Flecha Valona, la contracrónica

Satisfacción la nuestra ante la formidable victoria, no inesperada, que acaba de lograr el ciclista murciano Alejandro Valverde, en la 80ª edición de la clásica Flecha Valona, una competición de las más consideradas del calendario ciclista internacional.

Parecía un presagio, pero no podemos dejar en el tintero al afirmar que este veterano corredor español, nacido en la población de Las Lumbreras, venía persiguiendo en sus pensamientos este triunfo que se ha adjudicado en buena lid. El sabía que sus aptitudes eran idóneas para alcanzar este laurel que acaba de conquistar y que queda revalorizado si tenemos en cuenta que han sido cuatro veces las que se ha adjudicado esta prueba de postín. Es una realidad máxima que hasta presente fecha nadie ha conseguido siquiera igualar.

Una carrera bajo un ritmo de vértigo

No vamos a entrar al detalle sobre las innumerables escaramuzas que se hilvanaron y que no llegaron a feliz término desde que se dio el pistoletazo de salida en la ciudad de Huy. Lo más consistente fue el protagonismo llevado a cabo por un grupo de una decena de corredores, en donde no figuraba ningún español, que llegó a cobrar una ventaja a lo suma de más de tres minutos.

El gran pelotón estaba a la expectativa, pero con el ánimo de no dejarse llevar por concesiones que podían repercutir en detrimento de sus intereses cara al triunfo final. De entre los fugados, entre una cosa y otra, quedaron en vanguardia y en solitario el suizo Dillier y el británico Cummings, con insistencia marcada por este último, que debió elevar la bandera blanca de rendición, a 17 kilómetros, vencido por el denodado esfuerzo derrochado.

Acto seguido la alternativa corrió a cargo del vasco Ion Izagirre, una escaramuza estudiada por el equipo Movistar Team, que preparaba el golpe de Valverde, atento vigilando a sus posibles adversarios de última hora. Al bravo Izagirre se sumó el luxemburgués Jungels y algo más tarde el belga Wellens, un ciclista muy temido. El trío de referencia debió desistir en aquel ataque suicida en el célebre Muro de Huy, la última oportunidad. La meta estaba allí en esta colina que se elevaba a la cota de 204 metros.

A tan sólo a un centenar de metros o algo más de la llegada, surgió con una fuerza descomunal Alejandro Valverde, el rey de la jornada, que rebasó en un abrir y cerrar de ojos al francés Julian Alaphilippe (2º) y al irlandés Daniel Martin (3º), que vestían los dos precisamente los colores representativos de la escuadra Etixx-Quick Step, afincada en el Ducado de Luxemburgo.

A continuación se clasificaron, separados por unos escasos segundos de tiempo, el holandés Wouter Poels (4º), el italiano Enrico Gasparotto (5º), nuestro compatriota Samuel Sánchez (6º) y el suizo Michael Albasini (7º). El muro de Huy había dictado su sentencia definitiva a favor de Valverde, que ha conquistado esta corona a los 35 años, un digno honor, tras su reciente triunfo en la Vuelta ciclista a Castilla y León, celebrada a poco menos de una semana.

Antecedentes

El aludido muro de Huy, dificultad básica y decisiva de la prueba, que se afrontó en tres ocasiones en ese día, fue una vez más el ingrediente fundamental que dio trascendencia a esta competición, que debió salvar diez cotas a lo largo de su sinuoso recorrido. La meta se situaba en el citado muro o cuesta, que se salva con un desnivel de 128 metros y una longitud de poco más de un kilómetro, con porcentajes variables entre el 12 y 20 %. Se asienta en la provincia de Lieja, a orillas del Mosa, un río que empieza su curso en Francia y que abastece a las tierras de Bélgica y de Holanda para desembocar en el mar del Norte. Sí recordar que el Mosa fue escenario de cruentas batallas en el curso de la Primera Guerra Mundial.

En cierta manera esta clásica que comentamos ha sido más bien propicia a los ciclistas españoles, especialmente en esos últimos tiempos. El norteño Igor Astarloza sorprendió a todos al triunfar inesperadamente en el año 2003, con un segundo puesto que fue a manos de otro español, Aitor Osa.

Le imitaron en este sentido Joaquim Rodríguez (2012), Daniel Moreno (2013) y sobre todo Alejandro Valverde (2006, 2014, 2015 y 2016), una gesta que nos parece inigualable cara al futuro. Últimamente ha redondeado la fiesta al vencer por tres años consecutivos.

¿Qué nos dicen las estadísticas?

El historial de esta prueba que acaba de cumplir su 80ª edición, nos reafirma que Bélgica viene dominando de calle si sospesamos el número total de victorias logradas hasta le fecha, que suman un total de 38. Italia se cubre con 18, mientras que Francia se queda con 8. España, tras el triunfo de Alejandro Valverde, algo que se hace notar, acumula una suma de siete coronas victoriosas en el historial de la prueba.

Por lo demás, nunca está de más el señalar que ha habido cuatro corredores que han conseguido inscribir su nombre por tres veces. Más no ha sido posible. Los agraciados en el libro de honor no son otros que los belgas Marcel Kint (1943, 1944 y 1945) y Eddy Merckx (1967, 1970 y 1972), y los italianos Moreno Argentin (1990, 1991 1994) y Davide Rebellin (1907, 2004 y 2009). Son apellidos que relucen más en la historia de esta clásica belga tan considerada por los medios informativos y por el gran público. Pero Valverde se ha llevado la más alta distinción sobre los demás.

Sus inicios. Un castillo de hadas

La primera edición data del año 1936. Lo curioso del caso es que se impuso el belga Philippe De Meersman, lo cual se identificaba dentro de la normalidad de aquel momento. El único hecho chocante para los aficionados fue que el vencedor era flamenco y la prueba se celebraba en territorio valón. Nadie ignora la pugna que siempre ha existido entre valones y flamencos. Los primeros, se recuerda, no aceptaron con buenos ojos aquella victoria del que consideraron un intruso en esta región situada en la zona sur, en donde habitualmente se suele hablar francés.

La puesta en marcha de esta competición tan arraigada en el calendario internacional, se debió al impulso que le dio Albert Van Laethem, director entusiasta del rotativo “Les Sports”. La citada prueba, aparte de su dureza intrínseca, tiene un recorrido bastante intrincado con mucha arboleda y una acusada belleza paisajística con mil colores en donde imperan los verdes. Cabe destacar por encima de todo los innumerables castillos feudales que se pueden contemplar a lo largo de su itinerario, una región que personalmente y en verdad bien conocemos.

Un ejemplo es el Castillo de Faulx, que data del siglo XIII, perteneciente en la actualidad a una entidad privada y por tanto no visitable. Destacan sus torres puntiagudas que se divisan ya desde lejos y que nos recordaban a estos castillos que se dibujaban en los libros de los cuentos de hadas, de esos libros que en otros tiempos mostrábamos a nuestros hijos. Es sabido, históricamente hablando, que fue plaza fuerte, conquistada alguna que otra vez por las tropas españolas, holandesas o francesas, que deseaban ser dueños de tan sugestivo lugar, no distante de la ciudad de Namur, bastión de las Ardenas.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada del FB de la Fleche Wallonne

Valverde se hizo único

Con Valverde todo adjetivo corre el riesgo de quedarse corto, de ser injusto. Lo dije justo cuando cruzó la meta, un día hablaremos a nuestros nietos que vimos correr a Valverde, y sinceramente así lo creo. Cuando le vemos ganar así, de esa manera, con esa contundencia, a los mejores del mundo, no podemos menos que pensar en qué pudo haber sido si…

Alejandro Valverde Belmonte ya es el mejor corredor de la historia de la Flecha Valona, la hermana pequeña de las Ardenas. Desconocía que estaba a un nivel de hacerse único en esta carrera. Obviamente cuatro triunfos no los podían haber logrado muchos, pero ahora vemos que tenemos al murciano por delante de gente como Kint, Meckx, Argentin –cuyo tercer triunfo recordamos esta mañana– y Rebellin. Es lo que pasa cuando eres Alejandro Valverde, es lo que pasa cuando eres único.

La Flecha siguió cánones parecidos a años anteriores. Valverde agradeció a Visconti en el set de entrevistas el trabajo del equipo. “Todo esto es gracias a vosotros” creí entenderle. Le asiste la razón. Movistar ha realizado una de las carreras más completas y redondas que le recuerdo.

Los azules han trabajado con la convicción de que el dorsal número uno no era un trámite por ser el ganador saliente, no, era la corroboración total y absoluta de que en esas espaldas residía el favoritismo absoluto. Valverde estaba marcado por todos los lados y por eso movieron alfiles por adelantado, con Jon Izagirre, un ciclista que está en estado de gracia y al que creo habría que seguir muy de cerca en Lieja.

La aproximación a Huy tuvo el sempiterno movimiento de Tim Wellens, un auténtico irreductible que como en la Amstel, queda para la historia como el único que lo intenta antes de subidas icónicas como Cauberg y Huy. Wellens es un romántico y muere como tal, peor son otros que lo fían todo al final cuando hay un capo que se muestra intratable.

La subida a Huy se hizo, como manda el guión, todos juntos, serpenteando y salvando unas rampas que creo que son disuasorias por defecto. Purito fue el primer grande en intentarlo, no hubo forma, luego el Etixx, siempre el Etixx, que arruinó las escasas opciones de Bob Jungels metros antes y activó todo el plan para ganar al enemigo murciano.

La jugada de los belgas fue buena, pareció excelente: Dan Martin, que en otras ocasiones es intratable en estas llegadas, lo hizo perfecto, incluso Julian Alaphilippe, lo hicieron a pares, al unísono pero sólo uno les podía arruinar el plan, ese fue Alejandro Valverde.

Ahora todos le exigimos la Lieja, en un domingo que por primera vez en muchos años amenaza frio y mal tiempo, pero a este corredor que amasa registros históricos, los números no le quitan el sueño, lo dijo al acabar la carrera, ahora toca disfrutar esto, excelente teoría, mejor práctica, a Valverde le ha ido bien así.

Imagen tomada de @BiciGoga

INFO

Viste de gala tu fixie

El gallo valón

Hace poco nos dio por jugar a «Diversión con banderas» con Sheldon Cooper hablando de la enseña flamenca. Entonces mencionamos, la perla del otro lado, de la proa valona, la bandera amarilla con un gallo encima. El gallo, viril criatura, que hermana esta tierra con Francia. Es la Bélgica francófona.

Y en francés va acabar hablando Alejandro Valverde, el «macho alfa» del Muro de Huy. «A 200 metros sabía que iba a ganar» dijo, ni corto ni perezoso una vez había culminado un éxito con mayúsculas que pocas veces supo tan contundente en un lugar que ya ha conquistado tres veces, pero nunca con la solvencia de esta tarde de primavera, soleada y fina, víspera del día del libro.

Fue a poco más de medio kilómetro, una vez había caído el prometedor Tim Wellens y Rui Costa se había merendado medio muro sin saber para qué, cuando Alejandro Valverde tomó el comando del grupo. Como un cuello de botella el murciano no tuvo ni que amagar, ni ponerse en medio: desde el córner su presencia intimidaba, su sombra era larga. Carrera muerta, carrera bloqueada, ésta se lanzó cuando el hombre de azul, fino y galopante, dijo «ahora« y nadie pudo toserle. Por un momento pensamos que Albasini, tercero, fue Matthews, y Alaphilippe sumó otro podio para su equipo, completamente gafado en su país.

Corrió bien Movistar esta vez. Esquivaron los no pocos peligros que esconde esta ruta -que se lo pregunten a Froome- y situaron delante a Giovanni Visconti en el tramo final para desentenderse del control de la carrera. Los Katusha también jugaron sus cartas, con Caruso, pero ni Moreno ni Purito tenían la pólvora de Valverde. Es como si las piernas que auparon al triunfo al catalán, hace tres años, fueran eternas acopladas al tronco de Valverde.

Por lo demás la Flecha ofreció poco nuevo. Ni la cota nueva, metida cerca del final de Huy, consiguió obrar el milagro. En ella se jugaron los cuartos quienes debían. Nibali otra vez, como en la Amstel, miró de hacerse la cama, pero claro cuando atacas con un compañero como Luisle por delante pero cerca de ser cazado, el intento muere casi de salida. Luego estuvo Tim Wellens, un corredor que va camino de ser una estrella. La subida a Huy estaba bien marcada con su nombre de pila. No es casualidad, ciclistas valones buenos siempre ha habido, pero no muchos, sin embargo los que han surgido (Criqui, VDB, Gilbert) han sido excelentes. Wellens va en esa senda.

Quienes quieran lecturas para Lieja, que tomen sólo una. El grande que deje que esto camine solo hasta meta está jodido pero bien. A un Valverde en estado dulce, se le unirán otros como Matthews que seguro arruinarán las esperanzas de los más rácanos. El ciclismo merece más que aguantar y aguantar. La Lieja, también.

Imagen tomada de @Gerardo_ESPN

INFO

En breve La Biciteca inaugura sus “libros de maillot», una serie dedicada a recordar carreras pioneras en nuestro país…

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El viernes último salió de Madrid en ferrocarril, con dirección a Salamanca, nuestro amigo el señor D. Manuel Cerecedas, Presidente de la Unión Velocipédica Española y del Club Velocipédico Madrileño, con objeto de hacer una exploración, en vista del propósito que esta última Sociedad abriga de organizar una carrera de resistencia de Salamanca a Madrid.
Después de descansar tres horas en Salamanca esperando que acabara de nevar, montaron en bicicleta y emprendieron el camino por una magnífica carretera, que encontraron a la sazón convertida en un río. Llegaron a  ̆vila a las seis y cuarto de
la tarde.
A las ocho de la mañana del sábado, con un frío intensísimo, salieron de esta capital, y entre nieves y un fuerte aire de cara llegaron a San Rafael. Subieron el puerto con medio metro de nieve, y en el alto del León les cogió una fuerte ventisca que les caló completamente, viéndose precisados a secarse por quinta o sexta vez en el día.

El día 12 de mayo de 1895, la carrera tuvo lugar. Este libro es la historia de aquella aventura.