60 años de excesos y ciclismo en el Gavia

Entre los colosos del Giro el Gavia es la joya de la corona

¿Qué contar del Passo di Gavia?

Estas fotos las separan cuarenta años .

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Leemos que el Passo di Gavia cumple sesenta año en la historia del Giro y por ende del ciclismo.

 

Su primera incursión fue en 1960, cuando se insertó en una maratón de 220 kilómetros con tres nombres del calibre de Nencini, Gaul y Anquetil jugándose los cuartos.

El joven italiano Imerio Massignan fue el primero por la cima, lejos de amedrentarse ante tales rivales, el ciclista de 23 años cumplió con algo que nunca imaginó acabaría siendo tan icónico, el primero en una cumbre de leyenda.

«Poco sabíamos del Gavia y ni si siquiera quisimos reconocerlo por adelantado. De repente me vi en pistas de tierra y en medio de paredes de seis metros de nieve. Me sentí como Fausto Coppi»

Así habló el escalador italiano, y así recordó la figura de Coppi, fallecido meses antes.

Coronó con un par de minutos sobre el ángel luxemburgués Gaul pero los pinchazos del descenso le dejaron sin opción.

El Gavia pasó a la historia aquella etapa de 1988, cuando Andrew Hampsten se abrió paso entre la tormenta de nieve para sentenciar el primer Giro ganado por un estadounidense.

Gafas de esquí, ciclistas ateridos de frío… el camino nunca fue más difícil, el Gavia quedó maldito desde aquel día en la memoria del ciclismo.

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En la jornada final del Giro del 96, Abraham Olano no pudo con el Gavia y el Mortirolo 

Sábado 8 de junio de 1996. Estamos en la estación de esquí de Cavalese, situada en la región del Alto Trentino, en Italia, al pie de los majestuosos Dolomitas.

Un lugar tranquilo en verano y bullicioso en invierno, un precioso destino rodeado de bellas y sugerentes montañas.

Pero esto hoy no será así para los supervivientes del Giro de Italia.

Ni será un día de calma ni tampoco tendrán demasiado tiempo para recrearse con las vistas del pintoresco paisaje.

Desde este turístico sitio parte la penúltima etapa de la gran ronda transalpina dirección Aprica.

Por delante, 250 kilómetros de recorrido con las ascensiones a Mendola, Tonale, Gavia (Cima Coppi) y Mortirolo.

Casi nada.

Segundo día de dos jornadas genuinamente dolomíticas, un “tappone” que va a ser decisivo para el desenlace final de la corsa rosa.

Es el día del juicio final y estas montañas dictarán sentencia.

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Situemos la carrera.

Los corredores están muy castigados por la etapa del viernes: 220 kilómetros entre Marostica y Pordoi, en los que los sufridos ciclistas han tenido que enfrentarse al Passo Manghen, el Pordoi, el terrorífico Passo Fedaia (la terrible Marmolada) para finalizar la carrera con una nueva ascensión al mítico Pordoi.

Nuestros protoganistas son los Berzin, Tonkov, Ugrumov, Zaina, Gotti, Bugno y Olano, que son los que se están jugando la maglia rosa.

En estos momentos, la lleva a sus espaldas el teniente ruso Pavel Tonkov.

Olano tan sólo está a 1´´ y Berzin, tercero, a 14´´.

La general está en un pañuelo después de la cronometrada de Marostica en la que ha vencido el otro joven rubio ruso, Berzin, sacándole también un sólo 1´´ a Abraham Olano.

Faltan 72 horas para finalizar el Giro de Italia y la maglia rosa no tiene dueño

La incertidumbre se masca en el ambiente.

Va a ser un desenredo no apto para cardíacos.

La corsa rosa guarda el suspense hasta el final.

En la etapa de la Marmolada muchos corredores han reventado: una cinta asfaltada diabólica.

El desenlace no llega hasta la ascensión definitiva al Pordoi.

Gana Zaina, seguidos de Gotti, Bugno, Olano y Tonkov, todos dentro de un minuto.

Berzin paga su exhibición del día anterior y pierde 3’45´´, quedando descartado.

La etapa había resultado durísima y aún quedaba lo peor.

El Giro se va a resolver 24 horas antes de su conclusión.

Volvemos a Cavalese.

La etapa en el día del caos va a tener 80 kilómetros de puertos.

Ochenta mil metros pavimentados mirando al cielo.

Llega el momento de la verdad.

Empieza la ascensión al Gavia.

Triki Beltrán, compañero de Abraham Olano en el Mapei, se acuerda muy bien de aquella apocalíptica etapa:

Subimos el Gavia un sábado en vísperas del final del Giro. El día antes, en el Pordoi, Abraham salió de líder. Fue un Giro al que veníamos con la vitola de favoritos después del triunfo de Rominger el año anterior”.

Mendola y Tonale sólo hicieron que ablandaros.

Sí, en efecto, sirvieron para calentar las piernas y seleccionar el pelotón. Trabajamos toda la carrera para Abraham, que llevamos muy controlada hasta el pie del Mortirolo”.

Y llegó el Gavia, 18 kilómetros y medio de puerto, de exigente «hors catégorie».

Así es. A mí me tocó trabajar en el Gavia con Andrea Noé y pasamos con los favoritos”.

El Gavia conserva un tramo de unos 5 kilómetros sin asfaltar: tierra, piedras y baches, que permanecen inalterables desde los años 60…

Los ciclistas dábamos botes en las bicis en los tramos de tierra en la subida. Es un puerto donde se acusa mucho la falta de oxígeno, te va quemando y te deja vacío. Ese año estaba sin asfaltar en muchos tramos, con muchos boquetes que tenías que ir esquivando. Entre polvo, barro de la lluvia del día anterior, fue un puerto complicado. Una ascensión muy mala. Llegamos arriba y en la cima estaba nublado y en sus cunetas había nieve”.

Si la subida era mala, el descenso no nos lo queremos ni imaginar…

Sí, llegas roto arriba, muy fatigado y con los sentidos confundidos lo que puede suponer tener un accidente. Pasé mil penurias para no quedarme y de esta manera poder trabajar en el tramo anterior al Mortirolo, que eran nada menos que 40 kilómetros entre los dos puertos”.

Después de 6 horas y media de pedaleo, llega el «juez único».

Sí, el Giro estaba en juego en esos momentos. Tiramos con Abraham, con Lanfranchi y Fernández Ginés. Yo llegué muerto al Mortirolo. Pensaba que no acababa. Ese día subí tramos del Mortirolo descolgado con Andrea Noé, agarrado a una moto de un carabinieri. Ni me lo pensé agarrarme a su hombrera, lo agarré tan fuerte que casi se la arranco”.

Las rampas del Mortirolo son mortales…

La gente también nos ayudó. Nos jugamos la descalificación a 24 horas del final. Veías a gente muy cascada, arrastrándose por la carretera”.

Olano nada pudo hacer con el endiablado ritmo de los escaladores…

Eran 77 kg contra los 63 de Zaina y Ugrumov. Recuerdo que pasando estas penurias preguntábamos a los aficionados vascos por la suerte de Abraham. Según subíamos nos iban diciendo que cada vez iba más descolgado. Zaina y Tonkov le reventaron y perdió el liderato”.

En estos puertos, cebarte para intentar seguir a los escaladores es un suicido.

Sí, como corredor intentas que no haya ningún cambio de ritmo y vas a la marcheta, dejando un punto de más y ser conservador, pero con esas rampas iba parado. Ni llegaba a 12 km/h y sin embargo las pulsaciones las llevaba disparadas a 186. Reventado. Iba reventado. Llegué cerca del fuera de control, en una de las grupetas”

Abraham Olano quedó tercero y salvó al menos el podio.

Por delante Tonkov se fue con Gotti y pactaron la victoria: para el ruso la maglia rosa y para el italiano la etapa. Abraham no se rindió en la bajada, a pesar de ir acalambrado llegó 5º a Aprica”.

¿Qué recuerdos te quedan del Gavia?

Es un lugar para quien le guste la bicicleta. Un escenario único en el mundo. Desde entonces no he podido volver a este lugar en bici de carretera, pero sí he competido cerca, en un mundial BTT de Selva di Val Gardena”.

Explícanos la anécdota del Fir, Fir, Fir…

Los ojos me daban vueltas y yo venga leer Fir, Fir, Fir… en mi llanta de lo despacio que giraban las ruedas subiendo el Gavia. La gente se reía cuando lo explicaba”.

Fotos: Ciclo21

La fina línea de Alberto Contador en el Mortirolo

Contador Mortirolo

Las veces que a Contador le tocó subir el Mortirolo lo hizo para contener los daños

En el Mortirolo se han escrito grandes leyendas y arrastrado las peores miserias, un puerto sin medidas tintas que te pone en tu sitio en el Giro y la historia, un puerto que para Alberto Contador le trae buenos recuerdos en contextos hostiles.

Recuerdo la primera vez que supe del Mortirolo…

Hace casi treinta años, el momento especial  de cada mes llegaba cuando recibías tu Ciclismo a fondo en tu quiosco de confianza.

Recuerdo, como si fuera ayer, el número que sacaron en mayo del 91:  Era grueso, de esos que se dicen de lomo americano.

Recapitulaban la Vuelta a España que acaba de ganarle Melchor Mauri a Miguel Indurain y repasaban, a modo de previa, lo que podía dar el Giro de sí.

Hojeando, viendo los favoritos a la “cosa rosa” me llamó mucho el perfil de un puerto.

Aquellos desniveles no eran normales, rampas y rampas a dos dígitos de pendiente, sin descanso y por más de trece kilómetros. “Ni los Lagos tienen esto” pensé, días después de que Lucho Herrera ganara en el ligar.

Aquel gráfico plasmaba en papel el Mortirolo, un nombre que desde entonces forma parte de la antología de “puertos imposibles”, como los llamó acertadamente  Carabias en ABC.

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El Mortirolo pasó esa época en el imaginario de lo más duro y complicado que existe en el ciclismo, una pared que escribió la más bella lucha de Pantani e Indurain, donde se estrenó Roberto Heras, el sitio en el que Ivan Basso sacó a Arroyo del rosa…

4Estos días hemos vuelto a ver la etapa del Mortirolo en el Giro de 2015. 

Aquello fue raro, empezó con mal pie todo para el líder, Alberto Contador, averiado a pie del Mortirolo ve como el grupo, lanzado, ya no le espera.

Contador entró muy atrás, con un equipo que no fue lo mejor que tuvo en esa edición, supo escribir su historia de éxito cuando la adversidad arreciaba.

Le salvaron dos cosas, el mejor, posiblemente, golpe de pedal que ha tenido en los últimos años, equiparable al de 2014, y que Astana ese Giro corrió con un brazo atado.

Ese día, lo comentamos, hace poco, Mikel Landa iba sin cadena y Fabio Aru con el agua al cuello.

Si sabemos que el italiano era el líder, convendremos que aquella ascensión de Contador al Mortirolo sólo podía acabar bien.

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Y es que la línea de lo bueno y lo malo fue fina para Contador en el Mortiolo, la misma subida en la que esperábamos que Di Luca y Riccó le pusieran contra las cuerdas, a 24 horas de Milán y salió airoso.

Fue aquel Giro que se ganó por puro talento, venía de la playa, y que sentenció salvando los muebles en el Mortirolo, el puerto posiblemente más icónico de la dureza sobrevenida en el ciclismo que Contador nunca puso asaltar al 100%.

 

Lugares para el recuerdo de Marco Pantani

Marco Pantani guarda todo tipo de recuerdos en todo tipo de parajes

Otra cosa no, pero Marco Pantani guarda un buen puñado de recuerdos por las rutas más indómitas.

Monumentos, estelas, placas, estatuas, hitos, santuarios… las carreteras de media Europa están llenas de recuerdos ciclistas, lugares al exterior, en plena naturaleza, rodeados de madera y de viento, pequeños museos al aire libre que nos muestran la historia de nuestra “pequeña reina” y de todos los que tuvieron relación con ella.

Existe toda una geografía por recorrer a través del ciclismo.

Rincones donde el tiempo se para y en los que podemos leer la leyenda de este sufrido deporte, que nos recuerdan numerosas batallas vividas en forma de fama y de gloria, pero también de fracaso y expiración, de lágrimas y de sangre.

 

La tradición manda y siempre se opta por rememorar lo que sucedió en el mismo lugar y, si prestamos atención, seguro que escucharemos los susurros que se desprenden de estos sitios envueltos en la épica, el mito y la epopeya del ciclismo, y que nos hablarán de victorias y derrotas, de gigantes de la ruta y esforzados de la carretera que dejaron sus huellas, imborrables, para lo bueno y lo malo, para ser recordados con el paso del tiempo.

Hay cientos de ellos repartidos en las alturas de muchos puertos, cimas y cumbres de Francia, Italia o España, pero hemos querido escoger algunos de ellos donde recordar a Marco Pantani.

Son tres lugares de cultura ciclista, que no te debes perder, sobre todo si visitas estos pueblos y montañas que te proponemos, en los que hacer un alto en el camino es casi una obligación, para bajarte de tu bici y, con mucho respeto, rendirle pleitesía con devoción y admiración.

Memorial a Pantani en el Mortirolo

En la vertiente de Mazzo in Valtellina se inauguró una escultura singular en recuerdo a Marco Pantani, objeto de peregrinaje por parte de los “cicloamatori”, un memorial de hierro en el que nunca faltan ramos de flores.

 

La idea nace de una iniciativa creada por Felice Gimoni y otros ex ciclistas italianos como Bugno o Chiappucci, que piensan en construir un monumento dedicado al Pirata.

La escultura tendría que caracterizarse por elementos claramente reconocibles y relacionados con la figura de Marco, destacando el espíritu aventurero y heroico del Pirata en su terreno favorito: el ascenso extremo.

Recordarlo en el Mortirolo era lo más justo: se trataba de “su” montaña.

Gracias a la aportación de Bianchi, el artista elegido dispondría de 10.000 euros para su construcción.

Se habría de ubicar en uno de los tramos más significativos de la ascensión al Mortirolo y tenía que ser bien visible e identificable.

El proyecto enviado por los artistas Michele Biz, Alessandro Broggio y Alberto Pasqual sería el escogido: una hoja de acero inclinada, fijada «cantilever» a una de las paredes en una de las curvas más exigentes del Mortirolo.

Y en un pedestal la figura de Pantani, de forma tridimensional y con su postura más clásica y competitiva: de pie sobre los pedales, las manos en la parte baja del manillar y con su mirada buscando a los rivales que había dejado atrás.

Según los autores “quisimos recordarlo de una manera sencilla y franca, buscando la pureza del gesto que lo hacía diferente del resto”.

Monumento a Pantani en la Fauniera

 

 

Otro lugar para recordar a Marco Pantani: un monumento ubicado a 2481 m de altitud en el Colle Fauniera, en la zona de Cuneo.

La estatua dedicada al Pirata se trata de un busto de mármol negro de Ormea y es obra del rumano Olaru Benone, que lo elevó hasta lo más alto de una de las subidas más famosas entre los tifosi.

En la Fauniera, el Pirata reconquistó la maglia rosa en el Giro del 99, gracias a su vuelo hacia la historia, y su estela nos recuerda una de sus empresas más bellas cuando el 29 de mayo de aquel año arrebatara el maillot de líder a Jalabert en una etapa épica que acabó ganando Paolo Savoldelli.

Por este motivo, Ferruccio Dardanello, director del club ciclista de Cuneo, impulsó esta iniciativa porque “querían recordarlo de esta manera”.

El monumento se presentó oficialmente el 15 de abril de 2004 en el teatro social de Alba (Cuneo), durante la conferencia de prensa que presentó la primera etapa de aquel Giro: la Genoa-Alba, de 149 km.


 

De este modo, su escultura fue instalada pocos meses después de la muerte del Pirata, en el verano de 2004.

Cada año, el monumento es destino de peregrinaje para miles de aficionados al ciclismo que viajan hasta las rampas más duras de la Fauniera para rendir sentido homenaje a uno de los ciclistas más queridos de la historia del deporte italiano.

Sin embargo, algún vándalo quiso ofender al mito arrancándole parte de su oreja izquierda.

Un idiota que cicatrizó a “un chico triste pero mucho más fuerte que los otros”.

Monumento a Marco Pantani en el Galibier

 

 

En el Galibier, por la vertiente del Telegraphe, resuenan los recuerdos del ataque con el que Marco Pantani descolgó a Ullrich en aquel Tour de 1998.

El 19 de junio de 2011 se inaugura este monumento al Pirata en el col du Galibier para recordarlo como leyenda del ciclismo y en un escenario donde firmó una de las gestas que le hicieron entrar directamente en la historia del ciclismo mundial.

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A 2301 m de altitud, los franceses rinden homenaje al campeón de Cesenático, en el lugar en el que, durante tres semanas seguidas, hubo una conmovedora peregrinación de hombres, mujeres y niños, que ascendieron la montaña más alta del Tour de Francia para seguir la colocación de ese bloque de piedra de Luserna San Giovanni que recuerda a Pantani para siempre, cincelado en el momento justo en el que el Pirata se dirigía hacia la línea de meta.

Una imagen que va directa al corazón.

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Los ancianos de Valloire limpiaron toda la zona de malezas, los voluntarios removieron el terreno y lo dejaron listo para construir en él, ignorando el viento y la nieve, la lluvia y la fatiga.

Fue un momento increíble y emocionante de la gente en honor de Marco, que se fue hacía ya siete años, pero que nunca estuvo tan vivo y tan presente en el corazón de quienes lo amaban y lo admiraban.

Marco exaltó a Italia en el mundo cuando conquistó las montañas y no había nadie para seguirle y fueron los franceses los que lo honraron con aquel gesto.

Bien vale la pena escalar el Galibier para visitar este monumento a Pantani, donde dicen que incluso Contador se detuvo un día, entrenando con sus compañeros, para inclinarse ante un monumento que habla por sí mismo.

“Me mola este Giro”

Purito estilo JoanSeguidor

Ya tenemos aquí el Giro, una carrera que me encanta. Si me pedís varios favoritos para la general, pongo por encima del resto a Vincenzo Nibali y Nairo Quintana, porque son los únicos que han ganando una grande, eso pesa mucho, y han centrado su temporada para esto.

Pondría también al francés, a Thibaut Pinot, que creo que debuta en el Giro y a los Sky. A ver cómo está Mikel Landa, porque a Geraint Thomas no lo acabo de ver. Landa no lleva una temporada que indique que esté súper como años atrás.

Sinceramente, a Nibali le va bien todo, Vuelta, Giro y el Tour inclusive. La montaña del Giro de Italia es dura, pero como buen italiano se encuentra a gusto en su carrera. Su forma de correr es buena para cualquier grande, es inconformista, es guerrero, un gladiador,… es rabioso. Le miras y ves que no se conforma con nada. Es luchador, me gusta su carácter.

Ya me habría gustado haber sido como Vincenzo o Contador, que te buscan las vueltas donde sea, si no es en una crono, lo hace en un abanico,… mira cómo ganó Croacia con una bonificación en el kilómetro cuatro. Sacó el equipo a cara perro de salida para buscar la victoria. Cualquier otro se desconecta, seguro que se pasó la noche dándole vueltas y buscando la forma de recuperar el liderato. En las distancias cortas es una persona muy tranquila en el equipo. No le mola nada el protagonismo ni el jaleo. Él está en la sala, aunque parezca que no esté.

Lo de Nairo no deja de ser curioso, le escuchas que va al Giro para preparar el Tour, pero seguro que estará bien, porque no puede ser de otra manera. Ganar Giro y Tour el mismo año, lo veo complicado. El Giro está a su alcance, pero el Tour es otra historia, más si está Froome.

Si cada año el Giro es precioso, éste será espectacular. Tengo ganas de ir a comprobar lo bonito que está todo. Habrá un ambientazo tremendo alrededor de la carrera. Para mí, es el primer Giro como espectador y no es sencillo hasta que te ubicas. Es complicado ver a los corredores salir y tú te quedas ahí. No obstante tengo la suerte de estar con ellos antes y después de la carrera. Ese día tenía que llegar.

El recorrido es duro. Seguro que ya de salida habrán complicaciones, el que salga de Cerdeña implica emboscadas, humedad en las zonas donde no da el sol, todo el día arriba y abajo, de izquierda a derecha, como en ese Tour que salimos de Córcega hace unos años. No será un trago fácil para Fabio Aru verse fuera de una carrera que sale de su casa. Al margen de tener el pelotón cerca suyo, el recorrido le resultaba favorable.

La primera llegada en alto será en el Etna, donde tuve la suerte de estar concentrado en el 2011. No es un puerto muy duro, pero se hace largo porque cuando pone “comienza puerto” llevas un rato subiendo. Suben por Nicolosi, el mismo final de 2011, con algún descanso por medio. Se hace pelota, incluso a causa de unas carreteras que resultan bastante mejorables.

El Blockhaus no pude conocerlo el día que ganó Pelizotti, no obstante la zona de Reggio Calabria, Alberobello, el pueblo de Piepoli, son tragos complicados… si por el sur quieren quitar las sequías, que hagan carreras, porque llueve cuando el Giro va por allí, y eso en unas carreteras que resbalan muchísimo. Es complicado por eso que te pillen. Yo creo que aquella carrera a la que fue Wiggins, se lio solo, porque bajando demostró ser muy malo y ahí se le fue todo.

Las dos cronos pueden tener su peso. La de Foligno es complicada y dura, después del Blockhaus y Etna. La del final de Milán veremos cómo llega la general, porque como siempre habrá mucha dureza para el final. Veo etapas serias, sobre todo la decimoctava, que tiene muy buena pinta, por corta y por los puertos que pasa: Pordoi, Valparola, Gardena y el último, St. Ulrich , que no lo conozco. Ojo con el Stelvio y Mortirolo.

A ver qué tiempo dan, porque se pueden encontrar que algún puerto lo cortan. A ver el Stelvio cómo lo pasan, y si la solución es quitar el puerto cómo afecta al recorrido.

En mis Giros no hubo grandes problemas de nieve, salvo un descenso en muy mal estado que un año nos quitaron. Por lo demás nunca nos han quitado cosas. Con todo, esto es el Giro, aquí cuenta todo: la colocación, los nervios, las cronos y los finales en alto.

Yo quiero ir a Bérgamo y ver la etapa de Bormio y es posible que me quede hasta la decimoctava etapa, porque la zona de Pordoi es preciosa. Creo que va a ser un Giro guapo y entretenido. Además todos recuerdan las simbologías del recorrido, cuando lo ves desde fuera nos gusta saber si pasamos por el pueblo de Coppi o de Bartali. El Mundial de Florencia tuvo también sus símbolos, que si la ciudad de Pinocho, que si la escultura a Franco Ballerini… si vas a ver el recorrido te gustará saberlo, aunque en carrera es otra historia: cuando vas sufriendo en Oropa no piensas en Indurain y Ugrumov.

En Italia son mucho de estas cosas, aquí en España somos de sota, caballo y rey.

Por Joaquim Rodríguez

Imagen tomada de Pinterest

La mejor etapa de nuestras vidas

Giro de Italia Telecinco JoanSeguidor

A saber, quienes hemos visto a Miguel Indurain, quienes bebimos de la mágica generación anterior (Perico, Pino, Marino, Peio, Gorospe,…), quienes aborrecimos el rodillo de Lance Armstrong, el ciclista que no está en los anales, pero sí en la retina, y todo lo que vino posteriormente, tenemos una etapa a la que siempre recurrimos cuando hablamos de ciclismo de verdad, ciclismo de quilates e inolvidable. Cuando me preguntan por la mejor etapa de nuestras vidas, la señalo y la marco a fuego.

Recuerdo, como si fuera hoy, y hace 22 años de ello, verla, simultaneando el Rolland Garros con Sergi Bruguera e incluso el Gran Premio de Mónaco con la retransmisión en Tele Cinco, asombrados, del Giro de Italia. Sí, hablo del día de Aprica, del Mortirolo, de una etapa increíble, de uno en uno, como sólo en ese maldito paraíso que son los Dolomitas.

#DiaD 5 de junio de 1994

El Giro de 1994 camina por a bota con la sensación de que el orden establecido está en entredicho. Hay un rubio, un ruso que camina como los ángeles, llamado Eugeny Berzin, que domina la prueba en sus capítulos iniciales. Golpe en Campitello Matese y arrasa en la crono llana de Follonica. Indurain, Miguel Indurain batido en un test en solitario. Alarma.

Las cosas pueden volver a su sitio en una etapa que atraviesa el cogollo de los Dolomitas, de Merano, en donde el día anterior había ganado en solitario un ciclista joven pero calvo, Marco Pantani, a Aprica. Por medio tres colosos, de más a menos altitud. Primero el Stelvio, entre pareces heladas e incipiente bruma. No pasa nada, más allá del desgaste mellado en las piernas de los ciclistas.

Luego el Mortirolo, palabras mayores, estalla todo. Desde la base arranca Marco Pantani, el chico calvo del día anterior, el jovenzuelo que amenaza con eclipsar a Claudio Chiapucci. Con Pantani van Armand De Las Cuevas, el boxeador frustrado, y Berzin, saltarín, rubio, maglia rosa. Indurain, quieto atrás.

Pasan penosamente los metros, y el ritmo de Pantani pasa factura. Cae De las Cuevas, Indurain le supera por detrás. Cae Berzin, el rodillo navarro le caza, le madura y lo deja antes de la cima. En el descenso Indurain va camino de encarrilar su tercer Giro, coge a Pantani y hace frente común, con Nelson “Cacaíto” Rodriguez como testigo de todo aquello. Queda la tercera subida, la más sencilla, un trámite llamado Valico di Santa Cristina.

Pero el trámite se atraganta. Pantani arranca e Indurain se queda, muerto, maltrecho y seco. La ventaja que le ponía en disposición de ganar el Giro se esfuma. Hasta Claudio Chiapucci le supera llegando de atrás, del fondo, en los infiernos por donde un líder más sólido de lo previsible, Berzin, rema y rema con una ristra de rivales a su rueda para liquidar el sueño de Indurain.

Han pasado 22 años, la jornada no fue propicia para el corredor que por muchas cosas enamoró a una generación, pero no lo olvidéis, cada vez que apreciéis una etapa como la del viernes pasado con el Agnello y Risoul, seguro que la compararéis a aquella entre Merano y Aprica y os preguntaréis si esa fue la etapa de vuestra vida.

INFO patrocinada por 226ers

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226ERS forma parte como partner de la carrera benéfica París-Módena organizada por Maserati.

La carrera, que se celebra por tercer año consecutivo, carece de cualquier espíritu de competición y su único objetivo es que los participantes lleguen todos juntos a la meta. Dicha aventura está reservada a 35 ciclistas que viajarán por Francia, el Principado de Mónaco y la Italia norte-occidental, para alcanzar Módena en sólo cinco días.El recorrido, durante el cual se alternarán tramos en bicicleta y en coche, permitirá a los participantes admirar maravillosos paisajes.

Para poder disputar la prueba cada uno de los deportistas deberá pagar 3.200 euros y comprometerse además a donar otros 600 (un euro por cada kilómetro recorrido de la prueba) a la asociación «Réves» de ayuda a los niños gravemente enfermos.

La marca española 226ERS participará como proveedor oficial de suplementación deportiva, empujando a los atletas como patrocinador oficial de nutrición. Para ello suministrará sus productos a los corredores al inicio de cada tramo de ciclismo, así como en los avituallamientos previstos a lo largo de los mismos.

El CEO de la marca, Jesús Sánchez, y el director del Endurance Research Lab (área de I+D de 226ERS), Guillermo Olcina, formarán parte de los 35 corredores que cubrirán la ruta en bicicleta.

La carrera dará comienzo el sábado 4 de junio, cuando los campeones deportivos internacionales inscritos, junto con ciclistas aficionados, saldrán desde la Embajada de Italia en París. Estarán acompañados por el expiloto de F1 Paul Belmondo, que es el embajador del evento. Desde allí se transportarán a Orléans, donde tomarán un avión que les llevará al circuito de Le Castellet.

El domingo 5 de junio continuarán su viaje primero en bicicleta hasta Saint Tropez y después a bordo de una flota de vehículos Maserati hasta el Principado de Mónaco, donde pernoctarán en el magnífico Hotel Hermitage.

Durante la tercera etapa del tour se llegará a Italia: los ciclistas llegarán a Sestri Levante a bordo de una flota de Maserati para posteriormente reprender la marcha en bicicleta hasta alcanzar las maravillosas cuevas de mármol de Carrara. Los pilotos pasarán la noche en Toscana, en el Bolgheri.

El cuarto día los participantes atravesarán la Toscana para alcanzar el cuartel general de las Bodegas Antinori, en Bargino, cercano a Florencia. La cena y la noche la pasarán en Tignanello, en los viñedos que dan origen a los largamente premiados vinos Solaia y Tignanello.

La última etapa del tour cruzará Florencia hasta llegar a Mugello y finalmente a Módena, en la sede histórica de Maserati. En el cuartel general de la empresa los ciclistas realizarán una visita privada a la fábrica de Maserati y al Museo Panini, una de las más importantes colecciones privadas de Maserati históricos en el mundo.

226ERS es una de las marcas españolas de referencia en nutrición deportiva, centrada principalmente en deportes de resistencia como triatlón, ciclismo, running, etc. Su gama de productos permite a los deportistas cubrir las necesidades de suplementación y recuperación tanto en su entrenamientos como en las pruebas en las que participan.

En 2015 inició su presencia internacional en Italia, Dinamarca y Alemania, y en 2016 continúa su estrategia de presencia internacional tanto en Europa como en Latinoamérica.

El Giro que Olano tuvo a tiro

Tras siete horas de agotadora travesía dolomítica Enrico Zaina, trinchado por el cansancio extremo y la emoción desbordada, celebra un triunfo como pocos se han visto. Es 1996, el “ciclismo mágico”, la época de los milagros. Ya sabéis mirad, disfrutad, pero no  preguntéis cómo se fraguaba una etapa mítica, antológica si no queréis borrar la sonrisa de niño que os produjo verla.

Zaina había volado solo en la Marmolada, el puerto de la recta infinita que trepa montaña arriba inmisericorde al corazón del ciclista. En el grupo de favoritos ya no estaba Eugeny Berzin, ganador del Giro un par de años antes y de la crono de la víspera, una crono disputada a sangre y fuego contra Abraham Olano desde la palladiana Vincenza hasta Marostica. Berzin, un tipejo que entró rápido, y rápido salió de escena. Una crono sentenciada por un segundo, el mismo que también dejó a Olano sin la casaca rosa que en el soleado día dololítico lucía Pavel Tonkov, el ciclista que no pestañeaba ante el esfuerzo.

Como decimos en la Marmolada se juega una partida a lo grande. Olano en arco iris –este año se cumplen 20 años de su victoria colombiana- le acompañaban Zaina, Tonkov, Gotti y Ugrumov. Zaina se crece. “Quiere homenajear a Marco Pantani” repiten. El calvo estaba fuera del circuito tras un tremendo accidente en la Milán-Turín del año pasado. Un coche burló la vigilancia y le embistió bajando un puerto. Le rompió en mil pedazos.

Volvemos a la Marmolada, en el inicio de la recta infernal, Zaina no juega al pocker, directamente saca el as. Se quiere ir solo. Olano no tarda en ceder, Urgrumov titubea, Tonkov ajeno a la locura acaba claudicando. El ruso ha forzado en exceso. Mientras Gotti se rehace hacia Zaina, Tonkov se escurre, es barro entre los dedos. Le supera Ugrumov, le coge Olano, quien sabedor de la debilidad del líder le ataca cerca de la cima. Pero Fedaia –la Marmolada- está ahí ya. No logra descolgarlo, el Pordoi dictaría sentencia.

Durante un tiempo el Pordoi fue la subida más visitada por el Giro en su historia. Mientras Zaina se abre paso entre la multitud como Chiapucci lo había hecho en Sestriere cuatro años antes, Olano prueba una vez, dos, tres y cuatro a Tonkov. Aunque muy tocado, y totalemnte entregado a la estrategia defensiva, el ruso aguanta. Recruje su ser en cada pedalada para que el de Anoeta no le deje. La oportunidad estuvo en la coronilla de la Marmolada. No fue posible y Olano lo empieza a entender.

En la meta del Pordoi, último intento. Olano saca el genio y vuelve a sprintar, deja de rueda a Tonkov, pero tan poco, tan justo, que sólo le pican un segundo. Sí, ridículo lapso de tiempo, pero suficiente para vestirse de rosa, para saborear el beso de las guapas y la vista desde el podio, para ser el líder del Giro de Italia.

Pero quedaba una prueba, una trampa mortal de dos colosos, Gavia, primero, sin asfaltar y silvestre, y Mortirolo luego, duro, pero duro, tanto que en sus faldas Olano ve al grupo partir. La maglia rosa cede tiempo desde el primer ataque a la cima del célebre puerto. Solo, en medio de la arboleda y el griterío de los tifossi se abre paso hasta Aprica: tuvo el Giro a tocar y tres segundos, tres, le mantuvieron en el podio. Ugrumov había quedado con las ganas.

Imagen tomada de forodeciclismo.mforos.com

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El Mortirolo como prueba de limpieza

Existe en el ciclismo una conciencia invisible, que no se plasma en papeles, ni reglas oficiales, pero que sí se transmite verbalmente, incluso hoy en día por redes sociales. Esa conciencia se materializa en un hecho, el comparar la velocidad de las ascensiones entre épocas para demostrar que este pelotón va más o menos limpio que el de antaño.

Ocurrió ayer en el Mortirolo, uno de esos puertos que son TT por delante de los propios ciclistas y que se descubrieron a inicios de los noventa y que por tanto acuñan una leyenda reciente y casi negra por tratarse de la época que se trata.

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El listado de velocidades de ascensión al Mortirolo se pone como prueba del algodón de que el ciclismo hoy es más limpio que el de hace veinte años. Posiblemente lo sea, quiero pensar que lo es, sobretodo porque al menos el tema de la limpieza es recurrente, incluso en personas que representan todo lo contrario, sin embargo ceñirnos a la velocidad del Mortirolo es como agarrarse a un clavo ardiendo.

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Alberto Contador en su terrible remontada del martes ascendió casi tres minutos y medio más lento que el trío Gotti-Heras-Simoni, ascensión perpetrada el mismo día que Marco Pantani fue expulsado de la carrera. Si Pantani en esa edición les dejaba de rueda cuando le convenía, cómo habría subido de haber completado aquella etapa.  La segunda ascensión mas rápida también la protagoniza Ivan Gotti, esta vez con Pavel Tonkov en 1996, cuando el ruso se cargó las opciones de Abraham Olano. Es curioso que un ciclista como Gotti, biganador del Giro, se arrogue las dos ascensiones más veloces, incluso por delante de la tremenda que protagonizó el propio Pantani en 1994 atacando desde abajo. Gotti fue un buen escalador, tipo discreto, una hormiguita, pero verle en esos niveles asusta.

Sin embargo llama la atención que la cabalgada de Ivan Basso, en vísperas de estallar la Operación Puerto, en 2006 sea la cuarta más rápida, por muy poquito a la de 2010, por sólo siete segundos, cuando hace cinco años se le tenía por agua clara. Si hasta el propio Basso admite que su periplo en rosa por el Mortirolo era como asistir a un circo de elefantes de tres cabezas.

Y la prueba de las pruebas de que comparar no es de recibo, la subida de 2008, la del primer Giro de Contador. Se tiene como la octava más rápida, incluso por detrás de la de ayer, y sin embargo en ese grupo iban ciclistas como Emmanuelle Sella y Ricardo Ricco, dos ciclistas en tema de dopaje fueron un 11 en una escala del 1 al 10.

Como dije, arriesgado comparar…

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

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La fiebre española

La decimosexta etapa con llegada a la cima del Alto de Aprica, poseía una contundente y decisiva dificultad que se salvaba con anterioridad: el célebre Puerto del Mortirolo, que se alzaba a una altura de 1.854 metros, con un acusado porcentaje medio de pendiente del 11% y en una longitud de algo más de 11 kilómetros, cifras que siempre han temido los ciclistas y que rememoraba en esta edición el recuerdo del malogrado ciclista de otros tiempos, Marco Pantani.

Los Alpes como siempre se hicieron valer

Allí, pues, se libró una gran batalla por parte de los corredores que a estas alturas poseen más posibilidades para copar los lugares de honor de la citada ronda internacional por etapas. Quedan a fin de cuentas pocos días para su celebrada y festiva conclusión. Se deben salvar todavía cinco etapas, a pesar de que la tabla de la clasificación general aparece a fin de cuentas bastante más definida o concisa. No en vano, una vez más, la caravana multicolor del Giro ha deambulado por las regiones alpinas, que nos han mostrado su tradicional y peculiar dureza. Es un escenario que siempre nos ha brindado una bella perspectiva en torno a los sufridos hombres del pedal, sus grandezas, sus contrastes y sus decepciones, ingredientes que nunca han faltado la silueta de las graníticas e impertérritas y severas montañas alpinas, con sus cúpulas blanquecinas con sus nieves casi perpetuas.

El célebre Mortirolo sin más fue el dueño de la situación

Como resumen diremos que hubo dos españoles que bordaron con éxito la jornada, una jornada palpitante con gloria para los dos mosqueteros y protagonistas españoles. Veamos. Por un lado, el dato más importante que se desprende en esta contienda librada sin cuartel por el adusto y temido Mortirolo, es que nuestro máximo y cotizado representante Alberto Contador, ha reforzado todavía más notablemente su posición de líder al conseguir alejar a su rival más directo, el italiano Fabio Aru, el hombre oriundo de la isla de Cerdeña, que ha quedado a la fin a nada menos cuatro minutos 52 segundos, un cómputo que a estas alturas es ya irrecuperable.

La segunda buena noticia ha sido la actuación sorprendente realizada por el ciclista Mikel Landa, que acaba de adjudicarse sin sombra su segunda etapa consecutiva vivida con frenesí en el corazón de los Alpes, en aquellos parajes alpinos que tanto asedian a los ciclistas. Este hombre del pedal, natural de Murguía, aparte de ganar la etapa, que debemos ensalzar en su justa y elogiosa medida, ha tenido en consecuencia la virtud de pasar a ocupar la segunda plaza de la clasificación general, con cuatro minutos de desventaja con respecto a  Contador, el futuro vencedor inalcanzable, según nuestro modesto entender y que anunciamos ya hace algunos días, viendo lo que nos deparaba el Giro en su quehacer cotidiano. No ha habido vuelta de hoja. Las cosas, por ahora, quedan así. Básicamente, lo más trascendente, lo más importante del Giro de Italia, pensamos, que plasmado está para la historia.

¿Y cuándo se desataron las hostilidades?  

Aunque la etapa constaba de 177 kilómetros con subidas más o menos difíciles insertadas en su itinerario, la batalla se desencadenó tal como hemos dicho en la misma ascensión al Mortirolo, cuando restaban para cruzar la línea de meta apenas una cincuentena de kilómetros. Todo vino, la explosión de piernas ¡perdonen la expresión! a raíz  de  una avería mecánica sufrida inesperadamente por Alberto Contador, un hecho que sirvió para encender las alarmas en el seno de un gran grupo, que pedaleaba hasta entonces a elevado promedio, pero dando la sensación de una anodina calma. Se terminó la paz y cada cual, los ciclistas, pusieron las espadas en alto para arreciar los acontecimientos por doquier sin piedad.

Contador supo superar con prontitud la adversidad de su accidente mecánico que nadie esperaba, y, cuesta arriba, en el Mortirolo, paulatinamente fue neutralizando la discordia de varios atletas del pedal que habían encontrado fortuitamente la ocasión para atacar sin tregua ni cartón. Finalmente, quedó en cabeza un trío de campanillas integrado por el holandés Steven Kruijswijk, y los españoles Alberto Contador y Mikel Landa, bajo la silueta del último puerto que quedaba, el Aprica, catalogado de tercera categoría, un collado que en ese día se cubrió un par de veces.

El contrincante más temido para Contador, eliminados del cartel el australiano Richie Porte y algunos más, era sin duda el italiano Fabio Aru, que por más buena voluntad y tenacidad que puso en el esfuerzo, fue perdiendo tiempo en el curso de la etapa en cuestión hasta llegar a un tope de algo más de dos minutos con respecto al líder, un tiempo suficiente para perder todas las esperanzas de ganar el Giro, empujado a su vez por el entusiasmo desbordado de los miles y miles de compatriotas diseminados al borde de las carreteras.

Mikel Landa, compañero fiel del equipo Astaná, comandado precisamente por Aru, en declive, rubricó su brillante actuación al culminar y llegar destacado a la meta, con 38 segundos de renta sobre Kruijswijk (2º) y Contador (3º). El ruso Yuri Trofimov, el costarricense Andrey Amador, el canadiense Ryder Hesjedal y el italiano Fabio Aru, en este orden, redondearon el festejo de esta jornada a todas luces alucinante.

Por  Gerardo  Fuster

Imagen tomada de FB Giro de Italia

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