio de la técnica y el método, trabajo y más trabajo, cincel en mano, siempre viendo qué obra maestra sacar de una piedra, de una carrera que transcurre penosa y polvorienta por Toscana o Ligura, bien sea Strade, bien sea San Remo, sacando el punto de sacrificio cuando nadie tiene más para dar, honrando el esfuerzo, surcando campas imposibles de barro y hiel, donde otros acaban enganchados y rotos por el esfuerzo.

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Estos días a tenor del tweet que puso Unai Yus antes de acabar el maldito veinte veinte, la forma de cortar el barro de Van Aert es increíble, un ejercicio de fuerza bruta a pelo, un motor privilegiado que te hace soñar con límites que pensábamos insospechados, por que al tajo en el barro le añade, selecciones brutales en el Tour, contrarrelojes ganadas y sprints victoriosos.

¿Se pueden tener más registros que Van Aert?

Van der Poel opta por la otra vía, el artificio y la apuesta imposible, la explosión en toda su expresión, el todo o nada, cosa que admiramos, que no muchos llevarían a cabo en su vida.

Y sí, estamos de acuerdo con lo que nos argumenta David Seco, «Van der Poel es espectáculo, y el ciclismo es también eso«, pero no es sólo eso, el ciclismo lo entendemos como un maratón, algo intrínsecamente agonístico e iniciático, que te pone ante todos los colores de la vida y nunca da pistas del desenlace.

Por eso, siempre seremos de Wout Van Aert, incluso en los días más marcados del «vanderpoelismo», por entender que el primero representa mejor el ciclismo que el otro.

Aunque, ojo, nunca dejaremos de cerrar los ojos cada vez que Van der Poel se ponga un dorsal, su sola presencia justifica cualquier momento que le dediquéis al ciclismo.

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Selle Italia lanza el sillín que rememora el Flandes de Van der Poel

104 piezas by Selle Italia para conmemorar el éxito de Van der Poel en Flandes

Selle Italia lanza un sillín inspirado y dedicado a la victoria de Mathieu Van Poel en el Tour de Flandes: un Flite Boost de colección que estará disponible solo en la versión limitada de 104 piezas, como las ediciones de la Ronde Van Vlaanderen corridas hasta hoy. El sillín Flite Boost #RVV20 Limited Edition, firmado directamente a mano por el Campeón holandés, podrá reservarse en línea en el sitio web de selle Italia a partir de hoy, lunes 14 de diciembre.

Definirlo la estrella naciente del ciclismo ya es poco: Mathieu Van Der Poel, del equipo Alpecin Fenix, represente uno de los jóvenes talentos destinados a escribir la historia del ciclismo en los próximos años. Una historia que en el pasado reciente lo ha visto campeón del mundo de ciclocross por tres veces y que en el 2020 ha firmado un capítulo de la narración del ciclismo de esta martirizada temporada, ganando la Ronde Van Vlaanderen, mejor conocida como el Tour de Flandes.

«Un triunfo que merece totalmente una celebración» es lo que han pensado en Selle Italia, tanto que se le dedicará al ciclista holandés una edición limitada de un producto top de gama: el sillín Flite Boost #RVV20 Limited Edition.

«Una producción limitada en exclusiva a 104 piezas, para recordar el número de ediciones de la Ronde Van Vlaanderen corridas hasta hoy – comenta Nicola Baggio, Director General de Selle Italia. Un sillín único que quiere celebrar el talento y la clase del joven campeón holandés y que será una pieza de colección para los apasionados de ciclismo».

El sillín incluye los colores y el típico león, símbolo de la bandera de Flandes, al que se une el hashtag oficial de la carrera RVV20; en la parte trasera una serigrafía, para subrayar la «Limited Edition», y una etiqueta que indica la numeración progresiva del producto, exactamente como las réplicas de las más prestigiosas obras de arte. Una edición particular de la Flite Boost en su versión Kit Carbonio Superflow (idmatch L3) y, por lo tanto, mostrará las siguientes medidas W 145mm x L 250 mm.

Y como si no fuera poco, para volver todo todavía más exclusivo y aumentar el valor, los 104 sillines estarán firmados directamente a mano por Mathieu Van Der Poel.

Para la ocasión la empresa de Asolo ha pensado a un empaque realmente particular con toda la información relativa al Tour de Flandes, a MVDP y al sillín Flite Boost en el interior que enfatizan la singularidad de la iniciativa. En otras palabras, un regalo ideal para poner bajo el árbol de Navidad.
El precio al público de la Flite Boost #RVV20 Limited Edition es de 399,90€ y será posible reservar, a partir del 14 de Diciembre, el sillín de Van Der Poel exclusivamente en línea en el sitio oficial de Selle Italia: www.selleitalia.com

Para tener uno de los 103 sillines Flite Boost #RVV20 Limited Edition, habrá que darse prisa: la primera ya la ha reservado el mismo Mathieu Van Der Poel.

#Top2020 Mathieu Van der Poel es ciclismo «non stop»

Mathieu Van der Poel BinckBank Tour

Conviene poner las cosas en contexto, pues a los pocos días de hacer nuestro perfil 20-20 de Mathieu Van der Poel, el barro tomo las imágenes de Namur.

Y entonces entendimos que hay un ciclismo que viene para quedarse que no sabe de calendarios, temporadas y ciclos, es lo que decíamos desde un inicio, ciclismo non stop, 24×7.

Y en Valonia, en la catedral de Namur, ahí donde la Citadel asoma al Mosa por encima de un cortado, vimos un monumento de carrera, dos meses largos después del duelo en la soledad de un Flandes confinado.

Van der Poel renqueante, justo, encajando golpes, acusando errores por la presión uy el ritmo, pero certero al final, en la novena vuelta, ante el fenómeno Pidcock y el enemigo perenne Van Aert.

https://www.facebook.com/UCIcyclocross/photos/3161541490739287

Una carrera en la que Van der Poel demostró también manejarse en las distancias cortas, sin necesidad de apabullar, saldando los conflictos por el camino, abriendo brecha sólo muy al final, cuando todo desemboca en errores y tropiezos mortales para aspirar a la carrera.

Si no la habéis visto, miradla, son sesenta minutos de antología ciclista…

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-escrito 16 de diciembre-

En el año de Mathieu Van der Poel vuelve a caber de todo

La temporada express de Mathieu Van der Poel duró algo más de dos meses y tuvo suficiente.

Suficiente para estrenarse en los monumentos, suficiente para exhibir cartas en las carreras que en teoría menos le van, suficiente para continuar con su colección de días marcados, memorables, para el recuerdo…

A saber, de esto último.

Mathieu Van der Poel levantó su templo en la vecina y hostil, aunque desierta de público esta vez, Flandes

Una carrera que tuvo el guión perseguido, tomas de dron de Van der Poel y Van Aert extendiendo su duelo al adoquín de Paterberg, volando hacia meta, con los clásicos persiguiendo sin fortuna, con Kristoff, Lampaert, Naesen, Trentin y cia comprendiendo que no había mucho que hacer.

Aquel dúo soñado había surgido de la brecha que abrió Julian Alaphilippe, en concurso hasta que se estampó contra una moto.

Mathieu Van der Poel entró en la historia de Flandes con Van Aert como puerta de entrada, como si la historia se encabritara en quiebros imposibles y renglones improbables.

Fue una carrera que pasó a los anales.

Una carrera en la que Van der Poel no estaba para exhibiciones ni apabullar como acostumbra como cuando se siente enorme, aquí demostró que en las distancias cortas también se maneja y sabe remar, hay que cuidar los registros, todos.

Una semana antes había sacado los colores a su archirival camino de Wevelgem, anunciando el rompecabezas que es este bendito deporte cuando los todos salen a la palestra.

En todo caso, Van der Poel también tuvo días para enmarcar, de arriba abajo, en todo lo ancho

El nacional neerlandés que sacó por delante de un ciclista muy en forma, como veríamos en otras pruebas, el de Sunweb, Nils Eekhoff, o la jornada final del BinckBank Tour, en la capilla, donde sacó toda la artillería sin miedo a perecer en la orilla.

Una victoria de esas que marca estilo y deja sello, lo que más le gusta al nieto de Poulidor, incluso tentando una suerte que se ha demostrado no es infinita, pues Van der Poel ya tenía algunas lecciones grabadas a fuego, tipo el Mundial de Yorkshire.

Pero ante la dificultad, mejor redoblar la apuesta, como cuando entra en clásicas grandes, muy grandes, que sobre el papel no le son proclives.

24 horas después de volar raso en el BinckBank estuvo cerca de cazar el grupo de los mejores en Lieja, donde las cotas no son una broma, como en Lombardía.

Ambos carrerones pueden estar en su mano, cabrá ver hasta dónde le da el motor.

Un motor que ahora apunta a la vuelta del ciclocross, el terreno donde defiende un maillot irisado, poca broma, frente a su gran rival, para regocijo de la parroquia, pues con estos chavales el ciclismo es un «non stop» y que siga.

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#Moment2020: Van der Poel y Van Aert en el otoño flamenco

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La rivalidad de Van der Poel y Van Aert lo lleva todo al extremo más extremo

Recordado esa tarde de Flandes, con Van der Poel y Van Aert, tomamos la medida que la historia del ciclismo, del deporte, se resume muchas veces en rivalidades y antagonismos que definen actitudes ante la vida.

Dualidades que escriben paginas doradas y canalizan pasiones, eso es algo que no siempre se da, no al menos en la abundancia que nos gustaría, que coincidan tanto y tantas veces como nos gustaría, llevando todo al extremo, al borde del error, del desfallecimiento y el sufrimiento.

Por que ¿cuántas veces coincidieron Boonen y Cancellera a tope? unas cuantas, pero muchas menos de las deseadas.

Y otros tantos… por eso valoramos cada sorbo de un Van der Poel vs Van Aert, como lo que es, un premio al ciclismo y lo suyos.

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Una historia de rivalidad que se trenza en los años y saltó del ciclocross a la carretera para desembocar en su hábitat natural, Flandes, De Ronde, el Tour de Flandes, despoblado de público, anidado de miradas y cámaras… un relato tremendo.

La tarde que Flandes se paró no era una de abril, era de octubre, consecuencia del veinte-veinte y la fragilidad que la humanidad ha experimentado en primera persona, una debilidad que no va con estos, no cuando montan una bicicleta y no piensan en el cielo como límite.

En el Van der Poel vs Van Aert existe un premio moral que parece que trasciende al peso de una carrera que, no olvidemos, cambia la vida de quien la gana.

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Con la participación estelar de Julian Alaphilippe, el detonante de todo, empezó el show de dos corredores que sencillamente no entienden esto como un juego de pizarra, lo llevan al extremo de todo.

Y como cuando coinciden en cualquier ciclocross desde que eran juveniles, llenando de color cada carrera en la que tomaban parte, empezaron a ponerse a prueba, el uno al otro, desafiando en cada recta, cada giro, en el Kwaremont, desaliñado y viejo, el Paterberg, recto y empinado, hasta llegar a la misma meta de Oudenaarde de la mano, como otras tantas veces.

Mathieu Van der Poel ganó, por muy poco, Wout Van Aert demostró que en la segunda plaza existe la grandeza de quien, armado con certeza de haberlo dado todo, ofrece al público lo mejor cada vez que se pone un dorsal.

 

Sinceramente, esa tarde, y todas las tardes, Van Aert habría sido nuestra apuesta, por muchos motivos, en especial por que es la viva imagen del ciclista que todo lo quiere y que a nada renuncia, pero Van der Poel es el niño maravilla, un tocado por las hadas, que lleva el gen Poulidor en el ADN y recuerda que esa saga nunca morirá en nuestros recuerdos.

Desconozco totalmente cuál es la relación de Van der Poel y Van Aert, se han visto hasta en la sopa, llevan diez años dándose cera en mil sitios, haciendo fortuna juntos y por separado, pero una cosa tengo clara, esa tarde de Flandes en alfombras de hojas muertas es un regalo que lleva la rúbrica de ambos.

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La primera grande de Van der Poel debería ser el Tour

Mathieu Van der Poel BinckBank Tour

Hemos recopilado varias razones para que Van der Poel no retrase más su debut en el Tour

La corta, intensa pero fructífera campaña 2020 de Mathieu Van der Poel se ha saldado con la estadística muy a su favor, tanto que el neerlandés tiene ahora mismo, a su disposición, la gran vuelta que quiera para debutar en las tres semanas, esta vez incluido el Tour.

Una situación que contrasta con la que se daba hace un año por estas fechas, cuando nos preguntábamos por los invitados de la Vuelta o del Giro, pensando quién le podría hacer un hueco a un corredor que tiene sus haters, pero que es magnético: su sola presencia asegura algo diferente, para su bien o para su mal, pero diferente, jugando con fuego desde distancias en las que poco se atreven,  arrastrando rivales sin importar quién y haciendo de cada jornada algo especial.

Eso es así, una evidencia trufada de sonoras victorias y estruendosas explosiones, entre las que se cuentan unas cuantas.

En dos temporadas más centrado en carretera, Van der Poel no ha dejado indiferencia a su paso.

 

Sea como fuere, las tres grandes están ahí y el Fenix-Alpecin se ha ganado el derecho de estar donde le plazca, por encima incluso del Arkea de Nairo.

¿Qué primera gran vuelta para Mathieu Van der Poel?

La Vuelta 2020 tenía buenos mimbres para haberlo tenido en su salida, un inicio que recordemos era en los Países Bajos, hasta que la pandemia la dejó por imposible.

Pero a la Vuelta le tocaba elegir y dejó fuera el equipo del «orange», quien además, con la reconfiguración del calendario hubiera elegido Flandes, y ya visteis el resultado.

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Para 2021 se abre una campaña en blanco y esperemos que con los menos cambios posible.

Dada la dimensión de Mathieu Van der Poel el Tour de Francia sería la primera e inequívoca elección

Verle en el Tour sería cerrar el círculo, uno de los corredores más carismáticos en la carrera más grande del mundo, una elección de cajón, que le completaría como ciclista, suma atractivo a una competición que no pasa por sus mejores momentos de imagen y haría felices a los fans.

El Tour de Francia encaja perfectamente en las hechuras de este corredor, entraría en un calendario que primara las clásicas de primavera, como primer objetivo de la campaña, y ofrece jornadas y llegadas que le van como anillo al dedo, con esa profusión de media montaña y trampas que toman el recorrido por el hexágono cada año.

Pero no sólo eso, hay dos temas que tienen que ver con la emoción.

Sería prolongar su duelo con Wout Van Aert a la mejor carrera, ya sabemos que el belga estaría por labores de equipo, pero tiene tanta calidad que podría pensar en sí mismo en algún momento.

En Jumbo si son inteligentes, que lo son, le abrirían esa puerta, una promoción monumental.

La otra cuestión es la familiar, Francia acogería con los brazos abiertos al nieto de Raymond Poulidor, casi dos años después de su fallecimiento y en tiempos de «reconstrucción» como aquellos cincuenta y sesenta.

Mucho me temo que Vuelta y Giro deberán esperar la luz de un ciclista que trasciende su oficio, que puso el desenlace de una Amstel o un Mundial en noticias generalistas, que emociona por cada paso que da y que tiene legión tras él.

Por que Mathieu Van der Poel y el Tour se necesitan, más allá incluso de criterios puramente deportivos.

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Van der Poel y Van Aert hacen que el ciclismo merezca la pena

Van aert Van der Poel

Flandes nos dio el epílogo soñado: un sprint entre Van der Poel y Van Aert

Cuando Julian Alaphilippe aceleró por primera vez en la cresta del Koppenberg, a más de cuarenta de meta, con Mathieu Van der Poel, primero, y Wout Van Aer, acto seguido, cerca de su rueda, el Tour de Flandes empezó a ser epopeya y poesía.

Lo primero con Alaphilippe callando aquellas voces que le acusan de «posturitas», corriendo a pecho descubierto en un terreno que no conoce, que le era indómito, con los dos mejores, sobre el papel, con él.

Su caída  contra la moto fue un mazazo en una tarde fría y otoñal, como acostumbraban a ser las primaveras en Flandes.

 

Un mazazo que al final nos dejó el duelo que todos esperábamos…

Un duelo que a un kilómetro de meta se inició con los zig zagas, Van der Poel por delante, vigilando que Van Aert no le saltara antes de su distancia, con el pelotón a la vista, poniendo presión a una situación ya de por sí legendaria.

Pasaron el cartel de 500 metros, el de 400, el de 300… nadie se movía.

Van der Poel no quiso cometer el error de la Flecha Brabançona, se puso delante, dejó a Van Aert en las vallas y pam… primer monumento para Mathieu, 34 años después que Adrie, su padre, en un terreno donde el abuelo Poupouno se prodigó en exceso.

El Tour de Flandes soñado, el mano a mano soñado por las rutas que hicieron la fe, maldita sea la moto que se cargó las opciones de Alaphilippe, en una carera que creo nos merecíamos: en un año asqueroso, lleno de incertidumbre y zozobra, con los dos cocos que nos emocionan desde los años del barro, en invierno, mano a mano, a pelo… creo que podemos decir, por primera vez desde que Flandes nos propuso este recorrido hace ocho años.

Ha dado la talla en un contexto de igualdad supina, ente dos que entran en las grandes rivalidades de la historia.

Van der Poel, Leonado, el hombre genio, al que queríamos ver ganar a pelo, sin exhibiciones ni abrumar, tirando de manual y gestionando la situación.

Van Aert, Miguel Angel, dotado de genio cincelado con trabajo.

Ganó Mathieu por un alfiler de ventaja, gracias chavales por hacer grande el deporte que amáis y nos hacer sentir.

El ciclismo, los aficionados, estamos en deuda con vosotros.

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-escrito el 11 de octubre- 

El pique Van Aert vs Van der Poel aterriza del todo en la carretera

Wout Van Aert y Mathieu Van der Poel no han coincidido mucho en la carretera pero lo poco que lo han hecho ya da que hablar…

Las declaraciones son a continuación de una Gante-Wevelgem de otoño corrida a cuchillo, unas declaraciones que suenan a personal, desde luego, pero sobre todo carentes de sentido, en este ciclismo la humildad también se premia.

La carrera fue espectacular, integrada en una tarde de domingo de locura en el que la gestión para ver las carreras era imposible.

Pero vista la Gante-Wevelgem, podemos darnos con un canto que parte de la gloriosa campaña de primavera se haya repuesto en octubre y de paso, como previa a lo que quede de ciclocross, ver un mano a mano Van der Poel-Van Aert, que tuvo sus momentos, pero no fueron los únicos por que en una prueba a pelo como ésta, son muchos los actores que actúan.

Por eso creemos que Van Aert se equivoca en pensar que Van der Poel corrió para joderle, en todo caso le marcó, como podría haber marcado a otro, generalmente el más fuerte: sólo que el del Jumbo era el favorito sobre el papel.

Y eso lo vimos, el belga llevó el peso de los cortes, de las cazas y mostró más que nadie a una semana del Tour de Flandes, Van der Poel estuvo a verlas venir, un poco como la decena larga que entró en ese corte del final, antes de Ypres, tras una persecución de grupos de esas que sólo se dan en Flandes: cuando parece que van a enlazar, los de adelante no cejan.

La historia de Wevelgem la hemos visto muchas veces, podemos pensar que es algo entre ellos, pueden decirlo los protagonistas, en todo caso Van Aert ya sabe qué tiene que hacer en Flandes, no esperar a que nadie se le vaya por que se sienta vigilado, golpear primero y echar mano de ese poder que enfiló el pelotón del Tour.

Todo lo demás es despistar, sinceramente, por que Van der Poel hizo lo que tenía que hacer, contener las pérdidas ante un rival que está en una forma monstruosa desde el primero de agosto.

Y sí vacilan, los hay que saben aprovechar las oportunidades, y Mads Pedersen es de todo menos desconocido.

-escrito el 12 de agosto-

Van der Poel y Van Aert JoanSeguidor

Si Van der Poel fuera Da Vinci, Van Aert sería Miguel Angel

En la historia del ciclismo, la reciente, hay una dualidad que nos ha caído en mano que es una bendición: Wout Van Aert – Mathieu Van der Poel.

Hablamos de «archirivales», al punto que cuando Van Aert gana la Strade o San Remo, todos ponemos el dedo en la pantalla y miramos dónde ha llegado Van der Poel…

 

Es una rivalidad que no siempre se da en la carretera, pero que flota en el ambiente y sigue parámetros ya conocidos.

Antagonías de genios siempre han existido, recordarla y evocarla no significa no querer el ciclismo, o ser más o menos futbolero, como nos gusta decir con desprecio respecto al deporte rey, implica buscar el aliciente y la salsa que viene desde el inicio de los inicios del ciclismo.

¿Quién sería Van Aert y quién Van der Poel?

Si nos dais a elegir lo tendríamos claro.

Wout Van Aert, lo decíamos el otro día, sería Greg Van Avermaet, trabajo, trabajo y más trabajo, incluso si nos vamos amas allá seria el Poupou de la gente -el más aplaudido el año pasado en la Grand Place de Bruselas, en el estreno del Tour-, sería Gino Bartali «ora et labora», un ciclista que viene de la raíz del pueblo, que bate todas las dificultades y obstáculos, que se cae, se descuelga, pero no se deja llevar, Roubaix del año pasado, que se estrella, se hace polvo, recoge los pedazos y vuelve, la caída del Tour del año pasado.

Mathieu Van der Poel es otra cosa, una estrella, rutilante, que desprende clase y categoría, a veces un poco amanerado en sus celebraciones, pero tremendo cuando le dan las fuerzas y la categoría.

Sería Peter Sagan, brillo y focos, en todo caso Jacques Anquetil, clase y distinción, y si me apuráis Fausto Coppi, siempre perfecto en la foto, un físico que se alarga, como un gato enervado y saca el látigo para desgracia de los rivales.

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Van Aert vs Van der Poel ¿qué ciclismo preferimos?

Partiendo de la base que son imprescindibles de su tiempo, si nos apuráis, nos estrujáis, seguimos con ese concepto clásico de esfuerzo, sacrificio y agonía del ciclismo, un concepto que encajamos mejor con Wout Van Aert, un ciclista que es rocoso, con un motor tremendo, un rodillo físico equipado con una cabeza privilegiada.

No es la primera vez que se levanta cuando se cae, no es la primera vez que da la medida de su solidez, su calidad de diamante no es sólo por su brillo, también por la medida de su dureza.

Entendedme, Van der Poel es Da Vinci -genio de pelo liso, ropa fina y aspecto cuidado-, pero Van Aert es Miguel Angel -genio de cincel prodigioso, siempre manchado, siempre preocupado por mejorar-, y si tuviéramos que quedarnos con un genio, el segundo nos ganó hace tiempo.

Imagen: Jumbo Visma

 

Mathieu Van der Poel: ¿Sabe ganar sin apabullar?

Mathieu Van der Poel BinckBank Tour

Cabe ver si un día Van der Poel es capaz de imponer con estrategia

Muchas veces pedimos lo imposible al ciclismo actual, en unos cauces muy establecidos, con instrucciones claras y precisas entre ciclistas y directores, carreras con un patrón muy marcado y un contexto en el que desviarse no es la norma, cuando aparece alguien como Mathieu Van der Poel suena a verso libre, a cosa especial.

Un chaval neerlandés, nieto de una leyenda como Poulidor, que corre y gana en varias modalidades, que no quiere las servidumbres de correr en un World Tour, pero que picotea del máximo circuito haciendo por sí sólo que merezca la pena ver la carrera.

Él no gana, o no quiere ganar por los cauces convencionales, él quiere apabullar, dejar algo de lo que hablar y recordar. 

Y así sale en cada carrera.

Hace un par de semanas se cascó un «week end» de vértigo, dando la vuelta al BinckBank Tour a cincuenta de meta y manteniendo un pulso de remar y remar con sus perseguidores hasta la misma meta y al día siguiente sexto en la Lieja-Bastogne-Lieja, es decir el mejor de los cinco que llegaron en cabeza con el famoso final gentileza de Alaphilippe.

 

Pero el tiempo pasa, y esas actuaciones deslumbrantes de Van der Poel en la primavera del año pasado, sobretodo, manteniendo una estadística insostenible, lo ganaba todo, se alternan con performances que hablan de estrategias muy arriesgadas, tanto que en ocasiones sus explosiones son legendarias.

Aún resuenan las sensaciones de verle hundido en la última vuelta del Mundial del año pasado, cuando entró en el grupo de cabeza y lo dio todo hasta el punto de quedase vacío en una carrera en la que apuntaba al arcoíris de ruta, un complemento perfecto para el que ya tenía de ciclocross

El año pasado mismo Flandes, la carrera a la que acude el domingo, fue el escenario de su caída y remontada para ver como el golpe certero, uno pero bueno, lo daba Alberto Bettiol, en una jornada de extrema igualdad entre los favoritos.

Y qué decir del sprint de la Flecha Brabanzona, en el mismo sitio que había batido a Alaphilippe, el francés se la devolvió dejándole perfectamente encerrado en el tramo final entre Cosnefroy, un ciclista que ha merecido mejor suerte en este tramo de campaña, y el propio campeón del mundo.

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Es decir, que Mathieu Van der Poel es capaz de lo mejor y de lo peor

Meterse en el corte de Wevelgem por adelantado, y luego ir pidiendo la hora y marcando la rueda de Wout Van Aert, para desespero de éste, desespero injustificado, por que cada uno corre como le place.

Y a Van der Poel le gusta hacerlo en el alambre, cosa que al aficionado, hastiado de tanta estrategia, le pirra.

Otra cosa es pensar que este cabecita loca un día sentara las bases de una carrera bien trazada y planeada, que seguro que lo hará, pero con la necesidad de afinarlo ante rivales que corren con el plan grabado en la potencia del manillar.

El domingo veremos hasta dónde han llegado los aprendizajes de esa montaña rusa que es la carrera de Mathieu Van der Poel, en Oudenaarde se jugará la final de la campaña de piedras más breve, dispersa y rara que jamás hemos visto, pero al menos la joya neerlandesa será uno de los atractivos en la salida de Amberes, sin público pero con medio mundo viéndole por la tele.

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Mathieu Van der Poel: por sus obras le conoceréis

Mathieu Van der Poel BinckBank Tour

Lo del BinckBank Tour entra en los anales del mejor Mathieu Van der Poel

La teoría que el BinckBank Tour, antes Eneco, ofrece alguna de las mejores carreras de la campaña la corroboró Mathieu Van der Poel en persona.

Su remontada, la escapada formada en la base del Muur y mantener ese hueco, como tirarse al vacío… todo eso reafirma que la carrera sigue en condiciones de darnos grandes momentos.

Y a ello contribuyó Mathieu Van der Poel en caliente, comprometido con la etapa, pero también con la general.

Esta vez se lo llevó todo y lo hizo a su manera, dejando huella, surco en la carretera y en el recuerdo del aficionado, el neerlandés no quiere ganar, quiere dejar impresión para siempre, que digamos en unos años «os acordáis de aquella tarde en Geraadsbergen».

Un sábado en Flandes, en el corazón de De Ronde, y al día siguiente en Lieja, yendo a Bastogne y volviendo a la urbe valona, un neerlandés que quiere hacer historia.

Volvemos a lo que pensamos desde hace tiempo y plasmamos el día que se proclamó campeón de su país…

 

 

-publicado 25 de agosto- 

A Van der Poel no le vale ganar si el triunfo no es memorable

Hace unos días realizamos una de las comparativas más trilladas del ciclismo actual, aunque no por trillada mereciera un rato: la de Mathieu Van der Poel con Wout Van Aert.

Y es que en ambos encontramos como el alfa y omega de lo que nos gusa del ciclismo, un juego de complementos perfecto, que encajan y queda bien con todo y para cualquier instante, da igual cuando leas esto.

No jugaremos a trileros, siempre hemos admitido debilidad por Van Aert, que sumó un nuevo título belga de contrarreloj ante un tal recordman de la hora Victor Campenaerts, pero omitir el genio de Van der Poel, es poner la luna frente al sol.

Comparamos, en fresco de trazo grueso, a Van der Poel con Leonardo Da Vinci, un ciclista espectacular, frente a un artista atemporal, de cabello cuidado, luminosas túnicas y obras para ser recordadas.

A Leonardo se le conoció por sus obras, a Van der Poel vamos camino de ello

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Y ahí estamos apreciando cada triunfo cincelado como si fuera único y el último, no le vale ganar, hay que aplastar, ser eterno, recordado.

Y así fraguó el nacional neerlandés, su reencuentro con eso que hace quince meses tenía muy por la mano: el triunfo.

Entonces su obra quedó plasmada en unas estadísticas que quien siga el ciclismo profesional sabe de su dificultad casi imposible, ganar casi todo lo que se corre, incluso varias etapas más la general de una vuelta como la de Gran Bretaña.

Eso es ponerse el listón alto, como la Amstel que se lleva en la misma línea llevando al ciclismo a otro estadio, a informativos generalistas… porque lo suyo no pareció de este mundo.

Ahora el nacional neerlandés…

Un ataque a 44 de meta, una inmolada a los ojos de los espectadores, que buscan coherencia donde domina la locura del genio sabedor de sus habilidades y conocedor de las fuerzas que le quedan.

Si Mathieu Van der Poel no ataca a esa distancia, el triunfo le sabe incompleto

Una apuesta que no siempre sale bien y que tiene sus sonoros fracasos, léase Yorkshire año pasado, pero que cuando da resultado te pone en la memoria.

Y ésta tiene cada vez más imágenes, más fotos, más vídeos… abierto el hueco a 44 de meta, empezó el show, cada pedalada, cada escorzo sobre la bicicleta, cada curva tomada al milímetro… Mathieu rompe el grupo y empieza el festival.

Imagen: FB Alpecin-Fenix Cycling Team

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