La tragedia no es que vuelva Michael Boogerd

Interesantes reacciones por la regreso a los volantes de Boogerd

La semana pasada, el día de Nochebuena, salió esta noticia en Sudinfo.be:

Tras su suspensión por dopaje, Michael Boogerd volverá a ser director deportivo

Boogerd, ciclista capital de finales de noventa y primera mitad de la siguiente década, vuelve al redil, como técnico en el Roompot, porque su sanción venció hace una semana, el 21 D. Venía este castigo del impuesto dos años atrás, tras haber reconocido que el dopaje había sido la columna vertebral de su carrera deportiva, en el artículo salen sustancias y demás lindezas a las que recurrió. No nos apetece ahondar mucho en el material de los hechos, que luego dicen que somos unos morbosos.

La noticia no nos llegó por el medio en cuestión y sí por la cita del twitter de @Cyclismedopage, un servicio de machaque diario, que recuerda la no poca porquería que nos rodea y celebra aniversarios de casos y resoluciones. Este es el nivel.

Lo que nos llamó la atención, al margen de ver de vuelta a un exciclista que en su día nos gustó mucho e incluso pudimos conocer en persona, es la reacción del ciclista francés, Jeremy Roy, que se muestra tajante y duro con este regreso.

Roy, corredor de la FDJ, uno de los ingenieros del pelotón, si no me equivoco, abre la caja de pandora y empieza la discusión. Le responde un tío que era elegantísimo sobre la bici, Pascal Hervé.

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El despropósito de Michael Boogerd

Michael Boogerd es uno de los mejores ciclistas del periodo más oscuro de la historia del ciclismo, esa que va desde mediados de los novena hasta bien entrada la primera década del 2000. Fue un ciclista omnipresente, que no optó, pese a que en su país quisieron verle más arriba, a ganar el Tour, pero que sin embargo rara era la vez que no estaba delante, con su casi perenne maillot tricolor de campeón holandés, en todas las carreras que tomaba parte.

No ganó tanto para lo mucho que batalló, sin embargo, se dejó la salud en el empeño de fraguar un palmarés cuajado de perlitas, como una París-Niza, una Amstel –la carrera por la que suspira cualquier neerlandés- y dos etapes en el Tour, una de ellas nada menos que en La Plagne, tras una escapada de esas que son de época.

Pero como digo Boogerd perteneció a la época más sórdida del ciclismo, de hecho su ciclo profesional (1994- 2007) se solapó con ese ciclo. Hace tres años confesó sus pecados, muy al estilo de otros corredores del momento: se dopó de forma puntual, “sólo la puntita” y para ocasiones muy especiales. Dijo que nunca puso en peligro su salud y que EPO, transfusiones y esteroides fueron la base de su dieta.

Boogerd dejó el ciclismo el año 2007 tras una excelente labor a favor de su compañero, líder y a la postre expulsado del Tour, Michael Rasmussen. Hasta que el danés fuera puesto fuera de la carrera, en la cima del Aubisque, Boogerd ejerció de gregario ejemplar, marcándose subidas antológcas como al Port de Bales, en la jornada que ganara Kim Kirchen porque el que cruzó primero la meta ese día, Alexander Vinokourov acabaría expulsado por dopaje.

Pues bien, nueve años después la UCI comunica que sanciona a Boogerd con dos años. Entiendo que la ley está escrita para aplicarla, que dejar cabos sueltos no es de recibo, que no hay excepciones y todas esas cosas, pero cuando la ley actúa de forma tan tardía, ¿es necesaria aplicarla?, y sobre todo ¿es tan decisiva como si se aplicara cuando corresponde?

Boogerd trabaja en estas fechas en el Roompot-Orange, el proyecto que un día quisiera ser tan decisivo como lo fue el de Rabobank, éste por cierto trufado de casos de dopaje. El exciclista lleva a chavales jóvenes que ahora ven este fallo. Yo si fuera el padre de estos críos sinceramente no sabría cómo tomarme que esta persona llevara la formación de mi hijo.

Como vemos al final, mal porque se sanciona mucho más tarde de la comisión de la falta y al mismo tiempo se hace en un momento en que esta persona maneja las riendas de chavales jóvenes. Es como lo que siempre decimos y que Mikel Zabala afirmó aquí hace un par de años: el ciclismo camina más limpio que nunca pero su imagen es tan pésima como siempre. Al final el pasado siempre llama a la puerta y pasar página se hace imposible.

Luis León Sánchez, en tierra de nadie

Cabe una máxima en el ciclismo postmoderno que habla de castigos sin castigo, de penas sin pena, de sanciones sin sanción. Es algo raro, intangible a la vista, pero sufrido en las propias carnes. Se trata de un limbo, una especie de no sé qué. Los corredores que caen en él, flotan, yacen pero se les impide levantar y mucho menos explicarse. Es la teoría de “culpable hasta que se demuestre lo contrario”.

Esto le está pasando a Luis León Sánchez esta temporada. El ciclista murciano leva ya unos años en Rabobank, ahora Team Blanco. Su nombre circuló en los posibles implicados en la trama que se investiga sobre Eufemiano Fuentes. Hasta aquí puedo leer. Nadie ha ido más allá. Nadie le imputó en el tétrico juicio de la Operación Puerto, nadie concretó más allá de los rumores. Nada, no hay nada.

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Sin embargo, en Blanco están tan escarmentados de haber permitido tantos dislates entre sus chicos que no se andan con tonterías, aunque ello vaya contra todo sentido común. Le han enviado a casa y aunque cobra su sueldo con puntualidad –según se afirma en esta malintencionada entrevista en el diario Marca- le tienen quieto en la nevera.

Vean el tema, tiene miga. Esto ocurre en un país que nuestra quejosa España mira con envidia. Sí, en los Países Bajos. Lo dicho, en las mejores casas cuecen habas. Sin embargo la situación es irritante. No juzgamos que Luisle esté o no vinculado a la Operación Puerto, si las autoridades competentes fueran hasta el fondo de la cuestión quitaríamos todas las dudas. Juzgamos que se aparte a un corredor por un rumor de “algunos” como apostilla con tino Josu Garay en su pieza.

Sembramos sospechas y no presentamos hechos, al menos no en la medida que resulten tan concluyentes que impliquen un castigo y sanción. En ciclismo eso no funciona así. Primero se malmete y se sitúa al ciclista en el limbo de los mediovivos. Así se hizo con un puñado de corredores a raíz de la explosión de la Operación Puerto. No estaban sancionados, pero las ventanillas a las que acudían a pedir trabajo se cerraban. De ese bucle infernal pocos salieron ilesos. Tan pocos que no creo equivocarme que sólo Angel Vicioso y Michele Scarponi ejercen con la normalidad que se le supone a un “no sancionado”, ambos tras pasar por Androni casualmente. Luego, repito, se debería saber de su implicación o no, algo que sigue siendo una incógnita.

Han pasado más de tres meses de temporada y a Luisle no le hemos visto con el horroso maillot de Blanco. El año pasado se cargaron a Carlos Barredo, ahora lo de Luisle. A ello añádanle Leipheimen, Boogerd, Rasmussen,.. yo desde luego si tengo el dossier de tal equipo en mi mesa no sabría si meter mis euros en el proyecto.