Equipo Euskaltel ¿Se cansó Alonso o se inmoló Euskaltel?

Equipo Euskaltel

Dice Rubén Pérez, hombre emblema de Euskaltel, con varios Tours a su espalda y muchos tiros dados que, pase lo que pase, quien siempre sale perdiendo es el ciclista. Tenía una ilusión Egoi Martínez, como cuenta Luis Guinea, de seguir un año más inoculado por la envergadura del proyecto de Fernando Alonso, si bien no descartaba otro posterior.

Las estrellas del Euskaltel van encontrando acomodo en otros equipos. ¿Cómo no lograrlo? Son muy buenos ciclistas a precio que entiendo arreglado a la situación. Otros cuantos tendrán que replantearse sus opciones vitales. Hace un año Euskaltel anunciaba un equipo para cuatro años, ahora camina hacia su desaparición.

También en los recortes de estos días vemos que corredores de Euskaltel no están convencidos de que sus gestores hayan obrado con la necesaria habilidad en las negociaciones.

Cuando Alonso y Euskaltel anunciaron el inicio de acuerdo, yo mismo apunté algunas dificultades en el compromiso. El principal era el ideario de los actores. Fernando Alonso no quería chapa y pintura, en la dirección del equipo vasco aseguraban que el objetivo era mantener el corazón de la tierra.

El exotismo del equipo vasco

Porque ser un equipo que represente una zona de arraigo y pasión es bonito, pero va camino de ser exótico. Ante la ausencia de detalles, la impresión que queda es la defensa a ultranza de los rasgos diferenciales del equipo naranja han sido un impedimento.

Las cunetas del Tour en ese color, la identificación de miles de personas con ese color,… todo invitaba a los responsables a que ese sería el camino ideal para Alonso. Y eso no son conjeturas. En este vídeo lo dicen. Está grabado en las primeras horas después del inicio de acuerdo.

Tenían muy clara la postura de salida y a falta de más explicaciones entendemos que las han defendido.

Y es que una vez más hemos caído en lo fácil. Los comentarios que ha generado la noticia de la ruptura de las negociaciones, que no son pocos, apuntan muchos a cuestiones de ideología y geografía. Bendito país, que todo se reduce a eso, cuando en el fondo es todo mucho más complejo.

Miguel Madariaga la promesa del ciclismo

Ya no hablamos de ser un equipo vasco, español, europeo o panamericano. Hablamos de que las cosas han cambiado para siempre y mentalidades como las de Miguel Madariaga, voluntariosas, e incluso populistas, no tienen sitio entre estructuras como Omega, Sky o BMC.

Esto es otra cosa, lleva tiempo siendo otra cosa. Marcas globales para equipos globales, donde el acento de lo local no es bienvenido. Es triste pero es así. Un chaval debe crecer como ciclista con la conciencia de que puede acabar en cualquier punta del mundo.

La cantera australiana ha sido siempre abundante pero no han tenido un Orica hasta dos años.

En contrapunto a Madariaga, Igor González de Galdeano, en una gestión demasiado global para lo que los tiempos exigían. Bueno, una gestión global, y desacertada, un poco como la estrategia que movió el equipo estas dos últimas temporadas, siempre a contrapié, superado por el momento, nunca delante, siempre persiguiendo.

Y sin embargo todo esto quizá resulte anecdótico frente al verdadero problema, que tiene que ver con identidad, pero no tanto como muchos apuntan. Euskaltel, hace un tiempo y por cuestiones de mercado, ya no es dueña de sí misma. Las decisiones gordas no son tomadas en Euskadi, y allí, desde donde deciden, la marea naranja es una anécdota.

El legado de Miguel Madariaga

Miguel Madariaga es un tío que gana en las distancias cortas. Grandote, expresivo, gesticulador… tiene todos los aliños para describirse como el perfecto hombretón vasco, con todo lo que ello implica, incluso lo de no saber callarse las cosas y pensar en voz alta.

Hablar con Madariaga es hacerlo con parte sustancial de la historia moderna y contemporánea del ciclismo vasco. Para seguirle la pista cabe ir a los setenta, cuando en Mungia tuvo su primer equipo juvenil. Luego pasó por el Teka, el Super Ser,… en categorías inferiores, aprendiendo, creciendo entre bambalinas de esta mal llamada “familia ciclista”, donde las decepciones se urden a espaldas o se comunican por teléfono.

Fue un día, en Lourdes, acompañado del presidente de la Diputación de Vizcaya, mirando los corredores del Tour, que ambos cayeron en el anhelo conjunto de un equipo vasco ahí, en el mirador del mundo, en el Tour, la mejor carrera del mundo.

Y surgió un esbozo, que se situó en ese enorme edificio que está yendo hacia el aeropuerto de Bilbao, una suerte de mastodóntico seminario en Derio, donde se ubica la sede de lo que entonces fue un sueño y hoy cumple 25 años.

Fue la creación de la Fundación Euskadi, cuya fecha de creación se sitúa en junio del 93. Recuerdo que por esas efechas, esos años, se corría la querida Bicicleta Vasca, que vestía a su líder de azul de Bergara, por homenaje al buzo de los obreros que paraban las fábricas para ver el paso del pelotón.

Con ese germén, pasándolas pero que muy putas, llegaron los años dorados, años naranjas, cuando los mejores del mundo se veían con uno, dos o tres Euskaltel entre ellos, de tú a tú, disputándoles las mejores carreras. El pionero de los grandes días fue Roberto Laiseka, persona parca de palabras, que admira la sinceridad enfrente suyo.

Madariaga ha dejado atrás todo eso. Con el relevo a Mikel Landa se despide de lo que ha sido fuente de sus grandes satisfacciones, pero también de enormes decepciones, porque cuando lo que llena tus horas, se hace con pasión, los sentimientos son tan extremos que se tocan.

Hemos leído esta entrevista en El Mundo Deportivo a Madariaga y nos quedamos con tres párrafos

Sobre Landa piensa que «es la única persona que lo puede sacar adelante, porque es alguien importantísimo dentro del ciclismo y a la hora de conseguir apoyos”.

Que lo ha dejado porque “personas de mucha entidad, con mucha fuerza, me han dicho a la propia cara que me marche. Y no una vez. Varias veces”.

Y ante lo que puedan decir la entrada de dos corredores como Marc Buades y López-Cózar, balear y granadino, una de las suyas: “En el ciclismo en Euskadi hay muchos con la lengua larga y el bolsillo muy estrecho. Eso es lo que hay que quitar. Todos a apoyar y este barco funciona”.

Ya sabéis lo que él muchas veces nos decía los “hijoputas”.

Nosotros hemos sido especialmente críticos con Madariaga, precisamente por no ser autocrítico en gran parte de su discurso, pero al César lo que es del César, y este grandullón se lleva en su alma buena parte de la esencia de lo que hoy es el ciclismo en Euskadi.

Imágenes tomadas de Federación Alavesa de Ciclismo y Ciclo21

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La filantropía ciclista de Mikel Landa

Cuando en agosto, al albor de la celebración de la Clásica de San Sebastián, le preguntamos a Unai Yus, entonces director de la Federación Vasca por esa generación de oro del ciclismo euskaldun, nos habló de varios nombres, pero puso el acento sobre Mikel Landa.

Ese sábado por la tarde el alavés había sido protagonista inequívoco de la carrera donostiarra, propiciando el corte del que saldría ganador Michal Kwiatkowski. Ambos, Landa y el polaco, habían sido eficaces en su labor por el cuarto Tour de Froome. Ambos seguían dando que habla, una vez más.

Porque en Francia, como en Italia semanas antes, Landa había demostrado eso que Yus dice que ya se le veía de pequeño, esas ganas de ser y destacar, esa forma de hacer que distingue a los ciclistas bendecidos con el don de hacer fácil lo difícil.

Pero Landa no es un ciclista al uso fuera de la carretera. Es un caso curioso, yo diría casi único de filantropía ciclista. Hace unos meses auspició el nacimiento de una web Zikloland que a día de hoy va a velocidad de crucero informado de lo que acontece y en especial de lo que le sucede al corredor que el año que viene será del Movistar Team.

Y en ese desarrollo de los acontecimientos hemos ido siguiendo cómo Mikel Landa recuerda de donde viene haciéndose cargo de la presidencia de la Fundación Euskadi, que ahora anuncia que será continental el año que viene. Excelente noticia.

Landa ha conseguido aglutinar a la estela del buen momento que pasa los mimbres y empresas necesarias para que el equipo que históricamente ha estado en manos de Miguel Madariaga salga a la carretera a competir en esa categoría intermedia. Entiendo que en ese plan que Landa dibuja sabrá compaginar los menesteres de ser profesional, con lo que esa palabra significa, con los de la presidencia de la Fundación.

Es muy sencillo hablar de la importancia de este proyecto, pues si miramos atrás no encontramos que la columna vertebral del gran ciclismo vasco se crió y creció en esta fundación. Desde que se pusieran en marcha en aquellas tardes de Tour de Francia en las que un trabajador de la diputación vizcaína, apellidado Madariaga, soñaba con ver un día ikurriñas en el pelotón.

Fue en el 94 cuando el equipo echó a rodar y fueron años complicadísimos en lo económico y personal, pues mantener aquel talento no era sencillo con los números haciendo aguas. Pero aguantaron y siguiendo y fueron al Tour y en 2005 sacaron el Orbea, bajo la dirección de Jon Odriozola, y de ese equipo salieron los hermanos Izaguirre, Mikel Nieve, Jonathan Castroviejo, Juanjo Oroz, Omar Fraile, Romain Sicard y Landa, Mikel Landa, el ciclistas que ahora es presidente.

Quiero pensar, lo hemos dicho hace tiempo, que el ciclismo español tocó fondo hace un tiempo y que todo esto sea la recomposición de un puzle que volverlo a tener completo va a ser muy complicado. No obstante no podemos negar lo que nos alegra ver que el Euskadi vuelve, situándose junto al equipo de la Fundación Contador en un nivel en el que ya no estarán Murias y Burgos por que serán pros como el Caja Rural.

Esto empieza a ser otra cosa. Como diría aquel, poco a poco.

Imagen tomada de Orbea

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El Cruz Stema es un portabicicletas de bola de remolque para dos bicicletas abatible

Aún no sabemos qué pasó en el Euskaltel

Euskaltel Euskadi JoanSeguidor

Esta mañana he leído que Igor González de Galdeano añoraba los tiempos que un equipo naranja trepaba por el pelotón. Hablaba de ese color, de las ikurriñas por medio mundo, de la gente buena que quedó en el camino y de la presencia de profesionales surgidos del entorno de Euskaltel que ahora están corriendo al máximo nivel, cuando no liderando grandes equipos en las mejores pruebas.

Sólo cabe verlo, ver a Ion Izagirre en el Bahrain y a su hermano Gorka en Movistar, a Mikel Landa haciéndose un hueco en el competidísimo Sky, donde brilla, y mucho, el otro Mikel, Nieve, a Samu siendo valorado en el BMC, a Igor Antón quemando días en Dimension Data,…

La calidad de aquel conjunto y lo que significó, la marea naranja, siguen resonando hoy en muchas mentes y sobre todo en corazones. Igor retomó hoy esa nostalgia y lamentó que todo se devaneciera y hace un ejercicio de realidad, admitiendo que volver a aquello será muy difícil y cada vez más mientras los días pasen penosamente desde aquel otoño de 2013 cuando todo se quedó en el camino.

La carta de Igor vuelve sobre lo que muchas veces hemos pensado, en el tema del Euskaltel hubo, dicen todos los protagonistas, una mano negra, una especie de “aire” o algo místico que se lo llevó todo por delante. Madariaga se enciende hablando del tema, él que lo sacó de cero, sólo dice que le quitaron un hijo y se lo devolvieron muerto. Dice que no hubo derecho, que es una puñada, habla constantemente de los “hijosputa”,… habla, habla y habla, pero nunca le escuché autocrítica.

Igor es más sutil, emplea la frialdad que le elevó en su periplo ciclista, es distante y esconde las cartas. Sí que es cierto que admite errores, o quizá dar cosas por hecho, pero empredió un camino que desarriagó el equipo y lo consumió en un año. Hablar ahora es sencillo, muy sencillo, pero entonces se veía claro y meridiano y el final sería el que el propio protagonista describe.

Y luego está Jon Odriozola, que quiere que lo que fue naranja sea verde matizado en el futuro. No es nada sencillo, las cosas están como están, su equipo es semillero de buenos ciclistas, pero el panorama que nos describió Guillem Cassú hace unas semanas, la del sub23 desmotivado por lo complicadísimo que es sacar la cabeza, se ha calcado, supongo que con sus peculiaridades en el caso de Imanol Estévez que ha colgado los hábitos siendo uno de los más prometedores ciclistas del panorama.

Como siempre decimos, y me repite un amigo calvo como yo, nada es lo que parece y no nos enteramos de la misa a la media. Los protagonistas de esta historia hablan de manos negras, de palos en las ruedas, de mil cosas, pero no concretan, esto es como el sexo de los ángeles o los billetes de 500 euros, algo de lo que todos hablan, pero nadie palpa.

Y esto pasa en Euskadi, el vergel, la cuna, la cantera donde se endurecen los talentos y dan el salto, si lo han de dar, pero algo se debe estar haciendo mal, de verdad lo creo, cuando con la bolsa de afición y interés que despierta este deporte nadie es capaz de sacarle algo mejor que voluntarismo, ganas e ilusión, esos ingredientes de una ensalada invisible, esos que condimentan pero no dan sabor. Se perdió el Euskaltel, o el equipo WT de la Fundación Euskadi, llamadlo como queráis, y deshacer el camino puede ser una tortura que acabe con la salud de más de uno.

Imagen tomada de El Referente

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Los problemas que acabaron con la Fundación Euskadi

En la Vuelta a Burgos se acabaron, por el momento, los más de veinte años de historia de la Fundación Euskadi. Dos décadas largas de aquel equipo que auspiciaron nombres en franca retirada aunque consagrados, como Peio Ruiz Cabestany, que aupó valores como el de Iñigo Cuesta primero y Joseba Beloki posteriormente, entre otros talentos, y que tocó el cielo con los colores de su principal mecenas, Euskaltel, anaranjados sueños que fueron realidad, tangible y chillada por miles y miles de gargantas  en cunetas de medio mundo. Pero todo tiene su fin y el sueño que Miguel Madariaga hizo que fuera real tocó su ocaso en la ronda burgalesa.

Fue la crónica de una muerte anunciada, a pesar del mazazo que hace un año por estas fechas daba el equipo Euskaltel anticipando su desaparición a final de la pasada temporada, la fundación encontró el acomodo económico para seguir esta temporada. Pero ese colchoncito no dio para todo el año y renunciando a algunas carreras, el equipo echó el cierre.

El pasado domingo Miguel Madariaga recibió una cariñosa enjabonada en El Larguero, ese programa que sólo se acuerda del ciclismo cuando Contador se estampa, hay un positivo o una noticia luctuosa como la desaparición de un equipo. En el transcurso de mismo se dio voz a Madariaga pero también a actores principales en la historia de este equipo. Los mismos medios que lloran el final del Euskadi son aquellos que llevan meses mareando la perdiz con las líneas maestras, por no decir obviedades,  del proyecto de Alonso, proyecto que suena bien pero que no se plasma, al menos por el momento.

Escuchando la pieza de poco menos de media hora se adivinan las causas de este desenlace. En la Fundación Euskadi ahora, y en Euskaltel hace un año, se dieron erróneamente muchas cosas por hecho. Se dio por hecho que en el País Vasco el ciclismo prevalece siempre, se dio por hecho que sólo cuenta lo deportivo, se dio por hecho que Fernando Alonso tragaría con lo que fuera, se dio por hecho que por ayudar a chavales jóvenes no faltarían los mecenas. Se dieron por hecho tantas cosas que claro la realidad es tozuda y jodida cuando no caminas en contacto con ella.

Las cosas cambian y el discurso de Miguel Madariaga, sin querer restarle un ápice de mérito a su obra, es el vivo ejemplo de un ciclismo inadaptado a la realidad, al presente. En sus declaraciones Madariaga sólo reta, nunca hace autocrítica. Asegura que no ha dejado puerta por tocar, pero no especifica porqué nadie le ha prestado ayuda. Sigue anclado en el maná de las instituciones cuando hace tiempo que éstas le dieron la espalda al ciclismo y posiblemente al deporte en general porque las urgencias sociales así les obligan.

Un año después el capítulo del ciclismo al más alto nivel en el País Vasco escribe un nuevo capítulo en su historia más triste. Queremos pensar que en el País Vasco habrá quien tome nota de los errores, y también de las virtudes, pues también las hubo, en la gestión de fundación y seguro que saldrá algo más adaptado a los tiempos.

Tiempos que no hablan de ir a un patrocinador a pedir dinero a fondo perdido y sí de ofrecer contraprestaciones, intangibles que hacen marca, la divulgan y proyectan. Con esos mimbres se podrá dar a Euskadi y al ciclismo en general el potencial que atesora. Todo lo demás son palos de ciego.

Imagen tomada de Fundación Euskadi

10 x 13. La demolición no controlada del Euskaltel

A raíz del anuncio de Fernando Alonso sobre las negociaciones con la estructura del Euskaltel, la ETB realizó un reportaje sobre el equipo de bandera vasco en el que Igor González de Galdeano hace un breve repaso de lo mucho e intenso que la ha dado para vivir la vida en este último año. El fallecimiento de miembros del equipo, el cambio de las bases sociales del mismo, la enorme discusión que el mismo originó, las complicaciones en la gestión diario, el progresivo desarraigo de las instituciones, la no aparición de un segundo patrocinador, la ausencia total de resultados,…

No fue, desde luego, sencillo el último año para el vitoriano que en las páginas de El Diario Vasco repasa con medida dosis de sinceridad los muchos avatares que la vida le ha deparado estos doce meses. Muchos e interesantes datos de una realidad que en este cuaderno ya describimos y acertamos a revelar como caótica. El ciclismo vasco se ha convertido en un sumidero de desunión y desconfianza. Igor habla de actores que no dudan en fastidiarle un patrocinio al de al lado por el mero gusto de hacerlo. Situaciones dantescas que en la región donde el ciclismo es cuestión de estado suenan a susto.

No cabe duda que la verdad verdadera de la desaparición del Euskaltel dista mucho de ser sabidas con exactitud. Los movimientos propios del mercado, la propiedad de la institución, muy lejos de las fronteras de Euskadi jugaron su influencia. A la gente que firmó la titularidad de la empresa poco menos que les importaba un rábano la marea naranja y los pasillos que armara en las cunetas del Tour. Aquí se supo de resultados, no de arraigo, aquí se quisieron dividendo y buen precio, y si para ellos iba el coste del equipo, fuera equipo. Sencillo y abrumador, tanto como las leyes del mercado.

Si en algo nos atrevemos a opinar en este tinglado es la gestión deportiva, muy tangible a nuestros ojos. Euskaltel estos últimos tiempos no guardó nada del ese fragor naranja que siempre marcó el desenlace de las grandes carreras. En la carretera hemos apreciado ciclistas inapetentes, en muchos casos. Pocas ganas y menor presencia en esos momentos en los que el naranja era parte del paisaje.

Igor González de Galdeano no tiene palabras amables para Amets Txurruka en la entrevista referenciada, sin embargo el carismático ciclista del Caja Rural es el vivo ejemplo del carácter almohadillado que se había instalado en el cuadro naranja. Amets se pasó la Vuelta a España de 2012 tirando de carro, encabezando las persecuciones, trabajando para otros que, rara vez, cogían el corte bueno. Fuera de Euskaltel, Amets ha inaugurado su palmarés en Caja Rural, en la Vuelta a Asturias, y se ganó el calor y cariño en la Itzulia, esa carrera en la que él se escapaba y Euskaltel tiraba para que luego ganaran otros.

Sobre el desmonte del equipo, la opacidad ha sido una máxima. Desde que se supo que el equipo estaba en barrena poco o nada de claro se sondeó en los medios. Todo eran manos negras y sombras. Había hechos consumados, como la desaparición del equipo, pero ningún culpable confeso, todo se achacó a la crisis y las circunstancias, esas que no trascendieron cuando Fernando Alonso se interesó y desinteresó por la estructura. Luego historias para no dormir. Historias como la de Jon Odriozola y Ner Group, historias como las de la Federacion Vasca. Historias que no culminaron más allá de la supervivencia de la flor de Madariaga, el hombre que lo arrancó todo, el hombre que con su peculiar estilo sigue ahí, en el tajo, salvando los mínimos, con la esperanza de que el vaticinio de Igor no se cumpla y que Euskadi recuerde lo que es, una tierra de ciclismo fecunda y grande y que en ello se entierren las diferencias y surja algo tan bello como lo que fue Euskaltel estos veinte años.

#13×13 es el relato de perfiles, paisajes y momentos que describen el año que se nos escapa.

Foto tomada de www.euskalteleuskadi.com

Hay ciclismo después de Euskaltel

Con un ERE, uno de los trámites administrativos más tristes y cotidianos de nuestros días, se cierran veinte años de peripecias en Euskaltel dentro del pelotón. Un ERE, una palabra mundana, manoseada que ahora forma parte de la vida de actores destacados de esa elite que es el deportista de alto nivel que con sus viajes, concentraciones y demás quehaceres vive muy al margen de lo mundano. Un ERE que afecta a Igor Antón, Egoi Martínez, Gorka Verdugo, Jon Aberasturi, Rubén Pérez y Miguel Mínguez. Sí Igor, Egoi, Gorka y Rubén, cuatro de los fijos cada año en las grandes carreras, con todo el respecto para Jon y Miquel. El membrete también incluye el nombre de Samuel Sánchez, que tenía firmado hasta 2015. Cómo hemos de vernos. 

Mientras en la acera de enfrente Miguel Madariaga trabaja para que a finales de mes tengamos un regalito de Papá Noel en forma de supervivencia de Euskadi. Está bien. Tras mucho ir y venir, el ciclismo vasco está cerca de cerrar un pacto de mínimos. Que lo celebren, otras regiones no tienen eso ni por asomo. No obstante la imagen que queda es de una desunión supina. El ciclismo vasco, el espejo de este deporte a nivel nacional, parece una lucha de bandas y corrientes.
Con todo es llamativa la retórica que ha rodeado todo lo ciclista en Euskadi desde que Euskaltel dijo que no seguía. Desde morder la mano que te ha mantenido, eso es hablar no muy bien de las administraciones públicas que poco o nada debieran pintar en estos proyectos, a lanzarse recados, bombas y puñales entre las partes implicadas.
En esa paradigmática desunión, el ciclismo en Euskadi es lo que es en el resto del mundo, se ha transmitido un completo desbarajuste y nula coordinación en la defensa de los intereses ciclistas de una zona que dicen vive esto como casi una religión. Dudo que fueran pocos los que no se alegraran por el tropiezo mortal de Igor, ni esbozaran satisfacción ante la soledad de Jon Odriozola, ni por la poesía que salió de la boca de Madariaga.
Sin embargo, como siempre hemos defendido, Euskadi es tierra de ciclismo, de Ciclismo, sí con mayúsculas. Y como tierra de Ciclismo dudo mucho que Euskaltel signifique el final de algo más que no sea la propia historia del equipo naranja. Esto es un capítulo aparte. Porque de ese color, o verde, o rojo, o del que gusten de citar, seguirán las cunetas tiñéndose de pasión, sabiduría y admiración. De gritos para éste, aquel y el otro. De empeños con nombre y apellido, porque conocen y admiran al corredor más que aquellos que se justifican en el casco y las gafas para sacar a pasear su desconocimiento.
En los años treinta del pasado siglo, el Tour de Francia era ya asiduo en los Pirineros. Despuntaba entonces un ciclista pequeño que apodaban “la pulga”. Era Vicente Trueba, cántabro y avispado en las subidas. Año 33, en la España de la segunda República, muchos cruzaban el umbral de Francia para animarle. Eran cántabros, astures y vascos, muchos vascos. Ni por asomo se esbozaba Euskaltel y esa región que se meció en los brazos de la bicicleta por la crisis de la industria armera ya respiraba ciclismo.
Siento decirle a los agoreros que, ochenta años después, esa pasión sigue intacta.