Esto no es la muerte de un ciclista…

Otro domingo, de duelo. Otro fin de semana, de luto. Otra triste tarde en casa, pensando, lamentando… ¿Cuántas llevamos ya?

Yo te maldigo, asesina. De nuevo, un accidente. Mortal. ¿Accidente? Para nada. Has cometido un crimen. Lo sabes. Por mucho que te ampare la ley, no eres una homicida involuntaria. Eres una criminal.

Tu asesinato llega, además, 48 horas después de que en este país alguien se retractara de lo publicado hace exactamente una semana. Bajo el título “En favor de la vida -la de los ciclistas y la de los demás-, siempre”, leyéndolo, aún tendremos que dar las gracias por que nos dejen vivir, aunque he de decir que sus disculpas, aunque las aceptemos de buen grado y se las admitamos y donde dije digo, digo Diego, a mí particularmente no me acabaron de convencer. Me parecieron demagogia barata, argumentando en su defensa frases de Perogrullo como que ahora la bicicleta sí es un vehículo (donde en un primer artículo se jactaban de pasar olímpicamente de lo que pudiera definir la RAE) y que los ciclistas sí tenemos derecho al uso de la vía pública.

En este texto “de perdón” -también a toro pasado- se ha defendido la separación de seguridad de metro y medio, cuando anteriormente se había escrito que se desconocía el placer que nos lleva a pedalear mirando que no nos pasen los coches por encima, rozándonos, a menos de medio metro de distancia de nosotros.

Y alguien lo ha vuelto a hacer. Ha vuelto a suceder. Han vuelto a arrollar a un grupo de ciclistas. Maldita seas. Te maldigo y te culpo de la tragedia que hoy ha sacudido al mundo del ciclismo y el cicloturismo: ciclistas, familia y amigos de las víctimas.

La muerte, hoy, de dos de los nuestros y tres accidentados más, es imputable a alguien muy concreto, pero amparada, esta persona, por la mirada inmovilista de los que nos gobiernan, los que tienen en su mano endurecer las leyes para que trágicos sucesos como éste no se vuelvan a repetir, que el “nunca más” y el “ni una víctima más” se hagan realidad y no sean sólo frases hechas y recurrentes.

Esta tarde tendría que estar escribiendo sobre otros temas, redactando algún artículo para la revista, imaginándome perdido por alguna ruta de montaña, haciendo volar mis recuerdos para intentar transcribiros sensaciones, paisajes y emociones; pero otro domingo -y sacando fuerzas de nuevo-, redacto estas líneas con mis ojos a punto de desparramar lágrimas por el teclado, con las manos temblorosas, llorando en silencio la pena que me invade ante hechos como el de hoy, sin saber qué hacer, ni cómo actuar, viéndome impotente de cómo toda la lucha que se está llevando a cabo, tantas manifestaciones y discursos, tantas frases y opiniones acuñadas, que en este país no sirven para nada y todo sigue igual. Seguimos sin avanzar.

Otra jornada dominical que quedará, como muchas otras, en la crónica negra de una historia que parece no tener final, un largo túnel en el cual aún no vemos la salida, a pesar de las luces que en este largo trayecto están procurando iluminar un pelotón de más de 200 mil personas que están haciendo que se remuevan conciencias en este sufrido país.

Sabemos que existen foros anti-ciclistas, que haberlos los hay, en los que lo más bonito que se nos dice es que estorbamos, que sobramos de la carretera, que molestamos el paso de vuestros flamantes deportivos, intentando demostrar que sois todo un Fernando Alonso al volante, realizando vertiginosos descensos, apurando marchas, cortando curvas, adelantando con temeridad y circulando a gran velocidad… a éstos ¿cómo los tendríamos que considerar?

Yo te maldigo, a ti, que ibas borracha y drogada. Eres culpable. Lo sabes, seguro que lo sabías, que ponerte al volante de tu máquina de matar, en esas condiciones, ponía en peligro tu vida y la de los demás.

Nosotros seguiremos reclamando a gritos, y exigiendo, leyes más justas, pero también más controles policiales a las salidas de discotecas y antros de “fiesta” en “favor de la vida, siempre” o pidiendo que los domingos se restrinjan por franjas horarias la conducción de vehículos a motor por carreteras secundarias muy frecuentadas por ciclistas y no al revés como solicitaban, o que por fin se implante el alcoholímetro en el volante del automóvil, para poder bloquearlo e impedir su conducción.

Seguro que con sólo echar tu aliento habríamos evitado este accidente. Seguro.

Yo te maldigo.

Por Jordi Escrihuela

Decididamente la bicicleta molesta

Sabéis, quizá, que un servidor a su condición de “runner globero” le ha añadido la de ciclista urbano. Sí, la bicicleta para desplazamientos más o menos cortos, entre puntos accesibles, cuyo trayecto no implique sudar la ropa de calle que por lo general atavía esta generación de dos ruedas.

Allí, perdido entre focos de automóviles y picado por los haces de las farolas, en un sinvivir de ruidos, puertas de que se abren, autobuses que amenazan la trayectoria, peatones que asoman entre los coches mal aparcados, cuando no en doble fila, me pregunté ¿y si todo esto que tengo alrededor fueran ciclistas como yo?

Utópico dirán, sin duda. Irreal e irrealizable. El derecho a soñar no cuesta dinero e incluso higieniza la mente. La realidad es esa, una convivencia complicada, que como tal no se debería definir, pues por convivencia entiendo igualdad e equidistancia de derechos y obligaciones. Eso no se da en el contrato entre el ciclista y su entorno.

Estas Navidades llegan teñidas de luto por la enésima desgracia acaecida en la carretera. De Iñaki Lejarreta a cualquiera de los muchos que nos dejó montando su máquina con más combustible que sus calorías y mecánica que sus piernas, hacemos un recorrido mental por lo mucho que nos ha atrapado esta máquina, lo mucho que nos ha dado pero lo mucho que nos ha quitado.

Síntoma del hastío llega la dimisión de Pedro Delgado al frente del grupo de trabajo que debe cuidar la seguridad de los ciclistas. El vídeo que el exciclista ha ofrecido estos días es reflejo de un desapego supino  a los logros de esta mesa de trabajo. Lo resume sencillo: “Esto es un despropósito”. Muchos comentarios me llegan últimamente de estilo “estamos vendidos”. No entiendo que un mundo que camina en el filo del colapso energético siga en estas. No es de recibo, ni lógico que el ciclista deba correr con la peor parte de la convivencia sin que la normativa, al menos en parte, lo ampare.

Sentimos envidia de cuando viajamos por Berlín, Lovaina, Amsterdam. Ellos lo hicieron diferente, lo hicieron bien. Mantienen ciudades humanas, cultivan salud y se desvinculan de gastos a nosotros nos ahogan. Ahora mismo, el ciclista es especie en peligro de caza. No acertamos a comprender los resortes de esta realidad. Es todo tan enrevesado que hasta lobbies y contubernios asaltan nuestro imaginario. Sí, la manida teoría de la conspiración en un su más maquiavélica configuración. Al final uno no sabe qué pensar.