Patrick Lefevere: El dream team de las clásicas

Equipo de clásicas

Ocho belgas más un italiano en el equipo de clásicas de Patrick Lefevere

Cualquier cosa que comente Patrick Lefevere no puede caer en saco roto.

Estos días le leemos cada poco de la ruina que amenaza al ciclismo si el Tour de Francia no se celebrara.

Con un presupuesto muy basado en el día a día y la visibilidad de cada momento, junto a que algunos de los mecenas podrían estar con problemas financieros, el ciclismo vive días de vértigo.

No muy diferentes al resto de actividades.

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Pero en esta semana que tendríamos que estar deshojando la margarita de Flandes, hemos querido refrescar un artículo que leímos hace unos días de mano de un director que ha llevado a los tres grades belgas de las últimas décadas.

Patrick Lefevere ha tenido a sus órdenes a Johan Museeuw, Tom Boonen y Philippe Gilbert.

Y entre estos tres elige a su líder en el dream team…

Tom Boonen: «Es muy completo, puede subir pequeñas cotas, pasar los adoquines, su cuerpo era perfecto para estas carreteras. Quizá Museeuw fuera más fuerte, pero Tom era más rápido y leía muy bien la carrera».

Cuatro Roubaix y tres Flandes adornan la vitrina de Tom Boonen que ha sido el «niño bonito» de Patrick Lefevere estos años, al punto de firmas desastres como aquella Het Nieuwsblad que ganó Stannard al apostarlo todo por Boonen.

Wilfried Peeters sería el capitán de ruta, un coco que no ganó muchas carreras, pero que pensaba en clave de equipo y era la extensión del director en la carretera.

Todos hacían caso a las instrucciones de Peeters.

Le añade Servais Knaven, ganador de Roubaix hace casi dos décadas y una dosis de inteligencia en carrera.

Cuando tuvo su ocasión, no perdonó, pero en el mismo perfil se incorporaba un buen gregario cuando el equipo lo necesitaba.

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Pero si tenia que haber un colíder, llámale tonto a Lefevere, debía ser Johan Museeuw, sin temor a equivocarnos, el corredor que prendió en nosotros el amor por las clásicas.

Dice Lefevere que lo conoce desde que tenía 16 años.

Museeuw fue un buen velocista de inicio, vistió el verde en el Tour de 1990, recuerdo, pero dio el paso adelante el día que el técnico le convenció a ir por Flandes y así hizo, el corredor, ciencia de sus conocimientos, sabiendo cuándo y dónde atacar en cada momento.

Al punto que para Lefevere la clave era rodearlo de los mejores compañeros.

Y entre ellos tuvo a uno que tocó pelo llamado Andrea Tafi.

Italiano, con una pose sobre la bicicleta que era la envidia de cualquiera, tuvo que tragar en aquel triplete del 96, tres Mapei en el podio, sendo Tafi tercero tras Museeuw y Bortolami, para acabar ganando monumentos tan dispares como Roubaix y Lombardía.

Stijn Vandenbergh es el flamenco tipo: alto, rudo, duro, fino y nacido en Oudenaarde, no lejos de donde acaba Flandes cada año.

Son dos metros de corredor que protege en los abanicos y te pone delante cuando la carrera se pone caliente.

Añade a uno por el que siempre tuvimos predilección, Sylvain Chavanel, plata en aquel Flandes que ganó Nuyens y un tío que ganaba con el paso de los kilómetros.

Pero si aguantó el ataque de Cancellara en la capilla el año que el suizo volaba.

Quedan dos más, Carlos Bomans, callado, efectivo, dice Lefevere que «no más de diez corredores que puedan poner el ritmo Bomans» y el último Iljo Keisse, un rodador con una clase tremenda, inteligente, para Lefevere «el cerebro del equipo».

Este es el nueve ideal del manager del mejor bloque del mudo en  estas lides, ¿cuál sería el vuestro?

Quick Step, ya no sólo importa ganar

Quick Step - Max Richeze JoanSeguidor

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Los problemas de patrocinio del Quick Step demuestran que las empresas buscan otras cosas en el ciclismo

La primera etapa de la Vuelta a Turquía, su desenlace concretamente, evidencia que cuando un equipo, dígase Quick Step, está en racha, es imparable.

El triunfo que se lleva Max Richeze, que significa el 70 en la actual campaña, viene precedido de una caída de Fernando Gaviria y un resbalón en una curva de Alvaro Hodeg.

Con los dos colombianos fuera de juego, emergió lo que Antonio Alix llamó el plan C, el as en la manga, y el argentino que tantos triunfos ha servido  sus compañeros ha tenido su momento de gloria.

Merecido.

El patrocinio de Quick Step

No habían pasado ni veinticuatro horas que Patrick Lefevere presentaba en la lejana Bélgica el nuevo nombre del Quick Step.

Es otra marca relacionada con el equipamiento del hogar, pasa de parquets a marcos de ventana.

A Lefevere le tienen que estar haciendo gratis la casa, no cabe otra.

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Sea como fuere el retraso del anuncio de este nuevo patrocinio demuestra que las cosas no son sencillas para nadie.

Ni siquiera para este Quick Step de récord.

El equipo azul ya estaba anunciando la salida de algunos de sus puntales: Schachmann, Terpstra… e incluso había rumores sobre Gaviria y Mas.

Entiendo que la sangría acaba aquí, aunque cierto daño ya se ha hecho, si bien el año pasado vieron partir a De la Cruz, Trentin, Kittel y Dan Martin, y mucho no los han extrañado.

De cualquiera de las maneras, quien pone dinero en ciclismo está claro que no sólo busca resultados.

Obviamente ganar cuenta, más en ciertas carreras donde hay overbooking, pero no lo es todo.

Y Patrick Lefevere lo ha entendido.

Él, que viene de un ciclismo donde apretaba la mano del patrón de la marca que le ponía los medios, introduce en su discurso términos como «experiencias VIP» para nuestros clientes.

Los debe sacar de paseo, para que vean el circo por dentro y vean la cantidad de gente que les admira desde cuneta y otro lado de la televisión.

Además ha creado una tienda tematizada en un centro comercial de Kortrijk, enclave muy querido por la gente del ciclocross.

Allí pone a sus ciclistas a atender a los fans cada poco.

Lo mismo que la edición de un libro para resumir su temporada de récord.

En Nacex, tu bici en destino 🙂 

Son apuntes, pinceladas, que así sueltas pueden parece poco, pero que hablan de que los tiempos cambian y que si Quick Step ha hecho lo que ha hecho es porque ha pensado mucho más allá de la propia carrera en la que tomaba parte.

Quizá aquí también resida el argumento de que el ciclismo, tal y como está montado, no es ni viable ni rentable.

Ahora, con Deceuninck, vaya con el nombre, tendremos más y mejor.

Imagen: © Alex Livesey / Getty Images

¿Es aceptable que las motos decidan carreras?

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Patrick Lefevere denuncia motos influyendo en la Amstel

La primavera del Quick Step está fuera de toda duda.

Su serial de triunfos, el semi pleno, fallando en muy pocas carreras y sólo estando fuera del podio en la Amstel, demuestra el poder renovación que Patrick Lefevere ha sabido ejercer sobre el grupo.

Precisamente a raíz de la Amstel que gana Valgren, el mentor del equipo azul ha hecho unas declaraciones que aunque pasen de puntillas entre otros asuntos, a mí me parecen escandalosas:

«No quiero parecer un mal perdedor , pero el rol de las motos en las carreras es realmente clamoroso. Y me ciñó a la Amstel, mientras Peter Serry se vaciaba en el grupo, la fuga cogía tiempo gracias a la estela de las motos»

Estas palabras del jefe del ahora mismo mejor equipo del mundo salieron entre otras michos titulares en Cyclingnews, como si fuera un apunte más de una actualidad que por muy cargada que vaya no debería omitir cuestiones así.

Hace mucho tiempo que se oyen historias entre motos y coches en el pelotón y entre grupos.

Algunas de triste final, pero eso es harina de otro costal.

Recuperaciones milagrosas, por ejemplo la de Philippe Gilbert en le Samyn, tan tremenda que hasta los locutores no daban crédito, y eso pasó con el Quick Step.

Si las motos influyen que se denuncie con hechos

El problema es que todos hablan de esos rumores, algunos los difunden, pero nadie muestra pruebas fehacientes y concluyentes de que esto pasa. Que pongan el VAR también a mirarlo.

Es decir, que se tomen medidas en el asunto y se señale quien se aprovecha para escarmiento, si se quiere, y que de paso se repita menos veces de lo que ocurre.

Porque las motos en ciclismo, además de necesarias y también haber provocado algún accidente, son también arma arrojadiza entre los equipos y ciclistas, pero sin que nadie vaya más allá.

Es como cuando se decía que Mark Cavendish se remolcaba en los coches pero nadie aportaba la foto. Yo no digo que no lo hiciera, digo que no se veía.

Como se decía de la mujer del César aquí tenemos un perfecto ejemplo de lo imperfecto que es todo, del mal efecto que causan estas situaciones y sobre todo de lo muy generalizado que está en el mundillo buscar el rebufo de cualquier cosa que sirva para ahorrar.

Imagen: La Ruta del Escarabajo

INFO

Sube el muro de Huy en tu Bkool

 

 

 

El mensaje de David de la Cruz

Hace un año por estas fechas hablábamos del Tour del Porvenir de Marc Soler. Hablábamos de él como síntoma de esa nueva generación del ciclismo español, callada, abnegada y con el camino lleno de dificultades, a las propias del oficio, se le añaden la crisis económica que en el ciclismo se plasma con la carencia de equipos, y la total ignorancia de los medios sobre sus quehaceres.

Soler es un chaval discreto, callado y centrado en su oficio. Ganó la mejor carrera del mundo para los jóvenes como antes Rubén Fernández, líder ya en esta Vuelta, frente a selecciones potentísimas que apuestan or este deporte desde abajo arriba, sin dar por perdido ningún eslabón y apoyando todo el talento que les surge.

David de la Cruz es otro miembro de esta generacion, la que sigue a Purito-Valverde-Contador, la que según todos no estará a nivel de la que debe suceder. Viene una travesía en el desierto, dicen, el futuro es tenebroso, aseguran. Lo hacían desde el desconocimiento de esta generación que se ha hecho mayor cogiendo el petate y yéndose lejos a correr, lo lejos que hiciera falta, allí donde valoraran su talento.

Quienes conocemos a David de la Cruz desde pequeñito sabemos de quién hablamos, de raíces sencillas, de un chaval que dejó el atletismo, harto de lesionarse, que creció con los valores del Sant Boi, cuyo presi, el amigo Jesús ha dado algún garbeo por este mal anillado cuaderno. David ha pasado las de Caín para llegar a este punto, ha tenido lesiones, caídas, abandonos cuando su momento parecía llegar. Mientras los que miden el deporte por resultados seguían diciendo: “No hay relevo”.

Pero el momento llegó. Esta semana Levefere, el mánager del Etixx, anunciaba la renovación de David por su proyección. No había dado aún una victoria, pero sus hechuras eran argumento para apostar por él. No ha pasado ni una semana que David logra etapa y liderato en la Vuelta, el más difícil todavía, cazando una escapada lejana, aupándose con el pleno y en medio de una fuga rebosante de calidad.

El mensaje de David está ahí, en la cima del Naranco, la montaña que un día se vistió con el mejor prerrománico astur. Y ese mensaje habla de hechos, no de promesas, de trabajo, de sacrificio y voluntad. Que dos fuera clase como Terpstra y Stybar irrumpan en el set de entrevistas para felicitarle habla del carisma de este joven catalán en uno de los mejores equipos del mundo.

Ahora seguirán diciendo, no hay relevo, pero mientras esa generación sigue trabajando, en silencio para un día irrumpir y dar el resultado. La victoria de David es la de ese ciclismo que crece desde la entraña hasta el profesionalismo, de ese ciclismo que languidece en muchos lugares, porque no hay inversión ni calor humano que lo impulse. Las cosas no son gratis, ni fruto de causalidad. Ese es el mensaje que David nos ha dado hoy.

Imagen tomada del FB del Etixx

El atasco del Etixx

Con lo primeros resuellos de la campaña, entre San Luis y Australia, nos damos cuenta de que había ganas de ciclismo. Aunque lo se vea ahora diste mucho del núcleo duro de la temporada, el desperezar de las estrellas, de las estructuras, de los glúteos, ya pone el olor a linimento en nuestro subconsciente y abre el apetito por ver acción.

Y claro, con el arranque que el Etixx protagoniza, ya de salida, en Argentina, empiezan las conjeturas de cómo se desenvolverá el equipo más poderoso, sobre el papel, para las clásicas, qué piezas moverá, cuándo y como lo hará. Desde luego las incógnitas son muchas.

No sabe duda de que cualquier pizarra de Lefevere, el mandamás del equipo belga, tiene a Tom Boonen como objeto prioritario. Por esperar al belga, por ponerle delante a veces de la propia estrategia grupal, el equip perdió carreras e incluso ofreció penosas actuaciones, como esa de la Het Niuewsblad en la que Stannard se desenvolvió con victoria ante tres rivales del mismo equipo.

Aunque el carácter de leyenda de Boonen merezca todo el respeto, con el peso de su edad es conveniente abrir el abanico y pensar en la triada de ciclistas que son, por defecto, aspirantes máximos a las clásicas de adoquines. En esa terna Niki Terpstra, que ya sabe ganar en Roubaix, es el primero en la jerarquía, si bien sus activos tienen mucho que ver con la dinámica del equipo, pues en el mano a mano es mucho más lento que rivales como Kristoff o Degenkolb. Terpstra ganó Roubaix por la superioridad de los suyos en el momento  clave.

Si de romper la carrera y ofrecer espectáculo hablamos, no podemos obviar que Zdenek Stybar es la punta de lanza. No ha ganado como su compañero holandés, per va como los ángeles sobre los adoquines y además se le conoce capacidad de hacer daño sin depender de su equipo.

Y está también Stjin Vandenbergh, el hombre para todo, el flamenco pero flamenco, que espera una oportunidad a la que se suman las declaraciones de Tony Martin, quien espoleado por ganar en Cambrai, se ve legitimado a intentarlo sobre el pavé. Es decir, empiezan a salir más bazas que casi ciclistas por nueve inicial en carrera.

Para las Árdenas el hombre es Dan Martin, que toma el relevo a Kwiatko y Uran de golpe, a la espera del progreso de Julian Alaphilippe. El irlandés no obstante irá con mucha menos presión que sus colegas del adoquín, auténtica obsesión de los directores del equipo belga, si bien, paradójicamente, el año pasado el arco iris Kwiatkowski logró en la Amstel la única clásica en la primavera del Etixx, un ciclo que en lo demás cerró a cero y con sonadas derrotas.

Donde cupo Cavendish, ahora cabe Kittel

Marcel Kittel es un ciclista singular en muchos aspectos. Su apariencia y prestancia física le confieren proyección más allá del ciclismo. No es solo porque esté entre la lista de guapos de alguna fan, y alguno entiendo que también, sino porque su presencia es perfecta para darle el rol de perfecto hombre anuncio del ciclismo, eso que muchas veces ha estado reñido con este deporte por lo famélico y demacrado del semblante de algunas figuras.

Pero es que además Kittel es el perfecto ejemplo de lo que el Giant-Alpecin este año, y sus sucesores Shimano, Argos y etc anteriormente, han ido haciendo estos años: formar velocistas con una vocación anotadora inefable que además se aliña con la proleferación de hombres también rápidos a su alrededor. Un trabajo de mimbre, cuidadoso y metódico en el que Barguil y Dumolin son excepción.

Kittel deja ahora la estructura con la que ha ganado, entre otras muchas cosas, ocho etapas en el Tour y se va a un equipo donde la presion, inevitablemente, crece exponencialente, y todo en un momento delicado para el rubio velocista alemán que se ha tragado un año complicadísimo por las lesiones.

Tres años más joven, Kittel saca a empujones a Mark Cavendish, la otra cabeza de la velocidad mundial, un corredor que a los treinta años o ha tocado techo o los demás le han tomado la matrícula. Cuando el corredor oriundo de Man fichó por Lefevere, con el arco iris en ristre e integrado en el Sky postrado a los intereses de Wiggins, la potencialidad de los resultados que ofrecía era enorme. Tres temporadas después no ha sido para tanto. Cav ha visto que si no es Kittel, son otros, como André Greipel, los que le rebasan por la tangente. El inglés intentará rehacerse, como en un requiebro de la historia reciente, en un equipo sudafricano.

Y todo en un contexto muy complicado para la velocidad, pues las grandes vueltas en bloque parecen haberles declarado la guerra a estos especialistas con las cada vez más pingües dosis de llegadas en grupo. Ganar está más caro y si bajas tu ratio de acierto, los números se resienten. Cavendish da fe. Y no vale hacer botín en las infumables etapas de Oriente Medio, aunque para allí se vaya el próximo mundial, donde o se llega al sprint o se llega al sprint, eso para el jeque está bien, pero para pasar a la historia de este deporte es poco.

Imagen tomada de www.dorsal51.com

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El nuevo padawan de Lefevere

La velocidad es el ciclismo algo delicado. Estos días hay corrimientos, cambio de poderes, movimientos de superficie. El baile empieza por Mark Cavendish que deja el Etixx por el Dimension Data sudafricano. Tres años ha estado coco de la velocidad en el equipo de Patrick Lefevere y este periodo ha sido perfecto para demostrar que el inglés ha traspasado el Rubicon, posiblemente no volverá a ser el de antes, aquel amasador de etapas y triunfos, algunos insolentes como para remover estómagos, pero triunfos en definitiva, estadísticas que son y serán únicas.

Para el hueco de Cavendish suena su heredero natural, el alemán de rubio y cuidado pelazo Marcel Kittel. Un veloz y fornido velocista que además tuvo grandes dotes en la lucha contra el reloj. Un ciclista que en 2015 ha estado tocado por los problemas de salud, presenciando desde lo lejos la buena racha de su compatriota André Greipel en el Tour.

No obstante, la operación no está aún hecha. Si Lefevere tiene a Lidl en el saco de los patrocinios, no así aún a Kittel. Las reglas mercantiles del ciclismo no son tan solícitas como las del fútbol, bien lo dice Jorge Quintana, pero el dinero no parece ser problema cuando Lefevere media en la negociación.

Patrick Lefevere no es un tipo cualquiera en el ciclismo actual, ni en el de hace veinte años. Sus quehaceres son arquetípicos en este deporte. Comparte rasgos con otro de los grandes directores de la historia, Cyrile Guimard. Ambos empezaron en el negocio pronto. Lefevere a los 24 años cuando era un ciclista en plena proyección con triunfos interesantes en su ultima campaña, una etapa de la Vuelta y la Kuurne, entre otros.

Pero Lefevere no quería ser segundón, ni siquiera la sombra de las no pocas estrelas que convivían con él. Merckx, De Vlaeminck, Van Impe,… mucha leña, mucho gallo para tan poco corral. Mejor ver la “corrida” desde el burladero, desde el coche. Y así se embarcó en proyectos y así vio como desde que empezó a trabajar mano a mano con Walter Godefroot y dirigir al propio De Vlaemink, fue creciendo poco a poco, con una ingente cantidad de estrellas, de padawan pasando por sus manos.

Lefevere convenció a Johan Museeuw para que preparara las llegadas a Mario Cipollini. Dirigió la orquesta del Mapei, a veces con riesgo de morir de éxito, como la vez que tuvo que dictar desde el coche y con tino el podio de la Roubaix de 1996. Si el patron Squinzi le dijo que llegaran Tafi, Museeuw y Bortolami al velódromo de Roubaix, Lefevere decidió el orden de llegada sin importarle los ruegos de Tafi, que tenía a su pareja a punto de dar a luz…

Con los años redimió a Richard Virenque, que se declaró limpio de todo lo que pasó en el Festina y con los años reunió otro equipo de grandísimos clasicómanos que suma y suman triunfos entre Flandes y Roubaix con Devolder, Boonen, Terpstra… sin embargo en su debe nunca tuvo a los dos mejores valones, o al menos no en la medida que siempre quiso porque Frank Vandendroucke estuvo con él hasta desembarcar en Cofidis, su mejor comento. Philippe Gilbert ni siquiera pasó por sus huestes porque siempre hubo  cosas que el poder infinito de Lefevere no pudo garantizar, ni una gran vuelta ni una primavera digna en este 2015 que se apaga.

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La primavera vacía de Patrick Lefevere

«Contando con corredores como Tom, Stybar, Trentin, Vandenbergh,… si no ganamos es un desastre. Especialmente en Bélgica» Niki Terpstra

Ahora sí, a 14 de abril de 2015, con 48 horas transcurridas desde la finalización de la París-Roubaix, podemos decir, y sin temor a equivocarnos, que el core de las clásicas de primavera -a falta de las Ardenas- ha sido un fracaso sonoro y obvio del Etixx-Quick Step, o lo que es lo mismo, las huestes de Patrick Lefevere, una leyenda en esto de ganar apabullando clásicas del adoquín que ha demostrado que incluso con todos los medios del mundo, y alguno más, hay cosas que el dinero no pueden sustituir, incluso cuando el talento de tus ciclistas es tal, que se escurre por entre los dedos de tus manos.

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La primavera ya arrancó con una carrera que fue sintomática de lo que habría de venir. En efecto, hablamos de la Het Niuewsblad, esa prueba que ocurrió hace más de cinco semanas y que implicó el perfecto ejemplo de como no se debe manejar una competición si bien dices que la victoria se marca en tu ADN. Ganó Stannard por delante de tres del mismo equipo en el sumun del despropósito, y eso que ese día corrió el estilete que todos dicen marca la diferencia, Tom Boonen, un corredor tan ausente desde hace tanto tiempo, que su recuperación para grandes empresas resulta complicada de creer, aunque sólo sea por la mala suerte que le frecuenta.

A pesar de que al día siguiente Mark Cavendish palió en cierto grado la desazón, ya no habría más laureles para el Etixx, ahí se acabaron todos, porque meter la Strade en este paquete de clásicas adoquinadas no sería correcto, aunque sólo fuera porque hablamos de una carrera que, aunque prestigada, no se puede medir a las clásicas y se semiclásicas que desvelan a los belgas.

Pasando también página en San Remo, donde Katusha y Giant demostraron que con talento bien gestionado se sacan mejores resultados que con dinero a manos llenas, desde E3 a Roubaix, la primavera ha sido un quiero y no puedo para los belgas con actuaciones trufadas de errores garrafales como el cable de Niki Tersptra para que Kristoff ganara a placer Flandes o los erráticos movimientos de sus fichas, camino de Roubaix. Siempre en superioridad, nunca con la victoria bajo el brazo.

En E3 Geraint Thomas ganó con solvencia a Stybar y en Wevelgem, Paolini, un corredor que estaba castigadísimo, como todos pero quizá más que el resto, les birló la cartera siendo, una vez más, el equipo con más presencia, exactamente lo mismo que en La Samyn, donde Meersman, el hombre rápido del equipo B, no pudo si quiera sacar punta a otra superioridad numérica.

Sangrante, aunque quizá poco vista, fue la derrota de Michal Kwiatkowski en A Través de Flandes, en la que fue víctima de la racanería de Dylan Van Baarle y de la pizarra limpia y lúcida de los Topsport, equipo de segundo escalafón, con muchos menos posibles, pero con una ilusión que suplen otras ventajas.

Seguramente, cuando toque hacer balance, pese la caída y posterior baja de Tom Boonen, pero que quieren que les diga, Kristoff, Degenkolb, incluso Geraint, corren sin un coco que es guarde la espalda, lo hacen a pelo y ganan, y lo hacen porque dominan la escena como Etixx ha demostrado no saber hacerlo y cuando la evidencia del resultado es tan obvia huelgan matices y excusas. Ahora que descorchen la cerveza editada para la ocasión.

Imagen tomada de http://www.etixx-quickstep.com

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