Michael Woods siempre tiene una buena historia

Michael Woods JoanSeguidor

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Si un corredor parece morir en el empeño, ese es Michael Woods

Dice Michael Woods que cuando vio a Valverde lanzar el sprint final del Mundial tan lejos pensó que tendría una opción.

«Quería ataca a 150 metros de meta, pero cuando abrió gas a 300, no me lo podía creer. Llegué a pensar que podía batirle»

Una quimera, un propósito de esos que diríamos imposibles.

De 100 sprints no sé cuantos le ganaría Michael Woods a Alejandro Valverde, pero la lógica y el pronóstico irían por caminos opuestos a la ilusión de un canadiense que nos tiene enamorados.

Porque es en esas palabras donde vemos que con Michael Woods toma forma eso de que para el ciclista no hay nada imposible.

En un mes le ha cambiado la vida a este canadiense que se retuerce en la bicicleta, como las opciones que busca para hacer algo grande.

Especialista en estas rampas imposibles, emergió entre las estrellas del mundial, entre Moscon, Valverde y Bardet, para acabar el trabajó de finiquitar las opciones de Alaphilippe.

En un mes, decimos, las tornas han cambiado, han virado rumbo norte y para bien.

La historia que nos contó cuando ganó en el Balcón de Vizcaya nos demostró que los males con ciclismo parecen menos males.

Y aunque la frase suene forzada, como la pose de Woods sufriendo su máquina, es la realidad de que en el fondo el ciclismo puede ser hasta balsámico.

DT-Swiss Junio-Agosto

La botella y las rampas de Michael Woods

El final del Mundial de Innsbruck fue eléctrico, dentro de la electricidad que queda en las piernas tras 260 kilómetros.

Fue eléctrico y acalambrado para Michael Woods que no tuvo la botella final y le entraron rampas en  el desenlace.

Pero igual que se rehizo al drama familiar previo a la Vuelta, lo hizo en el final de Innsbruck.

No pudo con Valverde, pero impidió que Tom Dumoulin pisara el podio.

 

Bronce, días después de ganar en un emblema de la Vuelta, Michael Woods siempre tiene una buena historia.

O quizá es que él sea la buena historia, una historia cuya entraña podría explicar Juanma Gárate, su apoyo en los momentos que sólo te queda el ciclismo.

Porque con Woods tenemos esa sensación que pocos corredores saben corresponder: y no es otra que lo dejan todo, que se vacían en el empeño.

En San Luca remó, pero De Marchi se le fue.

No sería raro verle delante en Lombardía.

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Porque no conoce la palabra especulación.

Y eso para quienes admiramos esta gente, lo es todo.

Gane o no gane.

Imagen: EF Education First – Drapac p/b Cannondale

La Vuelta: Las luces se encienden, desde Nairo a Yates

La Vuelta- Michael Woods JoanSeguidor

El Monte Oiz abre huecos y pone orden en la Vuelta que Valverde y Mas pueden tener a tiro

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Monte Oiz, la Vuelta se gusta por aquí.

Se gusta por desniveles imposibles, firmes gruesos.

Se gusta por Euskadi, algo que por suerte ya no es noticia.

Se gusta verde, pero también entre la niebla que nos impide ver bien a Alejandro Valverde y Enric Mas poniendo la Vuelta custa abajo.

Una niebla que disimuló el mal momento de Simon Yates, en el mejor día de Adam.

Una luz roja que empieza a encenderse en muchos sitios.

Simon Yates mantiene el liderato, pero en esa armadura roja no le llega el nudo de corbata.

Alejandro Valverde le ha descolgado, le ha metido el miedo en el cuerpo, miedo escénico.

Fantasmas que vienen desde Italia, desde ese fin de semana horrible que empezó antes de Finestre.

Es un aviso, pero Simon Yates no quiere que Andorra sea los Alpes italianos.

Entretanto Valverde crece y ahora sí desplaza cualquier duda: es el líder del Movistar, con Nairo quedándose cuando aún no habían empezado las hostilidades.

La Vuelta para Enric Mas

Y a rueda de Valverde, un balear que casi tiene la mitad de su edad.

Enric Mas sale de la Vuelta 2018 como otro ciclista.

Un corredor que ha madurado en dieciséis etapas lo que otros en varios años.

Está en el podio, tras la flaqueza de Kruijswijk y de Nairo. Ojo que se han dejado un minuto.

Ahora mismo nada está escrito, y este azul no ha venido a firmar cualquier cosa.

La jornada vizcaína de la Vuelta, verde a rabiar, verde pero mechada por bronce de otoño.

Una etapa que ha demostrado que la Vuelta, en su tercera semana, está en la mano de unos pocos.

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Y así otra vez una fuga con nombres que nos suenan: De Gendt, Mollema, Clarke, Woods, De Marchi, Herrada, Teuns, Fraile, Amador, Nibali, Zakarin, Majka…

Es lo que pasa cuando estás en la tercera semana de la tercera grande, cronológicamente hablando, del año.

Y de esa fuga emergió Michael Woods en lo más duro de Monte Oiz.

Dejó hacer a Majka, a De la Cruz, a Fraile, y dio cuenta de Teuns.

El Education First vino con el casillero temblando y gana dos etapas en la Vuelta con dos corredores diferentes.

De Clarke en bajo el sol plomizo y andaluz a Woods entre la niebla del Balcón de Vizcaya.

Michael Woods, como Ryder Hesjedal en La Camperona en aquel final de infarto, le da continuidad al jardín canadiense en la Vuelta.

Una victoria preciosa, una victoria que Woods ha podido dedicar a su mujer que ha pasado por un trance de esos que no deseamos a nadie.

La jornada vizcaína de la Vuelta, la jornada para Murias, que no pudo meter la gente que quisiera delante, pero que no dejaron la opción de al menos conducir el pelotón mientras la cámara se recreaba por San Juan de Gaztelugatxe.

Una fiesta de ciclismo íntegramente vizcaína para poner la Vuelta a merced de Andorra, del País Vasco, al País de los Pirineos.

Imagen tomada de FB de La Vuelta