¿Por qué no recuperar el mundial de Florencia?

Mundial Florencia 2013 JoanSeguidor

Aquel Mundial de Florencia sigue estando muy presente

¿Quién no se acuerda del Mundial de Florencia?

Estos días que Teledeporte nos tiene enganchados a sobremesas de ciclismo retro y todos hacen sus sugerencias.

El otro día por clamor popular nos trajeron la Roubaix del 96, escrutando terreno en el que no necesariamente un ciclista español ganara.

El primer mundial de Freire fue una pieza enorme, primero por recordar que aquel chavalillo de 23 años se plantó en Verona con sus santos huevos a plantar cara y ganar a VDB, Ullrich, Casagrande y cia en un manual eterno de competir.

Hoy nos traen la Lieja 2015, una de tantas carreras en las que un ciclista «mágico» llamado Alejandro Valverde sacaba y remataba el córner.

Sin embargo, sería higiénico nos trajeran el mejor mundial del siglo, el mundial de Florencia, año 2013, donde seguimos pensando que Alejandro Valverde falló clamorosamente ante su compañero de selección, Purito, y una afición que ya hacía las cuentas de un oro-plata que acabó en plata-bronce.

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Nos permitimos recuperar un tramo del libro «Estilo Purito» que escribimos hace dos años con la efímera complicidad del protagonista, en el mismo narramos la última vuelta del Mundial de Florencia…

Última vuelta. 255,7 kilómetros. Tras las vallas se tañe con fuerza la campana. Era el penúltimo arco. El corazón a mil, el cansancio superlativo.

Medio mundo mirándote, en escorzo, sobre el sofá, en la meta, en la terraza, sufriendo cada uno de los látigos, viendo cortes donde no los hay, curvas donde se toman rectas, bajadas traicioneras, rivales que tientan.

La ultima vuelta del mundial es posiblemente el mejor ciclista del año, al menos el más intenso, cualquier cosa, cualquier opción queda arruinada por un mal paso, o un golpe certero del rival. Porque no hay enmienda ni solución si la ventaja que se toma se percibe insalvable, porque te pesa todo, el tronco, las piernas, los brazos, la mente, el alma.

Un grupo grande atraviesa la línea de meta, un grupo que no tarda en desgajarse ante el empuje de Michele Scarponi que lleva a Vincenzo Nibali en su rueda, como a Purito, Rigoberto Uran, Rui Costa, Alejandro Valverde. Son los más fuertes de entre los fuertes.

En la primera de las subidas, Nibali ataca, se ha caído, ha remontado y está en punta. Su culotté está roto por encima de su rodilla izquierda. Resquicios del tortazo que no pudo frenarle.

Purito le marca. Rui Costa viene por detrás, con Uran y Valverde. El grupo de cabeza se perfila. Antes de la cima de Fiesole, Purito acelera, Nibali se le solapa entre el humo de as abundantes bengalas que colorean la escena. Son cinco segundos en la cima , escasa renta. Insuficiente incluso colaborando.

La carrera va loca, desenfrenada, lanzada. No se mide el riesgo y los descensos son mortales. En uno de ellos, Rigo Uran da un mal paso en la bajada, su rueda delantera se encaja en un desagüe de la carretera, da una vuelta de campana a mil por hora. Se levanta mareado, se apoya en el terraplén contiguo. Se lamenta. El colombiano esta fuera a nueve de meta.

Nervios a flor de piel, sentimientos encontrados, dolor entremezclado por la emoción de un arcoíris en el horizonte. El tren del mundial sólo pasa una vez, y a veces hasta ninguna.

La bajada se acaba y Purito va con ligera ventaja. Nibali tira ahora de Valverde y Rui Costa, acomodado en una perenne discreción.

“Purito is going for gold” cantan los narradores

Pero Nibali no quiere darle cuerda. La siguiente subida es menos larga, pero más dura. Entre el descenso que arruinó la carrera de Uran y la misma, hay un llano en el que Nibali pide ayuda. Valverde se borra, Rui Costa pasa lo justo para cumplir el expediente.

Son once segundos.

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Purito va ligero, balancea su cuerpo en la cuesta al ritmo de la

A cinco de meta Nibali no vacila, da un empujón decisivo para cazar a Purito. Valverde se solapa, Rui Costa sufre. Agonía pura. Cinco kilómetros para meta.

Pero Nibali no desiste, quiere que esos cuatro o cinco segundos que mantiene Purito desaparezcan y lo logra. Purito es cazado por los perseguidores.

Todos miran entonces a Valverde. Es el más rápido del cuarteto de cabeza. Purito se pone a cola del grupo, respira y vuelve a progresar.

Situado delante, Valverde le toma la rueda. Son tres para meta. En una curva de izquierda, donde acaba la bajada, Purito vuelve a atacar, Valverde hace el corte, Nibali debe reaccionar. Otro sobreesfuerzo.

Esta vez sí, la meta se ve al fondo y Purito lleva ventaja. Curveo anterior a los dos de meta y Purito se va, poco a poco, imperceptible.

Nibali está entregado, cocido, rodo. El trío lleva la amenaza por detrás, en un puente por encima de la vía, Valverde no se percata que, sigiloso, Rui Costa pasa adelante y hace corte. Dos giros a la izquierda y otro a la derecha y el caballo se había ido.

Rui Costa, el mismo que venía de ganar dos etapas en el Tour, el mismo que decidió volar de Movistar porque no quería deberse a terceros, le había robado la cartera a su entonces compañero murciano.

Valverde quieto tras la rueda de Nibali no se percata de que el italiano ya no está para tirar

Por delante Rui Costa se deja el alma para coger a Purito y lo hace. El catalán no da crédito a lo que ve. Se gira, le habla “¿qué coño haces aquí?”. Luego mira para atrás, sabe que está perdido, el luso es más rápido y se impone en el sprint, un sprint ajustado, auténticamente de ciclistas crujidos por siete horas de esfuerzo.

Podríamos decir que fue un sprint de peseta, ya no había ás metros para contemporizar ni esperar a Valverde. Rui lo lazó y Rui cruzó primero, y eso que Purito, rápido en estas situaciones, le tomó bien la rueda.

El cielo se desplomó sobre su cabeza en ese mismo momento.

The 2013 Road Cycling World Championships are over. Have you been following the UCI World races? Here are the results: http://ow.ly/puREv[Photo Credits: UCI Road World Championships Toscana2013]

Publicada por Visit Tuscany en Martes, 8 de octubre de 2013

Quince segundos después de cruzar Rui y Purito, Valverde gana el sprint a Nibali por el bronce. Valverde cruza la meta y se desata la tormenta, y no meteorológica, son las nubes de la decepción supina sobre la delegación española.

Micros, grabadoras, cuadernos, anotaciones. Nadie da crédito a lo ocurrido

En los planes de Mínguez figuraba bajarse del coche en la última vuelta para ver la carrera desde fuera, con perspectiva y en tiempo real. Verlo desde la televisión y llamar por teléfono a Pascual Monparler, al volante del coche de la selección, para dar instrucciones. Sin embargo la estampa de los mecánicos calados hizo desistir al técnico que siguió en el coche hasta el final.

“No quise abandonar el barco hasta el final”.

No es sencillo seguir un mundial desde el coche, porque a la tormenta terrible que caía en el momento, los cortes de la transmisión en radio vuelta eran constantes y no había señal televisiva.

El coche, en aquella vuelta final era un hervidero de nervios y desconocimiento real de lo que pasaba. Llamadas telefónicas, felicitaciones por la victoria, informaciones sobre la suerte de Purito con Rui Costa,…

Nada era cierto, nada real hasta que pasado un rato se supo que había pasado aunque no cómo había sucedido. “La gente que confunde con llamadas de teléfono, que si gana Purito, que si Valverde… pero con la serenidad que dan los años dejas de lado todo y te centras en lo que oficial”.

Y lo oficial era que España tenía plata y bronce cuando minutos antes del final muchos dieron por hecho el oro y la plata.

Mientras Rui Costa, Purito, Valverde y Nibali entraban en el box, Javier Mínguez y el coche de la selección era desviado. Mientras se preparaban la ceremonia del podio, los ciclistas se aseaban y los fotógrafos se agolpaban, Mínguez se bajaba del coche dirección al bus de la selección.

Lo único seguro, se había logrado la plata y el bronce. La tormenta no era sólo de lluvia. Micros caían como chuzos sobre el seleccionador que solicita calma. No ha visto la carrera, no ha hablado con los protagonistas. Nada aún.

Imagen: La Voz de Galicia

¿Por qué no llamarlo el mundial del Bierzo?

El año pasado Philippe Gilbert se proclamó campeón del mundo en Valkeburkg, pero fue un mundial que se llamó del Limburgo. Este año el arco iris de la carrera reina se decidirá en Florencia, pero son los mundiales de Toscana, pues en la semana de su celebración varias localidades de la zona entrarán en el mapa de competición para cada una de las modalidades.

Lo que en su día fue un motivo de celebración, que se cuajó incluso fuera de las fechas normales, se ha convertido en una pesadilla para la ciudad leonesa de Ponferrada y al tiempo en el plausible paradigma de gestión que atenaza España. Lo que un alcalde compromete provoca que el siguiente recule y los diferentes organismos implicados falten a lo pactado, bien sea por color político o bien por que las arcas públicas están más que vacías.

Lo que sí es cierto es que a un año vista de su disputa, los Campeonatos del Mundo de ciclismo se han convertido en una trampa como por ejemplo no apreciamos en las dos últimas citas mundialistas que se han disputado en España, la de balonmano y natación, ambas desarrolladas con normalidad.

Está claro que cuando un evento como un mundial de ciclismo se compromete se hace a años vista y por el camino, entre la nominación y la celebración, pueden ocurrir muchas cosas. Sucedió, y sucede por ejemplo, en la cita toscana que en breve ocupará nuestra atención. El mundial que culmina en Florencia ha sido una especie de sinvivir para sus mentores. Desde que Florencia se llevó el premio hasta el momento de su desarrollo, Italia ha vivido momentos de zozobra política y económica que indiscutiblemente han afectado al programa, e incluso su viabilidad.

Sin embargo a escasos días de su inicio, los cabos parecen atados. Si bien la idea original fue que los mundiales radicarán en Florencia, con el paso de los días esa amplitud geográfica se ensanchó hasta englobar toda la región de la Toscana. Con ello se implicaron varias municipalidades y el evento queda vinculado a una región de primer orden turístico, poniendo más bolsillos para sostener el coste.

En el caso de Ponferrada la situación de precariedad económica y política ha hecho de la cita pasto de revistas que rara vez reparan en este deporte, como bien indican en Ciclo 21 sobre el reportaje de Interviú. Si los patrocinios y subvenciones fallan en cascada ¿por qué no imitar el ejemplo toscano –si no se ha hecho ya- e implicar al Bierzo en su extensión?

Dos valores puede poner esta región a caballo entre Castilla y Galicia. Por un lado sus excelentes vinos, y por el otro sus innumerables atractivos turísticos. En las grandes ferias, en la proyección turística, El Bierzo ocupa mostrador propio al nivel de cualquiera de las otras nueve provincias castellano leonesas. Si el consistorio de Ponferrada no puede asumir la cifra en su totalidad, quizá el Bierzo sí. Lleven la salida de la crono al corazón de Las Médulas, hagan las pruebas juveniles y sub 23 con alto en Villafranca. Salgan de Cacabelos, realicen un ciclo amplio por las lomas y viñedos de la zona y aterricen en Ponferrada.

Hablamos de ideas, sueltas, así al azar, quizá desprovistas de sentido a un año vista de la cita, pero está claro que este sueño está acabando en pesadilla para los que un día vieron un mundial en Ponferrada.

Los benditos problemas del ciclismo colombiano

A 62 kilómetros de meta Sergio Henao se cae. Susto, traición. El locutor de TVE Juan Carlos García afirma que el doctor de la Vuelta le acaba de comentar que en las dos primeras jornadas de carrera no se habían producido caídas… y zas, dicho y se producen las primeras caídas. La carrera es esto, imprevisión, giros y rotura de planes a las primeras de cambio.

Si en los prolegómenos de la Vuelta comentábamos el absurdo que a veces guía al ideólogo del Team Sky, Dave Brailsford, hemos de decir que la carrera no ha hecho más que secundar la esencia de nuestro post desde el primer momento. En el equipo negro tenían clara la capitanía a priori de Sergio Henao delante del titular de la segunda plaza del podio del Giro, Rigoberto Uran. Entre los motivos nosotros apuntamos el paso de Uran al Omega y que en ese cambio los puntos irán a su nuevo equipo. Aunque ese extremo es indescifrable, es muy posible que sea así.

Sin embargo, la carretera ya ha puesto a uno y otro en su sitio y aunque Henao no está descartado para todo, sí que es cierto que las cosas no le ruedan bien y ya parte con desventaja. Son las cosas del directo, pero también las consecuencias de una generación colombiana que va camino de dejar en reliquia los andares de Lucho, Parra, Farfan, Omar Hernández y esa pléyade de pioneros que dieron a Colombia un lugar en el mapa ciclista.

Volviendo sobre Uran, éste comentaba hace pocos días que sería una locura ir al Mundial de Florencia con cuatro líderes en la selección. Se podría dar la circunstancia que hubiera más jefes que indios. La convivencia de cuatro ciclistas como Nairo Quintana y  Carlos Betancur más los mentados Sky, Uran y Henao, será complicada pero se les impone una solución de inicio pues de lo contrario tanto poderío quedará disuelto por sí solo. El mejor ejemplo lo tenemos en la selección española que lleva años viajando con tantas bazas a la cita mundialista que vamos camino de los nueve años sin calarnos el arco iris.

Recuerdo una etapa del Tour de Francia que acababa en Andorra. Era una larga travesía que llevaba el pelotón desde Perpiñán hasta el cogollo del “país de los Pirineos”. Aquella jornada, año 1993 para ser precisos, acabó en manos del colombiano, qué talento el suyo, Oliverio Rincón que por aquel entonces se debía a los colores del Amaya. El director del equipo, hoy seleccionador nacional, Javier Mínguez, definió la hazaña de su hombre como una “bendita locura” pues parece que Rincón no le escuchó en exceso a la hora de planificar el temprano ataque. Veinte años después el ciclismo colombiano vive problemas de exceso de talento, de saturación. Benditos problemas.