Mundiales de leyenda: Esa tarde de Oscar Freire en Verona

Mundial de ciclismo- Verona Oscar Freire JoanSeguidor

En Verona empezó y acabó el idilio de Freire con los Mundiales

Recuerdo aquellos días tempranos de octubre de 1999, la semana que conducía al Mundial de Verona, el primero de Oscar Freire.

Recuerdo pesimismo, Paco Antequera justificando una alineación ajena a las estrellas, con un bloque plagado de incógnitas, sin certezas.

Era un mal muy extendido en aquel ciclismo español, acostumbrado a a abundancia de Miguel Indurain, de Abraham Olano.

Pero si veníamos de un oro y plata en el mundial contrarreloj, un año antes, firmado por el mentado Olano y Mauri, segundo.

Esos días en Verona, Iván Gutiérrez se había colgado el oro en la crono sub 23 marcando el camino de otro cántabro hasta la historia hacia la inmortalidad.

Por que lo que sentimos entonces, viendo la evolución de Freire por el Mundial de Verona, lo ratificamos hoy.

Siempre delante, bien ubicado, atento, marcando lo que sería su carrera, saber pescar en río revuelto, entre estrellas rutilantes como Casagrande, Ullrich y VDB, que aquellos días volaba.

Cuando Freire nos contó su milagro de San Remo, explicamos aquel Mundial en Verona… la historia de un ciclista único.

Teledeporte nos lo recupera hoy.

El primer Mundial de Oscar Freire se consiguió entre un grupo de estrellas saliendo de la nada…

Recta final del Mundial de Verona.

Apenas 500 metros para meta.

Allí están las grandes figuras del ciclismo mundial, vigilándose entre sí.

Es el momento decisivo de la carrera.

Un despiste, una mala colocación, un pequeño corte o una rueda inalcanzable, y todo se iría al traste.

Y eso, después de 16 vueltas a un circuito de 16,25 kilómetros, habiendo tenido que superar la dura tachuela del repecho de Torricelle: 1,4 km al 9%.

Llevan más de 6 horas de pedaleo por un auténtico recorrido rompe piernas.

Todos se preparan para el esperado desenlace final abocado al sprint. El pequeño grupo de elegidos está integrado por nueve corredores.

Llevan un rato zigzagueando, jugando al gato y al ratón.

Hay un pequeño parón.

De repente alguien ataca: ¡se trata del único integrante de la selección española!

Los Zberg, Robin, Casagrande, McRae, Camenzind (actual campeón y portador del maillot Arco Iris), Vandenbroucke, Ullrich y Konyshev, se miran unos a otros.

Apenas unas décimas de segundos de dudas. Para cuando se dan cuentan, el «tapado», que había saltado por la derecha como una flecha, ya había cogido unos cuantos metros de distancia.

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Los suficientes.

Tan sólo cuatro segundos de margen que le sirvieron para levantar los brazos: ¡Campeón del Mundo de fondo en carretera! El segundo español en lograrlo tras Abraham Olano.

¡Sí! ¿Pero quién es? -se preguntaba la gente.

¡Es Óscar Freire! -narraba con voz entrecortada el recordado Pedro González.

El instante que Oscar Freire lo cambió todo

Recuerdo aquel momento.

Nadie se lo esperaba.

Sí, venía un español en el grupo de elegidos pero nadie hubiera dado un duro por aquel desconocido chico que, eso sí, había aguantado con los mejores hasta el final.

Bastante había hecho. Pero no se conformó. Afortunadamente.

Cuando saltó del pelotón yo salté con él, de golpe, para acercarme hasta la televisión y no perderme aquel histórico momento con todo detalle.

No me lo podía creer. Igual que un emocionado Pedro González que gritaba y no se creía lo que estaba pasando.

Como Perico. Como toda España.

Freire seguía avanzando. Nadie había sido capaz de ponerse a rueda. Continuaban vigilándose. Demasiado tarde. Todos brincamos de alegría con la tremenda sorpresa.

Pedro González no paraba de reír. De felicidad. Y Perico.

Con tan sólo 23 años se convertía en campeón del mundo.

Nadie se lo creía pero Freire ya era increíble.

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Óscar Freire Gómez, de Torrelavega (Cantabria), nacido el 15 de febrero de 1976, maillot Arco Iris contra todo pronóstico, estaba en aquel momento allí, en Verona, igual que se podía haber quedado en casa viendo la prueba por televisión.

Y lo corrió porque Paco Antequera, el seleccionador, había confiado en él ciegamente.

Freire, que no era cojo, ya había sido subcampeón del mundo aficionado en ruta en San Sebastián en 1997.

Y Paco lo vio correr allí y se fijo en él.

Ahí empezó todo.

Por resultados Freire no debía haber estado nunca en Verona.

Bueno, eso pensaban muchos periodistas que criticaron la decisión de Antequera.

Pero ambos les callaron la boca. Y de qué manera.

Quizás no sabían que Óscar llegaba en un excelente estado de forma, que había competido poco pero entrenado mucho. Apenas 11 carreras aquella temporada. Algunas molestias físicas en forma de dolores de espalda, de lumbares, de rodilla derecha e incluso un inoportuno pliegue muscular, hicieron que estuviera muchos meses sin competir.

ero él siguió entrenando, incluso con molestias. Hizo mucho fondo, llegando hasta los 230 kilómetros en una sola jornada.

Pero aquel día, en la línea de salida en Verona, era un perfecto desconocido para el ciclismo mundial.

Decían que aquella selección era la más débil de los últimos años, pero Antequera lo tenía claro.

La consigna para la carrera estaba definida: tener a Freire y a Martín Perdiguero lo menos desgastados posible durante los 228 kilómetros de recorrido para encarar con posibilidades las dos últimas vueltas.

Y vaya si lo consiguieron, protegidos por un gran Jon Odriozola que supo llevarlos tranquilos.

Muy bien lo tuvo que hacer el guipuzcoano porque Perdiguero se dejó ver y Freire ya sabemos lo que fue capaz de hacer, corriendo con mucha inteligencia y siempre en el grupo de cabeza, apareciendo en el instante oportuno.

Soy globero, ¿y qué? Anécdotas, historias, puertos, rutas y mucho más

En ningún momento perdió la serenidad con exhibiciones de fuegos de artificio. Para nada. Su carrera fue perfecta. En aquel mundial sabía que no le iban a vigilar mucho porque nadie le conocía. Eso le facilitó bastante las cosas, pero no le quitó ni un ápice de mérito a su victoria.

Demostró ser un corredor muy listo, con fuste de líder, y en las temporadas siguientes acabó consagrándose como lo que era, un gran campeón, repitiendo título mundial en Lisboa 2001 y sobre todo, de nuevo, en su ciudad talismán: Verona en 2004, consiguiendo su tercera corona, éxito sólo al alcance, en aquel momento, de los Binda, Merckx y Van Steenbergen.

Aquel domingo 10 de octubre muchos pensaron que aquello tenía que ser solo flor de un día, que había sido un milagro o que había sonado la flauta de casualidad, incluso se habló de la mayor sorpresa en un Mundial desde que un holandés ganara a lo «Ottenbros» el campeonato de 1969 en Zolder (Bélgica). Pero Freire era diferente, era un Óscar de Oro.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de Velominati

Milán-San Remo 2004: El mejor milagro de Óscar Freire

Freire Milan San Remo 2004 JoanSeguidor

La imagen de Freire superando a Zabel en la meta de Milán-San Remo 2004 ha pervivido todos los tiempos

Aquella tarde de sábado, mes de marzo, año 2004, la Milán-San Remo entró en el imaginario eterno de Oscar Freire.

Aquella llegada era dura, una carrera lanzada 300 kilómetros, comprendiendo que cualquier rueda, en la Via Roma, podía ser la buena.

Oscar Freire en el caos hacía de la necesidad virtud, un camino que le dejó su primera Milán-San Remo, la de 2004, ganaría otras dos, en bandeja.

Le entretenemos un rato y nos cuenta…

Oscar ¿Cómo llevas estos días?

«La verdad es que estaba algo advertido, tengo amigos italianos que hace días me contaban todo lo que estamos viendo aquí estos días. Tengo la suerte de vivir en una casa y las horas pasan más rápidas»

Este sábado deberíamos estar mirando San Remo y lo que por sus alrededores pasara. ¿Qué sitio ocupa la Milán-San Remo en el corazón de Freire?

«Es una carrera única, la más especial, la que más quería. Visto ahora, y entonces, es una carrera que puedes perder en cualquier momento y ganar sólo al final»

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Algo que a ti se te daba bien

«Siempre he sido hábil en estas circunstancias, en sortear los problemas durante la carrera, buscar la rueda buena. Siempre hubo gente con más físico que yo, pero no con la técnica suficiente para sacarle el mejor partido»

¿Eso se llama intuición?

«Posiblemente sí, sabía moverme bien, ahorrar fuerzas y la suma de todo eso acababa marcando las diferencias. Quien me haya visto competir de cerca, seguro que te lo puede decir. La experiencia también suma, ves los peligros venir. La primera vez que sufrí un abanico fue en una carrera juvenil, en Arévalo, me quedé en el penúltimo grupo. La siguiente vez que me pasó, ya de pro en una Vuelta a Castilla y León, lo vi venir y acabé en el grupo delantero ganando el sprint»

Grande…

«Es más, puedo decir que nunca me he caído disputando un sprint, en eso hay suerte, pero también intuición. Recuerdo una Vuelta, llevaba dos triunfos de etapa, que no me metí en un sprint por que pensaba que iba a ser peligroso y en efecto, hubo una gran caída al final»

Volviendo sobre San Remo…

«Es una carrera top, para mí la más importante tras el Mundial». 

Tú la conociste en Mapei

«Como italianos la tenían en alta estima, pero no la ganaron nunca. Curiosamente lo logramos ciclistas que llevamos su nombre en el pecho –a Freire sumarle Pozatto, Bettini y Cancellara

Menuda edición aquella del 2000

«Había mucho gallo en aquel equipo, yo era el campeón del mundo pero estaban Museeuw, Bartoli y otros con muchos galones. Era un equipo fuerte y a veces pasa que cada uno defiende sus intereses»

Han pasado ya veinte años

«Nos hacemos mayores, ves fotos de entonces, las comparas con ahora y…»

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Freire en aquella Milán-San Remo de 2004

«Era mi segunda San Remo con Rabobank. Ya no era el de cuatro años antes, conocía la carera, dónde estar, cómo moverse. Cada año es diferente, pero la experiencia ayuda. Sabía que era mi carrera»

Rabobank era una historia diferente a Mapei

«Rabobank corría para mí. Tenía a Flecha, a Horrillo… con los años incluso pude tener la ayuda de uno que acabaría ganando, Alexander Kristoff quien seguro tomó nota de cómo afrontaba la carrera. La diferencia entre ganar y perder esta carrera era muy pequeña, a veces llevaba una sensaciones horribles y acababa ganando, pero también pasaba al revés»

Vamos a por la edición de 2004 ¿Cómo fue la aproximación?

«Recuerdo que hubo una pelea con Zabel por cogerle la rueda a Petacchi que llevaba a su Fassa tirando. Yo iba tras él, y Zabel se aproximó, intentó echarme dos veces y al final decidí que esa guerra no me convenía. Le dejé pasar»

Y luego

«Trentin lanzó el sprint, Petacchi saltó muy pronto y Zabel con él. Se precipitó, casi no había tiempo para remontarle, pero lo logré por levantar las manos. Le devolví la moneda»

¿Qué moneda?

«Unas semanas antes en la Vuelta a Andalucía cuando me ganó una etapa en Almería que yo celebré antes de tiempo»

Aquella imagen quedó icónica…

«Sí, quedó para la historia. No fue la única vez que logré un triunfo así, una vez en Tirreno le gané una etapa a Cipollini por celebrarlo antes de tiempo»

¿Lo habéis comentado muchas veces Zabel y tú?

«Sí desde luego. Zabel fue un gran ciclista, pero también una gran persona y tuve una gran relación con él»

¿Estuviste con él en Katusha tu último año?

«Así es. Fue director técnico en Katusha la temporada que corrí con ellos. Recuerdo que en la primera reunión nos dijo que iba a ser nuestro instructor para los sprints y Purito le preguntó si podía enseñarme algo a mí»

Siempre tan cachondo… para acabar un deseo para este presente tan incierto

«Que el año que viene estemos disfrutando de nuevo de la Milán-San Remo»

 

 

Aquellas Milán- San Remo de Oscar Freire

Oscar Freire Milan San Remo Joanseguidor

Freire hizo historia en la Milán-San Remo y ésta tuvo a uno de los más grandes de siempre

He leído que algunos aficionados se han referido a la edición 2013 de la Milán-San Remo como la del año I d.F. (año uno después de Freire).

De entrada me pareció simpático, pero pensándolo con más calma, el apunte tiene más fondo, ciertamente: Esta nueva era para el ciclismo español en las grandes clásicas que se inaugura este fin de semana será la primera sin Óscar Freire, sí, pero más allá de la anécdota, su retirada es ley de vida, lo que asusta es un horizonte sin relevo para el cántabro.

Sé que no soy una excepción si admito sin tapujos que adoro la Classicissima gracias a Óscar.

Su mágico kilometraje, su recorrido casi invariable en decenas de años y su siempre emocionante final me cautivaron por culpa de un chaval de Torrelavega que llegó para hacer saltar por los aires mi esquema mental de típico aficionado español ‘¿dónde-están-los-puertos-de-montaña?’.

Nada más llegar a Mapei, con su flamante maillot de Campeón del Mundo, ya anunció que uno de sus objetivos era ‘la Sanremo’, como siempre la ha nombrado Óscar, y sus triunfos en el inicio del año 2000 hicieron surgir una euforia entre prensa y aficionados que le situaron entre los favoritos sin haber debutado siquiera en la carrera.

Dos anomalías: una, un español mostrando aspiraciones, y dos, meter en las quinielas a un novato a quien Mapei llevó en helicóptero a reconocer los puntos clave del recorrido.

La cuestión es que Freire debutó con podio e inauguró una relación muy fructífera, me atrevería a decir que incluso inédita, entre ciclista y monumento.

Desde aquel primer cajón, tras Zabel y Baldato, Óscar se mantuvo siempre entre los ocho primeros clasificados en todas sus participaciones en la Milán-San Remo a excepción del 2011, cuando con el dorsal uno una caída en el descenso de Le Manie –la incorporación más reciente al recorrido- le dejó sin opciones de llegar con el grupo delantero y sólo pudo acabar el 97º. Antes, en Vitalicio no tuvo oportunidad de acudir a La Primavera, y después, sólo las lesiones en 2001 y 2009 le alejaron de su cita con la salida en Milán.

De aquel primer podio que nos descubrió también cuán forofa estaba dispuesta a ser la prensa española para defender al nuevo ídolo nacional frente a un súper equipo, Mapei, acusado de anárquico en el tramo final de la carrera y de incluso boicotear al español, Óscar sacó una lectura muy positiva.

Freire Milan San Remo JoanSeguidor
Imagen: http://ciclismosobreletras.blogspot.com/

“Sigo pensando que es una clásica perfecta para mí. El vencedor tiene 30 años y yo 24, sé que me quedan muchas oportunidades para ganar aquí, pero me da rabia tener que esperar otro año porque podría haberlo hecho éste mismo”.

No iba nada desencaminado Freire.

Tan perfecta era para él que hasta tres veces luce en su palmarés. Permitidme que recurra al libro biográfico que próximamente estará disponible para apuntar tres pinceladas de cada una

de esas enormes victorias tal y como se comentan en ‘Óscar Freire. El genio del arcoíris’ (Titano). De su primer triunfo, ha quedado una foto mítica, con Óscar apurando sus opciones frente a un Zabel demasiado ansioso por celebrar una victoria que se le escapó por milímetros mientras levantaba los brazos.

«En su momento no fue muy divertido, pero cuando recuerdo ahora aquella Milán-San Remo, cómo me ganó cuando yo estaba saboreando ya la victoria… no puedo evitar sonreír ¡Y eso que fue muy decepcionante!», admite Erik Zabel.

El de 2007 fue un triunfo saboreado con más tranquilidad.

Óscar acumulaba ya resultados muy destacados cada año y en el centenario de la prueba, la incontestable victoria de Freire en San Remo, con un sprint magistral, no hizo más que confirmar su idilio con la carrera en un año en que no se contó especialmente con él para las quinielas de favoritos pese que advierta, él mismo, que llegaba con los deberes hechos.

«Esta mañana, antes de la salida, tenía más fe en mí mismo de lo habitual. Sabía que estaba preparado», dijo, lo que junto a un desarrollo de la carrera muy parecido al soñado, le puso en bandeja la posibilidad de luchar por el triunfo: «Lo importante era llegar todos juntos a la parte final. Sabía que los ataques no iban a tener éxito. Casi siempre tuvimos el viento de cola y eso hace que la fatiga sea menor». Luego solo tuvo que aplicar «cabeza».

Particularmente, la tercera San Remo fue la que más me emocionó.

Por diversas razones: porque tres triunfos en el mismo monumento son sinónimo de historia del ciclismo, porque en 2009 se rozó el desprecio personal hacia Óscar y ese golpe sobre la mesa calló muchas bocas, porque fue un triunfo apabullante y porque por aquel entonces yo ya estaba convencido de que Óscar merecía un libro cuando decidiera retirarse.

«El momento más difícil para mí fue en el descenso del Poggio. Pozzato se escapó con cinco o seis más. Temí que pudieran marcharse. Cuando atacó, sabía que yo solo podía buscar una rueda buena, yo no podía cogerlo. La única manera de que yo pudiera ganar era en un sprint», admitiría después el cántabro.

Liquigas trabajó para Bennati y comandó el grupo cuando pasaban por la pancarta de último kilómetro, pero Freire optó por coger la rueda de Boonen.

Aguantó ahí hasta los últimos 50 metros, cuando se abrió paso con una potencia descomunal y en unas cuentas pedaladas dejó a sus rivales —¡como había pronosticado, Boonen y Petacchi!— a más de una bicicleta de margen.

A mí se me va a hacer raro seguir la carrera sin los nervios de quien desea lo mejor para alguien cercano, pero el virus de la San Remo será algo permanente ya y por ello el domingo me dispondré a disfrutarla como se merece.

Por Juanma Muraday, autor del libro  ‘Óscar Freire. El genio del arcoíris’

 

 

Philippe Gilbert: El más rápido a este lado del Atlántico

Philippe-Gilbert-Vuelta-a-Espana-Stage-12-Attack---_Justin-Setterfield---Getty-Images Joanseguidor

La super etapa de Guadalajara el da el «Ruban Bleu» de Matteo Trentin a Philippe Gilbert

De Matteo Trentin a Philippe Gilbert, una de las condecoraciones más curiosas del ciclismo…

“Le Ruban bleu” es un premio que cogió cierta volada allá por el siglo XIX cuando las navieras europeas querían atesorar ante la clientela su velocidad en el tránsito por el Atlántico hacia el ya no tan nuevo mundo.

Fue especialmente célebre la rivalidad entre dos empresas cuya sola mención ya pone la “gallina de piel” a los amantes de los cruceros y los símbolos imperecederos del glamour: la Cunard Line vs la White Star Line.

El primer integrante de este palmarés de la navegación fue el Sirius, que cubrió por primera vez el charco atracando en New Yourk en 1838.

Pionero en muchas cosas, periodista, antes ciclista y con tantas opiniones sobre él, como personas conoció, Henry Desgrange quiso hacer el premio “Ruban jaune”, la versión ciclista del lacito azul, aunque de color amarillo.

El premio era sencillo, para el ganador de la clásica o etapa más rápida que siempre superare los 200 kilómetros.

 

Pues bien, la etapa de Guadalajara, la locura desatada a más de doscientos de meta y Philippe Gilbert al frente de los siete azules ha hecho cambiar de manos este símbolo.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

 

En la lista de éxitos de Philippe Gilbert, esto será anécdota, pero el sólo nombre, la solemnidad de lo francés viste el evento, y en manos de un ciclista de culto, pues más.

Lo cierto es que la París-Tours es coto abonado para el galardón.

En 1936. Gustave Dannels, belga, fue el primero en ser galardonado por ganar la París-Tours, más de 250 kilómetros, en seis horas peladas, eso es a más de 41 kilómetros la hora.

Tuvo varios sucesores hasta llegar al último ganador en Tours, hace un par de otoños Matteo Trentin que hizo 231 kilómetros a 49,6 kilómetros a la hora.

Es curioso, que este listado de doce ganadores (desde Rik Van Steenbergen a Erik Zabel) incluya diez ganadores de la clásica que acaba en Tours, como síntoma del craso error que implicó sacar esta carrera del máximo circuito cuando cada año nos depara un espectáculo digno del ciclismo: paisaje otoñal, la ruta del Loira y competición velocísima con un final siempre emocionante.

Por cierto que un español pisó la luna en este terreno, fue Freire, Oscar Freire, cuando ganó, como no, en Tours hace más de cinco años tras volar a 47,7 kilómetros a la hora durante poco menos de cinco horas.

Ahora Philippe Gilbert se lo pondrá a fuego en el cuadro… 

Javier Mínguez, me gustaron sus formas hacer ciclismo

Javier Minguez y como es la Real federación española de ciclismo

Con la entrada de Jose Luis López Cerrón y la paupérrima situación de las arcas de la Real Federación Española de Ciclismo, la política de la casa en material de contratación de técnicos se volvió estricta y austera.

La amistad vallisoletana del presidente con Javier Mínguez sirvió para plasmar un acuerdo que dudo se diera en alguna de las selecciones restantes el pasado domingo en Florencia: el seleccionador nacional ejercía sin cobrar un duro.

Esto es el ciclismo en España, el país que pone la mayoría de corredores en el corte bueno de la carrera reina y está bajo las directrices de una persona que no cobra por que la situación económica es horrible.

Javier Minguez

Con esta premisa, nada desdeñable, más otros perfiles dibujados del seleccionador y su afinidad por las grandes vueltas y escaso bagaje en carreras de un día –se adjudica el primer Mundial de Freire cada vez que puede-, lo cierto es que el caldo de cultivo que rodeaba a Javier Mínguez antes del Mundial no era el mejor.

Un entorno enrarecido por la confección de un equipo que no escatimó estrellas y sí trabajadores y que llevó a desdeñar la crono, donde las opciones eran escasas, con un ciclista como Luis León Sánchez que para hacer lo que hizo bien podría haber hecho hueco a algún joven que merece adquirir experiencia.

Pero volviendo al fondo, el devenir de la carrera nos mostró un “savoire faire” muy diferente a sus antecesores.

Si entrar en cada corte, salir a cualquier ataque y controlar la carrera lo máximo hasta el final eran signos del credo de Paco Antequera y José Luis de Santos, la noción de Mínguez hablaba de “laisser faire”, dejar hacer, quemar vueltas y emerger en el momento importante.

Pelotón español

Y así fue. Mientras el desespero por no ver a ningún español con Giovanni Visconti se hizo patente, España tenía hasta siete unidades en un pelotón de donde todos los ingleses ya se habían apeado de la bicicleta.

Luego en el momento clave dos ciclistas de cuatro fue el resultado de tal labor, perfecto, con el añadido de que si el grupo de Cancellara y Sagan entraba por detrás, circulaba Dani Moreno.

Aunque la labor de equipo fuera invisible, aunque España no estuviera con el rol de protagonista que en otras ocasiones marcó su carrera, el resultado fue interesante, tanto como las maneras del técnico.

Mucha gente se ofendió porque señalara a Alejandro Valverde al final de la carrera cuando lo que lamentamos en la mayoría de ocasiones es que lo políticamente correcto se imponga al análisis objetivo.

Javier Minguez dijo que el desenlace del mundial fue culpa de Valverde con toda la razón y sin rodeos.

Obviamente su situación le permite las alegrías que algún antecesor suyo no se habría tomado. Estaba sin cobrar y sin ninguna garantía de que fuera a seguir en el cargo, hablaba como cuando lo hacía por los micros del butano.

Quizá en este nivel algunos prefieran el perfil bajo y ajeno a la autocrítica de Eusebio Unzue, a quien sólo conozco palabras gruesas para otros y nunca para sí mismo. Recuerden la maniobra del Team Sky en Valdezcaray el año pasado. El grado de ofensa que mostró fue tal que no entró en sus errores.

En fin que nunca sabemos lo que queremos, lamentamos que algunas declaraciones atenten directamente contra nuestra inteligencia y cuando se habla claro y en plata nos parece brusco. Como argumenté el otro día: C´est la vie.

¿Quién es el mejor ciclista español de la historia?

ciclista español Miguel Indurain

Mov_Gore

Para un servidor el mejor ciclista español de la historia nació en Navarra

Estos últimos días de temporada han sido un hervidero de preguntas, cuestiones irresolutas, buscando al mejor ciclista español de la historia.

Alejandro Valverde, protagonista en la Vuelta, campeón del mundo, disparó las apuestas.

Sin duda el murciano está ahí, en más de cien años de corredores, sueños, historias y leyendas.

Valverde volvió a abrir el debate sobre el mejor ciclista español de la historia

Nosotros tenemos un top 5, algo idealizado, cogiendo los mejores en esto y aquello.

Un listado que es persona, que no busca sentar cátedra, ni se asienta en estadísticas fiables.

Son las sensaciones que tenemos respecto al mejor ciclista español de la historia

Empezamos.

DT-Swiss Junio-Agosto

Oscar Freire fue un pionero, el ciclista que torció la suerte de un ciclismo español enquilosado en las grandes vueltas e historias agonísticas.

Es Miquel Poblet en color.

Sus tres mundiales son el argumento, las tres San Remo, la consecuencia de la leyenda.

Tiene un palmarés abultado que pudo ser mejor si no hubiese convivido con mil lesiones y dolencias.

Un ciclista único en este paraíso.

Mundial de ciclismo- Verona Oscar Freire JoanSeguidor

Alberto Contador hubo un tiempo que fue imbatible en las grandes vueltas.

Explotó pronto, creció rápido y ganó mucho joven.

Tiene un antes y un después, pero incluso cuando muchos le situábamos en la prórroga dio qué hablar.

Su estadística de siete grandes le ponen no sólo entre los mejores a este lado de los Pirineos, también en el mundo.

Luis Ocaña fue el primer campeón moderno del ciclismo español.

Fue algo así como Oscar Freire en lo suyo.

Si el ciclismo español tuvo un campeón de los de siempre, tipo Merckx, Gimondi o Anquetil ése fue Luis Ocaña.

Un ciclista cuyo palmarés no hace justicia a su tamaño en la historia y azote en las carreteras, pero que, quienes tuvieron la suerte de verle en directo, afirmaron no haber conocido nada igual.

Ciclismo- Alejandro Valverde JoanSeguidor

Alejandro Valverde es el ciclista más singular del ciclismo español y posiblemente del mundo.

Su palmarés se equipara a leyendas eternas como De Vlaeminck, Kelly y Jalabert.

Es clase noble del ciclismo español.

Cumple años al revés, su pacto con el diablo es tácito y amenaza llegar hasta los cuarenta, cosa que ya la hace único.

Si algo le faltaba, el mundial, ya lo tiene, ahora es un tema de saborear la excelencia.

Miguel Indurain no ofrece discusión.

No vimos y creo que no volveremos a ver algo igual a él.

Compitió con una elegancia que llevó el ciclismo a la perfección en todos los terrenos.

Sobre la carretera siendo el mejor croner que jamás hayamos visto.

Un contrarelojista que machacaba también en montaña cuando era menester.

No conocía un mal recorrido para él.

Su palmarés habla por todo lo demás, le vemos uno, dos o tres pasos por delante del resto.

Gobik ya trabaja en la nueva temporada

La embriaguez de ver a Valverde de arcoiris ha reabierto el debate, pero sinceramente, Miguel Indurain es, a nuestro juicio, el mejor ciclista español de la historia.

Y eso es mucho decir, porque este listado ha incorporado cinco nombres, pero imaginaros cuántos más podrían entrar en la quiniela.

El maillot arcoiris de Alejandro Valverde

Arcoiris Valverde JoanSeguidor

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¿Cómo le sentará el maillot arcoiris a Alejandro Valverde?

El secreto mejor guardado ya lo conocemos: el maillot arcoiris de Alejandro Valverde.

No puede haber gran novedad, ni siquiera salirse del guión.

Aunque minutos después de colgarse el oro en el Mundial de Innsbruck, muchos se preguntaban cómo sería la pieza, lo cierto es que la UCI no permite alegrías ni creatividad en el corte.

Así las cosas el maillot arcoiris de Alejandro Valverde es muy similar al que lució Rui Costa, los pocos días que fue campeón del mundo con Movistar.

DT-Swiss Junio-Agosto

Alejandro Valverde está en el tríptico italiano de final de campaña, que romperá el sábado en la última gran clásica, Il Lombardia.

Allí sólo Oskar Camenzind y Paolo Bettini ganaron con la prenda irisada en los últimos veinte años.

Alejandro Valverde ya ha sido podio en la carrera lombarda, a la que ha optado, como lo ha hecho con éxito con la Lieja.

Le va como anillo al dedo, y el privilegio de conquistarla en arcoiris te hace eterno.

Tiene Alejandro Valverde ahora el reto de saber cómo le sentará vestir una prenda que para muchos ha sido maldita.

En el caso de los ciclistas españoles, ha habido de todo.

Arcoiris Abraham Olano JoanSeguidorAbraham Olano pisó el podio del Giro con la distintiva prenda.

En el Tour quedó fuera de los mejores en la famosa jornada de Pamplona.

Ese Tour creo que fue el inicio de la enemistad del ciclista guipuzcoano con la montaña que coronaba cerca de los mejores, pero no con ellos.

Arcoiris Oscar Freire JoanSeguidorOscar Freire ha tenido de todo, desde ganar en el Tour con arcoiris, a ser baja por esos problemas de espalda que le acompañaron tanto.

Con tres títulos ha pasado por todos los estados, pero al cántabro, le diera mala suerte o no, vestir el arcoiris lo fue todo.

Arcoiris Igor Astarloa JoanSeguidor

Igor Astarloa sí que lo vistió con el pie cambiado.

Lo llegó a lucir con tres equipos, Saeco, con quienes ganó el mundial, Cofidis, el equipo de destino del que salió por la suspensión que le infringieron en inicios de 2004 y Lampre con quien completó la campaña.

De firmar un 2003 de ensueño, a caer en el imaginario el año siguiente.

El simpático ciclista ermuarra no guarda buenos recuerdos de cómo le sentó el maillot arcoiris.

El Cambri Bike es la apuesta de un municipio que respira la bicicleta 

Alejandro Valverde le acompañó en el podio esa tarde en Canadá.

Se hace complicado pensar que al murciano, el rey Midas, le puede sentar mal la prenda que tantas noches le dejó sin dormir.

Imagen tomada de FB de Movistar Team

 

Oscar Freire es eso, normal

Oscar Freire JoanSeguidor

El hijo de Oscar Freire quiso conocer en persona a Peter Sagan

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Que la Vuelta pase por Torrelavega implica que Óscar Freire merodee la carrera.

Cuánto nos acordamos del cántabro y no sólo por victorias que nos pusieron el bello de punta.

También porque en su genialidad había un ciclista de calidad suprema y persona normal.

Eso es persona normal.

Por eso no encanta la historia que cuenta Carlos Arribas sobre la visita de Freire y su hijo a Peter Sagan.

Ahí en un momento, ante la mirada de curiosos, el niño de Freire estuvo entre seis títulos de campeón del mundo.

Decir que es privilegiado es quedarse corto.

A Oscar Freire no le solicitan autógrafos como a Peter Sagan. Y está en su tierra.

Es curioso, Oscar Freire ha tenido exactamente lo que ha querido: una fecunda carrera ciclista y luego, tranquilidad.

No todos pueden contar eso, aunque su historia es paradójica del ciclista y el ciclismo

Una vez leí que André Greipel paseaba tranquilo y anónimo por su pueblo.

El Cruz Cyclone 2 es un portabicicletas de bola de remolque para dos bicis 

La gente no podía imaginar que se cruzaba con un tipo que tiene más de cien victorias en su palmarés.

El ciclista es glamour sobre la bici, vestido de corto, pero fuera de ahí, es un personaje moreno y afilado que no despierta mayor pasión, porque además es irreconocible.

 

Y Oscar Freire está en esa tesitura, un tío que fue normal como estrella ciclista, y que vive normal como ciudadano.

Ciudadano y ciclista que acompaña en la marcha #Porunaleyjusta.

Incluso en su magnético influjo, creo que Peter Sagan se inspiró en el cántabro para lograr lo que ha logrado: dar una vez, pero en el momento justo.

Todo lo demás es accesorio.