Cuando gana Gilbert, nos alegramos todos

Amstel Gold Race JoanSeguidor

Recuerdo oír aun ciclista una vez, creo que fue Juan Antonio Flecha, que la clave de un ataque en una cota no es hacerlo bueno en medio de la misma, y sí en la coronilla, en el falso llano que acompaña la última rampa. Eso lo tenían claro Kwiatkowski y Gilbert, cuando con la carrera decantada para los de adelante, dieron la estocada a su grupo, tras ser los que posiblemente más tiraran y mejor trabajaran.

El ciclismo muchas veces es injusto, otras es al revés. Cumple con quienes lo merecen. Hoy ha sido este caso. Hubo dos formas de hacer. Coger el corte de inicio, con Henao se fue Gilbert, o irse del segundo grupo cuando la cuerda está a punto de romperse, como hizo Kwiatkowski, en uno de esos movimientos que definen este polaco: visión, anticipación y perspectiva.

Valverde y cia iban con Kwiatko en ese momento, como Dani Moreno aquella vez en Ponferrada, cuando Michal se fue “inofensivamente” en un descenso, como Cancellara en Flandes, cuando vio partir al excampeón del mundo, con Sagan a rueda. Cuando Kwiatkowski ataca es por algo. Iban con él…

Lo vieron salir Valverde y Van Avermaet, lo vio pasar Wellens. Kwiatko enlazó y la carrera acabó. Con Henao en su auxilio, estaba sentenciado el grupo de atrás. Como siempre flotó el sabor de sentencia sobre todos aquellos que entraron delante con campeón belga y ganador de San Remo en el grupo.

Acabó la cosa como tenía que acabar. Ni Albasini, ni Ion Izagirre,… no hubo manera. Gilbert y Kwiatko se fueron y se ganaron la gloria a partes desiguales. Para el primero la cuarta Amstel de su carrera, para el otro una plaza de plata que no debe satisfacerle nada, habida cuenta que su punta de velocidad le dio para batir un par de veces a Sagan, pero no a Gilbert. Y es que es lo que tienen estas carreras. No ha guión escrito.

Triunfó la Amstel con su nuevo recorrido, sacando del epílogo ese «monumento a dejarlo todo para el final» que es el Cauberg, repartiéndolo por el trazado varias veces. Pero no os engañéis, estas Ardenas pintaban diferentes desde el momento que la abordaban ciclistas en plenitud de forma y con la ambición rebosando. Cuando corredores como los dos primeros, como Valverde, como Henao o como Van Avermaet están bien, es complicado que el espectáculo defraude. Más cuando les conviene evitar el sprint con Matthews, Colbrelli y cia.

Porque esta Amstel ha tenido ciclistas que corren a lo grande, que no especulan y sacan el repertorio en el momento que se les precisa. Su forma de correr dista mucho de los Movistar, que vuelven a irse de vacío con Alejandro en la carrera que como la selección a Messi, “no se le da”. Arguyeron la baza de Rojas por delante, pero eso es pecar de optimismo. Rojas con esos gallos hizo lo que tenía que hacer, seguirles y gracias. Movistar esperó que le arrastraran su baza por delante y le repescaran otros la de atrás. Correr esperando que otros te pongan en orden el jardín es lo que tiene, que no eres dueño de tu suerte y eso acostumbra a salir mal, incluso entre los azules, tan afines a sacar tajada del esfuerzo ajeno.

En fin, primer acto y nos alegramos de que el ciclismo recupere la Amstel, esa carrera de más de treinta muros que por fin no se resuelve en un sprint fruto del bloqueo. Como siempre decimos, cuando gana el ciclismo, ganamos todos.

Imagen tomada del FB de Amstel Gold Race

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Que Sagan no gane en Flandes

El otro día, en las carpas aledañas a la meta de Wevelgem. había sensaciones encontradas. Mientras Greg Van Avermaet saboreaba un histórico triplete, la cara de Peter Sagan no conjuntaba con el tierno arco iris que luce en su pecho. El campeón del mundo estaba muy mosqueado, tanto que no se cortó ni un pelo, y puso nombre y apellidos a su pesadilla, un holandés, Niki Terpstra, quien a su jucio corrió como todo el Quick Step, con el objetivo de hacerle perder la carrera.

La sobrada fue de las que hace época, sin duda de esas que marcan el carácter de un ciclista único que habiéndose ganado el corazón de la afición, ahora parece que quiere dividir la masa, como Moisés los mares, entre detractores y fieles seguidores. A mí las declaraciones de Sagan me gustan y no: me gustan porque aliña con picante el ciclismo, le pone salsa y le da sabor, pero no me gustan porque la falta de respeto a sus rivales va implícita en el mensaje: “Aquí gana el que yo digo” viene a decir. Excesivo.

No obstante Sagan no puede hacerse el sorprendido ante esta situación. Su mal es el mal de muchos y muchos campeones en la historia. Su figura imprime respeto, mucho, muchísimo y se le une que es bien visible, con su túnica de campeón del mundo. No creo que nadie corra contra él, el problema es que intimida y además en el pelotón, como en la viña del señor, hay de todo, ciclistas valientes como él, dígase Van Avermaet o Kwiatkowski, que además le tienen tomada la medida, y otros que prefieren verlas venir y en ese grupo, el Quick Step tiene varios, pues tienen el mejor equipo pero no un capo como Van Avermaet o el propio Sagan.

Se vio con Niki Terpstra en Wevelgem, pero lo hemos visto estos años atrás, cuando los azules llevan ya un tiempo sin mojar en una grande, ansiedad que se suma a la cuenta atrás que Patrick Lefevere tiene en el patrocinio del equipo y las riendas que eso le da para controlar, aún más, los movimientos de sus chicos.

Ya en el anterior Eneco Tour, Sagan despotricó contra sus compañeros de grupo cuando no quisieron colaborar con él en una caza. “He ganado yo lo que todos ellos juntos” dijo, en fin, bravuconadas, sellos que creo que estos bien llamados “flandriens” deben imprimir, por ser tipos duros, hechos del fragor del adoquín y de la niebla del lugar, ciclistas que no pueden jugar a especular, porque entran en la mesa a todo o nada, sin premios de consolación, ni algodondes, porque a estos les gusta ganar. Qué decir de Roger De Vlaeminck, que retirado hace tiempo sigue sacando la lengua a pasear.

Dijo también Sagan que mejor no ganar, que le perdería el gusto a la competición si se aburriese de ganar, perfecto pues, que este fin de semana le repasen y el domingo siguiente salga a romper en Roubaix y se cobre todas las facturas de golpe. Que Sagan no repita en Flandes y de paso nos dé el fin de semana en el Infierno…

Imagen tomada de http://www.rondevanvlaanderen.be

Sagan marca la complejidad de los monumentos

Acertar es lo complicado y como bien dicen la suerte siempre te pilla trabajando. Ayer, cuando calmábamos la ansiedad que nos generó el tremendo desenlace de San Remo, lanzamos algún comentario sobre la dificultad que encuentra Peter Sagan a la hora de rematar en los monumentos, esas carreras que muchos ansían, pocos ganan y menos repiten.

Peter Sagan tiene un palmarés excelso, camino ya de las 100 victorias, ha corrido un buen puñado de clásicas del máximo nivel, pero su casillero luce escaso. “Una victoria en estas carreras es muy poco para su calidad” leí y no puedo estar más de acuerdo. Sagan le da, muchas veces, al ciclismo mucho más de lo que éste le devuelve, pero no creo que se arrepienta ni deba hacerlo, pues lo cierto es que lo que hace cada vez que se ajusta un dorsal a la espalda es ser coherente consigo mismo y con su forma de hacer, generoso, quizá, entregado, mucho, pero es que nació así, con sangre caliente.

Valoramos muchas veces si Sagan se entrega demasiado, si no le saldría más a cuenta guardar y dejar pasar más a otros, pero no es sencillo. Primero que los ciclistas cuando están en carrera no le dan tantas vueltas al coco, van más por instinto y aunque a veces les veamos cerebrales, que alguno hay, no son más que impulsos los que les mueven, en ocasiones acertadamente en otras no.

Sagan tiene que arriesgar porque que no parece tener la punta de velocidad de antaño, por eso su ataque en el Poggio creo que no puede sorprender a la audiencia, más cuando veíamos un buen grupo de velocistas aguantando por encima de sus posiblidades, pero aguantando, en el grupo principal. Lo que Sagan ha debido perder de chispa en las llegadas, lo ha mejorado en potencia, con ataques como el de ayer, en el umbral de los 290 kilómetros, demostraciones rodadoras, como el año pasado en Flandes, y descensos que rozan lo insensato. Luego que tire o no es lo de siempre, con él los adversarios se guardarán algo pues lo contrario sería un suicidio.

Sagan muchas veces ha sacado y rematado el córner. El año pasado en Wevelgem por ejemplo, o en Flandes mismo. No se escondió y tuvo premio, otras veces le han levantado la cartera y además corredores que precisamente no son especuladores, como Van Avermaet y Kwiatkwoski, aunque estos parecen manejar algo mejor los esfuerzos cuando tienen delante a Sagan.

A veces la figura del eslovaco obnubila tanto que cualquier comentario, cualquier crítica que se le haga, es mal encajada por esos seguidores que se declaran incondicionales. A mí la verdad me gusta la valentía y me gusta que se premie con el triunfo, por eso me alegré cuando ganó Flandes el año pasado o las etapas del Tour, porque era perenne, un personaje fijo en la fotografía de cada etapa, y eso es impagable, pero también veo que en los monumentos tiene un techo, que seguramente rompa, pero lo tiene.

Sagan dijo estar contento por haber dado espectáculo, supongo que será un consuelo verbalizado hacia los demás, porque un depredador como él, nunca podría estar contento con una segunda plaza. El discurso del espectáculo también es mucho de su excompañero Alberto Contador, y no deja de ser la venda para la herida. Cuando lo das todo no tienes nada que reprocharte, sin embargo cuando a eso le añades de la victoria, es que sencillamente te sientes completo.

Con todo, en Peter Sagan vemos lo complicadísimos que son los monumentos, unas carreras que puedes no ganar en tu vida, aunque piques a la puerta cada año, o que ganas una vez y nunca más. En los terrenos en los que Sagan machaca en cualquier otra carrera, no ocurre lo mismo en un monumento, salvo Flandes el año pasado. Veremos qué hace en los dos próximos que han de venir, el mentado Flandes más Roubaix. Yo no sé si Sagan será el próximo en ganar las cinco clásicas más prestigiosas, lo que sí sé es que si lo logra, habrá tenido un mérito enorme, porque la dificultad como veis es extrema.

Imagen tomada del FB de Milano-Sanremo

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Kwiatkowski es el techo de Sagan

Cuando los grandes llegan al velódromo de Roubaix, cuando terminan la cota de Ans, en la Classicima les quedaría subir la Cipressa y el Poggio, el tramo intermedio, el descenso a San Remo, la recta final… es lo que tiene el monumento que nunca cambió de llegada ni final, que siempre fue de casi 300 kilómetros, kilometraje salvaje, casi prehistórico, una saeta del ciclismo de antes en el ciclismo de ahora.

Y ese kilometraje que antaño les hacía salir a las cuatro y media de la mañana para llegar en el ocaso del sol, se sigue atragantando en la garganta de Peter Sagan, el ciclista que es al ciclismo lo que el sol al sistema solar. Todos le miran, todos le siguen, su arco iris es una X en la espalda y otra vez fue la rueda a seguir.

Tenía dos opciones Sagan, nadar y guardar la ropa o buscar su ventaja innata en los descenso reventando el Poggio. Optó por lo segundo, lo hizo tras un efectivo trabajo del Bora, ese equipo que algunos dicen que no tiene. Y optó por eso porque en ese grupo había muchos gallos aguantando, Matthews, Démare, Bouhanni, Gaviria, el primer corredor que ha sido primer espada de Lefevere estando Boonen en liza,… sin hasta Tomeke trabajó para el prodigio colombiano.

Sagan optó, decimos, por romper en el Poggio, poco antes de llegar al giro cerrado de la cabina, esa antigualla que permanece como esta carrera. Abrió un pequeño hueco y zas apareció su otra pesadilla, que no fue Van Avermaet, y sí Michal Kwiatkowski, el ciclista polaco, que viene vestido de negro Sky, un Sky que esta San Remo tenía que ganar sí o sí, porque al Kwiatko ganador le unía la baza de Viviani, el corredor que llevo en cesta durante todo el Poggio.

Y entonces empezó San Remo, la carrera que muchos se niegan a reconocer obnubilados por otras carreras más jóvenes, menos clásicas, la San Remo de casi 300 kilómetros en las piernas que te exige un descenso suicida por entre los invernaderos del Poggio, solicitando cinco y hasta seis sentidos en un corredor atenazado por siete horas de carrera. Esa San Remo te hace caer a plomo, te rompe el ánimo, te deja seco…

Y en esas circunstancias, Sagan se encoje, por qué, no lo sé, pero aparece el corredor generosamente entregado a un triunfo que se le escapa entre las manos. Kwiatkowski sabía perfectamente que la suya era la rueda ganadora, y acabó por dejarle el comando del trío, ahí estaba también un Alaphilippe cuyos límites son también muy difusos, hasta la recta final.

En esa recta vimos una imagen conocida, un sprint entre eslovaco y polaco es una moneda al aire, Sagan es favorito por defecto, pero su rival de generación le hace un traje cada vez que se miden. Recordad Harelbeke el año pasado, la Strade hace tres,… sólo en Flandes el año pasado, cuando Kwiatkwo petó, emergió Sagan, las otras veces el del Sky se ha llevado el gato al agua. Ahora son tres.

Michal Kwiatkowski era para nosotros, permitidnos arrogarnos el mérito, uno de nuestros favoritos para la jornada. Lo tiene todo, potencia, buen final, resistencia, verticalidad pero también imprevisibilidad por eso cuando siguó a Sagan, como cuando descabagaron a Cancellara camino de la meta de Flandes, cualquier cosa podría pasar. Kwiatko es el espejo, el límite, el techo de cristal de Sagan, que tome nota, porque aquí no tiene un rival para San Remo, lo tiene de por vida…

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Kwiatkowski es el ciclista vertical

Dicen que Siena era la gran rival de Florencia. La ciudad vertical, vestida de espiritualidad, una ciudad imposible, de cuestas y escaleras. La ciudad religiosa, anclada el medievo que se diferenció de Florencia cuando la mieles del renacimiento dieron sus frutos. Dicen que en Siena ganan, desde hace unos años, en Il Campo que se atiborra de multidudes en el Palio, los muy buenos y entre ellos está un polaco, que corre como el mundo caminara al desastre y que ya ha ganado por partida doble en este lugar. Hablamos de Kwiatkowski.

Joder qué carrera, qué manera de correr. Como si no hubiera un mañana. Para quienes amamos la historia del ciclismo, las carreras que le dieron un nombre y le cincelaron un prestigio son el santo y seña. Pruebas de abolengo y palmarés amplio. Ayer lo preguntábamos: Strade o San Remo???

Sé que en estos momentos de excitación todos irán a por la primera, todos apostarán por la carrera cuyo logo pareció diseñar Barilla. Reposad, asimilad lo que habéis visto, lo que habéis flipado, y pensad un poco más allá. Yo a la Strade no puedo más que regalarle mi admiración, pero si le dan el hervor que le falta, más kilometraje, podría ser perfecta.

Le llaman la clásica al norte que se disputa más al sur. Esta vez lo fue. Lluvia, barro, frío, intemperie. Qué carrera, otra vez lo decimos. La Strade gana los galones que a otras les costó décadas hacerse, más que nada porque los que vemos ciclismo hoy no vimos a Van Looy, Merckx, Poblet y Van Stenbergen. Esta carrera hecha entre los cipreses toscanos quiere acercarse a ellas en tiempo récord.

A catorce de meta Kwiatkowski decidió que si esto se tenía que decidir tenía que ser desde adelante, como dijo Chozas. Y no le asistió mayor razón al polaco, todo un campeón del mundo y ganador de la carrera. Poco le separaba de Stybar, Van Avermaet y Wellens, lo suficiente para que se decidiese a romper la baraja de lejos, y de paso darnos una de las exhibiciones que seguro pasarán al álbum de esta temporada.

La bendición de la Strade fue además de su postal que la carrera se jugó entre ciclistas que no esconden. El corte que eliminó a Sagan dejó delante ciclistas que no saben especular, que entienden el ciclismo como el arte de dar sin esperar nada a cambio. Tener delante a Van Avermaet, Dumolin, Stybar, Trentin, Wellens, Benoot,… es un regalo en forma de profesionales que entienden su oficio como el arte de dar sin esperar a cambio más que un baño de gloria.

Y eso fue esta Strade, un baño de gloria para un corredor cuya suerte empezábamos a cuestionarnos. Salvo Harelbeke, el primer año de Kwiatkowski en Team Sky fue para olvidar, muy lejos de lo que se le supone, incluso en los lares que se le esperaba. La Strade ha recuperado a Kwiatko, el ciclista que hace tres años, vistiendo el maillot polaco en Quick Step, no omitió el duelo directo con Sagan y le ganó en las calles de Siena. El corredor que esperamos que haya vuelto para quedarse…

Imagen tomada de @StradeBianche

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Básicos de Primavera

Vamos con lo mejor del ejercicio ciclista, vamos con la Primavera, ese periodo que rompe el último fin de semana de febrero y se alarga hasta bien entrado abril. Dos bloques: pavé y Ardenas, unas quince carreras. Ahí va lo que consideramos VIP para lo que arranca el sábado con la Het Volk, ahora llamada Het Nieuwsblad.

1. Cancellara retirado y Boonen en retirada: la que ha sido pareja de baile durante tantos años, más de diez si tomáis conciencia, ya no estará sobre la pista. El adoquín pierde brillo con el ocaso de dos grandes en la materia, un par de leyendas que están a otra cosa. El suizo saboreando su primer invierno exento de las penalidades del oficio y el belga afinado más que nunca para poner su rúbrica. Pensad, y valoradlo bien, entre uno y otro hablamos de siete Roubaix y seis Flandes.

2. Alfa y omega Sagan: y en ausencia de los dos mentados, la leyenda en vivo viste de arco iris, excede su tamaño ciclista y se precia de ser el foco de lo más importante y granado que pasa en este ciclo. La última temporada Peter Sagan rompió su maleficio monumental con un Flandes herorico, pero si vamos más allá, si hurgamos un poco más, veremos que no hubo carrera que no le tuviera en la pomada, ni siquiera Roubaix, donde perdió el tren de Boonen pero donde protagonizó el famoso caballito a sesenta por hora sobre adoquinado para no arrollar a Cancellara. El ciclismo es Sagan.

3. La dupla del Trek: con Alberto Contador encabezando la parte de vueltómanos, el Trek apuesta de forma decidida por la primavera. Ese escaparate que pone al límite el material, sus tensiones y acabados, es perfecto para hablar de las bondades de la bicicleta y el equipo «rossonero» lo sabe. Tiene una dupla que de funcionar puede ser la bomba. La potencia y versatilidad de Jonh Degenkolb, salvado su “annus horribilis”, que bien puede ganar San Remo y ser Dios en Roubaix, y la prestancia de Jasper Stuyben, un ciclista perfilado para rodar sobre el adoquín que tiene la opción de liderar sin Cancellara en liza.

4. La suerte que merece Greg Van Avermaet: el año pasado Van Avermaet iba como un tiro para el núcleo duro de la primavera hasta que en Flandes, en los minutos de basura pasó a ser el ilustre accidentado y fuera de las quinielas. Con esas lágrimas GVA se rehizo, recompuso la figura, firmó un Tour antológico y se colgó el oro olímpico. Ahora, con esa inercia, quiere ser rey en la primavera, el periodo por el que bebe los vientos, por el que tanto ha luchado y tan poco ha recibido. Si nada falla será el alter ego de Sagan desde el momento que la HN se ponga en marcha.

5. Los dos bloques: cuando el ciclismo muere en el peralte de Roubaix, algo de luto invade el alma del buen aficionado: es el final de parte adoquinada de la primavera. Luego viene otro perfil de carrera, el triplete de las Ardenas que empieza en Amstel, acaba en Lieja y pasa por Flecha. Nada que ver, como el día y la noche, un salto de años, décadas, en la concepción y desarrollo del ciclismo, de lo imprevisible a ritmos imposibles que matan el espectáculo y la aventura. Las Árdenas necesitan reformularse.

6. El mejor momento: como todo en la vida esto es opinable. A un servidor la Lieja siempre le había prendado, pero claro, en los años de Jalabert, Bartoli, VDB y cía. Esto ha cambiado y posiblemente el mejor momento sea en la parte adoquinada y más exactamente Roubaix, que el año pasado nos regaló 100 kilómetros y pico de escorzo y emociones insufribles. ¿Habrá quién lo supere?

7. Dos jóvenes a seguir: del Lotto casi todo me gusta y en especial las maneras de Tiesj Benoot, que poco a poco asoma por los puestos de cabeza en un momento en que los belgas tampoco van sobrados de bazas habida cuenta de la cantidad de grandes nombres que adorna su historia. Crecido en los mimbres del equipo que la bandera va impresa en su ADN, será posiblemente protagonista desde la misma Het Nieuwsblad. Pasando hoja, nos gustó mucho la Roubaix que se cascó hace un año Gianni Moscon, un faro italiano en el Sky, en cuya estructura gana enteros con su calidad e insultante juventud. Si Poels fue el primero en darles un monumento, porqué este italiano de largo recorrido no les puede regalar su primer adoquín en un monumento.

8. Donde el sol se pone para el Sky: ganando en Lieja hace un año, Wouter Poels abrió el camino y torció la suerte del equipo que ha hecho del Tour su feudo pero que no conquista, curiosamente, otros terrenos como San Remo o los monumentos del adoquín a donde siempre van con auténticos equipazos (Stannard, Rowe, Geraint, Kwiatkowski, Moscon,…) pero nunca mojan por lo que sea. No sé si será un manto divino, o qué, por ejemplo esa curva de Roubaix el año pasado, cuando eran mayoría delante, y de un plumazo se les cayeron casi todas las bazas al unísono.

9. La vida española: dos bazas, dos, parece las más sólidas para el ciclismo y si me apuráis tres, por si Juanjo Lobato se aventura con fortuna en San Remo. La primera, la de Alejandro Valverde quien a base de años ha construido un palmarés de leyenda en las Ardenas, sin temor a encontrar rival a su altura en la Flecha y con la cuarta Lieja en el punto de mira. ¿Será capaz de sumar la aburridísima Amstel a su botín? La segunda es Imanol Erviti y su renovada fe por las clásicas, con la esperanza de que esos dos sextos puestos de Flandes y Roubaix no sean la excepción y si los puntos suspensivos hacia lo que otros segundos espadas ya lograron en la reina de las clásicas. Si hemos visto gregarios que “campeonaron” en el infierno como Hayman o Van Summeren…

10. ¿La segunda juventud de Philippe Gilbert? Seis años después Gilbert vuelve a afrontar la primavera desde huestes belgas, seis años después de firmar una campaña perfecta en las Árdenas, con el triplete y la sensacion de hacerse eterno. En BMC, por lo que fuere, nunca exhibió ese nivel y sólo una Amstel adorna su vitrina en este periodo. ¿Volveremos a 2012 y veremos un Gilbert vs Valverde como muchos ya soñaron entonces?

Imagen tomada de Cofidis likes ciclismo

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Los tópicos de la primavera

Joder, pero qué bonito es el ciclismo en primavera, y qué redondo acaba siendo cuando se compite en Bélgica, en Flandes, la tierra del buen ciclismo y bellísimas ciudades. Es una comunión perfecta, si hasta las carreras parecen querer caer en festivo, para obsequiarnos largas sobremesas donde no hay sitio para la somnolencia ni el letargo que sigue las comidas de un día de fiesta.

E3, sólo el nombre pone, Harelbeke, ciudad casada con el ciclismo, puesta en el mapa por el ciclismo, una carrera que entró en el circuito mundial com estruendo y escandalosos carteles, reclamando atención. Que desistan de ello, el espectáculo que su carrera ofrece ya es reclamo. El año pasado aupando  Geraint Thomasel anterior coronando un magistral Sagan, antes anunciando las tormentas flamencas de Cancellara.

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En esta ocasión, la incertidumbre se mantuvo hasta la raya de meta, pero sin embargo ello no fue obvio para cumplir con casi todos los tópicos de la primavera, uno a uno, cayeron los candados del libro de las verdades y se desnudó ante nosotros una verdad que por mil veces repetida es más verdad.

Ganó un ciclista que tiene un serio problema, Michal Kwiatkowski, y lo tiene serio porque no sabemos a qué se tendrá que dedicar en los sucesivo viéndole ganar sobre el adoquín como lo haría en un prólogo o en la Strade. Pero qué bien ficha Sky, no yerran el tiro. Kwiatko en Flandes y Wouter Poels, casi al unísono, en Valls. Dos triunfos WT  en diez minutos.

Otro tópico, la segunda plaza de Peter Sagan, un ciclista que es un emblema, que reparte simpatías en la misma proporción que suspicacias, pero no se le puede negar el esfuerzo, las ganas de intentarlo. Lo que no nos explicamos es que donde antes había resolución, poder y pegada ahora sólo hay plomos fundidos. Es increíble mira para un lado, ve a su rival polaco arrancar y sencillamente gripa.

Otro tópico, el Etixx y su manifiesta inoperancia. Niki Terpstra iba sin cadena, Zdenek Stybar, más de lo mismo, secando a Cancellara, ahí iba también Matteo Trentin, otro purasangre, y sin embargo lo juegan todo a Tom Boonen, corredor que es leyenda, pero que no puede ser el motivo de los desvelos de su equipo, desvelos que tienen que ver con otra primavera vacía en el horizonte. El pronto para decirlo, pero vuelve a opositar duro para ello.

Otro tópico, que Fabian Cancellara anda de pega con ésta que fue «su» carrera, la antesala de sus primaveras más memorables. El año pasado arrancó aquí su desgracia y en éste, su estampa de brazos cruzados esperando la máquina de recambio, fue la imagen viva de la impotencia de quien sabe que por aquí no le volverán a ver.

Otro tópico, que las carreras preliminares a Flandes, al gran Tour, son infinitamente mejores que la hermana mayor. Flandes pone el premio gordo en liza, y quizá por eso entumece las piernas de los grandes nombres, en Harelbeke y Wevelgem, por no hablar del Het Nieuwsblad, se corre con la traca metida, a tope, a fondo. Y vaya si se agradece.

Otro tópico, Vanmarcke de vacío, y otro, las rectas, esas rectas, qué rectas, de persecuciones infinitas, de grupos rotos en mil pedazos. Flandes definitivamente nos ha ganado, entre Gante y Wevelgem, más.

Imagen tomada del FB de E3 Harelbeke

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Los imprescindibles de 2016 (I)

Por delante doce meses, 365 días, sin contar el primero de enero, estamos en año bisiesto, para anudar una nueva campaña ciclista que empieza fuerte porque el World Tour se ahorra los rigores del suave invierno europeo arrancando desde Australia y los ciclocrosmen se meten en harina de cara al mundial.

 

  • El relevo que llama en el barro. Casi de sopetón, sin previo aviso, dos críos, porque no dejan de ser dos imberbes dotados de un talento precoz, querrán jugarse en el mundial absoluto lo que les tocaría hacer en el sub 23. De esta manera Van Aert y Van der Poel se postulan a la modalidad de invierno, saltándose la generación intermedia que les separa de Nys, esa es la de Meeusen, Pauwels y compañía. Zolder será el primer hito de la campaña ciclista.

 

  • A vueltas con Alberto Contador. Sin duda el foco que este año acompañará a Alberto Contador brillará con más intensidad que nunca. Puede ser su ultima campaña, eso dijo, aunque aquí no estamos tan seguros de que así sea. No obstante, e impresiones al margen, estamos ante el auténtico punto de inflexión de lo que se ha llamado “la edad de oro del ciclismo español” porque si Contador cuelga obviamente lo deja el mejor especialista en grandes vueltas de su generación. Tour y Juegos marcan su agenda, y de la suerte que corra en el primero depende si lo deja o alarga una fecunda trayectoria.

 

  • Año bisiesto, año olímpico. Hablando de los Juegos Olímpicos, la presencia de estos en el calendario y la unánime dureza que todos distinguen en el recorrido, condiciona mucho la campaña, pues esa dureza abre el abanico a gran parte de las estrellas que se jugarán el pan en el Tour. A falta de concretar su recorrido, si bien se conoce a grandes rasgos, la Vuelta puede ser la gran damnificada de la cita brasileña.

 

 

  • ¿Cabe mejora en el Team Sky?. Ya que hablamos de ciclismo inglés, el Team Sky surge como siempre cual faro en la tormenta de las dudas que nos asaltan en la previa de la temporada. Los hombres de negro asuntan, si cabe, más. Sus fichajes no son al azar y han vuelto a completar una plantilla de ensueño de la que sólo se cae Richie Porte, pero que incorpora Kwiatkowski, Landa e Intxausti, entre otros, sin obviar lo que ya manejan. Curiosamente, el Tour, lo más difícil ya lo tienen, ahora querrían la excelencia y ésta pasa por primavera u otra gran vuelta.

Foto tomada del FB del Tour de Francia

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