El ciclismo necesita y se merece un «Peter Sagan»

Peter Sagan Joanseguidor

Mov_Gore

El caballito de Peter Sagan en Oiz tiene muchas interpretaciones

Ayer al acabar la etapa del Monte Oiz, un familiar me envió desde la misma carretera un wasap con el vídeo de Peter Sagan haciendo un caballito.

Visto el vídeo, que es algo más largo, lo editamos y subimos a la red con tal suerte que se hace viral

No entraremos si hay medios, grandes medios que citan o no la procedencia.

Nos cabe la satisfacción, al menos, que Google, que es como ese del algodón, nos retrata.

Entre los cientos de retuits que tuvo el vídeo nos quedamos con éste, además sirve para poner título a este post…

Nos parece genial la descripción del momento.

Y nos parece muy apropiado sobre lo que significa Peter Sagan.

Un tipo, campeón del mundo, en el momento de mayor agonía se da el gustazo de hacer un caballito sin manos.

Es decir, en el instante donde el ciclismo cobra toda su crudeza, Peter Sagan se marca una frivolidad.

 

¿Se merece el ciclismo Peter Sagan?

Y claro se genera el debate.

Una vez han pasado los mejores, los no pocos aficionados esperan algo de ciclistas que en la mayoría de los casos van al límite.

Como Peter Sagan, Iván García Cortina y Matteo Trentin han deleitado a la parroquia durante esta Vuelta.

Muchos dirán que es frivolidad, que es meter a CR7 en el sagrado templo del sufrimiento y sacrificio que es el ciclismo, pero es que es lo que hay y muchas veces la gente se lleva el recuerdo del ciclista para siempre haciendo algo que el 99% de los que lean este artículo no son capaces de hacer.

 

¿Necesita el ciclismo a Peter Sagan?

Pues claro que sí, ese vídeo ha puesto en el infinito a la Vuelta, a sus patrocinadores, a los patrocinadores de Sagan y a él mismo, que es una marca, y una empresa en sí.

Rueda la #VueltaBkool entre los Bkoolers

A veces, es triste decirlo, la vida es injusta, y la historia del ganador de etapa en Oiz, Michael Woods, pasará de puntillas frente a la frivolidad de Sagan.

Pero si es para que se hable de ciclismo, para que se sepa más de él y de su existencia podríamos afirmar que el ciclismo merece y necesita a Peter Sagan.

La Vuelta: Las luces se encienden, desde Nairo a Yates

La Vuelta- Michael Woods JoanSeguidor

El Monte Oiz abre huecos y pone orden en la Vuelta que Valverde y Mas pueden tener a tiro

Mov_Gore

Monte Oiz, la Vuelta se gusta por aquí.

Se gusta por desniveles imposibles, firmes gruesos.

Se gusta por Euskadi, algo que por suerte ya no es noticia.

Se gusta verde, pero también entre la niebla que nos impide ver bien a Alejandro Valverde y Enric Mas poniendo la Vuelta custa abajo.

Una niebla que disimuló el mal momento de Simon Yates, en el mejor día de Adam.

Una luz roja que empieza a encenderse en muchos sitios.

Simon Yates mantiene el liderato, pero en esa armadura roja no le llega el nudo de corbata.

Alejandro Valverde le ha descolgado, le ha metido el miedo en el cuerpo, miedo escénico.

Fantasmas que vienen desde Italia, desde ese fin de semana horrible que empezó antes de Finestre.

Es un aviso, pero Simon Yates no quiere que Andorra sea los Alpes italianos.

Entretanto Valverde crece y ahora sí desplaza cualquier duda: es el líder del Movistar, con Nairo quedándose cuando aún no habían empezado las hostilidades.

La Vuelta para Enric Mas

Y a rueda de Valverde, un balear que casi tiene la mitad de su edad.

Enric Mas sale de la Vuelta 2018 como otro ciclista.

Un corredor que ha madurado en dieciséis etapas lo que otros en varios años.

Está en el podio, tras la flaqueza de Kruijswijk y de Nairo. Ojo que se han dejado un minuto.

Ahora mismo nada está escrito, y este azul no ha venido a firmar cualquier cosa.

La jornada vizcaína de la Vuelta, verde a rabiar, verde pero mechada por bronce de otoño.

Una etapa que ha demostrado que la Vuelta, en su tercera semana, está en la mano de unos pocos.

Endura te invita a entrenar con los Movistar 

Y así otra vez una fuga con nombres que nos suenan: De Gendt, Mollema, Clarke, Woods, De Marchi, Herrada, Teuns, Fraile, Amador, Nibali, Zakarin, Majka…

Es lo que pasa cuando estás en la tercera semana de la tercera grande, cronológicamente hablando, del año.

Y de esa fuga emergió Michael Woods en lo más duro de Monte Oiz.

Dejó hacer a Majka, a De la Cruz, a Fraile, y dio cuenta de Teuns.

El Education First vino con el casillero temblando y gana dos etapas en la Vuelta con dos corredores diferentes.

De Clarke en bajo el sol plomizo y andaluz a Woods entre la niebla del Balcón de Vizcaya.

Michael Woods, como Ryder Hesjedal en La Camperona en aquel final de infarto, le da continuidad al jardín canadiense en la Vuelta.

Una victoria preciosa, una victoria que Woods ha podido dedicar a su mujer que ha pasado por un trance de esos que no deseamos a nadie.

La jornada vizcaína de la Vuelta, la jornada para Murias, que no pudo meter la gente que quisiera delante, pero que no dejaron la opción de al menos conducir el pelotón mientras la cámara se recreaba por San Juan de Gaztelugatxe.

Una fiesta de ciclismo íntegramente vizcaína para poner la Vuelta a merced de Andorra, del País Vasco, al País de los Pirineos.

Imagen tomada de FB de La Vuelta

Monte Oiz, donde el viento sopla muy fuerte

Monte Oiz JoanSeguidor

La cima de la etapa vizcaína de la Vuelta acaba en la «cima ventosa»

Mov_Gore

Muchos preferiremos que llueva antes que atrevernos a salir a combatir la ira de Eolo, dios de todos los vientos a quien, según la mitología griega, Zeus le concedió el poder de controlar las tempestades, que tenía encadenadas y las podía liberar a su antojo.

Por eso Eolo era tan temido.

Y lo sigue siendo aún en día: el enemigo público nº1 del ciclista.

Sirva esta introducción hablando del viento para situarnos en la fantástica excursión que realizamos hace unos meses con el fin de conocer la nueva joya de la próxima edición de la Vuelta a España: la subida al Monte Oiz, una montaña muy al gusto de la ronda española, corta y explosiva, que hará las delicias de los seguidores. Ya veremos también si la de los corredores, una inclinación sólo apta para escaladores puros.

El Monte Oiz en la marca «la Vuelta»

Era un frío pero soleado día de marzo.

Apenas nueve grados de temperatura para lo que se suponía tenía que ser ya un acercamiento de la primavera, después de un largo invierno que había sido duro, sobre todo en el norte, de frío, lluvias y nieves.

Estábamos sin embargo en el tercer mes del año, el más ventoso de  todos.

¿Alguna duda después de aquella salida? Al final lo veremos.

Aquel día, un cierto miedo escénico se respiraba en el ambiente.

No era para menos: el viento soplaba de lo lindo.

Pero no habíamos venido hasta Gernika para abandonar entonces, aunque el Monte Oiz se había estado ocupando de complicarnos mucho su conquista.

De la grupeta, los más fuertes y corpulentos marcaban el ritmo.

Los demás, bastante teníamos con seguirlos, resguardados, eso sí, del viento.

Llegando a Urrutxua tras pasar por Mendata, siempre en constante ascensión, ya conseguimos a ver en lo alto de la montaña los generadores de Oiz, desafiantes.

Alcanzamos el precioso «Balcón de Bizkaia» y un indicador a la derecha nos mandaba ya hacia Monte Oiz.

Sabíamos lo que nos aguardaba, por eso aquí ya todos echamos manos del piñón de 32 que llevábamos detrás.

Iba a echar chispas en aquellos apenas 5 kilómetros de durísima subida, en la que habríamos de «sortear» rampas entre el 20 y el 25%, muy, muy, difíciles, con la complicación añadida de tenerlo que hacer por una carretera estrecha y hormigonada, resquebrajada y muy empinada.

Vamos, las carreteras que a nosotros nos gustan.

Seguimos. Para definir este tremendo muro, lo mejor es describir las sensaciones que experimentamos escalando aquellos 5 kilómetros de pared: primero una gran tranquilidad para no atufarnos con la primera inclinación al 20%; después seriedad, se acabó la cháchara y sólo se oía el jadeo de nuestra respiración; y a continuación una sensación de agonía y de sofoco.

Las piernas nos quemaban cuando alcanzamos la cuesta al 25%. Estábamos en la mitad de la subida. Nos retorcimos esquivando el cemento rajado.

Cada pedalada que dimos fue artesanal, muy al límite del sobreesfuerzo, hasta que por fin parecía que aquellos gigantes molinos de viento querían rendir ante nosotros, pero aún no, todavía no se daban por vencidos para claudicar bajo nuestros pedales.

En la prórroga del verano, pedalear con calor tiene su miga 

Un kilómetro entero a más del 12% nos dejó casi ya sin fuerzas, como un boxeador a punto de besar la lona, mientras su entrenador quiere tirar la toalla. Nosotros no, somos así de cabezones y sudando a borbotones, con evidentes gestos de dolor, por fin llegamos, después de haber mecanizado nuestro pedaleo y asimilado el sufrimiento: Oiz hace mucho daño pero las vistas compensaron… ¡impresionantes!

El esfuerzo valió la pena y allí estuvimos un buen rato en actitud contemplativa en lo que para nosotros fue descubrir el auténtico Balcón sobre Bizkaia.

¿Y el viento? Aquel día, increíblemente, no soplaba allí arriba.

Tuvimos suerte y hasta los aerogeneradores ni se movían. Fascinante. Sin embargo uno de nosotros nos desveló su secreto: la noche anterior, víctima del pánico, estuvo rogando a Eolo aires propicios o al menos una suave brisa favorable para facilitar la conquista del monte, del Monte Oiz.

Parece ser que el «Dios de los Vientos» vio con buenos ojos aquella petición y fue misericorde con nosotros entregándole al capitán de nuestra expedición todos los vientos encerrados  dentro de una bolsa bien ligada para que los manejara a su antojo.

Y allí estaba. Eso sí, nadie se atrevió a abrirla.

Por Jordi Escrihuela