El MTN- Qhubeka y la globalización bien entendida

Lo redondo del ciclismo y la necesidad de que éste se extienda como una mancha de aceite han sido objeto de alguna entrada en este mal anillado cuaderno. Hablamos del sonoro fracaso de un evento encasquetado en el World Tour por la vía rápida como la vuelta de Pequín, como ejemplo de cómo no se han de hacer las cosas aunque en ello el vil metal prevalezca. La experiencia china, con rutas despobladas y carreras corridas en la práctica clandestinidad, ha servido para quizá replantear las cosas y en cierto modo demostrar a los adalides del dinero rápido, que no todo vale.

Hay otras globalizaciones positivas para este ciclismo que triunfa en las islas británicas, mercado tan cercano como inexplorado tradicionalmente, Colombia, Estados Unidos y singularmente en Australia. Todos estos son mercados de ida y vuelta, pueden acoger carreras y crear grandes equipos, al margen de sacar inagotables canteras de buenos ciclistas. Su presencia en el ciclismo es redonda, y recomendable.

Tenemos estos días un poco de debate por la nueva indumentaria de un equipo africano que ha hecho historia, el Team MTN-Qhubeka. Este conjunto fue el primero de ese continente en pisar una gran vuelta, la Vuelta a España, y en sembrar algunos antecedentes interesantes, como ganar una Milán-San Remo, amputada, pero Milán-San Remo en definitiva, con Gerald Ciolek.

Lo cierto es que todo en el equipo sudafricano rezuma ilusión y ganas de hacerse un hueco. Sergio Pardilla fue el representante español del grupo que además estuvo dirigido por Manel Lacambra. Pardilla vuelve al Caja Rural y seguro que sería un libro abierto en historias de este equipo que para la Vuelta llevó un maillot especialmente serigrafiado con un emblema de la carrera y la bandera sudafricana.

El equipo africano es muy activo en redes sociales y se acompaña de importantes éxitos de ciclistas nacidos en ese continente como Chris Froome o el emblemático Dan Craven, cuya barba cautivó en la Vuelta. Dentro de la vilaridad que les cobija han lanzado el maillot anteriormente mencionado. Muchos lo critican, obviamente tiene mucho de futbolero (un saludo a la Juve y Udinese), pero es elegante y original, rompe el esquema habitual y se sitúa, en mi opinión, entre los más bonitos. Felicidades por el atrevimiento. Cualquier comparación con el engendro para entrenos del Tinkoff-Saxo resiste el resultado.

Para el año que viene el equipo amarillo y negro ha incorporado grandes nombres como el de Eduald Boasson Hagen, Theo Bos, Tyler Farrar, Serge Pauwels y Matt Goss, quien como Ciolek tiene en San Remo su gran y casi único hito. A pesar del eclipse que producen estos ciclistas, esperemos que no descuiden la labor de fondo que les compromete, que no es otra cosa que mirar por los suyos y que estos brillen tanto tanto tanto, que el ciclismo se haga un hueco en los corazones del lugar.

Imagen tomada de www.biciciclismo.com

INFO

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Mark Cavendish, a veces diablo, hoy angelito

Ando por las primeras páginas de “Sky´s the limit”, el primer libro de esa iniciativa llamada Libros de Ruta que esperemos nos traiga muchos más. En este tramo, Richard Moore, autor del mismo, habla del germen del que hoy conocemos como mejor equipo del mundo. Sitúa la acción en los días de 2007 que Dave Brailsford merodeaba la idea de completar el equipo británico que hiciera justicia una sensacional generación de ciclistas y de paso rubricara el acceso del ciclismo insular al máximo nivel.

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Mark Cavendish es pieza esencial de ese trozo. El entonces ciclista del T Mobile, que ganara dos etapas en la Volta de ese año, era la esperanza blanca de Brailsford y demás mentores del ciclismo británico para que ese equipo viera la luz. Siempre en la órbita del Team Sky, curiosamente, y pasados los años, la convivencia de Cavendish en el equipo de negro ha sido efímera, de tan solo un año hasta la fecha y no sabemos si prorrogable en el futuro.

Y es que este poderoso bloque no ha sabido conciliar los intereses del ex campeón del mundo con los propios de su nacimiento. Team Sky quiso nacer para ganar el Tour con un inglés y ese empeño no ha podido combinarse con los objetivos de Cavendish, quien el año pasado tuvo un momento de amargor cuando vio que su portentoso estado de forma no se cuajaba con victorias en el Tour, no al menos en la cuantía deseada.

En esas que Cav se ha tenido que buscar la vida lejos de sus profesores en los velódromos. Rodó en el HTC y ahora lo hace para el Omega, donde unos días está a gusto y otro no ve claras las estrategias que se disponen para su éxito. Sea como fuere, Mark Cavendish es el Esprínter de su generación, y lo es con mayúsculas.

Nacido en Man, ese pedazo de tierra en medio del reino y sus cuatro paredes, destacó en sus inicios por su mezcla de genio y anarquía, algo que le hizo peculiar y apreciado por encima de otros con mayores dotes. Esa singularidad quedó patente en Nápoles, con feísimo esprintar sobre la máquina, tanto como efectivo, para desespero de un compañero suyo en las corredurías de velódromo, el italiano Elia Viviani. La victoria de Cavendish en el inicio de este Giro se alinea con los muchos momentos mágicos que ha encarnado este velocista. En franca minoría en el corte final, ganó por la mano a quien todos aciertan a señalar como su gran rival, Matt Goss. La carrera arranca, y lo hace con un inglés en líder. ¿Será un compatriota suyo quien vista la maglia rosa en Brescia?