Perico, Orbea y la niebla de Luz Ardiden

Perico Luz Ardiden JoanSeguidor

Curiosamente, aquella tarde, la niebla de Luz Ardiden alumbró el camino de Perico

La historia de hoy ocurre entre dos nieblas, la del recuerdo carcomido por 35 años y la de Luz Ardiden envolviendo la hazaña de Perico.

Hasta la década de los ochenta, muchos vericuetos habían llevado a la fábrica de Orbea hasta una situación límite.

La floja gestión de la tercera generación de la familia, con el que fuera alcalde de Eibar al frente, Esteban Orbea, dejó la empresa, entonces sociedad anónima, al pie de los caballos a finales de los sesenta.

Luego, a partir de 1969, la empresa encontró acomodo entre sus propios trabajadores, quienes un día tomaron la decisión de hacerse con el mando de nave en medio de una tormenta perfecta: una competencia muy fuerte como la de BH, una percepción de marca pesada y anticuada, una cruda crisis económica, una plantilla con elevada media de edad, una tesorería maltrecha,…

Pero de aquel atolladero se salió sentando las bases de una época más floreciente cuando el mundo entró en los ochenta.

Hubo alguien, Peli Egaña al frente, que un día pensó que a Orbea le vendría bien un equipo ciclista para acabar de redondear su presencia en el mercado.

Se decidió retomar la historia de los “antiguos Orbea”, como le gusta decir a Txomin Perurena. Los Cañardo, los Montero, los Berrendero,… tenían ahora herencia, cincuenta años después de sus malandanzas.

Y se pusieron a ello, un puñado de entusiastas ciclistas, con dos símbolos por bandera llamados Peio Ruiz Cabestany y Jokin Mujika, un tipo cuya humildad abruma.

Con ellos en vanguardia se sacó un equipo pro en 1984 que tuvo continuidad al año siguiente con uno de esos fichajes que tuercen la historia de una marca, de una empresa y por ende de cientos de familias.

Pedro Delgado recaló en Orbea en 1985, con el copatrocinio de Gin MG en la Vuelta  y Seat en el Tour.

Julio Delgado le dijo a su hijo, en el momento de saber del interés de la firma vasca, que “muchas bicis habrán de vender estos para poder pagar tu sueldo”.

Pero pudieron y Perico apostó por Orbea, equipo en el que estuvo un año, pero qué año.

El año que cambió la suerte de la cooperativa.

Hace cinco años por estas fechas se conmemoró en Navacerrada un acto que recordaba las tres décadas del triunfo del segoviano en la Vuelta a España, aquella que sin obedecer a otro objetivo que ganar la etapa, acabó llevándose tras galopar con Pepe Recio en medio de la niebla física e informativa, porque las referencias que manejó el líder, Robert Millar, aún hoy siguen siendo más misteriosas que las brumas de Navacerrada.

Al poco tiempo, Perico ganó en Luz Ardiden la etapa reina de los Pirineos, también en medio de la niebla, entre cortinas de confusión y emociones cruzadas pues nadie sabía cuán cerca venía el «Jardinerito» Lucho Herrera. Fue otro día memorable, como si la pizarra del hotel se encajar en los muchos kilómetros que van desde el Aspin a Luz Ardiden, pasando por el Tourmalet.

Una victoria de equipo, con Pepe del Ramo, el hoy mentor de Catlike, Peio y Perico encadenados a la memoria del momento.

Un triunfo con tantas interpretaciones como actores intervinieron.

Al año siguiente Perico no siguió en Orbea, pero el segoviano había torcido la historia, la había enderezado.

Tras años de incertidumbre financiera, con la familia en su últimos momentos de gestión y los complicados arranques de la cooperativa, la firma de origen eibarrés habían encontrado el camino para ser lo que es hoy.

Orbea no se merece ese vídeo de Ibon Zugasti

Orbea Ibon Zugasti JoanSeguidor

El vídeo de Ibon Zugasti oliendo unas bragas le hace un flaco a la enorme historia que respalda la marca Orbea

La red ha prendido fuego con las bragas que Ibon Zugasti se saca de la maleta y huele ante las audiencia.

Si quiere ruido Ibon, lo ha logrado, si la marca con la que se identifica, Orbea busca clicks y visualizaciones, también.

Si el resultado cuenta, los medios no, perfecto, si entran en juego otras cosas, que creo que deberían entrar, el efecto es dudoso.

Conozco a Ibon Zugasti de su época del Montcada, cuando te arrinconaba cuando te pillaba por banda contándote sus ilusiones, el trabajo que dejó por la bicicleta y todo lo que ésta le había dado.

Era dinamita, lo mismo que ahora, lo único que hoy es un tío muy seguido, con parroquia a favor y en contra, diría casi a partes iguales y cada cosa que hace, pesa.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Ibon ha mamado la bicicleta desde la raíz, si está en esto es por la pasión que quizá otros, en su lugar, no tienen, porque son sencillamente advenedizos.

Desde su época en el «estrellato», han sido contadas las ocasiones que le hemos visto e incluso un día pasó por este mal anillado cuaderno para explicar lo que es el Tro Bro Leon, esa carrera bretona del mes de abril.

Admitimos que no le seguimos en exceso, pero nos admiramos de lo que mueve y es capaz de generar recordando ese treintañero que hace quince años te abordaba para explicarte su vida.

Hoy es, camino hacia los cincuenta, uno de los youtubers ciclistas de cabecera.

 

Sin embargo su último vídeo era imposible no verlo ni saber de él.

Destripa la maleta para la audiencia y se saca el comodín para que se hable hasta la eternidad.

La prenda negra, ropa interior, las bragas de su chica, entiendo, es el comodín y una mala elección.

Yo sé que apabullarán a visualizaciones, ruido y esas cosas, pero creo que el efecto es el contrario al deseado.

Le han dado hasta en el carnet y creo que con razón,

Nos apena, lo decimos de verdad, que Ibon haya caído en una trampa que en la vorágine de vídeos y la presión de tener contenta a la audiencia quizá no sea tan difícil caer.

Pero ha caído y creo que Orbea con él.

 

Porque Orbea podrá aducir que es un vídeo de su canal de Youtube, que nada tiene la marca que ver en el mismo, pero es que la marca viste al personaje, desde la gorra, hasta los maillots que saca en el vídeo y luce por las carreteras.

Es así, claro y meridiano,

E igual que nos apena que Ibon haya caído en algo tan zafio, nos entristece que Orbea vaya en el pack.

Se cae en una trampa que pone de salida a la mitad de la clientela de marca, el público femenino, en un momento que hay más chicas que nunca practicando ciclismo y las que sigue llegando.

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Se ofende a la otra mitad, el masculino, que no espera ver concluir un vídeo con una persona oliendo unas bragas.

Que es ciclismo, es bicicleta, no es otra cosa, ni necesita de ese picante.

Es ponérselo fácil a quienes esperan esto para atacar.

SQR – GORE

 

Orbea es una cooperativa que el próximo año cumplirá 180 años, es el apellido de una familia que puso en Eibar un pequeño taller que acabó llegando a todo esto.

Es una cooperativa que se llena de personas de Eibar, Mallabia, Ermua, y toda esa tierra que aprendí a amar por raíces familiares y sentimentales, pues tuvimos la suerte de retratar una historia singular como pocas.

Porque cada tornillo, cada lasca de pintura de una Orbea es una herencia de 180 años, nos apena que hoy la marca se relacione con Ibon oliendo unas bragas.

Hoy soy un poco más del Eibar

Hace un par de años pude conocer con algo de detalle Eibar, su cuenca, su historia y lo que más nos movía, su bicicleta. En el proyecto de los 175 años de Orbea, indagamos y supimos de una tierra que por muchos motivos te marca. Conocimos gente que nos explicó eso del “gen” eibarrés, algo que creo surgió el mismo día que una persona puso el pie en esos valles tan complicados e inhóspitos, imposibles de domar y con la única opción de quemar la leña para trabajar el hierro para salir adelante.

De ese trabajo, supimos de la pericia que inundó la cuenca del Deba. Como el día que no vieron futuro en las armas, utilizaron esos tubos para hacer bicicletas y de éstas como surgieron grandes competiciones que llenaron de gloria los festivos de esa tierra que es verde, pero también azul, azul de Bergara, como los buzos de los obreros que dejaban la máquina para ver pasar un pelotón y cuyo homenaje quedó impreso en los maillots de la Bicicleta Vasca.

Eibar es al ciclismo en España lo que Flandes en el universo. Es un ombligo, adelantada en muchas cosas, ahora que se celebra el día de la mujer, aquí la mujer casi siempre llevó un sueldo a casa, también lo fue en la bicicleta gracias a esas familias que la hicieron crecer: los Gárate, los Beistegui, los Orbea,…

Eibar además es laboriosidad, saber hacer, paciencia, fuego lento. A quienes nos gusta seguir el fútbol, pero no la pasión y la desmesura, el fútbol de verdad, el que se explica y no se chilla, el Eibar es un ejemplo profundo de cómo es esta tierra: modesto pero ufano de sus raíces, artesanal, del pueblo, en un estadio que no puede crecer, porque la montaña le empuja,… por donde cada semana desfilan los mejores futbolistas del mundo.

Ese Eibar que está en la parte noble de la tabla, ese Eibar que inunda de azulgrana balcones, el Txoko, el Arkupe y otros sitios de reunión, apoyará el Memorial Valenciaga a través de su fundación. “Una forma de devolverle a la sociedad lo que nos da” dice la presidenta del equipo que viste como el Barça, porque no sé qué año ni en qué competición, el Barça les dejó las camisetas para salir al campo y ya nunca dejaron esos colores.

Pocas veces encontramos comunión entre el fútbol y el ciclismo y sí en algún sitio maridan tenía que ser en Eibar. Yo conozco gente de la Eibarresa y sé lo complicado que lo tienen para sacar adelante la mejor carrera amateur de España, cosa que parece mucho, pero que en el fondo no es tanto, porque la historia está llena de torres muy altas que acabaron cayendo. Sé del rally de patrocinios que afrontan cada año, y muchas veces con teléfonos que no responden y puertas que no atienden. Sé de todo eso y por eso me alegro muchísimo que el Eibar, en los mejores años de su historia, se acuerde de los suyos y mantenga vivo ese monumento que aupó a Freire, Purito, Rosón y compañía.

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Fuego es competición

Sabéis que no nos gusta mucho hablar de un servidor, pero queremos en este momento mostraros la primera pieza de otras cuatro en las que hemos trabajado enconadamente este año. Como sabéis Orbea ha celebrado el año pasado 175 primaveras y con el libro que tuve el honor de escribir se sacaron cuatro vídeos de los cuales os traigo el primero.

Fuego es competición, cuando estructuramos la historia de los 175 años, pensamos en los cuatro elementos para explicar todo este embrollo de tres siglos diferentes. Fuego, como digo, es competición, y arranca con nuestro querido Mariano Cañardo -El primer campeón- y sigue por nombres que tejen la historia de la marca pero del ciclismo en general: desde un Txomin y Marino, que aguantaron estoicamente el frío de Arrate, hasta Julien Absalon pasando por Samuel, Perico, Mayo y Laiseka. Un historia que os invito a ver…

¿Orca? ¿qué es Orca?

En 175 años de historia podréis imaginar que todos los estadios son posibles en una empresa: de coquetear con la gloria a caminar por el más denso fango de los malos momentos. Como en la viña del señor hay de todo, pero lo mejor es que de cada cosa se aprende y ahí está clave del movimiento, que como en la bicicleta cuando te paras, te caes.

Pero hubo un momento que la gente de Orbea puso sobre la mesa las claves para manejar su futuro, sin depender de los estrechos márgenes las grandes superficies que reventaron a bicis el mercado con el boom de Indurain y la dictadura, dicho sea con cariño, de los grandes proveedores, que con los cambios anuales de los grupos, desactualizaban el catálogo cada poco tiempo.

Por eso entraron en el debate de ir a una bicicleta que diera margen y control sobre el producto, un anhelo complicado de lograr con el aluminio, pero que, con la irrupción del carbono caló, hondo en el grupo de ingenieros que tenía la responsabilidad de materializar ese paso adelante.

Y lo hicieron, vaya si lo hicieron, con un molde estéticamente impactante, que no dejó neutral a nadie. “Recuerdo cuando cogimos por primera vez ese cuadro -contó Samuel Sánchez-. Era realmente novedoso, nadie se quedó indiferente”.

Ese cuadro de formas redondeadas rompía con lo anterior, fue premiado ampliamente, se acompañó de los grandes éxitos del Euskaltel y dio en la diana del corazoncito de muchos aficionados. Fue el boom que esperaba la marca.

Bautizarlo fue curiosamente simple. Como diría Joseba Arizaga, el maestro de ceremonias de la casa para las bicis de carretera: “Lo más sencillo es lo más resultón”. Le llamaron Orca, es decir, la suma de Orbea y Carbono. Acrónimo directo, fácil y redondo que aquí es mucho más que un modelo o una serie, es el símbolo del punto de inflexión de una casa que se entregó a la bici como forma de salir adelante en años complicadísimos.

Muchos años después sigue siendo el emblema a la proa de la casa nacida en Eibar hace ya 176 años.

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Mi viaje al corazón de Orbea

Cuando recibí el encargo de escribir el libro de los 175 años de vida de Orbea, me surgieron varias preguntas, pero una principal : ¿Por qué se fijan en un escritor barcelonés para tal cometido?. Hizo falta una primera toma de contacto para saber el motivo. Desde el primer día, el primer apretón de manos, las primeras palabras, quedó claro el objetivo: abrir las puertas de la casa Orbea de par en par. Lo que hay en ese libro es así, sin cortapisas, sin filtros, es tal cual, la historia de una empresa que hecha raíces en 1840 con avatares repartidos en tres siglos diferentes y multitud de vicisitudes históricas por medio.

Y así empezó el viaje, y espero no dejarme a nadie, porque además de injusto, delataría la frágil memoria que define nuestro tiempo. Abrieron las puertas de su fábrica de Mallabia, y conocí a los socios fundadores, gente que hace cuarenta y pico años jugaron con sus ahorros y desvelos para sacar adelante una empresa al borde de la desaparición. De aquellas personas, hay muchos testimonios hoy y algunos vivos, muy vivos, pues las generaciones venideras entraron por ellos y admiten en confianza que en su casa “Orbea era el tema de conversación en las cenas. También hablé con los Orbea de sangre, los que conectan con los tres hermanos y hermana, y en su corazón siguen llevando muy adentro lo que fue la marca que llevó su apellido.

Su tiempo fue el de Eibar, cerca de donde están ahora. La imposibilidad de crecer les llevó al otro lado de la frontera, a Bizcaya, a Mallabia. En esa mudanza Carmelo Urdangarín se empleó a fondo, también para explicármelo. Igual que la terrible gestión de los ochenta, momentos críticos en los que Ignacio Ciarsolo y Jesús Baranda tomaron el testigo de decisiones no siempre gratas, más tratándose de una cooperativa. Pero salieron a flote y llegó Miguel Ocaña con la apuesta de la gamma alta, producto propio e internacionalización en un mercado que no compraba las BTT que sobraban. Hoy Jon Fernández es el rostro más reconocible, pero un grupo de inquietos colaboradores le secunda.

Y en ese círculo conocí a Miguel Angel Estandía que me contó lo de hoy, lo de ayer y lo de anteayer, a través de su encantador padre, y a Aitor Larrañaga, que fue el que dio forma a las primeras bicicletas de la cacareada “gamma alta», y Miriam Bengoetxea, que es tan encantadora hablando como conocedora del trenzado del carbono, y a Joseba Arizaga, que sabe de todo y mucho, y a Xabi Narbaiza, que es gen eibarrés en el carcasa de la BTT, y a Jon Coloma, que comanda la suerte de Orca, y a Juan Carlos Nájera que idea Monegros, la Vitoria Gran Fondo… también a Pilar, venida de Zeus, qué más puedo decir.

Ideas e ideólogos, pero las ideas necesitan escaparate donde probarlas y sus atletas  no escatimaron tiempo en colaborar. Ahí estuvieron personajes que tenía en estima y que en persona corroboraron lo bueno que me transmitían. Sí Marino Lejarreta, sencillez en lo que dice y hace,  Jokin Mujika, lo mismo pero con una sonrisa más generosa si cabe, Roberto Lezaun, la simpatía en persona, Andoni Olaberria, timidez donostiarra, y Samuel Sánchez, que en su garaje guarda el 99% de las Orbeas que utilizó en los grandes momentos. Emergieron el perenne encanto de Txomin Perurena, la infinita memoria de José Kruz Mujika, la espontaneidad de Laiseka, la timidez de Egoi Martínez y la complicidad de Iban Mayo. Ah, e Ixio, un duende entre bicis y maillots.

Y de Perico, qué decir de este tipo que rara vez cae mal, pues que las dotes de televisión las llevó al corazón de la fábrica con una soltura tal, que hasta los cámaras iban a su ritmo y no al revés. Qué suerte tuvo la marca, cuando en los críticos ochenta pensó en él.

Y de esta manera dimos forma aun libro, un libro en el que sale mi rúbrica, pero considero coral, porque sólo cuando te abren las puertas de la casa de par en par, te la enseñan, te conducen por ella y te tratan bien, sin condiciones sale algo que merece la pena. Ese libró corrió por las manos de los invitados al acto de este jueves, en el que muy a mi pesar no pude estar, porque no tengo el don de ubicuidad, pero estuve en corazón, porque desde hace un tiempo mi corazoncito es un poco azul. Gracias Ander, gracias Arantza. Zorionak Orbea.

Y Txomin volvió a dirigir a Marino

Marino lejarreta al Giro 2018

Señaló al cielo. Rodeó la nube con su índice. “Esas nubes pueden traer lluvia” indicó. “Vienen del oeste, todas las borrascas llegan por ahí” concluyó Txomin. El frío invade Arrate, la cima eibarresa, verde, gélida y húmeda. En pleno enero, el lugar está desierto, tranquilo, solo, sin nadie que interfiera, ni voces que se confundan con las reflexiones de Txomin Perurena, acompañado de Marino Lejarreta y José Cruz Mujika, el hermano mayor de Jokin, rememorando sus años en el equipo Orbea.

Marino, joven, ganó la Vuelta a España en la puñalada que Angel Arroyo siempre llevó consigo, por ese positivo sacado a la palestra cuando la carrera había ya concluido. Marino vestía los colores del Teka de su padre Txomin y decidió probar lejos de casa, en Italia, en el equipo alfa Lum. En aquel paso Txomin le aconsejó, sabiendo que la experiencia internacional iba a ser buena para esa perla surgida de Berriz, en los contrafuertes de Urkiola, donde el ciclismo palpita con la gente y la tierra.

Marino quemó varios años en el Alfa Lum, uno de ellos, el primero, fue el de su triunfo en la primera ascension a los Lagos de Covadonga, en un pulso franco y sin intermediarios con Bernard Hinault. En el otoño de 1983 se supo que Orbea iba a ser parte del peloton profesional. La fruta en las piernas de Peio, Jokin y compañía había madurado lo suficiente. Para la empresa llamaron al mago de Oiartzun, a Txomin, otra vez en el redil, seducido por Peli Egaña, a la causa azul.

Y Txomin trabajó en la plantilla lanzando a los cuatro vientos un anhelo que tardó en plasmarte: “Marino y su hermano ismael estarán en Orbea”. Pasaron dos años para que aquello fuera una verdad. En 1986 Marino estuvo en casa, en su casa, con el mentor de su vida, con Txomin, y la marca de la bici de su padre, Orbea, en una campaña complicada que se solucionó el día que ganó una contrarreloj en cuesta en El Naranco con los mejores de la Vuelta a su rueda. Al siguiente año, con los colores del Caja Rural, Marino completaba por primera vez las tres grandes en un año.

Este domingo en Ordizia, treinta años después, todo aquello que quedó en la nebulosa de la memoria volverá a ser una realidad. Marino es homenajeado en Ordizia, el lugar que da vida a la clásica y por el recorrido de ésta rodarán muchos de los que un día compartieron vida profesional con un ciclista que fue un grande sin duda, una persona que muchos años después conserva el encanto de una modestia que no se dobló por la ambición alimentada por el trabajo concienzudo y constante. Txomin lleva el equipo de Marino, el ciclista que se merece este homenaje y mucho más.

Ese pequeño ciclismo que tanto nos gusta

Curiosa, interesante y fenomenal charla que he tenido esta mañana con Jon Odriozola. Cansado y ojeroso, citamos al director del Murias para hablar de su periplo al frente del Orbea continental que se integró en la estructura de la Fundación Euskadi allá por 2005.

«Categoría continental», bonita palabra. Tiene eso, unos diez años. Surgió como peldaño intermedio, escalón para acceder al máximo nivel. “Le das la opción de correr al chaval con pros, tener su primer sueldo, contar con el mejor material” remacha Jon, un tipo que corroboró en persona la opinión que me merecía antes de conocerlo: una persona que merece suerte porque además en la suya va la de no pocos chavales que buscan salir adelante en esto.

Tuvo, por circunstancias del guión, que dirigir el Euskaltel algún año dejando su proyecto continental en el camino. Sin embargo él siembre extrañó el ciclismo que vio hace diez años con un equipo que se mantuvo hasta 2012, y que ahora revive con el Murias.

Y entonces pasó a describir lo que ocurre en las carreras de segundo nivel en Francia. Me habló de una carrera mágica como el Tro Bro Leon, de Plumelec,… de carreras con organizaciones de Pro Tour pero con caravanas y caravanas de gente en la cuneta, haciendo cola, esperando el turno para ver a los pros pasar volando. Carreras donde los World Tour franceses se arremangan y bajan a lo que fueron sus raíces: ciclismo virgen, corrido a pelo, con estrategia, obviamente, pero con el corazón. Ciclismo como el de los Cuatro Días de Dunkerque por ejemplo.

Un ciclismo pequeño si quieren, pero auténtico, sin cámaras de grandes medios para pervertirlo, corrido en coros de gente, que lo sienten como suyo, porque les visita a la puerta de casa. “Sin esas salidas y llegadas despobladas de la París-Niza” rememora Jon, porque ese ciclismo es del que un día u otro salieron todas las estrellas.

Ahora el Murias afina el tiro para una carrera especial, la Ruta del Sur, en la que chavales cargados de ilusión compartirán pelotón con los dos últimos ganadores del Giro, Nairo y Contador. Espero que, a pesar de los pesares, y las invisibles dificultades que rodean cualquier cosa que se quiera emprender en ciclismo, Jon tenga la suerte y el apoyo de seguir adelante. Se lo merece él, y ese “pequeño ciclismo” que nos reconcilia con esa esencia que muchas veces creemos perdida en el camino.

Foto tomada de http://www.ouest-france.fr

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