#Moments2018 Una orquesta sonó en Innsbruck

Ciclismo- Alejandro Valverde JoanSeguidor

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Alejandro Valverde lo tuvo todo para acabar de arcoíris en Innsbruck

Quien más quien menos imaginó, aquí los primeros, que Alejandro Valverde nunca sería campeón del mundo.

El longevo murciano las había visto de todos los colores.

Viendo como Kwiatkowski, Bettini o Gilbert le ponían nubarrones al arcoíris.

Siendo testigo del desastre de Florencia y el drama de Purito.

Trabajando para Freire en Verona o guardando las espaldas de Astarloa en Canadá.

Comprobando lo rápida que era la primera versión de Tom Boonen.

Pero si una cosa es Alejandro Valverde es que es inasequible al desaliento.

Es tremendo, un martillo, que insiste e insiste.

Hasta que lo logra.

Todos teníamos la certeza que en Innsbruck tendría que sonar música clásica para que los astros se alinearan para Alejandro Valverde.

Y se alinearon.

Lo tuvo todo.

Y lo primero el equipo, una orquesta afinada, esta vez sí, a la perfección por Javier Mínguez, el seleccionador sin sueldo, no doy crédito.

Si a veces nos quejamos porque el veterano técnico era muy de ponerse la venda antes de la herida, esta vez la alineación de los astros invitó a jugar en grande.

Y la selección española de Omar Fraile, Ion Izagirre, Mikel Nieve y compañía fue la filarmónica de Viena.

Apretando y midiendo en cada momento y cada tramo, como cuando Luis Pérez, Mancebo, Nozal y compañía apretaban los dientes por Oscar Freire.

Gravity by Gobik: El culotte definitivo con menos de 145 gramos de peso 

Y no falló si quiera el capo, Alejandro Valverde, el corredor marcado por los ojos de los rivales y la gracia de los dioses.

Alejandro Valverde supo que eso era una carrera de supervivencia en la salvajada de recorrido que los austríacos habían diseñado a su medida.

Un guante de seda, ajustado y fino que le puso en bandeja el título por el que suspiró desde el primer día que se puso un dorsal en profesionales.

Caía uno, se descolgaba otro.

La música de Innsbruck estaba escrita, sonó bien y el ciclismo hizo justicia con Alejandro Valverde.

Michael Woods siempre tiene una buena historia

Michael Woods JoanSeguidor

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Si un corredor parece morir en el empeño, ese es Michael Woods

Dice Michael Woods que cuando vio a Valverde lanzar el sprint final del Mundial tan lejos pensó que tendría una opción.

«Quería ataca a 150 metros de meta, pero cuando abrió gas a 300, no me lo podía creer. Llegué a pensar que podía batirle»

Una quimera, un propósito de esos que diríamos imposibles.

De 100 sprints no sé cuantos le ganaría Michael Woods a Alejandro Valverde, pero la lógica y el pronóstico irían por caminos opuestos a la ilusión de un canadiense que nos tiene enamorados.

Porque es en esas palabras donde vemos que con Michael Woods toma forma eso de que para el ciclista no hay nada imposible.

En un mes le ha cambiado la vida a este canadiense que se retuerce en la bicicleta, como las opciones que busca para hacer algo grande.

Especialista en estas rampas imposibles, emergió entre las estrellas del mundial, entre Moscon, Valverde y Bardet, para acabar el trabajó de finiquitar las opciones de Alaphilippe.

En un mes, decimos, las tornas han cambiado, han virado rumbo norte y para bien.

La historia que nos contó cuando ganó en el Balcón de Vizcaya nos demostró que los males con ciclismo parecen menos males.

Y aunque la frase suene forzada, como la pose de Woods sufriendo su máquina, es la realidad de que en el fondo el ciclismo puede ser hasta balsámico.

DT-Swiss Junio-Agosto

La botella y las rampas de Michael Woods

El final del Mundial de Innsbruck fue eléctrico, dentro de la electricidad que queda en las piernas tras 260 kilómetros.

Fue eléctrico y acalambrado para Michael Woods que no tuvo la botella final y le entraron rampas en  el desenlace.

Pero igual que se rehizo al drama familiar previo a la Vuelta, lo hizo en el final de Innsbruck.

No pudo con Valverde, pero impidió que Tom Dumoulin pisara el podio.

 

Bronce, días después de ganar en un emblema de la Vuelta, Michael Woods siempre tiene una buena historia.

O quizá es que él sea la buena historia, una historia cuya entraña podría explicar Juanma Gárate, su apoyo en los momentos que sólo te queda el ciclismo.

Porque con Woods tenemos esa sensación que pocos corredores saben corresponder: y no es otra que lo dejan todo, que se vacían en el empeño.

En San Luca remó, pero De Marchi se le fue.

No sería raro verle delante en Lombardía.

Para el invierno, probaremos Endura

Porque no conoce la palabra especulación.

Y eso para quienes admiramos esta gente, lo es todo.

Gane o no gane.

Imagen: EF Education First – Drapac p/b Cannondale

¿Por qué todos querían la victoria de Alejandro Valverde?

Ciclismo- Alejandro Valverde JoanSeguidor

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Pocas victorias levantan tanta unanimidad como el mundial de Alejandro Valverde

Porque… ¿estamos todos de acuerdo en que deseábamos que Alejandro por fin se coronara como Campeón del Mundo, no?

Por lo tanto, si hay alguno de entre vosotros -de los que estáis leyendo estas líneas- que no pretendía que el murciano se hiciera con el maillot Arco Iris, pues además de tener un poco de mala leche, ya podéis cerrar este post y seguir leyendo otros artículos de este cuaderno.

Seguramente, los que no deseabais esta victoria, aún estéis echando bilis por lo que ocurrió en el Mundial de Florencia de hace cinco años, cuando no saltó a por Rui Costa que iba como un tiro a fumarse un Purito con sabor a oro.

Muchos no se lo perdonasteis.

Al final, un bronce que no supo a nada.

También sois bastantes los que lo seguís poniendo a parir por su implicación en la Operación Puerto y por eso no queríais que ganara.

Sí, vosotros, que aún lo llamáis Valv-piti (la bolsa nº 18), sambenito que le ha acompañado prácticamente hasta este pasado 30 de agosto.

Y es que en este país somos así, especialistas en tirar piedras sobre nuestro propio tejado, en echar mierda sobre todo lo que reluce o en elevar a los altares a nuestros ídolos para luego condenarlos al infierno sin remisión.

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Otros, con atisbos de bastante mala leche, son más capaces de meter el dedo en la llaga y recordar más sus derrotas que sus victorias.

Como cuando perdió la Vuelta del año 2006 bajando Monachil al no poder seguir la rueda de Vinokourov por culpa de una Valverdada como fue no abrocharse el chubasquero en el descenso.

Sí, he dicho Valverdadas porque con este término han sido muchos los que han criticado sus fallos en carreras que podía haber ganado.

Son muchas, sí, pero hay que ser muy miserable para escribir ciertos artículos sobre él argumentando que a Alejandro se le recordará más por su oscuro pasado que por su brillante palmarés.

Algunos son tan críticos que opinan que, por todos esos desconcertantes motivos, la carrera de Valverde podría haber tenido un palmarés extraordinario y que «sólo» ha quedado en un buen palmarés.

¿Se puede ser más ácido?

Así podríamos seguir enumerando, una tras otra, todas las críticas negativas que ha recibido el murciano durante toda su carrera como ciclista.

A ver, si hasta en foros de dudosa reputación se han atrevido a llamarlo «garrulo».

Sí, es cierto, sólo falta darse una vuelta para leer lo que muchos aficionados de salón han escrito sobre él para darnos cuenta sobre lo injusto que es este deporte con sus héroes.

Así somos, así son.

En fin, después de habernos despachado a gusto con los detractores de Valverde, retomamos el verdadero hilo de la cuestión:

¿Es cierto o no que todo el mundo quería que Valverde ganara este domingo pasado?

Rotundamente, sí.

Quitando ese porcentaje de infamadores, digamos un 10% por poner una cifra, y después de haber leído los ríos de tinta que se habían escrito sobre las opciones de Valverde en el Mundial de Innsbruck, hemos de decir que el resto, toda la afición, la española, y por extensión mucha extranjera -que le admiran mucho más que en nuestro país por ese aire de puro clasicómano que desprende-, estábamos de acuerdo en que queríamos que Valverde se enfundara el maillot Arco Iris.

Todos anhelábamos ese triunfo: Alejandro se lo merecía más que ningún otro.

¿Por qué?

Pues por muchos, variados y razonados motivos.

Quizás el más importante era desear que Valverde obtuviera el reconocimiento más brillante que podía tener a una trayectoria deportiva de ensueño.

Un broche de oro a una carrera espectacular.

Quizás muchos pensaron que podría ser su jubilación dorada, retirándose por la puerta grande, en olor de multitud, dejando una huella indeleble en la memoria colectiva de los aficionados.

Pero por fortuna vamos a disfrutar un año más de él.

El propio Alejandro lo ha dicho, que no se va a retirar, que no va a ser así, que también quiere seguir disfrutando del ciclismo y luciendo su flamante Arco Iris todo el año que viene, por supuesto.

A él le gustaría llegar al menos hasta Tokio 2020.

Veremos.

¿Por qué más motivos queríamos todos que ganara Valverde?

Porque, por mucho que digan algunos, es el ciclista en activo más querido por la afición, porque lleva 16 años dando espectáculo en todas las carreras en las que participa, con un total de 122 victorias (contando ya también su Mundial) para todos los gustos y colores.

Por eso la gente lo adora, reconozcámoslo, porque es un corredor completo, un todoterreno que esprinta, llanea, escala y contrarrelojea, además de estar considerado como clasicómano y vueltómano.

Repasemos de lo que ha sido capaz de hacer Alejando Valverde durante todos estos años.

Ha ganado escapado en solitario; al sprint en grupos de todos tipos; ha vencido en etapas de media y alta montaña; etapas y podios en las 3 grandes; clásicas y vueltas de 1 semana; Una Vuelta de tres semanas; líder del UCI ProTour; 7 medallas en campeonatos del mundo; ha ganado incluso contra el reloj.

Y además gana de febrero a octubre.

Señores… ¿se puede pedir algo más?

La afición deseaba verlo triunfar en la última dura rampa del circuito Innsbruck porque querían ver a un tío con 38 tacos subirse a lo más alto del podio, en una especie de fenómeno sobrenatural que, con esa edad, se pudiera lograr semejante gesta, sólo apta para nacidos con una genética portentosa, de los que salen muy pocos, con esa capacidad para luchar y ganar ya desde los 13 años, pasando por los 20, hasta seguir ganando con más de 30 años.

Por eso le siguen llamando «El Imbatido», sobrenombre que se ganó en su época de juvenil y que sigue intacto cuando ya se está acercando a los 40 años de edad, una edad crítica.

Para Valverde… ¿también?

Lo veremos y pase lo que pase la próxima temporada, el paso de esta fuerza de la naturaleza por la Historia del Ciclismo será recordado como uno de los más grandes.

Muchos de nosotros podremos decir en el futuro: «yo vi correr a Valverde».

Y competir y ganar.

Todo el mundo quería que venciera Alejandro en Innsbruck porque era su 12ª participación en un Mundial, desde que un ya lejano octubre del 2003 debutara en la prueba reina por selecciones nacionales y destapara el tarro de sus esencias consiguiendo la medalla de plata en Hamilton (Canadá) sólo superado por su compañero de equipo Igor Astarloa, flamante campeón del mundo.

Allí presentó sus credenciales ganando fácilmente al sprint al grupo de favoritos, superándolos con un último golpe de riñón increíble.

Así, hasta 10 participaciones donde consiguiera otra plata en 2005 y en cuatro ocasiones más el tercer cajón del podio.

Por eso, el domingo pasado, todos deseamos que por fin Alejandro fuera de oro.

Si a todo esto le añadimos además que Valverde estuvo medio año en el dique seco, recuperándose de la terrible caída que sufriera el 1 de julio de 2017 en la etapa prólogo del Tour, en Düsseldorf, cuando al chocar contra una valla ¿de protección? se fracturase la rodilla izquierda: rótula, astrágalo, tibia y calcáneo, pues con más razón todos queríamos que ganara, para demostrar que la fortaleza física y psicológica que aporta este deporte hace que se vivan historias de motivación y superación como la de Alejandro.

Muchos pensaron por aquel entonces, no sin falta de algo de razón, que aquello era el final de la carrera del bueno de Alejandro, ya con una edad y con tres impresionantes cicatrices que adornaban su rodilla, pocos daban un euro por él y su recuperación.

Entra en el armario de Gobik 🙂 

Pero como siempre Alejandro Valverde ha ido callando bocas, igual que ha ido apartando y jubilando rivales a su alrededor, siempre quedando por encima de muchos que aún eran adolescentes cuando él ya se estaba partiendo la cara con Armstrong en Courchevel en el año 2005.

En definitiva, todos queríamos que ganara Valverde el Mundial, porque hasta Peter Sagan quería que él fuera su digno sucesor como reconoció cuando le rindió pleitesía en el podio, entregándole su preciada prenda Arco Iris.

Agotado y emocionado, llorando, Valverde nos decía que «llevaba mucho tiempo esperando esta victoria, toda una vida de trabajar mucho para conseguir esto«.

Porque Alejandro es así y no nos cansamos de repetir cómo lo definió en su día su compañero de equipo Imanol Erviti: «un sentimental, una gran persona y un ciclista espectacular, un Messi o Cristiano de las dos ruedas«. Y además ahora, Campeón del Mundo.

Felicidades, Alejandro, todos queríamos que ganaras y ahora el maillot Arco Iris ya puede descansar tranquilo, por fin, en tu espalda.

Por Jordi Escrihuela

 

 

 

El mundial para Colombia: las mismas glorias, las mismas taras, los mismos resultados

Mundial de Innsbruck - ciclismo colombiano JoanSeguidor

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Para Colombia el vacío del mundial es la prueba que un equipo de estrellas no es equipo

Lo habíamos dicho: las opciones de Colombia no eran las más claras en el mundial de Innsbruck, muy a pesar que el equipo nacional era una de las selecciones más potentes, muy a pesar que se vendiera el recorrido como “un mundial para escaladores”, muy a pesar que los apellidos fueran de gloria: Urán, Quintana, López…

Pero estas carreras no van de fuerza bruta, ni de recorridos y trazados ideales, ni de gloria encima de las bicicletas.

Ya decíamos que el trazado ofrecía un desnivel brutal, sí, pero dosificado en subidas cortas donde los colombianos no son los mejores.

Ya decíamos que la cosa acababa con un descenso abrupto y una llegada al sprint, y que ninguno de los seleccionados parecía apto para disputar esa llegada.

Ya habíamos visto muchas veces como esos equipos repletos de gallitos pueden ser un problema porque nadie trabaja para nadie mientras los rivales aprovechan, sí no que se lo digan a ese Purito y a ese Valverde que vieron cómo cruzaba la meta primero un Rui Costa que nunca mereció el título de campeón del mundo, Rui Costa, el chuparuedas más famoso del pelotón internacional.

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Colombia nunca estuvo en las medallas

La selección colombiana, que en carreras similares como la de los Juegos Olímpicos supo colocar a Sergio Luis Henao en la fuga buena –lástima que la suerte lo castigó junto a Nibali en el último descenso–, esta vez brilló por su  falta de coordinación.

“Supermán” López quedó cortado y enredado muy pronto; Henao y Urán “sin patas”, como suele decir él mismo; Nairo a rueda de los holandeses pero descolgado en los ataques definitivos.

Al final las mismas glorias de siempre sin un plan claro terminan disgregadas, sin opciones, convertidas en puras promesas que no se cumplen, en puro talento que nadie sabe cómo gestionar bien.

¿Cuánta culpa de esto tiene el seleccionador nacional, el ex ciclista Carlos Mario Jaramillo?

“Millo”, que es como lo conocen en el gremio, es un célebre improvisador que planea las carreras al viejo estilo, es decir, más o menos como corría él  hace treinta años: nada de basarse en los potenciómetros, nada de estrategias fundadas en algoritmos y cálculos de rendimiento, nada de analizar las altimetrías y las posibilidades de los rivales.

Sólo “leña”, sólo ataques por intuición, confiando en las “sensaciones”, esos arrancones que todavía funcionan en el ciclismo local pero que nada logran cuando se chocan de frente con la racionalización extrema con que se corre en Europa.

Eso para no hablar de la pésima gestión de la Federación Colombiana de ciclismo, que prefiere no enviar corredores a las pruebas menores como la contrareloj sub-23, aún teniendo los cupos, para ahorrarse los gastos.

Las novedades de Endura para este invierno

Y ahí quedan  los resultados a la vista: ese melancólico quince puesto para Nairo Quintana, que llegó más a fuerza de aguantar la rueda de los holandeses que por méritos de su propio equipo.

Image: Fedeciclismo

Javier Mínguez: ¿Es normal que dirigiera la selección sin cobrar?

Javier Mínguez JoanSeguidor

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Javier Mínguez dice que deja la selección porque se siente engañado

Como si el día de la marmota planease sobre nuestras cabezas, hace ayer cinco años, comentamos esto sobre Javier Mínguez…

Con la entrada de Jose Luis López Cerrón y la paupérrima situación de las arcas de la Real Federación Española de Ciclismo, la política de la casa en material de contratación de técnicos se volvió estricta y austera. La amistad vallisoletana del presidente con Javier Mínguez sirvió para plasmar un acuerdo que dudo se diera en alguna de las selecciones restantes el pasado domingo en Florencia: el seleccionador nacional ejercía sin cobrar un duro. Esto es el ciclismo en España, el país que pone la mayoría de corredores en el corte bueno de la carrera reina y está bajo las directrices de una persona que no cobra por que la situación económica es horrible.

Aquellas palabras salieron de los borbotones que nos dejó el mundial de Florencia y sus consecuencias.

La gestión de aquello no fue sencilla.

Todo lo contrario.

De vernos con las dos mejores medallas posibles, a quedarnos con las dos peores en unos metros fatídicos, en aquel puente que Rui Costa abre gas y Vincenzo Nibali deja cortado a Alejandro Valverde.

Javier Mínguez capeó aquel temporal

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Aquello acabó en drama griego en la ciudad de las maravillas.

Cinco años después leemos Javier Mínguez esto en Ciclo21.

Lo que leemos esos dos años trabajó a coste cero, mientras otros sí cobraban.

Ser seleccionador de ciclismo, exclusivamente de los pros, es un trabajo que de puertas hacia afuera se resume en las seis o siete horas de campeonato del mundo, más los dos ratos de la crono.

Pero no es tan sencillo.

Javier Mínguez entró en una federación arruinada, en un país en estado de shock por una crisis bestial.

Aceptó el cargo por amistad con el presidente.

Y ahora esto:

«Él me dijo que nadie cobraba y que no había dinero para pagarme. Pero, entonces ¿por qué sí lo había para el seleccionador femenino o para que el director técnico cobrara 40.000 euros? Y yo, sin cobrar porque total el torero sólo sale una vez al año a torear. Las cornadas me las llevo yo, que te dan candela en Twitter; las presiones por llevar a un corredor u otro, las soporto yo. Y los demás, en la barrera«

No nos imaginamos a cualquier otra selección de deportes que son capaces de llenar la portada del Marca en esta situación.

Pero esto es ciclismo, y España ha concurrido a dos mundiales con un seleccionador sin sueldo.

Un seleccionador que no sé si será tonto o no, pero que o ha tardado mucho en darse cuenta de la realidad o no ha querido verla.

Porque Javier Mínguez habla de hace cuatro y cinco años.

No obstante, que auténticos pros, con sueldos que no soñamos corran bajo este tipo de dirección explica el tipo de milagro al que estamos asistiendo.

DT Swiss, con los bujes ganadores

No es ni medio normal que el seleccionador dirigiera sin un euro por medio, en dos mundiales además muy singulares, el de Florencia, por su desenlace y los golpes que le cayeron a Javier Mínguez, y el de Ponferrada, por ser en casa y llevar la batuta del equipo anfitrión.

Como no es normal que se percate ahora de lo sucedido.

Imagen: RFEC

¿Qué balance hace Romain Bardet del 2018?

Romain Bardet JoanSeguidor

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Fuera del podio del Tour, ha aparecido el Romain Bardet más clasicómano

No creo que a Romain Bardet le hiciera gracia perder contra Alejandro Valverde todo un mundial de ciclismo.

Dos motivos creo que hubo.

Por un lado, como él mismo admitió, no gusta el segundo puesto «nunca», por mucho que sea un mundial, una medalla de plata.

Por otro, porque el francés nunca ha escondido indiferencia contra aquellas que «tienen un pasado».

A su juicio, como el de Tom Dumoulin entre otros, hay corredores que no deberían estar compitiendo.

Ese es su juicio, eso lo han dicho, Dumoulin perdió el Giro frente a Froome, Bardet ante Valverde.

Como si el estigma tuvieras que arrastrarlo de por vida.

Pero declaraciones al margen, el año de Romain Bardet creo que acaba, medio acaba, porque entiendo que optará a Lombardía, lejos de lo que él hubiera supuesto hace 365 días.

Podio del Tour dos veces consecutivas, segundo y tercero, esta vez no pudo pasar de la sexta plaza.

Cinco ciclistas fueron mejor que él, no es poco, es un paso atrás que supone una enmienda a esa forma de correr que es vistosa y hace afición, pero que igual no es la más efectiva en un ciclismo donde se impone la razón.

Romain Bardet no es de los que se esconde

Y esa forma de correr le dio minutos de TV en el Tour, pero no el premio que buscaba.

Sin embargo, fuera de las grandes vueltas, Bardet ha cuajado una campaña de carreras sencillamente excelente.

Sólo ha ganado una, la Classique d´ Ardèche, a inicios de año, pero ha sido segundo en todo tipo de carreras y pisado podios muy importantes.

 

Por ejemplo, Romain Bardet fue testigo primero de la explosión de Wout Van Aert en Strade Bianche.

Aquel día el francés surcó los sterratos toscanos como rara vez se ve en un ciclista que opta al Tour.

Pocos días después, Bardet fue segundo en el Tour de Finisterre con la idea de preparar el recorrido del Tour.

En abril, pisaría el podio de la Lieja-Bastogne-Lieja, sólo superado por Bob Jungels, escapado, y curiosamente por Michael Woods, unos metros por delante.

En la recta hacia el Mundial, Gianni Moscon le ganó el Giro de la Toscana, y el domingo, lo vimos: subcampeón del mundo.

Corre con el blanco, el blanco Team Sky

La campaña de Romain Bardet está, como dijimos, en un punto alejado de su plan inicial, pero es digna de un corredor top, que centra el tiro en el Tour, pero demuestra que hay vida más allá.

El palmarés de la campaña no hace justicia a su trabajo ni entrega, pero que Romain Bardet tenga seguro que el buen aficionado siempre apreciará su ciclismo.

Imagen: Fédération Française du Cyclisme

Mundial de Innsbruck: El gesto de Peter Sagan con Alejandro Valverde

Mundial Innsbruck - Peter Sagan JoanSeguidor

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A Peter Sagan también habrá que recordarle por cuando hace cosas como en el podio de Innsbruck

El otro día pisamos un terreno pantanoso cuando dijimos en las redes que no nos gustó el gesto de Pelayo al entrar en la meta de la prueba de fondo juvenil del Mundial de Innsbruck.

El asturiano entró haciendo un caballito y nos olvidamos por un momento que se trata de un mundial, que logra finalizar y que además es un chaval de 18 años.

Nos dieron bien en las redes, y aunque muchas veces lo damos por descontado, esta vez nos dolió, porque nada más lejos que hablar mal de un chaval que cumple su sueño y concluye una carrera que, como vimos fue durísima y trascendió a lo meramente ciclista.

El problema es que a veces nos cegamos con el tema de los valores del ciclismo, la abnegación, el sacrificio y no vemos mucho más allá.

Y el problema es que muchas veces nos da la sensación de que un tío como Peter Sagan, el «popularizador» de los caballitos, que no pionero, sólo es referido para imitarle de esta manera.

Tuvimos la impresión, al ver la foto, a veces lo que trasciende del ya excampeón del mundo son sus «excentricidades» y no los logros que visten su trayectoria.

Porque siempre hemos pensado que Peter Sagan es algo más que un ciclista.

Para algunos no es más que fanfarria y atrezzo en el ciclismo: cartón piedra, una especie de CR7 en el sacrificado circo del pedal.

Una especie de payaso, vamos, que sobreactúa para llevarse los focos.

Para otros es Dios, el ciclista total que eclipsa incluso a un cuatro veces campeón del Tour, Chris Froome.

Sin embargo, Peter Sagan es más que eso, y ayer, en la ceremonia de premios del Mundial de Innsbruck, Peter Sagan colgándole el oro a Alejandro Valverde.

 

No sé si fue improvisado, impostado o programado, pero en el momento de emoción que tomaba nuestro ánimo, fue bonita la imagen.

Primero, como decimos, por el momento.

Y segundo porque demuestra que cosas así también deben trascender, y no sólo el espectáculo que el eslovaco le regala a la parroquia en cualquier cuesta.

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El gesto de Sagan es ciclismo, como el bidón que George Bennett le da a un niño en la Vuelta.

En un mundo de redes y servidumbres varias, sabemos que lo más visto vende, pero esperemos que desde abajo tengan tan presente el gesto de Sagan en Austria, como cualquiera de las «tonterías» que firme en cualquier carrera del mundo.

Imagen tomada de FB de la UCI

El mundial de Alejandro Valverde es el triunfo del equipo

Mundial de Innsbruck - Alejandro Valverde JoanSeguidor

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La apuesta de todo a Alejandro Valverde fue la clave del éxito

Ayer, cuando Alejandro Valverde recibía los parabienes en el podio, cuando Peter Sagan, vestido de corto, le felicitó, la imagen se paró un momento sobre Oscar Freire, haciéndole una foto, creo, que al nuevo campeón.

Decir Oscar Freire en un mundial es ponerse de pie y escribir en mayúsculas. 

En los tres mundiales que ganó el cántabro, creo que en el tercero, en Verona, Alejandro Valverde tuvo una incidencia especial.

De hecho si nos damos cuenta, la selección española con más estrellas de la historia, no ha sido capaz de ganar el mundial hasta Innsbruck.

Y no es casualidad, lo que vimos un tiempo como normal, que todos fueran a una para acabar ganando el oro, no ocurrió en muchas ediciones.

Una vez Purito me dijo: «Vale no hemos ganado el oro en mucho tiempo, pero siempre hemos estado ahí..

Y es cierto, aunque estar ahí no haya servido para colgarse el oro y sí engordar la cuenta de medallas de plata y bronce.

Alejandro Valverde y el bloque

Sin embargo en Innsbruck, las instrucciones eran claras: todo al murciano.

Y cuando se corre así, con la idea clara y el objetivo marcado, la calidad del bloque acaba surgiendo.

Así las cosas, España, la misma España que otras veces nos disgustó de Javier Minguez, fue una.

Y David de la Cruz dio una exhibición de control y presencia.

Viste el blanco del Team Sky

Y Omar Fraile estaba donde se le requería, igual que Jesús Herrada, atentos a los movimientos de los italianos.

Porque ya se sabe que cuando Italia se mueve, el mundial empieza de verdad.

Luego Ion Izagirre y Mikel Nieve en el momento clave, en el momento que todos cedían, estaban al lado del capo.

Pero si ambos corrieron o llegaron con el gran favorito, Julian Alaphilippe.

Fue la constatación de que en ciclismo los experimentos sirven hasta cierto punto, y las capitanías bicéfalas o tricéfalas son bonitas en la retórica, pero complicadas de plasmar en la realidad.

En Francia, Romain Bardet acabó con las opciones de Julian Alapphilipe.

Alejandro Valverde era la baza, el ahora o nunca, y todos los rodeos por buscar un segundo as en la manga ni se produjeron.

La selección española estuvo de diez, como en los años de Oscar Freire, como otras veces quizá estuvo, pero el resultado no acompañó.

Pero al margen del resultado, lo que queda es la sensación de equipo, en una carrera sin pinganillos y que pone ciclistas de diferentes procedencias y condición, bajo la misma bandera.

Un triunfo que todos recordaremos de Alejandro Valverde, pero que en honor a la verdad es de un bloque que esta vez sí, fue uno e inquebrantable.

Imagen tomada de FB de RFEC