Michele Scarponi, un año después todo sigue igual

En el aniversario de la pérdida de Michele Scarponi, el ciclista sigue siendo el eslabón frágil

El 22 de abril siempre será una fecha complicada para quienes amamos el ciclismo y la bicicleta, porque se da el aniversario de la muerte de Michele Scarponi, atropellado mientras entrenaba.

La historia de Scarpa es de dominio público, todos la conocemos, la horrible paradoja de verle ganar una etapa en el Tour de los Alpes y verle marchar a los pocos días.

Un ciclista ya veterano, apreciado por todos y muy popular entre los aficionados.

Michele Scaporni se fue poniendo nombre y apellido a su marcha, pero hay muchas, muchísimas marchas cada año de las que no somos conscientes más allá del escandaloso titular de un atropello y una muerte.

Pero no somos conscientes de que las cosas no están mal, está quizá algo peor.

Mientras la política estatal se mete en vericuetos que dan rédito electoral, no hay tiempo ni decisión sobre la indefensión del ciclista.

¿A qué esperan los políticos en refrendar #PorUnaLeyJusta?

Para estas fechas deberíamos tener respuesta a los múltiples esfuerzos de nuestra amiga Anna González para que los allegados de una accidentado en la carretera no se vieran igual que ella, es decir indefensos.

Pero las cosas siguen igual, yo diría que peor, porque la sola duda de nuestros políticos, aquellos en los que, para nuestra desgracia confiamos «lo nuestro», complica el paisaje.

Veo, y lo veo por este mal anillado cuaderno y sus estadísticas, que nos volvemos locos con dopaje, con cicloturismo, con las clásicas, pero cuando hablamos de la seguridad del ciclista y los derechos que le asisten, «rien de rien».

Y me parece increíble y tristísimo, porque luego todos lloramos y hurgamos en el recuerdo de Michele Scaporni sin reparar en que las cosas hay que cambiarlas desde dentro, preocupándose por ellas y mostrando interés

Que el recuerdo de Michele Scarponi nos refresque lo mal que está el panorama.

Así fue esa mañana del 22 de abril de 2017…

Es el ciclismo, eso que tiene, que nos da, que nos sugiere, que nos tiene locos. Coged vuestra bici de los domingos, la que comprasteis con la ilusión del niño que soñó escalar puertos con Perico y ganar al lado de Miguel, y ponedla en la ruta. Será el mejor regalo, el mejor homenaje…

Hoy, sábado de abril, con el sol entrando radiante, con este veranillo en vísperas de Sant Jordi, el corazón se nos ha quedado helado, ha muerto Michele Scarponi. Arrollado por un camión, no hace ni veinticuatro horas le vimos en el Monte Bondone disputando la que sería su última carrera, el Tour de los Alpes, que empezó liderando, que le sirvió para auparse a la terna de aspirantes al Giro, esa carrera que es rosa, pero que palidecerá con el recuerdo de uno de los suyos.

Hablan de matrículas, de seguros,… hablan, hablan, hablan pero el goteo sigue, incesante, casi malayo. Comparar tragedias es injusto, incluso atrevido. Hay muchos tipos de violencia, cada una con su perfil y consecuencias, cada una con sus cifras, pero que en la carretera existe otra violencia, apagada por los lobbies y medios que ponen el foco en otros parajes, es un hecho. Esa violencia se cobra la vida del más débil, esa violencia está provocando que el ciclista sea noticia de obtuarios cada semana. Simplemente demoledor.

Michele Scarponi, 37 años, un corredor que caía bien, garante de buen humor, un viejo rockero que seguía brillando, como agarrándose a ese tren que es la vida y que no para por nadie. Michele Scarponi se nos ha descolgado, haciendo más patente que nunca que esa violencia existe y está entre nosotros, aunque una amplia mayoría de la sociedad no la perciba.

Coger la bicicleta es un acto de fe, así al menos lo veo yo, con el continuo goteo de muertes, accidentes y atropellos. Si tú eres padre saldrías con tu flaca ahora mismo???, le dirías a tu hijo que practicara ciclismo???.

Siempre hemos sido muy críticos para con el colectivo que nos lee, porque siempre hemos reclamado predicar con el ejemplo, pero como eslabón fragil de la cadena, quien siempre tiene las de perder es el de siempre, aquel que deja vida, familia, hijos y casa porque un día, en una carretera, quedó en una cuneta.

Hoy es un día tristítsimo porque esa realidad que se retrata a diario con breve despachados en redes y demás sobre accidentes ciclistas toma categoría de noticia de portada. Que tomen nota quién deba tomar, aquellos políticos que ahora debaten #PorUnaLeyJusta, aquellos conductores que desprecian quien no va sobre cuatro ruedas y aquellos que siendo profesionales no quisieron involucrarse en mejorar las cosas porque consideraban que era “una causa política”. Que tomen nota, porque sus ciclistas no tienen mácula por ir pertrechados de arriba abajo.

Que tomen nota todos por favor, porque Scarponi y los muchos que nos dejaron ya no podrán hacerlo.

Imagen tomada del FB de Tour of the Alps

El nueve del Giro

Excelente, una nómina excelente trae este año el Giro de Italia, el número cien y no sé si será por ese número, pero desde luego que la corsa rosa tiene muchos argumentos, nombres y apellidos para ser seguida con atencion durante las próximas semanas.

Por ser el vigente ganador, el dorsal número uno, dos veces triunfado aquí, y cuatro de grandes vueltas, por ser un corredor indescifrable, que gana vueltas en el sprint final, en pequeños cortes, Vincenzo Nibali debe encabezar el pronóstico, incluso siendo ese ciclista que anda lejos de cuando dominó el Tour, hace tres años, porque cuando no le da el físico, este siciliano coge el mapa, sondea el itinerario, hurga en el recorrido y sabe buscarte las vueltas para que, en un momento dado, las cosas den un tumbo y caigan de su lado. Por todo Nibali es la niña de los ojos de este Giro.

Un Giro en el que no estará con él, su querido y fiel escudero Tanel Kangert, supongo que ajeno al 99% de los pronósticos, pero atractivo a los ojos de este mal anillado cuaderno, por tratarse de uno de los mejores gregarios de los últimos Giros que llega ahora en calidad de líder de un equipo, el celeste Astana, muy mermado por la horrible pérdida de Michele Scarponi y la baja de Fabio Aru, un tipo que debe estar muy jodido viendo como la carrera saldrá de su isla sin él en la contienda.

Y siguiendo con outsiders, nos emociona la baza de Bob Jungels, sexto y mejor joven hace un año con un recorrido interesante para él y un año más de experiencia en el zurrón. Se prevé un Giro clave para la perla luxemburguesa que puede domar su suerte futura si aqui le van bien las cosas, algo similar que ocurre con ese excelente contrarrelojista australiano que se llama Rohan Dennins, quien hace un tiempo dijo querer emprender un camino similar al de Wiggins, de la pista a aspirar al Tour, y que en este Giro llega con galones, más que nada porque el amigo Van Garderen no despierta.

Volviendo al panel fuerte de favoritos, damos un salto y nos quedamos en el segundo peldaño, alegrándonos que Thibaut Pinot se haya decantado por el Giro, consciente que en el Tour ha caído en un bucle difícil de sortear. Se puede ser grande si estar en Francia en julio y Pinot nos lo puede demostrar, la anarquía que reina en el Giro es más sencilla de gestionar desde su indescifrable forma de correr y entender este circo. Va bien contra el crono y escala a las mil maravillas, para mí es el tapado de esta carrera.

Pues Pinot está eclipsado por grandes nombres, y entre ellos, el de Nairo Quintana, que si tuviera que jugar mi dinero se llevaría casi toda mi apuesta. El colombiano está en capilla de algo que veo muy complicado que realice, Giro + Tour casi veinte años después que Pantani, sin embargo en Italia creo que tendrá chance: conoce la carrera, la ha ganado, banderín del Stelvio incluido, y el recorrido le va bien. Otra cosa es el Tour, donde Froome, si está como otras veces, no va a dejar ni las migas.

Si alguien puede evitar que Nairo haga de la carrera un paseo sobre alfombra rosa es Mikel Landa. Sólo con que esté como hace dos años, sería un duelo de altura, rayando el cielo del ciclismo y propinando grandes momentos, ahora bien, el alavés es tal y como lo pintan: una caja de sorpresas que esconde más que enseña y que ni siguiera en su equipo se atreven a fiarlo todo a él, por eso la entrada de Geraint Thomas, como segundo o primero de abordo, quién sabe lo que dirá la carretera y el gerol con el que se levante Landa en los dias importantes.

Tendremos la lupa sobre Adam Yates en la grande que debe confirmar el maillot blanco del Tour y un resquicio de nuestro corazoncito en Steven Kruijswijk, para mí sin duda el protagonista del momento ciclista del pasado año, cuando cayó contra una nevera helada del Agnelo por trazar inseguro en un descenso en el que Nibali demostró el porqué de su fama. No creo que el holandés gane, pero ojo, porque puede ser actor importante y hacer que otro pierda. Me apena ver que sólo brilla en el Giro, como un Hesjedal cualquiera, pero a día de hoy lo situaría en el escalón alto de la gente con opciones a hacer algo importante.

Ahora sentados, cómodos y adelante, porque la carrera más bonita del planeta celebra 100 ediciones, una cosa que pasa una vez en la vida y que seguro que forrarán la bota de rosa y fiesta, siguiendo los pasos de Garibaldi y los suyos cuando cogieron hace 156 años aquella suma de estados independientes para dar forma a lo que hoy llamamos Italia.

Imágenes tomadas del FB de Giro de Italia

INFO

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Las vainas inoxidables del Lampre

Los días que la luz del Euskaltel se apagaba, en una cabecera vasca, no recuerdo cuál, hablaban de lo inoxidable del patrocinio de Lampre, una empresa metida en el trabajo del metal que está involucrada en el ciclismo hasta tal punto que hablamos de unos de los patrocinadores de mayor peso histórico en la actualidad. Lampre se sitúa sin duda en ese estatus de histórico y quizá sólo superado por la firma belga del Lotto.

Lampre entró en el ciclismo con cierto posicionamiento en 1991. El entonces equipo Colnago de Pietro Algeri lucía las siglas de esta empresa en un proyecto que encumbró los primeros años profesionales de ciclistas interesantes como Jan Svorada, Davide Bramati y Gianluca Bortolami. El hombre importante en ese momento fue un polaco, Lech Piasecki, corredor de segundo orden con buen palmarés sobretodo en Italia.

Pero poco duró la aventura compartida pues al año, en 1992, Lampre ya era primer sponsor y por tanto patrocinador principal de una estructura ciclista. El llamativo maillot que combina el azul, fucsia, rosa, y otros colores de similar matiz ya estaba en medio de un pelotón que por aquel entonces poblaban marcas tan legendarias como el Ariostea, Del Tongo, Banesto u ONCE. Sólo mentarlas implica saber del poso histórico que maneja Lampre.

En 1993 el equipo contempla una de las mejores campañas que un ciclista ha rubricado en los tiempos modernos del excampeón del mundo Maurizio Fondriest que se pega un hartón de ganar con el nombre de Lampre en el pecho. Desde San Remo a la Volta a Catalunya, cuando ésta se celebraba en septiembre, pasando por un sobresaliente Giro de Italia, Fondriest fue, números en mano, el mejor ciclista de un año en el que Lampre sacaba adelante el que posiblemente fue su mejor corredor históricamente hablando: Pavel Tonkov.

Aquel ruso histriónico, serio pero de pedalada trabada, redonda y elegante le dio a esta casa gestionada por auténticos locos del ciclismo el Giro de Italia de 1996 como botín más preciado en una dura pugna con un Abraham Olano, entre otros, enjutado en el maillot de arco iris. También venido de más allá del telón de acero, Djamolidine Abdoujaparov aportaría buenos éxitos.

Panaria y Polti fueron compañeros de viaje, por esos controvertidos años. Compañeros que luego acabarían por volar solos. Luego vendría Daikin en el ciclo en el que Oskar Camenzind fue campeón del mundo, casi nada. Entrados en el siglo XXI un español aterrizó para traer pocas pero buenas victorias: Juanma Gárate. Lampre llegó a subir al podio del Tour, en 2002, con un ciclista que ofrecía muchísimas dudas como fue Raimundas Rumsas. Luego tuvieron otro que corrió como emblema de las ganas y el coraje: el belga Ludo Dierckxsens.

La italianización de Lampre pasó por varios nombres que vistieron esta elástica. Francesco Casagrande, uno de ellos, Gilberto Simoni, otro. El doble ganador del Giro se despidió del ciclismo en la arena veronesa con los colores de la histórica marca. Y ya que hablamos de Verona, hacerlo del príncipe de la zona, el ciclista que posiblemente más íntimamente se ha insertado en este equipo que vio como el paso de muchas de sus estrellas fue efímero, hablamos de Damiano Cunego, el pequeño veronés que ganó un Giro a muy tierna edad, no ha alcanzado el nivel que se le presumía pero sí al menos ha dado muy buenos momentos al equipo que le ha sido más fiel.

Con Cunego guardándole las espaldas, Alessandro Ballan se hizo campeón del mundo en Varese el día que ambos fueron oro y plata para goce de la hinchada. En 2011 la descalificación de Alberto Contador le dio al equipo otro Giro, éste de la mano de Michele Scarponi, segundo en la carretera pero aupado al primer lugar un tiempo después en una de esas victorias que si bien lucen en el palmarés no gustan como si las ganaras de primera mano.

Por que en una travesía tan larga los compañeros de maillot son cambiantes. Si del Lampre surgió el Panaria y el Polti, con Lampre también entró en ciclismo el Vini Farnese, hace tres años y con el anotador por antonomasia a su cobijo, el velocista Alessandro Petacchi más el talentoso Filippo Pozzato, acompañados de quien hace tiempo se señala como hombre importante en la estructura que en esta Vuelta dirige Matxin, es decir Diego Ulissi. Nacido los días que Lemond, Fignon y Perico luchaban por el Tour, el toscano es el último eslabón de una familia a la que deseamos otras dos décadas en el pelotón.