Perico y el ciclismo que nos enganchó

Perico Delgado JoanSeguidor

El documental que Movistar le ha dedicado a Perico treinta años de su victoria en el Tour tiene la facultad de despertar sensaciones de esas que sólo aquel ciclismo nos regaló.

Julio eran vacaciones, calor, pueblo, ir a por la lechuga al huerto, los abuelos, la «tieta»… julio era Tour y también Perico.

Julio era piscina o playa por la mañana, contando las horas para sentarse frente al televisor, cuando el televisor se podía ver con la radio puesta, porque iban sincronizados.

Julio eran tardes frente al televisor, y la ventana que se abría por Villard de Lans, Luz Ardiden o Col du Glandon.

Si el ciclismo tuvo un gran embajador, si el ciclismo se hizo hueco en los corazones, Perico fue la bisagra.

Y eso nos lo ha recordado Mónica Marchante y el grupo de Movistar que rescatan el gusto por los buenos trabajos, tan escasos en ciclismo en este lado de los Pirineos.

El documental de Perico

La pieza de una hora es un viaje con Perico por esos años en los que el ciclismo sabía muy diferente al de ahora.

Era un ciclismo de furgonas no refrigeradas, de calapiés, de cables a la vista, pero también un ciclismo que prendaba y que nos enganchó tanto, que hoy sigue llenando nuestras horas.

Ciclismo áspero para los ciclistas, eterno para el aficionado, ciclismo de Perico, que era lo mismo que decir echar una moneda al aire sin saber qué depararía.

Ciclismo que vemos muy diferente al actual, por motivos obvios, pero también sentimentales.

Entonces nos los tragábamos todo, comulgábamos con todo.

Me han gustado muchas cosas del trabajo de la gente de Movistar, sobre todo esos recuerdos que despierta, pero también el hecho que no eludieran el positivo el día de Burdeos.

La carrera perfecta, las distancias tomadas, los rivales domados, y Perico es declarado positivo.

Echávarri no elude la cuestión, y destaca la conversión que tuvo con Lévitan, como que en el Tour había un contubernio contra Perico y Reynolds.

Un año antes Lévitan había sido despedido de forma fría y distante de la organización de la mejor carrera.

Si tuvo que ver o no, es un tema que se llevó a la tumba Felix, sus explicaciones vienen para construir el relato.

Entonces recordamos la angustia de su positivo, hoy lo vemos distinto, con la seguridad de que si pasa en este Tour, le sacan de carrera y luego preguntan qué ha pasado.

Hoy, de aquello, sólo podemos decir, que no sabemos nada.

Así las cosas, con aquel affaire o no, con el retraso en Luxemburgo, Perico ha trascendido, ha sido el cicerone ciclista para muchos de nosotros y eso, no lo cambia ni la realidad ni la verdad de lo que pasó.

Porque nos quedamos con el amor que aquella historia despertó en muchos, un amor cuya llama sigue ondulante.

¿Se puede hacer un Tour para beneficiar a alguien?

La semana que cerramos ha sido una “semana Tour”. Sí en pleno mes de octubre, pero semana Tour. Siete días de noticias, rumores y otras cuestiones que han dejado sobre la mesa el mapa de la próxima edición de la mejor carrera del mundo. Y las reacciones no se han hecho esperar. Algunos ven beneficio a los talentos nacionales, otros que el Tour copia a la Vuelta y los que más se desesperan ante un recorrido tan insustancial como escénico.

El Tour de Francia, siempre lo hemos creído, no necesitaba de novedades ni brincos al vacío. Es la mejor carrera, el rompeolas de las grandes estrellas, el escaparate donde las nuevas hornadas quieren destacar y asegurarse un mejor porvenir y el lugar donde los mejores quisieran despedirse dese lo alto. Dicho esto, ASO, por lo que fuere, quiere romper el molde y a ver qué sale, sólo ellos se lo pueden permitir podemos pensar.

El resultado, lo dijimos al calor de la puesta de largo, es un recorrido descompensado totalmente, se mire por donde se mire. Incluso podríamos decir que queda hasta raro plasmado sobre el mapa, con dos líneas casi paralelas por norte y sur, a modo de ceja de selva en medio de un despoblado hexágono.

Es obvio que el ciclismo nada tiene que ver ahora con el de hace veinte o treinta años. Ya no hablamos de dopaje, trampas y otras artimañas. El ciclismo son modas también. El Giro recupera la crono larga justo el año que el Tour quita casi todos los kilómetros de test individual. Si un día pensamos que la Vuelta fue la cobaya del Tour, aquí tenemos el mejor ejemplo, en Francia toman nota de lo que han hecho en la carrera que controlan y lo aplican a la joya de su corona. Veremos que recorrido adopta la Vuelta, pero en la última edición la moda de cuestarrones parecía en cierto desuso.

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Sin embargo, cuando se presenta un recorrido siempre pensamos en a quién se beneficia. Resulta inevitable pensarlo así como llegar a una conclusión. Purito ha dicho que “sería un pecado no correrlo” y las estrellas francesas se ven envalentonadas. De cualquiera de las maneras pensar, como bien dijo Perico en el As, que este recorrido es para dar chance a las estrellas de casa es ir muy lejos, porque por esa regla de tres Alberto Contador debería verse ampliamente beneficiado más cuando las cronos no le cunden como antaño.

Incluso diría más, que Francia vele por sus estrellas es digno y legítimo, otra cosa es que el resultado nos parezca bien. Pinot, Bardet y Barguil, principalmente, porque a Peraud las cronos no le estorban, tienen un buen recorrido para sus intereses. En su mano está poner fin a un periodo maldito de treinta años sin ganador de cara. Conviene no olvidar que el abanico de rivales es tan amplio, y variable hasta que empieza la carrera, que aventurar beneficiados es harto complicado, tanto como pensar que Chris Froome renuncie de buenas a primeras a la mejor carrera del año.

En España el debate cuando hablamos de Francia se envenena desde el minuto uno y nos olvidamos las no pocas llegadas en alto que tuvo Perico en su Tour o de las largas y abundantes cronos en las que Miguel Indurain machacaba a discreción. Argumentábamos entonces que el ciclismo moderno era eso, Miguel Indurain, es decir un atleta fuerte, corpulento y completo. Ahora nos rompen el molde que creímos eternos, como quizá los ciclistas de hace noventa años creyeran para siempre etapas de 300 kilómetros en el Tour. El ciclismo es circular, la rueda gira y que no pare.

Imagen tomada del Facebook de Tour de Francia y declaración tomada de Diario As

INFO

Algo que marque la diferencia puede ser “sencillo”

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El guardabarros “sencillo” protege de las salpicaduras de la rueda trasera de la bicicleta sea cual sea la disciplina y se instala sin herramientas en la mayoría de sillines.Usado en todas las disciplinas, mountainbike, carretera y ciclismo urbano. Y cuando no se usa puede plegarse y llevarse cómodamente en el bolsillo. Con un peso apenas superior a 12 grms, se mantiene de forma consistente en el sillín gracias al diseño de sus formas y al material empleado. Sencillo parte de un sistema de anclaje simple, se instala sin herramientas, bajo el sillín en los railes de este, se mantiene firme, actuando como guardabarros de protección de salpicaduras de a rueda trasera de nuestra bicicleta .

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Serie mitos: Cuando Greg Lemond se cruzó en el camino de Perico

Mientras Pedro Delgado paseaba de amarillo por la avenida más famosa del mundo se pudo pensar que ahí se abría un ciclo, quizá no del calado del recién cerrado por Bernard Hinault, pero sí de más de un Tour, como el propio Jean Paul Ollivier reconoció del segoviano en la magnífica obra “Retratos legendarios de ciclismo”.

Dos años antes de Perico, Greg Lemond, quien hoy mismo ha anunciado el interés por posicionarse en la carrera hacia la UCI, ganaba un Tour cargado de simbolismo: impidió el sexto éxito de Hinault en el ambiente más francés y hostil que hubiera deseado. Aquel americano de fácil pedalada e ingeniosas tácticas vería la muerte de perfil un año después en un accidente de caza.

Así las cosas, la suerte quiso que Lemond y Delgado fueran compañeros de generación aunque casi no hubieran cruzado caminos en la pugna por un éxito mayúsculo. La vida les llevó a chocar en dos ediciones del Tour, cuando nos pronósticos posiblemente no lo hubieran acertado.

En 1989 Pedro asistió al Tour con cartel de favorito de frente y dorsal número uno a la espalda. Aquella experiencia fue un amargo trago de tres semanas que arrancó con la colosal cagada de Luxemburgo y se fraguó día tras día desde el momento en que en la primera crono larga, Greg Lemond demostraba verse plenamente recuperado de su accidente de caza. A pesar de la desesperada carrera pirenaica, Perico ahogó hasta donde le dio el físico, y éste no estuvo para cohetes en la travesía alpina. Lemond, sin equipo, agobiado por Fignon y un recorrido cargado de emboscadas, le había ganado a partida.

La segunda coincidencia se haría esperar un año. Ahora las tornas estaban en punto muy diferentes. Si en la edición anterior Perico no pudo hacer valer su estatus sobre el mermado americano, Lemond, enlosado en su maillot arco iris, sí que situó su caché sobre el segoviano. Siempre a contrapié Delgado vio cómo el de California le situaba fuera del tablero cada vez que la carrera deparaba movimientos.

Con los años, Lemond se puede decir que volvió para cercenar la trayectoria de un ciclista que posiblemente tuvo más cerca repetir éxito de que nunca hubiera imaginado en convivencia con una generación sencillamente asombrosa donde crecieron al margen de los mentados: Laurent Fignon y Stephen Roche. No en vano entre los cuatro acumularon dos Giros, otras tantas vueltas a España y nada menos que siete Tours.

Las retransmisiones de Perico & Carlos de Andrés caminan por el alambre del forofismo

Cuando Alberto Contador se descuelga de Purito y Gilbert en Montjuïc “se protege en el grupo”. Cuando no logra despegar en los Lagos es que “se le acaba la rampa”. En Collada de la Gallina se cantaba su primer triunfo de etapa: “Vamos a ganar,… va a ganar”. Se omitió que Valverde venía por detrás. Al pinteño se refieren como “nuestro campeón”. Muestras elegidas al azar, pero no las únicas.

Entiendo, es humano y oneroso, que los conductores de las tardes de Vuelta en Television Española tengan primero sus preferencias personales y luego las profesionales, que pasan por el dogma de que si gana Contador habrá más repercusión para la carrera. Todo eso me parece muy bien, pero disfrazarlo hasta un límite es el mejor sello que distingue a un profesional.

Así las cosas cada jornada de montaña o nervios de esta Vuelta a España se ha convertido en una tortura auditiva a la luz de unos comentarios que a mi entender no se corresponden a la de una televisión de todos. Y no hablo de cuestiones territoriales, que ayer ya hubo quien quiso vestir esto de un Madrid vs Barça o Catalunya vs Madrid. Hablo de respeto a los gustos y formas de todos y cada uno de los televidentes que construyen a bolsa de expectación de la carrera. Aquello que forma el share, donde cada unidad es de un padre y una madre.

Pedro Delgado y Carlos De Andrés, Carlos De Andrés y Pedro Delgado se han recorrido la mitad norte de España cantando las virtudes de un ciclista, un solo competidor como creo nunca se debe hacer. Las narraciones futbolísticas de La  1 ya dieron la clave sobre ese partidismo. Uno de sus principales alentadores fue Sergio Sauca, quien parece no presentará los telediarios en su línea deportiva. Las quejas de la gente parecen que al final tienen resuello. En ciclismo es más complicado, las afinidades son menos definidas y muchos lo ven como espectáculo accesorio. Lo peor es que el forofismo transmitido se ha contagiado al normal análisis de la carrera, incurriendo en juicios de valor erróneos y ello sí que deteriora el servicio prestado. En ningún momento se ha cuestionado la precipitación de Contador vistiéndola de voluntad por dar espectáculo.

A la espera de que la carrera y el podio de la misma tome forma definitiva en la Bola del Mundo, sólo pedimos un poquito de objetividad, eso que se proclama sin mucho éxito en las facultades.

 

Foto tomada de RTVE