Pues está quedando una bonita Vuelta

La Vuelta Valverde joanSeguidor

La clave para Movistar en la Vuelta va a ser el entendimiento de Valverde y Nairo frente a Roglic y López, sobre el papel más fuertes

La Vuelta, la carrera, como siempre dándole vueltas al recorrido, que si duro, que si suave, que si descompensado…

Pero en la Vuelta, como en el ciclismo en general, lo mejor lo dan los corredores, capaces de generar una etapa tan bonita como la de Calpe que gana Nairo o sembrar de emociones un muro de rampas infames como el Mas de la Costa.

Y luego, con en el desigual día de Javalambre, etapa anodina, final emotivo y emocionante, cuando miras atrás, ves que la jornada ha merecido la pena.

 

Mas de la Costa era la subida más complicada de una primera semana que ha tenido tres llegadas en alto, a falta de la jornada andorrana del domingo.

Lo que otrora sería un trance a mil por hora, todos juntos, hasta la pared final, se convirtió en un juego de alternativas, donde entraron nombres de la importancia de Philippe Gilbert, la clase imperecedera, y otros buenos nombres que pusieron el entremés antes del plato fuerte.

Movistar, ese equipo que da una de cal por dos de arena, el equipo que en esta Vuelta presenta el liderato bicéfalo mejor avenido que recordamos, condujo el grupo a mil por hora porque tenían un plan.

El mismo que echamos en falta en Javalambre, cuando cundió la sensación de que Valverde destapaba las carencias de Nairo.

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Y de esa forma los dos jefes consiguieron lo que muchas veces vuela de la ventana del Movistar sin que nadie ponga remedio: que trabajen todo el día y la victoria acabe en manos ajenas.

No sabemos si es que Nairo está en la prórroga de su estancia en el equipo celeste, si es que se ha desprovisto de los corseres que creo le han impuesto en los últimos años, o que sencillamente está harto que le tachemos de reservón, pero lo cierto es que el Nairo de Mas de la Costa ha sido la mejor versión de un corredor que, repetimos, es un corredorazo.

Sobre la bicicleta, en bailarina, una y otra vez, tensando el grupo, dando continuidad a ese equipo que ha dado dos saltos hacia adelante este año, el Jumbo, Nairo Quintana desempolvó la receta que creo que habrán de utilizar los telefónicos hasta el final de la Vuelta.

 

Un ataque, dos, tres, no sé cuántos, para dejar la general entre cuatro y en un pañuelo.

Cuatro corredores suenan para «campeonar» desde la sombra del ayuntamiento madrileño en un par de semanas, cuatro perfiles diferentes con quince días de trampas y sustos, en una carrera que, dicho sea de paso, está teniendo una tremenda cantidad de caídas, es complicado imaginar en manos de alguien que no esté entre estos cuatro.

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El baile de Nairo Quintana destapó el final «asesino» de Alejandro Valverde, a quien no vemos aguantando hasta el final, pero que es admirable como se agarra a cualquier resquicio que la carrera le ofrece.

Cada año pasa lo mismo, esperamos que Valverde acabe reventando, pero mientras se descuelga o no, pone la gente a mil.

El año pasado ocurrió, en otros también.

Alejandro Valverde siempre ha tenido un idilio con la Vuelta, y pensar que podría ganarla diez años después pone a trabajar a los estadísticos.

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La suerte de Movistar en esta Vuelta se jugará en lo buen que trabajen juntos Nairo y Valverde, porque sobre el papel Roglic y López están por encima.

El colombiano tiene una asignatura, la crono de Pau, a la que llega con una diferencia mínima a falta de lo que pase en Andorra.

Roglic parece haber aprendido la lección del Giro en el que acabó vacío, exhausto tras casi dos semanas dominando las apuestas.

La Vuelta tiene cuatro corredores en medio minuto, amanece bonita, con ganas de más, una pena que muchos se hayan descolgado de una puja que pinta tan bien.

Imagen: FB de La Vuelta

Vuelta España: Si Nairo fuera el primer Nairo

Nairo Quintana Arkea JoanSeguidor

Cuando Nairo quiere ser ciclista de verdad, el espectáculo merece la pena

Empieza pronto el baile de la Vuelta 2019, tanto que en Calpe, llegada accidentada, a pie de peñón y final plano, ha ganado Nairo Quintana.

Sí, Nairo Quintana, lejos del Galibier, de los Lagos de Covadonga, ahora en el Mediterráneo.

Una victorias de esas que nos reafirman en lo que siempre hemos dicho del corredor colombiano, un ciclista de calidad indudable, con una categoría sobre a bicicleta que habla por sí sola y un palmarés que sí, es muy amplio y bueno.

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Pero ganar Giro y Vuelta, ser podio en el Tour, es una renta importante, pero no eterna.

Nairo Quintana debe revalidar cada vez que se pone un dorsal en la espalda y sale a disputar, habitualmente, todo.

La primera etapa en línea de la Vuelta ha sido un carrusel de emociones que, a tres semanas del final, promete acabar con nuestros maltrechos corazones.

Un movimiento de piezas que pone de relieve la realidad de la carrera: un grupo de elegidos que acabará sacando una eternidad al resto.

 

Pero volviendo sobre Nairo, la realidad le aplaude cada vez que se muestra.

Metido en un corte con gente como Aru, Roglic, Uran o Nieve, con Roche ambicionando un rojo que al final se llevó… les entró en el relevo, sin excusas, ni mirando atrás, nada de eso.

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Es lo que tiene tener las cosas claras, un Movistar que no es un tridente, ni una serpiente de dos cabezas.

Alejandro Valverde quedó por detrás, pero no cabía esperarle, el campeón del mundo iluminará la mirada de muchos, pero no parece para la baza para ganar una carrera a la que no concurrió Carapaz y en la que Marc Soler no parece querer entrar.

 

Relevó Nairo, no fue un rácano, no quiso que los demás le solventarán la plana. 

Fue un ciclista mayúsculo, y les atacó donde debía, cortó el grupo y sembró las dudas.

No salió Roglic, ni Urán, ni Roche… se miraron, dudaron y el celeste llegó solo a meta.

Un bonita victoria, sí señor, rubricada con la clase que nunca le negamos y tanto lamentamos que no pasee con mayor frecuencia.

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Sinceramente, no teníamos a Nairo en la primera lista de aspirantes a la Vuelta, pero esta muesca es de las que marcan y dejan huella.

Ha sacado el genio, corrió lo mejor que supo, no guardó y ahí está.

Como bien dice «es el segundo día», pero dar primero cuenta, y ahora sí, tras lo visto en Calpe puede reclamar ese liderato en Movistar, eso que le quita y ha quitado tanto el sueño.

Que Nairo esté así en la Vuelta es bueno, hay carrera, hay emoción y seguro que nos lo pasaremos bien.

Cuatro corredores que no van a ganar el Tour

Adam Yates JoanSeguidor

Corredores como Porte, Nairo, Bardet y Adam Yates ya han consumido su crédito para el Tour

Cuando el Tour de Francia se hizo con la cumbre del Tourmalet, unas semanas ya de eso, tuvimos la sensación de que en aquella etapa, ese día, iluminado por el éxito de Thibaut Pinot, se pasaba una página invisible para ciertos corredores y parte de una generación.

Porque aquellos corredores que crecieron al cobijo de Froome, Contador, Evans, Valverde…, una generación que nació en la segunda mitad de los ochenta, cuando Roche, Perico, Lemond y Fignon se daban hasta en el carnet, que ahora queda como desubicada con tanto talento rompedor y joven que surge de entre las piedras.

De ese periodo son cuatro los corredores que creo han consumido su crédito para la carrera que ha quemado algunas de sus mejores horas y posiblemente su talento.

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La lista empieza con la eterna promesa tasmana, el pequeño pero resolutivo, cuando está bien, Richie Porte.

El australiano fue un corredor que desde bien joven, recuerdo el Giro de 2010, marcó una senda que parecía condenada a acabar en lo alto del podio en París.

Porte trabajó muy bien para Brad Wiggins y Chris Froome, aprendió el oficio de líder desde dentro, «inside the job», sabiendo de los matices de llevar algo tan pesado como el maillot amarillo.

Sin embargo proyectar su intimidatoria en lo individual nunca se le ha dado.

Desde aquel famoso Giro en el que sale sancionado por el cambio de rueda con Simon Clarke, a los cartuchos quemados en el Tour de Francia.

Richie Porte llegó a ser quinto en el Tour de 2016, su mejor año, aunque acabara estrellado contra una moto por el colapso del Ventoux.

Aquello fue un presagio de que siempre le pasaría algo en su gran objetivo: la caída al año siguiente que destapó importantes carencias en los descensos, otra caída, esta vez camino de Roubaix…

Siempre le pasaba algo hasta que en 2019 se ha visto que, sencillamente no va, no tiene el Tour en su radar y esa condición de favorito sin corona que se granjeó nunca llegó a buen puerto.

 

Otros corredores que no optan al Tour…

Y es curioso, porque Richie Porte tiene, fuera del Tour de Francia, un palmarés brutal, un poco como Nairo Quintana.

El colombiano es nuestro segundo hombre de la lista.

Con 29 años su figura perdió el magnetismo hace tiempo y su pegada no es ni por asomo aquella de los primeros años.

Decir que maduró pronto, es describir una realidad que, aunque muchos no quieran admitirlo, es la que es.

Su tiempo en Movistar hace dos años que está en una innecesaria prórroga, ya habrá momento de valorar quién le debe más a quién, y si recala en Arkea, el paso atrás es obvio.

 

Uno de los corredores que empezó a dibujar las carencias de Nairo Quintana fue Romain Bardet. 

El flaco francés quitó la segunda plaza al colombiano hace tres años en el Tour, con una memorable etapa a 48 horas de llegar a París, bajo el diluvio y con un AG2R sembrado.

Pero Bardet, quien todos acertábamos a señalar como la baza francesa más cualificada para el Tour, ya no es el mismo desde que casi pierde el podio contra Landa en la crono de Marsella, hace dos temporadas.

El año pasado se descolgó rápido del grupo de los mejores, y en este Tour Romain Bardet fue una sombra durante toda la carrera, desde la msima crono por equipos, en Bruselas, a la llegada a la Planche des Belles Filles.

Ahora mismo cualquier medio francés habla de Alaphilippe y Pinot como bazas para recuperar el Tour a la causa patria.

Bardet, el niño predilecto de las portadas, ya no aparece. 

Se ha descolgado de lo que queda de año, que no es poco y hace un reset ¿sin Tour?

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Quizá el francés debería reconsiderar si todo lo que le está dando y confiando al Tour le sigue rentando o quizá valorar otros caminos, como en su día dijimos, otros caminos como los que un día decidió tomar Simon Yates, quien se ha hecho con la admiración del respetable por disputar todo lo que le cruza y romper los planes establecidos -no iba a estar en el Tour- para sacar punta a un momento de inspiración.

Una actitud, la de Simon, que choca con la de su hermano Adam que lleva ya varios tiros errados en el Tour.

Fue el mejor joven hace tres años, en una edición pésima por cierto, y de ahí no pasa.

Pero Adam sigue centrando el año en el Tour, como si no hubiera otro calendario, otras opciones que su propio hermano ya le ha demostrado que son válidas.

El Tour es la carrera que da y quita razones, que pone y quita nombres, pero el mundo no empieza ni acaba en él, aunque para muchos así lo parezca.

Y vienen tiempos en los que, un puñado de chavales que van con todo, tienen pinta de querer comerse el pastel.

El equipo ya no es el problema de Nairo Quintana

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Pensar que en el cariño de un equipo le valdrá a Nairo para volver a ganar una grande sería simplificar sus carencias

Leí el otro día de Nairo Quintana que “no duelen las críticas y sí las piernas”.

Le podemos creer.

El ciclista más neutro del pelotón sigue cotejando amigos e incondicionales cada vez que abre la boca.

La caída de su estrella se mide también por el humo de sus palabras y en Nairo, encontramos una mina cuando pronouncia palabra.

Porque una cosa es tener contenta la parroquia, fiel, expresiva incluso hasta intimidatoria, y otra verter todas las carencias en el saco del equipo.

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A menos de dos semanas que empiece la Vuelta a España, Nairo Quintana vuelve a dar la matraca con un equipo que le quiera.

Como si liderar un equipocontara en el palmarés.

Habla exactamente de lo que ha tenido en Movistar estos años, hasta hace bien poco, porque sí, le tocó compartir galones con Mikel Landa, porque en los telefónicos tuvieron claro que esa estrella boyacense que explotó tan joven ya no era capaz de mantener el nivel que un día prometió.

Y así, salvo en el Tour de 2015, donde primó el podio de Valverde a luchar directamente por el Tour contra Froome, el equipo ha sido una piña alrededor de su estrella colombiana.

La obsesión de Nairo Quintana con un equipo que le respalde es salir por la tangente de lo que todos hemos visto con nitidez.

 

La idea es encontrar un equipo donde me sienta como en casa, que me haga sentir feliz y me apoye al ciento por ciento, donde me encuentre a mí mismo y pueda brillar más que nunca

Lo leemos en Cyclingnews, como que los buenos momentos en Movistar han quedar atrás y que esto no da más de sí.

La matemática pura y dura dice que en Arkea, su posible destino, todo va a ser, irremediablemente más difícil.

No hace falta ser un genio para ver las diferencias entre los dos equipos y que espere a ver lo que un ciclista como Warreb Barguil es capaz de hacer por él.

 

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Nairo tiene claro que deja Movistar, pero no confirma que Arkea sea el destino, la ventana de fichajes lleva casi dos semanas abierta.

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¿Por qué dilatar el anuncio?

En breve Nairo correrá su última grande con el Movistar.

Ahí ya no estará Mikel Landa para el descargo de los males de la hinchada colombiana, pero sí Alejandro Valverde y Marc Soler, quien algún día tendrá que tomar unos galones, que ahora mismo corresponderían a Richard Carapaz, por motivos que no es necesario explicar.

El Movistar de la tricefalia ahora es cuatro, no sé si eso es cariño para Nairo, que consume la cuenta atrás en esa humareda de excusas que pueden valer para algunos, pero que para el que sigue y entiende un poco de esto no son de recibo.

Su problema nunca ha sido el equipo, ni siquiera liderarlo con su dudoso carisma, su problema es que tocó techo cuando pensamos que iba a despegar y en eso no sé si el cariño que reclama tendrá tanto que ver.

Tour: El día que Nairo esperaba

Nairo Quintana Tour JoanSeguidor

La victoria de Nairo vuelve a destapar que al Movistar el Tour le queda grande

Hay nervios cada vez que el nombre de Nairo Quintana entra en el TL por cualquier red social.

Tranquilos por favor, que esto es ciclismo, pareciera que la bolsa de premios de Nairo se repartiera a partes iguales entre todos sus seguidores.

No nos vais a descubrir a Nairo Quintana, un ciclista con una clase sobre la bicicleta que nunca hemos cuestionado, una categoría de competidor, el mejor de su país de siempre, que no es decir poco, que tiene motor, que…

El año pasado en el precioso Portet, en los confines de Saint Lary, esta vez Valloire, en medio del Galibier, por el Telegraphe.

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Es eso lo que nos enciende de Nairo, esa pegada, esa calidad, esa retranca de hace tiempo, con 23 añitos explotó, que no entendemos que a veces sea lo que un seleccionador de fútbol español acertó a decir un día: un «mingafría».

Y no se le reprocha que no gane el Tour, que no lo va a ganar, recordamos, y sí que sea tan mezquino con esa categoría sobre la bicicleta.

El Nairo que un día nos cautivó volvió a ser el de hoy, el del Izoard, haciendo camino, labrando la victoria, el del Galibier, atacando delante, sin mirar atrás, sin excusas, ni codos, dejando de rueda a gente de un nivel importante, Bardet, entre otros, ese que un día le llegó a sacar de la segunda plaza de un Tour.

Un triunfo, el de Nairo, que entronca con las otras dos historias de la jornada.

La primera en clave colombiana, con Egan Bernal explotando, al final la debilidad aparente y efectiva de Julian Alaphilippe, que llevará el maillot, al menos hasta 48 horas de París, porque tiene unos huevazos que no le caben en la entrepierna.

Egan Bernal dio una vez, y dio en la diana.

Es como si el pequeño Egan corriera montaña arriba por el relevo de Nairo

Su ataque era para Alaphilippe, que cayó del grupo, pero también para los rivales del francés, y suyos, y para tomar el mando del Team Ineos.

Por un momento, Geraint Thomas tuvo un flash, viendo que el Tour se le iba de las manos, atacó y comprometió a su compañero.

Entendemos que a esas alturas, a esas pulsaciones, no es sencillo pensar, pero de ahí a leer los gruesos insultos que le cayeron a un tío de la ejemplaridad del galés están siempre fuera de lugar.

 

Egan Bernal sería la máxima amenaza para Alaphilippe si esto no diera cambios a cada día, sobre todo porque lo que vienen ahora son llegadas en alto.

Y ahí Thibaut Pinot quizá tenga algo que decir.

Sea como fuere, Alaphilippe es posiblemente el único de los grandes nombres que resisten delante que hacen, en apariencia, todo para ganar el Tour, su Tour.

 

Pero volviendo sobre estas líneas, la victoria de Nairo Quintana entronca con su equipo, el telefónico, el Movistar.

El equipo que lo dispone todo en el Izoard, con escapados, con Marc Soler haciendo destrozos y ahí se queda todo.

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Si el catalán no se pone a saco en ese momento, a saber lo que Nairo podría haber sacado más en Valloire.

Lo de Movistar es llover sobre mojado, una de cal y otra de arena.

Que le hagan un vídeo de desagravio a su líder colombiano: ¿Por qué jugaron así si Mikel Landa al final no hizo nada?

Podrán decir que el alavés no tuvo piernas, pero ¿para qué este movimiento?

¿Hubo vértigo?

¿Hubo fatiga?

El propio Landa lo admitía en meta, el triunfo de Nairo no era el plan, pero ¿hay plan en Movistar?

Y que no nos vendan que la táctica de Movistar dio sus frutos, porque el triunfo de Nairo no era lo que se perseguía.

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Llueve sobre mojado.

La carrera que quita el sueño en el equipo celeste le sigue quedando grande. 

Admitirlo sería el primer paso, no ocurre nada por hacerlo.

Igual que cuestionarse qué hace Alejandro Valverde remando y aguantando si más en un equipo que recordemos ya no es de nueve, es de ocho.

En fin, que tras lo visto en la esperada etapa del Izoard-Galibier, quien tenga narices apueste por el ganador del Tour, porque aquí ya no entendemos nada.

Si nos pedís un favorito de corazón, Alaphilippe está haciendo más méritos que varios en bloque.

¿Cómo ha llegado Nairo Quintana a esto?

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La caída de popularidad de Nairo Quintana se la ha granjeado él solito

Procurar ser objetivo con Nairo Quintana es complicado, quizá no tanto de puertas hacia adentro, por que uno al final lo que expresa es coherente consigo mismo, pero sí hacia afuera: digas lo que digas levantará ampollas, seguro.

Teniendo a Nairo Quintana como uno de los mejores ciclistas de los últimos diez años, aquel chavalillo vestido de blanco que irrumpió para hacer soñar a un país que sí, era posible ganar el Tour, con talento, humildad y trabajo, representando una zona donde las cosas cuestan y la vida no es sencilla, pero en definitiva, poniendo una sonrisa a un ciclismo que empezaba a caer en manos del señor Sky.

Con los años el amigo Nairo acrecentó esa leyenda con triunfos de todo tamaño y trascendencia.

Le dio a Colombia su primer Giro, con la grata compañía de Rigo Urán en el segundo peldaño -ay ese descenso del Stelvio y las radios-, y a los dos años se llevó la Vuelta a España, casi treinta años después del jardinerito Lucho.

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Pero Nairo nunca escondió que lo suyo, lo que le motivaba, es el Tour, normal lo domas casi de inicio, como mejor joven y poniendo contra las cuerdas al capo Froome.

Quien más quien menos siempre vimos a Nairo con opciones para ganar la mejor carrera del mundo.

Seguimos pensando que la edición de 2015 pudo haber sido la buena, si en su equipo no se hubieran obsesionado con meter a Valverde en el podio y plantear la carrera sin la pegada que se necesitaba para derrumbar a Froome.

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Aquel Tour, Nairo lo empezó cruzado, con los cortes de Holanda, se descolgó también en los Pirineos, pero en los Alpes el colombiano puso en aprietos a Froome, aunque tarde y sin margen, e incluso con el inglés acompañado de ¡dos gregarios Porte y Poels! en los momentos más duros de Alpe d´ Huez.

 

De esta guisa pasaron los años, pasaron los Tours, y lo que tenía a tocar se iba escurriendo.

Ya no era Froome, era Bardet, luego Aru, también Urán, los rivales le pasaban por derecha e izquierda a un ciclista que seguía manteniendo que lo suyo era el Tour, que el Tour o nada.

Y con él una legión cada vez menos ciega de seguidores que creían a pies juntillas que era posible.

Pero no, no era posible.

El Nairo de 2013 no volvió a volar, quizá lo hiciera dos años después, pero aquel pájaro de vuelo alto y miras ambiciosas perdía y perdía altura.

 

Una realidad que la masa de aficionados veía atónita, porque en las palabras de Nairo nunca había un atisbo de una realidad que venía y se imponía.

Hubo un antes y un después, el Giro de 2017 cuando perdió a manos de Tom Dumoulin.

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Fue ahí, con el desquiciado neerlandés, a Nibali también le sacó de sus casillas en algún momento, cuando ese colombiano se sonrisa amable y pedaleo letal empezó a sacar su peor semblante.

Nairo no ganaba y lo peor es que siempre tenía presta una disculpa -como si el viento sólo soplara en su contra- y un codo para pedir el relevo.

Y así llegaron estos dos años de convivencia con un ciclista que nunca se amilanó ni le reconoció como líder, Mikel Landa.

A veces, parecía más importante para Nairo tener la certeza absoluta de partir como líder que llegar en la mejor condición posible.

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Una situación que ya hace dos años, en el Tour, cuando su padre habló más de la cuenta, empezó a pudrirse y que ha aflorado con toda su crudeza en estos Pirineos.

La jornada del Tourmalet yace en la memoria más infame de un bloque de cuarenta años de tradición, con un desconcierto que vimos en directo y líderes contradiciéndose.

Mientras Valverde decía que Nairo ocultó su mal momento, éste afirmó que el equipo lo sabía desde el puerto de antes.

¿En qué quedamos?

Que Nairo, en la jornada de Prat d´ Albis, no tirara para Landa, ni cruzara mirada, que hiciera lo mismo con Valverde es más de lo mismo, es la guinda a una situación que se ha prorrogado más de lo recomendable, porque los problemas no se solucionan por maceración, los problemas se toman por la mano y se trata de solventar.

En esto Eusebio Unzue nos recuerda al presidente gallego que tuvo España. 

En Colombia están convencidos que el rencor, el odio, la inquina mueven cualquier comentario negativo del mejor corredor de su historia.

Hablan de racismo, venga hombre, no jodáis.

Nada más lejos de la realidad.

En este mal anillado cuaderno nunca se criticará un ciclista por no ganar el Tour, Dios nos salve de ser tan rastreros, más que nada porque estaríamos a malas con el 99,99% del pelotón.

En este mal anillado cuaderno se critican las ñoñerías, las excusas baratas y la ceguera ante la realidad y eso, y no otra cosa, es lo que ha llevado a Nairo Quintana a ser el foco de no pocas críticas.

Eso se lo ha ganado él.

En Arkea se llevan una joyita…

Tour: El Tourmalet no engaña

Tour Tourmalet Thibaut Pinot JoanSeguidor

Pinot gana en un Tourmalet que deja el Tour muy en el aire

Hay días que marcan a fuego el futuro de las personas, de las cosas, de la vida.

El Tourmalet, año 2019, tras su coronación hay varias certezas y conjeturas suspendidas en el aire.

Llegaron arriba varios, unos cinco o seis, corredores, no hizo falta trisca pura y dura, como muchos esperan, pero ha habido una selección importante.

El Tourmalet, de abajo arriba, en su solemne grandeza, ha hecho el daño que se les supone a las grandes leyendas.

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Por partes y acumulación de noticias.

Julian Alpahilippe va a por el Tour, no pensábamos que iba a salvar la crono, y la salvó, no pensábamos que iba a superar el Tourmalet, y lo ha superado…

Es decir, que las cosas empiezan a cuadrar, poco a poco, ante nuestros incautos ojos, y Julian Alaphilippe encuentra el camino.

Incluso diríamos que a costa de Enric Mas, cuyo maillot blanco le sentará muy bien, que correrá con dos y tres dedos de frente, que será cauto y buen fondista, pero que tiene al líder en casa, renovado, el mejor pagado del equipo e ídolo del país donde se corre el Tour.

 

Que Julian Alaphilippe fuera a ganar el Tour no entraría en plan alguno, hoy, con dos tercios de carrera consumidos, es el mejor situado.

Y en el otro lado se postulan varios, aunque a distancia eso sí.

Geraint Thomas encontró en el Tourmalet el tope de ese momento dulce que vivía para con el Tour desde hace un año.

Un tope que le sobreviene mientras Egan Bernal sigue ahí.

¿Quién es el líder del Ineos?

La carretera lo dirá, pero las dos bazas, ahora mismo le sirven.

Necesitan etapas para decidirlo.

Si tras la crono parecía Geraint, ahora miramos a Bernal.

Esto da mil vueltas.

 

Añadirle a la terna Thibaut Pinot, desprovisto de las taras de antaño, que va remando y que parece ir a más, con un gregario que es oro, David Gaudu -los franceses están que se salen-.

Y a los Jumbo-Visma, el equipo del Tour, por muchas vueltas que le demos.

Steven Kruijswijk opta al podio que el año pasado no alcanzó Roglic.

Fuerte parece, pero ya sabemos, hay corredores que compiten contra rivales y la mala suerte.

Corredores como Mikel Landa, el que parece más fuerte del Movistar, pero que circula muy desplazado en la general.

Sobre Landa y sus caídas ya opinamos, lo visto en Tourmalet es la constatación que es el capo de un equipo que corre, pues eso, corre, toma la salida, compite y va haciendo.

Quizá la clave del equipo celeste esté quince días antes de afrontar el Tourmalet, cuando no contó con Sciandri, el arquitecto del Giro de Carapaz, y llevó a Chente y Arrieta al frente.

La imagen de Nairo escurriéndose en el grupo, mientras Amador y Soler marcaban un paso ambicioso fue dantesca, pero nada superó el momento que Soler se descolgó de cabeza para ayudar al colombiano.

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Una solución, un tiro en el pie a la vista de todas y todos, un momento que retrata las peores tardes del equipo telefónico que ahora camina sin orden ni concierto y la seguridad de que tienen que fallar muchos para rascar algo potable.

Que Nairo se quede es humano, todos tienen un mal día, un mal año o unos malos Tours, pero que se quede al ritmo de sus compañeros, mientras Valverde admite en la cima que no les avisó, suena dantesco.

¿Por qué no avisó Nairo de su mal momento?

Nairo Quintana es el nombre y apellido de un corredor que pasa a engrosar el listado de ciclistas que un día tuvieron el Tour a tiro, que por lo que sea, no lo cogieron con las manos y acabó cediendo.

Hoy Quintana engrosa la lista que recoge otros ilustres como Romain Bardet, Richie Porte o Adam Yates.

Porque la rueda no para, la bicicleta prosigue y no espera, como el Tourmalet, el teatro donde las máscaras no valen.

Imagen: FB de Le Tour de France

Tour: ¿Quién trabajará en Movistar?

Movistar Tour JoanSeugidor

La salida de los capos del Movistar complica la elección de roles en el Tour

Leyendo esta columna de Marc Soler en La Vanguardia sobre lo que significa correr el Tour en el Movistar pensaba cuán complicadas son las cosas en el cuadro celeste, en este cuadro celeste, aquí y ahora, en este momento…

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Porque una cosa es querer crecer tranquilo, alejado de las prisas y urgencias que parecen haber tomado ciertos ciclistas, como hace Marc Soler y otra muy diferente es renunciar por sistema a tus objetivos personales, por muy joven que seas, en pos del equipo.

Marc Soler es un ejemplo, hay otros, pero también una realidad, los dos capos de Movistar para este Tour están con pie y medio fuera del equipo.

Eso dicen las malas lenguas y las fuentes más informadas.

 

Estos días hemos leído cosas gruesas en la parroquia colombiana sobre Mikel Landa, al que poco menos que acusan de querer mal para Nairo y ser un envidioso y mala persona.

Palabras gruesas que por mucho que busquemos en la hemeroteca no encontramos, como sí lo hacemos con palabras que el propio vasco suscribe y en las que nunca ha reconocido a Nairo como líder.

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Es decir, como pasaría en la geopolítica, cuando no mentas a tu rival o compañero, no lo reconoces y te postulas.

Ese postulado tiene un nombre, liderato del Movistar en el Tour, palabras que han revoloteado por la cabeza de Nairo Quintana desde el día que decidió que el Tour estaba en su radar.

 

Pero ocurre que Nairo y Landa, dicen, que dejarán el Movistar a más no tardar. 

Como Richard Carapaz, esto sí que es sangrante.

Bajas ostensibles, que podrán o no ser remplazadas con éxito, pero que ahora mismo su sola mención enrarece, no puede ser de otra manera, el ambiente del Movistar en el Tour.

¿Va a trabajar Landa para Nairo?

Esa es la gran pregunta.

Objetivamente, debería, profesionalmente, por supuesto…

Pero no está claro, nada claro, que Mikel Landa se vaya a jugar el bigote por un compañero que haya sido competencia directa en una capitanía que, sinceramente,  ninguno de los dos se ha ganado.

Pues si Nairo ha sido una sombra -queda ver lo que consigue en este Tour- de lo que fue, Landa siempre ha estado en el sitio erróneo para esquivar la caída de turno.

Sí, el afilador de Barguil con Alaphlippe acaba con él en el suelo, pero esta caída se suma a otras tantas…

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Como decimos, objetivamente Mikel Landa debería trabajar para Nairo, pero ojo que el término trabajar tiene un sentido amplio para este alavés, creativo cuando se lo propone, y como con Carapaz en el Giro, trabajar puede ser atacar de lejos, poner nerviosos a los rivales y a ver qué sale.

Mikel Landa no ha escatimado en Astana o Sky en mostrar una rebeldía que ahora, con su salida en Movistar en los mentideros, creo que no podrá ocultar.

Nairo está ante la que consideramos su última opción de ganar el Tour, por suerte o desgracia ha ido a caer en una generación -la de Dumoulin, Bardet y Pinot- que convive entre otras dos que aprietan mucho, y no le queda excesivo tiempo.

Por otro lado vemos complicado que Landa confíe su epilogo a Nairo…

Y mientras la línea de Marc Soler, que seguirá en el equipo, ve la vida pasar.