Perico en MasterChef: ¿Por qué el ciclismo no puede tener un reality?

Perico Delgado JoanSeguidor

El ciclismo tiene los elementos televisivos para ser carne de un reality

La semana que concluye nos dejó la noticia de que Perico estará en el MasterChef celebities del próximo otoño, creo.

Una notica que queremos valorar en términos de lo que implica para este deporte, nuestro querido ciclismo, tan al margen de los circos medáticos donde se cuece la pasta de verdad.

Que Perico esté en MasterChef seguramente será un éxito, en otra cosa no sé, pero el exciclista se maneja bien -damos fe- entre cámaras, periodistas y audiencias, domina la escena, marca los tiempos, dice lo que la gente quiere escuchar y lo hace con gracejo.

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De entre todos los ciclistas que ha dado España posiblemente sea el más adecuado, sin duda, no es necesario tener el mejor palmarés para ello.

Y los chascarrillos ciclistas que tomen el programa supongo que serán la constante: que si hacer la goma, que si coronar el primero, que cocinar sano…

En fin, que lo celebramos.

Pero ver a Perico en MasterChef nos devuelve a algo que hace tiempo que defendemos

Por ejemplo, llevar ciclismo a prime time más a menudo, incluso con la pesadilla logística que supone, entre organizaciones y auxiliares, quizá el beneficio compense el sacrificio.

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Pero no sólo eso, ¿no podríamos tener un reality de ciclismo?

El de cocina ha triunfado, y hay otros por ahí, uno de costura, creo, alguno de citas -con Oscar Pujol buscando media naranja- el ciclismo podría tener su recorrido.

El documental del Movistar Team ha sido un ejemplo de que el ciclismo da en la tele, tiene su qué, quizá por lo desconocido y opaco que resulta de puertas hacia afuera.

Si las escerificaciones, los falsos caviares y todo eso han tenido éxito, por qué no los vatios, puertos, desniveles, desarrollos, bicicletas… 

Preparar una QH, un desafío en L´ Etape du Tour, igual que se reunieron con Victor Gonzalo un grupito de frikis a hacer su mejor maratón hace quince años ya.

El ciclismo es un deporte con atractivo televisivo tan grande que podría sentar precedente en la creación de un producto cuyo éxito estaría por ver.

Y eso en una industria que apuesta por su deporte, con margen para crecer e introducirse en una sociedad que puede tener en la bicicleta una de las soluciones más recurrentes a sus problemas.

¿Os hace un reality de ciclismo?

El eterno deje antifrancés de las narraciones ciclistas

ciclista español JoanSeguidor

El palo a lo francés era y es la constante en las narraciones ciclistas

Estos días de refresco ciclista en Teledeporte, escuchamos con perplejidad algunas narraciones ciclistas que pusieron voz a este circo, allá por los ochenta.

Obviamente nada que ver con la actualidad, una cosa similar a leer un libro de texto de hoy y entonces, aunque hay dejes que sobreviven al tiempo.

El palo al francés, a lo francés, a los franceses sigue vigente, una constante que se repite de mano en mano, de boca en boca, de Angel María de Pablos a Ramón Pizarro, pasando por Rafael Recio.

En la revival de la etapa de Alpe d´ Huez que pone a Perico de amarillo en el Tour que acaba ganando -qué gustazo ver esa etapa desde el Glandon- Rafael Recio es una máquina de hincarle el diente a nuestros vecinos del norte.

Una obsesión tal, que a veces pensamos que es el hilo conductor de las retransmisiones, el motor de cualquier comentario o apreciación, el síntoma de un complejo de inferioridad que no sé si está superado.

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Esta tarde de domingo vimos a Joan Llaneras colgarse el oro de puntuación en el mundial de Burdeos.

Pizarro, el narrador del evento, rabió hasta la extenuación contra la organización gala por la confusión entre la ceremonia del mallorquín y la celebración de los velocistas franceses, condecorados justo antes.

Es un ejemplo, uno de tantos.

Hoy las cosas, no podemos decir que sean muy diferentes.

Sigue prevaleciendo ese «forofismo» por lo español, por lo que de aquí.

Y no creáis que es así en todos los sitios.

Que cada uno mire por lo suyo, es normal, pero hay límites.

Obviamente, sucede en todos los lados, que creen que lo mejor es lo suyo, es natural, pero hasta cierto punto.

Pero hay otros comentaristas, otros horizontes.

Sin ir más lejos en ese mundial que gana Llaneras el bronce es Silvio Martinello, uno de los ciclistas más completos que ha parido Italia en los últimos treinta años.

Ver unos Juegos Olímpicos, en mi caso Río 2016, bien sea la crono o la pista, con Silvio Martinello en los comentarios es un lujo que Italia se permite.

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Conocimiento de las disciplinas, imparcialidad, técnica, la palabra justa… celebrando las gestas, vengan de donde vengas, firme quien las firme.

Sus comentarios cuando Elia Viviani se colgó el oro en omnium caminaban a caballo entre la emoción, el análisis y el reconocimiento de la gesta del veronés.

Pero volviendo sobre el inicio, aquellas narraciones, con musiquita de fondo, sin conocimiento del terreno y con literatura en medio de la tensión de la carrera, las de hoy también tienen lo suyo, cualquier comparación con Martinello provoca llorar, son las de un tiempo que el ciclismo gozaba de una popularidad y prestigio que actualmente ni sueña.

En lo que no han cambiado las cosas en en lo hostil que sigue siendo el relato ante nuestro vecino del norte, no en las dosis de hace treinta y pico años, pero también se llevan lo suyo.

Eso del «yo soy español» también mola por aquí, no sólo va con el fútbol.

¿Cuántos Tours pudo ganar Perico Delgado?

Perico Delgado JoanSeguidor

Decir que Perico Delgado debió haber ganado más de un Tour es realista

Tenemos sobremesas de los ochenta estos días, y en especial sobremesas de Perico Delgado, su aureola, fama incorruptible al paso del tiempo y esta tarde de jueves ventoso y casero de Tour.

Vemos aquella subida a Alpe d´ Huez del Tour de 1987, la primera en dos sentidos.

La primera que gana un español, Fede Etxabe, el adusto ciclista de Kortezubi, cuyo pero específico valoras hoy en día mucho más que podías hacerlo entonces, con tantos y tan buenos corredores de este lado de los Pirineos.

Entre Etxabe e Iban Mayo, pasaron 16 años.

Y fue la primera vez que un ciclista salió de amarillo de su cumbre y no acabó ganando el Tour.

Una efeméride que siempre acompañara a Perico en el Tour.

Pero no os quedéis con este registro «pionero» para valorar la historia de amor-odio que tuvo Perico con el Tour.

Lo cierto es que el segoviano supo desde los inicios que su suerte pasaría por lo que sucediera en Francia y no dudó en fiarlo todo a ello.

Así el Tour que gana, que sí, que ya sabemos que pitó con probenecid, fue uno de los primeros ejemplos en la historia de corredor centrado y concentrado en un objetivo, el Tour. 

Lo que muchos le atribuyen a Greg Lemond, lo cierto es que en ese 1988, Perico lo aplicó, previo paso por el Giro, el famoso del Gavia, donde firmó un nada desdeñable séptimo puesto.

Lo cierto es que en 1988 Perico ganó el Tour de forma tan contundente que poca explicación más requiere.

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Otra cosa fue lo que sucedió al año siguiente, en el que el segoviano, sinceramente, poco o nada tenía que envidiar a los dos tenores Lemond & Fignon.

El desastre del prólogo de Luxemburgo añadido a la calamidad de la crono por equipos dejó tan tocado al dorsal uno, que descontando ese tiempo, posiblemente hubiera ganado ese Tour.

El mejor día que recordamos de Perico fue ese de Superbagneres y la mítica escapada con Millar y Mottet.

Todo apuntaba a que el segoviano tuvo el cénit en 1989, tanto física como mentalmente.

Al año siguiente, ya se le vio fuera de concurso, quedó cuarto, y seguro que sin esos cortes en los que siempre incurría, hubiera estado más adelante, no sé si en el podio, pero Greg Lemond, en ese Tour, le ganó por la mano todos y cada uno de los momentos clave.

Siempre estará la duda de si el sexto Tour de Indurain debió haber sido el primero, sinceramente hubiera sido temerario apostar por el navarro en la España de 1990, un país entregado a Perico.

Si luego sale mal, los mentores de Banesto no pueden volver a casa…

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¿Pudo ser 1989 el tercer Tour de Perico?

Mirando atrás, quedan dos ediciones en las que Perico pudo haber optado al Tour.

En 1983, el año de descontrol, con Fignon asaltando el poder, llegó a ir segundo, pero le pesó el final.

Al año siguiente abandonó por a caída bajando Joux Plane.

Y luego estuvo 1987, por que las ediciones intermedias quizá no las tuvo al alcance, incluida la del 86 que dejó por el fallecimiento de su madre.

Ese año, 1987, se cruzó en su camino un Stephen Roche, que sería irlandés de nacimiento, pero parecía italiano en la carretera, sacando provecho de cada circunstancia que surgía en la carretera.

Sea como fuere, el Perico de 1987 no era el contrarrelojista que acabaría siendo al poco tiempo y ahí el irlandés le sacó el amarillo en la crono final de Dijon.

Decir que Perico debió haber ganado más de un Tour es realista, asegurar que debió haber ganado tres, por ejemplo, es aventurado.

Él perteneció a un generación única.

De Fignon a Roche, pasando por él y acabando en Greg Lemond, quien de no haber mediado el accidente de caza, perfectamente podría haber sido el coco de su generación.

Sin embargo, visto ahora, les quedó todo muy repartido.

Perico, Orbea y la niebla de Luz Ardiden

Perico Luz Ardiden JoanSeguidor

Curiosamente, aquella tarde, la niebla de Luz Ardiden alumbró el camino de Perico

La historia de hoy ocurre entre dos nieblas, la del recuerdo carcomido por 35 años y la de Luz Ardiden envolviendo la hazaña de Perico.

Hasta la década de los ochenta, muchos vericuetos habían llevado a la fábrica de Orbea hasta una situación límite.

La floja gestión de la tercera generación de la familia, con el que fuera alcalde de Eibar al frente, Esteban Orbea, dejó la empresa, entonces sociedad anónima, al pie de los caballos a finales de los sesenta.

Luego, a partir de 1969, la empresa encontró acomodo entre sus propios trabajadores, quienes un día tomaron la decisión de hacerse con el mando de nave en medio de una tormenta perfecta: una competencia muy fuerte como la de BH, una percepción de marca pesada y anticuada, una cruda crisis económica, una plantilla con elevada media de edad, una tesorería maltrecha,…

Pero de aquel atolladero se salió sentando las bases de una época más floreciente cuando el mundo entró en los ochenta.

Hubo alguien, Peli Egaña al frente, que un día pensó que a Orbea le vendría bien un equipo ciclista para acabar de redondear su presencia en el mercado.

Se decidió retomar la historia de los “antiguos Orbea”, como le gusta decir a Txomin Perurena. Los Cañardo, los Montero, los Berrendero,… tenían ahora herencia, cincuenta años después de sus malandanzas.

Y se pusieron a ello, un puñado de entusiastas ciclistas, con dos símbolos por bandera llamados Peio Ruiz Cabestany y Jokin Mujika, un tipo cuya humildad abruma.

Con ellos en vanguardia se sacó un equipo pro en 1984 que tuvo continuidad al año siguiente con uno de esos fichajes que tuercen la historia de una marca, de una empresa y por ende de cientos de familias.

Pedro Delgado recaló en Orbea en 1985, con el copatrocinio de Gin MG en la Vuelta  y Seat en el Tour.

Julio Delgado le dijo a su hijo, en el momento de saber del interés de la firma vasca, que “muchas bicis habrán de vender estos para poder pagar tu sueldo”.

Pero pudieron y Perico apostó por Orbea, equipo en el que estuvo un año, pero qué año.

El año que cambió la suerte de la cooperativa.

Hace cinco años por estas fechas se conmemoró en Navacerrada un acto que recordaba las tres décadas del triunfo del segoviano en la Vuelta a España, aquella que sin obedecer a otro objetivo que ganar la etapa, acabó llevándose tras galopar con Pepe Recio en medio de la niebla física e informativa, porque las referencias que manejó el líder, Robert Millar, aún hoy siguen siendo más misteriosas que las brumas de Navacerrada.

Al poco tiempo, Perico ganó en Luz Ardiden la etapa reina de los Pirineos, también en medio de la niebla, entre cortinas de confusión y emociones cruzadas pues nadie sabía cuán cerca venía el «Jardinerito» Lucho Herrera. Fue otro día memorable, como si la pizarra del hotel se encajar en los muchos kilómetros que van desde el Aspin a Luz Ardiden, pasando por el Tourmalet.

Una victoria de equipo, con Pepe del Ramo, el hoy mentor de Catlike, Peio y Perico encadenados a la memoria del momento.

Un triunfo con tantas interpretaciones como actores intervinieron.

Al año siguiente Perico no siguió en Orbea, pero el segoviano había torcido la historia, la había enderezado.

Tras años de incertidumbre financiera, con la familia en su últimos momentos de gestión y los complicados arranques de la cooperativa, la firma de origen eibarrés habían encontrado el camino para ser lo que es hoy.

Cuando TVE entró en el Tour

Tour Francia TVE joanSeguidor

Hace 36 años TVE entró en la historia del Tour de Francia

Aquel Tour de 1983 fue memorable, y TVE pudo darlo… por primera vez.

El Tour de 1983 estaba yendo sorprendentemente bien para los ciclistas españoles. Ajenos a las primeras plazas prácticamente desde tiempos de Luis Ocaña, los debutantes azules, el equipo Reynolds, estaban en vanguardia e incluso sembrando de espectáculo una de las ediciones con más aristas y matices que se recuerdan. Dos ciclistas, Angel Arroyo y Pedro Delgado, abrigaron los motivos para que esa España, que Laurent Fignon, ganador a la postre de aquella edición, definió como miembro del “Tercer Mundo”, se decidiera a dar en directo la carrera por primera vez en la historia.

Fue en concreto el día 20 de julio de 1983 y El Mundo Deportivo lo recogía así aquella misma jornada:

 

“A última hora de la tarde de ayer pudo saberse que a partir de hoy Televisión Española va a retransmitir en directo los finales de las etapas que restan hasta la conclusión del Tour. Será por la primera cadena nacional y entre las cuatro y media y las cinco de la tarde  cada día.

La primera cita ante el televisor la tendrán los aficionados hoy alrededor de las 17 horas, hora prevista para que tos primeros corredores lleguen a la meta de Morzine. Seis puertos de montaña deberán superar desde la salida en Alpe d´ Huez. Esta medida de TVE nunca es tarde si la dicha es buena, viene un tanto a «replicar» a los medios de comunicación que se preguntaban por su ausencia en la ronda francesa, especialmente el colega parisino de L´Equipe”

 

A cuatro días del final de ese magnífico Tour, el ente nacional vio oportuno arrojar luz sobre las tremendas gestas que Perico, especialmente en aquel descenso del Peyresourde, y Arroyo, ganador en la cima del Puy de Dôme, estaban protagonizando. Aquel mismo año la Vuelta a España, la mejor de la historia según los expertos, tuvo por primera vez señal en directo, pudiéndose ver la gesta de Hinault en Avila o la conquista de los Lagos por parte de Marino.

 

Ahora era en los Alpes franceses, a miles de kilómetros, donde en una nube de confusión los periodistas de TVE tuvieron que sufrir lo suyo para dibujar con meridiana fidelidad la carrera. Allí estuvo Emilio Tamargo, dispuesto en Francia, apoyado por Angel María de Pablos y Rafael Recio desde los estudios. Pedro González trabajaba en ese momento para Radio Nacional.

Por cierto la jornada que marcó el hito fue agridulce pues Angel Arroyo desbordó coraje y madera por las cunetas del Joux Plane, ante la cicatería de Van Impe, y la baza más evidente, la principal amenaza de Fignon, Pedro Delgado, sufrió una de esas ventoleras que con el nombre de pájaras le haría casi tan mítico como sus ataques. “Delgado y la tele, incompatibles” tituló el deportivo del Grupo Godó al día siguiente en una nada premonitoria cabecera.

Fabio Parra no pudo con Perico, no cabe darle más vueltas

Fabio Parra JoanSeguidor

Los duelos de Fabio Parra y Perico aún siguen dando que hablar

Cada cierto tiempo vemos en las redes recortes, recuerdos de cuando Fabio Parra fue ciclista y estuvo a las puertas de ganar un Tour y una Vuelta del tirón.

Para quienes ahora saboree las mieles del éxito colombiano, Fabio Parra fue pionero, uno de esos mineros que hicieron fortuna a base de picar y picar en los inciertos ochenta, corriendo aquí y allá, haciéndose un nombre el Kelme.

 

De aquellos años nos queda el recuerdo de un ciclista laborioso, buen escalador, una hormiguita que sacaba la cabeza en las cronos como los escarabajos de su generación no fueron capaces.

El recuerdo de un corredor humilde, tranquilo, que sacó partido a sus cualidades para abrir un camino en le que hoy otros hacen fortuna.

Antes que Nairo, Rigo, Bernal y compañía estuvieron Fabio Parra y los suyos, marcando con migas de pan la senda del éxito, pero en un entorno nada sencillo y que, volviendo al inicio del escrito, se reitera cada poco en las redes.

Fabio Parra vivió una injusticia en el Tour de 1988 y la Vuelta siguiente, eso no para de repetirse, un mantra tan extendido como el que el dopaje de los europeos han dejado secas las ilusiones de no pocos colombianos.

 

Sinceramente, seguir dándole vueltas al mismo tema además de agotar, es estéril, como las quejas del propio Fabio hace un par de años.

El ciclismo que quedó escrito hace treinta años está escrito, emborronarlo no es más que poner nebulosa sobre una época que muchos recordamos como la puerta a este maravilloso mundo.

Viéndolo ahora te explicas muchas cosas, sin duda, pero marear al personal no tiene sentido.

Hubo un tiempo que, quizá, tuviera sentido remover la realidad, pero no se hizo.

Fabio Parra explica el contexto, corría para Kelme, ¿qué le habría significado a la marca ir contra el ídolo de su país?

Sin duda, un pingüe beneficio que ni siquiera el Tour le habría compensado.

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Todos los que vimos el ciclismo de esa época lo guardamos a sabiendas que remover ciertas cosas provocará dolor.

Preferimos recordar esas tardes de julio, de abril, el mano a mano y la innegable de realidad que Perico fue un tipo que trascendió al ciclismo, ganando mucho menos que, por ejemplo, Miguel Indurain.

Y Fabio Parra puede mirar con orgullo lo que es hoy el ciclismo colombiano en el máximo nivel, un orgullo que no puede esconder la realidad que le tocó vivir, aunque de su labor de pionero bebe el éxito presente.

Cuando un libro ha quemado ciertos capítulos, no cabe mirar atrás.

Superbagnères fue el mejor día de Pedro Delgado

Pedro Delgado Superbagneres JoanSeguidor

La mejor carrera de Pedro Delgado fue aquella que no acabó ganando

Cuando hoy, año 2019, miramos atrás y vemos las emociones que nos deparó el Tour de hace treinta año, con Pedro Delgado al lado de la extraña pareja Fignon & Lemond, no sabemos si este invento ha mejorado.

Aquella fue la memorable carrera resuelta por ocho segundos, tras tres semanas, entre parisino y californiano, entre dos ciclismos, dos formas entender la vida, que colisionaron en su mejor esplendor.

Pero aquella fue también la carrera de Pedro Delgado, posiblemente, su mejor actuación de siempre y eso que acabó tercero.

Para ponernos en situación hay un nombre pequeño en el mapa, pero enorme de significado, Luxemburgo, aquella salida traicionera que dejo al campeón saliente, el dorsal uno, noqueado ya de inicio.

El retraso de Pedro Delgado en Luxemburgo explica buena parte de la carrera, para lo bueno y lo mano.

«Joder, siempre me recordáis lo mismo, sed un poco originales» nos comentó una vez Perico, inquirido por aquella experiencia.

Pero es que la historia te regala momentos singulares que treinta años después, en el ciclismo el milímetro, suenan a chanza.

 

Y así vemos que aquel arranque arruinó, finalmente, la carrera del campeón vigente, Lemond y Fignon eran muy buenos para andar regalándoles minutos, pero al mismo tiempo le espoleó a la mejor jornada de los llamados «periquistas».

Muy desplazado en la general, la crono por equipos acabó de hundirle en la general, Pedro Delgado sabía que los Pirineos tenían la llave de su regreso al frente.

Tras Cauterets, aquella jornada que presentó a Miguel Indurain en sociedad, dos años antes de hacer la carrera suya por cinco ediciones, en Reynolds, entonces ya con el copatrocinio de Banesto, trazaron la estrategia más agresiva para la jornada de Superbagneres.

Describen Superbagneres en la obra que Libros de Ruta ha traducido brillantemente de aquella edición –Tres semanas, ocho segundos– como una estación humilde, una recta en medio de la montaña, bloques pasados de moda y lugar desapacible.

Pero es que aquel ciclismo era así, más humilde, más humano, mucho más cercano.

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Podríamos decir que Luxemburgo obligaba y la jornada con Tourmalet, Aspin, Peuyrerourde y final en la citada estación tenía que devolver a Delgado a donde le correspondía.

Y se puso manos a la obra, con un ataque de largo radio que tuvo dos compañeros que habla del nivel de las grandes gestas que hicieron el Tour lo que es.

El ciclista de la coleta, el mismo que cuatro años antes perdía inexplicablemente toda una Vuelta en la sierra de Segovia, a manos de Pedro Delgado, Robert Millar entró al trapo, y con ellos el tibio, Charly Mottet, de hecho el mejor clasificado de los tres y líder virtual durante muchos pasajes de la jornada.

 

 

Haciendo camino, los tres firmaron una memorable hoja de ciclismo y antología del esfuerzo.

Un monumento que sigue en nuestra mirada y en el recuerdo, el asidero que nos recuerda que este deporte es bello como ninguno, trasladando la locura por cimas y valles, pueblos, calles, virajes y en cada tramo de esos que la emoción se palma en la cuenta, incluso cuando lo ves por la televisión.

Un calambre de felicidad.

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Perico se distinguía por un ataque feroz e incuestionable cerca de meta, no cuando las vallas, pero cerca, aquella jornada, obligado por una coyuntura tan adversa que lo tuvo fuera de carrera durante días, desterró aquellos ataques con la algarabía de meta ya sonando.

Fue sin duda el mejor día de su carrera, a nuestro juicio.

Le valió para conquistar el podio que finalmente haría suyo, una tercera plaza que pergeña en esa pequeña historia de cábalas sobre cuántos Tours debió ganar Perico.

Eso se lo dejamos a quienes quieran jugar a hacer cuentas, por de pronto recordar aquella jornada es evocar el ciclismo que nos atrapó hasta el día de hoy.

Imagen: Parlamento Ciclista

¿Por qué no me gustan Perico y Carlos de Andrés?

Perico y Carlos de Andrés nos resultan repetitivos, partidistas y desapasionados, será el «gen funcionarial»

A dos semanas de que el Tour se ponga en marcha en Bruselas, permitidnos recuperar el cuerpo de un artículo donde argumentamos razones por las que la «pareja ciclista» de TVE Perico y Carlos de Andrés no nos gustan…

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Es una opinión de hace dos años, pero sigue vigente, y la exponemos desde el punto de vista de alguien que ama este deporte, que no mira DNI´s y sí méritos y paisajes.

Porque si cayéramos en lo contrario, nos gustarían otros deportes más dados a la crítica vacía…

Esta mañana pude recuperar un post de hace un tiempo cuando en España se vivía en el filo de intervención económica y la prima de riesgo se nos cantaba como las oscilaciones de la temperatura. El post en cuestión hablaba de cómo se las tendría que ver Carlos de Andrés sin su compañero de retransmisión, Pedro Delgado, Perico vamos, no podía acompañarle porque su entrada en el plató dependía de, curioso, un patrocinio privado. Al final Perico tuvo ese patrocinio, cosido con poca fortuna en su polo, y pudo estar, pero durante unos días, pensamos que el Ente confiaría toda la locución del Tour al narrador catalán.

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En fin que en breve los volveremos a tener aquí, y como todo en la vida, el respetable se muestra dividido. Guste o no, este par será parte de la familia de muchos hogares y con lo que ellos vean y se interprete tendremos sobre la mesa lo que da de sí una carrera como el Tour, la cita que muchos relacionan con julio y la siesta.

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A mí, personalmente, no me gustan nada sus retransmisiones, muchas veces lo hemos comentado, y aunque no seamos asiduos a sus relatos, acostumbramos a escuchar al otro dúo, Alix & Chozas, sí que cuando los sintonizamos o nos llegan comentarios de terceros, tomamos la medida de su trabajo.

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Y no nos gustan porque:

Son partidistas, entiendo que lo patrio tire, pero no hasta ciertos extremos de negar realidades que todos vemos. Alberto Contador y Team Movistar son los vértices de sus gustos, todo lo que demás no es digno de ser tratado igual. Ejemplos mil…

Desprecian a los rivales y además de forma poco disimulada. Como en el anterior punto, ejemplos mil. Uno gráfico: la etapa del Aubisque de la Vuelta pasada cuando hacían chanza con los movimientos del Orica hasta que Simon Yates se situó entre los mejores de la general. Ahí se ven las limitaciones de sus análisis de movimientos y estrategia. Es más, si alguien lo prueba y no entra en sus cánones, lo tachan de inconscienciente: «¿a dónde va?», «¿qué hace?»… como si rompiera el sesteo que les gusta imponer en el relato.

 

Chris Froome es otro de sus focos y el dinero que maneja el Team Sky el mantra para explicar sus victorias. No hay trabajo, no hay método, no hay mil cosas, el dinero que manejan es la clave. Se les nota tanto que quieren ver caer al tres veces ganador del Tour, como a Josu Garay que Tom Dumolin perdiera el Giro.

Se centran en los nombres conocidos, no cuentan con que la carrera la corren casi doscientos tíos con su padre y madre respectivos, doscientos tíos que llegan a full y son perfectamente capaces de ganar a quien se le cruce. Como el “Cancellara de turno” se meta en la fuga, todo gira en torno a a él y si no da la talla, muestran sorpresa y hasta decepción. En el ciclismo, por suerte, no hay nada escrito, y el más tonto hace puentes.

 

Muestran desidia y desinterés en lo que ven, en especial Carlos de Andrés, a quien le recuerdo lúcido y atento cuando iba en la moto, hace un cuarto de siglo, o cuando narró aquel Tour del 92 que no pudo hacerlo Pedro González, por un accidente durante la Vuelta a España, que entonces se disputaba en abril. Aquel Carlos de Andrés dominaba el inglés, era incisivo y admito nostalgia aquella pareja que hizo con un periodista que creo que apellidaba Tamargo o Camargo, ya me disculparéis no me acuerde. Ahora se le hacen un mundo ciertas ciertas situaciones, omitiendo que hay muchos por estar donde él está.

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Y por último, y ahora que viene el Tour, empezará el cachondeíto con los “chateaux” y demás, se quedarán en la anécdota, “estos franceses…”, leerán cuatro reseñas de la Wiki o de donde sea, y poco más. No verán como un país vende su territorio, sus bondades, sus atractivos, su turismo,… un país que es el primero en el mundo en recepción de turistas, incluso golpeado por el terrorismo, un país que compite con España en el top de grandes potencias receptoras de turismo, no copiarán este modelo para la Vuelta y harán de la carrera un publirreportaje de tres horas que la gente se trague porque sencillamente está a gusto viendo lo que ve. Se quedarán en lo anecdótico e insustancial, como otras muchas veces… y pasarán los chistes, las gracias y los tópicos, eso que si os digo la verdad, es lo que menos me molesta porque ser 100% correcto durante tantas horas, es sencillamente imposible.

Imágenes tomadas de Youtube y El Tío del Mazo