A Kloden ya no se le espera

Tipo angulado, largo, estrecho de cadera, semblante serio, excelente planta sobre la bicicleta. Andreas Kloden pareció soldado sobre la máquina en sus mejores días. Gregario, jefe de filas, discreto e investigado, el alemán cuelga la bicicleta muchos años después de explosionar discreto, sin ruido, lagunar. Lo ha hecho como lo ha hecho siempre. Ahora es historia, quizá el último resquicio vivo del T Mobile, una de las historias más negras del ciclismo en tiempos recientes.

Porque Andreas Kloden siempre fue un ciclista marcado. Primero por su increíble primavera de la temporada 2000. Ganó sin previo aviso las dos vueltas más importantes del ciclo: París-Niza y País Vasco. En ambas con su singular guión de no hacer nada que ofendiera hasta que sendas cronos le auparan al primer puesto. Su figura nos sonaba. Cuerpo recto, brazos en ángulo recto, extraordinaria sensación de poder,… sí era el hermano pequeño de Jan Ullrich, sólo que no arrastraba el demencial desarrollo del pelirrojo de Rosctock.

Kloden quemó etapas casi sin marcar los tiempos, porque en el fondo parecía estar siempre en la previa de algo grande. Fue un ciclista en stand by. Todos lo esperaban, todos le esperábamos, pero nunca llegaba. Su rendimiento era como el mejor queso de Gruyère, presentaba unos socavones de impresión.

Ante lo impredecible de su progresión el destino quiso situarle delante en el peor momento, justo cuando a Lance Armstrong no le parecía bien ni compartir las migajas. Aún resuenan esos puñetazos al aire del tejano humillando a un Kloden que se vio ganador en Le Grand Bornard. Armstrong no quería nada para nadie que no fuera él, y dado que el corral de ovejas que tenía por rivales no quiso cederle a su compañero Floid Landis el triunfo, tras una indescriptible exhibición alpina, dijo que esto se quedaba en el US Postal. Años de plomo. Años que nos siguen pesando.

Casi tan dolorosa como esa derrota como la de Armstrong fue aquella que le infringió Pieter Weening en los Vosgos un año después, en 2005. Se dice, no sé si sigue siendo así, que ese triunfo al sprint entre dos corredores fue el más ajustado de la centenaria historia del Tour. Lo que sí fue cierto es que Kloden y todos los demás vieron en apuros a Armstrong y su equipo ese día. Aquello no fue más que puro teatro.

Con los años y la creciente podredumbre que crecía alrededor de T Mobile, Kloden empezó a sentir el aliento de una presión muy visible. La sombra de la duda y el dopaje no pasó de largo y le puso en un brete en ese asunto de Friburgo y el inicio del Tour de 2006, sobre todo porque aquellas acusaciones se vertieron en un momento crítico para un deporte en estado shock por el Operación Puerto y sus consecuencias. Un Tour, ese de 2006, que muchos dijeron que era el de la improvisación tras la tiranía del US Postal pero que se resolvió en un indecente positivo de Landis y la segunda plaza para Kloden, sí tras Oscar Pereiro. Verlo para creerlo.

Y es que 2006 y su Tour fueron el último tren. A partir de entonces, vivió de su excelente talento para seguir delante aunque siempre en segunda línea. Se aprestó a ser gregario y hombre de reparto junto a Alberto Contador, Alexander Vinokourov, Lance Armstrong,… incluso hasta Chris Horner fue de su quinta. Terrible fue el ataque que le descabalgó de un podio, el tercero, en el Tour por parte del líder madrileño.

Hastiado por los muchos años que llevaba en la élite y en el objetivo de los “cazadores de dopados”, argumentando morriña familiar, cuelga la bicicleta un ciclista que era vestigio directo del pelotón surgido de la locura de los noventa. No creo, sinceramente, que el ciclismo esté más o menos limpio sin él, sin embargo sus rendimientos en diente de sierra no fueron nunca lo más recomendable para este deporte.

Foto tomada de www.zimbio.com

¿Quién paga la factura de la Operación Puerto?

Las líneas que suceden en este encabezamiento se hacen desde la rabia incontenida y el subconsciente hirviendo ante el vendaval de despropósitos que dibuja la vida pública de este país que llamamos España. A una terrible sensación de desconcierto, pasamos de los grandes retratos, el político, económico y social, a concretar realidades menos relevantes, pero igualmente significativas de cómo están las cosas.

La Operación Puerto como juicio quedó en la historia, aunque supongo que no del todo, pues quedan simas que partes implicadas, e indignadas, querrán aprovechar para arreglar lo suyo. Sin embargo recorre la sensación de que lo gordo, el meollo está resuelto. Y de qué forma. Es tal la unanimidad de que el fallo nos satisface las expectativas que hasta los dos altares de la desinformación coinciden desde sus ópticas diametralmente opuestas de la vida:

 

El País: “¿El gran encubrimiento del dopaje?”

El Mundo: “¿El mayor encubrimiento de la historia del deporte?”

 

En ambos atriles inciden en la insatisfacción internacional ante la forma española de lavar los trapos sucios. No contentos con la perenne imagen de suciedad que acompaña nuestro deporte, la mejor oportunidad de demostrar que esto iba en serio, que el cambio estaba en camino, ha sido fulminada con una resolución que abre la puerta a ampliar el serial.

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Hubo un día que Eufemiano, con esa ironía que hipnotiza, comentó el coste que le significaba al estado su presencia en Madrid. Galeno de profesión no podía ejercer para lo que el papá estado le paga pues se le requería en un juicio donde el fallo, todo sea dicho, no podía ser muy diferente al que al final se ha dictado, pues alguien en la Guardia Civil se apremió a lanzar la Operación Puerto cuando España aún no tuvo marco vigente para purgar a los culpables.

Frente a esta incongruencia legal ¿para qué este camino? ¿Para qué tal dispendio? El juicio ha implicado la disposición de medios físicos y materiales de importante coste. A ello hay que añadir la presencia de testigos de primera línea, exciclistas, hematólogos, médicos y otros citados que en su desplazamiento y testimonio han incurrido en nuevos dispendios.

Al final de muchas de esas declaraciones hemos sacado terribles conclusiones y visto que la panoplia de “hacer salud” sugerida por Eufemiano no se sostenía. Sin embargo la suerte estaba echada. Luego están los medios policiales desplegados. También cuenten la custodia y conservación de bolsas de sangre que serán destruidas. Sus propietarios no interesan. España está para estos gastos y muchos más.

¿Toda esta factura quién la paga? El contribuyente, usted, yo, el otro. El resultado de este fiasco a la vista está. Incluso es más, si en algún momento España retomó parte de su crédito acaba de desandar el camino con creces. Es decir, efecto contrario al deseado. Quizá la hostelería madrileña, los días de efervescencia, notó algo el “evento”, por lo demás todo son pérdidas de tiempo y dinero, al margen del irreparable daño propinado al ciclismo como “deporte único” implicado en la cuestión. Señores, esto no es lo que los sabios llamaban “buen gobierno”.

Foto tomada de www.elperiodicodearagon.com

Con el fallo de la OP nos siguen tomando el pelo

Hablo al calor de la sentencia y de la ignorancia sobre los procesos, apelaciones y marchas atrás que merodean todo pufo judicial. La Operación Puerto rompió hoy 30 de abril, seis años y once meses después de lanzarse, con un fallo que condena a un año a Eufemiano Fuentes e Ignacio Labarta y la absolución para los exdirectores Vicente Belda y Manolo Saiz.

Una vez más España clava una muesca en su menoscabada credibilidad, si bien no cabía esperar otra cosa. La Operación Puerto es el capítulo más bochornoso de nuestra historia deportiva reciente –conocida como “Edad de oro del deporte español- y emborrona, por si no hubiera suficientes motivos, la candidatura olímpica de Madrid para 2020. Sinceramente, con una justicia de este pelaje, un sistema tan lento y unas maniobras muy bien encauzadas para enturbiarlo todo, la sola insinuación de España, cuya desinversión en deporte de base es galopante, como destino olímpico es un atentando al buen juicio.

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Sin embargo no se rasguen las vestiduras. Esto pasa en las mejores casas. Miren lo de Lance Armstrong y su medida confesión o la ridícula terapia de choque holandesa llevada a cabo por diarios. Como bien comentaba en su post del domingo Jordi Bernabeu en este cuaderno, los que creemos que esto no puede seguir así seguimos asistiendo a burdas argumentaciones y baratas excusas como las que nos dieron en su día del positivo de Alberto Contador y su bistec, por poner un ejemplo, así al azar.

Al principio alegué mi ignorancia en todos los entresijos que mueven un castigo como el infringido al doctor Fuentes, sin embargo no es descabellado pensar que el suyo será un paso invisible por la trena. A su vez el castigo de abonar un importe equivalente a quince cafés diarios durante diez meses por un delito contra la salud pública es demoledor. El ginecólogo se ha reído de todos y hace bien, el sistema lo permite. No entiendo qué más pruebas podían obrar en su contra en ese delito contra la salud que se juzgaba.

Sea como fuere quienes quisieron saber de la pertenencia de las bolsas de sangre se quedarán, muy posiblemente, con las ganas. Esos recipientes serán destruidos. La sangre se regenera y sus legítimos dueños no la echaron en falta. Nadie reclamó haber perdido nada. Nadie les solicitó para cotejar su ADN. Por medio sólo quedaron sospechas, manchas, dudas,… al margen de esas primeras tesis que hablaban de ciclistas, atletas, tenistas,…

Fuentes se ve que ofreció el listado y sus nombres, pero aquello no procedía. Se juzgaba un delito contra la salud que sin embargo tuvo consecuencias deportivas en muchos ciclistas que si no dejaron de competir, cerca lo estuvieron. No sabemos de nadie que fuera ciclista que no padeciera el látigo de la justicia.

Y si anónimos serán los titulares de esas bolsas, indiferentes son los damnificados por los tratamientos del señor Fuentes. Y es que no hay día que no pase sin referencia internacional a este capítulo. ¿Dónde queda la justicia para los agraviados? Repiten y cuestionan. Tal prerrogativa España la resuelve “con dos condenas leves” como titula Carlos Arribas su pieza en El País. Lo dicho, nos siguen tomando el pelo.

Imagen tomada de www.teinteresa.es

La mancha que llega al Chava Jiménez

Nunca pude escribir sobre José María Jiménez, el Chava. Fue un ciclista que a mí personalmente no me gustó. Hablo en lo deportivo. En lo personal no pude convivir con él más allá de alguna entrevista. No me gustaba por lo errático de su trayectoria. Capaz de lo mejor y lo peor en 24 horas, la regularidad no fue su virtud. Creció a golpe de talegazos de genio. Cuánto gustaba entre la prensa. Entre cierta prensa.

Recuerdo la primera vez que la Vuelta a España subió el Angliru. Decir que hubo expectación, mucha expectación, por ver a los corredores retorcerse en la ya célebre cima astur es quedarse corto. En una etapa calada por la lluvia, la ascensión se hizo casi en la penumbra, pues era imposible ver ciertos tramos de la subida por la niebla y las dificultades de las conexiones. Parecía que iba a ganar Pavel Tonkov, el primero en coronar, pero no. El Chava tuvo uno de esos aires que levantaban la parroquia y superó in extremis al ruso.

Cómo gritaba Manolo Lama, el mismo que le tiró una propinilla a un mendigo alemán, en meta. A los micrófonos de la Cadena Ser, el cortesano narrador de los partidos del Real Madrid, ahora en la Cope, vivió, casi durmió con el Chava esa jornada. “Chava,  hoy he estado más tiempo contigo que tu propia madre” le espetaba en antena. Dios qué torrente de emociones agolpadas. Qué furor. Quizá se ofreció a secarle el sudor confundido con el barro.

Les gustaba llamarle el “Curro Romero del ciclismo”, tardes de gloria sucedidas de miseria deportiva. Un día arriba, al siguiente anónimo y escondido. Anidaban la emoción del momento. Se la pelaba lo que hubiera detrás. Hoy las cosas son muy diferentes y aquel desmesurado trato se torna en conjeturas de vecindario.

Este martes el diario As publica una entrevista con el vecino íntimo de Jesús Manzano. Cualquier siembra de sospecha que sirva para redondear la arista morbosa de un diario es perfecta si se vende un ejemplar más. Al parecer el vecino del exciclista vio al Chava cuando Manzano le recomendó las terapias de Eufemiano Fuentes. Fue en 2001, el año de las famosas bielas de Sevilla y Casero. Al parecer el galeno canario no dio abasto ese mes de setiembre.

El artículo se ilustra con una foto de Manzano con José Luis Montoya, como una de esas que la gente se saca cuando viaja por ahí. Viene firmado por Juan Gutiérrez, autor del serial de Manzano y sus prácticas de dopaje hace nueve años por estas fechas (esos días que el As abrió con una portada donde un defensa del Sevilla decía esperar a Zidane con un cuchillo en la mano o en la piñata, no recuerdo). Todo muy convencional.

El periodista, jefe de polideportivo del As, o lo que es lo mismo de la información residual en un diario de esta calaña, ha sido uno de los mejores informadores del juicio de la Operación Puerto que hoy se tiene a bien dar por concluido. Guti, si me permite que abrevie su apellido, sufrió el vacío de muchos integrantes del pelotón a raíz de sus informaciones con Manzano. Incluso tuvo a bien despachar y discutir de forma somera con algunos aficionados vía Twitter sobre las tenebrosas informaciones de Manzano y sus consecuencias.

Lamentamos que dicho informador dé pábulo a lo que dice el vecino de Manzano con una terrible sensación de descontrol sobre lo que comenta y manchando el nombre de un ciclista ya fallecido, que fue mucho para muchas personas y que ellos mismos, su grupo mediático, cebaron de fama y gloria.

Angel Vicioso, como síntoma

“Joder, parece que se haya comportado como un criminal” me aseguran desde ciertos círculos sobre Angel Vicioso. La cosa está que arde, a flor de piel, podríamos decir. Al final no sabemos qué pensar ni qué juicio emitir. El ciclismo es una ratonera de sospechas, de veladas acusaciones, de terribles reproches. Angel Vicioso es síntoma de ello.

El caso es que una vez que la autoridad competente se trasladó a Alhama de Aragón para  solicitar la presencia de Angel Vicioso en el juicio de la Operación Puerto y éste no aparece, se emitió una especie de “busca y captura” sin esperar a saber dónde demonios podía estar. Ni siquiera se reparó en el sistema Adams que informa de los movimientos LIVE de cada corredor. Al parecer aquí si lo sabía. Angel estaba en su nuevo domicilio andorrano.

¿Por qué Ekimov no se informó antes de poner al ciclista en la nevera? Difícil saber los motivos reales pero sí adivinar los condicionantes. Katusha acaba de recibir el OK para volver al WT, pero la situación entronca y muy directamente con el tema de Luis León Sánchez en el Team Blanco, o deberíamos llamarle “blanco roto”. Ante la duda, se cruje al corredor, luego si eso se pregunta qué pasó. Sencillamente dantesco. Los ciclistas se han ganado la presunción de culpabilidad, y ella prevalece en cualquier prolegómeno en la emisión de un juicio.

Una videoconferencia desde Lleida sirve para que Vicioso cumpla su cuota en el proceso de la Operación Puerto, un fantasma de alargada sombra que en ocasiones cobija años y años de trayectorias profesionales. Luisle, ante las sospechas que se cernían sobre él, está probando los sinsabores de la suspensión temporal. Ahora le toca a Vicioso. El problema es que ese ambiguo término de “suspensión temporal” es algo que en ocasiones sabes cuándo y cómo empieza, pero no cuándo acaba. Eso es digamos un pequeño inconveniente. Insignificante.

En el caso de Vicioso ese lapso no puede excederse mucho tiempo, con lo cual el aragonés quizá tenga la certeza de que una vez pasado el trago de testificar en el mediático juicio pueda volver. Lo cierto es que Vicioso es una entelequia en todo este suceso. Su nombre apareció en los primeros papeles, allá por 2006. Al contrario que a la mayoría Angel pudo rehacer su trayectoria sin purgar como otros. Tras un semi ostracismo en Relax, Maia y Andalucía pasó por el Androni para volver a un WT, un camino calcado al de Michele Scarponi.

De lo que no cabe duda es que el estigma le acompaña. Culpable o no, grabado o no, dueño de una de las bolsas requisadas o no, Angel Vicioso siempre ha estado señalado, y eso por muchos méritos que acumules nadie te lo puede evitar. Es un trago que hay que pasar hasta el fin de tus días como ciclista profesional.

Acerca de la calaña de Isidro Nozal y Jesús Manzano

Recuerden la Vuelta de hace diez años. Una edición rara. Marcada por una fuga bidón, o medio bidón, camino de Burgos, creo. En ella Manolo Sainz insertó uno de sus peones. Isidro Nozal era su nombre. Un día antes Toño González Linares utilizó los micros de la “gran” cadena Ser para descargar su ira sobre Purito Rodríguez. Al parecer el catalán debía ser lo suficientemente habilidoso para que en la llegada a Santander el liderato pasara a manos de Isidro Nozal, compañero de equipo en aquel entonces.

Según el iracundo comentarista cántabro, Nozal recibió una mal llamada “puñalada trapera” de su propio compañero, quien según el tácito acuerdo, que no escrito, debía dejar que el dorado caminara por las espaldas de algunos de los compañeros que en la crono por equipos situaron a la ONCE delante de todos. Pero las circunstancias de carrera, agolpados y machacados por la tensión, no invitaban a florituras, y Purito mantuvo el liderato. Nozal se lo arrebataría sin alquimias ni pactos de alcoba metiéndose en una fuga que a la postre le situaría en la quiniela de lo único grande que ha tenido a su abasto: ganar la Vuelta de 2003, muy a su pesar.

Cuán diferente puede resultar un juicio de un día a otro, dependiendo de quién se siente en el estrado y lo que éste dispuesto a contar. Los escuetos mensajes tuiteros dieron cuenta, sobradamente, de la catadura de Isidro Nozal, una persona que más que tal fue algo inerte sobre una silla que casualmente pasó por la sala de la videoconferencia en el momento de testificar.

A Nozal le podían haber vaciado de sangre que dada su aprensión ni habría preguntado. Son ya tantas las veces que se toma por gilipollas al respetable que ya ni reparamos. Te sacan medio litro de sangre y es para un análisis. Este excorredor que acabó sus días con un triste positivo es el mismo que siendo líder de la Vuelta no pestañeaba en decir que lo que él quería es un camión. Perdió una carrera que tenía en su mano ante el empuje de Roberto Heras, alentado por el propio desconcierto mental que movía a su rival, y la desesperación de su director, Manolo Saiz, quien en un puerto madrileño explotó a tal punto que se peleó con un motorista, creo. Muchos años después no ha cambiado. Que le vaya bonito.

Y en el otro lado de la balanza Jesús Manzano. Del “no me acuerdo” y “yo no sé nada” a un catálogo de detalles y precisión sobre todas y cada una de las pastillitas, jarabes y polvetes para la punta del capullo y enmascarar el EPO en la orina. Las declaraciones de Manzano en el juicio de la Operación Puerto –complementadas con el morbo en persona que es José Ramon de la Morena cuando habla de ciclismo- no significaron nada nuevo frente aquel bombazo sacado con lujo de detalles hace nueve años en el diario As, un rotativo que entonces abría con un afamado central del Sevilla amenazando de muerte a Zinedine Zidane. Menudo crédito.

Del testimonio de Manzano queda la misma sensación que en aquel entonces. ¿Cómo puede existir en este mundo personas que se prestan a tales aberraciones con su propio cuerpo? Con todos los respetos hacia la profesionalidad, y supongo que incondicionalidad, que movía su persona, lo que Manzano explica es tan flipante, que el sólo hecho de escucharlo de su impertérrita boca significa que en esta vida las hay de todos los colores y quizá no hayamos visto ni el diez por ciento de lo que se nos propone.  Esperemos por que esto acaba de empezar.

Foto tomada de www.abc.es

 

El dopaje & ciclismo, esto no deja de sólo una parte

“El dopaje es al ciclismo lo que el clavo a la rueda”. Con esta sentencia Pedo J Ramírez apuntilló una de las entrevistas que Alberto Contador protagonizó en el ya extinto canal Veo 7 hace dos años. Una acción de limpieza de consumo doméstico para un corredor que por aquel entonces navegaba en un mar de dudas que rompió en el TAS meses después.

Pedro J defendió la limpieza y honorabilidad de Alberto Contador. Fue periodista, juez y parte. Sin embargo ello no le impidió soltar la terrible sentencia que adorna el inicio de esta entrada. El ciclismo no se mueve si no hay dopaje, vino a decir, justo después de defender al gran campeón que su segundo, Eduardo Inda, descuartizó tiempo antes en el Marca y que al poco tiempo tomaría parte en el Giro de Italia del cual sería desposeído.

Lo cierto es que el ciclismo se lo ha montado muy mal. Estos días por Madrid sólo pululan antiguos profesionales del gremio por los juzgados donde se debate la suerte de la Operación Puerto. El engendro que surgió hace casi siete años sigue ahí, en esas, radicado y centrado en el ciclismo, trufado en él, tan íntimamente ligado que quizá en vez de “puerto” cabría bautizarle “operación piñón”.

Pero lo cierto es que los temblores de la OP se miden fuera del ciclismo. El pasado domingo Xavier García Luque realizaba un repaso de los positivos más notables de la historia del fútbol. Fue una somera  y literaria aproximación a algo que cualquier persona con dos dedos de frente no puede omitir. Recogiendo el guante del periodista de La Vanguardia, ese medio que da cobijo al cándido Dagoberto Escorcia, Rubén Uría firma un artículo poniendo en cuestión lo que cualquier hijo de vecino se cuestionaría. Hete aquí la pieza.

Sí el fútbol. Oh vamos. El fútbol es la diana de sus diatribas. Curioso. Conviene frotarse los ojos. Al fin, con 2013 años transcurridos desde la muerte de Cristo en este bendito país veo algo realmente contundente contra algo que no sea el ciclismo. Un recopilatorio, no detallado por su extensión, pero sí significativo de las mierdas que sostienen este deporte en particular, y el Deporte en general.

Por que como muchas veces me ha tocado adoctrinar, existe un dopaje para cada momento y competición.  Conviene recordad cuál es el positivo más importante de la historia. Ocurrió en unos 100 metros lisos hace 25 años en Seúl. Lo arrojó Ben Jonshon. ¿Se les ocurren prueba más en las antípodas del Tour de Francia?

Laurent Fignon comenta en su libro que a recorridos más sencillos, más dopaje. Para el francés la ausencia de dificultades invitaba a que los podencos se creyeran caballos de carreras y ello abría el grifo. Sin caer en la tentación de “ya lo dijimos”, no se engañen, lo que acontece en Madrid es la punta del iceberg, la parte del todo, una pequeña muestra de lo que es la competición, la alta competición, un nivel de exigencia tal que miren sino la natación sincronizada y cómo están acabando cada una de las garantes de un éxito cuyo coste perdura toda la vida.

En el país de los ciegos Eufemiano fue el rey

Miremos unos años atrás, sobretodo estos últimos. Se suceden casos de dopaje, surgen nuevos nombres, positivos calibrados, otros soñados, algunos incluso insinuados. El ciclismo es un hervidero, un estercolero, diría yo, donde parece que la artimaña ajena nos conduce a justificar la propia.

Es realmente interesante lo que estos días se está diciendo en la sala donde se juzga la Operación Puerto y entronca con el prólogo de todo esto que fue la entrevista a Lance Armstrong hace ya un mes. Todos pensaban que lo hacían no era delito. Me refiero a reinsertarse su propia sangre. Sin embargo lo hacían a escondidas, en hoteles anónimos, en apartamentos, en sencillas viviendas de discretos barrios.

Lo curioso es que cómo Eufemiano y su red omnipresente sabían tratar a cada chico que caía en sus manos como si éste fuera el único que tuviera en nómina. No sé, pero Jan Ullrich por ejemplo debió pillarse un buen puteo cuando consciente de pagarle una buena pasta al ginecólogo canario, supo que quizá lo hizo en el convencimiento de que Eufe estaba en exclusiva con él, aplicándole un plus a su minuta.

Como bien recuerda Chema Rodríguez recuperando una columna firmada en su querido Meta 2Mil hace poco menos de diez años, la competición estuvo en manos de este médico que dijo mirar por la salud de sus pacientes y sin embargo en ocasiones podios enteros estuvieron bajo su influjo. Recuerden el tema de las bielas y Angel Casero que el semanario ciclista por excelencia sacó a relucir. Esa Vuelta de 2001 donde el mismo galeno administró la suerte de los dos mejores ciclistas, Casero y Sevilla. O la Vuelta a Suiza de 2006 en la que el podio entero, Ullrich, Koldo Gil y Jaksche figuró en las posteriores pesquisas de la Guardia Civil.

De cualquiera de las maneras lo en la sala donde se ciñen las formas e influencias de la Operación Puerto se constata una cosa. En el ciclismo todos están ciegos. Nadie sabe nada de lo que acontece en la habitación de al lado, y lo más preocupante, los directores y responsables de equipo son los primeros. Es decir Ivan Basso emprende una carrera hacia las cloacas del dopaje, Jaksche lo mismo, y costeando los importes él mismo sin que nadie en el equipo sepa o sospeche de ello. Eso sí, entra en contacto con Fuentes por su director, pero ahí acaba todo.

Ni siquiera llega a pensar si sus compañeros emprendieron idéntica decisión que él. Imaginemos que entre ellos no hay diálogo, que no tercia palabra. Una vez más lo de siempre, medias verdades y declaraciones incompletas. Se quejaba Jaksche de que los perjudicados son siempre los ciclistas. Que ellos pasan los controles y purgan el castigo. Sin embargo una vez más creemos que el principal perjudicado es el de siempre: el ciclismo.