El otro ciclismo: Michael Goolaerts y el Valenciaga

Michael Goolaerts JoanSeguidor

La muerte de Michael Goolaerts y la suspensión del Memorial Valenciaga retratan lo milagroso de este deporte

Puedo imaginarme la semana de Michael Goolaerts.

El domingo pasado no pudo acabar el Tour de Flandes y se habrá pasado estos ocho días pensado en Roubaix, en llegar, en disfrutarlo, en nadar por una carrera que, aunque francesa, tiene un grandísimo arraigo en su país.

Un mal paso, lo cierto es que esta Roubaix ya tuvo caídas desde el primer tramo, le dejó fuera de carrera muy lejos de meta.

Allí mismo sufrió un infarto, falleció por la noche.

DEP Michael Goolaerts, tratar estas cosas en medio de la humareda que montamos por el desarrollo y desenlace de las carreras, que si éste que si aquel, que si tendría que haber hecho… una desgracia así nos retrata la ridiculez que muchas nos mueve y nos somos capaces de ver.

La injusticia de la vida es aquella que adelanta finales a quien todavía tiene una historia por escribir.

Michael Goolaerts tenía 23 años

Dicen en su equipo que no se comunicó a los corredores la gravedad de la situación hasta después de la carrera.

¿Estuvo bien hecho?

Pues no sé, no soy quién para juzgar cuestiones tan lamentables, ahora bien, estar en ese coche durante la carrera, mientras miles de aficionados vibraban ahí fuera, debió ser un trago durísimo de pasar.

Lo de Michael Goolaerts ocurrió casi al mismo tiempo que el Memorial Valenciaga discurría hasta que un ciclista chocó contra una motorista que marcaba un peligro en la carrera y tras él, varios ciclistas más.

Conocí de primera mano a gente del Eibarrés hace un tiempo y sé lo que cuesta sacar una carrera que aún siendo la mejor de España, o al menos la más prestigiosa, tuvo momentos complicados para seguir a flote.

El día de antes, en un descenso por Ermua, un ciclista del Education First se estampaba y destrozaba la luna delantera de un coche. Era en la Itzulia.

A veces no reparamos en el milagro que se sucede cada día que un pelotón o una carrera se pone en marcha.

El ciclismo tan bello, tan frágil

Que días como los de ayer nos recuerden que hay otro ciclismo y que no siempre vemos o sabemos de él, pero es la misma cara de la moneda de un deporte que lleva el peligro extremo en el ADN.

Imagen: @Gooliee94

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Hoy soy un poco más del Eibar

Hace un par de años pude conocer con algo de detalle Eibar, su cuenca, su historia y lo que más nos movía, su bicicleta. En el proyecto de los 175 años de Orbea, indagamos y supimos de una tierra que por muchos motivos te marca. Conocimos gente que nos explicó eso del “gen” eibarrés, algo que creo surgió el mismo día que una persona puso el pie en esos valles tan complicados e inhóspitos, imposibles de domar y con la única opción de quemar la leña para trabajar el hierro para salir adelante.

De ese trabajo, supimos de la pericia que inundó la cuenca del Deba. Como el día que no vieron futuro en las armas, utilizaron esos tubos para hacer bicicletas y de éstas como surgieron grandes competiciones que llenaron de gloria los festivos de esa tierra que es verde, pero también azul, azul de Bergara, como los buzos de los obreros que dejaban la máquina para ver pasar un pelotón y cuyo homenaje quedó impreso en los maillots de la Bicicleta Vasca.

Eibar es al ciclismo en España lo que Flandes en el universo. Es un ombligo, adelantada en muchas cosas, ahora que se celebra el día de la mujer, aquí la mujer casi siempre llevó un sueldo a casa, también lo fue en la bicicleta gracias a esas familias que la hicieron crecer: los Gárate, los Beistegui, los Orbea,…

Eibar además es laboriosidad, saber hacer, paciencia, fuego lento. A quienes nos gusta seguir el fútbol, pero no la pasión y la desmesura, el fútbol de verdad, el que se explica y no se chilla, el Eibar es un ejemplo profundo de cómo es esta tierra: modesto pero ufano de sus raíces, artesanal, del pueblo, en un estadio que no puede crecer, porque la montaña le empuja,… por donde cada semana desfilan los mejores futbolistas del mundo.

Ese Eibar que está en la parte noble de la tabla, ese Eibar que inunda de azulgrana balcones, el Txoko, el Arkupe y otros sitios de reunión, apoyará el Memorial Valenciaga a través de su fundación. “Una forma de devolverle a la sociedad lo que nos da” dice la presidenta del equipo que viste como el Barça, porque no sé qué año ni en qué competición, el Barça les dejó las camisetas para salir al campo y ya nunca dejaron esos colores.

Pocas veces encontramos comunión entre el fútbol y el ciclismo y sí en algún sitio maridan tenía que ser en Eibar. Yo conozco gente de la Eibarresa y sé lo complicado que lo tienen para sacar adelante la mejor carrera amateur de España, cosa que parece mucho, pero que en el fondo no es tanto, porque la historia está llena de torres muy altas que acabaron cayendo. Sé del rally de patrocinios que afrontan cada año, y muchas veces con teléfonos que no responden y puertas que no atienden. Sé de todo eso y por eso me alegro muchísimo que el Eibar, en los mejores años de su historia, se acuerde de los suyos y mantenga vivo ese monumento que aupó a Freire, Purito, Rosón y compañía.

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El gran premio de Miguelón

No le gustaba que le llamaran Miguelón. Iba con su ser sencillo y adusto. Escudriñado por las miradas de medio mundo, no dejaba indiferente a nadie. Miguel Indurain consiguió la unanimidad que otros lograron al revés. Todo el mundo le quiso.

Recuerdo sus accesos al podio del Tour de Francia. En el ensordecedor ambiente internacional de la más grande, accedía al lugar de los elegidos a recoger un día y otro ese premio en forma de prenda amarilla de manga larga porque su ínfimo corpachón no soltaba sudor ni con el calor más pegajoso. Se arrimaba a las autoridades, nunca daba la espalda a nadie, nunca de forma consciente, ni mucho menos ofensiva. Su ser era ubicuo. Acababa de firmar alguna página memorable, Luxemburgo, Lieja, La Pagne,… qué más da. Se dejaba abordar con la mejor de las sencilleces.

Crecimos con el ejemplo de Miguel Indurain. Con su perfil bajo pero noble y consistente. Navarro pero de sobriedad castellana y educación suiza. Luego lo que nos vino nos pareció hasta vulgar: Lance y sus desplantes, miren qué caros le han costado. Ganador de cinco Tour, sí. Alguien cuestiona si pudo hacerlo inmaculadamente pero nada más. Con el americano han ido a saco, al de Villaba le respetan –crucemos los dedos- de momento. Crió afinidad y eso le valió el respeto y consenso que hoy ningún campeón se atreven a soñar.

La semana grande del ciclismo vasco se abre en el Camino, en Estella, en el Gran Premio Miguel Indurain. Den plácet a estos siete días de competición del más alto nivel (Gran Premio Miguel Indurain, Vuelta al País Vasco y Clásica de Primavera) que además incluye el Memorial Valenciaga, esa carrera que quien la ganaba tenía segura su presencia en el profesionalismo hasta Eduard Prades, quien al menos encontró acomodo en Portugal como pista hacia lo que sin duda se merece.

Nosotros esperamos a Miguel en el alto del Puy laureando quien mejor homenaje le haga en la carretera.