El sexto sentido de Luca Paolini

A veces hay ciclistas cuyo paso por este deporte se hace grande y entrañable por lo mucho que supieron aportar por el bien común y del compañero. Ciclistas elegantes, terriblemente inteligentes, auténticos espías dentro del pelotón, analistas de comportamientos, tendencias, traficantes de inteligencia. Ciclistas que no calzan palmarés, porque no lo necesitan, se alimentan de otros intangibles, menos crematísticos, pero eternos, y por ello se les recordará siempre.

En el pelotón corre hace más de una década Luca Paolini, un veterano italiano que en el último Procycling llaman “Code breaker”, es decir el que sabe leer la carrera con la anticipación de un pitoniso llegando a adivinar y prever rememorando aquellos británicos que en su día lograron romper el sistema de comunicaciones nazi para saber qué movimientos adoptaría su aviación en la Batalla de Inglaterra.

Paolini lleva sólo 17 victorias, entre ellas dos semiclásicas muy separadas en el tiempo como la Flecha Brabanzona de 2004 y la Het Niuewsblad del año pasado. También fue líder del Giro unos días. Poco más. Sin embargo sus andanzas decidieron por ejemplo dos San Remo, la de Paolo Bettini en 2003 y la de Alexander Kristoff hace unas semanas. Paolini se sobró para poner orden, cuadrar al personal y marcar a su compañero noruego el camino al triunfo.

Muchos se preguntan por la carencia de ambición de este ciclista, sin embargo la  conclusión habla de que Paolini encuentra mejor recompensa siendo útil que buscando el triunfo. Es una opción, como otra cualquiera que sin embargo ello no merma la aureola de hombre peligroso. Por ejemplo el técnico del Garmin, exciclista y excompañero de Paolini, Charles Wegelius sabe que cuando el milanés está en la pomada algo importante se cuece y pone en alerta a los suyos.

Paolini tuvo un momento bajo, la Operación Athena, en la que le implicaron en asuntos turbios. Pasó por el trance como otros tantos, dio un paso atrás, entró en el Androni, se rehízo y volvió a un WT con Katusha, donde ahora pocos prescindir de sus consejos.

Con todo y a pesar de esa ambición menor, Paolini tiene un sueño, el mismo que en su día alimentó el espíritu del viejo Duclos Lasalle cuando afirmó, tras  muchos años de profesional, que quería ganar en Roubaix. Lo logró dos veces. Paolini ambiciona un monumento. Creo que se lo merece.

Foto tomada de @Ilgerva77, con guiño a mis queridos “ciclistas barbudos”

La maldición del arcoíris se cebó con Philippe Gilbert

La vida en ocasiones te da momentos únicos. Parece, eso lo que dice el propio interesado, que Philippe Gilbert tuvo el suyo en 2011. Esa temporada vimos algo que no veíamos en mucho tiempo ganando el tríptico de las Ardenas, como punta de lanza, pero acumulando éxitos en el largo y ancho del ejercicio. Hasta fue el primer líder del Tour de Francia. No vimos cosa similar desde que Laurent Jalabert colgó la bicicleta.

Con todo, el retrato cronológico del año en arcoíris de Gilbert se impregna de un quiero y no puedo. A la semana de ser campeón del mundo no finalizó el Giro de Lombardía. Ya con el 2013 en curso fue tercero en una etapa del Tour Down Under, luego haría segundo en una jornada de la París-Niza y pasaría de puntillas por las clásicas en las que sólo tuvo a tiro la Flecha Brabanzona, en la que su alter ego, Peter Sagan, le puso por detrás en zaguán de meta. El tríptico de las Ardenas no lo resolvió mal, pero siempre lejos de reverdecer laureles. Pisó el podio de la Vuelta a Bélgica, corrió el Tour sin adivinar qué rol desempeñar en medio de un equipo desnortado con líderes sin objetivos y tras incrementar su ansiedad por triunfos durante el mes de agosto, al final pudo levantar los brazos y sacudir el puño de rabia en Tarragona cuando batió con solvencia a Eduald Boasson Hagen en la duodécima etapa de la Vuelta a España.

Eso y sólo eso se ha llevado Gilbert al zurrón de su periodo de campeón del mundo. Una regencia más bien pobre que poco parece entroncar con ese ciclista tocado por la gracia del éxito hace tan solo dos años. Es más si me apuran el multimillonario fichaje, y entiendo que no modesta ficha del corredor con BMC, se ha resuelvo en cuatro victorias, sólo cuatro en dos años. Curiosamente tres etapas de la Vuelta más el consabido Mundial.

Saben de la leyenda sobre el maillot arcoíris. Que es una prenda no es propicia. Dicen que hay una maldición que rara vez no surge cuando vemos corredor al portado de tan singular maillot. En Cycle Sport realizan una excelente retrospectiva que permite apreciar cuán mal se ha ido a Gilbert. De las ultimas quince temporadas Gilbert ha cuajado un bagaje similar al de Igor Astarloa, Alessandro Ballan, Thor Hushovd y Paolo Bettini, sí Paolo Bettini tras su segundo mundial consecutivo.

Resulta curioso lo mucho que les costó ganar a los mentados, tardaron más de 250 días en todos los casos, si bien en honor a la verdad, Hushovd enganchó dos etapas del Tour de Francia vestido con esta preciada prenda, algo que también logró Mark Cavendish el año pasado cuando se debatía si el Team Sky debía apoyarle más o dejarle en medio del mar de enemigos.

Desde 1980 el mejor ciclista campeón del mundo, numéricamente hablando, fue Tom Boonen en 2006 pasando de la veintena de triunfos. En 1980 Bernard Hinault llegó a los 18 éxitos y Mark Cavendish probó 15 victorias. El mejor año del tricampeón Oscar Freire con el maillot de campeón del mundo fue curiosamente el primero de Mapei, a pesar de su insolente juventud y la no sencilla convivencia en un equipo plagado de estrellas.

Algunos se quedaron sin ganar nada como fue el caso de Freddy Maertens en 1982 y Stephen Roche en 1988, preso de todas las lesiones del mundo tras redondear un año inolvidable con Giro-Tour-Mundial. En este capítulo de la desgracia en arcoíris hubieron nombres que tuvieron muy mala suerte como el caso de Luc Leblanc y aquel proyecto fallido de Le Groupement, Laurent Brochard, expulsado con Festina del Tour, Igor Astarloa y la historia de dopaje que noqueó Cofidis y la inexistente campaña lograda por Alessandro Ballan en 2009.

Sea como fuere a Gilbert se le espera, aunque barrunte que quizá 2011 fuera su gran temporada, quienes amamos este deporte quisiéramos que no fuera así. Al astro valón al margen de unos rivales que crecen y le complican la vida, le haría falta algo más, quién sabe incluso si cambiar de equipo y buscar uno donde le volviera el apetito por ganar.

Foto tomada de www.zimbio.com

Tres pifias que le han costado otros tantos Mundiales a Alejandro Valverde

Dicen que se oyeron gritos ayer en el box de Florencia recién acabada la carrera. Exabruptos y quejidos de una emoción incontrolable que mezclada con un cansancio supremo conlleva la pérdida de toda noción de decoro. Se ve que Purito Rodríguez no cabía en su pequeño cuerpo. Saber que estabas ante esa ocasión que te perpetúa en el mar de los grandes y no aprovecharla tiene que doler en el alma. Lo cierto es que la densa resaca que ayer poníamos sobre la mesa sigue. No sé cuántas horas dormirían los protagonistas, pero conciliar el sueño debió ser complejo.

El Mundial de Alejandro Valverde

En el balance posterior del Mundial Alejandro Valverde por su parte puso en valor varias veces sus cinco medallas en el Mundial para explicar el sentimiento de satisfacción que siempre utiliza cuando un resultado no le es favorable. Vamos a ver un bronce sí es interesante, pero cuando cuelga de tu cuello tres veces no resulta tan atractivo y eso un ganador de su tamaño debe ser la biblia.

En breve se cumplirán diez años de la primera medalla del murciano. Creo que fue un día del Pilar.

Con Igor Astarloa en oro, Alejandro Valverde remató la plata. Entonces tuvimos claro que ese veloz ciclista algún día sería campeón del mundo. Sin embargo la estadística no le es favorable en ese sentido, Valverde ha quemado unos años maravillosos, en los que la naturaleza le dotó de un don inmejorable para ser el ciclista de la década y el resultado se queda corto.

Pero cuando ayer en el box florentino se dijo oír los lamentos de Purito Rodríguez a mí me vinieron a la mente dos ciclistas: Samuel Sánchez y Oscar Freire. Y cito estos dos por que como a Purito, les tocó sufrir esas lagunas que a veces surgen en el proceder de Valverde y que acaban arruinando el plan perfecto, exactamente como ocurrió ayer.

Verona 2004 cuando Valverde ayudó a Oscar Freire

No obstante este repaso sería incompleto si no empezara por el principio, y eso es Verona 2004, cuando el trabajo limpio, claro y directo de Alejandro Valverde lanzó a Oscar Freire a su tercer campeonato del mundo. Sin embargo el epílogo entre ambos corredores no fue idílico.

El año pasado en Valkenburg, con la certeza de que Freire se retiraba y estaba ante su último cartucho, se acordó que el cántabro era la baza principal de la selección. Valverde asumió el rol pero en el momento clave nadó entre dos aguas.

Desbordado por Philippe Gilbert no auxilió a Freire ni cogió al valón. La mecha se encendió nada más cruzar la meta, Freire, de vuelta de todo y con los días contados en el convento señaló al murciano. Curioso que ayer Freire merodeara la zona de meta, seguro que se vio en Purito tan sólo 365 días antes.

El correr de Alejandro Valverde no es normal

Pero años antes, y en medio de otras ocasiones malogradas en el objetivo de ser campeón mundial, Valverde ya encendió comentarios y conjeturas sobre esa peculiar manera de correr. Sí, en 2006, en Salzburgo, cuando todo pintaba a una llegada masiva surgió un obús del pelotón llamado Samuel Sánchez.

Valverde soldado a su rueda parecía en la mejor disposición. Erik Zabel y Paolo Bettini, allí presentes también. Situación soñada, dos de cuatro escapados a menos de 1000 metros de meta. Samu hace un trabajo descomunal, de 100 llegadas Valverde le gana 99 a Bettini y Zabel, y sí, en efecto, italiano y alemán fueron mejores que el murciano en esa llegada.

Aquel desenlace lo comenté con el propio Samuel Sánchez en una entrevista publicada en la revista Ciclismo en Ruta de noviembre de ese año. Este es el trozo donde hablamos del desenlace mundialista:

Otro pasaje glorioso, el Mundial. Cuarto al final, tras reventar la carrera, ¿crees que la recompensa –el bronce de Valverde- estuvo a la altura de la labor realizada? “Nunca sabremos qué podrá haber pasado. Lo que tengo claro es que vine de Salzburgo muy satisfecho por que hice el trabajo a la perfección, también es cierto que haber obrado de otra manera podríamos haber ganado el Mundial.

 

Trabajamos como un equipo con el objetivo de ganar medalla, por eso nunca podremos cuestionar al técnico. Paco hizo un equipo con todas las letras y siempre nos ha tratado muy bien”

En un tercio de segundo, con la meta a menos de un kilómetro, rompes la carrera y Valverde se sitúa a tu rueda. En un instante la suerte de una prueba del calado de un Mundial está en tus piernas. ¿Eres consciente de que pudiste ser campeón del mundo?

“Si en el momento en que yo arranco, si Alejandro y yo estamos más listos podríamos haber ganado. Si ataco y me voy solo hubiera ganado. Si Alejandro sale a mi rueda y corta el pelotón tras él, el desenlace hubiera sido otro.

Tenemos que pensar que íbamos 70 kilómetros de hora y a 185 pulsaciones. Todo lo que hablemos ahora no son más que hipótesis. Después de 270 kilómetros cualquiera que llegue mejor que tú, te puede ganar. Le comenté a Valverde durante la carrera que no metiese el 11 llevando un 54 delante, y acabó por atrancarse un poco. Yo iba con un 53×11”

 

En el vigesimoquinto  minuto de la transmisión que abre este post se ve el momento que describe Samuel. Las conclusiones le corresponden a cada uno.