#LaVuelta 11: El «Nairo vs Froome» está servido

No dudábamos que la undécima etapa constituía un eslabón difícil a salvar por parte de la caravana multicolor de ciclistas al tener que afrontar la dura ascensión al puerto denominado Peña Cabarga (565 metros), emplazado en pleno territorio cántabro desde donde se divisaba a lo lejos la sugestiva panorámica de la Bahía de Santander. La papeleta a jugar tenía su trascendencia especial para siquiera dilucidar un poco más las intenciones existentes entre los tres primeros clasificados en la tabla de la general, cuyos protagonistas no eran otros que el colombiano Quintana, el actual líder, el británico Froome, que ha reeditado su victoria del año 2011 en esta etapa, y Valverde, que trataba de defender a toda costa su segunda posición, una baza que en definitiva perdió, aunque por unos segundos.

La etapa en sí tuvo hasta las postrimerías una acusada e imperante velocidad que los mismos participantes impusieron. La etapa ciertamente fue a todas luces anodina hasta que se afrontó el puerto de referencia que hemos citado. Digamos que se registró una escapada compuesta por veintitrés ciclistas iniciada en el kilómetro 60, fuga que duró por espacio de un centenar de kilómetros más. Tal escaramuza fue debidamente neutralizada en las rampas del Alto de Peña Cabarga, calificada de 1ª categoría, en cuya cima se alzaba la meta de llegada. Se iba hacia arriba ante una pendiente muy empinada, con porcentajes que oscilaban entre el 5,9 y 9,2 % e incluso en algunos puntos rozaban el 14%. Los 6 kilómetros finales definieron, dieron la pauta de lo que fue en realidad la jornada que nos ocupa. Se vio a las claras el sufrimiento, el esfuerzo al límite, mostrado por los hombres del pedal empujando con fuerza sus bicicletas.

El kilómetro y medio postrero valió toda nuestra admiración al presenciar la lucha palmo a palmo derrochada por los corredores, especialmente por parte de los que han sido y son a fin de cuentas los valores más destacados del momento; los que compiten entre sí para conquistar el liderato o los lugares de honor con que cuenta la Vuelta. La incógnita de quién será el futuro vencedor absoluto nos mantiene en vilo, aunque personalmente como es natural tenemos nuestras preferencias. En este sentido más vale ir dando paso a las etapas que nos vienen encima, válganos esta expresión, para sacar consecuencias más firmes. Froome, este ciclista nacido en Nairobi (República de Kenia), nacionalizado británico, al adjudicarse la etapa sobre Quintana, su inmediato y más directo adversario, tuvo la beneficio suplementario arrebatar unos segundos de bonificación, que el reglamento de la prueba concede a los tres primeros de la etapa, en la escala de 10, 6 y 4 segundos, en orden correlativo. Ahora, son 54 segundos de tiempo los que separan a uno de otro en la general. El duelo no puede ser más disputado y más encendido. La incógnita de esta danza, no lo dudamos, viene dominando los ambientes ciclísticos.

El británico Christopher Froome, que no pedaleaba con contemplaciones en ese día lanzó un furibundo ataque, iniciado precisamente por Quintana. En consecuencia a esta estocada cedieron unos consabidos segundos de tiempo el español Alenjandro Valverde, el checo Leopold König y el otro español Alberto Contador. Fueron unos escasos segundos en juego, que en verdad sin ser vitales nos dan una idea de tal como van las cosas.

Escribíamos en uno de nuestros comentarios que el colombiano Nairo Quintana, que viste la camiseta de líder con toda honra, estaba rodeado de ciclistas extranjeros por todas partes en lo concerniente a la tabla de la clasificación general, salvo la punta de lanza a cargo de Valverde y Contador, con el que siempre hay que contar. Esta vez, tras la undécima etapa que exponemos, contemplando los catorce primeros puestos, encontramos a varios ciclistas españoles en posición aceptable, en lista de privilegio. Veamos su situación concreta: Alejandro Valverde, ocupa el tercero. A continuación señalamos a Alberto Contador (5º), David De la Cruz (9º), Samuel Sánchez (10º), Daniel Moreno (12º) y Sergio Pardilla (14º). En algo hemos mejorado.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada del FB de la Vuelta a España

La Peña Cabarga: La cima que mira el mar

Cantabria es pequeña. Pero este término puede ser muy relativo ya que esto no le impide ofrecer a cicloturistas de diferente pelaje, desde duras cumbres para escalar y probarse en sus severas cuestas, hasta carreteras junto a playas de aguas tranquilas para pedalear y rodar con tranquilidad.

Cantabria es la Montaña, como si no hubiese lugares, que los hay, más distantes del nivel del mar. Una tierra en la que más de su mitad está 600 metros por encima de su piélago, el Cantábrico, un mar duro que combate fuerte con sus altas olas.

Los naturales de la tierra son los montañeses, gentes que pueden estar separados por pocos kilómetros, entre los que viven en la alta montaña y los pescadores de la costa. Del litoral a los Picos de Europa, donde las alturas se disparan hasta los 2.500 metros.

Cantabria es verde naturaleza y azul de los cielos y el mar.

Terruño de difícil acceso en la antigüedad, donde las sierras han formado una barrera natural, Cantabria es equilibrio, entre el mar y el monte, entre la naturaleza y la obra del hombre.

Vamos a comprobarlo.

Parque Natural de la Peña Cabarga. Santander. Una de las ascensiones más duras que se pueden realizar en bici en esta bella tierra.

Como diría un buen amigo, «una subida para cicloturistas muy bien preparados». Y con muy buen desarrollo, añadiría yo.

Pero estamos en junio. Nuestro mes. Estamos en nuestro mejor pico de forma y nos decimos a nosotros mismos ¿por qué no? El verano ha llegado y lo ha hecho para hacernos feliz, para que lo llenemos de colores y de sueños… cicloturistas, parafraseando la famosa canción.

Sol. Calor. Tiempo de playa. También de montaña. Mes de vacaciones para algunos, como pueda ser nuestro caso, disfrutando de esta joya que es Santander que nos recuerda nuestra infancia. Y nuestra juventud. Cuando pasábamos largos y cálidos veranos en inolvidables estancias junto al Cantábrico. Matinales de playa con la familia. Tardes de bici con los amigos, bajo el inconfundible canto de la chicharra. Salidas, a veces, a ritmo de verano azul. Otras, muchas, muy duras. El reto era alcanzar el alto de Peña Cabarga, una escalada muy exigente a este macizo santanderino, donde nos dábamos palos por todos lados y nos picábamos en sus inflexibles rampas.

Sudor. Calor. Cansancio. Fuerzas llevadas al límite. Meriendas junto al monumento a los marinos de Castilla. ¡Qué recuerdos!

Allí arriba, gozando en su cima de las vistas, contemplando toda la Bahía de Santander, los valles y los Picos de Europa, nuestros sentidos se abrían y observábamos fascinados cómo se conjugaban con fuerza todos los elementos de la naturaleza, el cielo y el mar, la montaña y el viento.

Hoy volvemos. Para allí que vamos. Le tenemos ganas.

Nos bajamos la cremallera del maillot. El día ha sido caluroso. Habremos rebasado los 30º grados con facilidad. Lo bueno que tiene salir a media tarde, aprovechando los largos días de junio, es que la intensidad del sol va bajando a medida que también nosotros vamos avanzando en nuestro pedaleo, mientras el sonido de las golondrinas, que tanto nos gusta también, cantando alegres y revoloteando entre los callejones, nos acompaña en estas primeras pedaladas mientras enfilamos la antigua carretera entre Santander y Bilbao.

Habremos salido prácticamente tocando la fina arena de la playa del Sardinero, para en apenas 20 kilómetros alcanzar el Mirador del Indiano, allí arriba. Así de cerca. Así de lejos. Pensar en este muro nos hace verlo próximo, porque a 14 kilómetros de Santander, enfilando la recta de Heras, encontramos el cartel que nos indica el camino a seguir para superar el resto. También nos dará la impresión de distancia, de mucho trayecto, pues en esos últimos 6 kilómetros, en los que comienza la diversión, es donde sentiremos en nuestras piernas toda la dureza de esta gran cuesta y, con dolor, después de tomarnos con calma sus tres primeros kilómetros al 10%, para llegar al falso llano de 500 metros, respirar profundamente, antes de encarar sus infernales 2 kilómetros y medio hasta la cúspide.

Por eso, la recomendación es tranquilidad, buen ritmo y no forzar mucho, estirar piernas en el descansillo, y afrontar con cabeza y piñón grande la pendiente que se nos vendrá encima con una empinada rampa de 200 metros al 22% de desnivel que se nos hará eterna.

No podremos olvidar las imágenes que vendrán a nuestra memoria, como fogonazos, recordando como reptaban por aquí, retorciéndose, escaladores de la talla de Joaquim Rodríguez, Chris Froome, Juanjo Cobo o Vasil Kirienka.

Pasado este trance, sólo nos quedará pedalear 500 metros más hasta la cima con una no menos exigente media al 8%. Un vértice fabuloso coronado por el Pirulí de Peña Cabarga.

Prudencia en el descenso y buen retorno, de nuevo, al mar.

Por Jordi Escrihuela, desde Ziklo

Imagen tomada de www.vamosacantabria.com

INFO

Santafixie recauda 1.500 eur para el proyecto Cycloville

A nadie le amarga Igor Antón

En el momento previo al descuento, cuando la temporada languidecía y la ola de los fichajes parecía haber pasado, cayó el traspaso más sonado del ejercicio y quizá no tanto por el tamaño del protagonista, Igor Antón, pues han habido otros movimientos interesantes, sino por el simbolismo que su llegada al Movistar reviste.

Siempre naranja, Antón pasa a ser azul. Cambia de compañía, la suya de toda la vida, Euskaltel, dejó de tener cobertura. Buen escalador, prometedor desde sus inicios, desde aquella victoria de Calar Alto con la bendición de su padre deportivo, Samuel Sanchez, Igor Antón ha sido lo más parecido a un futbolista del Athletic en lides ciclistas. Desposeído de la lógica competitividad de las grandes escuadras, por el cartel netamente vasco de su equipo, Antón ha crecido cómodo en las huestes de Madariaga e Igor González. Siempre ahí, alcanforado, tranquilo, en el abrigo de una escuadra sostenida por dinero público hasta que se desarraigó.

Los últimos meses han sido complicados para Antón. Deportivamente no sabemos qué queda de ese ciclista que maravilló en el Zoncolan o logró su “bilbainada” hace tan sólo dos años –por cierto poco se habló del papel de Marzio Bruseghin en aquella victoria de Antón en Bilbao-. Antón ha sido ese corredor que en el umbral de su Gloria con mayúsculas acabó besando el suelo como le ocurriera en el Angliru hace cinco años o en la Peña Cabarga hace tres.

Si el carácter funcionarial ha definido su periplo en Euskaltel, el de Galdakao llega ahora a otro equipo no menos funcionarial. Esto es ”chez Unzué”, es el mejor sitio donde podía ir a caer, visto ese carácter no siempre fuerte y robusto que otros sacan al menor desafío. La diferencia radica en el estatus. Antón pasa de ser cabeza de ratón a cola de elefante. Aquí se tendrá que ganar los galones y ni siquiera así puede tener la certeza de que las circunstancias le sonrían porque las servidumbres hacia Nairo Quintana, con quien se dice que podría correr el Giro, y sobre todo hacia Alejandro Valverde podan cualquier atisbo de crecer.

Como conclusión final subyace el auténtico estado del ciclismo español. Con la honrosa excepción del Caja Rural, quien parece que anunciará a Luisle Sánchez en enero, Movistar es el principio y el fin y eso significa muy posiblemente una reducción, otra más, a la calidad salarial del pelotón español. Hace dos años ficharon casi de saldo al ganador vigente de la Vuelta a España, ahora hacen lo propio con Antón. Unzué lo hace bien, la suerte le sonríe y las cosas le vienen rodadas, pero ahora mismo ver la plantilla del Movistar indica cuán pobre es la situación. El esperado rebote de la misma se hace de rogar pero quizá cuando llegue poco haya que reflotar.

Foto tomada de www.esciclismo.com

Mi galgo se apellida Kiryienka

Un momento en el tiempo. La Cabarga atestada. Fina tela humana que cubre la ruta desde el balcón que aprecia la bahía de Santander. Hay una tijera que abre brecha, que separa las aguas. El Moisés se llama Vasil Kiryienka. El cielo es el techo, huesos y carne en escozo las paredes. El ruido, el humo del tabaco.

Curiosa la temporada del bielorruso. Ciclista fichado desde Movistar, Kiryienka fue el vivo ejemplo del olfato, caso de gourmet, que tiene en Team Sky para fichar. Es un corredor único que tira por varios. Capaz de mantener kilómetros y kilómetros el pelotón junto, sin fisuras, sin relevos. Dantesca esa jornada de País Vasco con final en Beasain. Jornada fría, gélida, de finos alfileres punzando las mejillas y entumeciendo las piernas. Kiryienka solo tira, pasan diez, veinte, treinta kilómetros y sigue al frente. El Sky de Henao y Porte se descarga en sus espaldas. Los hombres de negro salieron con menos corredores que el resto aunque sabedores de que había uno que valía por tres.

De ahí que aún resuenen raras las razones del abandono de Kiryienka en el Tour. De esa desbandaba sin culminar que propinó Movistar en los Pirineos hubo una gran víctima. Todo el año pensado en el Tour, y al octavo día Kiryienka se fue para casa. Así, de forma indescifrable. Esto es ciclismo, un día arriba, otro ni llegas, un poco lo que le ocurre a su equipo, que impresiona en el orden y se hace vulnerable en el caos.

Se rehízo en la Vuelta a España, desprovisto de servidumbres. Sabor agridulce, una de cal, la otra de arena. Con todo una cosa es indiscutible, a pesar de su calidad no duda en ponerse al servicio de otro, pero queda la duda de que sería si suerte se jugara en solitario. No aparecería en muchas quinielas pero seguro que daría la talla del excelente profesional que es. No podemos esconder nuestra afinidad por este ciclista que hace cinco años, cuando defendía los colores de un equipo cuyo patrón se llamaba Oleg Tinkov, fue campeón del mundo de puntuación y a los pocos meses ganador de una fenomenal etapa en el Giro de Italia bajo una cortina de agua y un frío de espanto. Sí, fue ese tiempo en el que hubo un día que no pareció disputarle a fondo una etapa a David Arroyo en Segovia. Porque nadie es perfecto y nuestro galgo tampoco.

 

Esta instantánea sale del anuario Zikliamatore 106 páginas con el pulso visual de este año como siempre a vuestra merced ciclando aquí.