Max Schachmann: qué fácil es ganarse una aficionada

Una niña recibe el ramo de flores que ganó Schachmann en el podio de la Strade Bianche

Si una cosa ha tenido en común el reinicio de la campaña ciclista con la interrupción de la misma ha sido el nombre de Max Schachmann.

El alemán dejó la temporada de esta guisa, tirado en el suelo y roto por el esfuerzo para mantener su liderato hasta el final de la París-Niza.

Max Schamann Paris-Niza

Durante el confinamiento el alemán ha hecho los deberes y ha vuelto al frente de una carrera World Tour con la Strade Bianche.

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No estuvo con Wout Van Aert en el momento que el belga se fue, per a Schachmann le cupo al menos el privilegio de subir al podio, pocos días después de saber que había renovado con su equipo, el Bora, donde es ahora mismo la referencia, incluso por encima de Peter Sagan que en este veinte-veinte sabemos más de él por los anuncios de maestro que ha hecho para el Giro que por la competición.

El aspecto de Schachmann, toda la porquería que llevaba adherida al sudor que surge cuando vas a mil bajo cuarenta gradazos de temperatura, en meta era un poema.

Podemos imaginar cómo llegaron de rotos a meta.

En todo caso al alemán le surgió una fan por las calles de Siena y no pudo menos que pasarse

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El vídeo del Bora es una perla, un diamante de aristas afiladas que demuestra que el ciclista se puede centrar todo lo que quiera en su profesión, que para eso le pagan, que tener un detalle, incluso tras el sopor toscano del primero de agosto, no cuesta tanto.

El ciclismo de buses adosados a los villages de salida, los controles de firma completamente pertrechados, el control que ahora se impone por el coronavirus hacen de todo algo frío y alejado, que parece sólo se puede ver en la televisión.

Pero si resulta que el campeón alemán va por medio Siena y una nena pequeña le solicita, incluso con las piernas repletas de dolor, no cuesta nada parar y darle nada menos que el ramo de flores.

Schachmann se ha ganado una incondicional y el ciclismo una aficionada, como el niño pequeño que le pidió a George Bennett un bidón en Andorra, hace un par de años, y éste se lo arrojó al suelo para que lo cogiera.

Al menos dentro de lo posible, y con las precauciones que rodean hoy todo, que el ciclismo sea cercano todo lo que pueda, es un premio para el aficionado y una satisfacción para el ciclista.

Imagen: © BORA – hansgrohe / Bettiniphoto

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Coronavirus: Cinco ciclistas que lamentarán el parón

Max Schamann Paris-Niza

Cinco competidores que tendrán que llevar su fenomenal estado de forma a la nevera

Pueden ser más que cinco, por que algunos no habían exhibido músculo aún, pero hay cinco ciclistas que van a acordarse de esta desgracia…

En lo poco que hemos visto de temporada, con dos meses escasos de carreras, y con todo lo gordo por venir, el sábado debía ser San Remo, lo cierto es que el parón que marca la París-Niza ha pillado a muchos corredores y nombres importantes del pelotón a full de forma ante la inminencia de grades carreras.

Sin embargo, son cinco los ciclistas que creemos van a lamentar este lamentable e impuesto parón que amenaza con arruinar la temporada de ciclismo en 2020.

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Empezamos por el propio ganador de la París-Niza, Max Schachmann, un ciclista que un día nos platearemos si puede ganar una grande, pero que en el caso de las clásicas que se nos venían encima era una baza de primer orden.

Decir que San Remo le va bien a Schachmann creo que es una obviedad, su arrancada y potencia, su descenso le situarían como outsider al Poggio.

Eso sin olvidar que su calidad le llevó hasta el podio de Lieja, hace menos de un año.

Otro que tenía una primavera para crecer era Sergio Higuita, que no pudo con el alemán antes de llegar a Niza, pero que con esas ganas de aprender que tiene podía dar el do la que sería su primera campaña entera en un World Tour.

Si Sergio Higuita sobrevivió a los abanicos de la carrera hacia el sol, verle en Itzulia o en Árdenas era uno de los alicientes para rematar una las explosiones más sonadas de tiempos recientes.

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Al igual que Higuita, otro colombiano ha visto truncado un inicio de traca, sí es Nairo Quintana y el estado de forma que ha lucido en este primer ciclo ha sido insultante.

No sabemos si hubiera ganado la París-Niza sin la caída y el corte que le dejó fuera de la general, pero está claro que hubiera influido.

Está claro que no es lo mismo Provenza que la París-Niza, y esos cortes son la evidencia, pero que el boyacense ha sido el ariete del nuevo Arkea es un hecho.

Se pierde la opción de haberle visto en la Volta del centenario, quizá en Itzulia… carreras que ganó un día y que veíamos en su radar.

De cara al adoquín, y quién sabe si para algo más, el salto de calidad y confianza que han dado estos días ponían a Tiesj Benoot y Jasper Stuyven en primera línea.

El primero podía optar a todo, por que verle delante sólo en Flandes era incompleto, también le situábamos en Árdenas.

Benoot dijo, con razón, que era una pena este paréntesis le pillara con estas piernas.

En el caso de Stuyven, es muy complicado quedarse como cualquier cosa con esa forma de rodar, a todas luces un lujo.

Creo que con la Het Nieuwsblad que se marcó, ganando a un coco como Lampaert, estaba ahí, luego ya sabemos que los monumentos son pocos y caen en manos de menos.

Cruzando los dedos para que, cuando vuelvan, estos y otros corredores vuelvan a deleitarnos con lo que saben y queremos verles hacer.

Entretanto, nos quedará el consuelo de imaginar lo que pudo haber sido…

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Ya está, ya pasó la París-Niza: ya no es primavera en ciclismo

Max Schamann Paris-Niza

Nairo Quintana y Max Schachmann cierran en la París-Niza una primavera ciclista que parece otoño

Leía esta mañana a Romain Bardet sobre los motivos de mantener viva esta París-Niza hasta 24 horas antes de pisar el final previsto.

Bardet es uno de los corredores de cabecera de este mal anillado cuaderno, un tío inteligente, ilustrado, que mira un poco más allá.

Y no lo decimos ahora, nos llamó la atención, en vísperas del final del Tour 2013, un artículo sobre su persona, sus estudios, la visión de la vida que tiene y explica.

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Bardet se preguntaba qué cojones hacían ellos corriendo en medio de esta locura de países confinados por el coronavirus.

Aseguraba que estaban fuera de sitio.

Espero que esté ya en casa, con los suyos, haciendo extensible la precaución que se ha pedido a toda la población, por que no nos queda otra: quedarse en casa.

Ayer mismo valoramos lo que ocurrió de París a Niza, con una carrera viva y trepidante en medio de miles de circunstancias, casi ninguna buena, pero dentro de la depresión que nos invadía, esta gente nos ha hecho felices unos días.

La jornada final de la París-Niza 2020 fue un epílogo a todo, a la primavera, a los nombres que nos quitaban el hipo para las citas que preveíamos, a la normal temporada.

Pero ha sido un homenaje a la grandeza de estos flacos sobre máquinas finas y frágiles que nos han dado aliento en un momento que, vaya que no, lo necesitábamos.

Max Schachmann gana una París-Niza que ha sido un milagro, sin que la realidad quitara un gramo de ganas a los contendientes.

Queda el sabor de boca del ataque final de Tiesj Benoot y la zozobra de este alemán que es un portento sobre la máquina pero que sufre como cualquier otro.

Entramos en el invierno ciclista, ya no tendremos la paradoja de una carrera en medio de la nada, la París-Niza 2020 ha pasado a la historia por su contexto, ahora a esperar…

Imagen: © BORA – hansgrohe / Bettiniphoto

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