Turó de l’Home: tan cerca y a la vez tan lejos

Turó de l'Home JoanSeguidor

¿Para cuándo un gran final de etapa en el Turó de l’Home?

El otro día me llegó esta petición sobre el Turó de l´Home y el ciclismo:

Por supuesto, no dudé ni un momento en firmarla.

Turó de l’Home: sus credenciales

La primera vez que vi escritas estas palabras -“Turó de l’Home”- fue en el boletín de excursionismo que proporcionaba mi Club cada inicio de temporada.

Era el año 1993 y yo nunca había oído hablar del Turó como ciclista, aunque sí del Montseny, el pulmón verde que se encuentra escasamente a una hora de coche desde Barcelona.

 

Cuando cayó en mis manos aquel calendario de excursiones, me fijé en una salida que estaba marcada con 5 estrellas: sí, era la del Turó de l’Home, que se hacía el 24 de julio con un recorrido de 175 km.

Palabras mayores.

Buscando en el libro de Joan García Ayllon: “Ciclistes! Altimetries de totes les carreteres de Barcelona”,  encontré en sus páginas el Turó.

Viendo su altimetría, ya quedé impactado por sus tremendos desniveles.

El amigo Joan García, en aquella Bíblia, lo describía de la siguiente manera:

“Coll del Turó de l’Home o del Pregó, 1680 metros, 1ª especial, grado de dificultad 164, 24’2 km, 1500 m de desnivel –el que más-, media de 6,2 % -aunque los últimos 6 km al 8,96 % con aire molesto normalmente-, el peor de toda Catalunya y Andorra –por su dureza- y para ciclistas muy bien preparados”.

Esta era su carta de presentación.

Impresionante, ¿no?

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Este coll se convirtió en una toda una obsesión para mí.

Entre las típicas conversaciones entre los ciclistas del Club,  siempre se escuchaba el mismo debate: ¿cuál es el puerto más duro de Catalunya?

Evidentemente el primero que salía a la palestra era el Turó, pero con duros rivales como el Mont Caro, Rasos de Peguera o el Coll de Pal en Bagà.

No tardaría en comprobarlo por mí mismo.

 

Los 60 km que separan Sant Celoni, a pie del Turó, desde Barcelona, son prácticamente llanos, lo cual sirve para rodar, calentar e ir contemplando el macizo del Montseny, visible desde muchos kilómetros antes.

Una vez en Sant Celoni, también es tradición parar en la fuente que hay en la plaza del pueblo a rellenar bidones, sobre todo en el caso de que el ataque al coloso se haga en pleno verano.

Los cuatro primeros kilómetros son muy suaves.

Poco a poco nos iremos adentrando en el parque natural.

Bajo nuestras cabezas tendremos la mole imponente del Turó de l’Home.

Si el día es claro, podremos divisar incluso la carretera de los últimos 6 kilómetros como se dispara hacia el cielo como una flecha.

Lo primero que nos vendrá a la cabeza será: “¿hasta allí arriba hay que subir?”.

 

Una vez lleguemos a una rotonda, giraremos hacia la izquierda dirección al conocido pueblo de Mosqueroles.

Si lo hacemos hacia la derecha, nos dirigiríamos hacia la más “llevadera” ascensión a Santa Fe del Montseny.

Estos kilómetros hasta Mosqueroles son un toque de atención ante lo que se nos avecina, pues las rampas ya no bajarán del 7%.

La excepción será 1 kilómetro aproximadamente de llaneo e incluso bajada que nos ayudarán a recuperar, pero también nos sorprenderá: si tenemos que subir… ¿cómo es que bajamos?

Solo se tratará de un espejismo porque de nuevo la carretera se irá elevando por encima de nosotros, con rampas duras mantenidas, hasta llegar a la Costa del Montseny.

En ese punto encontraremos lo más duro de este primer tramo de escalada: una recta al 11% prolongada que se hace bastante pesada.

Así continuaremos hasta Font Martina, ya metidos de lleno en pleno parque, envueltos de un paisaje extraordinario de enorme belleza.

Según como vayamos, en esta fuente podemos reponer líquido y si queréis subir del tirón, pues no pararéis, está claro.

A partir de aquí la pendiente se vuelve más irregular y el pavimento empieza a estropearse.

Aquí encontraremos quizás las rampas más atractivas de toda la subida: 4 curvas en herradura de impresión, 180 grados de giros y contra-giros que no bajarán del 14 %.

La carta de colores de Berria es importante… 

Tendremos que poner todo lo que llevemos, si no lo hemos hecho ya antes, y las gotas de sudor irán empañando nuestras gafas por el esfuerzo realizado.

La carretera se estrecha bastante no sólo por la reducción del pavimento -prácticamente solo puede pasar un coche-, sino también porque nos introducimos en un frondoso bosque de hayas y castaños configurando un hermoso túnel natural donde incluso en pleno día el sol tiene dificultades para entrar.

Después de tantas emociones disfrutaremos de un «descansillo» con un kilómetro llano a la altura del Mirador –con vistas espectaculares-, antes de afrontar la decisiva escalada hacia el cielo cuando veamos el cruce que nos dirigirá hacia el punto más alto del macizo del Montseny: el Turó de l’Home.

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Ya metidos en estos últimos 6 kilómetros comprobaremos con toda su dureza por qué el Turó es todo un fuera categoría: la carretera se empina sin contemplaciones con picos del 11-12-13 y 14%.

En estos primeros kilómetros, pasado el cruce, nos acompañará un precioso bosque de abetos ofreciéndonos una típica estampa de alta montaña, no teniendo nada que envidiar a paisaje alpino o pirenaico alguno.

A falta de 3 km, toparemos con la rampa más dura de toda la ascensión: un tremendo muro al 18%, donde tendremos que retorcernos para vencerlo.

Una vez logrado, veremos que el puerto se abre espectacularmente, la vegetación empieza a escasear y a más de uno le recordará, un poco, la ascensión al Mont Ventoux.

¿Por qué?

El Turó de l´Home también está pelado, calvo y también es ventoso.

Además está coronado, igualmente, con una antena, mucho más modesta eso sí, que la del Gigante de Provenza.

El pavimento descarnado enfilando ya la recta final, oteando la estación meteorológica, que está ahí pero no llega nunca, no ayudará mucho en nuestra escalada.

Mientras seguiremos salvando curvas inhumanas y algún “recuerdo” de alguna vaca que haya pasado por ahí.

También tendremos que ir sorteando baches y gravilla.

Atención, por tanto, cuando descendamos.

Cuando ya estemos a punto de coronar nos sorprenderemos con un final de 500 metros completamente llanos.

Podremos aprovechar para subirnos la cremallera del maillot, meter plato y levantar los brazos por haber derrotado uno de los puertos más duros del país.

Arriba nos daremos cuenta que el Turó es lo que aquí llamamos “un cul de sac”, que quiere decir que no tiene salida y hay que volver por dónde hemos venido.

Esto puede explicar su ausencia en las grandes vueltas y el hecho de poder dudar que haya sitio suficiente para albergar toda la infraestructura necesaria para montar un final de etapa.

Pero valdría la pena intentarlo.

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Arriba del Turó las vistas son impresionantes: de un vistazo se puede llegar a contemplar a la vez el Tibidabo en Barcelona, el macizo de Montserrat, ciudades costeras del Mediterráneo e incluso el Cap de Creus.

Algunos dicen que también Mallorca, pero esto pasa en días excepcionalmente claros.

El Turó de l’Home está ahí, tan cerca pero tan lejos, inmutable, sereno, para que disfrutemos de cada uno de sus rincones, de cada una de sus curvas, de sus rampas, su paisaje, su bellesa que, unida a su dureza, hacen de él uno de los puertos más queridos por los cicloturistas catalanes.

¿Para cuándo este final de etapa espectacular que lo glorifique definitivamente?

Fotos: www.rosdemora.com