Que el Zoncolan sea una subida sin idiotas

Giro de Italia - Zoncolan JoanSeguidor

El Zoncolan es un caramelo para aficionados inconscientes

El otro día leí que en el Monte Zoncolan habrá vigilancia nunca vista en el Giro de Italia.

Hace cuatro años escribimos, entre otras cosas, esto

En el Zoncolan hemos presenciado una clara violación del normal desarrollo de un acontecimiento deportivo por culpa de un imbécil que, ataviado con el maillot del campeón del mundo, desequilibró a Bongiono, otro Bardiani a la fuga, cuando iba camino de cima en compañía de Michael Rogers, ganador a la postre. Ojalá algún abogado del humilde equipo italiano le localice y le empure. Casi al mismo tiempo, otro subnormal, ataviado con la bandera colombiana, queriendo empujar a Nairo Quintana, seguro e imperturbable líder, casi tira al boyacense y perjudica a quienes seguían su rueda, entre otros Domenico Pozzovivo.

Así fue, los dos escapados, Bongiorno y Rogers, con la cima casi a la visa, y un subnormal toca al primero para descolgarle.

Así de triste, así de real.

Las sensaciones en el Zonzolan

Como dije al principio leí que se espera una vigilancia casi extrema en el Monte Zoncolan.

Ojo que hablamos de 1200 voluntarios, lo que a groso modo sería siete por ciclista en competición, si quedan alrededor de los 170.

Hablamos también de detectores de metales y otros registros.

No sé en qué momento el ciclismo ha dejado de ser el deporte que acerca más que ningún otro a sus ídolos a la gente, para tener que poner barreras e impedimentos, porque alguien no es capaz de mantener las formas.

Es triste, pero es así.

Es lo que hay.

Al margen de las amenazas que sobrevuelan cualquier gran evento en Europa, que eso lo tenemos presente, y para ello hay un despliegue del que no somos conscientes, hay un componente intrínseco al ciclismo.

Y es la pléyade de gente que sube un puerto como el Zoncolan en bicicleta con la ambición de ver a su gente y molestarles en un esfuerzo extremo.

Entiendo de la emoción del momento, pero para frikis y gilipollas en la cuneta nos bastamos con ver el Tour de California.

El Giro debería ser otra cosa, una carrera en la que el respeto al ciclista y su sufrimiento sea  la prioridad y lo otro, lo otro, venga después.

El Zoncolan será un monte blindado por el ciclismo, como cualquier previa a la Champions.

Si alguien, un día, con su inconsciencia, es capaz de imaginar lo que arriesga haciendo el idiota en una cuneta, quizá nunca más se atrevería a pisar una cuneta.

El idiota de Buongiorno aún lo tenemos fresco.

Imagen tomada de FB de Giro d´ Italia

INFO

#GiroPost Demasiados gilipollas en las cunetas

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El ciclismo se lo ha de hacer mirar. Este deporte camina en un fino alambre entre la desaparición, teoría de algunos, y fenómeno de masas, lo que vemos en otros momentos. La subida final de este Giro de Italia al Monte Zoncolan, una cuesta inhumana en el corazón del Friuli, tuvo de lo segundo.

Si en la subida al Grappa Fabio Aru llegó milagrosamente a la cima sin poner pie a tierra, en el Zoncolan hemos presenciado una clara violación del normal desarrollo de un acontecimiento deportivo por culpa de un imbécil que, ataviado con el maillot del campeón del mundo, desequilibró a Bongiono, otro Bardiani a la fuga, cuando iba camino de cima en compañía de Michael Rogers, ganador a la postre. Ojalá algún abogado del humilde equipo italiano le localice y le empure. Casi al mismo tiempo, otro subnormal, ataviado con la bandera colombiana, queriendo empujar a Nairo Quintana, seguro e imperturbable líder, casi tira al boyacense y perjudica a quienes seguían su rueda, entre otros Domenico Pozzovivo.

Desconozco cuáles son las costumbres del aficionado ciclista en su tiempo de espera de la carrera. No sé si corre el alcohol en mayor o menor medida, cosa que creo que es más bien lo primero por lo que ocurre en otros circuitos, no sé si la impaciencia les dispara la adrenalina o es la simple emoción la que les lanza al delirio.

Sea como fuere en el Zoncolan hemos tenido otra muestra de lo que va camino de convertirse este deporte cuando la masa acude a él sin respeto ni conciencia. El año pasado la doble subida en Alpe d´ Huez se saldó milagrosamente sin incidentes, e incluso ofreció estampas imborrables como la de Adan Hansen brindando con los holandeses, y ahora el Giro nos da un poco más de lo mismo.

El espectador ciclista medio actual creo que dista mucho del de hace veinte años. Ahora quien más quien menos se han hecho un Zoncolan, o si no una Bonaigua o como poco la cuesta de su pueblo. Saben lo que implica subir esas rampas inmundas, que ni siquiera se diseñaron para vehículos a motor, de ahí mi extrañeza ante lo que el Zoncolan nos han ofrecido. La subida ha concitado a todos los frikis de Italia y posiblemente a gran número venidos de países cercanos, pues ésta es una zona de frontera.

La falta de respeto al ciclista es tan grande que su solo presencia ahí ya ofende. Desconozco qué pensarán los organizadores de estas situaciones, que desde luego no hablan bien del evento, pero quizá deberían tomar medidas drásticas en el futuro. Si se dice que las vallas altas de las salidas han sido grandes obstáculos en el contacto del público con los corredores, la desprotección que existe en las subidas finales no es de recibo. Entiendo que hay soluciones intermedias, algunas incluso marciales, como revisión de alcohol al inicio de las subidas. Lo que está claro es que de seguir esto así, el ciclismo volverá a portada de noticiarios y no por sus ganadores, sino por el imbécil borracho que se carga a un ciclista en el digno ejercicio de su profesión.

Agradezco a @FcoJLucasS la idea de tan ilustrativo titular

Imagen tomada de @Dorsal51