El todo o nada de Alejandro Valverde

Días antes de la celebración de la carrera reina de los Mundiales, Alejandro Valverde, en previsión que hiciera lo que hiciera recibiría críticas, se puso la venda: “Seguro que me caerán palos, seguro” vino a decir. Detractores a pleno pulmón, defensores cegados. Valverde no tiene punto medio, saca lo mejor y lo peor de cualquiera, es como su forma de correr, cuando anda inspirado, no hay quien le tosa, cuando está nublado se nota. Eso sí, nunca sale a figurar.

La temporada 2014 de Alejandro Valverde es de excelente. No puede caber otra nota que ésta. Le vale por un año en el que ha ganado vueltas a Andalucía y Murcia, siendo ésta una clásica de un día, el Campeonato de España contrarreloj, una etapa antológica en la Vuelta a España y tres clásicas de prestigio, sobretodo Flecha Valona y San Sebastián, más la Roma Maxima, la remozada cara del histórico Giro del Lazio. A su vez cabe sumarle un podio en Vuelta y Mundial, tercero en ambos, y la cuarta plaza en el Tour de Francia, donde quedó más cerca que nunca de su objetivo del cajón parisino. Ah, y la Lieja, donde fue segundo.

El año de Valverde quizá no acabe en Lombardía, pues se debería jugar el número uno de la UCI, que esta vez deja vacante Purito, con Alberto Contador en China, en lo que sería rizar el rizo. Por todo este año merece esa nota y algo más. Valverde ha ofrecido todas las caras de una moneda, y casi de un poliedro, si me apuran. Dominador en la Roma Maxima  y en las carreras que domina, dígase Murcia o Andalucía, carreras de perfil bajo, cabe decir. Fue certero en Donostia y Flecha. Espléndido en su etapa en la Vuelta, pero amilanado y a menos en el Tour, esa carrera que ha lastrado su progresión en otros frentes.

Con estas credenciales y con las del ciclista con más podios que nadie en la historia de los Mundiales, se presentó Alejandro Valverde en Ponferrada. Cinco podios hasta la fecha jalonaban su bagaje en la carrera más bonita. El primero en aquel mundial lejano de Hamilton, Canadá, donde guardó las espaldas al campeón Astarloa para batirse en un sprint imperial sobre Van Petegem. Fue plata también Madrid, quizá algo precipitado ante un Tom Boonen, entonces en su plenitud velocista, en la ligera subida de La Castellana. Luego tres bronces, uno logrado en los años de plomo de Paolo Bettini, ese ciclista que supo neutralizarle como nadie, el de Valkeburg y la reacción tardía al ataque de Philippe Gilbert, reacción tardía sumada al no auxilio de Oscar Freire, y la del año pasado en Florencia, cuando el caballo Rui Costa se le había escapado incomprensiblemente.

En Ponferrada creo que muchos tuvimos la sensación de que a Alejandro le pasó de largo la última opción de ser campeón del mundo. Así como en Lieja cuenta con sus dos victorias, con un nutrido palmarés en otras carreras, aquí el tren parece que pasó. Y así se desprendía de su gesto en el podio, abotargado por el esfuerzo y cariacontecido por otra medalla, y no la de oro, que cuelga de su cuello. Alejandro Valverde sabe que Richmond el año que viene y Doha el próximo están fuera de su órbita, al menos a priori, porque quizá al verse obligado corra con el arrojo que por ejemplo en El Bierzo le faltó.

Porque para un corredor que ha sido cinco veces integrante del podio del mundial lo de menos, me parece, debe ser asegurar una medalla, otra medalla. Los síntomas de Ponferrada denotan que ni Valverde ni la selección corrieron para ganar. No se rozó el desastre de Florencia, pero no se ofreció la mejor imagen. El trabajo polaco no fue casualidad y quitaba el factor sorpresa que muchos atribuyen a Kiatkowski, ciclista por cierto con podios en las Ardenas y una temporada extraordinaria. Al joven campeón nadie le siguió cuando se fue en un descenso mágico y eso que hubo mayoría española en el grupo delantero. Si el mundial se corriera por naciones sería entendible, pero no es el caso, el campeón es individual, llegar con casi todos tus efectivos adelante es anecdótico.

Luego Alejandro se sirvió de Purito para dinamitar la carrera en la última subida, allí donde Gerrans, Gilbert, Gallopin y compañía le tenían tomada la matrícula. No se tuvo que esperar tanto, más cuando el consenso hablaba de un circuito poco selectivo. Quizá esa selección la dio la propia lluvia, los descensos, las curvas, el riesgo que en definitiva sí tomó el campeón.

Este post responde a un anhelo que más de una vez hemos expresado, ver a Alejandro Valverde campeón del mundo. No es imposible que suceda, pero lo tiene muy complicado. Sea como fuere, con su palmarés, su bagaje y lo que conlleva su nombre esperábamos mucho más el domingo. Esa es la realidad, y no está reñida con el hecho de que cuando no esté les echaremos mucho de menos.

Foto tomada del Facebook de Mundial de Ponferrada

INFO

Guante para el frio -Termico Glove

Un guante de inverno diseñado con el tejido original de Q36, 5 UF Thermal Shell (originalmente desarrollado para la Termica Jacket ).

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El tejido laminado de forro provee excelente impermeabilidad y cualidades térmicas

El guante está cortado  con el mismo esmero  para facilitar el confort y la facilidad de movimiento, que el resto de la colección. El ajuste preformado, que se puede apreciar incluso antes de ponértelo, el guante se curva hacia atrás en las zonas de la muñeca y el espacio entre el pulgar y el índice, simulando la posición de la mano al montar, el resultado es una mínima tensión en el tejido del guante y consecuentemente en la mano que está dentro), en la posición que montamos.

También tiene paneles laterales reflectantes, acolchado en la palma para protección de los nervios, y micro inserciones de ante Japonés.

Especificaciones técnicas 

Materiales: 45% polyester, 19% polyamide, 13% elastane,

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Peso: 82.5g

Tallas: S-M-L-XL

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Made in Italy

#RadioVuelta – Semana 26

#Trend El mundial fue polaco      

La semana del mejor ciclismo del mundo llenó Ponferrada con un balance que para la delegación española sólo arroja una medalla, la de bronce de Alejandro Valverde. En la retina quedaron excelentes momentos como la crono redonda que nos ofreció Bradley Wiggins frente a un entumecido Tony Martin o el éxito noruego en la carrera de sub 23. Sin embargo, el mejor momento nos lo ofreció Michal Kiatkowski en la escalofriante bajada en la que cimentó un triunfo mayúsculo e inteligente. Con toda su carrera por delante, este portento polaco calza un arcoíris en una temporada en la que ganar no le resultó sencillo.

#Click Ponferrada aprovechó el tirón

Lució bonita Ponferrada, dentro de sus limitaciones. La capital del Bierzo tuvo el inconveniente de la lluvia en la jornada reina pero ofreció el lienzo de su castillo templario como seña de un lugar que aunque atractivo es puerta de las no pocas maravillas que tiene esta comarca leonesa de transición hacia el paisaje y acento gallego. Al menos, y aunque fuera de forma somera, la retransmisión se abrió a otros emblemas bercianos, de entre que los que se destacan el espacio aurífero de las Médulas y la increíble joya mozárabe de Peñalba.

#Profile Bradley Wiggins, el ciclista del millón de dólares

En este bendito deporte hay superestrellas, especialistas, grandes ciclistas y Bradley Wiggins. Inclasificable por su palmarés y trayectoria, el inglés añadió en Ponferrada un arcoíris que resalta más aún la singularidad de su trayectoria con títulos olímpicos de pista y carretera, campeonatos del mundo en ambos terrenos, vueltas por etapas hors categorie y hasta un Tour de Francia ganando envuelto de todas las polémicas del mundo. Cuando no esté seguro que se le extrañará.

#Clipping       

La consistencia de Txurruka. A veces, muchas, no es necesario ser campeón del mundo para ser la persona más feliz del planeta. Amets Txurruka ganó en los días paralelos al mundial el Tour de Gevaudan, una carrera de nivel 2.1 en la que el vasco fue el mejor en la general. Para Txurruka se cierra otra temporada adornada con un triunfo, una excelente noticia para él y su equipo, el mismo por el que ha morado un año sin excesiva notoriedad Luis León Sánchez, a quien el premio de la montaña de la Vuelta no es el éxito que se le atribuía a su innegable clase.

El medallero de Ponferrada.  Doce títulos se pusieron en juego en la capital berciana y cayeron tres para Alemania, dos para Australia y Estados Unidos y uno para Noruega, Dinamarca, Polonia, Francia y Reino Unido. Aunque para muchos la aventura ponferradina se resuelva en la imagen de Kiatkowski cruzando primero la meta, lo cierto es que la exhibición en la crono juvenil  de Lennard Kamna y las emocionantísimas victorias de Campbell Flakemore en la crono sub 23 y de la francesa Ferrand-Prevo en el fondo femenino nos obsequiaron con momentos impagables.

#Hashtags by @LiveCiclismo

#MilanoTorino, #ILombardia, #EMT2014, #TourPiemonte

Foto tomada del Facebook de Ponferrada2014

El Mundial se gana con grandeza

En el último Tour Michal Kiatkowski corría como si no hubiera un mañana. Un día en una escapada, el siguiente en la otra, tiraba de Tony Martin, al otro día al revés. El polaco, joven, inexperto en apariencia, se fogueaba. Cogía forma y fondo. Mientras algunos no veían clara su estrategia, mientras decían que no podía ejercer de esta manera, él aprendía el oficio, y lo hacía desde adelante, con los mejores. Correr de forma pusilánime está de moda para algunos pero no para Kiatkowski.

El mundial de Ponferrada se decía que no tenía dureza, que en las subidas se podía seguir con comodidad la rueda delantera. Se presumía una llegada en gran grupo. Se señalaban favoritos, ciclistas que del perfil de Freire, el matador de antaño. Se dieron por hecho muchas cosas, muchas, menos una…

Lo que no se dio por hecho es que en un Mundial vienen los más grandes y que estos no están para bromas. Tras tiempo llamando a la puerta, Michal Kiatkowski está en ese círculo, pequeño, estrecho y angustioso, el de los mejores. Su ataque fue de grande, de veterano. A primera hora del Mundial, en esas vueltas que algunos consideran “de la basura” su selección trabajó con una fe que sólo podía denotar lo que pasó.

Porque el Mundial no es sólo cantidad, también es calidad. Suiza con tres, y entre ellos Albasini, se salió. España corrió con nueve ciclistas, pero ¿quién trabajó con efectividad ahí delante? Uno y medio: Jonathan Castroviejo y Jon Izaguirre. El primero es todo bondad y entrega por su líder, el otro todo clase y categoría. Ambos mantuvieron con vida al pelotón cuando los cuatro fugados, liderados por un imperial Alessandro De Marchi.

En el inicio de la vuelta final, Dani Moreno tomó la responsabilidad, sobre todo cuando Kiatkowski lanzó su ataque, un ataque que, al inicio del primer descenso, llevaba toda a intención del mundo. El madrileño del Katusha se hizo el sueco llevando la casaca española. Se hizo el sueco, o no quiso verlo, o quizá no tuviera fuerza. Ahí estuvo la calve, ahí estuvo la carrera.

España cumplió con su plan inicial. Como en los años de Freire. Entonces la premisa era llegar al sprint. Ahora conviene romper el pelotón con tiempo. En la subida al Mirador Purito abrió el camino a la reacción de los grandes. Cuando vimos que Van Avermaet, Gerrans, Gallopin, Gilbert, Breschel y Valverde formaban ese corte era obvio que el polaco iba a ser ganador.

Se dice que el trabajo de la selección española ha sido bueno. Cierto es que no ha sido malo, pero sí mejorable. Minguez tomó nota del desaguisado del año pasado pero en esta selección hubo corredores como Luis León Sánchez que poco menos que tuvieron unas vueltas remuneradas por Ponferrada. Cualquier comparación del murciano con el trabajo de Castroviejo es grotesco.

Valverde sigue engordando el récord de podios que ya tenía. Para muchos es algo muy grande y aunque lo sea, sinceramente, viendo al murciano en el podio, ilusión la justa. Valverde quema sus mejores años rondando el triunfo, pero nunca ha sido él quien ha dado el golpe definitivo. Miren a Rui Costa, a Kiatkowski, a Evans, a Ballan,… y díganme qué tienen ellos que no tenga Valverde. Ellos dieron el golpe cuando convenía, Alejandro no. Cabrá esperar a otro año, a un año en que dicen que el recorrido es de encefalograma plano. Los años pasan y ese portento que fue plata en Hamilton 2003 no es un crío.

Imagen tomada de www.ciclismointernacional.com

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Para poder trasportar correctamente tu bicicleta con el embalaje NACEX BICIBOX, debemos tener en cuenta lo siguiente

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– Se debe girar y desmontar el manillar

– Se deben desmontar los pedales y ruedas (una o las dos dependiendo del tamaño)

– Se deben proteger los elementos sensibles (cuadro, tijas) y aquellos que queden desmontados con papel burbuja o similar

– Introducir en la caja cuidadosamente evitando golpes y arañazos

– Transportar siempre en posición vertical

La vida loca de Michal Kiatkowski

Una de las tónicas en las inenarrables retransmisiones de Televisión Española de este Tour fue oído continuamente a Carlos de Andrés reclamando eso que los catalanes decimos “seny” a Michal Kiatkowski. Cada vez que el polaco pasaba en cabeza, tentaba la fuga, armaba el ataque o sencillamente se descolgaba, el longevo locutor apelaba al sentido de la responsabilidad y los kilómetros en competición.

Quizá el narrador prefiera la actuación ambigua y conservadora del Movistar, o las grises “performances” de Tejay Van Garderen, posiblemente prefiera que el espectador que informa se dé una siesta, porque la suerte de comentarios invitaba a ello.

Es obvio que Kiatkowski ha competido bastante este año, pero su Tour ha sido una delicia, un canto a la improvisación y pasión que este deporte a veces pierde entre estudios, túneles del viento y Excel. El polaco fue un elemento  atrayente en muchos momentos en que la carrera no dio más de sí. Es notable por ejemplo ver la cantidad de veces que fue top ten provisional o a final de una etapa, incluso las veces que pudo vestir el maillot amarillo de manera virtual. Su ataque con Tony Martin en los Vosgos fue detonante, por ejemplo, de que el pelotón no pudiera pararse del todo a esperar a Alberto Contador, cuando éste miraba de remprender la macha.

Kiatkowski ha concluido el Tour con 62 días de competición, y le quedan unos cuantos, prevé la Vuelta Polonia en agosto. El año pasado por ejemplo, en datos de Procyclingstats, culminó 66. Quizá por eso, y porque lleva un buen puñado de triunfos, planteó el Tour así, al tuntún, aprendiendo entre pájara y pájara por no saber medir las cantidades de pasión a su oficio, pero aprendiendo en definitiva a ser ciclista y dibujar sus límites que por el momento quedan bien marcados en la montaña.

Con todo siete triunfos jalonan su palmarés de 2014, incluyendo las victorias en febrero de Algarve y Mallorca, sumando la Strade Bianche –una de las carreras más impactantes de la campaña- y una crono en Romandía. Balance para nada escaso si tenemos en cuenta que se ha batido con los mejores a cara descubierta y sin esconder lo más mínimo. Ciclistas así hacen falta en momentos bajos.

Imagen tomada del Facebook del Tour de Francia

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Mikel Kolino en el Camino de Santiago “non stop” de Mikel Azparren

El próximo 16 de agosto Mikel Azparren se pondrá en marcha desde Roncesvalles a las cuatro de la tarde para intentar llegar al umbral de la Plaza del Obradoiro justo 24 horas después. El reto mayúsculo implica además de un terrible esfuerzo en ese tramo de 756 kilómetros ingentes entrenamientos previos que podéis seguir aquí.

Esta no será la primera vez que Azparren tome esta ruta con tan alta ambición pues ya la completó en 24 horas y 56 minutos sin parar y tras un momento complicado en la Cruz de Hierro, justo cuando la ruta abandona la Maragatería para introducirse en el Bierzo.

Azparren montará un par de bicicletas Orbea y vestirá la indumentaria Q36.5.

Mikel Kolino será uno de sus acompañantes junto a diversos auxiliares y un juez que esperemos pueda certificar tamaño desafío.

El peligro está por doquier

El azar ha querido que este julio sea invierno plomizo y lluvioso en Francia. El azar ha querido que este Tour se quede huérfano, al noveno día, de sus dos corredores más destacados. El azar reparte números entre otros ciclistas, entre Nibali, sin duda el gran favorito, Valverde, Rui Costa, Porte,… a todos estos los ubicábamos en una segunda línea, ahora son la vanguardia de la carrera.

Fue en un descenso, en un terreno pestoso, y por ende precioso para el espectador, donde Alberto Contador se dejó la opción de ganar el tercer Tour e igualar a Greg Lemond. Incluso con el tiempo que había cedido podía pelearle a Nibali el triunfo. Apeado de su máquina, sin aparentes nervios, removió las tripas del personal. Tardó un mundo en volver a la ruta, como si estimase que de ahí no pasaba. Y no pasó, tras descolgar a Roche, Majka y Rogers para su auxilio se despidió de ellos y “au revoir”. Contador está lastrado en el Tour, por lo que fuere no tiene suerte y hoy lo hemos vuelto a ver.

Pero no perdamos el norte. La carrera sigue. La carrera está preciosa. Me atrevería a decir que como en el Tour que ganó Pereiro, ese que no adivinábamos un candidato real. Alberto Contador había preparado con mimo milimétrico este Tour, se le veía como en sus mejores años, con tiento, centrado, fino, en forma. Nos perdemos sin él, seguro, un buen espectáculo –se me hace muy difícil pensar en la Vuelta con más de medio Tour por delante y con esa fractura de tibia que circula por los mentideros-. Sin embargo la etapa nos ha parecido sencillamente preciosa, extraordinaria, de ciclismo de verdad, marcada por la dureza, por un terreno precioso y grandes nombres en liza. Este no es un ciclismo de Youtube, es un ciclismo de antaño, de pizarra, que te obliga a verlo desde la salida real. Lo digo por quienes dicen que el Tour se inspira en la Vuelta para los recorridos.

El Tour necesita los corredores, pero al revés también ocurre. El Tour ha perdido a sus dos mejores ciclistas, a los mejor situados en la salida inglesa, pero el Tour se regenera y nos profiere ciclistas mayúsculos como Tony Martin que hoy ha sembrado de miedo la carretera con un Michal Kiatkowski que mientras define sus objetivos en la vida quema el presente y desecha un futuro que debe ser suyo, porque el futuro es de los valientes. Un Tour que nos descubre lo mejor de Lieuve Westra, de Peter Sagan, que incluso hasta posiciona a Purito Rodríguez para el maillot de faralaes, un premio bueno cuando el ritmo de Nibali era inaccesible.

Porque Vincenzo Nibali es el hombre de la carrera. Con él existe la tentación de ser injustos. Se le recordará que lideró, veremos si lo ganará, un Tour sin sus dos máximos favoritos, pero hacer conjeturas es tramposo y ventajista. Aquí lo único probado es que Nibali ha liderado bien el Tour con Froome y Contador en liza. A  pelo, tanto el inglés como el español son claramente superiores al italiano, pero el ciclismo es algo más: trampas, tácticas, emboscadas, riesgos,… Nibali eso lo supo manejar cuando estaba en inferioridad.

La mala suerte nos ha impedido ver qué hubiera pasado de haberse mantenido los tres en competición pero restar mérito a cualquiera de los que destaque ahora en la carrera es hacerle un flaco favor a este deporte. Pero que no se confíe, como reza el título “el peligro está por doquier” y ser el máximo favorito en este Tour da mal fario.

#fact El Tour más largo de la historia fue el de 1926 con más de 5700 kilómetros en unos años en los que sólo tomar la salida te situaba en el vértice de la locura.

#àdemain El Tour se toma un merecidísimo descanso por la preciosa zona de los Vosgos. El miércoles la carrera afronta el segundo ciclo hacia el sur, hacia los Alpes con 187 kilómetros hasta Oyonnax una vez se atravesarán cuatro puertillos en los últimos 40 kilómetros.

INFO

Eurosport es la casa del ciclismo

1EUROS

Con el Tour afrontando su segunda semana es buen momento para recordar la extensa oferta de Eurosport en el ciclismo. Todos los días LIVE la etapa más las previas y análisis con Greg Lemond, micrófono en mano en las cunetas de la meta, y Juan Antonio Flecha pululando por los buses. En agosto toda la aproximación a la Vuelta a España se dará en bloque a través de este canal. Podéis tener aquí más información. 

Lo que le falta a Sagan le sobra a Kiatkowski y viceversa

Esto es otra cosa” dijo Peter Sagan cuando, apeado de la ruta, se montó en el coche de equipo de la París-Roubaix, de su primer Inferno, hace cuatro años, justo después de deslumbrar camino de Niza unos meses antes. Se distinguió entonces su talón de Aquiles que con el tiempo se significó como la gran debilidad del fenómeno eslovaco: la grandísima distancia. Desde el principio de los principios, Sagan tuvo una obsesión superar con garantías los 200 kilómetros, una obsesión que sigue siendo tal. A veces se le ve díscolo, feliz y relajado, es un showman pero cuando debe trabajar duro lo hace, y consta que este invierno se preparó fuerte para los monumentos, esos que aún se le resiste. 

Cuando Sagan se fugó camino de Siena con Michal Kiatkowski en el desenlace de la Strade Bianche, muchos se apresuraron a decir que aquel era el duelo del futuro. Lo podrá ser, es muy posible, si bien en ciclismo las cosas cambian tanto de un día, qué no habrá de pasar en unos años. No obstante nos tocará esperar porque la primavera de ambos ha sido desigual, donde Kiatkowski se ha mostrado fuerte, que no efectivo, en la larguísima distancia, Sagan ha estado sobrado, en pegada, y al revés pasa lo mismo.

Si vemos la campaña primaveral de Sagan ahí queda su frío resultado, casi tanto como el día, de San Remo. Pólvora mojada, nunca mejor dicho, en un día que llovió a mares, tras una jornada de 290 kilómetros que le dejó paradójicamente seco en la disputa de un sprint que por debajo de los 190 kilómetros no se le habría escapado, con permiso de Cavendish. Igual que en Flandes, cuando no pudo estar con los hombres fuertes en el momento clave, más allá de los 220 kilómetros, cuando Greg Van Avermaet empezó a ponerse pesado.

Pero en el haber del eslovaco está su victoria en Harelbeke, tan pulcra, tan clara. Mandando como un capo, que lo es del pelotón, saliendo a los ataques, sí, pero en una clásica que raya los 200 kilómetros. Y luego Roubaix, en la que menos presión tuvo, y en la que estuvo mejor, si tenemos en cuenta las expectativas. Sagan tuvo velocidad en momentos puntuales pero no fondo.

Todo lo contrario que Kiatkowski, sensación del inicio de campaña, encadenando Mallorca, Algave, Strade Biache,… hasta que Contador le dejó claro que su límite está en la alta montaña. Pero este polaco de estrecho pedalear, tuvo espaldas anchas, y tras ser segundo en País Vasco, completó con podio las mal llamadas –como diría Luis Roman,- clásicas de las Ardenas. Tercero en las tres, a él el argumento de la edad no jugó en su contra y se creció, pero a diferencia de Sagan le falto velocidad y vista. Velocidad en Lieja, contra dos ciclistas mucho más formados que él, Gerrans y Valverde, vista en la Flecha, donde se precipitó, y fuerzas en la Amstel, con Gilbert estelar. El duro polaco tuvo fondo, el que esquivó a Sagan.

Esto es el ciclismo, la vida, nunca sonríe a gusto de todos. Mientras Kiatkowski juega su suerte en Romandía, estos dos portentos buscan nuevas metas, el Tour está en el horizonte. Grandes jornadas nos prometen.

Imagen tomada de www.dorsal51.com

Simon Gerrans siempre fue un capo

En 1989 se corrió un Tour de Francia que sentó cátedra. Lo firmó un ciclista, Greg Lemond, que salía de un túnel que empezó el día que su cuñado le pegó un tiro cazando. Un tiro casi mortal, que le cambió la vida y su forma de concebir el ciclismo. Del excelente competidor americano que emergió a mediados de los ochenta, se pasó a un corredor táctico, frío, escondido, pero resolutivo, un tremendo killer que en el año de autos ganó la gran carrera francesa solo, sin equipo, frente a Fignon y Delegado y luego dio cuenta, también solo, en el Mundial de Chambery por delante de Kelly.

El ciclismo se compone de ciclistas que exponen valientes, los alabamos y les queremos, destacamos sus virtudes, y no dudados en darles coba incluso cuando las fuerzas les flaquean. Estos ciclistas muchas veces no salen en los anales. Luego están corredores semi presentes. Están pero no están, corren cara al viento cuando toca, pero se descuelgan de la cabeza cuando les corresponde dar la cara en exceso. Y finalmente están los killers, ciclistas que no son espectaculares, que necesitan de carreras raras, algo incontroladas y fuera del control y el dictado. Son ciclistas que no perdonan.

Como Lemond, Simon Gerrans es un killer, un nueve nato, un Makay o un Higuain, un ciclista que no se le tiene de primera fila pero que mata, y cómo mata, como nadie. Se le añade a todo ello que Gerrans siempre tiene, en río revuelto quien le haga la faena –saludos a Fabian Cancellara-. Hoy en el fragor de Ans, lo único reseñable de 260 kilómetros, invocó a los santos y vio como uno a uno Philippe Gilbert, Alejandro Valverde y compañía se inmolaban por coger a ese dúo italiano que fruto del descontrol casi la lía en la Doyenne del centenario.

Porque, no nos engañemos, ver ganar a Gianpaolo Caruso o Domenico Pozzovivo, por muy bien que lo hicieran, hubiera sido una especie de homenaje menor a esta fantástica carrera que ha vivido, con sus 100 ediciones, un triste homenaje carente de emoción más allá del tramo final. Ciclismo de Youtube.

Y es que para que no haya corredores como Gerrans, deben existir esas cabras locas que vilipendien el control del pelotón desde más lejos. El paso de La Redoute, el posterior de la Roche aux Faucons fueron un “quiero y no puedo” de ciclistas que no tienen la seguridad de hacer algo grande como en su día no hicieron Jalabert, Berzin, Vandenbroucke, Bartoli y compañía. Sí, ya sé quién he citado, y en qué años corrieron estos, pero es lo que había y ese ciclismo se rompía de lejos y a San Nicolás llegaban cuatro máximo.

Por lo demás la carrera volvió a ratificar un buen tono del BMC que por fin cuaja una primavera digna a su presupuesto, con Samuel Sánchez logrado su mejor actuación en Lieja siendo gregario y lejos de sus mejores pedaladas. Estuvieron bien los Garmin, con esa gilipollez de #PandaPower generando tweets y Daniel Martin, posiblemente el favorito que mejor lo hizo, tras Gerrans, si bien esa curva que el año pasado pasó solo con Purito roto, le llevó a rodar por los suelos.

Y nos queda Alejandro Valverde que cuaja otro podio y que sinceramente con ciclistas que manejan los tiempos como Gerrans no puede. Alejandro ganó dos Liejas, cierto, pero con ciclistas que en lo táctico se significaron nefastos como Cunego, Rebellin y Frank Schleck. Sólo Bettini, entre sus derrotados ilustres y porque en 2006 sprintaba cien veces más. En la Flecha Valona, Mollema y Kiatkowski le hicieron el canelo, pero el australiano cuyo cuello se confunde con el ancho de su cabeza fue demasiado.  Grandes los Izaguirre que de haber compactado un poco más la carrera al final podrían haber dejado a Valverde más íntegro en sprint con Gerrans. Sea como fuere ser segundo en Lieja es un buen resultado y significativo sobre la punta de velocidad que con los años ha desasistido al murciano.

Ahora toca cambio de chip, Lieja cierra la primavera. En breve empieza Romandía, luego el Giro –de cuyo cartel se caen favoritos a espuertas-, la rueda gira y no para.

Foto tomada de velonews.competitor.com