15 imprescindibles para 2015

El año que empieza parece que va a ser la madre del cordero. Siempre así lo pensamos cuando un nuevo ciclo arranca. Cada año nos parece que será el mejor, pues tiene las incógnitas frescas y aún por resolver. El 2015 se centra en varios nombres y eventos, algunos serán ya, como el arranque del World Tour en Australia o los Campeonatos del Mundo de ciclocross. Otros se esperan en el tiempo, queda un año para Río de Janeiro y sus juegos, mientras que nombres y apellidos puntuales se postulan a algo grande.

Hete aquí nuestros imprescindibles de 2015

Se apaga la luz de Sven Nys. La campaña de ciclocross camina hacia su evento cumbre con la duda de si el faro de la disciplina estará a punto para ofrecernos el magno espectáculo que el año pasado nos dio en su mano a mano con Stybar. En su ausencia lidera “mano de seda” Pauwels con alternancia en los nombres jóvenes, algunos venidos de los Países Bajos rompiendo el monólogo belga de la disciplina.

¿Ha tocado fondo el ciclismo español? Sigue en el aire, perenne desde hace unos dos o tres años, la cuestión del relevo a los grandes nombres del ciclismo español, pero mientras esto ocurre, una tímida recuperación acontece en el calendario, tímida sí, pero recuperación a la postre que esperemos sea el atisbo de luz que este largo túnel lleva tiempo negándonos.

1Las últimas cartas de Alberto Contador. El madrileño fue un ciclista meteórico en su irrupción. Tal fue el ruido que desprendió que se esperaba un palmarés casi único, pero el paso de los años no ha sido benévolo, en medio de mil problemas -generados y autogenerados- quiere volver a ganar el Tour seis años después de hacerlo por segunda vez. A la vista de su edad y sus declaradas intenciones de futuro, puede que estemos ante una de las últimas veces que se postule a la más grande.

El Team Sky 3.0. Aterrizar en el pelotón, ganar dos Tours a los dos años de existencia, además con sendos corredores británicos,… los objetivos cayeron rápido en el Sky, el equipo que ahora busca reinventarse debatiéndose entre ganar con ingleses o fichar a placer. Tras acariciar el cielo le queda demostrar que sabe renacer.

La lupa sobre Peter Sagan. En el aspecto juvenil y desenfadado de Peter Sagan, al que a veces todo parece que le resbala, se esconde un ciclista de tremenda ambición con la sensación de que su fulgurante llegada ha quedado estancada. Vigilado por doquier, el año 2015 puede serle muy diferente a otros, ya no vale la cantidad, ahora hay que ofrecer calidad, y ésta pasa por un monumento, auténtica obsesión del eslovaco.

nairoLas razones de Nairo. Si alguien en la cacareada generación del 90 tiene visos de liderarla, ése es Nairo Quintana, el colombiano sutil, de mano de terciopelo y golpe envenenado. Nairo vuelve al Tour y no a un Tour cualquiera, sino al de sus sueños, con un recorrido que dificilmente le será tan proclive en el futuro. Además dentro de su timidez nunca escondió las mayores ambiciones. Le llega el momento de demostrarlo.

Brotes verdes franceses. Las circunstancias, y la calidad de sus actores, llevó al ciclismo francés a cotas no alcanzadas desde tiempos de Hinault. Con dos hijos de la “patrie” en el podio del Tour, y otro cerca de él, el país vecino renueva sus ambiciones en su carrera que además les ofrece un excelente recorrido para sus aspiraciones. Veremos en qué queda todo esto, por de pronto, estos tres ciclistas -Pinot, Bardet y Péraud- ya tienen hasta su libro. Ilusión no les falta, la presión de un país pendiente de ellos tampoco.

El examen a Vincenzo Nibali. El ganador saliente del Tour de Francia ha cambiado la onda. Desplazado el Giro en sus planes, apunta renovar la corona francesa como primer paso a perpetuar su leyenda. Estará con la plana mayor de sus rivales en liza, si nada falla, veremos entonces cuánto de ficción tuvieron esas especulaciones sobre la dificultad de su triunfo francés.

bettiniphoto_0050125_1_full_600La generación post Cancellara-Boonen. Pocas veces en la historia vimos coincidir dos monstruos del tamaño de suizo y belga, ahora que ambos atisban el final cerca veremos quiénes tomarán su relevo. Son varios los que se postulan, aqui nos quedamos con Jonh Degenkolb, el alemán lo tiene todo y en abundancia. Veremos.

Las nuevas metas de la globalización. El camino hacia un ciclismo más redondo busca nuevos hitos. Abortada la historia con los chinos, el dinero de medio Oriente se sitúa como el reclamo más apetecible. RCS, el organizador del Giro, ya tiene nuevos enclaves del lugar en su calendario.

Se acerca Río de Janeiro. Aunque siempre en segundo lugar, el ciclismo en pista presenta una excelente campaña. No olvidemos que estamos en el tercer año de la olimpiada de Río de Janeiro, es decir ya se ha quemado más de la mitad de los días que habían entre Londres y la ciudad brasileña, eso en los velódromos implica presión y renovadas metas, empieza la recta final para la clasificación olímpica. Veremos si en los mundiales François Pervis es capaz de repetir su tridente de éxitos. La pista española sigue buscando su baza en el devaluado programa olímpico con la sensación de que sus mejores bazas están en las carreras que no forman parte de los juegos.

A vueltas con el reglamento. El debate de los pinganillos en las carreras sigue vigente y parece que va para largo, por el momento sigue “bajo estudio”. Si a un servidor le preguntaran los enviaría al infierno, siempre y cuando su utilidad no tenga que ver con la seguridad. Al tiempo continúan las dudas sobre las dos semanas en una gran vuelta, otra de las grandes innovaciones que los puristas defienden para humanizar el ciclismo, aunque ello le supusiera desacoplarse de su historia de agonía y sacrificio,

1La maldición caerá sobre Kwiatkowski. De una manera u otra llevar el maillot arco iris siempre afecta. El polaco Michal Kwiatkowski, actual titular del maillot, no tuvo el mejor estreno -sus calambres en Lombardía fueron antológicos- pero tiene en su mano borrar tanto mal fario, si corre como a él le gusta veremos mucho el arco iris esta temporada.

¿Cuando acabará la fiebre de la hora? Tres ciclistas arrancarán 2015 intentando batir el récord de la hora. El otrora prestigiado registro vuelve a la palestra con fuerza y la pregunta de quién pondrá final al carrusel de intentos. Posiblemente esta historia tenga un antes y un después tras el intento de Brad Wiggins, previsto para finales de primavera.

El cerco a Astana. El final de 2014 sólo ha traído malas noticias para el equipo celeste que da cobijo nada menos que al ganador del Tour. Pese a que la campana le salvó de una expulsión del WT, el equipo de Vinokourov tiene la espada sobre la cabeza y, al mismo tiempo, un buen puñado de buenos fichajes que le ubican como la primera alternativa al pulso Sky-Tinkoff.

Imagen tomada de www.ciclosfera.com

INFO

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1.2014 Los críos crecen y ya ganan

En 1990 se produjo una explosión ciclista. Una explosión que aconteció ya en primavera, cuando un prodigio de la elegancia llamado Gianni Bugno ganaba en San Remo. A los pocos días el mismo Bugno se imponía en el Giro siendo líder de principio a fin desde la crono de Bari, a la llegada de Milán. Por detrás dejaba un testigo de la vieja guardia, del modelo de ciclismo de los ochenta, Charly Mottet. Poco después Greg Lemong se hacía con su tercer Tour, pero florecía la flor más vistosa de los últimos veinticinco años, Miguel Indurain, quien con un pedalear redondo y fluido daba la puntilla al americano en Luz Ardiden. El relevo llamaba a la puerta.

Como Indurain, como Bugno, también anhelaban grandes logros otros ciclistas como Erik Breukink, el más precoz del grupo y tercero en el Tour, a costa de Pedro Delgado, o Raúl Alcalá, el compañero mejicano de Breukink. Entre los cuatro formaban el núcleo duro de la generación del 64, los ciclistas nacidos ese año mágico que dio tan buenos momentos y mejores jornadas de ciclismo.

Hoy, en 2014, muchos años, después el año 1990 alumbró un serial de ciclistas que poco a poco empieza a reinar en los grandes foros del ciclismo. Son posiblemente algunos más y su calidad se deja sentir. Miren qué retahíla: Nairo Quintana, Michal Kwiatkowski, Peter Sagan, Fabio Aru, Tom Dumolin, Thibaut Pinot y Romain Bardet, sin obviar el representante español, Jesús Herrada, que despacio y con buena letra, como Indurain en aquel entonces, escribe a renglones seguidos.

En enero de 1990, nació uno de los grandes prodigios del ciclismo moderno, Peter Sagan. El nuevo compañero de Alberto Contador, a quien divierte con sus cucas piruetas en las concentraciones canarias, acaba de cerrar el año más aciago desde que accedió al primer nivel, de eso hace ya cuatro años. Sagan ha acumulado tantos segundos puestos que le marcan el camino de los muchos cambios que quizá deba realizar en su forma de correr y entender el ciclismo. Cantidad no es calidad y a Sagan quizá ya no se le pida capacidad anotadora, que la sigue teniendo, y sí grandes logros. La próxima primavera dirá si ha enderezado su meteórica progresión.

Un mes más tarde que Sagan vino al mundo Nairo Quintana, el colombiano de sonrisa tan fácil como sincera. Ganador de un Giro, su año quedó en interrogante por la dolorosa retirada de la Vuelta. A la vista del recorrido planteado y sus excelencias escaladores y fondistas, el Tour de 2015 es una oportunidad tan en bandeja que posiblemente ni se le vuelta a plantear.

En mayo del mentado año, mientras Francia se sumía el amplio letargo que aún le acongoja, nacía Thibaut Pinot, un despeinado francés de la gélida zona de los Vosgos con piernas de dinamita cuando la carrera mira al cielo. Podio en este Tour, sus miedos en los descensos parecieron leyendas mal contadas y ahora ve como desde su Tour las cosas se le ponen a huevo. Tanto él, como el más joven de la camada, Romain Bardet, nacido en noviembre de 1990, son las piedras angulares del nuevo ciclismo francés, el de más tradición y peor pasado reciente de entre las grandes potencias.

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Orbea vuelve con el Team Cofidis, la nueva casa de Nacer Bouhanni

Un mes más joven que Pinot, tenemos a un polaco que corre como le pide el cuerpo: Michal Kwiatkowski, un ciclista de quilates infinitos cuyo diccionario no incluye la palabra especulación. Enseñó el dorsal a Sagan por las calles de Siena y al medio año fue campeón del mundo en Ponferrada, por medio una omnipresencia casi sangrante emanando un ciclismo de ataque y ofensivo que han llenado parte de los mejores momentos del año.

En julio de 1990, mientras Claudio Chiapucci arañaba sus opciones frente a Lemond, en Italia nacía Fabio Aru, un larguirucho grimpeur italiano que trepa como los ángeles y amortiza sus participaciones con grandes triunfos, etapas en la Vuelta, etapa y podio en el Giro,… y todo siempre con grandes nombres bailando alrededor. Contemporáneo a  Aru es Nacer Bouhanni, el velocista peleón que en su camino hacia el Tour se fijó un tridente de éxitos en el Giro y dos en la Vuelta. Curiosa forma de protestar, quizá la mejor, ganando y no en cualquier sitio. Ahora de rojo en Cofidis apuntará a lo más alto y en su camino posiblemente se cruce un ciclista de difícil molde, Michael Matthews, de septiembre de 1990, con un palmarés tremendo en calidad y variedad: su triunfo en medio de la batalla de Montecasino le abre grandes posibilidades en muchos terrenos.

Y acabamos haciéndolo con un tremendo potro naranja, Tom Dumolin, un ciclista de segundo orden hasta que empezó a imponer su rodillo en las cronometradas y dejarse ver en pequeñas vueltas. Sólo un fenomenal Tim Wellens le privó del Eneco Tour, pero su podio en Ponferrada, en la crono, por detrás de Wiggins y Tony Martin evidencia madera. La misma que muestran otros, quizá menos conocidos, pero con proyección, hablamos de Rohan Denis, Sonny Cobrelli y Tom Asbroeck. Todos, como el pequeño de los Herrada, vinieron a este bendito lugar en 1990.

Imagen tomada de www.cannondaleprocycling.com

La pólvora mojada de Peter Sagan

Un monumento es otra cosa, es otro ciclismo, es territorio inhóspito para todos y desconocido para muchos. Cuando el cuentakilómetros entra en el guarismo de los 200 kilómetros y se enfila hacia los 260, las cosas normales dejan de ser normales y muchas situaciones que la lógica predice, no tienen que ocurrir según lo previsto. Pasará en unos días, en el rush final de las Ardenas, cuando veamos que corredores que se vienen arriba en la Flecha Valona, en el umbral de los 200 kilómetros, no pueden con los más de 260 que presenta el trayecto de ida y vuelta entre Lieja y Bastogne.

Ocurre esto con Peter Sagan por ejemplo, ese fenómeno que desde muy tierna edad gana fácil y sencillo pero que ha consumido otra primavera sin llevarse un monumento a casa. En estas dos últimas campañas el eslovaco ha sido capaz de sumar dos enormes carreras como la Gante- Wevelgem, el año pasado, y el E3, éste. Ambas caminan por el límite de la Flecha Valona, en ambas Sagan ha ganado con autoridad, mandando sobre los rivales e incluso haciendo el caballito para cruzar la meta. Pocos días después de ganar en ambas no ha podido con la hermana mayor, no ha podido con el Tour de Flandes.

Sea como fuere la medida de un monumento la delata Sagan. Siempre ha tenido un verdugo el ciclista de verde fosforito. Fabian Cancellara se le ha declarado inaccesible en este territorio. Lo mismo le ha ocurrido en San Remo en la que no pudo ni con Gerald Ciolek hace un año –en una edición reducida para más inri- ni con Alexander Kristoff esta última edición. Sagan llegó tan muerto a la ciudad de la Liguria que ni siquiera entró en plazas delanteras. Incluso en una carrera que no es un monumento como la Strade Bianche se vio superado por Michal Kiatkowski en las estrechas calles de Siena. Ganar seguirá ganando, pero le han tomado la matrícula.

Por lo que sea, los obstáculos que siempre superó con facilidad en otras ocasiones atenazan a Sagan en los monumentos. Quizá sienta la mirada del respetable, el aliento de los rivales, pero no acaba de rendir, corre como atenazado y a la expectativa. Es por ello que por ejemplo en la París-Roubaix quizá lo haya hecho tan bien, pues se sentía desprovisto de presión. En una carrera que no conocía, no tuvo problema en ensayar escapadas y ser cabeza de carrera en muchos pasajes. Cabrá ver si el año que viene, cuando la gente sepa que en Roubaix es rueda a vigilar, se mostrará con tanta soltura.

Ahora Sagan busca el verde del Tour y lograr otro hito de la larga distancia, el Mundial, una carrera en la que además de correr solo, también se le cruza por la kilometrada que propone. Sagan sigue siendo grande, tiene margen, pero su problema es que la irrupción que protagonizó fue tan estruendosa, tan bestia, que la vara de medir para cualquier mortal no es válida con él.

Imagen tomada de www.elpedaldefrodo.com

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#RadioVuelta- Semana 3

#Trend  Furor por Alejandro Valverde

El fin de semana italiano ha sido realmente interesante con un personaje por encima de todos y ese no es otro que Alejandro Valverde, quien finalmente probó las mieles del éxito en la bota transalpina, y nada menos que en la capital. El murciano mostró dos caras de la misma moneda en solo 24 horas. En la Strade Bianche rodó muy fuerte, estuvo suelto y mostró fortaleza, pero su ausencia a la rueda de Peter Sagan le condenó a un nuevo podio tras evidenciar que estaba para ganar. No le ocurrió lo mismo en la Roma Maxima, donde sí puso toda la concentración en la empresa y acabó firmando uno de sus más hermosos triunfos.

 

#Click Una carrera que enamora

Es increíble como lo que nuestros ancestros resumían en carreras inhumanas y pistas infumables, hoy causa auténtica pasión. La Strade Bianche fue un bonito espectáculo en medio de las hermosas lomas verdes y suaves de la Toscana. La imagen del pelotón difuminado por los tramos de tierra delató un “tuiterío” ciclista absolutamente entregado a la causa. Como más de uno apuntó, en sólo ocho ediciones esta carrera ya ha sobrepasado por belleza y plasticidad otras muchas carreras que pueblan el calendario.

 

#Profile Los rivales que esperan a Peter Sagan

Ya hace cuatro años que empezamos a saber de Peter Sagan. Fue en una gélida París-Niza con Purito desempolvando su recién estrenado maillot de Katusha cuando un insolente eslovaco enrolado en el Liquigas empezó a destacar y de qué manera. Desde entonces el perfil de Sagan celebrando triunfos ha sido una de las imágenes más repetidas. Pero las cosas no son sencillas para Sagan que mira de reojo los continuos rivales que le acechan. El último, Michal Kiatkowski, que en el callejeo por Siena le propinó un golpe doloroso que le advierte que estrenarse en un monumento no será tarea sencilla. A los rivales de siempre, se le suman otros y siempre con Sagan en el objetivo.

 

#Clipping

A vueltas con la seguridad de los ciclistas. La aproximación a Roma por parte de Pozzovivo y Valverde y el grupo perseguidor nos dejó imágenes que debería hacernos reflexionar, pues se apreció consistentemente que el tráfico no estaba cerrado al 100% por donde circularon los ciclistas en lo que entiendo un ejercicio de temeridad. A ello se añade también la peligrosidad del primer circuito de la etapa de la París-Niza. Simon Gerrans lo criticó abiertamente y varios ciclistas se fueron al suelo.

El duelo Orica vs Sky. Curiosa iniciativa la que han arrancado Sky y Orica. Ciclistas de ambas formaciones, afines por muchas cosas, han entablado un duelo ajeno al ciclismo y seriado en diferentes capítulos cuya primera secuela ya está en la red. Se trata de un duelo a piedra, papel y tijera entre cinco componentes de ambas escuadras. Interesante, veremos cómo funciona, aunque de inicio estas chuminadas gustan mucho entre el público anglosajón.

¿Qué se sabe de Michael Rogers? A finales de 2013 el Saxo- Tinkoff recibía la siempre desagradable noticia de un positivo. Era nada menos que su capitán de ruta, Michael Rogers, quien desde entonces nadie sabe nada de su futuro. Es terrible, tan procelosos en algunos procesos, ver como los gestores del ciclismo permiten estas tropelías que no sé a quién benefician.

 

#hashtags by @LiveCiclismo

#ParisNice, #tirreno, #vandrenthe, #Ddd, #Kattekoers, #Paristroyes, #OvhH

La “generación #StradeBianche”

Coge una zona, la Toscana, mete a los chavales por unas pistas  de concentración parcelaria, ponle un nombre atractivo y échalo a rodar. Es curioso, siguen dándonos con el manual en la mano. Con cuatro nombres, un poco de marketing y una vitola como si un sobre de pasta Barilla se tratara, los italianos acaban de instaurar una clásica de primavera en medio de la misma con menos de diez años de historia. Supongo que la gente del Gran Premio Canal de Castilla estarán tomando nota. Quizá les convenga un mejor nombre, no sé, más pegadizo.

Porque en el fondo ¿qué nos gusta de la Strade Bianche? La arena, los patatales vecinales, por donde nunca ha llovido por cierto, las ciudades, las tramas urbanas, el ondulado paisaje,… ciclismo lo que es ciclismo se ve, sí, pero no mucho, y eso que quizá este año haya sido la excepción pues dos purasangres, de esos que nos da serán protagonistas en eventos venideros, han dado la medida de lo que se nos antoja un futuro terrible. Si Peter Sagan lleva años avalando la fama que le precede, Michal Kiatkowski ha estado sublime, surgiendo del grupo en el momento clave, relevando contra todo pronóstico en la apuesta Peter Sagan batiendo con nitidez a la bestia eslovaca en las preciosas calles de Siena.

Les podríamos llamar “generación Strade Bianche”, es decir, como rezaba el eslogan, jóvenes per perfectamente preparados. Ciclistas más allá del telón de acero, ahora que la Guerra Fría vuelve a los titulares. Surcaron los mares de polvo toscanos, mientras la televisión se regodeaba en el auténtico patrimonio del ciclismo europeo: los lugares, los paisajes, las ciudadelas. Son intangibles sí, pero visten de grandeza y dan porte ante el auge de grandes eventos allá por Oriente Medio, donde sólo tienen hormigón, vidrio y cuatro desperdigados viendo in situ el espectáculo.

Ahora que despierta la temporada europea quizá convenga tomar nota de cómo lo hacen los italianos, quienes por cierto viven una crisis no pequeña, similar a la nuestra. Sin embargo siguen siendo maestros de la liturgia de la venta. Envuelven el producto como si fuera un Gucci y te lo ponen ahí, tan bonito, tan chic, que es imposible renunciar a él.

En la Strade Bianche salieron de esa ciudad medieval que fue la Nueva York de los tiempos, San Giminiano, y acabaron entre los palacios renacentistas con profusión de ojivas en Siena. En la Roma Maxima abordarán la raíz de nuestra civilización, la cultura romana, cogerán con las manos en Coliseo y lo pondrán ahí para retratar al ganador en la vía de los foros imperiales, esa aberración que Mussolini ideó para descongestionar la siempre congestionada Roma. ¿Giro del Lazio? ¿Qué es eso? Eso no vende como “Roma Maxima”.

Como digo, “generación Strade Bianche”, Sagan, Kiatkowski,… son dignos ejemplos. El ciclismo es algo más, ellos lo entienden, ¿hay alguien al otro lado del teléfono de Unipublic?

Foto tomada de @StradeBianche

La flor más radiante de la primavera: Michal Kwiatkowski

Hace poco sondeábamos quién en la actualidad podría compaginar las clásicas del pavé con objetivos en perfiles típicos de las Ardenas. Nos decantamos rápidamente por Peter Sagan quien fue segundo en Flandes, ganador en Wevelgem y entre los mejores de la Amstel, cuyo podio piso el año pasado. Incluso dijimos que Greg Van Avermaet mantenía el mejor tono medio entre ambos terrenos, pero que le faltaba rematar con un gran éxito que a tenor de los años que lo lleva tentando parece complicado que llegue.

No mencionamos sin embargo a un polaco, a Michal Kwiatkowski, un alumno con la lección muy bien aprendida, pues a sus 22 años lleva una temporada de excepción, siendo sin duda el gran hallazgo para su equipo Omega Pharma, en concreto, y para el ciclismo en general. Quien fuera integrante del Caja Rural ha sido líder y cuarto en la Tirreno, líder en San Luis, segundo en el Argarve, cuarto en la Amstel, quinto en la Flecha Valona y destacado protagonista en el Tour de Flandes. Qué será cuándo alcance la que se llama edad de merecer.