El ciclismo como si fuera Wall Street

La portada del ultimo ProCycling desvela de forma indisimulada y evidente el concepto anglosajón de la vida y por ende del ciclismo. Bajo el título de “The power list 2014” señalan con detalle las 25 personas más influyentes del ciclismo actual, incluyéndose entre las mismas, ciclistas –los menos-, técnicos, financieros, gente de la televisión, organizadores y magnates. La lista incluye gente de todo pelaje, muchos de ellos desconocidos al gran público. De algunos de los menos conocidos queremos dar cuenta en próximos post, sin embargo por el momento nos quedamos con algunas caras y generalidades explicadas en este listado del poder.

Una de las cosas que más nos llaman la atención es la total ausencia de españoles en la misma. Hay uno que puede entrar, que está en la puerta, pero que no ha entrado, es Fernando Alonso cuya suerte se vincula al proyecto que como bien recuerdan cada vez que tienen ocasión no tiene todavía nombre. Nairo Quintana es uno de los que puede entrar en ese top 25 del poder mientras que hace cinco años Alberto Contador estaba en ella por motivos de su reinado.

Entrando en harina destaca la poca presencia de ciclistas. Sin embargo hay tres que queremos señalar. Fabian Cancellara sería el prototipo de patrón entendido a la vieja usanza recordando ese capítulo en el que vestido de amarillo hizo parar al pelotón para que esperara a los accidentados Schleck. Luego está Peter Sagan, un ciclista que sobrepasa sus propios límites a la vista de un carisma que puede darle el tamaño de icono. En las locuras que se le ocurran al eslovaco pueden ir las audiencias del futuro. Le sigue Chris Froome, a quien su condición de portador del maillot amarillo le hace referencia por defecto, si bien recuerdan que “perdido el maillot, perdida influencia”. También incluyen a Mark Cavendish, tachado de celebrity, una auténtica tontería, de Cav poco o nada nuevo surge desde hace un tiempo e incluso el guapo, ario y alemán Marcel Kittel puede acabar quitándole la áurea.

En otro círculo, se habla de magnates como Oleg Tinkov, un multimillonario excéntrico de cuyos ceros en la cuenta el ciclismo no puede prescindir, como dando a entender que este deporte está entre la espada y la pared para aguantar a tipos como el rubio ruso. Sobre Alexander Vinokourov no esconden que el ciclismo no es más que un medio para los fines políticos de un personaje que ha hecho de la trampa su modus vivendi.

Obviamente salen los gestores del Tour, el tándem Amaury- Prudhomme, en cuyas manos están los suculentos ingresos por televisión mediante la confección de un calendario paralelo y casi privado que ya está llevando la discordia a alguna de sus carreras, dígase París-Niza o Critérium Internacional, dos pruebas históricas muy castigadas por la pugna entre ASO y equipos.

Y en la órbita de la UCI no podía omitirse el poder del presidente Bryan Cookson quien tiene a bien establecer un mandato donde delegar sea la clave con el objetivo de reducir las diferencias entre el ciclismo masculino y femenino, un empeño en el que la diva Marianne Vos está interesada. Y es que como más de una vez hemos dicho, el ciclismo femenino no es más que un paso obvio y necesario para que este deporte sea finalmente redondo y universal.

Foto tomada de www.zimbio.com

La intrahistoria de Peter Kennaugh

Cuando el Team Sky anunció el nueve que llevaría al Tour para defender la corona de Brad Wiggins a través del liderazgo de Chris Froome, el nombre de Peter Kennaugh resaltó por lo inesperado de su selección. Nacido en la Isla de Man, este inglés moreno y afilado, de tez rosada pero horadada por los elementos y laureado fue la carta interesada e inesperada que Dave Brailsford, tan juguetón en esto de los golpes de teatro, sacó de cara a la cita de la citas.

Pero la baza de Kennaugh se coció a fuego lento, muy lento. Como bien cuenta en su edición de diciembre Procycling, la opción de Kennaugh no estaba sobre la mesa del Tour. Recién proclamado campeón olímpico, joven y con margen, su camino marcaba el Giro de Italia. Sin embargo dos malos resultados en Tirreno y Volta a Catalunya le hicieron desistir. Resentido de su lesión en el tendón de Aquiles el ciclista no encontraba el punto. Fue la baja de Brad Wiggins en el Tour la que le abriría las puertas de la mejor carrera, aquella por la que bebía los vientos.

Porque paradójicamente, en un país donde se idolatra la pista, al margen de unas ingentes inversiones, el corazón y la mirada del ciclista  nunca estuvieron en el velódromo, éstas fueron más allá, a la carretera, al Tour.

Nunca quise ser un mero persecucionista. Siempre ansié probar en el Tour y ahora no veo el momento de volver” dice.

Kennaugh se presentó en sociedad en los Pirineos. Concretamente en el Col de Pailhères comandando el pelotón que perseguía a Nairo Quitana y surcando la senda para el primer y definitivo ataque de Chris Froome en Ax 3Domaines. El joven ciclista de Man, sí como Cavendish, rompió el hielo en plan estelar y en esa línea se mantendría a pesar de caídas, magulladuras y cortes y a pesar de esos momentos críticos en los que Froome sólo se vio rodeado de rivales y enemigos afilando el cuchillo como camino de Bagneres de Bigorre.

Porque el Tour es otra historia, ni siquiera comparable con una Olimpiada en la capital de tu reino. El Tour implica stress perenne, pensar en él en el desayuno, en el masaje, en la merienda. Significa estar compitiendo, mentalmente, mientras duermes, mientras te revuelves entre sábanas y oteas tu iPad. Eso es el Tour. Un sueño y una pesadilla.

Pero la intrahistoria de Kennaugh incluye una moraleja venida del velódromo. Un papelillo no público que siempre los británicos amamantados por la pista llevan en la cartera. Esa chuleta habla de beneficios marginales, pero decisivos. Acostumbrado a la presión que se les somete en la persecución por equipos, Kennaugh ha aprendido a sostener el peso moral que implica una gran competición, durante días, semanas y meses, a sortear esa convivencia con las exigencias del oficio, con esas noches en vela. Todo eso se gestiona mejor viniendo del velódromo. Una gestión integral de los detalles, de todo lo que implica salir a 101%.

Kennaugh es joven y tiene un techo lejano –si su tendón de Aquiles se lo permite- pero es un libro abierto, un perfecto incunable de cómo la pista, sí la pista, se puede prolongar en la carretera, siempre y cuando haya voluntad.

La Vuelta recupera cierto gusto por el ciclismo

En un momento de la presentación acaecida en Cádiz, el primer ejecutivo de la Vuelta a España, Javier Guillén, incurría en una contradicción que creo es un perfecto espejo de lo que es la carrera. Hablaba de personalidad pero al momento de dar a la gente lo que pide. Aunque parezca que no, eso es la Vuelta, una carrera que nada en mares revueltos, sin un norte claro y con la inercia de ser la tercera grande, porque lo es se mire por donde se mire, a la espera de tiempos mejores. El Tour es el Tour y el Giro paraliza Italia y enamora almas románticas.

Porque mientras llegan esos tiempos el grupo que ahora trabaja en Unipublic continúa haciendo trizas –y eso no tiene porque ser malo- aquello que distinguió un día a la carrera. Sin querer romper con la historia reciente, sí se da un paso atrás en el diseño de un recorrido que ya no es esa concatenación absurda de altos y pequeños repechos en la llegada. Se plantean etapas nerviosas, sí, con lo bueno para el final, también, pero se mide la dureza y los tiempos como en las dos últimas ediciones no se hizo.

Valoro de la Vuelta el afán por encontrar nuestros enclaves. Alejados quedan esos años de cinco llegadas en alto que casi se recitaban de memoria (Cerler, Valdezcaray, Alto Campoo, Lagos de Covadonga,…). Ahora el seguidor ciclista es exigente, ya no habla de los sitios de oídas, los conoce, ha estado en ellos y opina con criterio maestro. La Vuelta 2014 incluye llegadas a Cumbres Verdes, San Miguel de Aralar, Obregón –dentro de Cabarceno- y La Camperona, por los valles de Sabero, el lugar donde un servidor quemó felices épocas de su infancia.

Todos coinciden en un grado menor de dureza, coinciden que si alguien sale perjudicado va a ser Purito, por esa explosividad que quizá no encuentre las rampas adecuadas a su talento, o no en la cantidad que le gustara. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Los corredores abren o cierran la carrera, la pueden correr a ritmo cicloturista o a mil por hora, y muchas veces las jornadas menos trascendentes sobre el mapa resultan antológicas. Recuerden Fuente Dé, una etapa de media montaña que llegaba después de jornadas inhumanas y acabó por darle la carrera a Alberto Contador.

Curiosamente esta Vuelta acabará en Madrid. No lo hacía hace exactamente 21 años, entonces arribó bajo una pertinaz lluvia a Santiago de Compostela, con una crono, igual que en esta ocasión. La carrera habrá salido tres semanas antes desde Jerez de la Frontera, antes que Santiago, final de anterior edición que no murió en Madrid. Hablamos de 1986, esa edición que ganó Álvaro Pino a Robert Millar.

Por lo demás la crono gana en apariencia protagonismo aunque muy contenidamente, pues se añade la del día final, totalmente llana, si bien muy corta, un prólogo de 10 kilómetros que hará en epílogo justo en el final del Camino. Un día antes la carrera hará justicia al último gran coloso de su historia, Los Ancares, por Pan do Zarco, ese final ampliamente reclamado y mejor situado imposible. Habrá que evaluar su trascendencia pero desde luego invita a esperar grandes cosas.

A día de hoy, la prueba espera una participación interesante. El póker de ases se llama Alberto Contador, Purito Rodríguez, Alejandro Valverde y Nairo Quintana, es decir el cuarteto de tenores que protagonizó los mejores momentos de la edición de 2012 pues Chris Froome no era el de las mejores ocasiones. Samuel Sánchez espera estar, pero necesita equipo primero. De lo que nadie habla es que el último titular del maillot rojo sigue sin destino. Sí, se llama Chris Horner, y no sé yo si la Vuelta habrá sido su primer y último gran triunfo.

Foto tomada de www.teinteresa.es

A Valverde se le agotan los argumentos

Este post me suena. Nos repetimos. Cada inicio de año, desde que este espacio vio la luz, cuando repasamos lo que puede ser el ejercicio para los grandes nombres del pelotón aterrizamos en Alejandro Valverde y siempre argumentamos lo mismo: a nuestro juicio se equivoca. Sin embargo este año cabe un matiz, en esa elección hay perjudicados, al menos uno: su compañero Nairo Quintana.

Veamos. El diario As publicó estos días una entrevista con el murciano en la que da cuenta de sus objetivos y anhelos plasmándolos en un calendario oficioso que puede ser oficial. Una vez más, apunta al Tour de Francia como primer eslabón de su cadena. Sí, el Tour. Si echamos a vista atrás veremos que su mejor registro quedó en una quinta plaza en 2007, el año que progresó un peldaño por la expulsión de Michael Rasmussen. A ese top ten, se le añaden otros dos octavos puestos. El segundo en la última edición.

Alejandro Valverde entró fuerte en el Tour, en esa edición en la que batió a Lance Armstrong en un agónico sprint en Courchevel. De ello han pasado ocho años y medio. En este ciclo esos tres top ten adornan su palmarés en la gran carrera gala, esos tres top ten y un par de victorias de etapa más el maillot amarillo que lució en el arranque de la edición de 2008 mediante un tipo de victoria que hace tiempo no ejecuta, la de final en alto como un Purito, Gilbert o Sagan cualquiera.

A su lado crece un colombiano que en su primera participación en Francia subió al podio. Nairo Quintana es posiblemente el único ciclista capaz de medirse mano a mano con Chris Froome. Hablamos de un cara a cara, del pulso directo, no de tácticas raras o alejadas de lo convencional, algo por lo que Movistar no se distingue y en lo que el Team Sky se revela vulnerable.

En esta tesitura Valverde esgrime la argumentación de siempre pero con un añadido. La de siempre porque habla de percances, situaciones adversas y contratiempos que siempre, siempre, siempre le surgen en carrera. Qué no habría de ser de su palmarés sin los desmanes de Suances o Granada  en la Vuelta o si no se hubiera descolgado por un pinchazo mal resuelto en la jornada llana del último Tour.

El ciclista murciano, a quien a pesar de lo que parezca apreciamos y valoramos, añade en esta ocasión el ejemplo del Tour ganado por Cadel Evans como espejo de persistencia. No cabe duda de que el ejemplo es bueno, pero esconde trampa. Pues la tozudez de Evans, equiparable a la de Valverde, va acompañada por un espíritu de supervivencia que se da en el australiano pero no en el español. Por otro lado, Evans se distingue como más completo y no nos engañemos, el Tour que ganó el canguro fue un tremendo demérito de los Schleck, quienes a la vista de aquello y lo que luego vino, quizá nunca se vean en una igual.

Con todo parece que la suerte está echada en “ca´Movistar”. Nairo al Giro y Alejandro al Tour. Ellos sabrán, pero es una apuesta en sintonía con los muchos y abultados errores que se perpetran desde la escuadra azul que si es la mejor del mundo, no es muchas veces por lo acertado de su táctica y sí por la ingente cantidad de talento que gestionan.

Foto tomada de www.vidalatinasd.com

5 x 13. Rui Costa siempre supo lo que quiso

No es sencillo ponerse en la piel de un director de equipo ciclista. Su oficio siempre en cuestión. Debe reportar ante muchos actores: el patrón, como se le decía antaño, hoy directores de marketing y evaluadores de retorno, los deseos de los corredores, los anhelos de la afición, los suyos propios,… en ese batiburrillo de exigencias encontrar el perfecto encaje es difícil y casi imposible cuando en tu corral se juntan, dos, tres o cuatro gallos a picotear de objetivos que muchas veces se solapan.

Pongamos que hablamos de Movistar y que nos situamos en el Tour de Francia. El lienzo plasma lo siguiente: un equipo, el mejor de la carrera sin duda, que maneja tres gallos de diferente sino. Por un lado Alejandro Valverde, grandísimo ciclista que llama con insistencia a las puertas de algo grande en el Tour desde 2005 sin que la suerte, las circunstancias o sus propias capacidades le acompañen. Tenemos a Nairo Quintana, el colombiano menudo y discreto que en la carretera muestra límites difusos. Y por último Rui Costa, una “navaja suiza” que opta a amasar etapas sin perder de vista la general.

La carrera se lanza y pasa por diferentes trances que sitúan al equipo azul en disposición de ganar la general por escuadras. Y ahí todo se complica, y de qué manera. Una tarde de viernes unos abanicos pillan, una vez más, por enésima vez, a tu gran líder en un renuncio. Alejandro Valverde sufre una avería, muy mal resuelta por cierto, en el peor momento y el tren no para. Y en la baraja de nombres que deben esperarle dices que Rui Costa, delante en la general y una baza con potencial, “para atrás”. Claro la tienes liada. Más cuando días después sigues pidiendo sacrificios en nombre de la general por equipos.

Todo esto, narrado así de forma poco ortodoxa, es el vivo ejemplo de lo que implica gestionar mucho talento en un equipo y las consecuencias que comporta. Sabedor de que en el equipo azul había tocado techo, Rui Costa emprendió un camino de ida al Lampre donde sabe que al menos en su calendario básico, en aquellas carreras que sabe le convienen, no tendrá que compartir galones ni servidumbres con nadie.

Aunque en apariencia el paso de Movistar a Lampre pueda parecer un paso atrás en lo deportivo, conviene saber que el equipo fucsia es una escuadra que recoge, casi en exclusiva, los años gloriosos de un pelotón italiano que en el World Tour es casi testimonial y los junta con la estabilidad que aporta una marca como Merida, uno de los grandes fabricantes mundiales aunque su enseña no se cante tanto como otras.

Con Rui Costa las lecturas que emergen no siempre han sido justas. Se le tacha de individualista, que lo es, de no trabajar para otros compañeros, cosa que yo pocas veces he visto. En ambos casos, como digo, es cierto, pero no es una realidad que el corredor haya escondido o negado, siempre se ha postulado como aspirante a algo más, el ejemplo de su cabreo en el Tour cuando le hicieron esperar a Valverde fue tangible de esta mentalidad. Le descolgaron y encima ni siquiera se evitó el desastre, porque éste ya estaba consumado. Al menos dos etapas paliaron su decepción.

Luego estuvo el Mundial donde la consigna fue contra su mezquina forma de correr como si en su triunfo no tuvieran nada que ver los defectos del resto de contendientes. Errores plausibles como el no marcaje de Valverde y decisivos, como la obcecación de Nibali en gastar todos sus cartuchos persiguiendo y persiguiendo sin medir el desgaste. Rui Costa fue campeón del mundo porque esa tarde, ese día, en esa maravillosa Florencia fue el mejor y el más listo. Punto y final.

Ahora, mientras cincela las medidas de su nuevo maillot de campeón del mundo el Lampre –donde ya lo vistieron Ballan, Astarloa y Camenzind sin excesiva suerte- cree estar en disposición de hacer algo interesante en el Tour. Veremos, aunque mucho me temo que éste no va a insistir como otros, lo prueba, trabajará, y si el resultado no sale, a otra cosa porque Rui siempre supo lo que quiso.

#13×13 es el relato de perfiles, paisajes y momentos que describen el año que se nos escapa.

Foto tomada de www.foromtb.com

La brega colombiana

En una subida cualquiera, de una etapa cualquiera, de una Vuelta al País Vasco cualquiera, dos ciclistas se dejan el alma. Su pugna es tal que se hacen uno, como dos mellizos que nacen con un mismo brazo. Empujan hacia lados apuestos buscando el resquicio de fuerza que el vacío les pueda regalar, pero no lo hay, porque es eso vacío, y casi acaban por los suelos.

Son Sergio Henao y Carlos Betancur. Menuda primavera la de ambos. Ciclistas de incalificables cualidades, de talento infinito. Ciclistas colombianos que no beben de los escarabajos, porque estos bajan, suben, son buenos en clásicas y regulares en las grandes vueltas. Éste ha sido el año de Colombia y la instantánea lo retrata. Lo clava.

Sólo tres nombres para describir el aire fresco que viene desde el corazón del cono sur. Nairo Quintana, un grande en ciernes de límites difusos y calidad sin techo. Corredor ligero, que no roza la carretera, que no rompe las almas, que gana pero no ofende. Lo definimos como un silbido y quizá fuimos imprecisos, es un soplo en el oído, una recompensa a la vista, esperemos que quienes lo gestionan estén a la altura. Nairo debería optar a lo máximo, y lo máximo es el Tour, dicho con todos los respetos.

Luego está Rigo, sí Rigoberto Uran, posiblemente el padre espiritual de esta generación. Si Nairo rayó alto en el Tour, Rigoberto se le adelantó en el Giro. Segundo, sí, segundo confirmando aquello que en el Tour de 2009 mostró y que poco a poco se fue ganando. ¿Qué hubiera sido del Mundial sin su talegazo? no entiendo como hubo quien lo celebrara. Su categoría merece más, y en Omega lo va a tener todo, hasta la ausencia de alguien que le haga sombra, que no es poco.

Y luego Carlos Betancur, un ciclista hecho a base de adrenalina. El protagonista blanco de nuestra foto. Gesto torcido, forma curiosa de golpear la bicicleta. Un corredor de talento indescifrable pues no acabó de redondear en las postrimerías del año lo que regaló en la primavera y eso que se permitió el dudoso lujo de cruzar los brazos segundo y con los brazos en alto. Como si su anarquía se convirtiera en desconocimiento de cómo iba realmente la carrera. Sólo hemos cogido tres, pero esta invasión de clase y categoría tiene más mimbres, muchos más.

Enlace permanente de imagen incrustadaDicen que la especie mejora, que las generaciones superan sus ancestros. Estos colombianos son realmente buenos y hacen empequeñecer esos escarabajos que surgieron por doquier hace treinta años. Sin duda tienen la clave del año que ha de empezar.

La primera instantánea sale del anuario Zikliamatore 106 páginas con el pulso visual de este año como siempre a vuestra merced ciclando aquí.

A Nairo le toca bailar con la más fea

Créanme si les digo que las cosas en el mejor equipo del mundo UCI no son tan apacibles como muestra la tibieza de su director. Desde el momento que Nairo Quintana pisó el podio de París, resultó obvio que en la próxima edición del Tour de Francia habría encaje de bolillos para ver quién lideraría el Movistar en la mejor carrera del mundo.

De un lado una baza que a pesar de su juventud destila margen y progresión, un ciclista, Nairo Quintana, que por no ofender ni habla a veces, pero que sin embargo tiene las cosas muy claras y sabe bien lo que quiere. De otro lado Alejandro Valverde, ciclista que admiramos y respetamos como siempre dejamos escrito, pero que vive por un objetivo, ser podio en el Tour de Francia y en ello no repara.

Alejandro Valverde probó la grandeza de esta carrera el día que ganó al borde del desmayo a Lance Armstrong en la edición de 2005. Retirado ese año, el murciano ha vivido con la perenne idea de que esta prueba le debía algo más que etapas sueltas y algún día vestido de amarillo. Lo ha intentado por activa, pasiva,… pero ocho años después seguimos en las mismas. No ha ocupado una plaza en el top 5, muchas ediciones después y otros tantos desvelos para intentarlo.

Para que Alejandro Valverde vuelva a ser la baza de Movistar en el Tour de 2014 argumentan su buena edición este año. Es cierto que Valverde fue uno de los mejores corredores del último Tour, pero no lo es menos que su buena clasificación final, a pesar de caer en la general el día de los cortes en el llano, se debe a que sus rivales dejaron de contar con él cuando se dejó sus opciones en un pinchazo. Es decir Team Sky se centró en Nairo mientras Valverde gozó de una obvia bula dado su escaso peligro en la general, otra cosa habría sido verle cerca de Froome en los últimos días, quizá esa remontada no habría tenido lugar.

Estos días se barrunta en los medios quién será el líder de Movistar en el Tour y en el Giro. Medios afines al equipo telefónico han dejado sentada la opción de que Valverde capitanee en Francia y Nairo en Italia. Esa opción sobre el tapete es ir a atar el podio en Tour, como máximo, pues para que Valverde gane en Francia es imperioso que fallen varios rivales. Nairo demostró en el único Tour que corrió que su margen no conoce líneas, y lo tiene tan claro que el propio colombiano, tan prudente él, ya ha dicho que, ante las informaciones surgidas, el calendario no está cerrado.

Que tomen nota en Movistar de lo que ha pasado con Rui Costa. Desconozco el semblante de Eusebio Unzué en Florencia, aunque me lo puedo imaginar, cuando el portugués se proclamaba campeón del mundo ante el desconcierto de su querido Alejandro Valverde. A Rui Costa se le descolgó del top ten en el Tour para el auxilio de Valverde en la jornada del pinchazo y eso hizo mella en el luso que optó por volar fuera del mejor equipo del mundo en busca de la opción que su equipo le negaba.

Veremos cómo se resuelve la bicefalia Nairo-Valverde, pero como en cualquier reino de dos cabezas la gestión equitativa es obligatoria y ahora mismo jugar la baza de Valverde al Tour por encima de la Nairo no es jugar tu mejor mano. No es la opción digna del mejor equipo del mundo según la UCI.

Foto tomada de www.zimbio.com

Los benditos problemas del ciclismo colombiano

A 62 kilómetros de meta Sergio Henao se cae. Susto, traición. El locutor de TVE Juan Carlos García afirma que el doctor de la Vuelta le acaba de comentar que en las dos primeras jornadas de carrera no se habían producido caídas… y zas, dicho y se producen las primeras caídas. La carrera es esto, imprevisión, giros y rotura de planes a las primeras de cambio.

Si en los prolegómenos de la Vuelta comentábamos el absurdo que a veces guía al ideólogo del Team Sky, Dave Brailsford, hemos de decir que la carrera no ha hecho más que secundar la esencia de nuestro post desde el primer momento. En el equipo negro tenían clara la capitanía a priori de Sergio Henao delante del titular de la segunda plaza del podio del Giro, Rigoberto Uran. Entre los motivos nosotros apuntamos el paso de Uran al Omega y que en ese cambio los puntos irán a su nuevo equipo. Aunque ese extremo es indescifrable, es muy posible que sea así.

Sin embargo, la carretera ya ha puesto a uno y otro en su sitio y aunque Henao no está descartado para todo, sí que es cierto que las cosas no le ruedan bien y ya parte con desventaja. Son las cosas del directo, pero también las consecuencias de una generación colombiana que va camino de dejar en reliquia los andares de Lucho, Parra, Farfan, Omar Hernández y esa pléyade de pioneros que dieron a Colombia un lugar en el mapa ciclista.

Volviendo sobre Uran, éste comentaba hace pocos días que sería una locura ir al Mundial de Florencia con cuatro líderes en la selección. Se podría dar la circunstancia que hubiera más jefes que indios. La convivencia de cuatro ciclistas como Nairo Quintana y  Carlos Betancur más los mentados Sky, Uran y Henao, será complicada pero se les impone una solución de inicio pues de lo contrario tanto poderío quedará disuelto por sí solo. El mejor ejemplo lo tenemos en la selección española que lleva años viajando con tantas bazas a la cita mundialista que vamos camino de los nueve años sin calarnos el arco iris.

Recuerdo una etapa del Tour de Francia que acababa en Andorra. Era una larga travesía que llevaba el pelotón desde Perpiñán hasta el cogollo del “país de los Pirineos”. Aquella jornada, año 1993 para ser precisos, acabó en manos del colombiano, qué talento el suyo, Oliverio Rincón que por aquel entonces se debía a los colores del Amaya. El director del equipo, hoy seleccionador nacional, Javier Mínguez, definió la hazaña de su hombre como una “bendita locura” pues parece que Rincón no le escuchó en exceso a la hora de planificar el temprano ataque. Veinte años después el ciclismo colombiano vive problemas de exceso de talento, de saturación. Benditos problemas.