Ciclismo y UCI, Si el ciclismo es la UCI, qué mal vamos

Ciclismo y UCI

Ciclismo y UCI, A la izquierda de la entrada principal del Palazzo Vecchio de Florencia está el David de Miguel Angel. No es el original, éste yace en la Academia.

Es una copia que autoridades decidieron situar al abrigo del insigne edificio para deleite del público. Miguel Angel fue sobretodo escultor. Pintaba, sí, como los ángeles, también, pero era feliz cincelando mármoles.

Miguel Angel iba las canteras, tomada con su vista una pieza y de ella era capaz de visionar la escultura que acabaría dando forma.

Algo similar ocurrió este viernes en el Palazzo Vecchio florentino.

La UCI elegía nuevo mandamás y su presidente saliente cogía la ley y la retorcía para  darle la forma y contenido que más le convenía. Pat Mc Quaid se creyó Miguel Angel.

Jeremy Roy, magnífico ciclista francés que para sorpresa de Carlos de Andrés también hace buenas cronos, tuiteaba lo siguiente mientras los delegados de la UCI debatían sobre quien debía tomar las riendas del organismo:

“Señores del congreso de la UCI, guarden sus energías para afrontar los auténticos problemas del ciclismo. ¿Credibilidad? Empieza aquí, con ustedes”

 

Era consciente Roy de que en la sala principal del inmueble sito en la Piazza de la Signoria se estaban vulnerando las más normales formas de desarrollar una asamblea democráticamente constituida.

Mc Quaid ponía en cuestión el artículo que aunque escrito y publicado le dejaba fuera de la carrera a la reelección.

Pero el irlandés, goloso él, se aferraba a no sé qué recovecos para que en varias y bochornosas votaciones se le abriera la puerta a seguir en la carrera por la presidencia.

Al final Mc Quaid no salió reelegido. Ahora es Brian Cookson el nuevo presidente.

Un hombre al que se atribuye gran parte de los éxitos del ciclismo británico. A priori pinta bien, quiere trasladar la excelencia del Team Sky a todo el ciclismo, profesionalizarlo, vamos.

Sin embargo no sabemos si esa doble moral que le gusta tanto a la facción anglosajona será el dictado de sus acciones.

El comisario de la UCI

De Cookson sabemos que es comisario UCI, de los normalitos, pero con cierta experiencia. Nos contaba Fran Reyes que antes de ser elegido, el de Lancashire dijo que era un hombre hecho a sí mismo, sin más valores y potencialidades que en ese momento exhibía.

Aseguró que no había ni favores ni pactos secretos en lo que no deja de ser una falacia que contada así, de sopetón, suena a insulto al auditorio. Todos sabemos que llegados a ciertos niveles sólo se progresa con la ayuda, el favor y la recomendación.

El giro del sentido de los votos, la ruptura de la unidad en la elección y los chismorreos fueron parte sustancial de la jornada. “Un espectáculo bochornoso” dijo un delegado. Un espectáculo que el ciclismo no merece añado yo.

No sé qué ideas traerá Cookson, sí de la gente que le rodea, y merecen, a priori, idéntica confianza que los que estaban.

Es el ciclismo de la doble moral y el dogma.

Aupados en la solvencia tecnológica, creen saberlo todo, obviamente están mejorando muchas cosas, pero en otras cojean. Dicho de otra forma, es más de lo mismo aunque con actores y modos nuevos.

Su acceso al poder no ha podido ser más trabado, cabrá ver qué viene ahora. Por el momento avisto a navegantes, estos gestores atisban en todo lo latino corruptela, trama y engaño.

La UCI, el investigador investigado

Estos mundiales en la bellísima región de la Toscana son la antesala de algo que no es baladí: la renovación de la presidencia de la Unión Ciclista Internacional, la UCI en siglas coloquiales. La carrera entre los dos presidenciales alcanza velocidad de crucero y no es momento de escatimar munición. ¿El problema? Que como siempre las vergüenzas del ciclismo quedarán desnudas y a la intemperie. Nada nuevo bajo el sol.

Desde la candidatura aspirante se juega fuerte contra Pat Mc Quaid, el patético ninot que creció a la sombra de Hein Verbruggen, ese tipo que dejó la UCI cuando vio que los negocios de una ciudad como Pequin en el circo olímpico podrían propiciarle más pasta que el siempre austero ciclismo.

Brian Cookson y compañía tiran de manual y atacan a Mc Quaid por el flanco débil, por el flanco que en definitiva todo presidente de todo gran ente puede ser vulnerable: la cultura antidopaje. Los elementos de su ataque tienen nombre y apellido: Lance Armstrong y Alberto Contador. Al primero se le dieron facilidades para volver a competir sin pasar los controles necesarios, al otro se le ofreció ocultar su positivo con dinero hasta que una filtración dio al traste con el plan. A ver ambas posibilidades situadas en la mesa por los aspirantes no creo que sean material nuevo bajo el sol, es más, lo curioso es que no se hable de ello más veces. Creo recordar a Alberto Contador, cuando surgió su positivo hace tres años por estas fechas, insinuar que esto se estaba solucionando con discreción.

Sin embargo, una vez más al final del camino el ciclismo quedará en entredicho pues si después de ver la cantidad de actores –es decir ciclistas- que ha quedado en el camino, el ente internacional aún sigue con tejemanejes sobre estas cosas qué nos habrá sido escondido. Estamos ante unas elecciones, sí, pero en este caso estamos ante el juzgador juzgado, ante el investigador, investigado. Aquí la discreción no se estila, aunque la quimio que se aplique propine desastres irreparables.

¿Ven ustedes a la FIFA rendir cuentas de sus cagadas? –miren el mundial qatarí del que incluso Blatter reniega-, ¿verdad que no? Pues eso.

… y mientras Pat Mc Quaid en Burkina Faso

La siembra anglosajona para hacerse con el cetro de la UCI es un rodillo silencioso, tranquilo, discreto e imparable. El dominio que han alcanzado en la carretera ha derivado hacia una regencia moral. Ellos ganan, ellos dicen qué está y qué no está bien. La punta de lanza de esta ofensiva en todos los frentes alcanza a Greg Lemond, otrora magnífico ciclista y hoy adalid de esa ola que habla inglés y que puestos a no perdonar se llevaron a Lance Armstrong por el camino.

En esa campaña nada sutil, las biblias de la corrección anglosajona, sus revistas de portada plastificada y lomo americano, han iniciado una campaña de acoso y derribo que no admite matices.

Por ejemplo, la que un servidor habitualmente adquiere: Cycle Sport. En su número de enero 2013, habla de la locura que envuelve la gestión del último hombre en caer para cerrar el círculo: Pat Mc Quaid. Aunque oriundo en las islas, no es lo suficientemente anglosajón. El argumento por eso no tiene discusión. Mientras el caso Lance Armstrong escupía lava, Mc Quaid acudió a una cita a Burkina Faso para alabar las labores del país africano en la difusión del ciclismo en sus fronteras.

La alocución del mandatario fue más o menos ésta: “Tu constante apoyo al ciclismo ha beneficiado nuestro deporte no sólo en Burkina, también en toda África”. El destinatario de esta intervención fue Blaise Campaoré, un personaje de tal currículo. Obviamente la interpretación que cabe de este peloteo es la inmensa confianza que Mc Quaid confiere en los continentes tenidos por “menores” en su presidencia.

El flechazo al corazón de la UCI concluye con una parodia del Hot line abierto por el ente internacional. Una vez llamen elijan la mejor opción:

Marque 1 si quiere denunciar un caso de dopaje generalizado

Marque 2 si ha sido forzado a doparse por un director que tuvo como amigo

Marque 3 si en un sueño de juventud se dopaba Usted con una autotransfusión

Marque 4 si ha ingerido hormona de crecimiento

Manténgase a la espera para hablar con un operador

La última gilipollez de la UCI

Lo retrata con meridiana claridad Juan Gutiérrez en su blog integrado en Diario As, lectura ligera donde las haya. Estamos frente un déjà vu. Ante un escándalo mayor, una mejor búsqueda de consenso. Como si la lucha contra el derroque del edificio se pudiera librar sólo con consenso firmado entorno a una mesa, buen mantel y mejor vino, para luego tirar el papel a la papelera.

La UCI afirma querer trabajar en una mesa con todos los actores para el “brillante futuro del ciclismo”. La misiva no tiene desperdicio. Es total. Plagada de absurdeces, obviedades. Entiendo que el ente transnacional interpreta un futuro brillante para el saneo de sus arcas lo que en otros lares se llama prospección de mercados y ellos basan en un indisimulado peloteo a China como en otro post querremos reflejar.

El post de Guti recuerda similares intenciones a raíz del Tour del 98. Aquello quedó en cascada de prerrogativas y nula acción. Sin embargo como en toda negociación y discusión que se precie, quien convoca debería mostrar espíritu de autocrítica.

La UCI emprende una patada hacia delante. Sin más. Obvia las partes que le involucran en la trama de Armstrong. Adopta una actitud cuasi eclesial. “Sólo Dios nos juzgará” les falta decir. Claro cuando el americano era bondadoso mecenas no se cuestionaba sus triunfos. Ni siquiera cuando a su vera saltaban uno y otro escándalo como Landis, Heras, Beltrán,… e iban cayendo muchos de los que le ayudaron. Ni siquiera cuando sus dos principales rivales, Ullrich y Basso, entraban en barrena. Nada de eso les despertó la curiosidad sobre los siete Tours de Lance Armstrong.

De ello no da cuenta el comunicado. Como tampoco de los miles de euros dispensados a no sabemos quién en la lucha contra el dopaje, una ardua tarea, ingente de sacar adelante, tanto como imposible, que ha dado pingües resultados en términos de restablecer la credibilidad pues con la aceptación del fallo de la USADA, la UCI admitió la inutilidad del sistema, de los controladores y los métodos. Todo así, zas. Al carajo.

La consulta, que se prevé para el primer tramo del próximo año, arrojará seguro más críticas que parabienes sobre la federación internacional. Sería interesante ver las conclusiones sin cribar. Entretanto, los que ahí dirigen continuarán hiriendo un poquito más este deporte, sobretodo sin con eso de la globalización, que sí se cita, va cayendo más pasta.

Foto tomada del blog Último kilómetro por su excelente fidelidad.

¿Cumple la UCI eso de que trabaja por el bien del ciclismo?

Tiempos revueltos y complejos para la UCI. Siempre en el punto de mira, el organismo transnacional del ciclismo poco hace por salirse del foco. Lo cierto es que en ocasiones entendemos que si no lo estuvieran, la incomodidad podría adueñarse de su placed vital. Pat Mc Quaid y acólitos ejercen con la virulencia que el cargo y las inmunidades propias de un sistema fatalmente montado, les permiten. Pero veamos.

Tenemos sobre la mesa dos buenas piezas de dos no menos buenos conocedores de la realidad pintoresca del ciclismo mundial. Una de Albert Rabadan hablando de los intereses chinos en el ciclismo mundial, la segunda de Luis Román exprimiendo las peculiaridades del nuevo sistema de inventivos para que el ciclismo en pista se mantenga a flote. En ambas pinceladas podemos decir que la UCI viola y ultraja de base cada uno de los principios que dicen mover su actividad, al menos lo que por escrito constata su decálogo.

Si en la UCI mirar por el deportista y su salud es elemento fundacional, desde luego que las primeras aproximaciones al Tour de Pekín no invitan al cumplimiento de la máxima. De calidad rara y espesa inhalación, el aire de Pekín no es precisamente el más apropiado para el ciclista y sus pulmones. Claro que si en la instauración del pasaporte biológico y demás mamarrachadas, la salud es el objetivo último, no parece que en la disposición del calendario el bienestar del competidor sea prioritario.

Es más, como Albert dice en su artículo, se reconoce un fin oneroso en la realización de la carrera asiática. A través de una sociedad paralela, que entra en conflicto frontal con las organizaciones ya operativas y velando armas además frente a ASO, la “UCI encubierta”. Vamos todo vampiresco, cuanto menos, pues a través de esta carrera que hace un año no agradó a nadie se desplaza Giro de Lombardía, monumento histórico a septiembre, y se margina aún más la París-Tours, que no es monumento pero podría optar por prestigio, añada y palmarés. Pekín, China y todo aquel país no “ciclista” pero cargado de pasta que quiera entrar en el circuito por la puerta grande, no tiene más que llamar a la puerta de la sociedad paralela a la UCI.

Luego está la pista. Sé de la vehemencia de aquellos que piensan que la pista debe tener sus propios especialistas y que quienes quieran compatibilizarla con la carretera deben asumir un compromiso más allá de las grandes citas (Mundiales y Juegos). Partiendo de esa premisa, la UCI parece escudarse en un pátina progre que me parece una trampa a todas luces para la modalidad. Una cosa es que quieras arrancar un compromiso de las cada vez menos figuras de carretera que se atreven con la pista, y otra, muy diferente es que se lo pongas imposible. Con la nueva estructura competitiva, se requiere que un ciclista de ruta, que ahora entra inactivo, se mantenga operativo todo el invierno y en las tres Copas del Mundo para poder estar en el Mundial. Ello es una vuelta de tuerca más a la ruptura de esta relación, carreterros & pistards, que tan grandísimos nombres nos han dado.

En fin, tomen nota, vean lo que pasa y extraigan sus conclusiones sobre esta pregunta ¿cumple la UCI eso de que trabaja por el bien del ciclismo?.