Los motivos para que el Tour de San Luis sea la grande sudamericana

A días de empezar su séptima edición, el Tour de San Luis se presenta como el inicio de temporada más auspicioso en muchos años, tan sólo equiparable a la ocasión en que Lance Armstrong concurrió al Tour Down Under en su retorno al ciclismo.

Alberto Contador, Mark Cavendish, Vincenzo Nibali, Joaquim Rodríguez, Peter Sagan, Tejay Vangarderen, Thor Hushovd y Jurgen van den Broeck son algunas de las luminarias que alumbran una provincia que durante una semana al año ha conseguido ser el centro de atención del mundo del ciclismo.

Muchos y muy variados son los motivos que llevaron a la carrera al lugar que hoy ocupa, empezando por la decisión política de organizar eventos ciclísticos (en un país netamente futbolero), dado el alto grado de rentabilidad publicitaria que tiene el deporte pedal. De la mano de los Rodríguez Saa y el Gobernador Poggi, año a año se incrementó el presupuesto y se trabajó en corregir errores que alejaban a las temerosas formaciones Pro Tour de estos lejanos parajes.

En ello ha sido clave el trabajo de los Curuchet, Juan y Gabriel, y de Giovanni Lombardi en lo que refiere a la logística con los equipos extranjeros y la capacidad de brindar a los ciclistas las comodidades que necesitan, algo que en sus inicios distaba mucho de lo que en Europa es algo normal.

El mencionado Lombardi es la clave para el cartel de lujo que en unos pocos días rodará en San Luis puesto que como ex corredor habla de igual a igual con los managers de los equipos, en su gran mayoría corredores de la misma época que el italiano, y amigos de éste. Si a eso le sumamos que hoy es representante y maneja la carrera de Peter Sagan, por ejemplo, suena casi lógico que el eslovaco acuda, hecho que atrae a otras estrellas, que reconocen que la buena reputación de la carrera.

La parte geográfica y el clima son también dos tópicos fundamentales: San Luis posee una altimetría justa para un inicio de temporada, sin montañas excesivamente duras, hermosos paisajes y temperaturas elevadas por disputarse en verano. Hete aquí otro motivo por el que los equipos elijen venir a la Argentina.

Por último, y no es una cuestión menor, la otra carrera con la que arranca el año, el Tour Down Under, otorga puntos UCI, por lo que se disputa a muerte desde el kilómetro cero, algo que por ejemplo a Contador, quién se marca a sí mismo el reto de no disputar, le jugaría en contra para correr de modo relajado.

Aún falta mucho por mejorar, pero queda en evidencia que hay ganas y predisposición para hacerlo, y el premio para los organizadores es una participación de lujo, que pocas veces se ha visto en competencias de categoría 2.1, tanto en calidad como en cantidad.

Texto: Pablo Martín Palermo

 

Serie 12×12: Peter Sagan o confundir talento con precocidad

Hay un ciclista con de jeto niño que celebra los triunfos imitando a quién sé yo, quizá Forrest Gump, que gana por docenas, arrasa por donde pasa y acumula el palmarés que al más común le cuesta dos o tres trayectorias deportivas. Procede de un país de escasa cuando no nula tradición velocipédica. Es arrojado, no se calla. Emprende. Incluso enamora en las salidas. Viste de verde, color esperanza, en la mejor carrera.

Se deja querer

Obviamente Peter Sagan es la gran revolución de los últimos años. Justo cuando Joaquim Rodríguez empezaba a moldear la que fuera su primera gran temporada en Katusha, la de 2010, en la gélida París-Niza surgía un corredor con un instinto de uno entre un millón. Era un Liquigas y aquello no fue espejismo. Desde entonces Peter Sagan no ha hecho más que crecer.

Su fisonomía entronca con dos grandes que estos ojos sí han visto: Sean Kelly y Laurent Jalabert. De ambos toma la certeza de un límite difuso e indefinido. En la carencia de resultados en un objetivo concreto se aposenta siempre la misma pregunta: ¿Qué más puede lograr?. Cada día que se supera, abre un horizonte, la perspectiva varía: un día gana en la París-Niza, al siguiente logra el verde del Tour, al otro se impone entre los mejores de un monumento…

Contaba Laurent FIgnon que una de las cosas que más le horripilaba del ciclismo actual es la especialización y desecho de parte del calendario en pos de un objetivo. El rubio parisino ganó por ejemplo dos ediciones de la Milán-San Remo y no omitió verse en la París-Roubaix, donde nunca optó en firme pero al menos se personaba. No cabe duda de que Sagan aún se ve lejos de optar a una general de tres semanas, pero ésta flotaba lejos de las miras de Jalabert hasta que un día: zas.

Peter Sagan ha culminado un año redondo, perfecto. Cuando aún balbuceaba y se iniciaba en las papillas Johan Museeuw ganaba la etapa del Tour que me descubrió Le Mont Saint Michel. Con seis meses de vida tan solo Miguel Indurain rompía a Greg Lemond en Luz Ardiden y a Marino Lejarreta en Jaizkibel camino de Donostia. Al año y medio de vida de Sagan el navarro ganaba su primer Tour y al poco Gianni Bugno se adjudicaba el mundial. Peter Sagan tiene tan sólo 22 años tiernos y humeantes pero presenta una hoja de servicio prodigiosa: quinto en el CQ Ranking merced a una larga quincena de éxitos entre los que se cuentan tres etapas del Tour más parciales en Tirreno, Suiza y California.

Sin embargo, y al margen de victorias, la cuestión se haya también en una primavera sin paragón, al menos en el tamaño personal, pues firmó segundo en la Gante-Wevelgem, tercero en Amstel Gold Race, cuarto en Milán San Remo y quinto en Tour de Flandes, abriendo el imaginario y las conjeturas al infinito. Se tuvieron que cruzar en su camino Tom Boonen y Simon Gerrans para evitar que el chaval hiciera de su precocidad bandera en el reino de las clásicas. Ahora en Liquigas que ya no se llamará así pero que presentará similares mimbres, su escalafón sube: sin Nibali y con Basso & Moser, es líder casi único del mejor equipo italiano. Eso no es pecata minuta.

 

Foto tomada de www.cyclingnews.com