El atractivo de volver a montar una bicicleta de acero

bicicleta acero Paris JoanSeguidor

La bicicleta de acero propone rodar nostálgico, solidez y una máquina a medida

Bicicletas de aluminio, de acero….

A inicios de año, la entrada de Peter Sagan en el critérium previo al Down Under con una bicicleta de aluminio fue como una puerta giratoria para materiales que nunca se fueron de entre el aficionado medio, aunque sí en el máximo circuito.

En el epílogo parisino del Tour, Oliver Naesen cumplió las vueltas a los Campos Elíseos sobre una Eddy Merckx de acero.

Una bicicleta de acero en el Tour, ¿cuánto tiempo hacía de ello?

El belga, que es el mejor clasicómano de la campaña, números UCI en mano, llevó un modelo “tailor made”, hecho a medida, para él, con sus ángulos, centímetros y prestaciones.

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La bicicleta de acero de Oliver Naesen, factura de la Belgian Cycling Factory, la misma que engloba las marcas de Eddy Merckx y Ridley, fue rizar el rizo, darle un toque de distinción al mismo cuadro que le vimos a nuestros padres.

Una vuelta atrás, sobre el papel, que marca el valor diferencial para lo que ha de venir, cosas muy puntuales, especializadas.

En un mercado donde todos ofrecen lo mismo, la diferencia está en la raíz de las cosas.

La bicicleta de acero de Oliver Naesen es fruto de un programa que está abierto al público.

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Comprar por internet no es tabú, la gente lo hace con normalidad, ha perdido el miedo.

Por eso los belgas han entendido que esto debe emocionar, y a esa bicicleta de acero, que te hace un sastre de metal, le añaden una plaquita con tus medidas, que son tuyas y personales.

Medidas que se acoplan en el tubo diagonal, que siempre van contigo.

Medidas que aquí son como el ADN del ciclista, su DNI por donde vaya.

 

 

La emoción de un producto a medida, eso lo recupera a bicicleta de acero,

Un proceso de tres horas, midiendo y viendo la mejor posición, sacando oro de cada centímetro, para que la experiencia sobre la máquina sea placentera.

Bicicleta acero Naesen JoanSeguidor

No son las prestaciones del carbono, pero sí la sensación de fluir sobre algo único y personal.

Ahí lo han hecho bien.

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La bicicleta de acero puede ser una buena compañera en las salidas de gravel.

Es recuperar la bicicleta rígida, un tanque bajo las piernas, algo poderoso, como el pedaleo de Oliver Naesen, uno de los clasicómanos más reputados.

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Imagen: FB Equipe Cycliste AG2R 

¿Quién no ha soñado en ganar el Tour de Flandes?

oliver naesen Flandes Joanseguidor

Oliver Naesen sueña en voz alta con ganar el Tour de Flandes

Creo que en un retrato del ciclista medio, podemos imaginarnos trepando por cualquier pendiente mientras la cabeza te sitúa en medio del Tour, surcando una multitud, abriéndose camino entre gritos y manotazos en la espalda.

¿Quién no ha imaginado ganar una etapa de la Vuelta?

¿Quién no ha pergeñado la narración de su locutor de cabecera salvando curvas y desniveles, en el camino hacia la cima?

 

Hay un libro de los años setenta de psicología asociada al deporte que comenta que imaginarte a ti mismo ganando algo mientras entrenas es parte de la mejora del deportista.

Creer que estás ganando una etapa del Tour mientras subes en soledad es algo positivo.

Forma parte del entrenamiento.

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Recuerdo cuando Purito nos admitió que él escalaba puertos de Andorra imaginándose en el Giro o en el Tour.

Ahora leemos que Oliver Naesen se ha visto miles de veces ganando el Tour de Flandes.

 

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Oliver Naesen es una de las grandes estrellas de la primavera desde hace tres años

Está ahí, cerca de algo importante, pero le pasa lo que le ha sucedido a muchos que llaman a la puerta y se quedan en la entrada.

No descartamos que un día gane algo importante, aunque en su fuero interno sabe que o llega solo o lo tiene complicado.

Y eso que en San Remo ganó el sprint sobre gente como Sagan,  Kwiato y Valverde, a grandes rasgos los tres últimos campeones del mundo.

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La historia está llena de gente como Naesen, desde la antológica dificultad de Juan Antonio Flecha para ganar, que tuvo que sortear dos figuras del tamaño de Cancellara o Boonen a corredores que siempre estuvieron ahí, dígase Leif Hoste, un corredor que me recuerda mucho a Naesen.

 

«En mi cabeza he ganado el Tour de Flandes miles de veces»

«Sólo en la realidad no he ganado el Tour de Flandes por que en mis sueños ya lo he ganado. Imagino el día y las circunstancias que deben darse para lograrlo, por desgracia eso no significa que un día lo logre»

«Cuando estás entrenando por estas carreteras o vas solo, te ves solo en carrera, en punta, incluso cuando estás sentado en el sofá también lo imaginas»

 

Y piensas «¿Qué se debe sentir al ganar el Tour de Flandes?, parece ridículo, pero es así»

Naesen conoce cada giro, cada piedra, cada hueco del recorrido de Flandes

Una experiencia muy personal en la Ciclobrava 

Lo ha hecho compitiendo, también entrenando miles de horas por los mismos sitios, las mismas urbanizaciones, las mismas zanjas, las alambradas que dividen parcelas.

Es una y otra vez, y cada  día, cada hora, y un domingo de abril se juega todo, como una oposición de todo o nada.

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Los sentimientos de Naesen son los de miles de niños del lugar, ciclistas de espíritu y corazón que sueñan un día ponerse un dorsal en De Ronde, la carrera que han mamado en cada cuneta.

Los sentimientos de Oliver Naesen explicados así, de esta forma, entroncan con el aficionado medio, y demuestran que los pros no están tan lejos del globero que se imagina en medio del Tour cuando sufre en silencio en cualquier subida de cualquier sitio.

Porque todos estos que ahora vemos a mil por hora, pertrechados a full, un día, antes de nada, fueron también globeros.

Imagen tomada de FB Equipe Cycliste AG2R La Mondiale

Flandes se rindió a los clásicos

55 kilómetros no es mucho, son distancias que muchos acostumbran para ir a trabajar, que los hacen a diario, como algo usual, rutinario. 55 kilómetros en ciclismo y en Flandes son mucho, una eternidad, un abismo cuyo salto implica mentalidad de genio y piernas de campeón, algo poco común y usual en los tiempos que corren, ciclismo de ese de antaño, de atacar y no mirar, de no esperar más allá de lo que tu cuerpo y espíritu te permitan. Es un paso de gigantes.

A esa distancia, Philippe Gilbert empezó a recitar poesía, en francés y vestido por la tricolor belga, por medio de Flandes. Vio al vástago de Criquielion, se acordó de Claude, emuló a Vandenbroucke y demostró que en la campa flamenca un valón puede ser bien recibido, coreado y empujado literalmente por la masa. Calzó su alma, se dispuso a abrir hueco y acabó la carrera, acabó sencillamente a una eternidad de meta. Quien tuvo retuvo.

El otro día en La Panne, vistiendo el primer maillot de líder, surgido de un ataque en el Muur, Gilbert dijo querer Flandes para sí. Los entrevistadores, los narradores, los espectadores alucinaron, pero iba en serio, muy en serio, tanto como cuando arrancó a 55 kilómetros de meta, esa distancia que algunos no conciben ni recorrer de paseo, y en la que Gilbert glosó poesía.

La táctica azul estaba clara, al menos nos lo parecía a nosotros, Quick Step tiene el mejor equipo para estas carreras, pero carecía de un capo nivel Sagan o Van Avermaet. Tenían que hacer la carrera, su carrera, desde lejos, prescindir de llevar a rueda a gente que seguro, seguro, les mataría de cara a meta, como en años atrás Sagan, Cancellara y cía.

Tanto remar, tanto remar para morir en la orilla. Los de Lefevere, acostumbrados a ediciones en las que metían cuatro en el top cinco en estas carreras, tiraron de manual y recordaron la aceleración de Boonen un año hace a más de cien kilómetros de Roubaix. A más caos, más opciones, a más desorden, más fácil el triunfo. Y lo hicieron, tirando de manual y de clásicos, de la capilla y la rampa empedrada que va hasta su base. Y en los clásicos, Tom se maneja bien, a la perfección, para romper la carrera y pillar en un renuncio a la práctica totalidad de favoritos, decantar la balanza y dejar la carrera a merced de los azules.

Resumir, por eso, que la carrera se acabó en el momento que Gilbert se despegó del resto sería injusto e insulso. Los retratos que se dibujaron por detrás fueron otro poema: Vanmarcke, un corredor que enamora desde su perenne desgracia, cuando Van Baarle, excelente planteamiento, estuvo a punto de pisar el podio se explica todo. Sagan, nervioso e impreciso, de verse fuera, se creyó tanto su segunda oportunidad que se arrimó tan cerca a la valla que acabó por los suelos, llevándose sus sueños y los de Naesen, un ciclista que merece algo gordo cuanto antes, y los de Van Avermaet, que sigue exento de monumentos, aunque los merezca como el que más.

Gilbert fue la guinda, sus rivales el pastel, la gente las velas, el paisaje la mecha… qué carrera, qué edición de Flandes, esa carrera que este 2017, la 101, salió desde el sitio que un soldado romano arrojó la mano, que no el pie, de un gigante –gracias Nico-, dando origen al nombre de Amberes. En ese sitio, Boonen fue coreado como la alienación inicial del Bayer. Flandes se rindió a los clásicos.

Imagen tomada del FB de Quick Step

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Las cinco bazas de Flandes

Vamos a mojarnos por Flandes, y con el riesgo de salir escalados. Si en San Remo metimos a los dos primeros en nuestro top 5 de favoritos, aquí la apuesta también contempla muchos nombres, pero cinco por encima de todos. Flandes es más de gota a gota, de uno a uno. Llegar en grupo se antoja complicado, en grupo grande me refiero, y por el camino seguro que más de uno buscará dinamitar esto para que así sea.

La edición de De Ronde que recupera la capilla sigue con el circuito final de estos años. Me parece perfecto que los organizadores manejen taquillaje y esas cosas, pero lo de Muur y Bosberg de antes daba resultados mucho más atractivos, sobre todo porque había quién tenía agallas a romper esto desde lejos. Esperemos nos quiten la razón y veamos el espectáculo que merece la carrera que conjuga ciclismo con pasión, lugar y gente como en ningún otro sitio.

Peter Sagan, dorsal número uno y en una situación muy similar a la de hace 365 días, pues suma alguna victoria pero la retahíla de podios en plazas importantes le ponen ese puntito de ansiedad. Sin Fabian Cancellara no veo un alter ego de su dimensión, ni siquiera Van Avermaet. Puede romper o esperar al sprint, pero creo que, fiel a su estilo, irá a por lo primero, pues, no sé qué le pasa, que la pólvora del sprint en grandes clásicas no la tiene lo seca que en otros escenarios.

Philippe Gilbert, para mí la revolución de esta primavera, otro que no entiende de especular y que, curiosamente, no se ha cruzado con Sagan hasta la fecha. Es un tiro, el ciclista que ha roto las jerarquías del Quick Step, saltándose todo protocolo y diciendo que él quiere Flandes, como en los buenos tiempos, los anteriores a su gris paso por BMC, cuando se debía huestes belgas. Ojo porque puede ser el Kwiatkowski de esta edición, el que rompa de lejos y se lleve algún pez gordo a rueda.

Greg Van Avermaet, mi preferido, para qué voy a negarlo. Lleva una campaña perfecta, ha ganado las tres grandes del adoquín, pero ahora vienen las «majors», que nunca ha ganado y eso a veces supone un muro. Viene sin presión, lo que ayuda, pero también le van a vigilar hasta la extenuación. Yo le veo en el podio, aunque ganar un monumento es lo que nos tiene que demostrar.

Alexander Kristoff, un killer correteando por Flandes que además ya sabe qué es ganar aquí, algo que parece que no, pero que a mí entender influye mucho. Se le ha visto muy fuerte en La Panne, incluso en algo tan nimio como en la crono final, donde superó a Kittel, demostrando que viene con buenas piernas para rodar si coge el corte bueno. Es complicado que llegue solo, más que nada porque de los top es casi seguro ganador en un sprint. Para mí, una baza eclipsada por otros nombres más golosos, pero tan válida como esos.

Olivier Naessen, el ciclista perenne. En Harelbeke dio el salto de calidad, viéndose entre un campeón del mundo y otro olímpico. Es un tipo a Gilbert, no puede esperar al final, y eso le convertirá en peligroso una vez el radio de la carrera entre en el tramo decisivo. Dudo mucho que no esté en el corte bueno, aunque su gran objetivo sería llegar solo, pues más lentos que él entre los favoritos no los encuentro.

Imagen tomada del FB Quick Step y RVV

INFO

Mirad estas máquinas: un cuadro que ronda el kilo con 200 gramos. Unos acabados a nivel de soldaduras realmente espectaculares y que con un montaje en Ultegra con discos hidráulicos sale por escasos 1.600 y pico euros.

El pequeño gran ciclismo

Ocurre a veces que esperas una carrera con el alma de un niño y la impaciencia de un adolescente, y que resulta que esa carrera en cuestión es un soberano ladrillo que no hay forma de tragar ni digerir. El Tour, para muestra.. Ocurre otras que pones la tele, llegas a Eurosport y ves el Eurométropole Tour, una carrera por los alrededores de Tournai, la ciudad que alberga una de las catedrales más grandes que jamás haya visto, que se disputa en condiciones dantescas de lluvia y sugerente frío otoñal y entre ciclistas que sin ser estrellas en muchos casos, Tom Boonen estaba en liza, sí tienen ganas de ofrecer buen ciclismo.

Ocurre que en esos escenarios realmente es divertido ver ciclismo, porque se corre como si no hubiera un mañana. Hablaba Eduardo Chozas de que parecía una carrera de juveniles, y a ciencia cierta que lo era. Grupos partidos, ciclistas a cuentagotas, todo en un terreno llano con largada rectas que invitan al tedio cualquier día del año, salvo cuando hay carrera.

Os recomiendo ver la llegada más increíble que posiblemente hayamos presenciado esta temporada. Y por increíble me refiero a bizarra, con tres escapados que a un kilómetro tenían medio minuto de ventaja que se esfuma porque se hacen un marcaje de pista, casi parados y se ven rebasados por el pelotón.

Por si no fuera poco, el desenlace casi provoca una desgracia. A ver, no creo que Dylan Groenewegen, que puede ser un buen outsider para el Mundial, cierre a su rival, pero la virtud que nuestra Oliver Naesen para omitir la caída es de equilibrista sobre la bicicleta, no sólo cuando se ve cerrado, también cuando esquiva la célula del cronometraje. Luego vino el pique, el toque de rueda por detrás y esas cosas.

Por cierto, Naesen, que en podio aparecía amargado, fue la constante de la prueba, como en el Eneco Tour, estaba en la escapada abortada y el sprint, su forma de encarar el final, arruinando la distancia con el peloton porque se veía para disputar el sprint es de considerar. Hace falta tener confianza en uno mismo. El año que viene vestira los colores del AG2R, pero antes está Tour. Ojo porque es un ciclista con mayúsculas. Dará que hablar.

Foto tomada de IAM

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