Las raíces del ciclismo amenazan ruina

Menudos días de confesiones y ajetreos. Nuestros deportistas metidos a autores amenazan con poner todo patas arriba. Rasmussen se une a la fiebre editorial y causa estragos. Tarea ingente tiene la renovada cúpula de la UCI con esta parentela. Ya se lo harán, no obstante, y aunque tomemos distancia, lo que sus errores o aciertos deparen nos afecta, y mucho, la salud del ciclismo va en ello.

Estos días se habla de quién estará o no en el inminente World Tour, de la suerte que correrá el proyecto de Fernando Alonso, de las maniobras de Oleg Tinkov, el bufón de este circo llamado ciclismo, y sin embargo no vemos que nuestros mayores, las carreras de toda la vida, muchas de ellas, vamos, lo están pasando mal y peor que lo pasarán si el plan de la UCI se aplica con la precisión que su hoja de ruta marca.

Como piensa el World Tour

Porque en España por ejemplo la llamada racionalización del calendario ciclista internacional pasa por degradar la carrera por etapas más antigua del World Tour, a excepción hecha de Giro y Tour. Sí me refiero a la Volta a Catalunya y sí me refiero a que carreras vacías de contenido y expresión histórica a como el Tour de Pequín le van a pasar por encima a no más tardar. En el documento que la UCI quiere implantar la Volta a Catalunya pasará a un segundo escalón a partir de 2017 y compartirá categoría con las vueltas a Omán, Dubai y Qatar.

Vuelta al país Vasco, se marcha

Pero la degradación de la Volta no es la única que se impone. La Vuelta al País Vasco también se cae del primer nivel, y con ella Romandía, Eneco Tour y Polonia.

Perfecto, vamos, una jugada maestra, pues en ese ciclo se ponen también Het Nieuwblad –la Het Volk de siempre- Harelbeke, Plouay y París-Tours. Es decir no sólo se penaliza la historia sino probados casos de éxito moderno como Plouay, Harelbeke y Polonia, carreras que demuestran que otro ciclismo es posible.

En el otro lado de la balanza se potencia la adinerada vuelta pequinesa y las carreras de Canadá, donde ni siquiera se ha hecho ademán de recuperar el Gran Premio de las Américas que un día ganara Fede Echave y qué tan pintoresco hacía el otoño más allá del Atlántico.

Incluso se mantiene hasta Hamburgo, como guiño para que un día los alemanes vuelvan a invertir en ciclismo.

Racionalizar el calendario era algo que se imponía, pero el coste es alto. En unos momentos donde la supervivencia fuera del más alto nivel es un milagro, apostar pruebas centenarias a la intemperie es una torpeza de dimensiones colosales. Este experimento se ha realizado en el fútbol europeo eliminando la Recopa y creando de la nada la Europa League, veinticinco peldaños por debajo de la Champions League.

¿Cuál ha sido el resultado? Pues una competición fantasma a nivel continental cuyo único partido importante es la final y el resto morralla de cruces y emparejamientos que muy pocos sabrían explicar. En el fondo, lo de siempre, abrir una brecha más profunda entre los ricos y los pobres.

Y como síntoma del poco aprecio que el ciclismo le tiene a su historia el caso del Museo del Ciclismo de Ghisallo. El recinto está cerca de su cierre.

Sí es el Vaticano ciclista, la Meca del fiel de la bicicleta, el lugar que guarda casi todas las maglias rosas de la historia y la bicicleta original con la que Fausto Coppi batió el récord de la hora en el Vigorelli milanés. Prueba más tangible de que perdemos el norte no podemos encontrar.

Foto tomada de www.ccsantboi.com

El whereabout y la intimidad del ciclista

Michael Rasmussen whereabout JoanSeguidor

El whereabout ya no se considera una intromisión en la vida privada

Recuerdo cuando me explicaron qué era un whereabout. Me lo explicó Oscar Freire, además, en una entrevista previa a uno de esos mundiales en los que pudo ser único de haber ganado por cuarta vez.

El whereabout es en plata el sistema por el cual la UCI debe saber en cada momento dónde está el ciclista, cuando no compite, por si surge la necesidad de un control antidopaje.

Una especie de custodia permanente y vigilancia intensiva en el que siempre hay que estar presto por si el ente te reclama. En caso contrario, mirad lo que le pasó a Michael Rasmussen.

Oscar Freire estaba indignado con ese sistema. No le veía más sentido que el de inmiscuirse en su intimidad. El whereabout era el demonio, un pasaporte de sospecha, un ticket de incertidumbre sobre el ciclista.


En El Velódromo…


He hablado con más ciclistas de whereabout y he oído de todo. Si eres algo metódico no debe ser un problema, al contrario, vas, lo rellenas y sigues. Si surge un imprevisto, lo justificas. Como si la matraca se hubiera relajado.

El whereabout no fue más que consecuencia de la situación, momentos insostenibles en los que el ciclismo estaba en el alambre y era portada sólo por cuestiones ajenas a la competición y sí por el escándalo.

El whereabout no fue más que una consecuencia de momentos gravísimos

Hablamos del 2004, un año negro, y no sólo se instauró en ciclismo, el whereabout estuvo en otros deportes, incluso en el fútbol, aunque la FIFA estuviera diametralmente en contra y la laxitud se impusiera en el engranaje.

Hace un tiempo un círculo de deportistas franceses, entre los que se hallaba la leyenda Jeannie Longo, denunciaron a la Corte Europea de Derechos Humanos el año 2011.

De aquella denuncia ha surgido la sentencia, y la Corte ha decidido que el whereabout no es una violación de la intimidad, ni de la privacidad.

Que los deportistas pueden sentirse mejor o peor con el sistema, pero que es el precio para restablecer la credibilidad maltrecha. De hecho los que entran desde su instauración lo admiten como parte del clausulado. 

Longo se la ha tenido que envainar, como quienes fueron con ella a denunciar y creo que la corte tiene hasta razón, cuando la situación de excepción en la que se encontraba, y desgraciadamente, se encuentra este deporte, y el deporte en general, así lo requiere.

Aunque las cosas, si queréis que os sea sincero, o siempre son sota, caballo y rey. La sociedad en la que vivimos es tan consciente de que las cosas no son lo que parecen, y no sólo en deporte, que añadir cosmética al tema no sé ni siquiera mejora las cosas, las empeora o simplemente las deja como estaban.

Imagen tomada de Ciclismo Internacional 

INFO

Pedalea con Melcior Mauri, Abraham Olano y otras figuras… 

Las grandes de Contador: Tour de 2007

El primer Tour de Contador llegó sin esperarlo…

  1. El ciclismo camina en el alambre. Muchas dudas quedan en el camino, un año después del estallido de la Operación Puerto, Oscar Pereiro, investido amarillo por descalificación de Floyd Landis… años de plomo, años duros, tiempo en los que ser aficionado de ciclismo no es sencillo, con gente inquiriendo sobre lo que pasa, tiempo en el que escribir de ciclismo tampoco es sencillo, con miles de preguntas aflorando y dudas surgiendo de debajo de las piedras. Decían que había una esperanza blanca, que se apellidaba Contador.

Así la historia, el Tour arranca envuelto en mil dudas sobre el favorito y quién puede tomas las riendas de la carrera. Es curioso, una carrera en la picota, un deporte en la cuerda floja, y el mundo descubre la increíble pasión que existe en Londres, y en UK en general, por este deporte. Si el ciclismo tuvo una segunda juventud en UK, ese día fue el día cero.

En el seno del Discovery de Johan Bruyneel, que ese año no pudo contar Ivan Basso, crecía una figura de la cual muchos ya veníamos advirtiendo hacía tiempo. Era un ciclista moreno, muy moreno, ojos grandes, mirada fija y una “diadema”  mal disimulada por la operación resultante del cavernoma cuyos efectos le abordaron en plena Vuelta a Asturias de tres años antes.

Especialista en distinguir pájaros por el timbre de su canto, respondía al nombre de Alberto Contador, ganador ese mismo año de la París-Niza, la carrera hacia al sol cuando aún vestía de blanco a su líder, y emergente baza tras salir indemne de la prórroga del Liberty en el pelotón, arrasado por als consecuencias de la OP.

La carencia de un favorito definido tiene una primera consecuencia, un danés, fino hasta la obsesión, Michael Rasmussen se escapa camino de Tignes, camino de la primera gran cima alpina y coge un liderato que asienta con tino en la crono de días después, una crono en la que se sale reforzado Contador, delante y con opciones, dando señales de que tiene margen y sobre todo más ganas de las que declara de dar guerra.

Y llegan imágenes icónicas. En Plateau de Beille, Contador, en blanco de mejor joven, se va solo con el danés, calvo, flaquísimo y amarillo. Un danés que para ser nórdico utiliza labia y dones con el joven rival, que sin embargo no entra al trapo, y le disputa y gana la etapa. La primera de las tres que ganaría en el Tour.

Al día siguiente un recital mil veces, millones de veces reproducido en las redes. Si el ciclismo de Youtube tuvo un día fue el del Peyresourde con Rasmussen encajando los dos, tres, cuatro, cinco o seis ataques de Contador, desatado en busca de más, de mucho más, encendido por una pasión que, a pesar de su edad, prendió rápido y fuerte: el amor por el Tour.

Una acción de esas que diez años después siguen vigentes, como una de las mejores actuaciones jamás vista, que marca la tremenda diferencia de aquel Contador frente al de estos años, mucho más suelto, sólido e incluso acoplado, serán cosas de la edad y eso que entonces tenía 24 años, talento a chorros y calidad evidente.

https://www.youtube.com/watch?v=QMaPvrIxvyc

Un amor que se escribió con prólogo semi amargo, porque en la cima del Aubisque el mundo tiembla. En otra edición marcada por los escándalos la guinda llegó en la cima de los Pirineos con Rasmussen saliendo pies en polvorosa, con el amarillo bajo el brazo, acosado por sus vagas localizaciones en tiempos donde el dopaje era paranoia generalizada.

Sin comerlo ni beberlo, amarillo para Contador que tuvo que mantener ante dos auténticos zorros, uno de ellos en su propio equipo, Levi Leipheimer, un ciclista al que le unieron varias historias, y el otro su primer gran rival histórico, Cadel Evans. Ni americano ni australiano pudieron quitarle el primer Tour, la carrera que torció su suerte, pero que, por lo atribulada que fue, anticipaba ese amor – odio que mantendría con la grande francesa, la carrera que ganó pronto, repitió rápido y nunca más podría con ella.

23 segundos, desde Fignon y Lemond no hubo edición tan apretada.

Abrimos de aquí a finales de año, este pequeño serial que viene a ser recuerdo de un ciclista que ha sido el mejor de su época en grandes vueltas, en un periodo complicadísimo para el ciclismo y los ciclistas, pero lleno de momentos de esos que a buen seguro nos gustará recordar con los nietos. A pesar de lo mucho que hemos escrito a favor y en contra del protagonista, siempre podremos decir que nosotros vimos a Contador.

Imagen tomada de Una de ciclismo… 

INFO

Rodando por tierras de vino, pero sabor ciclista

Los asesinos del Aubisque

Históricamente el Col de l´ Aubisque no ha estado en el imaginario colectivo como sí ocurre con otros vecinos, como el célebre Tourmalet. Sin embargo la cima que acogerá la etapa reina de la próxima Vuelta a España es más que centenaria y su frecuencia en el Tour le hace acreedor de la fama y estatus de Ventoux, Alpe d´Huez o el mentado Tourmalet.

A pesar de esta relativa “discreción”, el Aubisque encierra historias realmente increíbles y curiosas. La de Wim Van Est se lleva la palma, aunque también otros episodios como ese excelente relato que fue el de Octave Lapize chillando a los organizadores aquello de “sois unos asesinos” cuando en 1910 les hicieron penar, al capricho de los osos del lugar, por aquellas carreteras que ni siquiera los carromatos intentaban hollar.

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Lapize arrastrando su burra por un camino pirenaico

Al año, el Tour volvió al Aubisque que sería el centro de una de las primeras controversias, y misterios, de la historia de la Grande Boucle. Paul Duboc era un ciclista francés que en 1909 había finalizado cuarto en la general. En 1911 llegó a la etapa décima, con Peyresourde, Aspin, Tourmalet y Aubisque en el plano, siendo segundo de la general pero con la convicción de que el liderado estaba en su mano.

Y así Duboc se puso manos a la a la obra, escapándose de muy lejos para poner la carrera al borde del colapso. Coronó un alto, otro y otro, todos en cabeza. En la base del Aubisque, en Argelès-Gazost, el corredor empezó a encontrarse mal. Su fortaleza se vino abajo. De repete empezó a vomitar. Retornado sobre su bicicleta, su ascension se convirtió en zigzagueo penoso, de un lado a otro de la ruta, mientras los rivales, atónitos le veían languidecer.

Al final del día, el entonces periodista Henry Desgrange situaba el foco en un bidón que el corredor recibió en el inicio del Aubisque. Duboc había sido envenenado, pero ¿quién pudo llegar hasta tal extremo?. Se señalaron los principales beneficiados con el derrumbe del ciclista que comandaba la carrera, pero no salió nada claro de todo aquello. Duboc, restablecido, ganaría la siguiente etapa, como síntoma de su tremenda condición física.

Dos veces ha sido el Aubisque final de etapa. En 1985, el ganador fue Stephen Roche en una etapa cortísima de unos 50 kilómetros en los que el director del irlandés, el bohemio Geminiani, le caló un buzo de contrarreloj para convencer a su corredor que corriera aquella jornada como si de una crono se tratara. Medio avergonzado, Roche se puso un maillot convencional sobre el buzo y se desprendió de él en el pie del Aubisque en donde se llevó su primera etapa en el Tour.

La otra llegada en el alto del Aubisque fue en la incalificable edición de 2007 cuando Michael Rasmussen de amarillo batía a Contador horas antes de ser expulsado del Tour por no fijar con claridad por que parajes preparó la carrera. Curiosamente Rasumussen es ganador de una de las pocas veces que la Vuelta se ha atrevido a cruzar el umbral de los Pirineos, en Cauterets, en 2003, el lugar en el que Miguel Indurain empezó a plasmar la leyenda que muchos le auguraban en la mejor carrera del mundo.

Imagen tomada de www.bikerace.info

Réquiem por Rabobank

El banco neerlandés de Rabobank ya ha puesto fecha de caducidad a su salida del ciclismo. 2017 es la marca que maneja una entidad que ha sido fiel a este deporte durante casi veinte años, tomando la estructura que en su día nos descubriera la cerveza sin alcohol de Buckler –míticos aquellos prólogos de Jelle Nidjam-, y que anteriormente se llamó Superconflex antes de ser Wordperfect y Novell, en 1995, el equipo de Djamolidine Abdoujaparov.

Veinte años de presencia íntimamente ligada a este deporte  que en el país tulipán es cuestión de estado. Tal fidelidad sólo puede ser respondida con agradecimiento por quienes amamos este deporte, incluso en la amarga hora de la despedida. La salida del banco además ha sido como una demolición controlada, tras dejar en “blanco”, nunca mejor dicho, el maillot, permaneció vinculado a otras categorías y modalidades hasta decir basta. La decisión llega además en un momento en que la empresa anuncia tremendos despidos en su estructura regular.

La lista de ciclistas de Rabobank es espectacular, no tanto quizá sus resultados, que siendo buenos parecen dar por válida esa teoría de que las estrellas emergentes holandesas nunca han dado de sí lo que se esperaba de ellos. La lista es larga y generosa: Mollema, Boom, Bos, Gesink,… y la prueba clara es la desastrosa campaña que ha firmado su sucesor natural, el Lotto Jumbo, sin apenas resultados reseñables.

Posiblemente el nivel de presión y la comodidad que el equipo ha conferido a alguna de sus estrellas haya sido un motivo, sin embargo no siempre fue así pues el conjunto naranja ha sido foco de importantes casos de dopaje que al parecer no han sido episodios aislados en más de un momento. Aquí explotaron escándalos mayúsculos como el de Michael Rasmussen en el Tour de 2007, en lo que fue yo creo el inicio del fin del patrocinio de Rabobank como fue inicialmente concebido, o las confesiones de Michael Boogerd, auténtico emblema del equipo, omnipresente cuando el dopaje fue indisimulado, hablo de inicios de los 2000.

El Rabobank fue feudo de importantes ciclistas españoles, aquí Oscar Freire amasó buenos triunfos, como San Remo, el maillot verde del Tour, una París-Tours y una Gante-Wevelgem, aquí Juan Antonio Flecha no se sintió valorado y aquí se trató lastimosamente a Juanma Garate y Luisle.

Rabobank anuncia que se va y subyace una pregunta: ¿Será el ciclismo holandés capaz de sobrevivir a su omnipresencia? Si la salud de este deporte por esas latitudes es la que presumimos, no debería ser un problema.

Cadel Evans lo deja sin nada que reprocharse

En Ponferrada, la semana de Mundiales, Cadel Evans anunció que deja el ciclismo. Aunque la nieblilla de la competición y la actualidad de misma arrinconaron su anuncio que paradójicamente ha ocupado mucho menos espacio y atención que la retirada de Jens Voigt con el show de la hora incluido.

Cadel Evans ha sido un ciclista muy machacado pero aquí siempre le hemos admirado por dar lo que tenía. Poseedor de uno de los estilos más discutibles sobre la bicicleta, su actitud, a veces exasperantemente conservadora, ha puesto en guardia a muchos críticos, garantes del ciclismo de ataque y espectáculo. Siempre a remolque, rara vez asumiendo las responsabilidad, buen croner, aceptable escalador, sin embargo se ha granjeado un palmarés tremendo en calidad, que no en cantidad, en los años más oscuros del ciclismo y sin estar vinculado a nada que supiera o denotase la maldita palabra de dopaje.

Cierto es que este ciclista procedente del BTT, estuvo vinculado al Michele Ferrari, una de esas amistades que daban caché hace veinte años y ahora es el mismísimo diablo. Con el doctor italiano tomó referencias para dejar las ruedas gordas por el fino asfalto. Desde entonces no se supo más de la relación entre ambos. Si la hubiera habido no se preocupen, Evans tiene por delante la eternidad para que le vilipendien, en lugar alguno gusta sacar la mierda a relucir como en el ciclismo.

En España Cadel Evans ha caído especialmente mal porque no han sido pocas las veces que se ha cruzado en el camino de ciclistas españoles. Desde aquella vez que fuera esporádico líder del Giro, hace doce años, coincidiendo en la lucha con Aitor González, Evans se ha cruzado varias veces en el camino de la llamada “generación dorada” del ciclismo español. Como si de un hecho premonitorio se tratara, recuerdo aquella crono final del Tour de Romandía por las empedradas cuestas de Laussana en la que Evans adelantó de una tacada a Alberto Contador y Alejandro Valverde para hacerse con la general de la carrera helvética.

La historia de Evans con el ciclismo español por eso vivió su arranque oficial en el Tour de 2007 cuando quedó segundo por menos de un minuto y un manojo de dudas sobre qué habría sido de esa carrera si Michael Rasmussen y Alberto Contador no se hubieran dado hasta en el carnet. Evans bramó, aunque flojito, por la no aclarada influencia del danés en esa edición, pero poco más se supo. Al año siguiente, Evans vio como otro español, Carlos Sastre, desnudaba su tacañería al correr ganándole un Tour en la subida a Alpe d´ Huez. En 2009 el “suceso de Monachil” le dejó muy lejos de Valverde en la lucha por la Vuelta y a los pocos días ganó su Mundial en Mendrisio, toda vez se deshizo de Kolobnev y Purito al más puro “estilo Kiatkowski”.

Sin embargo este ciclista de gris estampa, agrio carácter y lánguido carisma, supo aprender de los errores. Tras “petar” en el Tour de 2010, se recompuso al año y lo ganó demostrando que la cicatería rara vez es pasaporte al éxito. En la mejor etapa de ciclismo de los últimos años, aquella que llevó al Galibier, el “casi retirado” Andy Schleck le puso contra las cuerdas obligándole a sacar lo mejor de sí. Ese día, y al siguiente, cuando la cortedad táctica del luxemburgués nubló su camino de Alpe d´Huez, Cadel Evans ganó su Tour y lo hizo sin engaños, con las cartas hacia arriba diciendo “éste soy y así es como corro”. Chapeau.

Ahora viene también una travesía en el desierto para el ciclismo australiano, posiblemente más llevadera que la española, pero travesía, por cuanto allí, y aunque nos parezca impensable, también se obsesionan con el Tour y en el nivel de disputarlo no ven a nadie como Evans.

Thanks a lot, Cadel.

Foto tomada de lacadenilla.blogspot.com

INFO

Para poder trasportar correctamente tu bicicleta con el embalaje NACEX BICIBOX, debemos tener en cuenta lo siguiente

1nacex

– Se debe girar y desmontar el manillar

– Se deben desmontar los pedales y ruedas (una o las dos dependiendo del tamaño)

– Se deben proteger los elementos sensibles (cuadro, tijas) y aquellos que queden desmontados con papel burbuja o similar

– Introducir en la caja cuidadosamente evitando golpes y arañazos

– Transportar siempre en posición vertical

Ser un tramposo es un jugoso negocio

Hoopika es un pequeño y simbólico enclave de Hawái. Su importancia reside en la cantidad de amantes del windsurf que acude cada año a sus playas. En invierno, dice la Wikipedia, sus olas son grandes y acogen importantes concursos entre los aficionados. Su nombre significa “hospitalidad” en el idioma local. Estos días por estos idílicos paisajes deambula Juan Antonio Flecha en su anunciado periplo hawaiano una vez concretó su retirada del ciclismo.

Mientras en el resto del mundo poblado, el libro de Michael Rasmussen ya se recoge en librerías. Entiendo que el libro como pieza de morbo que es tendrá acogida entre los lectores. Tendrá muy buena acogida. Entre los pasajes que más se han replicado en prensa surge el dopaje sistemático en Rabobank el año 2007, ese que estuvo a punto de ver al danés ganar la mejor carrera. Las dos veces que Dinamarca ha optado al Tour se ha liado bien gorda. Y eso que dicen que es un país serio.

En ese Rabobank corrían Juan Antonio Flecha, ahora buscando la ola de su vida, y Oscar Freire. Obviamente cuando Rasmussen habló del equipo naranja todos escrutaron sus alineaciones y la presencia de los dos ciclistas españoles llamó la atención. En un mundo en el que casi ningún profesional de la bicicleta está exento de sospechas, Oscar Freire era de los pocos que siempre sorteó el mal fario.

Sin embargo Rasumussen se desdijo casi a las pocas horas. A Freire no le vio hacer nada, de Flecha no sabe nada. La reacción del primero fue interesante, amenazó con llevar al danés a los tribunales. Qué poco vemos algo así, que un ciclista desautorice las sospechas de otro con la contundencia de Freire. Aún recuerdo esa querella que Luisle Sánchez le iba a meter a Telecinco por citarle en una operación antidopaje y nunca más se supo.

Oscar Freire y Michael Rasmussen tienen ya sendos libros en circulación. Freire lo estrenó hace unos meses de la mano de un buen amigo de este sitio, Juanma Muraday, quien hizo una ingente labor de búsqueda de material relacionado con el tres veces campeón del mundo. Más que una biografía es un bodegón de un realismo tal que no deja cabo suelto en la fecunda carrera del ciclista cántabro.

De forma aleatoria supe que ese libro cuenta con una tirada inicial de unos 2000 ejemplares, una tirada obviamente modesta como en definitiva modesto es todo lo que rodea al ciclismo. No quiero saber la tirada de Rasmussen, que será de unos cuantos miles más. Ayuda todo a que se dé esta paradoja, pero sobretodo el morbo y la triste necesidad de saber qué se coció en la trastienda de su carrera. Ponderen la trayectoria y valores de Freire y Rasmussen y díganme quién merece vender más.

Porque con Ramussen vuelve a cobrar forma aquello que un día sacamos aquí sobre Nicole Cooke, la excelente ciclista británica que dejó la vida profesional hastiada de tanta porquería y gentuza que se ganaba mejor la vida dopándose y contándolo luego, que compitiendo siempre limpia. Mientras Cooke hacía estas declaraciones tomaba forma el escándalo de Lance Armstrong –de quien se rueda una película de ingente facturación- y salía el libro de Tyler Hamilton, también traducido al castellano. Poco antes había la biblia de David Millar arrepintiéndose sólo un poquito.

Hablamos en todos los casos, y seguro que nos dejamos alguno más, de “best sellers”, de piezas cuyo valor documental es dudoso, pues los interesados son los primeros en no querer contarlo todo. Esa es la realidad chicos, esa es la lección que extrae cualquier jovenzuelo que se adentre en este deporte –también en otros-. Sale más a cuenta ser un tramposo que legal. El mundo premia a los primeros, omite a los otros. 

Foto tomada de www.hln.be

Gracias, Michael Rasmussen

No pocas cosas hemos dicho aquí sobre Michael Rasmussen. Casi ninguna buena. Nos ha parecido un interesado, un mentiroso, un oportunista y obviamente un tramposo. Por contra creemos que la forma en la que fue tratado en el Tour del que fue expulsado fue muy injusta, pues se le puso una alfombra roja de salida a una persona que con la ley en la mano no había hecho nada diferente al resto. Luego ha hecho esfuerzos para volver por diferentes vías pero el peso de su estigma salió siempre a flote como esas boyas en alta mar.

Quizá en el hecho que no haya podido volver resida ahora parte de su utilidad. Igual que la saña y verborrea que gastaba en las carreras que disputaba, Rasmussen es peligroso para muchos. Sí ahora mismo, en estos momentos. El ciclismo amanece con otro libro de traca, el del danés, que sabedor que las puertas del teatro se le han cerrado para siempre parece dispuesto a obrar en consecuencia. «Fiebre amarilla» se titula. A alguno ya le habrá dado fiebre, sin duda.

Y en esa nueva sinceridad dos personajes aparecen marcados en rojo. El primero de ellos ya caído y sólo el beneplácito e hipocresía de su equipo le mantienen en la palestra. Hablamos de Ryder Hesjedal, el hombre que ganó el Giro de 2012 proclamando a los cuatro vientos su total limpieza. Resulta que, empujado por la obra de Rasmussen, ha tenido que admitir que hace diez años el dopaje formaba parte de su vida.

 

He visto lo mejor y lo peor de este deporte y creo que ahora está en el mejor lugar que ha estado nunca. Miro a los jóvenes ciclistas de nuestro equipo y de todo el pelotón, y sé que el futuro de este deporte ha llegado

 

Sí, Hesjedal habla de jóvenes, de futuro, de esperanza, pero oculta su pasado pobre y negro con la misma retórica que le mantiene en nómina del Garmin, ese equipo que amamanta un buen grupo de exdopados y los mezcla con grandes talentos. Con tal caldo de cultivo qué hemos de pensar. ¿Crecen sanos los chavales en medio de una nómina de demagogos como Jonathan Vaughters, David Millar, Christian Vandevelve o Tom Danielson? Es que hablamos de la guardia pretoriana del equipo, tanto en lo deportivo como en lo moral.

Porque el proceder de Hesjedal es curioso. Canta ahora que el libro de Rasmussen empieza a estar disponible, sin embargo en Garmin dicen que Hesjedal hace un año que ya colabora con la verdad. Hablamos pues de manejos velados, cuestiones privadas,… en fin. No sé qué habría de decir Purito Rodríguez sobre el corredor que le sopló un Giro a la sombra misma del duomo milanés.

Pero parece que con Hesjedal el tema no va a acabar. En el horizonte otro de los personajes más negros de este deporte: Bjarne Rijs. El domingo mismo, La Gazzetta apuntó la posibilidad de que el técnico haya vendido sus responsabilidades en Saxo Bank a Oleg Tinkov porque el libro de Rasmussen es concluyente sobre su “savoir faire” en tiempos del CSC. Igual Tinkov no deberá esperar un año para tener su juguetito ciclista, lo puede tener ya y no crean que para Alberto Contador debiera ser malo, pues el magnate puede serle un acicate al tiempo que una extraordinaria excusa para esconder un rendimiento que hasta la fecha no ha sido el de antaño.

Aunque las partes nieguen el posible, el rio agua lleva y si es para empequeñecer un tipo que ha medrado hasta lo insospechado como Bjarne Rijs, a pesar de su tremendo pelotazo de hace 18 años, nunca estaremos lo suficientemente agradecidos a Michael Ramussen.

Foto tomada de www.zimbio.com